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- Unisabana Ágora con Arturo Calle
Unisabana Ágora con Arturo Calle El empresario detrás de una de las marcas de ropa masculina más grandes del país habla sobre las claves para emprender en Colombia y su visión sobre la realidad del país. Compartir Ver también: Unisabana Ágora con María Andrea Vargas, gerente general de Natura
- Operación 'salvando vidas'
Operación 'salvando vidas' Sandra Milena Arévalo, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Ha aumentado en un 21% la donación de órganos y tejidos en Colombia, desde que ello es obligatorio por ley cuando una persona fallece. Lea también: Medicina ancestral: salvado por el cascabel Compartir Foto: Foto: Sandra Milena Arévalo Colombia se está desangrando por causa de múltiples males como la corrupción, la polarización o, el mayor de todos, la indiferencia de muchos de sus ciudadanos. Esta nación necesita urgente un trasplante de corazón al igual que los más de 2.488 pacientes en lista de espera para donaciones de órganos y tejidos vitales. La tasa de donantes, en este país, es de 7.2 por millón de habitantes, mientras que en Latinoamérica esta cifra es de 23 personas por cada millón de habitantes. Con la ley 1805 de 2016, la cual decreta obligatoria donación de órganos y tejidos después del fallecimiento de una persona, salvo si ella deja explícito en vida su negativa para realizar esta acción, se ha registrado un incremento de 21% en las donaciones de órganos en el último año, ya que se pasó de 1.068 trasplantes en 2016 a, al menos, 1.287 en 2018 , según el Instituto Nacional de Salud (INS). No se puede ser egoísta cuando de salvar una vida se trata, puesto que gracias a un donante se alcanzan a beneficiar 55 personas. El panorama de la situación se presenta alentador, ya que las cifras dan cuenta de un incremento en la misión de salvar vidas. Sin embargo, hay que reconocer la actitud apática que aún tiene la población colombiana con respecto a este tema, tal vez por la falta de información, de diálogos familiares o de reflexión personal. Con lo anterior no se pretende decir que los individuos no tengan la libertad para decidir sobre sus propios cuerpos en vida o después de su muerte. Lo que aquí se pide es pensar en cómo con nuestras vidas y actos podemos contribuir con otras personas que nos necesitan. Es preciso aclarar que todos los fallecidos no resultan donantes directos, por ejemplo, de 1.692 difuntos sólo 441 son donantes reales. Además, el INS informó que 856 ciudadanos dejaron en claro su no aceptación de donar sus órganos después de morir. De igual forma, la ley ya mencionada contempla los casos en los que hay excepciones por la edad u otros aspectos. El Ministerio de Salud y Protección Social creó “La Red de Donación y Trasplantes”, como entidad reguladora de los procedimientos para las donaciones de órganos y tejidos, ésta es la encargada de recibir las solicitudes y avalar la realización de las intervenciones quirúrgicas autorizadas en las más de 118 instituciones médicas certificadas para dichas intervenciones, como en el caso del Hospital Universitario Méderi de la ciudad de Bogotá, líder en trasplante de riñón. La lista de órganos con mayor demanda empieza, precisamente, por riñón, seguido de corazón; en tercer lugar los pulmones, la córnea, y en quinto lugar la piel. Muchas personas han visto en agonía que se les escapa la vida por falta de una segunda oportunidad, por falta de un “segundo repuesto”, mientras que otras ven pasar sus vidas consumidas en el orgullo, el miedo o el individualismo. Medellín es una ciudad que se ha caracterizado por tener espíritu solidario y generoso, fue allí donde en 2015 se presentó un caso de donación voluntaria por parte de Mauricio Saldarriaga, un joven empresario exitoso, que tras sufrir un grave accidente de tránsito luego del cual murió, dejó estipulada su intención de contribuir con la prolongación de otra vida. Aunque en ese momento no regía la ley 1805, su esposa transmitió la aprobación debido a que ellos ya habían hablado del tema en vida. Este caso fue tomado como ejemplo y la W Radio lo público para motivar a la ciudadanía. Estamos acostumbrados a, como se dice coloquialmente, “ver los toros desde la barrera”, no somos conscientes de que la vida es un guión de película que sorprende en cada escena. Poner nuestras vidas en función de los demás es el ideal de nuestra existencia. Ojalá a nuestro país Colombia se le pudiese realizar una transfusión de sangre, en la que se le inyecten nuevas formas de pensar y nuevos objetivos que involucren a la colectividad.
- Cara a Cara con Juana
Cara a Cara con Juana Camila Cifuentes, María Paula Carlos, Gabriela Rojas. Comunicación Social y Periodismo Con su particular mirada, Juana aborda en éste capítulo el problema del embarazo en adolescentes. Ver también: Cocinando críticas con Marcelita Sumapaz Compartir
- Angustia ver tan incierto el futuro de los actores
Angustia ver tan incierto el futuro de los actores Nicolás Ocampo Rodríguez, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Gerardo Calero habla sobre el arte, su pasión por el dibujo y el futuro del cine y la televisión. Lea también: 'Édgar Durán, un actor de vocación hecho a pulso' Compartir Foto: Foto: Canal REDMÁS Esto fue lo primero que Gerardo Calero, experimentado actor colombiano, me dijo cuando me abrió las puertas de su casa, en el barrio Santa Bárbara, en Bogotá. Hablamos sobre su vida, sobre el arte y su pasión por el dibujo que solo los más allegados conocen. Poder ver su carpeta de caricaturas y dibujos y hablar de ellos mientras compartimos un café, resultó en la fortuna de poder contemplar sus trabajos artísticos más íntimos. Lejos de los sets de grabación, las locaciones y las cámaras, el experimentado actor me sorprendió con su innegable talento que evoca sus inicios artísticos en la Escuela Popular de Artes en Cali, cuando estudiaba Artes Plásticas en los 70. Luego de esto, cuando pensaba que nada me podía sorprender más, pude conocer también su destreza para la escritura en un libro de dos tomos que cuenta la historia de su familia. Realizado por él y sus hermanos, allí cuentan historias, anécdotas y recuerdos acompañados de fotografías de cada época que suscitan todo un homenaje a la vida. Ahí recordé que aún no hablábamos de lo más obvio, la actuación. Pero para llegar a ese punto, iniciamos desde Buga, donde se gestó todo. Así que le pregunté sobre sus inicios en el arte, en el Valle del Cauca, y de dónde venía la inspiración y lo que lo llevó a estudiar una carrera artística. “Yo creo que eso viene con las personas”, dijo. “En mi familia, prosiguió no hay una tradición de artistas de ninguna naturaleza. Mi papá era una persona que admiraba mucho el arte y a los artistas, pero creía que eso era para otras personas. Yo no sé si pensaba que era para personas privilegiadas, pero, en todo caso, él nunca pensó eso para sus hijos. Yo desde que me recuerdo me recuerdo dibujando… Dibujando muñequitos, dibujando los personajes de los cómics”. Sus recuerdos viajan al Valle: “En Buga, donde nací, se dibujaban los personajes de los comics. Te estoy hablando de Superman, Batman, El Fantasma, Tarzán, todos estos personajes… Yo muy rápidamente me di cuenta de que estos personajes eran dibujados por distintos dibujantes. En la zapatería de al frente de la casa de un familiar, había una estructura de madera con unos alambres y ahí colgaban los cuentos. Entonces a veces alquilaba un cuento y yo reconocía que ese dibujante no era el mismo del de Batman, no era tampoco el mismo dibujante de la historia que había leído antes. Entonces yo descubrí que tenía esa facilidad y, de hecho, había una clase de dibujo que a mí no me gustaba y esos cuentos no los buscaba y buscaba otros y copiaba esos dibujos” , agrega. Seguí indagando sobre los motivos que lo llevaron a descubrir ese talento artístico y sobre lo que lo inspira a dibujar. Yo creería que siempre me incliné por la figura humana y, en general, digamos, más que el paisaje, más que la arquitectura, más que las máquinas, yo dibujaba personas y aprendí a hacerlo como aparecían en los cuentos. Algunas veces, trataba de dibujar un ser humano lo más parecido a la realidad en proporciones a un ideal también de la figura humana. También me llamaban la atención las esculturas. A propósito de esto, yo hacía en estos días un ejercicio con mis hermanos y hemos publicado unos libros de memorias, de memorias de la familia, de recuerdos y de anécdotas. Entonces