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- De banda y corona al atril municipal
Tania Alejandra Rodríguez entregó su corona como reina a mitad de este año; antes de ello, esparció el folclor del Sanjuanero huilense por más de 36 ciudades. De banda y corona al atril municipal Karol Daniela Peña Severiche Tania Alejandra Rodríguez entregó su corona como reina a mitad de este año; antes de ello, esparció el folclor del Sanjuanero huilense por más de 36 ciudades. Disponible en Pulzo Universidad de la Sabana Rodríguez se dio a conocer como ‘La reina de las voladas’ y se ganó el corazón de más de un huilense por medio de la disciplina que le otorgó el ballet. Eran las 11:23 del primero de julio del 2018. En el Parque de La Música Jorge Villamil Cordovez se encontraban miles de personas que observaban atentos el Reinado Nacional del Bambuco. Luego de anunciar a Princesa Nacional a Tolima y Virreina Nacional a Barranquilla, se empezó a escuchar el estruendo, acompañado de pitos y vuvuzelas, que cantaba “Boyacá, Boyacá, Boyacá, Boyacá”. Era tanto el estrépito que hasta las demás candidatas recitaban al unísono el departamento. Un silencio sepulcral se instaló en el recinto cuando se oyeron las palabras del presentador “La nueva Reina Nacional del Bambuco 2018- 2019 es la candidata de… Boyacá” y el público estalló en alaridos. Se trataba de Tania Alejandra Rodríguez. Tania nació en una familia de bailarines, aunque Patricia Rodríguez, su madre, sea enfermera. Esta mujer es bailarina profesional de ballet, aunque su familia dedica su vida al folclor. Sin embargo, ella sí sabe de folclor, no por nada fue la Reina Nacional del Bambuco. Creció viendo cómo sus tías, Carolain y Aidé Cubillos, les daban ritmo a la cumbia, el joropo y la carranga con sus trajes coloridos y sus ojos maquillados. Pese a que desde los 3 años quiso bailar, le impusieron una norma: hasta los 6 años podría empezar a tomar clases. A los 6 dio inicio a su vida artística y a los 10 tomó su primera clase de ballet debido a una exigencia de su academia. Estuvo becada en el Ballet Ana Pavlova, una de las academias más importantes de Bogotá y con ayuda de las puntas y las barras formó su carácter. “Eso es lo que me gusta del ballet, que te exige. El ballet no es para cualquier personalidad”, me dice mientras hablamos en la oficina de su academia de baile y arte ‘Taroca’. En mayo del 2015, su profesor de baile, Juan David Barbosa, la llamó faltando 4 días para el Reinado Departamental del Bambuco y le dijo que necesitaba que participara como señorita Funza: “Decidimos hablar con Tania por su talento, su compromiso y su carisma. Sin saber que estábamos despertando al gigante dormido que reposaba en ella”, dice Barbosa. Hasta ese momento, ‘Tanita’, como la llama cariñosamente Barbosa, nunca había pensado en ser reina, hasta que le dijeron que era un reinado de baile. Sanjuanero aprendido, tacones puestos, producción realizada y etiqueta lista, se lanzó al ruedo. El desenlace de esa historia es la coronación de Tania como Virreina Nacional. En 2016, no conforme con la decisión del jurado, Tania se lanzó nuevamente, esta vez como Señorita Mosquera, compitió en el reinado obteniendo una culminación similar: Primera Princesa. Después de algunos meses, se dio cuenta de que el problema no era suyo, sino de la corporación: “Se han manejado muchas cosas debajo de cuerda en este reinado. Para mí fue muy triste escuchar que en ese reinado de Cundinamarca siempre tenían a la reina montada. Que de 116 municipios participaban 12”, dijo en una entrevista con Punto de encuentro. Pese a que, en 2017, la llamaron para varios certámenes, decidió que ese año se lo dedicaría a su academia de danza; un lugar que maneja ballet, jazz, urbano y ritmos latinos y el cual montó con el último sueldo que se ganó en la Alcaldía de Mosquera. Para el siguiente año, su academia estaba más fuerte y allí recibió una llamada de Sergio Medina, su pareja de baile, para que juntos participaran en el reinado, pero esta vez, por el departamento de Boyacá. Luego de entrevistas, foros de medios y desfiles, Tania se coronó como Señorita Boyacá. Pero aún quedaba el reto más grande: el Reinado Nacional del Bambuco. “Yo decía, yo tengo que dar un mensaje con esto, yo no me puedo rendir y hacer lo de todo el mundo, que cuando les dicen que no, escogen otra cosa. Yo no soy así. Así me hizo el ballet”. Desde el 26 de junio, sus tías, madre, padre y hermana se fueron para el Huila a apoyar y celebrar el San Pedro. Como para este momento las fechas de las tarifas en hospedaje suelen ser costosas, su familia tuvo que traer carpas y colchonetas para quedarse en casa de su abuela. “Esa fue una experiencia inolvidable, tanto para ella como para nosotros. ‘Tato’ nos enseña que todo se puede lograr si uno se lo propone cada día”, dice Nicol Sanabria, su hermana menor y quien la acompañó en sus viajes fuera de Colombia a México y Barcelona. Para conseguir el dinero que se necesita para comprar los trajes de Sanjuanero, los cuales cuestan entre 2 y 3 millones de pesos y, además, costear los viajes, Tania tuvo que hacer rifas, intercambio de favores, dictar clases personalizadas, talleres y trabajar horas extras en la academia, que le permitieron reunir aproximadamente 20.000.000 de pesos. A pesar de eso, había momentos donde el dinero no era suficiente. Para uno de los bailes, la soberana boyacense no tuvo el dinero para pagar el segundo