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Lo que hay detrás de la vida de un coleccionista

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Nicole Maquinay Villate

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Michel Maquinay tiene en su apartamento un puente entre el pasado y el presente, construido con sellos postales hasta figuras de Tintín.

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Figura del Capitán Haddock coleccionada por Michel Maquinay - Foto por Nicole Maquinay

En los cerros orientales de Bogotá hay un apartamento que no es como cualquier otro. Al entrar, parece un espacio sin mucho qué destacar. Hay algunos cuadros colgados en las paredes, libros y objetos varios de decoración, pero a medida que uno se va adentrando se comienzan a ver objetos que se repiten: carros de juguete exhibidos, discos mezclados con libros en las estanterías o, en la sala de televisión, muñecos G.I Joe. Entre las figuras de acción, principalmente soldados y personajes militares, hay otros héroes y aventureros, como el avezado Tintín.


Este es un personaje de cómic creado por el dibujante belga Georges Prosper Remi, mejor conocido como Hergé, en 1929. Tintín es un joven periodista que siempre está buscando aventuras y justicia, y que viaja por el mundo para investigar y desentrañar misterios. Acompañado por su fiel perro, Milou, Tintín se enfrenta a numerosos villanos y peligros. Con su estilo gráfico único y su ingeniosa trama, Tintín ha cautivado a generaciones de lectores en todo el mundo, convirtiéndose en uno de los personajes más icónicos de la historia de la narrativa gráfica.


Michel Maquinay, el dueño de este apartamento, es un administrador de empresas de 55 años, amante de la música, de los carros, de los muñecos de acción y, sobre todo, de Tintín, quien es su héroe literario favorito desde que tiene memoria. “Comencé coleccionando las historietas. Me gustaba mucho sentarme a leerlas cada vez que tenía tiempo. Después de los libros me empezó a llamar mucho la atención todo el universo de Tintín, por llamarlo de alguna manera. Con el tiempo he ido adquiriendo figuras de los personajes, de los automóviles, cuadros, ropa, calendarios, portavasos, rompecabezas y calcomanías, entre muchas otras cosas”, explica.


Al igual que Michel, muchas personas en el mundo van resguardando una gran variedad de objetos. El coleccionismo se trata de una pasión que ahonda la mera acumulación de objetos, sino que implica una búsqueda constante de piezas raras que completen un conjunto único. Para Michel, su colección de Tintín es uno de sus tesoros más preciados, en gran medida por ser una forma de conectarse con su niñez y preservar piezas únicas para futuras generaciones.


El coleccionismo ha sido una de las aficiones más antiguas y fascinantes del ser humano. Desde tiempos remotos, la gente ha sentido la necesidad de acumular lo valioso o significativo, ya sea por su belleza o simbolismo. En la antigua Roma, los aristócratas coleccionaban obras de arte y objetos valiosos como símbolo de su estatus social. Esta creencia se mantuvo así durante varias épocas, como lo fueron la Edad Media y el Renacimiento. En el siglo XIX, se popularizó, lo cual le permitió convertirse en una actividad accesible para la clase media. Más adelante, en el siglo XX, esta afición se transformó en una práctica cada vez más organizada. Surgieron asociaciones y sociedades especializadas, así como subastas y ferias, que permitían a los aficionados compartir su pasión y adquirir nuevos elementos.


Hoy, esta práctica cultural ha evolucionado y se ha convertido en un pasatiempo que abarca una amplia variedad de objetos y temáticas. Desde sellos postales y monedas antiguas hasta figuras de acción y arte contemporáneo, los coleccionistas encuentran siempre una oportunidad para explorar pequeños significados del mundo.


La pasión por coleccionar


La pasión de Michel empezó desde temprana edad, a principios de los años setenta. Su padre recibía mucha correspondencia de Europa, especialmente de Bélgica y de Suiza. En esa época, las cartas venían con estampillas, por lo que Michel empezó a desarrollar una fascinación por esos sellos postales en los cuales se encuentran ilustraciones relacionadas con los deportes, con el arte, con la cultura y con la arquitectura.


“Para mí, es una gran emoción y felicidad conseguir una pieza nueva. El proceso de búsqueda y adquisición de estos objetos termina convirtiéndose en una aventura porque no se sabe qué es lo que uno va a encontrar o cómo lo va a encontrar. Solamente hasta el momento en que se recibe la pieza y uno la tiene en sus manos es que realmente se puede apreciar y ver en toda su dimensión”, asegura Michel.


