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- Deseos de esperanza y superación
Deseos de esperanza y superación Krystina Cabrales R., Comunicación Social y Periodismo Fecha: ¿Qué pasa con aquellos reincorporados del conflicto armado que han tratado de volver a la sociedad? Lea también: Perdón, más allá de la guerra Compartir Foto: Tomada de semana.com Eran las seis de la tarde, el día ya se había vuelto noche y todos en el pueblo estaban resguardados en sus casas. Un joven, de unos 13 años aproximadamente, apareció entre el silencio sepulcral y los rastros de temor que dejaron atrás los habitantes del lugar. El chico, que respondía al nombre de Jorge, había llegado a un pueblo llamado “El Bagre”, perteneciente al departamento de Antioquia, sin nada más que algunas ropas y las ganas incansables de trabajar para conseguir un mejor futuro para él y su familia. Jorge no conocía a nadie, pero sabía que en ese sitio había más violencia y conflicto de lo que se puede documentar. A esa hora, los paramilitares de la zona hacían su recorrido por el pueblo, revisando que todo estuviera como debía. Se encontraron con el niño perdido, frente a frente. Jorge, de piel morena, estaba blanco del susto al pensar que estos podrían ser sus últimos minutos de vida. En el pueblo desconocido, Jorge casi fue reclutado por los paramilitares de la zona, ya que estos se dieron cuenta de que él no pertenecía al pueblo. Marta, una madre de familia bagreña, tuvo que mentirles a los hombres para poder salvar al niño de un trágico destino. Un comienzo inesperado El conflicto armado puede aparecer en la vida de las personas de diversas maneras. Para unos porque se llegó a un lugar repleto de violencia, sólo por querer buscar una mejor vida. Para otros, de una forma más directa, con hombres que vienen a las casas cargados de armas y sacan a quienes desean para reclutarlos. Pero no todos tienen la buena suerte de Jorge. Carlos, a quien llamaré así porque no quiso que su identidad fuera revelada, tuvo que soportar el ser arrancado del seno de su familia cuando sólo contaba con 12 años. Duró más de 7 en campamentos y combates sin poder ver a su familia. ¿Cómo es posible que recluten personas tan pequeñas, como Carlos, o como lo quisieron hacer con Jorge, para fines tan violentos? Pero esta fue una realidad que se vivió por mucho tiempo en nuestro país, afectando a miles de niños al igual que a Carlos. Según un informe del diario El Espectador, que fue publicado en 2016, entre 14 mil y 17 mil menores eran reclutados anualmente por los grupos armados ilegales en Colombia, es decir, el 0,2% de la población infantil que se registraba en el país para esa fecha. Una cifra no tan elevada, pero sí muy significante. Sin embargo, ahí no termina la historia de Jorge, ya que, desde esa oscura noche del año 2002, cuando él llegó a El Bagre, su vida cambió para siempre. No sólo llegó a un pueblo lleno de violencia, sino que también empezó a hacerse a la idea de que trabajando con la coca podría conseguir todos los lujos que merecía. Esta idea fue adquirida gracias al ejemplo que le dieron los hijos de Marta. Nuevos rumbos Jorge sólo alcanzó a trabajar 2 años con la siembra ilegal de coca, ya que la guerrilla había invadido el pueblo y querían llevárselo a formar parte de sus filas. A pesar de esto, él logró volver a escapar y se estableció en un pueblo cercano llamado Zaragoza. En el nuevo sitio, el joven de 15 años empezó con su propio cultivo, a labrar la tierra por su cuenta como lo habían enseñado. Fueron cinco años de arduo trabajo, sin interrupciones, en los que Jorge no podía con tanta felicidad: finalmente sus planes le estaban saliendo como los había imaginado. Tenía nuevos amigos, mucho dinero en sus bolsillos para gastar y una buena vida por delante. Opuesto a esto, mientras Jorge conseguía dinero trabajando con la coca, Carlos, a sus 15 años, sólo recibía maltratos y responsabilidades que no se le debían confiar a un menor. Según cuenta Carlos, él se vio obligado a matar a su mejor amigo por órdenes de su comandante, para poder seguir viviendo. “Yo tuve que escoger, era la vida de él o la mía. No me quedó de otra”, explica Carlos con mucha ansiedad. Una situación muy parecida la tuvo que pasar Jorge, porque la muerte tocó su puerta cuando un grupo de paramilitares lo confundieron a él y a su mejor amigo con guerrilleros, y casi lo matan. Pero su amigo, César, no tuvo la misma suerte, ya que fue asesinado con tres impactos de bala en la cabeza y arrojado al monte para que se lo comieran los gallinazos, solo por haber hecho evidente su valentía frente a los hombres armados. Así como César y el mejor amigo de Carlos, aproximadamente 218.094 personas han muerto a manos de los paramilitares , cifra que sacó el Centro Nacional de Memoria Histórica para explicar las estadísticas del conflicto armado colombiano. Pero no todo fue turbulencias en la vida de estos dos personajes pues, después de un tiempo, lograron salir de tanta violencia y regresar con sus respectivas familias. Jorge volvió a Bogotá con su madre y hermanos, y Carlos regresó a su casa en el Magdalena con sus padres. Según Mónica Mayorga, Subdirectora de Seguimiento de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización, a finales de 2016 ya había 15.478 personas que completaron su proceso de reincorporación con el programa de la ARN. Aún existe un 54% de la población que ingresó en el programa de reintegración entre 2003 y 2008 que no han terminado su proceso. El 81% de estos militantes fueron hombres, de los cuales el 48% estuvo en las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), el 43% en las Farc, el 9% en el Eln, y un 0,7% perteneció a otros grupos armados como el EPL (Ejército Popular de Liberación), ERG (Ejército Revolucionario Guevarista) o el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo). El proceso de reintegración para Jorge y para Carlos sucedió de manera distinta. Por un lado, el panorama gris que representaba la vida de Jorge cambió drásticamente cuando él decidió servir al ejército