yo hablaba de un lugar en Buga que se llamaba el parque Santa Bárbara, que ahora se llama parque La Victoria y del parque de Los Leones porque ahí había dos leones de cemento. Entonces yo decía que esa fue la primera escultura que yo vi presencialmente. Yo había dibujado el David de Miguel Ángel, también el Moisés de Miguel Ángel y alguna otra escultura había dibujado sacadas de fotografías. Pero los leones fueron las primeras que vi físicamente y llamaron mi atención. Gerardo, me ha venido contando en estos minutos sobre ese gusto por el dibujo, por las esculturas y por el arte. ¿Por qué no siguió por ese camino y eligió la actuación? Esa es la pregunta clave, absolutamente clave en esto, el porqué me convierto en actor. Ya pasados unos años después de la experiencia de ver los leones y de dibujar personajes de los cuentos, yo me voy a Cali porque quería ser artista, yo quería ser pintor. Entonces entré a estudiar primero en el Instituto Popular de la Cultura en Cali y después fui a Bellas Artes en la Escuela de Artes Plásticas de Bellas Artes en Cali y, estando allí, se produjo un paro. La escuela de Bellas Artes estaba conformada por Artes Plásticas, la Escuela de Teatro, el Conservatorio de Música y la Escuela de Ballet. El Conservatorio de Música y la Escuela de Teatro entraron en paro porque querían cambiar a sus directores, que eran personajes muy reconocidos en el ámbito del teatro y de la música pero que, como administradores y directores de escuela, tenían problemas. En esa época, conocí a la gente de Teatro y me hice muy amigo de ellos. Conocí también a los de Música y Ballet y ese fue un fenómeno muy interesante. Entonces los alumnos y los profesores de Teatro hacían improvisaciones sobre lo que estaba pasando y nos invitaban a otros a participar y yo encontré que me gustaba y tenía alguna facilidad para eso y los compañeros de teatro me estimularon para que siguiera. Cuando se acabó el paro y se abrieron las matrículas para el siguiente curso, yo me matriculé en las dos escuelas y empezamos tres de Artes Plásticas y tres de Teatro. Finalmente, dos desertaron de Teatro y yo terminé desertando de Artes Plásticas porque la reflexión que yo me hacía era que no iba a ser pintor; yo iba a ser dibujante y sabía que podía seguir dibujando solo. En cambio, para hacer teatro, necesitaba de compañeros porque es un trabajo colectivo. Por eso decidí que no necesitaba estar en una escuela para seguir dibujando y seguí haciendo teatro. Retomando lo que me venía hablando de la experiencia del paro de los estudiantes en aquel entonces, lo quiero juntar con el contexto que vivió Cali entre los setentas y los ochentas en el que pasaron cosas muy interesantes. Surgieron los grandes grupos de la salsa como la Fania, Jairo Varela y Grupo Niche, también autores como Andrés Caicedo y libros como ¡Qué viva la música! que relatan un poco el Cali de ese entonces. ¿Eso tuvo algún tipo de influencia en usted?, ¿se puede tomar como un acto de rebeldía estudiantil o protesta ligado a ese entorno cultural que vivía Cali en ese momento la experiencia que me estaba contando? Tiene todo que ver. Estamos hablando que ese paro ocurre en 1975. Era una reforma estudiantil pero todo esto estaba atravesado por personas que hacían parte de esta o aquella inquietud política e ideológica. Entonces ahí estaban los llamados mamertos, los pro-chinos y toda esa gente que se declaraba política. El entorno era exactamente ese que estábamos hablando. Cali es una ciudad donde el sonido antillano estuvo presente desde hace muchos años. Eso lo dice en alguna parte César Pagano que es uno de los que más conoce acerca de la salsa en Colombia y de la salsa en el mundo. Él es hijo de un ingeniero antioqueño que participó de la instalación de los ingenios en el Valle del Cauca y esos ingenios los instalaron trabajadores cubanos que llevaron el sonido cubano. Ese sonido se instala allí porque estaban dadas las condiciones para que se quedara. Entonces uno prendía el radio en la casa y estaba sonando en la emisora La Sonora Matancera, el trío Matamoros, el trio La Rosa y luego ese sonido antillano se convierte en el auge de la salsa y Cali estaba perfectamente preparada para recibirlo; sumado a la danza como se daba en Cali. Todo eso estaba ligado y estaba presente también en el movimiento nuestro que no era ni mucho menos un movimiento estudiantil que abarcara bastante. Eso pasaba solo en Bellas Artes pero la gente de la Universidad del Valle, de La Santiago y de agrupaciones artísticas de Cali Como los del Teatro Experimental de Cali (TEC), por ejemplo, vuelven a la escuela a apoyarnos en el paro y allí se gestó algo interesante y siguieron mis inicios en la actuación. Llegamos entonces al punto inevitable de la actuación y su carrera en la televisión. ¿Cómo fueron sus inicios en el medio y cómo ve el oficio en estos días luego de casi 40 años de carrera? En la escuela de teatro a nosotros nos trabajaban, de alguna manera, cierta aversión a la televisión porque se decía que era una prostitución del actor, del escritor o el director para quienes llegaban allí. Es por esto que al comienzo me costó trabajo dar ese paso porque aún estaba tocado por ese pensamiento. Pero luego yo encuentro que es un canal, una expresión que, bien usada, puede ser tan rica como otras expresiones. Lo que pasa es que está regida por un propósito mucho más comercial; está en manos de unos comerciantes y entonces por eso se le da la orientación que se le da. Pero es un medio que no tiene por qué ser ajeno a los actores. Yo lo que creo y lo que quiero decir con esto es que ojalá a los actores, a los muchachos que están aprendiendo hoy en día les dijeran un poquito de esa aversión a la televisión porque lo primero que se proponen es llegar a hacer televisión en las condiciones en las que se hace. Todo esto porque yo sigo pensando que la televisión podría ser mejor; porque ahí hay una herramienta para hacer algo extraordinario. Desde luego, se han mejorado muchas cosas pero, también, se han desmejorado otras. Se ha desmejorado, por ejemplo, en lo esencial que es en el libreto y la dramaturgia. Por otro lado, la técnica ha progresado; se ha puesto al alcance de todo el mundo y eso está muy bien; pero mucha gente quiere llegar a esa televisión que es tan mediocre desde el punto de vista del contenido. La gente debe estructurar un sentido crítico del medio en el que participa y bueno, yo creo que eso a mí me ha servido. Yo te decía que no había una tradición artística en mi familia, pero siempre hubo una tradición, de parte de mi papá y de mi abuelo, de amor a la lectura, a la literatura, a la historia, a la filosofía y entonces siempre ha habido un sentido crítico inclusive sobre lo que uno mismo hace. A mí no me ha abandonado nunca eso y yo cada vez que asumo un proyecto tengo esa mirada de lo que estoy haciendo. A veces me tengo que dar mucho látigo para poder aceptar lo que me toca aceptar porque también es un negocio y necesito pagar el arriendo, el agua, la luz y las demás cosas, pero creo que en ocasiones podríamos haber hecho algo mejor. ¿Recuerda algún proyecto que haya sido memorable para usted, o haya tenido toda su aceptación o ese gusto de realizarlo y que se haya hecho bajo estos parámetros que hablábamos? Porque hoy en día, según lo comentaba, se ve un declive en algunas cosas como también se han fortalecido otras. Y me gustaría que me contara si hay una experiencia que recuerde y que haya sido muy grata para usted en tantos años en la televisión. Yo he hecho cosas con las que me siento satisfecho y me ha gustado hacerlas y otras que no tanto. Me habría gustado dirigir más, habría querido actuar más pero puntualmente tengo un vacío con el cine; aunque eso también obedece a otras cosas. El cine colombiano es muy particular. En casi todos los países, hay un nicho para hacer cine con actores naturales pero lo principal se hace con actores profesionales. En Colombia es al revés. Mayoritariamente, se hace cine con actores naturales y, en algunas películas, se hace con actores profesionales. Algunas películas, por ejemplo, se hacen con una calidad cuestionable en las que, entre otras cosas, habría sido mejor no estar. Pero a mí, si alguna expresión me gusta de las artes escénicas y audiovisuales es el cine y no he tenido mucha oportunidad en eso. Hablando un poco de cine, y como profesional de la dramaturgia, ¿cómo ve la evolución del cine colombiano? Evidentemente, con los años, ha habido un aumento de producciones y de directores