Las motivaciones detrás del coleccionismo pueden ser diversas. Algunas personas coleccionan por afición, por interés en un tema en particular, por el valor económico de los objetos o simplemente por el placer de poseerlos y disfrutarlos. Puede clasificarse como una acumulación organizada, dado que es crucial que los elementos a coleccionar mantengan cierta coherencia estética. Esta puede ser una actividad solitaria o social, en la que se comparten experiencias y conocimientos con otros aficionados por esta práctica.


“En edad temprana, al final de la infancia y comienzo de la adolescencia, empieza a definirse un carácter más específico. Los jóvenes regularmente suelen guardar pequeños detalles o regalos que les han dado, y es en ese momento cuando se define el carácter del coleccionista. Es ese el carácter retentivo del cual hablaba Freud”, afirma Joimer Robayo, psicólogo y sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia.


La colección de Michel, que cada día se expande, cuenta con más de 15 cuadros relacionados con Tintín. Algunos son las portadas de las historietas; otros, de objetos específicos de la saga, como, por ejemplo, aviones, joyas o animales. Subiendo las escaleras del apartamento hacia el segundo piso, se encuentra el icónico cohete rojo que usó el periodista para viajar a la luna. Este está estimado en un valor aproximado de 3.000 dólares. Mide un metro y veinte centímetros: no pasa desapercibido. Junto a él, unas estanterías en las que están ubicados pequeños muñecos de todos los personajes del mundo de Tintín.


El coleccionismo tiene un impacto fundamental en la sociedad, pues permite preservar el patrimonio cultural y difundirlo. Todo lo que se guarda contribuye a las relaciones sociales y las formas de interacción. De alguna manera u otra, ser coleccionista obliga a tener conexiones con otros con un mismo gusto. Por ejemplo, otra de las piezas más valiosas de la colección de Michel es una escultura de un metro y cuarenta centímetros de Tintín y Milou, su perro. Esta estatua es muy especial, pues es una pieza limitada; solo existen 300 en el mundo, y para conseguirla Michel siguió una ruta mediante varias personas que comparten su pasión por el personaje.


Después de semanas de búsqueda, logró comunicarse con un italiano a través de las redes sociales, con quien negoció la venta de la estatua por 4,500 dólares, es decir, casi 18 millones de pesos colombianos. Sin duda, es una de las piezas más notables de la colección. Fue difícil conseguirla y traerla a Colombia debido a su gran tamaño. Debió empacarse de una manera particular y se demoró dos meses en llegar a su nuevo hogar.


Un vistazo al pasado y a nuestra identidad


En cuanto a tipos de coleccionismo, existen miles. El numismático es uno de los más populares. Quienes se dedican a ello, coleccionan monedas, medallas y billetes antiguos, raros o de edición limitada, lo cual se conoce como notafilia. Es significativo porque posee un gran valor histórico; a través de las monedas se conoce la evolución de la economía y la política de diferentes países. Otro tipo es el filatélico, que consiste en coleccionar sellos postales. Además de ser un pasatiempo muy entretenido, también posee un gran valor educativo.


“La importancia de las colecciones arqueológicas para la ciudadanía es enorme, porque a partir de estas colecciones podemos acceder a conocimientos sobre el pasado, sobre lo que fuimos y cómo llegamos a dónde estamos. Esto contribuye no solo a la historia sino también a la cultura de todos los colombianos”, explica Fernando Montejo, investigador del grupo Patrimonio del Instituto Colombiano.


Por otro lado, el coleccionismo de arte es uno de los más usuales. Existen múltiples asociaciones que lo promueven, generando una fuente relevante de ingresos para los artistas y las galerías, lo que les permite continuar creando y exhibiendo obras. Incluso es capaz de ser una inversión financiera rentable.


Las asociaciones de galerías de arte también lo promueven a través de eventos y programas de formación que ayudan a los posibles coleccionistas a aprender sobre el proceso de curaduría.


“Las galerías de arte se relacionan con el coleccionismo porque trabajamos de la mano con artistas. Actualmente, estamos creando una convocatoria con el apoyo de Corona, en la que se va a pintar un mural en una calle peatonal muy transitada y de esta forma esperamos poder inspirar a las personas, que se interesen por el arte y de pronto empiecen una pequeña colección”, afirma Liz Caballero, directora de la Asociación de Galerías de Arte Colombianas.


El coleccionismo es una práctica al alcance de cualquier persona. Al final, resulta como un todo: es identidad y expresión para disfrutar de la belleza y la creatividad. Es tan amplio o tan íntimo que bien puede darle sentido a millonarias transacciones o la felicidad de un hombre en una pequeña sala, entre las montañas de una gran ciudad.

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