Solo quiero vivir

Érica Liliana Orjuela

La historia de una deportista de alto rendimiento, es pionera de la esgrima paralímpica en Colombia, aunque primero practicó la natación y tiro al blanco.

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Cabo Segundo Rosa María Sánchez

Era la noche del 7 de mayo de 1994 víspera de la celebración del día de la madre,  y la Cabo Segundo Rosa María Sánchez se encontraba en la Estación de Policía del barrio La Victoria, tomándose su habitual taza de café, mientras escuchaba a lo lejos música y gente divirtiéndose.  Salió a la puerta de la estación a cumplir su rutinaria inspección y vio pasar una pareja, la cual perdió de vista cuando dobló la esquina, pero pocos minutos después la mujer reapareció y corriendo hacia ella pidió ayuda porque al parecer a su esposo lo estaban atracando. Así comenzó todo...


Su compañero, el agente Campo Elías Hernández, salió a auxiliarla, mientras Rosa pedía apoyo. De pronto escuchó un disparo y fue cuando tomó la decisión de salir corriendo para ayudar a Hernández pensando que había sido atacado por los maleantes. Pero vio que él traía a un hombre retenido y detrás varias personas que lo amenazaban con el fin de que soltara al capturado. Rosa María, sin temor alguno, salió a ayudar al Agente para ayudarle a conducir el detenido a la estación; pero de manera inesperada y en cuestión de segundos, apareció un hombre al lado del capturado y le disparó a ella en el abdomen. Quedó tendida en el suelo boca abajo, mientras su compañero reaccionó y también disparó, acabando con la vida de uno de los atracadores, pero de manera desafortunada también recibió por parte de los demás maleantes varios tiros que acabaron con su vida.


Estando boca abajo, Rosa recibió otro disparo en la espalda que le afectó su columna vertebral y de manera inmediata dejó de sentir su cuerpo y supo en ese preciso instante que no volvería a caminar. “Me hice la muerta para evitar más disparos… escuchaba todo, nunca perdí el conocimiento y uno de los atacantes que me dio por muerta se me acercó y se llevó mi radio y mi arma de dotación”.


Cuando la lluvia de balas cesó y los atacantes se alejaron, Rosa levantó su cabeza y vio el cuerpo sin vida de su compañero, el Agente Campo Elías Hernández, y aunque la tristeza la invadió, sentía que debía ganar esa batalla contra la muerte y le pedía a Dios que le permitiera vivir.

Al llegar el refuerzo que minutos antes Rosa había solicitado, requisaron al presunto atracador ya fallecido y encontraron una dirección que los conducía a una casa del barrio Santa Inés, allí lograron dar de baja a un cabecilla guerrillero.


“Cuando mis compañeros llegaron saqué fuerzas de donde pude para gritarles que me encontraba viva y necesitaba ayuda. Durante mi camino en ambulancia hacia el hospital La Victoria solo le pedía a los enfermeros que me salvaran la vida,en mi mente tenía los rostros de mis padres, hermanos y especialmente el de mi hija María Angélica, que en ese entonces tenía tres años de edad, sabía que debía aferrarme a la vida para volver a abrazarlos” expresó.


Duró un mes y 20 días en el hospital de la Policía Nacional, donde fue trasladada días después. Allí estuvo acompañada de sus seres queridos. Rosa siempre asumió con calma y madurez su situación, por eso tomó la decisión de comenzar sus terapias y a planear su vida ante su nueva condición, pensando siempre en su familia. Para la Suboficial, aunque no fue fácil enfrentarse a dicha situación, su espíritu independiente y luchador le ayudó con el tiempo a dominar sus tareas diarias, y apropiarse de ellas sin la ayuda de nadie.


La caracteriza su carácter decidido, su optimismo y su fortaleza mental, pues sabe que es ejemplo de valentía, perseverancia y superación para su hija, que hoy tiene 29 años de edad, a quien considera su mejor amiga, su mayor motivación, su orgullo personal y su compañera de lucha.


Rosa María es una mujer de 53 años de edad, recuerda que desde pequeña quiso ser parte de la Policía Nacional, sentía que tenía vocación y por eso se vinculó a la Policía en junio de 1987 en la Escuela de Carabineros, allí recibió el grado de agente, prestó su servicio alrededor de cinco años en seguridad en algunos ministerios y juzgados. Posteriormente hizo curso de suboficial en la Escuela Gonzalo Jiménez de Quesada y salió como Cabo Segundo. Se desempeñó como Jefe de Disciplina, de personal y de planeación; posteriormente fue asignada como  comandante de la subestación del barrio La Victoria.

“Estoy muy agradecida con la Policía Nacional, porque se ha portado muy bien conmigo, siempre ha estado pendiente de mi salud y de proveerme las herramientas suficientes para mejorar mi calidad de vida; además salí pensionada en noviembre del mismo año en que ocurrió el accidente, lo que me dio fuerzas para estudiar una carrera, trabajar y aprender a conducir vehículo”, manifestó Rosa María.


Y agrega entre risas: “compré mi carro que me lleva a donde yo quiera, me encanta manejar porque me siento libre. Siempre he sido quien hace todas las vueltas en mi casa, llevo a mis papás a sus citas médicas, hago el mercado… y me invento compromisos para estar fuera de casa, aunque ahora que estamos en pandemia he tenido que quedarme en casa, pero eso no ha sido motivo para dejar de entrenar; por el contrario, me conecto todas las tardes para realizar las rutinas,  los talleres y demás actividades organizadas por el Centro de Rehabilitación Inclusiva, la Unidad Médica Duarte Valero y el Instituto Distrital de Recreación y Deporte”.


Esta mujer, que es la penúltima de seis hermanos, fue ascendida a cabo primero tras el episodio, además fue nombrada Héroe de la Patria víctima del conflicto, ha sido imagen de la Dirección de Sanidad, del Centro de Rehabilitación Inclusiva, elegida en varias ocasiones para encabezar los desfiles del 20 de julio, Día de la Independencia Nacional, donde con gran orgullo luce su uniforme sentada sobre su silla de ruedas, la cual ve como un símbolo del triunfo de su vida contra la muerte.


Hoy en día, es una deportista de alto rendimiento, es pionera de la esgrima paralímpica en Colombia, aunque primero practicó la natación y tiro al blanco.“La esgrima me da fortaleza física y mental, me deleita y me saca muchas sonrisas”, afirma la Cabo.


Para su familia, es otro motivo de orgullo saber que Rosa María nos representa en otros países haciendo lo que tanto le gusta. Por eso cada día de su vida se esmera para ser motivo de alegría y reconocimiento entre su familia, la cual califica como el motor que la impulsa  a llegar donde hoy se encuentra.


Este producto resulta del  Taller de Comunicación Asertiva sobre discapacidad y lenguaje incluyente  de la Universidad de La Sabana y la Dirección Centro de Rehabilitación Inclusiva del Ministerio de Defensa.

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