que inclusive han alcanzado cierto nivel de reconocimiento. Si hacemos una comparación, no se da la misma producción que se ve actualmente a la de hace 20 años y entonces ¿cuál es su punto de vista al respecto? Yo soy un poco escéptico de lo que pasa. Ciertamente, se hacen muchas más películas ahora que antes y, entre otras cosas, yo me pregunto qué pasa con esa cantidad de películas que se hacen y nunca llegan a las salas de cine o llegan y no duran más de una semana. A mí me parece que la mayoría de las personas que hacen cine están más preocupadas de lo que pasa del lente para atrás. O sea, que están buscando más el efecto técnico, el manejo de los recursos desde el punto de vista técnico que lo que ocurre en frente de la cámara y en el cine, finalmente, todo ese andamiaje, todos esos aparatos y toda esa técnica están para registrar lo que ocurre delante de la cámara. Lo que importa es lo que ocurre delante de la cámara realmente. A mí me parece que hay muchos directores de nuestro cine que lo que pasa al frente de la cámara es lo que menos les importa. Pienso que los recursos se han democratizado; porque cualquiera puede tener una cámara, con los celulares se pueden hacer películas; pero las películas son buenas si lo que ocurre delante de la cámara está bien concebido. Si hay un buen guion o si hay una buena improvisación que en una edición se le puede dar un orden, para que haya un relato, es lo que cuenta. Inclusive, no necesariamente un relato porque las películas pueden ser de mil maneras; pero yo creo que lo que importa es lo que se registra y no cómo se registra. Es muy interesante ver cómo se cuentan historias a través del arte; ya sea a través de la escritura, de una película, de una serie en televisión o cualquier otra expresión. Antes de iniciar la entrevista, estábamos hablando de un gusto que tomó en algún momento por escribir sus ideas y por ir registrándolas para convertirlas, a la larga, en historias. ¿Eso de dónde viene, por qué surgió en usted la idea de registrar en papel sus pensamientos? Siempre he querido escribir, pero no he tenido la disciplina. Me pasa lo mismo que con el dibujo, lo aplazo. Y lo aplazo porque estoy esperando el día que tenga ganas y, por eso, no soy al final ni dibujante ni escritor. Pero desde hace un tiempo, vengo anotando ideas. Lo hago porque olvido todo muy pronto y quería conservar mis pensamientos para ver si en algún momento algo interesante surge. Por ahí estoy haciendo un ejercicio con eso y estoy escribiendo algo. No sé cómo vaya a salir pero estoy tratando de darle un enfoque de novela; lo que no sé es si se convierta en una al final. Vamos a ver qué pasa con eso. Lo que sí creo es que todo eso viene de lo que también es, para mí, la principal herramienta del actor y eso es la observación. Es observar al alrededor y eso está en la palabra dicha, en la palabra escrita, en el trabajo de los otros, en las otras expresiones del arte y entonces uno siempre debe tener la mirada atenta a percibir lo que pasa en todo contexto porque de eso aparecen buenas ideas. ¿Cómo fue para usted ver que su hijo también se conviertió en actor? Él es bien recordado por su participación en Pandillas, guerra y paz. ¿Cómo fue ese proceso en el cual él seguramente vio ese ejemplo en usted para convertirse en actor? Bueno, no solo lo vio en mí. Su mamá también es actriz y con estos muchachos pasa lo mismo que pasa con los abogados y con los médicos. Es muy difícil que los hijos de los abogados y de los médicos no sean médicos y abogados; este tema de la actuación está metido en la casa. Pasó que él también fue al colegio de la hermana de un director de televisión, de Jorge Alí Triana, y entonces allá había muchos hijos de muchos de nosotros. Como la dueña del colegio tiene un gusto por la vida artística, la obra de teatro que hacía el colegio anualmente tenía más importancia que en otros colegios. Entonces Juan, mi hijo, participaba de eso desde las primeras épocas e inclusive ahí vi un crecimiento. Yo recuerdo, a manera de anécdota, que lo recogía los martes en un lugar distinto porque el bus del colegio no lo dejaba en la casa, sino que lo llevaba a donde iban los que se quedaban haciendo un vocacional. Como este muchacho estaba ensayando tanto, yo pensaba que era el protagonista de la obra que con tanto esfuerzo ensayaban. Cuando yo voy a ver la obra, me costó trabajo reconocerlo porque él estaba envuelto en un papel celofán y era como una especie de árbol y ahí pensé que a él le tenía que gustar mucho esta vaina para ‘mamarse’ todos los ensayos que se aguantó y estar haciendo eso del árbol. Para la obra siguiente, tuvo una participación más importante y así pasó hasta que terminó siendo el protagonista de las obras que se hacían en el colegio. Por esa época, se da el paso de él a Pandillas, guerra y paz y se da una cosa que a él como hijo le incomodaba mucho y era que fuéramos caminando y la gente nos parara a su mamá y a mí a pedirnos una foto y resulta que hoy en día es al revés; cuando vamos juntos nos paran para que se tomen fotos con él. Pero entonces, la respuesta de fondo es que es muy asustador que se haya metido en esto porque es una cosa que en Colombia, para decirlo en los términos más coloquiales, se “perretea” cada vez más. Yo creo que Colombia es el único país que tiene una industria audiovisual tan importante como la nuestra y los actores son tan mal tratados. Yo creo que en ningún otro país pasa eso y por ahí pasa ese fenómeno que mencioné de que la mayoría del cine no se hace con actores profesionales sino con actores naturales. Es angustiante como padre de un actor y persona perteneciente al medio ver que el futuro para los actores cada vez es más difícil e incierto. Gerardo, después de lo que hablamos de la televisión, del cine colombiano y de esa realidad de que el medio a veces les da prevalencia a personas que no se han tomado el trabajo de prepararse y de formarse académicamente, ¿qué cree que viene para los futuros actores del país? Son los medios los que subvaloran el trabajo. A veces me encuentro en la calle con una señora o un señor que me dicen “es que ustedes sí eran actores, esos de ahora no lo son” y yo soy contrario a eso y los tengo que desmentir. Los muchachos de hoy en día son estudiosísimos; han estudiado lo que nosotros no estudiamos porque a nosotros nos echaron un carretazo y en las escuelas de teatro no nos dieron todo lo que nos tenían que dar. Hoy la gente es muy talentosa, muy estudiosa e inclusive la gente bonita antes no se sentía que tenían que llegar a la televisión. Hoy en día, esas muchachas y esos muchachos son bonitos, son preparados, son estudiosos y son preocupados. Yo cuando me refiero a que se ha “perreteado” la televisión no estoy hablando de los nuevos actores, estoy hablando del medio. Hablo de que a los nuevos actores y a los viejos nos desvalorizan. Yo quiero hacer énfasis en que la gente nueva tiene toda la preocupación que debe tener la gente para prepararse. Lo que pasa es que puede ser que ya hay mucha gente, porque también hay que decirlo. Muchos muchachos se preparan, muchos muchachos estudian y quieren prepararse y quieren ser cada vez mejores; pero al lado también hay unos que ya están porque tiene la pinta y nada más y la industria también se aprovecha de ellos. Entonces que el trabajo de alguien que se preparó valga lo mismo del que no se preparó siempre ha pasado, eso no es de ahora, pero a mí me emociona ver a tanta gente que se está preparando, que quieren ser buenos actores y hay muy buenos actores y actrices hoy en día. Son los dueños del balón los que quieren “perretear” el trabajo, no son ellos. Gerardo, muchas gracias por brindarme este espacio y le agradezco compartir conmigo sus experiencias. Evidentemente, muchas cosas quedarán por ahí de una carrera de casi toda una vida; pero espero que sus opiniones y experiencias aquí contadas sirvan para dar una percepción a esas personas que quieren entrar al medio o que también quieren ver una perspectiva diferente y escuchar sus historias. Gracias a ti Nicolás y bueno, esto también es un negocio como ya había dicho antes. No se podrá hacer siempre todo por gusto pero lo importante, para mí, es hacer las cosas con mucha responsabilidad. La actuación es un trabajo en colectivo, no depende solo de uno, sino que hay muchas personas que dependen de lo que uno haga también. En este camino, algo bonito que me ha quedado, ha sido la fortuna de aportar en algunos buenos proyectos y de hacerlo con buenas personas y actores.