colombiano. “La vida me cambió mucho. Después, cuando ya me fui para el ejército, fue diferente. Allá lo enseñan a uno a valorar las cosas, a cambiar esa mentalidad que uno tiene”, expresó recordando aquellas experiencias. En esos tiempos él se encontraba en Guasca, un pueblito del departamento de Cundinamarca, prestando su servicio militar cuando conoció a su actual esposa, una joven que en ese tiempo tenía 16 años, muy alegre y soñadora, como él la describe, que lo ha acompañado desde ese momento. Por otro lado estaba Carlos. Él, que vivió de manera más profunda y directa el conflicto con los paramilitares, quedó con algunos problemas psicológicos, al contrario de Jorge que no aceptó tener ninguna consecuencia marcada. “La psicopatología más asociada con este trauma es el estrés. La víctima, debido a la situación traumática, produce altos niveles de ansiedad, que posteriormente se ve reflejada en ataques de pánico, trastorno de ansiedad por separación, o sueños y pesadillas recurrentes”, explicó Elías Geney, psicólogo clínico. Estos síntomas los reflejó Carlos de maneras distintas, expresándose inseguro, como si alguien viniera por él. En el momento de la entrevista movía mucho sus manos para explicarse y, a veces, tenía expresiones que denotaban culpabilidad y aflicción, como cuando fruncía muy fuerte el ceño. Grandes finales A pesar de que estas historias fueran diferentes, estas dos personas tuvieron experiencias muy similares que los llevaron a ser lo que son hoy en día. Actualmente, Carlos trabaja en un restaurante en el centro de Chía, Cundinamarca, lugar en el que decidió radicarse luego de su experiencia traumática. “Yo traté de seguir con mi vida allá con mis papás, pero siempre andaba inseguro por la calle, con la sensación de que me volverían a llevar. Por eso me fui” , concluyó Carlos con un mínimo vestigio de una sonrisa nerviosa en sus labios. Él, a sus 28 años, aún no ha formado una familia, pero dice que su trabajo, aunque humilde, lo anima a seguir adelante, porque allá puede servir a muchos que lo necesite, haciéndole sentir útil en la sociedad. Por el contrario, Jorge López trabaja en una empresa en la que cultiva flores para ganarse su sustento y el de su familia. Sus hijas, Daliana de 5 años e Isabela de 3, son la luz de los ojos del hombre de 26 años, son el motor que le da a su vida mucho amor y esperanza en los tiempos difíciles. “Yo no quisiera que esto le pasara a más personas. Aunque el conseguir trabajo sea difícil, no busquemos el camino fácil”, termina Jorge con mucha ilusión enmarcada en su rostro y una tímida sonrisa. No sólo Jorge y Carlos han tenido que pasar por esta situación, pues son miles de colombianos los que han presenciado el conflicto armado de maneras distintas y directas, ya sea como víctimas o como agresores forzosos. Y, a pesar de que muchos otros hayan seguido con una vida llena de violencia, no todos han querido seguir en este escenario, como se puede presenciar en las dos historias. Por dicha razón, no siempre el conflicto armado representa oscuridad y desesperanza para quienes lo experimentaron en carne propia. Siempre hay una luz que dirige el camino para aquellos que sufren.
- Informativo 15/30: ¿Por qué debería dejar de hacer piropos en la calle?
En este noveno capítulo revisamos la pertinencia de que La Candelaria recibiera la certificación como la primer área turística y sostenible de la ciudad. Asimismo te contamos sobre el Festival de la Leyenda Vallenata y cómo se vive la cultura cervecera en Colombia. Informativo 15/30: ¿Por qué debería dejar de hacer piropos en la calle? Laura Ubaque, Luisa Moreno, Kelly Medina, Andrés Caamaño, Sebastián Bustos, Karol Peña, Paula Belalcázar, Danelys Vega, Gabriela Velásquez, Deisy Nivia, Nicolás Villamizar, Juliana Novoa, David Suárez, Mara Mulett, Tatiana Marta, Valeria Ramírez, En este noveno capítulo revisamos la pertinencia de que La Candelaria recibiera la certificación como la primer área turística y sostenible de la ciudad. Asimismo te contamos sobre el Festival de la Leyenda Vallenata y cómo se vive la cultura cervecera en Colombia. Contenido completo Autor:
- Páramo sobre ruedas
Páramo sobre ruedas Juan Diego López, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Después del accidente que le quitó la movilidad en las piernas, Helver Cristancho se convirtió en uno de pocos “guardapáramos” que hay en Cundinamarca. Lea también: La discapacidad no es un impedimento para hacer música en Chía Compartir Foto: Foto: Juan Diego López La ganadería, la agricultura y la minería son las principales fuentes de ingresos de las personas que viven en Guachetá – Cundinamarca, un municipio ubicado al norte del departamento, en límites con Boyacá. Allí, en la década de los 70’s, nació Helver Cristancho. “Tuvimos la oportunidad de tener una infancia en la que jugábamos a la lleva, ponchados, trompo y otras cosas chéveres. Pero también vivimos la llegada del internet. Sabemos qué es vivir sin eso”. Su pasión, gusto y amor por la naturaleza lo llevaron a vincularse en el último año a un proyecto llamado “guardapáramos”, liderado por la RAPE, Región Administrativa y de Planeación Especial, una entidad pública creada en el 2014 por un convenio suscrito entre Cundinamarca, Boyacá, Meta, Tolima y Bogotá. Helver hace parte de los cerca de 120 guardapáramos que tiene este proyecto y su misión es cuidar uno de los quince complejos de páramos que hay en esta región. Helver tiene a su cargo el Páramo del Rabanal. En el 2012 el Instituto Humboldt estableció que el área que corresponde a este complejo de páramo es de 11.097 hectáreas e involucra a cerca de 13 municipios. La tarea no es nada fácil. ─ ¿Qué hace para proteger este complejo de páramo? ─ Hacemos sensibilización, talleres con los niños y campañas culturales, los recursos no dan “pa’ más”. El robledal, un bosque de roble, y el páramo del Rabanal siempre fueron sus lugares favoritos antes de sufrir el accidente que lo dejó en silla de ruedas y que, aun después de eso, siguió visitando. Me dice que cuando se convirtió en “Guardapáramos” sintió la oportunidad de ayudar más esos lugares a los que ama. Cuando comenzó a cumplir su misión se dio cuenta de que en el Rabanal se estaban practicando deportes como los rallys, motos y un turismo que poco y nada le importaba el páramo. “Hemos promovido la compra de predios para dejar de reserva, es una forma de alejar la minería que ya se está haciendo en límites con el páramo o incluso dentro de él”. Su casa, que está aproximadamente a una hora y media del páramo, no por la distancia sino por la calidad de las carreteras para llegar hasta allá, está adecuada totalmente para la situación en la que se encuentra: el baño fue modificado para que tuviera todo lo que necesita. Cuando él se baja de su carro encuentra una rampa de acceso para que pueda entrar a la casa sin ayuda de nadie. Porque además de todo, vive solo. Su hermana y su mamá, que viven en Bogotá, lo visitan frecuentemente. Por eso cocina para él y lo hace todo solo. Visita el páramo mínimo una vez al mes. Se va en su carro, en el que acelera, frena y enclocha con sus manos, hasta el casco urbano. Allí toma un carro que hace acarreos y lo lleva El Rabanal. Aunque intenta hacer todo solo siempre, va acompañado a hacer sus recorridos. Se baja del campero con ayuda del conductor y la persona que lo acompaña. Pasa por donde el páramo le permite mover su silla y lo que no puede ver con sus propios ojos lo vigila con un dron, que le sirve también para grabar videos que después usa en sus capacitaciones. Se maravilla al ver los frailejones, pero no es de extrañar, según su hermana Aydé, desde pequeño le apasionó la naturaleza, era curioso, siempre le importaba saber por qué la planta es de una manera y no de otra, su color y beneficio para el planeta y, además, entender el campo. La vida de Helver Cristancho ha dado muchas vueltas. Cuando era niño era muy tímido, me dice su hermana. Creían que se iba a quedar así hasta grande, pero, como él mismo lo dice, en su adolescencia hizo cientos de travesuras con su grupo de amigos, al que llama el Kínder; también inició su vida amorosa, y en ese proceso tal vez perdió la timidez que tenía. Aunque su hermana me dice que, curiosamente, con las mujeres no era tan tímido como creían: “Él salía a jugar con las hijas de nuestros vecinos y de vez en cuando llegaban y le decían a mi mamá ‘Doña Anita, Helver me robó un beso’”. Helver se considera profundamente católico. Al salir del colegio tomó la decisión de ingresar al seminario mayor de Zipaquirá. Sus padres estaban muy contentos con lo que su hijo haría y confiaban en que realmente esa era su vocación. La única que no creía eso era su hermana. “Yo sabía que no. Era un espacio de escape. Helver tiende a ser indisciplinado y creo también que fue una manera de escaparse para no ir al Ejército. Yo ya me estaba preparando para ir a visitarlo al Amazonas, pero no, le dio por irse al seminario”. Entre los 17 y 18 años tomó aquella decisión. Allá, como en el colegio, llegó al grupo de indisciplinados, hacía miles de travesuras, se metía a la cafetería de los curas a robarse las mantecadas, jugaba con sus amigos en todas partes y era tanta su energía que lo nombraron coordinador de deportes del seminario. En cuarto semestre prestó un lazo a unos compañeros sin saber que lo iban a utilizar para escaparse. Culparon a Helver y esto se sumó con las demás faltas que había cometido. Las directivas del seminario le recomendaron que descansara un semestre, que siguiera vinculado pero que se apartara, que no tomara clases. “Esos dos años que pasé en el seminario fueron los más bonitos de mi vida. Me permitieron reafirmar mi fe y hacer apostolado, conocer los municipios más pobres y golpeados por la violencia en Cundinamarca. Tuve mucho contacto con la gente, con los niños. Disfruté mucho. No creo en la reencarnación, pero si tuviera que volver a nacer entraría de nuevo al seminario”. Cuando salió de ahí hizo un curso en el SENA de gestión de recursos naturales y, en ese momento, se enamoró de la naturaleza. Luego de tres años de estudio en los que viajaba de Guachetá a Chía todos los días, empezó a trabajar con la CAR, en el Proyecto Checua, encargado de realizar y vigilar la construcción de obras biomecánicas para evitar la erosión. En este proyecto hacían banquetas, trinchos, gaviones y trabajo de reforestación. Él se encargaba de Guachetá y otros municipios cercanos. A sus 23 años ganó la alcaldía un gran amigo suyo, Daniel Villamil, y lo invitó a trabajar como jefe de la oficina de recreación y deportes de Guachetá. Allí también dejó huella, Connie Cortés lo considera uno de sus mejores amigos. Conoció a Helver hace 15 años en los campamentos juveniles cuando él era director de deportes. “Era un loco lleno de energía”, dice entre risas. Y sí, muestra de eso son sus logros en ese cargo. Creó escuelas de formación deportiva, un equipo profesional de ciclismo que impulsó para competir en el Tour del Porvenir el mismo año en que lo ganó Rigoberto Urán. Grandes logros para durar solo dos años en el cargo, porque después vendría el accidente que le cambió la vida. En la noche del viernes 16 de abril de 2004, y después de haber tomado algunos tragos, Helver iba en su carro para Guachetá acompañado de unos amigos. Subiendo la montaña para llegar al casco urbano se fue a un abismo. El carro dio algunas vueltas y, por fortuna, quedó atrapado en una baqueta, lo que impidió que siguiera su camino hacia la falda de la montaña. Esa banqueta se había construido en el Proyecto Checua, al cual perteneció. Según él, le salvó la vida. A sus amigos no les pasó mucho, pero a él lo remitieron a un hospital, no sentía sus piernas. Tuvo un daño en la médula y perdió la movilidad de sus miembros inferiores. “Tenía 26 años, con ganas de comerme el mundo. Ya tenía carro, moto, buen dinero y buen trabajo. Lo veo como una bofetada que la vida me dio porque estaba demasiado loco”. La vida tenía que volver a empezar. En el proceso de recuperación fueron claves su familia y sus amigos, el kínder, y se llaman así porque se conocen