traje (el del baile privado). No obstante, el traje llegó y pudo reunir el millón de pesos que le faltaban para costearlo. Estos sucesos se los atribuye a dios y a su abuela, Elvia María Cachaya, quien todos los días pone una veladora en su honor. “Ese era su deseo [ser reina] y dios se lo permitió, con mucho esfuerzo, dios lo logró”, afirma Elvira para Punto de encuentro. Ensayó el Sanjuanero desde febrero, dirigió Taroca, empezó un nuevo negocio de belleza llamado “One Royal Beauty” e hizo el penúltimo semestre de su carrera, Licenciatura en educación artística y artes escénicas en la Corporación Universitaria Cenda. Aun cuando a veces lágrimas salieron de sus ojos pensando en todo lo que tenía que hacer, ella siguió su camino, porque todo el esfuerzo se resumió en esos días del festival. En el transcurso del certamen tuvo que pasar por el desfile en traje campesino, artesanal, de vestido de baño y acuático, en este último navegó por el río Magdalena encima de una lancha decorada. Adicionalmente, hubo una muestra folclórica y una entrevista con los jurados. La noche antes de la coronación, se reunieron en su habitación todas las candidatas, Angie Rojas (Señorita Tolima) estaba a su lado izquierdo y Yailin Cabrera (Señorita Barranquilla) a su lado derecho, justo en las mismas posiciones en las que estarían ubicadas al otro día, solo que esta vez no se encontrarían recostadas en una cama de hotel sino en la tarima de la coronación. “Mis compañeras me decían que iba a ganar”. Finalmente, el primero de julio, en la edición número 58 del Reinado Nacional del Bambuco, Tania Alejandra Rodríguez Cachaya, de 22 años, unió las manos con sus compañeras y se puso a orar a dios, oyendo únicamente la barra incesante que gritaba “Boyacá, Boyacá, Boyacá” recordando cómo, justo antes, estaba interpretando el Sanjuanero Huilense de la mano de su parejo Sergio Medina, usando su traje rojo. Ese momento lo veía desde la tribuna Marlon Sáenz, uno de los profesores de su academia, “¡Grité!” me dice entre risas. “Las otras barras eran muchísimas y nos superaban en número, aunque nosotros éramos solo 20 y casi ni nos veíamos, cuando decidieron la finalista, ya era obvio y todas las barras nos dieron la razón. A mí no me gusta el futbol, pero entendí esa emoción cuando ella ganó”. Minutos después, Tania volvió a bailar el Sanjuanero Huilense, esta vez con la corona sobre su cabeza. El baile, de 3 pasos y 8 figuras, por el que la empezaron a llamar “La reina de las voladas” y por el que pudo visitar más de 36 ciudades de Colombia y dos países, entre ellos, España, donde dejó uno de sus trajes como muestra del folclor colombiano. “Yo aprendí a amar el Sanjuanero por toda la humanidad que recibe. Todo el mundo hace maletas para que en junio todos los caminos conduzcan al Huila”. Al finalizar su primer baile como Reina Nacional, Sergio Medina, atónito, le dijo: “¡Tania, ganamos!”, mientras las barras seguían aclamando incesantemente el nombre de su departamento. Sin embargo, a pesar de todo el recorrido que hizo el baile del Sanjuanero en las puntas de la Reina del Bambuco, hubo invitaciones que se vio obligada a rechazar y lugares donde nunca pudo llegar, y aunque el público anhelaba una reelección por otro año más de esta soberana huilense, Tania aún tenía una academia que dirigir y más proyectos por emprender. Entre ellos su candidatura al concejo de Mosquera y la inauguración de One Royal Beauty, donde pretende darles empleo a jóvenes de la región. Carolain Cubillos, su chaperona y su ‘mamá alcahueta’, como ella le dice, conocía de antemano la decisión que había tomado Tania de no prolongar su reinado por otro año más. “Ella me manifestaba que los ciclos hay que cerrarlos de la mejor manera y fue un año de muchos aprendizajes, alegrías y satisfacciones. Hay que brindar la posibilidad a las demás chicas para que vivan todo lo que ella pudo vivir”. Como todo lo que comienza tiene un final, exactamente un año después de haber recibido su banda y su corona, ‘Tato’ tuvo que decirle adiós a su mandato. Lo hizo de la misma forma en que recibió el suyo, de la mano de sus compañeras y orándole a Dios. Abrazó a Wendy Murillo, su sucesora, le entregó la corona, la banda y una sonrisa con lágrimas en los ojos. Pero su legado como embajadora del folclor no concluyó ese día, porque, como ella misma dice, quedó con una marca de por vida. Una marca que abarca una responsabilidad, la de seguir trasmitiendo el mismo mensaje que dio en todo su reinado y que me recita con convicción un mes y medio después de haber entregado su título: “Las personas están acostumbradas a rendirse, la gente sabe empezar a hacer las cosas, más no a terminarlas. Yo pude decirle a la gente, oiga esto es un proceso, y nada es gratis, nada es regalado, a mí me dijeron 3 veces que no y aquí estoy”. Su sueño más grande, el cual me dice que no se lo ha dicho a mucha gente, es ser conferencista para poder hablar con propiedad de temas que le preocupan de la sociedad. Para eso, lee libros de emprendimiento, viaja y sobre todo escucha a las demás personas, para no hablar de lo que no conoce. Por ahora, sigue enseñando en su academia, que ya cuenta con más de 40 estudiantes y que está próxima a mudarse a un sitio más grande; empezó su campaña como candidata al concejo de Mosquera por el partido de Cambio Radical y sigue viviendo la vida con disciplina y perseverancia, justo como el ballet le enseñó cuando tenía 7 años.