- 15/30: Polémica por personajes televisivos asociados con fomentar el acoso
15/30: Polémica por personajes televisivos asociados con fomentar el acoso Seminario de Video, Comunicación Social y Periodismo En esta entrega, hablamos también sobre la historia de las sustancias prohibidas en el deporte en Colombia y revisamos el borrador que reglamenta el uso de cannabis en medicina en nuestro país, entre otros temas. Ver también: 15/30: La alarmante sequía de la Laguna de Suesca Compartir En esta cuarta entrega de la segunda temporada del Informativo 15/30, analizamos cómo personajes contemporáneos de la televisión vuelven a dar de qué hablar en nuestros días; hablamos sobre la historia de las sustancias prohibidas en el deporte en Colombia y revisamos el borrador que reglamenta el uso de cannabis en medicina en nuestro país. Además, presentamos a Federico Acuña, psicólogo de la Universidad de La Sabana, quien se desempeña como entrenador del Getafe en la Liga Española; y echamos una mirada a los planes de Rock al Parque para este 2021.
- Debate de precandidatos presidenciales
Debate de precandidatos presidenciales En la Universidad de La Sabana, algunos de los precandidatos a la Presidencia de la República se reúnen a discutir sus propuestas y dar a conocer su visión del país. Ver también: Vivir sin miedo Compartir
- Unisabana Medios | Audios
¿Qué hay de cierto en que los videojuegos incitan a la violencia? Juan Pablo Arenas Gavilán, David Fernández Orjuela, Adriana María Guerrero Ortiz, Sebastián Martínez Díaz, Comunicación Social y Periodismo Es lógico que cuando se relacionan la violencia y los videojuegos se haga una conexión con juegos First Person Shooter, pero la existencia de una correlación no implica en sí una dinámica de causalidad. Ver también: Videojuegos, ¿perjudiciales para el ser humano? Compartir
- Los hijos de la panela: una cultura que se extingue
Los lingotes de dulce que fueron el progreso de varias generaciones son ahora el sustento de unas pocas familias. La industria panelera enfrenta una crisis en materia de productividad y competitividad por la falta de modernización de los trapiches. Los hijos de la panela: una cultura que se extingue Juan Nicolás Barahona Espinosa Los lingotes de dulce que fueron el progreso de varias generaciones son ahora el sustento de unas pocas familias. La industria panelera enfrenta una crisis en materia de productividad y competitividad por la falta de modernización de los trapiches. Contenido completo Autor: Unsplash No había salido el sol y Fabián ya estaba arriando las mulas. Afuera del trapiche, cuatro hombres subían los pesados bultos con panela sobre el lomo de los animales. Había dinamismo. Uno, dos pasos. Asegurar la enjalma. Ir hasta el suelo. Tensionar los músculos. Subir y amarrar la carga. Aquella madrugada de sábado era de suma importancia para toda una familia, para todo un pueblo y para toda una región: era día de venta. El sudor, las pocas horas de sueño, las cortaduras provocadas por las hojas de caña y el esfuerzo de toda una semana cobrarían valor al vender cada producto en el mercado. Fabián, para ese entonces un niño, veía cómo los obreros de la finca trabajaban al unísono, casi como autómatas. Eran liderados por su padre, un hombre activo, moreno y de bigote espeso, de esos que al estirar los brazos dan muestra de la fuerza que han ganado labrando el campo. -Nos vamos- gritó Custodio, su padre. Fabián corrió a su encuentro, aunque reprochando un poco. Quería ir solo, pero aún era muy joven. No tenía la experticia para enfrentarse al mercado en la época del auge panelero. De un tirón lo subieron a la cruz del caballo, para así partir a tierras lejanas. Diez mulas, cuatro personas y una esperanza salían juntos en caravana. *** Eran los años 70 y el campo vivía una revolución impensada. La producción de panela en el occidente de Cundinamarca parecía imparable al ritmo de los motores de diésel. Del jugo dulce que dejaba el crujir de las cañas de azúcar se alimentaban los pueblos y las grandes ciudades, como también la ambición de los hombres. La propagación de aquella planta permitió la formación de una industria, que se hizo próspera con la labor constante de los campesinos. Comunidades enteras, como Nocaima, Tobia o Quebradanegra crecieron y ganaron fama por ser excelentes procesadores de caña. “La región ha sido perfecta para cultivar esta planta, especialmente por la fertilidad del suelo y el clima cálido. La geografía irregular tampoco ha significado un problema para ella, pues se adapta muy bien a las superficies. Los territorios donde se da la caña de azúcar siempre han logrado un buen desarrollo, formando todo un modo de vida en torno a su producción”, explica Diana Vernot, socióloga, profesora de gastronomía y magister en Estudios Culturales. El ahínco de los paneleros los llevó a consolidar poblaciones enteras, sin temor de levantar vías y casas a punta de machete, con el sol sobre sus espaldas. El trabajo produjo dinero, y el dinero, prosperidad. Se embellecieron las calles, se construyen prominentes plazas. Se abrieron colegios, se hicieron incontables bazares. Las montañas de la región siempre están presentes ante la vista, y antes también lo estaban las fincas paneleras. Pero, de a poco, los trapiches han adoptado el mismo carácter de la neblina: ligeros, silenciosos y melancólicos sobre la superficie de los montes. *** La bonanza panelera es cosa del pasado. Hoy, esa industria enfrenta una de sus más fuertes crisis. El consumo de panela por habitante se ha reducido en un 65 % en los últimos 2 años. De acuerdo con Javier Gómez, director nacional del Área Técnica de la Federación Nacional de Paneleros, hoy los colombianos solo consumen un aproximado de 18 kilos de este alimento, cifra que contrasta con los 35 que se alcanzaron entre el 2000 y el 2001. La demanda continúa bajando, afirma. Persiste un problema con relación a los modos de producción y de comercialización de la panela: son informales y artesanales mayoritariamente. Al respecto, William Higuera, ingeniero agrónomo y miembro del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) señaló: “Este es el punto más importante, porque toda la cadena para vender la panela y otros alimentos derivados de la caña necesita cumplir con los estándares de calidad que actualmente se exigen en el mercado. La industria panelera requiere renovarse, y eso es papel, tanto del Estado, de los campesinos y de las entidades que promueven la agricultura del país”. *** Tras subir y bajar por las trochas, la hilera de mulas, con Custodio y Fabián al frente, desembocaron en una de las pocas vías pavimentadas de la región. El monte profundo y espeso quedaba atrás. Adelante se escuchaba el jolgorio del mercado de Villeta, capital del emporio panelero. La plaza principal empezaba a ser un hervidero. Era media mañana, y en los locales ya se exponían las mercancías. Hombres y mujeres caminaban entre los bares, haciendo una antesala a la fiesta que tendría lugar al llegar la tarde. Como todos los días de mercado, los paneleros consumarían su semana de trabajo incansable con el vaivén de la parranda. La venta de panela era una cosa compleja. No era solo vender por vender. Jugaba una cuestión de orgullo, de prevalencia y de poder. Antes de que la energía se apoderara de la noche, el niño y su padre aceleraron el paso, y así también la caravana de mulas. El ferrocarril de Villeta, el punto más importante para comerciar la panela, era su lugar de destino. Los almacenes estaban atestados y el murmullo de la compra-venta replicaba el sonido de una colmena de abejas. Aumentaba el bochorno. Gritos, risas y cerveza, vallenatos y música mexicana sonaban de fondo. Al llegar, uno de los obreros se llevó el caballo de Custodio, mientras los demás alistaban las cargas. Por su parte, Fabián arrió las mulas, una vez se emplazó el puesto y se acomodaron las panelas. Caminando entre la calle henchida de comercio, el niño no entendía de mercado y muy poco sobre dinero, pero dimensionaba su importancia: compradores, libreta en mano, señalaban los bloques que querían. En respuesta, hombres jóvenes, ayudantes de los más experimentados, se apresuraban por entregar el pedido. Ágilmente subían sobre los bultos al interior de los vehículos, o se los echaban al hombro tomándolos del lomo de las mulas. “Esa no, está muy negra. Déjeme ver la otra… No, no, esa no”. “¿Esta?”