desde pequeños. César López conoce a Helver desde que eran adolescentes y dice que “el Helver después del accidente es un hombre más verraco, el accidente lo hizo madurar, lo admiro mucho”. Para su familia fue una época muy dura. Su hermana Aydé recuerda que a todos les cambió la vida, no solo a Helver. Cuando le pregunto por ese momento su voz se corta y se le aguan los ojos. “Fue un cambio de vida completo. Mis planes de vida cambiaron, solo quería que tuviera lo mejor. La primera a la que le dijeron lo que tenía fue a mí. Cuando íbamos en la ambulancia me hizo jurar que le iba a decir toda la verdad siempre. Pero eso no es tan fácil, ¿cómo le voy a decir que perdió la movilidad en las piernas? Siempre le he dicho que nunca pierda la esperanza. Helver asumió que lo que le pasó había sido por una falla de él. Yo estaba en Bogotá trabajando y todo el proceso de recuperación lo vivimos juntos. Me tocó casi que violentar su intimidad, tenía que bañarlo, aprender a pasarle una sonda por la uretra, fueron momentos muy complicados. Si yo pudiera le daba las piernas”, señala. Hoy tiene 41 años. Helver es presidente de la junta de acción comunal de su vereda, se convirtió en un líder social y ambiental en la región. Está estudiando Ingeniería Agroforestal y suena como posible candidato a la Alcaldía, cosa que a su prima Claudia le gusta, está convencida de que va a ser alcalde. Dice que “es muy inteligente y creativo. Tiene mucha imaginación, se inventa güevonadas locas y, además, el man trabaja”, comenta entre risas.
- Construyendo memoria
Construyendo memoria Juan Miguel Álvarez, periodista y escritor, ha sido ganador dos veces del Premio Nacional de Periodismo en la modalidad de crónica y ha sido nominado al premio True Story Award. Ver también: El grito desesperado del Río Bogotá Compartir
- Los tres componentes de la dramaturgia: Situación, Acción y Personajes
La dramaturgia es fundamental a la hora de contar las historias y, desde la literatura, se han establecido tres ingredientes infaltables: La situación, las acciones y los personajes. Los tres componentes de la dramaturgia: Situación, Acción y Personajes La dramaturgia es fundamental a la hora de contar las historias y, desde la literatura, se han establecido tres ingredientes infaltables: La situación, las acciones y los personajes. Compartir
- Cuando el amor no es la solución para todo
Cuando el amor no es la solución para todo Luis Ángel González Medina , Comunicación Social y Periodismo. Fecha: 'Historia de un matrimonio', la película de Netflix que habla sobre el dolor que produce una separación. Lea también: Somos parásitos Compartir Foto: Historia de un matrimonio (Marriage Story ) se ha convertido en una de las películas más polémicas premiadas por los Premios Oscar. El director, Noah Baumbach, se inspiró en su vida personal para crear una historia con la capacidad de despertar nostalgia. Con la participación de Scarlett Johansson (Nicole) y Adam Driver (Charlie) como los protagonistas, se desarrolla un relato en el que se evidencia cómo un matrimonio se va derrumbando y, con un hijo de por medio (Henry), los padres se debaten entre quién se quedará con la custodia y la ciudad en la que vivirá, si en Nueva York o en Los Ángeles. La obra cinematográfica demuestra la realidad completa de un divorcio, por lo que se pueden defender los grandes aspectos positivos que tienen gran cercanía con los acontecimientos en la vida real. El libreto fue escrito por el mismo Baumbach. El autor busca presentar diálogos explícitos en los que se reflejan las emociones como el odio, el desamor y la melancolía, que permiten ir descubriendo a los personajes. Al principio del filme, los personajes comienzan con un monólogo en el que resaltan las virtudes del otro; este es un primer acercamiento a la situación de divorcio. Toda la pieza audiovisual se basa en una constante lucha, siempre con un tono sincero. El mismo director dice que por medio del guion se demuestra cómo los personajes ‘‘han perdido sus voces, han perdido la noción de quiénes son. Están tratando de descubrir qué creen ahora”. Otro aspecto para resaltar es la escenografía. A través de la ambientación y decoración (colores, objetos) que el director ha hecho de las tomas, busca darle un tono específico a cada una de estas, relacionado con el sentimiento que busca generar. Por esta razón, mientras las escenas que toman lugar en Nueva York son lúgubres y obscuras, por la tristeza de Charlie perdiendo su matrimonio, en Los Ángeles son soleadas, alegres y con buena iluminación, indicio de que Nicole está rehaciendo su vida lejos. Estos dos aspectos mencionados anteriormente son importantes para representar la esencia de la película. Así, también permiten la comparación con Kramer contra Kramer (1979), un filme protagonizado por Meryl Streep cuya historia también relata la decisión de la esposa de irse y crear una vida para ella misma, pero esta vez sin tener en cuenta a su hijo. Ambas obras tienen como eje principal lo necesario que es la libertad individual en el matrimonio , y si eso no se da, puede traer consecuencias gravísimas como la separación. El filme va más allá de contar un suceso en la vida de dos personas. Pretende que muchos se sientan identificados con la situación actual que están viviendo muchas parejas. Y es que a pesar de que se muestre una pareja económicamente estable y como el prototipo de perfección, esto no es suficiente. Muchas veces, la necesidad de cumplir los sueños de cada uno y que, en este caso, Charlie le impida cumplir esto a Nicole, hace que a pesar de que exista amor, este no puede luchar con todo si una persona se hace pequeña junto a otra. En síntesis, esta es una obra con personajes impecables, con diálogos sin tapujos, y con escenas tan fuertes que impiden que quien la vea desarrolle solo un estado de ánimo en toda su duración. La puesta en escena fue un desafío para todos los que tomaron parte en la realización, y no pudo ser contada de una mejor forma. Sencillamente, uno de los mejores trabajos dentro de este género.
