Hurtos y miedo: Cajicá es invadida

María Alejandra Almario Moreno, estudiante de Comunicación Social y Periodismo

La inseguridad ha aumentado significativamente en la sabana. Pueblos como Cajicá, que eran considerados hogareños y confiables, ahora deben combatir la delincuencia por su cuenta.

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Hurtos y miedo: Cajicá es invadida
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Paola Domínguez llegó a su tienda a las 7 de la mañana como de costumbre. No recuerda el día ni la fecha, pero asegura que fue en julio del 2021. Al acercarse a la tienda nota que las rejas de su local están abiertas y algunos productos como ponqués y golosinas están tirados en el andén. Al asomarse se da cuenta del robo.


Se llama “Supermercado La Candelaria”. Venden frutas, verduras, abarrotes, carne, pollo, alcohol y cigarrillos. La tienda es pequeña pero muy completa. Queda entre dos conjuntos residenciales, por lo que es muy concurrida. La tienda era de su padre, Gabriel Domínguez, pero hace 4 meses murió, por lo que ahora Paola, su hija, está a cargo.


No es la primera vez que un robo ocurre en el sector o en la tienda. En este robo perdieron un total de 14 millones de pesos. Ocurrió entre las 4:30 a. m. y 5:00 a. m. Los ladrones hicieron un corte de luz desde el poste, por lo que en las cámaras se evidencia el ingreso al local hasta un punto. Destrozaron muchas de las cosas. Se robaron mercancía, el televisor, licores y cigarrillos, junto con el dinero de la caja.


“En este momento somos 30 policías, los cuales se distribuyen en 3 turnos. Hay que sacar una parte administrativa que son 3 secretarios; hay que sacar las unidades que están de vacaciones para un reparto total de 20 policías. Seis policías por turno para todo el municipio”, explica el intendente Quevedo Camargo, comandante de la estación de policía en Cajicá.


La mayoría de los habitantes se quejan de la ineficiencia y la escasez de policías en este municipio. Y para el comandante Quevedo tampoco es un secreto. Asegura que la población ha aumentado demasiado: casi 100.000 habitantes en total. “Somos muy poquitos acá, la estadística a grosso modo se maneja con 1 policía por 3000 habitantes, esta es una cifra exorbitante para la capacidad de la población que se está moviendo en el municipio”, agrega Quevedo mostrando preocupación.


– ¿Cuáles cree que son las razones por las cuales ha aumentado la inseguridad?

– Sin llegar a estigmatizar, a nivel nacional, departamental y municipal, la mayor razón de inseguridad es la presencia de ciudadanos extranjeros. De 10 personas usted individualiza o le practica registro en la vía pública, 6 son foráneos – Quevedo prefiere no especificar nacionalidad. Mientras explica, juega mucho con sus manos: las entrelaza o las dirige a su rostro.


La primera reacción de Paola fue llorar. Asegura que recibió mucho apoyo de vecinos a quienes estima mucho. Pero recalca que unos venezolanos, vecinos de ella, presenciaron el robo; fueron testigos desde que los ladrones entraron al establecimiento.


“Ellos entraron por la parte de atrás del local, donde hay lotes vacíos. Luego salieron por la puerta principal, conocen el sector”, narra Paola, reconstruyendo el momento en que entraron los ladrones a su negocio. Su voz se quiebra por momentos. Estamos hablando en la bodega del local mientras su socio atiende a los clientes. Paola lloró y no demoró en llamar a la Policía, ya que sentía que aún se podía hacer algo. Sin embargo, asegura que la Policía apareció alrededor de las 10:30 a. m. y que inclusive fue la perteneciente al municipio Zipaquirá. Horas después llegaron las autoridades de Cajicá.


No tomaron fotos, huellas o siguieron el recorrido de las cámaras que había pedido Paola antes de que llegaran. En una se ve el rostro del ladrón, pero comenta que la policía no hizo ningún seguimiento para poder capturar y evitar más robos. “Llegan acá, nos dicen que debemos llamar a la Fiscalía y hacer el denuncio. La verdad ahorita es muy complicado porque es con cita o, de lo contrario, lo redirigen a uno a la página de la Policía que no sirve para nada”, explica Paola con una mirada molesta y de indignación.


Luz Marina, otra habitante de Cajicá, afirma que ella y su esposo han sido víctimas de robo en la calle y en su apartamento. Ellos también están ubicados en el sector de Capellanía, se sienten inseguros y desprotegidos. Actualmente ella sale de su casa con una barra de hierro, al igual que varios vecinos, ya que sienten que deben tomar la justicia por sus manos.


Los sectores más perjudicados de Cajicá debido a la inseguridad son en los sectores de Capellanía y el Rocío. Esto porque hay mucho lote baldío, entonces se generan los “mitos de inseguridad”. La Policía ha trabajado junto a la Alcaldía y la Empresa de servicios públicos de Cajicá PC (EPC) para la recuperación de esos lotes. Contactan al dueño para que haga el respectivo cerramiento. “Hay muchos factores que infieren en la inseguridad del municipio, no solamente la falta de policías, sino muchos otros factores”, insiste el comandante Quevedo.


La Policía de Cajicá tiene 3 cuadrantes, y para cada uno tiene un teléfono. Cuando tienen varios casos a la vez atienden por prioridad:Primero va la integridad de la persona. Luego los bienes de la persona. Por último la convivencia. Es relativo el tiempo en que la policía llega a cada caso. Hay diferentes factores que pueden afectar este como es la distancia del cuadrante o la prioridad del caso. Ellos cubren toda la zona de Cajicá y tienen límites con los municipios de Tabio, Briceño, Chía y Zipaquirá.