. “No, la que está arri... ¡Eeesa! ¡Sí, esa! Venga, venga, tráigala pa’ acá”, decía un hombre vestido de traje, con acento cachaco, de ciudad. Para saber la calidad de la panela, simplemente se guiaba por la vista. No tomaba el producto como si fuera una joya o un diamante. Solo mirando el color (ni muy oscura ni muy clara) sabía qué tan buena era. El hombre era un intermediario, pieza clave para la venta de panela. Como él, muchos iban y venían por la calle. Comúnmente cargaban un maletín con dinero en efectivo y eran acompañados por un ayudante. Vínculo entre el campesino y las cadenas comerciales, estos intermediarios eran ávidos para los negocios. Rondaban de pueblo en pueblo buscando los mejores productores. Y, por su conocimiento e influencia, eran quienes tenían la última palabra sobre los precios. Tras amarrar las mulas, Fabián -que se sintió asombrado por la venta, por los hombres bebiendo y riendo, por las señoras pasando con canastos llenos de comida, por la forma en que trabajaban los jóvenes y por la energía radiante de la calle- volvió a donde su padre. Ya había pasado el mediodía. - ¿A cómo vendió? - le preguntó a Custodio, que se movía con soltura ofreciendo y despachando su panela. - A buen precio, mijo. Hoy vendemos toda la carga- le respondió. Era un gran día, como no lo fue siempre. El peligro de vender mucho, pero obtener poco siempre era constante (y aún lo es). *** Lo que hacía dinámica la venta de panela, con los años, se convirtió en su condena. La industria presentó una especie de parálisis. En el caso del occidente cundinamarqués, la presencia de guerrillas y paramilitares, la falta de un mercado regional y nacional más fuerte, y el sube y baja de los precios de la panela fueron golpes de los que se recupera a duras penas. Colombia quiere ser líder exportador de panela, para lo cual se han hecho campañas, proyectos e inversión. Sin embargo, han sido esfuerzos insuficientes. Darío Alfonso Velázquez, gerente de la Cadena de Producción de Café y de la Panela de la Secretaría de Agricultura de Cundinamarca, afirma que, si bien el Estado busca mejorar la industria panelera, hace falta mayor voluntad de cambio por parte de los campesinos. “El problema es que no han reinvertido correctamente sus ganancias tras las buenas épocas de venta y de producción. Mucha gente no repotencia ni mejora sus cultivos, aun cuando, como en el 2016, se superaron los 400 mil pesos por carga”. En contraste, Alonso Barahona, panelero con más de cuarenta años de experiencia y uno de los intermediaros más prominentes de la región, señala que hoy las cosas no son tan favorables para los paneleros: “¿Qué oportunidad le queda a un campesino que vende una carga completa por menos de 140.000 pesos? Imagínese, eso es lo que van a ganar por el trabajo de todo un día. En promedio, en los trapiches trabajan 6 personas, si es que se quiere tener una buena producción. Y el sueldo más bajo para un obrero es de 25 mil pesos. Y a eso súmele los costos del empaquetado (800 pesos por caja) y por el almacenamiento de la panela. Al final no queda nada”. El precio de la panela en el mercado varía entre los 4000 y los 1500 pesos. *** Con la noche cercana, Fabián y Custodio regresaban con las mulas a la finca. Iban cansados, pero felices. La idea de que aquella bonanza acabara no pasaba por sus mentes. Ese dinamismo, para ellos, se avecinaba eterno. Andaban despacio, sumiéndose en una oscuridad cada vez más profunda. La tranquilidad se posaba en sus almas. Sabían que a la familia no le faltaría nada y que la molienda continuaría. Como el padre y el hijo, así mismo iban otros campesinos. Con su sombrero en la cabeza, entre la penumbra y el ruido de chicharras, con un orgullo profundo, a simple vista oculto, de su rol como cultivadores y procesadores de caña de azúcar. Tras horas en el camino, llegaron a su finca, oculta entre el monte. La casa estaba iluminada por unas cuantas luces y del trapiche provenía el olor de la caña, suave, dulzón, omnipresente. Padre e hijo llegaban rendidos. Ambos debían descansar. En la mañana siguiente el niño se levantaría a hacer sus deberes para la escuela; el padre, a preparar la molienda de la siguiente semana. Así seguiría el ciclo, hasta que las peripecias del destino (la violencia, el amor, los rumores de ciudad y de progreso) los separan de la caña. *** Son incontables los pequeñuelos que, como Fabián, ayudaban a sus padres, ya fuera en la enramada, ya fuera en los cultivos, ya fuera en la molienda. Unos hacían de arrieros, como él aquella mañana. Otros debían cortar, cargar y organizar la caña, o alimentar a los animales, o acomodar los bloques de panela, o levantar el bagazo, o batir los jugos de caña en las calderas. Simplemente no había otra opción, no había cómo decir que no. Se nacía rodeado de caña, se crecía junto a la caña y se vivía en función de la caña. La vida, en parte, era repetitiva. Después de medio siglo, los trapiches siguen siendo los mismos y se aplican los mismos métodos de producción. Las mulas aún esperan a ser cargadas con panela. El trabajo de los obreros no ha cambiado en absoluto, pero cuando no hay ganancias, como está sucediendo en el occidente de Cundinamarca, se afecta toda la cadena de producción y comercialización de este alimento. Y el que más sufre, como siempre, es el campesino que trabaja día a día y casi sin descanso, despierto desde las cuatro de la mañana hasta bien entrada la noche. Se duplican los esfuerzos, se buscan mejorías, pero no dan abasto. Las manos que cortaban caña y se echaban las cargas al hombro han envejecido. Y aquellos que les seguían en la línea no continuaron con su legado campesino. Ahora son cada vez menos los jóvenes que trabajan en los campos. Los padres, en repetidos casos, querían un futuro distinto para sus hijos. El esfuerzo en la molienda les gustaba, pero sabían que era demasiado desgastante. “Se merecen una mejor vida”, era el pensamiento recurrente, abonado por las dificultades que, tras la bonanza, surgieron en la zona. Las guerrillas llegaron a sus campos. Luego fueron perseguidos por los paramilitares. Entre la lucha, como siempre, quien más sufrió fue la población civil. Y que no se olvide el fulgor en la ciudad. Cansados de la zozobra del conflicto, atraídos por el exotismo de la capital, interesados por vivir una nueva realidad, finalmente, muchos decidieron dejar el campo atrás. Ahora solo es cuestión de tiempo, si no hay cambio alguno, para que los sonidos de la molienda ya no surquen por los montes calurosos. Sin la producción, parte de la vida en las veredas perderá su encanto. El silencio de los trapiches y el adiós de los hijos de la panela dejarán al ambiente a merced de la soledad.