- Del campo a la ciudad
Del campo a la ciudad Kiana Valentina Cotacio Aguirre, David Alejandro Diaz Acevedo, Lina Fernanda Lamprea Rodríguez y Sara María Malaver Rodríguez. Hay una tendencia creciente que afectará el desarrollo de Colombia: la migración de los jóvenes que vivían en zonas rurales. La decisión para ellos es difícil. La familia se queda, en parte, sin uno de sus miembros, que en las ciudades se vuelve uno más de cientos de miles que intentan conseguir un trabajo digno. Ver también: Educación bajo el sol Compartir
- ¿La extinción de los toros de lidia?
¿La extinción de los toros de lidia? María Camila Rozo, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Un proyecto de ley que prohíbe el uso de animales en cualquier acto público, acabaría con las corridas de toros en Colombia teniendo como posible consecuencia la extinción de la raza de lidia. Lea también: Los niños no quieren cuentos de hadas Compartir Foto: María Camila Rozo Tras un proyecto de ley, en dos años otra especie podría desaparecer del territorio colombiano. Cuando se habla de los toros de lidia, muchos sentimientos embarcan a la gente. Hay quienes sienten odio, otros sienten pesar y muchos más sienten pasión. Pero esta forma de vida podría acabar en Colombia y para los ganaderos algo terrible podría suceder, teniendo como resultado la extinción de la raza de lidia. Benjamín Rocha Gómez fundó en los años 40 la ganadería Achury viejo y en el año 1961 el Aceituno, que fue entregada a Juan Fermín y Felipe Rocha, hijos de Benjamín, a mediados del año 71. En la actualidad Felipe Rocha es el dueño de Achury viejo. “Nunca será un buen negocio tener ganadería de lidia. Los ganaderos en Colombia son grandes aficionados a los toros, y con las ventas de estos solo se pueden pagar los gastos que tiene la finca, para sostenerlos”, dice Jaime Ospina, médico veterinario que trabaja con ganaderías en Colombia, quien es respaldado por Juan Fermín Rocha: “la cría del toro bravo nunca ha sido un negocio para ganar dinero. Es una afición muy costosa”. Siendo 193 los países reconocidos por las Naciones Unidas y 195, por el Departamento de Estado de Estados Unidos, Colombia es uno de los ocho países del mundo, incluyendo Ecuador, España, Francia, Portugal, México, Perú y Venezuela, en los que en la actualidad todavía se permiten las corridas de toros. Sin embargo, son muchas las personas que están en contra de estas prácticas taurinas y debido a esto, cada vez se ve más cercano el día en el que en Colombia prohíban las corridas. “Las ganaderías sí se han visto afectadas con la disminución de corridas en las plazas de Toros. Se ha pasado de más o menos 14 corridas en las plazas de primera categoría, a unas 6 o 9. Los festejos de segunda categoría, básicamente en provincia, han pasado de más o menos 4 festejos a dos o ninguno”, afirma Juan Fermín Rocha, quién se retiró hace algunos años del negocio. Sin contar que, con este problema, no solo se afectan a los ganaderos sino a las ciudades también, como fue el caso de Bogotá que, según lo reportado por el Contexto Ganadero en el 2015, tras cuatro años del cierre de la plaza La Santamaría, la ciudad perdió 4 mil 600 millones de pesos de ingreso, debido a que en cada temporada de toros, la Corporación Taurina de Bogotá pagaba una cifra de mil 200 millones de pesos a la Administración de Bogotá y tras el cierre de su plaza, se reportó una gran pérdida de dinero para la ciudad. El hecho de que en Colombia cada vez se vea más cercano el día en el que se prohíban las corridas es algo que afecta totalmente a esta raza, pues los ganaderos ya no tendrían ninguna razón para conservar la especie. “Si en Colombia se prohíben las corridas de toros, las ganaderías de lidia desaparecerían y la raza de este animal sería extinguida sin razón”, advierte Juan Fermín, para quien el toro de lidia “es un animal fiero y noble que merece perdurar en el tiempo”. “Si se acaban las corridas de toros en Colombia, se acabarán los toros, porque no habrá ninguna razón para tenerlos, ya que la única y más importante ilusión de un ganadero es llevar su toro a una plaza para ser lidiado. Además, el toro nace solo para que, si llega a adulto, se encuentre en una plaza al frente de un torero de a pie o a caballo”, explica Ospina. El miércoles 21 de marzo, la Cámara de Representantes aprobó el segundo debate del proyecto de ley que prohíbe el uso de animales en cualquier acto público, es decir que esto acabaría con las corridas. El siguiente movimiento para que esta ley se apruebe es el paso por el Senado, en el cual se hará un debate en la Comisión Primera y luego en la plenaria. Según lo mencionado por varios medios del país, Óscar Hurtado, autor del proyecto de ley, menciona que “este proyecto busca prohibir la práctica de actividades de entretenimiento y de expresión cultural con animales porque hay un clamor ciudadano que nos pide eliminarlas”. “La ganadería de lidia es un hobbie. (…) y lo que realmente lo sostiene económicamente son: o el ganado manso, que en nuestro caso tenemos ganado de cría y ganado de carne, o si no, la misma compañía que tenemos nosotros de la familia”, dice Carlos Barbero, dueño de la ganadería Santa Bárbara, fundada en 1985, quien considera que la crisis es grave, pero que no lo afecta debido a que es consiente que no se puede vivir de vender toros para corridas. “De todas las ganaderías que conozco hoy por hoy, no sé de ninguna que se pueda sostener con las ventas de las corridas de toros, todos de una forma u otra las sostenemos con otros negocios o por el ganado manso, pero que se vaya a sostener una ganadería de lidia, no, ¡eso es imposible!”. Al prohibirse en Colombia las corridas de toros, es muy probable que la mayoría de fincas ganaderas de toros de lidia dejen de inseminar a la vaca para que se siga produciendo esta raza, pues ya no tendría ningún sentido seguir haciéndolo. De igual forma, Juan Fermín Rocha, Carlos Barbero y Jaime Ospina consideran que gran parte de la responsabilidad de la crisis es por la falta de conocimiento. “En Colombia la prohibición de las corridas se volvió un tema político para ganar adeptos y votos, aprovechándose de la ignorancia de la gente que los sigue, haciendo discursos mediáticos, que sensibilizan a la gente con el supuesto maltrato animal”, asegura Ospina. “Los antitaurinos son algo muy nuevo dentro del historial de la tauromaquia. Hay varios aspectos para ello, principalmente la ignorancia del tema”, agrega Rocha. “Muchas veces la gente es antitaurina sin saber, pero cuando conocen se dan cuenta de que viven mejor que una vaca de leche o de carne”, concluye Barbero. Los ganaderos, toreros, taurinos y personas a las que les genera algún interés este tema siguen a la espera de saber qué pasará con este proyecto de ley, que tiene un plazo de dos años para decidir si se aprueba o no, mientras tanto los toros de lidia seguirán siendo parte de las fincas ganaderas que todavía se dedican a su crianza.
