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Colombianos continúan enfrentando los efectos de la inflación a pesar de la tendencia bajista del IPC anual

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María José Lobo Arévalo

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Expertos señalan las repercusiones de la pérdida del poder adquisitivo del dinero en la cotidianidad de los ciudadanos.

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Foto por Janusz Pienkowski vía Canva Education.

Aunque este año se aumentó el salario mínimo un 16% y la cifra de inflación viene en reducción desde abril, las familias notan que sus ingresos no son suficientes para suplir los costos de vida. El DANE reportó que la variación anual de la inflación en octubre fue del 10.48%, 1.74 puntos porcentuales menos a la de 2022.


En el último año, los colombianos han experimentado presiones inflacionarias principalmente en las divisiones de transporte, bebidas alcohólicas y tabaco y bienes y servicios diversos.


“La inflación, cuando es muy alta, es un veneno en la economía, tanto para la demanda como para la oferta”, afirmó Sergio Rivera, economista y máster en Ciencias Económicas de la Universidad del Rosario.


El primer efecto que enfrentan las personas cuando el Índice de Precios al Consumidor (IPC) aumenta es la pérdida de su capacidad de compra. En marzo de este año, antes de que la variación anual de IPC empezara a decrecer, la inflación llegó al 13.34%.


“Por efectos de la pandemia, se generaron múltiples factores internos y externos que desestabilizaron el comportamiento de los precios. Al interior del país, la incertidumbre del cambio de gobierno, los fenómenos climáticos y la subida del precio de los combustibles han ocasionado un incremento en los costos”, explicó Luis Felipe Camacho, doctor en Planeación, Gobierno y Globalización del Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia, Estados Unidos.


Las cifras de los hogares


En 2023, las presiones inflacionarias han alterado las percepciones de ingreso de los ciudadanos.


La familia de Luis Trujillo, conformada por cuatro integrantes y clasificada en el estrato 3, gasta al mes $1.600.000 en el arriendo de su vivienda, $280.000 en el pago de servicios públicos y $1.200.000 en el mercado general; esto sin incluir gastos en transporte, educación y ocio.


Trujillo y su esposa son trabajadores independientes quienes, juntos, reportan ingresos de $3.000.000.


“En mi diario vivir la alimentación se ha subido mucho”, mencionó Trujillo. “Soy el que merco y pienso: «¡Wow! ¿Qué llevo?»”.


A pesar de que la variación anual de los “Alimentos y bebidas no alcohólicas” se situó 0.7 puntos porcentuales debajo del promedio nacional, esta es la tercera división de gasto que más contribuyó a la cifra del IPC anual.


Algunos de los productos que reportaron un valor superior al promedio nacional fueron la papa (28.61%), las frutas frescas (20.97%) y la leche (19.55%). Para la familia Trujillo Chacón, la inflación se ha sentido principalmente en la alimentación, la vivienda y en el precio de los insumos de su negocio.


En efecto, según lo explicó Piedad Urdinola, directora nacional del DANE, la inflación es un fenómeno que influye sobre todos. Sin embargo, determinados grupos de hogares se ven más o menos afectados dependiendo de los factores que contribuyan al aumento de precios. Por ejemplo, si se da un incremento en los valores de los alimentos, los hogares pobres y vulnerables serán los más afectados.


Liliana Zamora, madre cabeza de hogar perteneciente al estrato 2, comentó que el salario “no le alcanza” para cubrir sus gastos mensuales.


Zamora trabaja como guardia de seguridad en una institución educativa y devenga un salario de $1.600.000. La alimentación y la vivienda representan los mayores gastos en su hogar (un 27% y 22% de sus ingresos respectivamente).


Sobre el sector vivienda, el reporte del IPC revela que la ponderación según el nivel de ingreso del arriendo efectivo, que corresponde al precio que los no propietarios pagan por el alquiler de una vivienda, alcanzó un 19.85% para los ciudadanos pobres, 15.14% para los vulnerables y 10.83% para la clase media.


De acuerdo con el economista Camacho, los trabajadores con salarios más bajos se ven afectados en mayor medida por la inflación, dado que su capacidad de subsistencia se ve alterada. Mientras tanto, “aquellos que tienen salarios más altos, pueden percibirla como una incomodidad, con el peligro de que, a futuro, se restrinja la movilidad social”, señaló.


¿Acaso no aumentó el salario mínimo?


Para este año la Comisión Permanente de Concertación de Políticas Laborales y Salariales estableció un aumento del 16% en el salario mínimo. Junto con el auxilio de transporte, su valor es de $1.300.000.


El DANE indicó, en los datos más recientes que se han publicado hasta el momento, que entre enero y octubre del 2022, el 44.8% de la población ocupada devengaba un salario menor al mínimo, 39.5% obtenía entre uno y dos salarios mínimos y el 12.8% devengaba más de dos.


La ministra de Trabajo, Gloria Inés Ramírez, manifestó a finales del 2022 que la concertación del salario había sido histórica, pues adaptó medidas “para proteger el valor adquisitivo del salario en donde se prioriza la canasta familiar de los pobres”. Pero el aumento real del salario fue menor.


César Tamayo, decano de la Escuela de Economía y Finanzas de Eafit, mencionó en una entrevista para El Espectador que “aún si la inflación terminara en 8% (en 2023), un incremento del salario mínimo de 16% haría crecer los salarios reales en cerca de 8%”.


“Definitivamente ese aumento del salario mínimo no traduce 1 a 1 con bienestar para los que lo devengan. Primero, porque pueden perder su trabajo; segundo, porque todos los demás precios relativos se van a ajustar”, mencionó Rivera. Para el economista, los ajustes del salario mínimo deberían contemplar una concertación local o permitir una negociación frecuente y flexible.


Laura Angélica Fuerte, jefe del Departamento de Economía de la Escuela Internacional de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de La Sabana, expresó que la discusión sobre el salario mínimo debe reconocer la variable de la productividad, pues esta es significativamente baja en el país.


“El problema es que los salarios no se fijan de acuerdo a lo que más le sirva al trabajador o la empresa, se deben fijar respecto a la productividad, y en Colombia la productividad es muy baja; la infraestructura del país no nos está permitiendo ser más productivos… Aquí se trata de un problema más estructural”, concluyó Fuerte.

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