La espada, el símbolo y el cambio

Por María Camila Ocampo Hernández

Con la posesión presidencial de Gustavo Petro, la espada de Bolívar volvió a sobresalir. Su valor simbólico ha resaltado en diversos capítulos de la historia del país.

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 La espada, el símbolo y el cambio
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El 7 de agosto del 2022, Gustavo Francisco Petro Urrego se instauró como el nuevo presidente de la República de Colombia, después de que la senadora María José Pizarro le entregara la banda presidencial. Minutos después, llegó la primera orden: “Que traigan la espada de Bolívar”, indicó Petro. Este acto desató todo tipo de comentarios. Para algunos representó la negligencia de Duque; para otros, una escena absurda entre los mandatarios. No obstante, aquel momento marcó un precedente. La espada de Bolívar fue testigo del cambio en la democracia colombiana porque esta reliquia histórica volvió a representar el regreso de la verdadera libertad.


La simbología de esta espada expresa una nueva visión, una transformación de pensamiento arraigada al deseo de un cambio. Petro, al igual que Bolívar, eligió que el pasado cultural de Colombia se transmitiera a través de símbolos. Si bien es cierto que la espada fue protagonista del acto de posesión, su valor real yace desde sus inicios. Simón Bolívar es un referente nacional. Dirigió la independencia de Colombia y con su espada se convirtió en el emblema de un movimiento que luchaba por la representación social del pueblo.


Después de su paso por las manos de “El Libertador”, sus pertenencias se mantuvieron en la casa Quinta de Simón Bolívar hasta que, en 1924, se convertió en un museo. Allí, en Bogotá, su espada fue inventariada y resguardada aparentemente bajo un buen cuidado. No obstante, hay que recordar que, en 1974, fue hurtada por el M-19, guerrilla colombiana Movimiento 19 de abril, de la cual también participó el presidente electo. Allí, la espada tomó un camino inesperado; bajo la nota: ‘Bolívar, tu espada regresa a la lucha’, el M-19 incorporó esta arma haciendo alusión a su ideología. Ahora, no solo constituía la historia de la independencia de Bolívar, sino que, para ellos, este robo se consideraba simbólico por su naturaleza ideológica de tener una democracia verdadera y participativa en Colombia.


En una crónica de la Revista Semana se afirma que, gracias al robo de la espada, un año después, el M-19 se conformó como un grupo con más de 200 personas. Durante los siguientes 17 años, el paradero de la espada fue incierto. Para protegerla del Estado y de otros grupos al margen de la ley, solo unos pocos miembros conocían estrictamente lo necesario; gracias a ello, durante todo ese tiempo su imagen le dio fuerza al M-19. La espada se transportó de un lado a otro. Incluso, se cuenta que el poeta León de Greiff la guardó en su casa hasta 1976. Después, estuvo en manos de otros artistas, como el poeta quindiano Luis Vidales; se creía que este hombre era cercano a las corrientes de pensamiento del M-19, pues en su juventud fue fundador del Partido Socialista de los Trabajadores.


Que si la espada estaba en un sofá, que si estaba escondida dentro de un bloque de cemento, que si estaba incorporada dentro de la tumba de De Greiff, estos fueron algunos de los interrogantes que los militares seguían investigando durante su búsqueda. Más y más tiempo pasaba, y la espada continuaba empoderando a este movimiento ideológico; Bolívar seguía presente en sus batallas a través de esta arma.


Ahora bien, se cree que en un momento tensionante fue enviada a Cuba y, posteriormente, custodiada en Panamá en los años 80. Sin embargo, el mismísimo Gustavo Petro, aún integrante del M-19 en ese tiempo, le aseguró al periodista Daniel Coronell en 1988 que la preciada reliquia se encontraba escondida en Colombia.


Finalmente, en octubre de 1989, gracias al Acuerdo de Paz con el presidente Virgilio Barco, el M-19 decidió soltar las armas y establecerse como un movimiento político legal. Uno de los requisitos primordiales era regresar la espada a manos del Estado. A pesar de que algunos de sus líderes desconocían el paradero de esta, en 1991, Antonio Navarro Wolf, quien coordinó el Equipo Negociador de Paz de este movimiento, entregó la espada, envuelta con la bandera de Colombia.


Desde ese año, esta pieza se encuentra conservada en la Casa de Nariño. Aunque pasó un buen tiempo fuera del gobierno, el simbolismo “revolucionario” nunca se apagó. La espada adquirió una relevancia histórica para aquellos que luchan por la democracia consagrada en los principios de la justicia e igualdad. Muchos años después, esta volvería a reencontrarse con Petro, no bajo un contexto de guerra y violencia, sino bajo su propuesta de cambio en su posesión presidencial en la Plaza de Bolívar.


Por esta razón, el regreso de la misma, como un símbolo histórico, rectifica la fuerza del cambio en la democracia que llega con este nuevo capítulo para Colombia. Ahora, solo la historia podrá determinar si es un símbolo que perdurará o terminará convirtiéndose simplemente en una anécdota de este primer mandato del primer presidente de izquierda que tiene el país.

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