- Tania Rodríguez, de banda y corona al atril municipal
Tania Rodríguez, de banda y corona al atril municipal Karol Daniela Peña Severiche, Comunicación Social y Periodismo Fecha: La 'Reina de las Voladas', entregó su corona mitad de este año, pero antes de eso esparció el folclor del Sanjuanero Huilense por más de 36 ciudades de Colombia. Lea también: "Buena gente y acccesible" Compartir Foto: Foto: Karol Peña Eran las 11:23 del 1 de julio del 2018. En el Parque de La Música Jorge Villamil Cordovez se encontraban miles de personas que observaban atentos el Reinado Nacional del Bambuco. Luego de anunciar a Princesa Nacional a Tolima y Virreina Nacional a Barranquilla, se empezó a escuchar el estruendo, acompañado de pitos y vuvuzelas, que cantaba “Boyacá, Boyacá, Boyacá, Boyacá”. Era tanto el estrépito que hasta las demás candidatas recitaban al unísono el departamento. Un silencio sepulcral se instaló en el recinto cuando se oyeron las palabras del presentador “La nueva Reina Nacional del Bambuco 2018- 2019 es la candidata de… BOYACÁ” y el público estalló en alaridos. “Tania Alejandra Rodríguez”. Tania nació en una familia de bailarines, aunque Patricia Rodríguez, su madre, sea enfermera. Esta mujer es bailarina profesional de ballet, aunque su familia dedica su vida al folclor. Sin embargo, ella sí sabe de folclor, no por nada fue la Reina Nacional del Bambuco. Creció viendo cómo sus tías, Carolain y Aidé Cubillos, le daban ritmo a la cumbia, el joropo y la carranga con sus trajes coloridos y sus ojos maquillados. Pese a que desde los 3 años quiso bailar, le impusieron una norma: hasta los 6 años podría empezar a tomar clases. A los 6 dio inicio a su vida artística y a los 10 tomó su primera clase de ballet debido a una exigencia de su academia. Estuvo becada en el Ballet Ana Pavlova, una de las academias mas importantes de Bogotá y con ayuda de las puntas y las barras formó su carácter. “Eso es lo que me gusta del ballet, que te exige. El ballet no es para cualquier personalidad” , me dice mientras hablamos en la oficina de su academia de baile y arte “Taroca”. En mayo del 2015, su profesor de baile, Juan David Barbosa, la llamó faltando 4 días para el Reinado Departamental del Bambuco y le dijo que necesitaba que participara como señorita Funza. “Decidimos hablar con Tania por su talento, su compromiso y su carisma. Sin saber que estábamos despertando al gigante dormido que reposaba en ella”. Hasta ese momento, ‘Tanita’, como la llama cariñosamente Barbosa, nunca había pensado en ser reina, hasta que le dijeron que era un reinado de baile. Sanjuanero aprendido, tacones puestos, producción realizada y etiqueta lista, se lanzó al ruedo. El desenlace de esa historia es la coronación de Tania como Virreina Nacional. En 2016, no conforme con la decisión del jurado, Tania se lanzó nuevamente, esta vez como Señorita Mosquera, compitió en el reinado obteniendo una culminación similar: Primera Princesa. Después de algunos meses, se dio cuenta de que el problema no era suyo, sino de la corporación “se han manejado muchas cosas debajo de cuerda en este reinado. Para mí fue muy triste escuchar que en ese reinado de Cundinamarca siempre tenían a la reina montada. Que de 116 municipios participaban 12”, dijo en una entrevista con Punto de encuentro. Pese a que, en 2017, la llamaron para varios certámenes, decidió que ese año se lo dedicaría a su academia de danza; un lugar que maneja ballet, jazz, urbano y ritmos latinos y el cual montó con el último sueldo que se ganó en la Alcaldía de Mosquera. Para el siguiente año, su academia estaba más fuerte y allí recibió una llamada de Sergio Medina, su parejo de baile, para que juntos participaran en el reinado, pero esta vez, por el departamento de Boyacá. Luego de entrevistas, foros de medios y desfiles, Tania se coronó como Señorita Boyacá. Pero aún quedaba el reto más grande: El Reinado Nacional del Bambuco. “Yo decía, yo tengo que dar un mensaje con esto, yo no me puedo rendir y hacer lo de todo el mundo, que cuando les dicen que no, escogen otra cosa. Yo no soy así. Así me hizo el ballet”. Desde el 26 de junio, sus tías, madre, padre y hermana se fueron para el Huila a apoyar y celebrar el San Pedro. Como para este momento las fechas de las tarifas en hospedaje suelen ser costosas, su familia tuvo que traer carpas y colchonetas para quedarse en casa de su abuela. “Esa fue una experiencia inolvidable, tanto para ella como para nosotros. ‘Tato’ nos enseña que todo se puede lograr si uno se lo propone cada día”, dice Nicol Sanabria, su hermana menor y quien la acompañó en sus viajes fuera de Colombia a México y Barcelona. Para conseguir el dinero que se necesita para comprar los trajes de Sanjuanero, los cuales cuestan entre 2 y 3 millones de pesos y, además, costear los viajes, Tania tuvo que hacer rifas, intercambio de favores, dictar clases personalizadas, workshops y trabajar horas extra en la academia, reuniendo aproximadamente $20.000.000 de pesos. A pesar de eso, había momentos donde el dinero no era suficiente. Para uno de los bailes, la soberana boyacense no tuvo el dinero para pagar el segundo traje (el del baile privado). No obstante, el traje llegó y pudo reunir el millón de pesos que le faltaban para costearlo. Estos sucesos se los atribuye