- Ser camionero no paga
Ser camionero no paga Lina Gabriela Velásquez, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Enfermedades, microsueños, informalidad, soledad y accidentes son solo algunos de los problemas que afrontan a diario los conductores de tractomula. Lea también: “Nos miran feo sin saber que nuestra labor es importante” Compartir Foto: Unsplash Es medianoche y en medio de la oscuridad brillan unas cuantas luces; no me refiero precisamente a los astros que dominan las tinieblas, sino al resplandor de los tractocamiones que viajan para llegar a tiempo a su destino. En una de estas poderosas y atemorizantes máquinas está Oscar, y yo soy su copiloto. Por primera vez, tiene una compañía diferente a la luna y las estrellas. Nuestra travesía comenzó hace cuatro horas. Nos dirigimos desde la capital de Colombia hacia la Capital de la Montaña, Medellín. Conducir a esta hora pareciera toda una aventura, pero realmente es un riesgo. Según una investigación de la Universidad Nacional, la privación del sueño genera problemas como desconcentración, pérdida de memoria y baja capacidad de reacción, cuyos efectos durante la conducción pueden traer consecuencias fatales. Quién imaginaría que esos hombres rudos y temibles, a los que llaman camioneros, cargan una cruz en su trabajo. Las condiciones laborales de los conductores de tractomula de este país ponen en riesgo su vida. Oscar pasa día y noche recorriendo Colombia de punta a punta. En estas carreteras difíciles, una gran cantidad de personas ha perdido la vida. Según el Observatorio de Seguridad Vial , en el primer trimestre de 2019 murieron 1.366 personas en accidentes de tránsito, es decir, un promedio de 15,1 muertes al día. Sin embargo, Oscar prefiere encomendarse a Dios porque necesita trabajar para sustentar su hogar. Así que afronta la situación con la misma cara esperanzadora con la que se ve ahora. Es la 1:00 a.m., parece que el rostro esperanzador de Oscar se está convirtiendo en uno de cansancio. Sus ojos cafés se ven cada vez más pequeños, y en su piel trigueña se dibujan unas cuantas arrugas. - ¿Vamos a buscar un hotel para descansar? - le pregunto. - No, vamos a darle una hora más y descansamos dentro del carro - contesta Oscar. Ahora entiendo por qué su mamá, Consuelo, detesta que su hijo trasnoche tanto. Cuando estábamos saliendo de la casa para emprender el viaje, un fuerte abrazo hizo que sus ojos se llenaran de lágrimas y que su voz se le quebrantara. - Vaya con la bendición de Dios, papito - afirmó Consuelo. Me sorprende la valentía de esta mujer, no sé dónde cabe tanto coraje en tan pequeña estatura, pues ella no solo ha tenido que lidiar con el trabajo de Oscar, sino, también, de su esposo, José; y su otro hijo, “Juancho”, todos conductores de tractocamión. Ha preparado desayunos a la madrugada, ha gastado mucho tiempo lavando manchas de grasa, y ha pasado cientos de días sola. Consuelo me cuenta que cuando su hijo Oscar llega frustrado y cansado, ella le dice que renuncie y busque otro trabajo porque le duele verlo así, pero él continúa con el legado que le inculcó su padre. “Cuando era pequeño, era el sol del universo, todos lo mimaban; y ahora tiene la valentía de ser un camionero”. Oscar me dice que pronto llegaremos a Puerto Salgar, y allí dormiremos. “Es difícil estar tanto tiempo apartado de mi familia, pero la situación laboral no amerita estar acostado durmiendo. Tengo que hacer sacrificios”. En Colombia, tristemente, se debe ser esclavo del trabajo para no perderlo. Según el artículo 161 del Código Sustantivo de Trabajo del Ministerio de Trabajo, la duración máxima de la jornada ordinaria laboral es de 8 horas al día y 48 a la semana. No obstante, Oscar cree que esto no se cumple. Él conduce más de 60 horas semanales. La Cruzada Nacional Camionera es una agrupación legalizada por el Ministerio de Transporte. Está conformada por la Confederación Colombiana de Transportadores, la Asociación Nacional de Transportadores, la Asociación Colombiana de Camioneros, la Asociación de Transportadores de Colombia, y los Camioneros de Colombia. Manfri Parra, un líder de la Cruzada, asegura que los jefes se aprovechan de los conductores. Según el Ministerio de Transporte, a diciembre de 2009, había 2002 empresas de carga en el país, pero la gran mayoría explota a los camioneros sin pagarles casi nada. Los que tienen suerte ganan el salario mínimo de Colombia ($ 877.803). Solo descansamos tres horas. Y a las 5:00 a.m. Oscar ya está detrás del volante, listo para continuar la travesía. “Trabajo las 24 horas del día con un descanso de 3 o 4 horas, pero siempre debo estar disponible para la empresa. El trasnocho es mi pan cotidiano”. Los conductores de tractomula no duermen para llegar a tiempo a los centros de distribución. Las empresas no dan espera. La doctora Yésica Linares, especialista en seguridad y salud en el trabajo, manifiesta que “no tener un buen hábito de descanso tiene implicaciones que pueden llegar a ser fatales, un microsueño podría ser la causa de muerte de un conductor, y así mismo, afectar a otras personas”. Es por ello que, al observar el chasís de la tractomula de Oscar, noto que las bebidas energizantes y el tinto son su fiel compañía. Oscar se queda en silencio durante un largo trayecto. Luego enciende el radio y empieza a tararear una ranchera. Cuando se termina la canción, me voltea a mirar y se acuerda de que iba con una compañera. “Yo ya me acostumbré a la soledad. Por eso, ahora me es difícil lidiar con otras personas”. Según un estudio de la Universidad de Rovira, los trabajos solitarios pueden generar trastornos psicosomáticos y estrés . El mismo Oscar afirma que varios conductores terminan suicidándose. - ¿Tienes hambre? -Sí, un poco. ¿Podemos desayunar? - Hasta las 10:00 a.m. yo desayuno Solo recuerdo que no comemos nada desde el día anterior. Ahora entiendo por qué, generalmente, los camioneros tienen una contextura física tan gruesa. Aunque Oscar es la excepción. Es tan delgado que la ropa de trabajo le queda holgada, pero a pesar de ello, sí tiene un desorden alimenticio. La doctora Linares declaró que el ser conductor incrementa el riesgo de sobrepeso, debido al desorden en los horarios de alimentación a los que son sometidos por su labor. “Esto trae consigo el aumento de enfermedades cardiovasculares”. Así como el motor de los camiones se desgasta de tanto uso, el motor del cuerpo puede explotar. Son las 8:00 a.m., estamos pasando frente al Río Samaná en el municipio de San Luis. Definitivamente, Colombia es una de las mejores esquinas del mundo. Las montañas se funden con el cielo, y el sol, el canto de los pájaros y el sonido de las bocinas armonizan la mañana. Oscar se encuentra con un amigo de carretera. - Qué hubo, hermano - grita el amigo