- Electribe House Music
Electribe House Music Jacobo Acevedo, Juanita Esguerra, Valentina Garzón, Felipe González, Ana María Vélez, Lorena Guzmán, Daniela Muñoz, Luisa Martínez, María José Escobar, Alejandra Chisco, Natalia Reyes. Una joven se expresa a través del baile en una calle oscura, sigue la música y transmite vida y energía a su alrededor. Ver también: 'Es fácil olvidar', por Apolo 7 Compartir
- McGuffin: Eficaz recurso narrativo
El McGuffin es un eficaz recurso narrativo, consistente en usar un personaje, tema o conflicto que permite avanzar la acción pero que, a la larga, no es relevante para la historia. McGuffin: Eficaz recurso narrativo El McGuffin es un eficaz recurso narrativo, consistente en usar un personaje, tema o conflicto que permite avanzar la acción pero que, a la larga, no es relevante para la historia. Compartir
- La ruana, tejiendo país
La ruana, tejiendo país Nicolás Torrijos Osorio, Paula Andrea Castro Leiva y Laura Valentina Cuevas Santamaría, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo La ruana es una de las prendas más tradicionales en Colombia, símbolo del trabajo de los artesanos y de la cultura de nuestros campesinos. Ver también: La ruana cundiboyacense, una tradición que se está devaluando Compartir
- Volver a casa
Volver a casa Isabella Cuenca Aguilar, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Luego de estar viviendo 2 años en Bogotá, volví a mi ciudad natal, Ibagué, para cumplir, en compañía de mis papás y mi mascota, con el aislamiento obligatorio debido al Covid-19 que ha dejado alrededor del mundo a más de 617297 víctimas y 7166 en Colombia. Lea también: Reflexiones contagiosas Compartir Foto: Foto: Paula Duque, Comunicación Audiovisual y Multimedios Miedo, ansiedad, tristeza e incertidumbre son algunos de los sentimientos con los que vivo desde el pasado 13 de marzo. Me gradué de uno de los mejores colegios de mi ciudad y decidí irme a estudiar a Bogotá. Con tan solo 17 años, decidí enfrentarme a una vida completamente diferente a la que estaba acostumbrada. En los 2 años que llevo viviendo en la capital, he querido devolverme varias veces a Ibagué, pero nunca me imaginé que el motivo de mi regreso sería una pandemia. Esta historia comienza a finales del 2019 en China, cuando se advirtió de la posible llegada de un nuevo virus. El covid-19 apareció en Wuhan convirtiendo esta ciudad en el epicentro de una pandemia que, sin duda, marcará la historia de la humanidad. El número de personas infectadas aumentaba, al igual que el número de muertos. Las cifras eran desconsoladoras y apenas comenzaba una nueva década. El 2020 avanzaba y las noticias hablaban del posible inicio de una tercera guerra mundial, de los incendios en Australia y del asombroso show del Super Bowl. Sin embargo, mientras todo esto pasaba, el covid-19 llegaba de visita, permanente, a más países. Los primeros días de enero, el tour patrocinado por este virus era solo en Asia, luego decidió romper sus fronteras continentales y se dirigió a Norteamérica, para luego hacer un viaje por Europa y África, que terminaría en un viaje sin regreso por todo el globo terráqueo. El 30 de enero, la Organización Mundial de la Salud declaró el posible riesgo de salud pública internacional. Pero solo hasta el 11 de marzo la enfermedad fue declarada como una pandemia. De las noticias al país El 6 de marzo del 2020, se confirmó el primer caso de coronavirus en Colombia. Pilar Aguilar se encontraba en una droguería en el momento en el que salió dicha noticia: “estábamos comprando unos medicamentos y de repente los teléfonos sonaron, las personas llegaron a comprar tapabocas, antibacteriales y alcohol, en cuestión de minutos eso quedo vacío”. Para el 11 de marzo, eran 6 los casos confirmados en el país. Era evidente que la vida estaba muy lejos de seguir siendo normal. Cuando fui ese jueves al centro comercial, las personas ya estaban usando tapabocas y eran muy precavidas. A pesar de que la situación avanzaba y el covid-19 ya estaba conociendo otros departamentos del país, las personas seguían intentando llevar su vida con normalidad. Soy estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana. Después del 11 de marzo, empecé a sentir que mi vida pronto cambiaría. El día 13 de marzo, vi la posibilidad de que no volvería a tener clases presenciales en un buen tiempo, debido al avance exponencial del número de casos, la insistencia, por parte de los medios de comunicación, de la Organización Mundial de la Salud y del Ministerio de Salud, sobre las prevenciones