a dios y a su abuela, Elvia María Cachaya, quien todos los días pone una veladora en su honor. “Ese era su deseo [ser reina] y dios se lo permitió, con mucho esfuerzo, dios lo logró”, afirma Elvira para Punto de encuentro. Ensayó el Sanjuanero desde febrero, dirigió Taroca, empezó un nuevo negocio de belleza llamado “One Royal Beauty” e hizo el penúltimo semestre de su carrera, Licenciatura en educación artística y artes escénicas en la Corporación Universitaria CENDA. Aún cuando a veces lágrimas salieron de sus ojos pensando en todo lo que tenia que hacer, ella siguió su camino, porque todo el esfuerzo se resumió en esos días del festival. En el transcurso del certamen tuvo que pasar por el desfile en traje campesino, artesanal, de vestido de baño y acuático, en este último navegó por el río Magdalena encima de una lancha decorada. Adicionalmente, hubo una muestra folclórica y una entrevista con los jurados. La noche antes de la coronación, se reunieron en su habitación todas las candidatas, Angie Rojas (Señorita Tolima) estaba a su lado izquierdo y Yailin Cabrera (Señorita Barranquilla) a su lado derecho, justo en las mismas posiciones en las que estarían ubicadas al otro día, solo que esta vez no se encontrarían recostadas en una cama de hotel sino en la tarima de la coronación. “Mis compañeras me decían que iba a ganar”. Finalmente, el 1 de julio, en la edición número 58 del Reinado Nacional del Bambuco, Tania Alejandra Rodríguez Cachaya, de 22 años, unió las manos con sus compañeras y se puso a orar a dios, oyendo únicamente la barra incesante que gritaba “Boyacá, Boyacá, Boyacá” recordando cómo, justo antes, estaba interpretando el Sanjuanero Huilense de la mano de su parejo Sergio Medina, usando su traje rojo. Ese momento lo veía desde la tribuna Marlon Saenz, uno de los profesores de su academia, “¡Grité!” me dice entre risas. “Las otras barras eran muchísimas y nos superaban en número, aunque nosotros éramos solo 20 y casi ni nos veíamos, cuando decidieron la finalista, ya era obvio y todas las barras nos dieron la razón. A mí no me gusta el futbol, pero entendí esa emoción cuando ella ganó”. Minutos después, Tania volvió a bailar el Sanjuanero Huilense, esta vez con la corona sobre su cabeza. El baile, de 3 pasos y 8 figuras, por el que la empezaron a llamar “La reina de las voladas” y por el que pudo visitar más de 36 ciudades de Colombia y dos países, entre ellos, España, donde dejó uno de sus trajes como muestra del folclor colombiano. “Yo aprendí a amar el Sanjuanero por toda la humanidad que recibe. Todo el mundo hace maletas para que en junio todos los caminos conduzcan al Huila”. Al finalizar su primer baile como Reina Nacional, Sergio Medina, atónito, le dijo: “¡Tania, ganamos!”, mientras las barras seguían aclamando incesantemente el nombre de su departamento. Sin embargo, a pesar de todo el recorrido que hizo el baile del Sanjuanero en las puntas de la Reina del Bambuco, hubo invitaciones que se vio obligada a rechazar y lugares donde nunca pudo llegar, y aunque el público anhelaba una reelección por otro año más de esta soberana huilense, Tania aún tenía una academia que dirigir y más proyectos por emprender. Entre ellos su candidatura al concejo de Mosquera y la inauguración de One Royal Beauty, donde pretende darles empleo a jóvenes de la región . Carolain Cubillos, su chaperona y su ‘Mamá alcahueta’, como ella le dice, conocía de antemano la decisión que había tomado Tania de no prolongar su reinado por otro año más. “Ella me manifestaba que los ciclos hay que cerrarlos de la mejor manera y fue un año de muchos aprendizajes, alegrías y satisfacciones. Hay que brindar la posibilidad a las demás chicas para que vivan todo lo que ella pudo vivir”. Como todo lo que comienza tiene un final, exactamente un año después de haber recibido su banda y su corona, ‘Tato’ tuvo que decirle adiós a su mandato. Lo hizo de la misma forma en que recibió el suyo, de la mano de sus compañeras y orándole a dios. Abrazó a Wendy Murillo, su sucesora, le entregó la corona, la banda y una sonrisa con lágrimas en los ojos. Pero su legado como embajadora del folclor no concluyó ese día, porque, como ella misma dice, quedó con una marca de por vida. Una marca que abarca una responsabilidad, la de seguir trasmitiendo el mismo mensaje que dio en todo su reinado y que me recita con convicción un mes y medio después de haber entregado su título: “Las personas están acostumbradas a rendirse, la gente sabe empezar a hacer las cosas, más no a terminarlas. Yo pude decirle a la gente, oiga esto es un proceso, y nada es gratis, nada es regalado, a mi me dijeron 3 veces que no y aquí estoy”. Su sueño más grande, el cual me dice que no se lo ha dicho a mucha gente, es ser conferencista para poder hablar con propiedad de temas que le preocupan de la sociedad. Para eso, lee libros de emprendimiento, viaja y sobre todo escucha a las demás personas, para no hablar de lo que no conoce. Por ahora, sigue enseñando en su academia, que ya cuenta con más de 40 estudiantes y que está próxima a mudarse a un sitio más grande; empezó su campaña como candidata al concejo de Mosquera por el partido de Cambio Radical y sigue viviendo la vida con disciplina y perseverancia, justo como el ballet le enseñó cuando tenía 7 años.