de Oscar - nos vemos más adelante. - Lo espero en Medellín cuando descargue- afirma mientras hala la bocina. Los minutos transcurren. Oscar empieza a moverse en la silla. Parece que su cuerpo ya necesita un descanso. El organismo de los camioneros se debilita rápidamente. Pasan horas sentados detrás de un volante, y hacen un gran esfuerzo al cargar y descargar las mercancías. Sus ojos y oídos sufren graves lesiones por la molestia de las luces y el ruido del tráfico. A “Juancho”, hermano de Oscar, se le diagnosticó una hernia y ahora tiene un glaucoma. A pesar de que él ha sido uno de los pocos afortunados que está en una empresa con un buen programa de salud ocupacional, a lo largo de su oficio ha sufrido varias enfermedades. Las condiciones laborales de su trabajo son diferentes a las de Oscar. Parece una historia extraída de la Biblia, en la que un hermano es próspero y el otro es esclavo. Sin embargo, la esposa de “Juancho”, Zulma, afirma que le preocupan los problemas de salud de su esposo. “Quisiera que estuviera todo el tiempo junto a mí”, manifiesta Juanita, su hija. Lucía Bello, representante de recursos humanos de la empresa “Aliadas Cargo”, manifiesta que ellos tienen un programa de Seguridad y Salud en el Trabajo en el que se realizan capacitaciones acerca de las políticas del uso del cinturón, pausas activas, manejo de cargas, y postura. Sin embargo, son muy pocas las empresas que cumplen con estas normativas. Algunos camioneros trabajan envueltos en la informalidad, hacen bastante esfuerzo físico para recibir solamente lo del viaje, sin las prestaciones de seguridad social: sistema de pensiones, salud, riesgos laborales, y servicios sociales complementarios. Carlos Peña, un inspector del Ministerio de Trabajo de Cundinamarca, declaró que la mayoría de camioneros no tienen un contrato escrito con el empleador, por eso deben hacer conciliaciones. “Sin embargo, si el jefe dice que hay un contrato de arrendamiento o que le están pagando por flete, el caso se remite a un juez laboral”. El Ministerio de Trabajo está incentivando la formalización del transporte de carga pesada. El Gobierno Nacional expidió la Resolución 1400 de 2019, que facilitará a los trabajadores independientes y empleadores del sector deducir los costos asociados a la operación de su Ingreso Base de Cotización para el pago de la seguridad social. “Con la presunción de costos, los transportadores podrán hacer de manera más fácil y eficiente la liquidación de sus parafiscales, garantizando que sean reconocidos los costos asociados a su operación”, manifestó el Viceministro de Transporte, Juan Camilo Ostos. Oscar empieza a mover los controles de la tractomula, parece un niño con un juguete, pero un juguete muy peligroso. De pronto, me doy cuenta de que frenamos y estamos frente a un restaurante. Son las 10:30 a.m., y vamos a desayunar. - El desayuno viene en porción de almuerzo - le digo. - Parece almuerzo porque el otro golpe va hasta las 5 o 6 de la tarde. Nuestra conversación es interrumpida por una llamada. Es su papá, José. “Mi viejo fue el que me enseñó a manejar. Cuando pequeño jugaba con mi hermano a los conductores, pensábamos que los muebles eran las tractomulas. Ahora ese inocente juego se volvió realidad”. José manifiesta que, antiguamente, los camioneros no tenían tantos afanes. Él es tractomulero hace más de 45 años. Ha recorrido varios países sobre ruedas, y aunque en el transcurso del tiempo sí ha visto varios cambios, lo que persiste es la pésima infraestructura de las vías. Después de comer rápidamente, regresamos a la tractomula. Oscar se sube e intenta arrancar, pero yo sigo afuera, ya lista para correr. Realmente pienso que me va a abandonar, sin embargo, es una broma, solo quiere asustarme. Él es un hombre con buen sentido del humor. No obstante, su alegría desapareció hace tres años, cuando sufrió un grave accidente en la tractomula. Otro camionero lo atropelló porque cayó en un microsueño. Sus pies terminaron completamente rotos, y parte de sus piernas también. Casi muere. Algunos médicos decían que no volvería a caminar, pero antes de volver a hacerlo, él ya estaba manejando. Antes de lo que sus allegados imaginaban, él ya estaba dispuesto a seguir trasladando los bienes que necesitamos las familias colombianas. El transporte de carga es importante para la economía del país. Para el primer trimestre de 2019, el valor agregado del transporte y almacenamiento creció 5,1% respecto al mismo periodo de 2018 del PIB de la Nación. Sin embargo, constantemente los conductores se toman las carreteras para protestar por sus derechos. El paro más largo fue en el año 2016, persistió 45 días. Las peticiones de los transportadores fueron, entre otras cosas, la reducción de precios de los peajes y los combustibles, y el aumento de los costos de los fletes. El conductor Manfri Parra cree que el galón de Acpm es muy costoso, y es uno de los factores para que el precio del viaje aumente. “El galón vale $9.500, y uno con eso solo recorre 6 o 7 kilómetros”. -Ya casi llegamos a Medellín, pero apenas descargue tengo que seguir a Barranquilla - afirma Oscar. - ¿Por qué no descansa hoy y viaja mañana? - No puedo, tengo que cumplir con los horarios. Oscar empieza a contarme con desánimo que en la empresa nunca le han dicho gracias. “Siempre me dicen: llegó tarde, vamos a hacer descuentos, tiene que estar allá a tal hora; pero nunca gracias”. También manifiesta que, a veces, se presentan altercados en el camino, y cuando muestra los recibos en la compañía para que los gastos sean remunerados, le han tirado los papeles por los pies. - Sé que su papá le enseñó a manejar, pero, ¿por qué continuar con ese legado? -Eso es algo que se lleva en la sangre. No es un oficio para todos. Muchos vienen, prueban y se van. La necesidad es una de nuestras motivaciones para trabajar en esto, pero lo que me permite continuar es el amor por los motores. El paisaje ya no solo está adornado por árboles y montañas, ahora empiezo a ver más edificaciones. Llegamos a la Capital de la Montaña, y nos dirigimos al centro de distribución. Son las 11:30 a.m., y después del viaje de quince horas y media, solo puedo decir que este oficio merece más valor. No es fácil llevar cargas por las carreteras colombianas, estar pendiente de todos los controles del tractocamión, descansar poco, y vivir en soledad. En unas horas, Oscar se dirigirá hacia la costa caribe, pero mi travesía llegó hasta acá. Ahora yo me devolveré sin compañía hasta Bogotá, experimentaré la soledad que él ha vivido por más de seis años. Mientras me alejo, él mira al horizonte. Tal vez, observar hacia allá le recuerda que detrás de las montañas hay algo más. Nada es para siempre, y después de pasar por esta tormenta laboral, volverá a salir el sol.