del covid-19 (distanciamiento social y buena higiene); también, mi amiga Mariana me había comentado que en su universidad ya habían suspendido las clases por una semana, mientras los profesores recibían capacitaciones para las aulas virtuales. Por otro lado, ese día en mi clase de Taller de Géneros Interpretativos las medidas y la situación del covid-19 fue el tema de conversación. Por eso, decidí aprovechar mi último día en la calle e ir a comer con mi mejor amiga. “¿Isa, y si no ponen clases virtuales?, ¿cómo hacemos para transportarnos?”, era la angustia de Juliana. Yo tenía claro que no iba salir de mi casa hasta el lunes 16 de marzo para ir a la universidad. Durante todo el fin de semana, sentí miedo, pues las cifras en el país aumentaban desproporcionadamente, para llevar solo una semana; la situación en Italia era desconsoladora, y mi prima “Mechis”, que vive en España, me recomendaba que no saliera de casa y regresara a Ibagué. Mis amigas del colegio estaban más preocupadas que yo: acordamos encontrar la manera de regresarnos, sin tener que viajar en bus, cuando nuestras universidades cancelaran clases presenciales. El 15 de marzo, las instituciones educativas en las que estudian mis amigas ya habían comunicado el inicio de las clases virtuales. Sentía miedo de quedarme en una posible cuarentena en Bogotá lejos de mis padres. Tengo la fortuna de vivir con mi tía, su esposo y mis primos. Ya estábamos en una especie de aislamiento desde el viernes 13, pero igual yo quería pasarlo con mi papá y mi mamá, pues me dan más tranquilidad, además el clima caliente me sienta mejor y en esos días tenía mucha congestión debido a la sinusitis y rinitis. Temía, entonces, que cerraran Bogotá, pues mi plan inicial era viajar el jueves 19, por el cumpleaños de mi papá. Sin embargo, todo cambiaría el 15 de marzo. Regresando al calor ibaguereño A las 5:30 del domingo 15 de marzo, llegó el correo que tanto esperé ese fin de semana. No me había bañado, pero yo solo pensaba en hacer maleta, no sabía ni cómo, ni cuándo iba a viajar, pero estaba como una loca corriendo y empacando lo primero que veía, me cambié y seguía sin saber qué iba hacer. Llamé a mis papás y ninguno me contestó, le dije a mi tía y ella me calmó. Mi primo ya iba a salir de viaje para Ibagué, tenía que venir por unas cosas del trabajo y el carro ya iba lleno, pues iba a viajar con amigos, pero la familia va primero, así que me dejó viajar con él. La ciudad que me vio nacer y crecer la volvería a ver pero esta vez de una forma diferente, en aislamiento. Yo sabía que iba a viajar a Ibagué pronto, pero no me imaginaba que para quedarme encerrada en mi apartamento. Yo me veía visitando a mi abuelita, saliendo con mis amigas, comiendo en mi restaurante favorito, haciendo mi viaje rutinario de cada mes desde hace 2 años. Claramente mis planes cambiaron en el momento en el que me subí al carro de mi primo. Yo amo Ibagué, soy feliz de haber nacido aquí, amo la comida típica de acá, me encanta la tradición, los paisajes, soy hincha del Tolima desde pequeña. Pero hace 3 años tomé la decisión de irme de acá, en ese entonces no sabía qué iba a estudiar, pero tenía claro que mi hogar sería Bogotá y vivir en Ibagué sería cuestión de recuerdos. Sí, yo vengo aquí a pasar todas mis vacaciones, pero son vacaciones, no tengo clases virtuales. Ahora, no estoy ni cerca de tener vacaciones, esto es volver a vivir en Ibagué, pero de una manera diferente. Decretos pijaos El 17 de marzo, la Alcaldía de Ibagué decretó el primer toque de queda (de 7:00 p. m - 6:00 a. m.) para todos los ibaguereños y un toque de queda de 24 horas para los menores de edad y personas mayores de 60 años. (Decreto #1000-0204) Para esta fecha, el Covid-19 no conocía la ciudad que vio nacer al cantante Santiago Cruz. El 18 de marzo, el coronavirus conoció el hogar de la lechona y el tamal. Al siguiente día, la alcaldía ibaguereña y la gobernación tolimense decretaron prohibir el ingreso a personas no nacidas en el territorio y adoptaron medidas para proteger a los tolimenses del covid-19, mediante el decreto 1000-0211. Antes de que la Presidencia de la República determinara el aislamiento social obligatiro (Decreto 457 de marzo 2020), el territorio pijao ya había tomado medidas. Para algunos, exageradas; para otros, las correctas. Para la ibaguereña María Paula Nieto Aguilar, las medidas eran necesarias, pues como ella dice: “son medidas conscientes que garantizan la seguridad y la vida de todos los ciudadanos en el Tolima, prima el interés general sobre el