- Libros 'inmorales'
Libros 'inmorales' Sofía Bayona Fecha: Los miembros de la comunidad LGBTI siguen siendo víctimas de la misma discriminación, tanto en la sociedad, como en la literatura. Lea también: Crespos que brillan con rebeldía Compartir Foto: Prideful “No hay tal cosa como un libro moral o inmoral – fue el prefacio que escogió Oscar Wilde para El retrato de Dorian Gray – Los libros están bien o mal escritos. Eso es todo”. El escritor británico fue condenado a 2 años de cárcel por ultraje a la moral pública, en otras palabras, por ser homosexual, y su obra se utilizó como prueba en su contra. Hoy, 125 años después, los miembros de la comunidad LGBTI siguen siendo víctimas de la misma discriminación, tanto en la sociedad, como en la literatura. El 26 de septiembre se dio la Semana de los Libros Prohibidos en Estados Unidos, un evento en el que la Oficina de Libertad Intelectual, OIF por sus siglas en inglés, se encarga de revisar cuáles fueron los libros más restringidos, escondidos y eliminados de bibliotecas en el año. En la última lista, 8 de los 10 libros más censurados son de literatura LGBTI. Este género literario está compuesto tanto por libros escritos por personas del colectivo, como por aquellos cuya trama gira en torno al tema, como lo definió el escritor Gregory Woods en Historia de la Literatura Gay . Pero la peor parte de esta cifra es que no llegó como una sorpresa. El 2020 es el cuarto año consecutivo en que este tipo de historias ocupan al menos la mitad de la lista de censuras, comprobando así que, aunque la homofobia haya disminuido, su esencia sigue intacta. Quienes protestaron ante la presencia de estos libros frente a sus ojos argumentaban que estaban “diseñados para contaminar la moral de sus lectores”, una frase muy similar a las que se dirigieron a Oscar Wilde en 1895. Para ser una sociedad que ha avanzado tanto, es difícil creer que todavía persista la equivalencia entre “inmoralidad” y “diferencia”. De igual forma, se les acusaba de contenido sexual explícito, pues hay una tendencia a igualar la homosexualidad con la pornografía, e ignorar cualquier similitud entre el beso del príncipe y la bella durmiente, y el de El príncipe y el caballero . Este cuento de hadas no heteronormativo hace parte de la lista de libros prohibidos, así como la historia de dos pingüinos machos que se enamoran (Con Tango son tres ), la de un conejo gay (Un día en la vida de Marlon Bundo ) y la de una niña transexual (George ). Como siempre, la literatura imita al mundo que la rodea. En la actualidad, según cifras de la ONU, hay 72 países que aún penalizan las relaciones homosexuales, y en el 58% de los Estados miembros de la organización se han presentado casos de discriminación. Además, más de 1300 miembros de la comunidad LGBTI fueron asesinados en América Latina en los últimos 5 años. Nada de esto es nuevo, pues desde que existe otro tipo de amor, existe el rechazo hacia él y, desde entonces, la literatura ha servido como reflejo de lo que muchos autores tuvieron que reprimir durante años. Marcel Proust, Virginia Woolf y Thomas Mann, por nombrar unos pocos, son ejemplos de grandes escritores que encontraron en sus obras un escape para sus sentimientos, y que hoy sirven de referencia para la literatura LGBTI. Con el tiempo, las leyes fueron cambiando y el mundo se fue modernizando. No ser heterosexual dejó de ser un crimen, pero se volvió no recomendable , y escribir al respecto siguió siendo un acto de rebeldía. Federico García Lorca escribía acerca de sus pasiones con eufemismos, como dejando un acertijo que debía ser resuelto, pero a su muerte, ni su familia ni sus admiradores están dispuestos a discutir esta parte de él. Ser gay no es ilegal, pero avergüenza . Lo mismo sucede con Gabriela Mistral, la primera persona latinoamericana en obtener un Nobel de literatura. La escritora y poeta sentía un afecto especial por su secretaria, Doris Dana, y era tan fuerte que se dice que inspiró gran parte de su trabajo. Ella no le tenía miedo a sus sentimientos, pero cuando Juan Pablo Sutherland propuso incluir sus poemas en una compilación sobre la homosexualidad en Chile, la Fundación Premio Nobel Gabriela Mistral no lo permitió. Ser gay no es ilegal, pero da miedo . Hay que reconocer que cada vez existe más representación de la comunidad LGBTI en la literatura, y que hoy en día hay muchos autores que sienten orgullo tanto de su identidad sexual, como de sus libros publicados. Giuseppe Caputo es uno de ellos, y representa el progreso en este sentido, pero también opina que “cuando las narrativas LGBT salen del closet, también la homofobia sale del closet”. La homofobia es el miedo a la diversidad, es el odio a lo diferente, y eso sí es una amenaza a la moral.
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