Un mundo sin límites

Germán Arenas Usme, asistente al Taller de Comunicación Asertiva sobre discapacidad y lenguaje incluyente

La resiliencia y la disposición para continuar aportando a la sociedad, es lo que mueve a los profesionales, pese a tener alguna condición de discapacidad.

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Foto:
Carlos Álvarez

El reloj marcaba las 11 y 30 de la mañana de un viernes 13 de noviembre del 2013, me encontraba en la sala de cirugía de un hospital, mientras que el ortopedista procedía a desarticular mi pierna izquierda (amputación). Por mi mente pasaban mil y un pensamientos, y para complementar mi melancolía al fondo se escuchaba una típica melodía decembrina que se desprendía de un radio mientras el galeno cumplía su labor.


Horas más tarde contemplaba mi pierna amputada envuelta en pulcras vendas blancas, mientras unas lágrimas rodaban por mis mejillas en una estricta ceremonia de despedida y dolor.


Esa noche caí en un sueño profundo agotado por la angustia de los días previos a la cirugía, fue un sueño tan profundo donde pude proyectar lo que sería mi vida después de ese 13 de noviembre. Una voz me llamó y me dijo "levántate que el mundo no es para cobardes, sino para gente valiente".


Mi mayor preocupación era cómo me iba a movilizar para cumplir con mi trabajo. Soy periodista, pero ante todo reportero de calle, y pensar en cómo podría continuar con mis labores me hacía sufrir, pues sentía que tenía el mundo limitado.


Pero ese sueño y esa voz hicieron en mí que dejara a un lado los temores. Era hombre valiente con una amplia experiencia en cubrir orden público en departamentos como Caquetá y Putumayo, escenarios permanentes del conflicto armado y  en ese momento estaba inmerso en el proceso de paz como reportero.


A los 5 días y ya en mi lecho de recuperación, había montado un pequeño estudio de radio donde comencé a emitir mi habitual noticiero. Era fascinante cómo la tecnología lo permitía, y gracias a esa misma tecnología me estaba conectando con mis oyentes y con las mismas fuentes. Nadie lo podía creer, y se volvió novedoso en mi región que escucharan a un hombre que acaba de perder su pierna haciendo radio como si nada.


Fue entonces cuando comprendí que la vida hay que saberla vivir y de paso disfrutarla; pero al mismo tiempo sentí cómo las barreras arquitectónicas se volvían  mi primer impedimento para mi movilidad y desde entonces me convertí en el primer defensor de los espacios públicos para personas en situación de discapacidad.


Un hombre solo no puede vivir


Cuatro meses más tarde ya me enfrentaba a mi nuevo mundo, y experimenté de nuevo lo que era la calle, el sentir  la gente y compartir de los amigos. Ya me movilizaba en motocicleta gracias a mi fotógrafo, que se convirtió en mi bastón de apoyo. Gracias a él, fui perdiendo temores pero al tiempo comencé a experimentar gestos lastimeros y palabras de compasión. Eso me hacía sentir incómodo y le pedía a la gente que no se preocupara en tratarme en forma especial, ya que yo era normal como los demás.


Sin darme cuenta, volví a mi vida normal, con algunas limitaciones, pero volví, y con el pasar de los días estaba inmerso en lo que sé hacer: reportería,  con grabadora en mano, libreta, esfero y cámara fotográfica. Empezaba a conquistar mi mundo sin miedo ni temores.


Un día, internado en el corazón de la selva en una población cualquiera, me encontré con 3 historias de tres hombres que se encontraban en situación de discapacidad. También habían perdido extremidades por diversas razones: uno era un estudiante de bachillerato; otro, un pescador de río, y el último, un conductor de tractomula. Todos tres tenían algo que contar de sus experiencias y todos coincidieron en que un hombre  no puede vivir en soledad, sobre todo si está en situación de discapacidad. Siempre hay que tener alguien  que le ayude en muchos de sus  quehaceres.


Y es que los retos para las personas en situación de discapacidad son muchos. Yo, particularmente, he podido subir y bajar escaleras, montar a caballo, viajar en helicóptero, avión deslizador y visitar múltiples escenarios en el país y fuera de él. Una de las pruebas más duras que he tenido que afrontar fue la avenida fluviotorrencial que destruyó  un 40 por ciento la ciudad de Mocoa un 17 de marzo del 2017.  Esa tragedia natural se registró hacia las 11 y 20 de la noche dejando como saldo más de 350 muertos, y 5 mil víctimas y damnificados.


Desde el mismo momento que se registró la tragedia, me vestí de periodista y con mi fotógrafo nos dimos a la tarea de cubrir la noticia, tenía que responderle al medio escrito para el cual laboro y por ser una persona en situación de discapacidad no hubo excusa para no informar.


Hoy, de mi experiencia, queda como aporte académico una guía periodística titulada  Pistas Para Narrar Tragedias, y espero  a corto tiempo escribir una guía con expertos para compartir cómo entrevistar a las personas en situación de discapacidad.


Ninguna persona en nuestra situación debe sentirse inferior a nadie, somos seres humanos no personas extrañas, tenemos valores, cualidades y mucho calor humano.


Este producto resulta del  Taller de Comunicación Asertiva sobre discapacidad y lenguaje incluyente  de la Universidad de La Sabana y la Dirección Centro de Rehabilitación Inclusiva del Ministerio de Defensa.

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