particular. En una situación como la que estamos viviendo es esencial mantenernos con salud. Por eso la vida debe estar por encima que la economía, porque si no hay vida no hay economía. De una recesión económica podemos salir Mientras de la muerte, nadie”. El aislamiento continúa Sé que mi vida cambiará después de esta pandemia, de hecho ya está cambiando porque mi padre, Luis Cuenca, trabaja desde su casa desde el 17 de marzo. “Solucionar los problemas que han surgido en proveer el transporte del papel higiénico es más complicado ahora por el hecho de que no se está produciendo la misma cantidad”, comenta el trabajador de productos Familia. Sin embargo, en esencia, mi historia es la misma. Desde el 16 de marzo, mis días son similares: levantarme, asistir a clases virtuales, hacer trabajos, ayudar en la casa, jugar con mi perrita y ver series. Para mi fortuna yo amo estar en mi casa, no me imagino cómo estaría si fuera lo contario. Me da miedo lo que pueda pasar, me da miedo y tristeza pensar en las personas que viven de lo que consiguen a diario, he hecho todo lo que está a mi alcance para ayudarlas. Pero siento que este problema nos va ayudar para entender la vida, reflexionar sobre las cosas, reencontrarnos con nosotros mismos y volver a casa, porque tal vez hace mucho no estamos... y no lo digo por el hecho de vivir en otra ciudad, sino porque vivimos tan inmersos en el ajetreo del día a día que, probablemente, hemos permanecido ausentes.
- Teusaquillo, un recorrido por las letras | unisabanamedios
Teusaquillo es una de las localidades más privilegiadas de la ciudad: tiene el Índice de Calidad de Vida (ICV) más alto, según la Encuesta Multipropósito del DANE; posee múltiples vías de acceso para salir y entrar con facilidad y presenta una de las ofertas culturales más variadas de la capital. Uno de los establecimientos que resaltan en Teusaquillo son las librerías. Cada una ofrece diferentes opciones temáticas y de ellas te contamos en este recorrido. Teusaquillo, un recorrido por las letras Ana María Cuervo, Vanesa Barrera y Laura Lenis Teusaquillo es la localidad número 13 de Bogotá, está ubicada en el centro y es una de las más más privilegiadas de la ciudad: tiene el Índice de Calidad de Vida (ICV) más alto, según la Encuesta Multipropósito del DANE; posee múltiples vías de acceso para salir y entrar con facilidad y presenta una de las ofertas culturales más variadas de la capital. Fotografía por Vanesa Barrera Uno de los establecimientos que resaltan en Teusaquillo son las librerías. Cada una ofrece diferentes opciones temáticas y de ellas te contamos en este recorrido. Mapa de las librerias mencionadas en el reportaje Casa Tomada Como en el famoso cuento de Cortázar, Casa Tomada, en que dos hermanos fueron expulsados de su propio hogar porque "algo" se apodera, una a una, de las habitaciones hasta dejarlos en la calle. Los libros se hicieron con este recinto para convertirlo en una icónica librería. Ana María Aragón y su esposo compraron la casa en la que funciona la librería desde el año 2008, cuando ella trabajaba en el énfasis editorial del programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Javeriana. Al inicio, la casa era una bodega de El Malpensante, una revista literaria colombiana, pero los dueños empezaron a comprar libros a las editoriales para nutrir su proyecto. De a poco, construyeron los dos salones que tiene la librería: uno de ficción con novelas, poesía y literatura; otro de no ficción con filosofía, política y economía. También adecuaron el ático, espacio para cine foros y clubes de lectura, y la cafetería, con un espacio interior y otro al aire libre. “Es un poco escondida y misteriosa. Pero es como entrar a la casa de alguien”, dice Ana María Aragón. Actualmente, Casa Tomada tiene más de 65 mil libros a la venta y pertenece a la Asociación Colombiana de Libreros Independientes (ACLI), red por la que se intercambian o solicitan libros si es necesario. También organiza eventos culturales y lanzamientos de libros con los autores. Además, tiene tres clubes de lectura y uno de cine: El Club de Literatura y Gastronomía: Se reúne el último sábado de cada mes a la 1:00 p.m. Los asistentes leen el libro propuesto y el chef Leandro Carvajal prepara un almuerzo para todos, basado en la lectura. Cuesta 90 mil pesos la inscripción al curso (incluyendo la comida). El Club de Literatura y Viaje: Se reúne el primer sábado de cada mes a las 4:00 p.m. Se lee un libro y, de acuerdo con este, los asistentes escogen un destino para viajar. Cuesta 50 