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El Chocó tiene otra cara


Foto por: sergejf - https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/

Por: Valeria Hoyos Moreno


"Chocó: el fracaso del Estado" es el nombre del especial que, en julio de 2020, publicó Noticias Caracol en su edición central, que cuenta con un rating de 10.8%. Además de la audiencia de la emisión en vivo, en la plataforma YouTube el especial alcanzó 26.533 vistas. Esto significa que alrededor de 26 mil personas escucharon, durante 17:36 minutos, que la violencia, la contaminación, la falta de vías, el hambre y, sobre todo, la pobreza, invaden el territorio chocoano. 


Las noticias, especiales y artículos de opinión que recalcan estas problemáticas son muchos. Por ejemplo, si buscamos en Google “Noticias sobre el Chocó”, encontraremos en los resultados publicaciones como:  “El ‘continuum’ de la violencia en el Chocó”, del periódico El Espectador; “El Chocó, olvidado”, del periódico El Tiempo; “El Chocó: entre el atraso y una generación que exige cambios”, también de El Espectador; “Sevicia y barbarie”, por RCN Radio. Y así, cientos de textos como estos abundan en internet, en las redes y la prensa, cultivando una visión incompleta del Chocó para el resto del país. Una visión resumida en pobreza, miseria, violencia y corrupción. 

Para los medios de comunicación, la miseria siempre será un buen enfoque para mostrar este departamento. Según un ensayo del lingüista Patrick Charaudeau, publicado por la Universidad Complutense de Madrid, la televisión tiene tres criterios para relatar los acontecimientos: el tiempo, el espacio y el accidente. Acerca de este último explica: “el accidente entendido como símbolo de los dramas humanos, y entre ellos, de los que se caracterizan por ‘lo insólito’ que desafía las normas de la lógica, lo ‘enorme’ que sobrepasa las de la cantidad, lo ‘repetitivo’ que transforma lo aleatorio en fatalidad; el ‘azar’ que hace coincidir dos lógicas extrañas la una a la otra, lo ‘trágico’ que describe el conflicto entre pasión y razón, el ‘horror’ en fin que conjuga exacerbación del espectáculo de la muerte y frialdad del proceso de exterminación”.

El Chocó, con una línea de pobreza ubicada en el 68,4% y una capital que ha ocupado en los últimos ocho años los tres primeros puestos de las tasas más altas de homicidios entre las 32 capitales del país, es un escenario perfecto para la producción de noticias que reducen  al departamento al “accidente”. De las 70 noticias publicadas por Noticias Caracol en el año pasado, 65 aluden a la violencia, al abandono del Estado y a la miseria. Solo 5 de ellas hablan de cosas positivas que ocurrieron en el departamento.  Entonces, ¿el Chocó debe solo resumirse a eso? ¿Solo el lado negativo del Chocó merece ser presentado al resto del país?

Considero que el Chocó debería también ser contado desde sus otras realidades. Bañado por dos océanos, lleno de ríos, majestuosas selvas y cultura por doquier, el Chocó es uno de los lugares más biodiversos del planeta. Es un productor de grandes tesoros como  el chontaduro,  reconocido por ser un potenciador sexual natural; el plátano, que según un estudio realizado por el doctor Antonio López Farré, biólogo catedrático de Medicina, puede prevenir el cáncer debido a su alto contenido en fibra; el lulo,  que es una fruta rica en vitaminas A, B y C;  el Borojó, fruta afrodisíaca,  entre  otras muchas riquezas. El banco de contenidos del Ministerio de Cultura habla del Chocó como un departamento donde “los santos bailan, a los muertos se los acompaña y se les entierra entre cantos, a los niños se los cría en comunidad y a las enfermedades se las alejan con yerbas medicinales”, lo que merecería también titulares en la prensa por sus manifestaciones culturales. Además, porque para honrar a cada uno de sus “patrones”, los chocoanos tienen 21 fiestas que se reparten a lo largo del territorio.  Y por eso merece ser conocido más allá de los dramas que lo azotan, pues a pesar del evidente abandono estatal, ha logrado sobrevivir y combatir con arte y folclor todo eso que lo azota.

Y es que el Chocó no es el único departamento que ha corrido con esta suerte. La Guajira lo acompaña en diferentes titulares sobre sus problemáticas. “El Chocó y La Guajira son los departamentos más pobres de Colombia”, escribe la revista Semana;  “El Chocó y La Guajira, los departamentos con mayor pobreza en el país”, dice el periódico El Tiempo y “La Guajira y el Pacífico, entre las regiones con el menor cumplimiento de los ODS”, del diario la República. Sin embargo, de la Guajira sí  se conocen más sus riquezas y lugares turísticos. El Chocó todavía es difícil verlo en los medios más allá de la miseria establecida.

La visión nublada que hoy tiene Colombia acerca del Chocó es la consecuencia de muchos años de escuchar una sola cara de la moneda. Aunque es cierto que en el departamento hay  un alto nivel de pobreza, corrupción y violencia, no se puede enmarcar únicamente por estos calificativos. Son pocos los departamentos que lograron convertir sus fiestas en Patrimonio cultural de la humanidad, no todos los departamentos cuentan con un jugador estrella en la NBA,  tienen medallistas olímpicas, cuentan con jugadores en la selección Colombia o tienen una científica que lo represente en la Nasa. Pero el Chocó sí. Su biodiversidad, su gente y su cultura también hacen de este territorio lo que es: un territorio que, a pesar del abandono y los dolores que lo acechan, tiene otra cara, la cara de la resiliencia. 

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