El Crudo Mar

María José Alarcón, Comunicación Social y Periodismo

Dos derrames de petróleo a principios de agosto del 2020 afectaron grave e indefinidamente al Parque Nacional Morrocoy. Este problema se suma a la crisis por pandemia y por la escasez de gasolina en Venezuela.

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Lo que un día había sido un parque natural rodeado de aguas cristalinas y templadas, de gran atractivo turístico y con una inmensa riqueza de organismos tropicales fue cubierto por una extensa mancha negra de 350 km2, lo que equivale más o menos a 49.000 canchas de fútbol. El Parque Nacional Morrocoy, ubicado en noroccidente de Venezuela, había sido afectado por un derrame de aproximadamente 20.000 barriles de petróleo.


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Como cualquier otro día de cuarentena debido a la pandemia por covid-19, me desperté dispuesta a comenzar mi jornada de clases virtuales, no sin antes informarme como lo hace cualquier centennial por estos días: en redes sociales. 


Desbloqueé mi teléfono desde la comodidad de mi cama y de repente todo mi timeline de Instagram estaba lleno de noticias sobre un derrame de petróleo en Morrocoy.


Tomas áreas, fotos hechas de los falconianos, videos con voces llenas de desesperación e impotencia de fondo. Era verdaderamente una tragedia. Por un momento, me detuve a pensar y buscar en los viejos cajones de mi memoria mis recuerdos de pequeña cuando visitábamos el parque.


Lo primero que recordé fue despertar muy temprano para que con suerte pudiéramos regresar antes de que anocheciera. Luego, recordé un camino de dos horas en los que jugaba con mi hermano para ver quién aguantaba más la respiración en los túneles que había en el camino, yo siempre perdía, pero ahora creo que él hacía trampa.


Finalmente, llegábamos a Tucacas, la parte más baja del Parque Morrocoy, dispuestos a pasar un día agradable sobre la arena blanca, bajo el intenso sol, junto con las aguas tibias y  recargándonos con el olor del mar y del pulmón del parque.


Morrocoy fue declarado Parque Nacional en 1974 y consta de 32.090 hectáreas de zona terrestre y marítima. Si bien sus playas son las favoritas de muchos venezolanos y extranjeros, su principal atractivo son los islotes y los cayos que están acompañados de manglares y corales. En Colombia, Morrocoy podría compararse con el Parque Corales del Rosario.


Otra característica de Morrocoy es la vasta presencia de marinas comerciales que por generaciones se han dedicado al turismo ofreciendo paseos alrededor de los seis cayos principales y la experiencia de bucear en sus aguas.


Pero de pronto, como en muchas otras zonas de Venezuela, el turismo empezó a decaer. Tal vez por los problemas de infraestructura en las vías, tal vez por la crisis económica del país, probablemente los comerciantes empezaron a recibir menos turistas por el gran éxodo venezolano. A final de cuentas, parecía que muchos se habían olvidado de Morrocoy.


Debido a la cuarentena en la que se vio sumido el mundo durante el segundo trimestre del 2020, se originó una caída entre  8,03% y 9,09% de la demanda global de crudo, según la OPEP. Esto elevó el nivel de inventarios de petróleo al punto de ya no contar en el mercado global con espacio físico para almacenarlo, dando como consecuencia incontables buques cargueros estacionados en el mar y refinerías a tope.


Esto debería ser un tema de preocupación meramente económico. Pero, ¿qué pasa si estos barcos y las refinerías no cuentan con las medidas de mantenimiento y de control necesarias? Ocurren accidentes como el derrame que hubo en las Isla Mauricio, en África en agosto del 2020 debido a un barco que encalló en un arrecife, o como el derrame que hubo en el Parque Nacional Morrocoy.


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María José Alarcón

Cuando desperté esa mañana de agosto y vi las noticias de que Morrocoy estaba cubierta de una capa negra parecida a los dementores que aparecen en Harry Potter, la impotencia de no saber qué hacer se apoderó de mí, como muchos de los que están fuera de su país en momentos así. Tal vez por  estar a 1.283 kilómetros de distancia y sumándole el hecho de que estábamos bajo una pandemia. Fue entonces, cuando vi la oportunidad de escribir sobre lo que estaba pasando. Tal vez no podía ir hasta allá a colocar una barrera en las playas, pero podía decirle al mundo lo que sucedía y con suerte alguien con los recursos se podría interesar por esa causa.


Y entonces empecé a investigar. Me di cuenta por un informe publicado por la Sociedad Venezolana de Ecología (SVE) que al principio se mantuvo la hipótesis de que el derrame vino del buque carguero NAUMA (AIS 9362827). Esta se descartó porque las primeras imágenes de las manchas aparecieron el 22 de julio de 2020 cerca de la Refinería El Palito, y el barco zarpó del puerto de La Guaira el 29 de Julio de 2020, por lo que no podía ser este el culpable.