mil pesos cada sesión. Club del Ático: Se reúne el segundo sábado de cada mes a las 4:00 p.m. Es liderado por Ana María Aragón, dueña y directora de la biblioteca. No tiene costo ni inscripción previa. Cineclub: Se ven películas disponibles en la plataforma Mubi, una distribuidora streaming de películas independientes. Cuesta 3 mil pesos la entrada a la emisión. Fotografía por Ana María Cuervo Puedes encontrar más información en la página web de Casa Tomada o escribir al WhatsApp 3114403870. Casa de letras Es una librería pequeña y acogedora en la que solo se venden libros usados. El fundador y dueño, Francisco Jiménez, la creó hace 12 años. Desde que se inició, vende ejemplares de literatura, humanidades y arte. No tiene agenda de eventos culturales ni vende comidas o bebidas. En su página de Facebook, las opiniones resaltan la selección meticulosa de los libros y la buena conversación de Francisco. Fotografía por Vanesa Barrera Puedes encontrar más información en la página de Facebook de Casa de Letras. El Dinosaurio Esta librería esquinera llama la atención solo con el nombre y la fachada del lugar. Le pusieron así por el cuento de Augusto Monterroso, que, con siete palabras, es uno de los más corto del mundo: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Es un lugar encantador, pues, aunque hay "desorden", se percibe el amor que los fundadores y dueños, Jorge Ramírez y María Teresa Álvarez, tienen por su labor. Ellos creen, además, que, por medio de los libros, las personas del común pueden educarse y ver el mundo desde diferentes perspectivas. Jorge empezó a vender libros a sus compañeros del colegio, tomos de segunda mano que conseguía de otros libreros. Después, vendió libros en las famosas casetas de la calle 19, en el centro de Bogotá; allí podían encontrarse obras como vinilos, discos, afiches... La calle era icónica, hasta que, en 1989, las casetas fueron eliminadas por el entonces alcalde Andrés Pastrana. Jorge y Teresa se mudaron a la carrera 8va con calle 16 y después llegaron a Teusaquillo, donde están hace 25 años. Venden una extensa selección de libros: literatura en francés, alemán y ruso, discos, revistas, libros de economía, sociales, filosofía, historia de Colombia, psicología, teología, literatura infantil, sagas, cómic, poesía, literatura occidental, autoayuda, antropología, cocina, esoterismo..., pero solo de segunda mano. Incluso si un libro está empaquetado y en buen estado, se vende a precio de un libro de segunda. El Dinosaurio también hace parte de la Asociación Colombiana de Libreros Independientes (ACLI) por si alguien pide un libro que no se tiene en inventario. Fotografía por Ana María Cuervo Puedes encontrar más información en la página de Instagram de El Dinosaurio . Palabrero Es una librería ‘mágica’ porque, a primera vista, solo se ve un pequeño pasillo con libros a los lados, pero, cuando se cruza, hay un salón grande con miles de títulos diversos que esperan por ser leídos. Más o menos el 90% de los libros es nuevo y el 10 %, usado. El espacio fue creado hace nueve años con el objetivo de promover y fomentar la lectura en un espacio cómodo. Cuenta, además, con un apartado en Instagram por medio del cual se registran los pedidos virtuales con envíos a todo el país. Fotografía por Vanesa Barrera Puedes encontrar más información en la página de Instagram de El Dinosaurio . Prosa del Mundo El proyecto Prosa del Mundo surgió hace seis años como una forma de hacer pedagogía y educación para todas las personas. Empezó en casas "prestadas", donde se organizaban charlas y conversatorios impartidos por amigos y conocidos de Paola Roa, una de las fundadoras. Ahora es un espacio educativo y cultural dedicado al pensamiento, la conversación, la circulación de escritos y la reflexión crítica, donde también se venden libros. Las editoriales con las que Prosa del Mundo se alía son autónomas; es decir, tienen una línea política clara. En la librería hay textos de pedagogía y educación popular, literatura, poesía, filosofía clásica y contemporánea, pensamiento crítico, movimientos sociales, humanidades, sociología, antropología, feminismo, anarquismo y marxismo. También se imparten cursos pedagógicos con los mismos temas. Las cinco o seis sesiones de los cursos son dictadas por profesores, y el costo nunca sobrepasa los 90 mil pesos, pues es un espacio dirigido a todo público. Además, los grupos de lectura no tienen costo. Los objetivos de la librería se alinean con el nombre del proyecto, pues se llama Prosa del Mundo en honor a tres