Quevedo asegura que la policía de Zipaquirá no pudo haber ido ese día, que su límite es en un sector llamado “Requisa” y que la distancia hasta el sector de Capellanía, donde fue el robo, es muy lejos. Afirma que asistió la policía de Cajicá.

– Ayer los dueños de un establecimiento que robaron en Capellanía nos comentaron que la policía que llegó a su tienda fue la de Zipaquirá, no la de Cajicá. ¿Esto por qué ocurrió? – Le pregunto después de que me explica los límites.

Quevedo abrió los ojos y se acomodó en la silla.


– ¿De Zipaquirá? No. La verdad, lástima que no tengo el tiempo para ir hasta allá y corroborar la información. Tuvo que haber sido la policía de Cajicá. De pronto algún compañero reside en Cajicá y trabaja en Zipaquirá. Pero específicamente, el servicio de Zipaquirá acá en Cajicá, eso no pasa. No puede ser. El límite con Zipaquirá es industrial, es decir lleno de fábricas; es muchísima distancia.


Al llegar a un establecimiento de robo, el primer paso es hacer labores de vecindad.Se revisan cámaras de seguridad, se ubica a la SIJIN, a la policía judicial, para que haga una entrevista a la persona y den más características de los delincuentes. A su vez, le dan indicaciones a la persona afectada para que coloque la denuncia y algunos consejos para evitar robos: no dejar tanto dinero en la caja, mejorar la iluminación ya sea por parte del negocio o de la alcaldía y estar atento por si ven algo sospechoso.


Por alguna extraña razón, en el caso de Paola no cumplieron este seguimiento. “La policía de Cajicá es muy deficiente, no solamente porque no hayan hecho nada con el robo de nosotros sino porque sabemos de muchos más casos que no se hace”, informa Paola después de contar que no recibió apoyo de las autoridades locales, siendo este su segundo robo. Es por esto que los vecinos del sector de Capellanía se han reunido, han creado un frente de seguridad donde están pendientes de personas desconocidas, sospechosas y vendedores ambulantes, incluso consumidores. Esto porque consideran que la Policía ha sido negligente en este tema.


Paola Dominguez lleva viviendo en el barrio de Capellanía 20 años. Cuando tenía 5 años podía salir a la calle a jugar. Ahora, a su hijo, no lo puede dejar porque en la esquina hay marihuaneros, distribuidores ilegales o personas sospechosas. “No podemos llamar a la Policía y preguntar si hay alguien que nos atienda porque la respuesta de ellos es que hay dos policías para un cuadrante”, critica Paola aún más molesta. Asegura que a veces van al sector, hacen una ronda, ven a personas extrañas y no hacen nada.


El día anterior, cuando me dirigía a la estación, lo constaté. A una cuadra antes de la plaza central de Cajicá había dos hombres. Uno en una bicicleta pequeña y otro a pie, vestía de negro y no tenía tapabocas. Estaba comprando sustancias ilícitas. Me dirigió la mirada y dijo: “no compren esta bareta, es muy mala”, inmediatamente le paga al chico de la cicla y toman rumbos diferentes. El señor pasó por mi lado, olía a marihuana. Era evidente. Había niños, señores y mujeres pasando por la vía pública, pero para muchos ya era normal. Lastimosamente, al llegar a la estación no se encontraba ningún Polícia además de la secretaria.


Un cuadrante cubre Rincón Santo, Chuntame, Capellanía, El Banco y El misterio. Se hace 3 veces por día una ronda en cada sector en el turno de 2pm a 7pm. Solo hay una estación de Policía en el centro. Tienen un CAI móvil, pero no hay suficiente personal. Esto depende del Ministerio de Defensa y los generales de la policía. “Es complejo, se nos sale de las manos. No hay tantos policías para salir y lograr contrarrestar el delito”, explica el comandante Quevedo. Realizan de 5 a 7 capturas por semana, pero lastimosamente las autoridades como la fiscalía y los jueces de la república no dan medida de aseguramiento.Es decir que las personas que son capturadas reinciden en la calle, y eso ya no depende de la policía, sino de quienes le dan la respectiva libertad.


Quevedo confirma que se necesita pie de fuerza para diferentes sectores como Capellanía, Chuntame, El Misterio, Gran Colombia y La 15. También comenta que hace falta un parque automotor ya que los carros suelen fallar muchas veces y que las personas capturadas que deben trasladar a la CTP (Centro de Traslado por protección), antes UPJ, se les dificulta. También invita a que la gente denuncie.


Actualmente, Paola informa que ante sus dos robos solo hay una denuncia. Ella asegura que eso no sirve ya que no hacen nada al respecto; nunca encuentran al ladrón. El sector hace años está pidiendo un CAI y policías que sepan hacer su trabajo, que quieran realmente defenderlos. “Vamos a estar agradecidos, pero no nos sirve nada más un CAI, es más que les nazca hacer su trabajo”, concluye.


Quevedo asegura que la seguridad la hacemos todos, no solamente la policía. Cajicá al parecer no ha sido eficiente con la solución para disminuir la delincuencia. La Alcaldía afirma a través de sus redes sociales que hay prevención, control y patrullaje en contra de esta y, a su vez, capturas de algunos delincuentes, más adelante liberados. Además, comparten los números de contacto de la policía de Cajicá según cada sector y situación que se pueda presentar.


Sin embargo, los comentarios son negativos, la gente está inconforme con lo que está o no haciendo la policía de Cajicá. No se sienten seguros ni en la calle ni en sus casas. Se sienten en una cárcel con los delincuentes libres.

Hurtos y miedo: Cajicá es invadida
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