Luego, encontré y pude conversar con el autor de este informe, el biólogo y colaborador en el Instituto de Ciencias Marinas de Australia y coordinador del Centro de Biodiversidad Marina de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela, Eduardo Klein. Él, un hombre robusto, de cabellos cortos y negros en los que se asomaban unas cuantas canas, respondió a mis preguntas sobre lo que se conoce del derrame, acomodando entre frases sus gafas y con su forma acelerada de hablar, pero sin perder la cortesía:


—  Yo he estado monitoreando la zona por imágenes satelitales desde que me enteré de la noticia, y me he dado cuenta de que entre el 22 de julio y el 12 de agosto siempre se detectó presencia de una señal asociada a hidrocarburo en la zona marina de la refinería sin que se evidenciaran acciones de contención o recolección. — Me comentó Eduardo y añadió con preocupación — Una vez casi cada dos meses se observa una mancha de petróleo cerca de la refinería, pero no se observan barreras que lo frenen tal y como dice el código de contingencia. Hace un año, el 29 de septiembre de 2019, hubo un derrame tan grande como el de agosto de este año, pero la marea lo llevó mar afuera.


Ante esas declaraciones busqué más información sobre la Refinería el Palito y descubrí que desde 2017 se encuentra su producción semi paralizada debido a un fuerte incendio.  La planta que actualmente cuenta con la capacidad para procesar 140.000  barriles diarios de crudo produce solo cerca de 22 mil barriles diarios, de los cuales 18 mil son de gasolina y los otros cuatro mil son de gasoil y derivados del petróleo. Esto se debe a daños en las calderas por falta de mantenimiento, indicaron trabajadores de la empresa Petróleos de Venezuela (PDVSA) al medio nacional El Pitazo.


Contactar con fuentes públicas y empresas simpatizantes al gobierno venezolano es sumamente difícil. En vista de la desinformación de PDVSA sobre lo que pasó en El Palito y la falta de respuestas del Ministerio de Ecosocialismo y el Instituto Nacional de Parques (INPARQUES) hacia los científicos que quieren investigar sobre el impacto de este derrame, los únicos que están dispuestos a otorgar información son los lugareños. Así fue, como a través de redes sociales pude dar con Jairo Méndez (a quien se le ha cambiado su nombre), un hombre alto, de ojos caídos, barba canosa y que según las marcas en su cabello acostumbra a usar gorras, esto puede ser debido a que, por su profesión de promotor de turismo, está acostumbrado a usarla para protegerse del fuerte sol del parque. Él, junto con otras empresas turísticas de la zona, brindan apoyo a la limpieza de las playas. Cuando le pregunté sobre quién había proporcionado las barreras para contener el derrame y qué información se tenía sobre el impacto en el ecosistema, me dijo:


— Los organismos que intervinieron fueron PDVSA e INPARQUE, Armada Nacional, grupos voluntarios y empresarios de la zona. Las especies más afectadas fueron microorganismos, peces, erizos, corales y las más críticas fueron las algas, como también las almejas de la playa continental— explicó Jairo.  Además, en su opinión — los manglares fueron los más afectados, pero sobreviven, y representan más o menos el 5% del parque y 50% de la playa continental.


Estos ecosistemas tropicales son muy frágiles y tardan mucho en recuperarse. Por ejemplo, en 1996 muchos de los corales del parque se vieron afectados por una fuerte falta de oxígeno, ocasionado por gran cantidad de algas. Para principios de este año, casi 30 años después, apenas se empezaban a regenerar.


Finalmente, hoy no se observan en imágenes satelitales manchas de hidrocarburos sobre el parque. Esto debido a las labores de limpieza que se emplearon. Pero aún no se puede cantar victoria, pues todavía se ven rastros de petróleo en las raíces de los manglares y se evidencia cómo muchos han muerto y han perdido sus hojas. Es posible que otra parte se haya meteorizado y se haya hundido, corriendo el riesgo de ser consumido por organismos marinos que luego puedan ser consumidos por humanos.


Desde entonces, los habitantes del parque siguen esperando turistas, a pesar de la pandemia, a pesar del derrame y a pesar de la irónica crisis de la falta de combustible en el país, lo que tiene a su población paralizada.


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Cierro el documento con la pre investigación para este tema y me queda una mezcla de sentimientos. Por un lado, la satisfacción de conocer un poco más a profundidad el parque cuyas playas atesoran parte de mi niñez. Pero por otro lado, pienso si con este granito de arena puedo cumplir mi objetivo. También me pregunto si volverán los niños a ser amigos de otros con esa naturalidad que los caracteriza, me pregunto si volverán a cazar olas o a enterrar sus cuerpos en la arena. Me pregunto si el parque volverá a ser como muchos los recordamos, lleno de música, risas y recuerdos junto con el sonido de las olas de fondo.


Puede que este derrame sea olvidado, como el que hubo hace 10 años debido a la explosión en la plataforma petrolera Deepwater Horizon en el Golfo de México o como muchos otros derrames. Y a pesar de todos nuestros esfuerzos por hacer algo, siempre tendremos que vivir con la realidad de tener un crudo mar.