autores que hablan de la prosa del mundo, valga la redundancia: Merleau Ponty, George Hegel y Michael Foucault. Además, porque los fundadores creen que no debería haber solo unos pocos escribiendo. El mundo es un texto en el que todas las personas deberían poner, al menos, una letra. Prosa del mundo empieza a moverse, de a poco, en el mundo editorial porque, aunque los intereses del proyecto siempre han sido más de pedagogía que de librería, hace seis meses ya tenían más de 800 libros, y a inicios de febrero de este año editaron y lanzaron cuatro libros. Este proyecto está aliado con el colectivo Enjambre para consolidar un circuito de librerías ambulantes. Van por las calles con los carritos en los que normalmente se vende peto o mazamorra, pero llevando libros. Debido al éxito del proyecto, se mudarán a un local más grande. Fotografía por Laura Lenis Puedes encontrar más información en la página de Instagram de Prosa del Mundo. Danielito Bang Solo por el curioso nombre, dan ganas de visitarla. La librería ocupa el primer piso de una típica casa de Teusaquillo y, aunque de entrada se ve pequeña, es una ‘cajita de secretos’. Recibe el nombre en honor al escritor colombiano Andrés Caicedo, quien, cuando se suicidó en Cali, su ciudad natal, dejó una obra sin terminar: “Noches de infortuna”. Tiempo después, Jacobo Santiago, uno de los fundadores de la librería, se enteró de que la obra llevaría por título el que hoy es el nombre de la librería. Desde agosto de 2021, Danielito Bang funciona también como casa cultural, casa de eventos y espacio para conversatorios, fiestas y reuniones. La librería ha sido promotora de varios encuentros destacados, como la XI edición del Festival de Literatura de Bogotá, en octubre de 2022, y el Certamen Nacional de Poesía Sub-35 Amalia Lú Posso, orientado solo a mujeres poetas. En cuanto a los libros, la mayoría del contenido al que se accede son las obras de amigos cercanos del dueño. Éste no es un lugar de literatura comercial, más bien es el sitio perfecto para encontrar textos independientes, alternos y especializados en cultura, divergencias y movimientos sociales. En las instalaciones, los escritores nuevos se toman el micrófono para recitar partes de sus obras. En alianzas con colectivos como Árbol herido, Lectores secretos y Escarabajo, se han realizado eventos culturales sin falta cada semana. En el primer semestre de este año, por ejemplo, se han organizado siete clubes de lectura, seis recitales poéticos, cuatro lanzamientos de un libro, dos noches de micrófono abierto, un taller de poesía, tres cines clubes, dos conversatorios y un lanzamiento musical. Danielito Bang es el lugar ideal para los encuentros culturales alternos de la Bogotá joven. Fuera de los tradicionalismos, los sesgos y la supremacía de ciertos tipos de literatura, las expresiones artísticas y la cultura son las protagonistas de muchísimos eventos semanales que ofrece la librería. Fotografía por Laura Lenis Puedes encontrar más información en la página de Instagram de Danielito Bang . Matorral La librería funciona desde 2019. Tiene dos sedes en Bogotá, específicamente en La Macarena (localidad de Santa fe) y Teusaquillo. Otra, en Tabio, Cundinamarca. La sede de Teusaquillo es particularmente acogedora, parece uno de esos jardines ocultos de las películas de fantasía. Sus dueños, Andrés Archila y César Hernández, decidieron fundar el espacio cuando Andrés se encontraba desempleado. Durante la pandemia, la librería no tuvo mucha actividad, pero luego se reformó y ahora hace parte de una pequeña red de tres puntos físicos que ofrece libros de literatura, filosofía y ciencias sociales, principalmente. La librería se encuentra en la parte de atrás de la cervecería Diosa. Ambos son locales independientes administrados por distintos dueños, pero se sienten como un solo espacio en el que se mezcla el ocio con la cultura. Matorral es una librería pequeña enmarcada en una fachada verde de madera, con un patio de piedra a la salida y con apariencia dorada por la luz solar. Su atractivo principal es una escalera naranja de caracol que divide el primer piso de un altillo y los diversos enfoques literarios que se manejan. Se presentan libros y los dueños están considerando retomar la programación de eventos, clubes y cine foros. Matorral es el lugar ideal para comprar un libro y sentarse bajo el sol capitalino a leer mientras se toma una cerveza artesanal en el café Diosa. Fotografía por Vanesa Barrera Puedes encontrar más información en la página de Instagram de Matorral .