- “Ser mujer me abrió un espacio en el deporte”
La vallecaucana es periodista y presentadora de la sección de deportes de Noticias Caracol. Se considera “hincha del fútbol” y naturalmente del Deportivo Cali. “Ser mujer me abrió un espacio en el deporte” Karol Daniela Peña Severiche La vallecaucana es periodista y presentadora de la sección de deportes de Noticias Caracol. Se considera “hincha del fútbol” y naturalmente del Deportivo Cali. Disponible en Pulzo Karol Daniela Peña Severiche Desde el primer momento luce como una mujer imponente. Su estatura y su mirada le dan un aire de seriedad que resulta intimidante pero que desentona con su vestimenta descomplicada. “Made in Cali” dice su camiseta negra, aunque su acento caleño no sea tan marcado como su pasión por el fútbol. Algunos le dicen “la cara linda del Gol Caracol”, pero su determinación y seguridad a la hora de hablar la catalogan como alguien que va más allá de su físico. Es una mujer ocupada, contesta llamadas y envía notas de voz a sus colegas con los temas que entrarán en las próximas emisiones. Espero algunos minutos, sin embargo, en el momento en el que decide empezar con la entrevista, se pasa las manos por lo mechones de en frente de su cabello, se voltea en la silla, me mira directo a los ojos y dice: “Empecemos”, con una determinación que me toma por sorpresa. El lugar, un restaurante de las oficinas de Caracol, se encuentra solitario y sin ruido. Hace un día frío en la capital y nosotras estamos sentadas en sillas de color naranja estridente. Levanto la mirada y hago la primera pregunta: – ¿En algún momento pensó en dedicarse a otra rama del periodismo? Su respuesta sale casi que de manera inmediata. -No, nunca. Creo que no podría ser periodista de otra cosa que no fuera deportes. —Una respuesta tajante y concisa—. – ¿Cuál es el campo de trabajo que más le ha gustado hasta ahora? – Todo. En lo que es mi trabajo hoy en día combino un poco de los dos. Tengo trabajo en el set del noticiero todos los días, pero eventualmente durante el año hay dos o tres eventos que te permiten viajar, entonces cuando tu viajas vas a hacer reportería, vas a campo, vas ya en tus botas Brahma y cogida del pelo, con tu maleta y te vas a entrenamientos, a estadios a hacer toda la parte de campo y conoces distintos escenarios deportivos. Me parece que eso es una combinación muy chévere y además te dan un perfil muy bacano a tu trabajo. “Hay personas que solo presentan, lo cual está perfecto porque presentar tampoco es fácil, y hay otras que son solo reporteras. Yo he tenido la oportunidad de ir aprendiendo un poco de ambas cosas”. – ¿Por qué decidió decantarse por esta rama? – Primero, porque en mi casa siempre fueron muy afines a los deportes, al fútbol, a ir al estadio, mi papá y mi hermano. Era un tema muy arraigado en la familia para compartir tiempo. Ahí empezó a gustarme mucho ir al estadio a ver fútbol. De ahí radica el gusto por esto; y segundo, porque normalmente las noticias en deportes son buenas noticias, son goles, pocas veces hemos tenido cosas desafortunadas. En el instante en el que formulé esa pregunta y a media que iba oyendo la respuesta, no me esperaba que esa segunda razón tuviera tal contundencia y repercusión sentimental. Tengo que admitir que esperaba algo más simple. “Para mí lo que más me ha marcado ha sido el tema del Chapecoense, el avión que se estrelló llegando a Medellín. Fue una noticia muy dura debido a lo difícil que es pasar por una situación humana como esa. Además, fue muy pesada de contar con muchas horas al aire. No sería capaz de darlas todos los días”. Y así de rápido como empieza a responder, finaliza. No se detiene a hablar de sus sentimientos ni le da más vueltas al asunto. -En las experiencias alegres, asumo que se encuentra su ida al Mundial Rusia 2018 —Ana María asiente levemente— ¿Alguna experiencia memorable que haya tenido en ese lugar? – Todas, ir a mundial de fútbol en sí es una experiencia memorable. En el de Rusia estuve en las trasmisiones de los partidos, a diferencia del de Brasil. Pero digamos estar en la zona mixta del campeón del mundo, con el trofeo en las manos ahí cerquita y entrevistar a uno de los jugadores, eso fue muy bonito. —En sus respuestas le gusta ir de las generalidades como “todas las experiencias” a las particularidades como “estar en la zona mixta del campeón del mundo”—. – Cuando se encuentra en un mundial, ¿qué cree que es lo más difícil? – El desgaste físico a lo mejor. Son muchos días derecho, donde tienes que viajar mucho, donde empiezas a las 3:00 de la mañana y terminas a las 2:00 de la mañana del siguiente día. El agotamiento empieza no solo a ser mental, en cuanto a las cosas que te tienes que preparar, sino que después empieza el físico y te duele todo, sientes que cuando te levantas te pasó un bus por encima. El desgaste de todo tu ser te consume. Son más de 30 días uno dándole a lo mismo. Uno tiene que estar bien preparado, incluso te hacen exámenes físicos antes de irte. Oírla hablar con tanta convicción acerca de su trabajo y del esfuerzo físico que este implica, dio paso a mi siguiente pregunta de la cual, tengo que admitir, estaba ansiosa. – ¿Cree qué la condiciona el hecho de ser mujer en el periodismo deportivo? Un campo que, en un principio, se cree que es para hombres. – No creo, ese tema ha ido cambiando mucho. Siempre digo que por qué no resaltar lo que ya se ha ido ganando, porque además el machismo esta en todos los sectores, en todas las áreas y en todas las ramas. Un gerente de una compañía que se dedique a otra cosa gana mucho más que una mujer que desempeña el mismo cargo. Desde ahí los sueldos son desiguales, eso abarca también el tema deportivo. “Entonces, claro, ha sido siempre más un tema de hombres pues se resalta un poco más eso. Pero yo creo que es importante empezar a hablar de los espacios que se han ido ganando, de las personas, de las mujeres que ya hay en estos momentos en los distintos medios de comunicación, en radio, en prensa, en televisión”. “Entonces creo que no, el hecho de ser mujer por ejemplo me abrió un espacio aquí porque no había una dentro del equipo deportivo y querían una mujer. Entonces creo que antes de cerrarme la puerta fue una ventaja”. – ¿Quién considera usted que es su referente a nivel profesional y personal? -Yo te podría mencionar a muchas personas. Pero mis compañeros son un grupo de deportes que lleva muchos años juntos liderado por Javier Hernández y Ricardo Orrego. Creo que he aprendido un poquito de cada uno y uno va de esa misma forma construyendo su perfil y encontrando su propio estilo y eso que tu le puedes aportar a un equipo que lleva tanto tiempo junto. Así que creo que todos en general. Ana María evade la parte personal y yo diría que familiar en ningún momento devela acerca de su vida fuera del trabajo. -Y, en el tiempo que lleva en este equipo, ¿le ha pasado alguna anécdota graciosa? —Aunque en un principio afirma que no se acuerda de ninguna, Ana María no olvida su anécdota en Brasil—. -Para mucha gente fue muy memorable mi entrevista con …[risas] Thomas Müller, que fue campeón del mundo con Alemania en 2014. En el mundial de 2014, Navarrete entrevistó a Müller diciéndole que había estado muy cerca de ganar la bota de oro, que obtuvo James Rodríguez dicho año, y le preguntó que cómo lo había hecho sentir eso. El jugador, que se encontraba acompañado de Bastian Schweinsteiger, le respondió en bávaro, idioma que la periodista no hablaba. “Esa porquería no me interesa, ¡Somos campeones del mundo! ¡Tenemos el trofeo! Esa porquería de la bota de oro puedes untarla detrás de tus orejas”, dijo el jugador. Navarrete se encontraba trasmitiendo en vivo en ese momento. Con respecto a esto cuenta: -El man me contestó en Bávaro, ni siquiera en alemán y entonces yo quedé ahí [Risas] sonriendo como una imbécil. Al otro día cuando llegué a Bogotá, me di cuenta de que el man había sido súper grosero. Eso salió en todos los portales deportivos del mundo, me llamaron hasta de un periódico en Alemania a hacerme una entrevista. Para este punto de la entrevista, Ana María lucía relajada y respondía los cuestionamientos como quien habla con una amiga. – ¿De qué manera reaccionó usted ante este acontecimiento? – Obviamente a uno le da indignación, como que “marica ¿cómo así?” Si una supiera lo que le está diciendo, pues dígalo para que uno lo entienda. Fue como mi primera experiencia al tema de redes sociales. Hasta en La W salió: la periodista que insultaron fue @nose-quiencita y yo ¡Ah! [grita con sorpresa] Pero pues, pasó la vaina y ya no fue a mayores. A pesar de que el acontecimiento ocurrió hace 4 años, y lo cuenta de manera jocosa, su mirada penetrante y su gesticulación revelan que aún se encuentra un sentimiento de rabia en su interior. -Finalmente, ¿cuál es su mensaje para una persona que quiere dedicarse al periodismo deportivo? -Que le tiene que gustar mucho. Yo creo que como cada cosa que uno hace. Tener paciencia, ser constante con lo que uno desea hacer. Como el tema de la televisión es un tema muy visual, a veces las personas piensan que la gente llegó ahí y la pusieron. No, muchas veces o la mayoría de ellas, hay todo un trabajo detrás. Yo me demoré casi dos años en tener un puesto acá y no era al aire, después otro año y ahí si pues tuve el chance de llegar a presentar. “Hay que ser muy constante, no desfallecer cuando las puertas se cierran. Que estés dispuesto a hacerlo todos los días. En el tema de periodismo deportivo, los fines de semana es donde hay más fútbol y más deportes. Pero de resto, que le hagan, que es muy chévere”. -Muchísimas gracias Ana María. – No, con mucho gusto. Después de esto, me causa estupor como alguien la puede seguir llamando ‘La cara linda del Gol Caracol’ siendo que aquella mujer va mucho más allá de las cámaras.
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