- Unisabana Medios | Audios
Diario de un misionero Santiago Bernhard Suárez, Comunicación Social y Periodismo Esta es la historia de Patricia Corson, quien cuenta cómo fue su infancia en un hogar familia misionera cristiana evangélica, en una época en la que no habían tantos practicantes de esta religión en Colombia. Ver también: El obispo anglicano que busca su propia catedral Compartir
- Necesitamos más rostros femeninos
Necesitamos más rostros femeninos Ashley Valentina Duarte Monroy, estudiante de Comunicación Social y Periodismo Fecha: El voto por mujeres en las elecciones legislativas del 13 de marzo es un paso crucial para nuestra débil democracia. Lea también: Candidatas sí hay Compartir Foto: Senado de La República de Colombia Actualmente, en nuestro país solo el 21% de los puestos del Senado y el 19% de las curules de la Cámara de Representantes son ocupados por mujeres. Aunque somos el 52% de la población, no tenemos suficiente representación política. El derecho al voto de las mujeres estuvo vedado durante 135 años de historia democrática colombiana; no fue sino hasta 1957 que pudo ser materializado con el plebiscito del 1 de diciembre para validar el acuerdo bipartidista del Frente Nacional; y, un año más tarde, fue electa la primera senadora, Esmeralda Arboleda. Con todo, hoy, 64 años después,seguimos luchando por superar las barreras de género en esta legislatura. Según los datos recopilados a través del aplicativo Cuentas Claras, en el 2020, ni siquiera la mayoría de los partidos cumplían con lo dispuesto en el artículo 19 de la Ley 1475 de 2011. Este plantea la destinación del 15% de los aportes estatales que les corresponden para numerosas actividades, entre ellas, la inclusión efectiva de mujeres . De hecho, se conoce que únicamente el 2.4% de estos dineros fue encaminado a promover la participación política femenina, pues el resto se malgastó en banalidades (celebraciones del Día de la Mujer, flores y adornos de navidad). ¿En serio creen que nos pueden contentar con regalos? ¡Qué detallazo sería que reconocieran nuestras capacidades para ocupar cargos políticos! El voto por mujeres en las elecciones legislativas del 13 de marzo es un paso crucial para nuestra débil democracia. Así pues, vale la pena destacar las listas al Senado de los partidos políticos que quedaron conformadas de manera paritaria: la del Pacto Histórico (el cual cumple también con el principio de alternancia); la del Partido Liberal, con un 56%; la de Cambio Radical, con un 47%, y las del partido de la U y el Nuevo Liberalismo, que están encabezadas por Caterine Ibargüen y Mábel Lara, respectivamente. Además, es memorable que, por primera vez en la historia del país, se presente un grupo político feminista: Estamos Listas. Sin embargo, otros partidos, como el de la coalición entre los partidos MIRA y Colombia Justa o el Partido Conservador o el Partido Centro Democrático, no impulsaron la inclusión femenina. Si bien la presencia de más mujeres en estas listas es un avance, está en nuestras manos lograr que, tras pasar por las urnas, no se reduzca drásticamente y se garantice un acceso al cuerpo colegiado. La única forma de tener una institución legislativa más efectiva y legítima es con una igualitaria participación femenina. Estudios realizados por la Unión Parlamentaria y las Naciones Unidas han concluido que las mujeres en posiciones de poder hacen de las sociedades espacios mucho más seguros, propicios para la paz y el desarrollo sostenible, porque ellas tienden a enfocarse, con sus características de liderazgo, firmeza y elocuencia, en los bienes esenciales y en proteger a las personas vulnerables. Esto es justo de lo que carecemos en Colombia, pero tenemos las candidatas capacitadas para representar las necesidades y derechos de las mujeres cabeza de familia, rurales o en condición de discapacidad, que lleven propuestas útiles al Congreso y que hagan un trabajo colectivo con los líderes para transformar las ideas sumisas del género. Por mencionar algunas, destaco a Mábel Lara, del Nuevo Liberalismo, pues, además de ser un referente del periodismo bien hecho , defiende el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y la necesidad de que haya un reconocimiento económico a mujeres afrocolombianas para que las políticas que las atienden les lleguen y se reduzca su pobreza. Resalto, además, la propuesta de la historiadora Elizabeth Giraldo, del movimiento Estamos Listas, sobre crear medidas redistributivas que beneficien a las mujeres que ejercen los trabajos de cuidado no remunerado y las labores de reproducción, cuidado y bienestar social. Aplaudo la labor de Angélica Lozano, del Partido Alianza Verde, quien ha sido elegida por 3 años consecutivos como la mejor senadora: logró el incremento del porcentaje de subsidio a nómina para mujeres dentro del Programa de Apoyo al Empleo Formal y tiene varias propuestas enfocadas a combatir las brechas de género. También, en la Cámara de Representantes, es destacable el trabajo de María José Pizarro, del Pacto Histórico. Ha apostado por valiosos proyectos de ley, como el de ampliar la licencia de maternidad o paternidad durante las declaratorias de emergencia . Luego, el de establecer nuevas reglas para determinar el orden de los apellidos o el de rendir público homenaje a la Fundación Madres Falsos Positivos Soacha y Bogotá (MAFAPO), habla por sí solo. Existen varias opciones, las ideas son diversas, hay conocimientos especializados, acciones sólidas… y ya es hora de que la inclusión femenina deje de ser solo un discurso.
- Unisabana Medios | Audios
El impacto de la pandemia en el mundo audiovisual Karen Valentina Correa Gómez y Andrés Felipe Mora Martínez, Comunicación Social y Periodismo Actores, directores y guionistas han tenido que reinventarse, dado que el sector audiovisual ha sido uno de los más afectados por la pandemia. Ver también: La lucha de la industria audiovisual en medio de la crisis por coronavirus Compartir
- 'Emberracada', pero con argumentos
'Emberracada', pero con argumentos Valentina Flórez Molina, Comunicación Social y Periodismo Fecha: María Paula Baena, 'La Pulla', habla y da de qué hablar. Los periodistas en su equipo no piensan dos veces para cantarle las verdades a quien corresponda. Lea también: 'La Pulla', la excusa de su creador para no sucumbir ante la depresión Compartir Foto: Foto tomada de: @mpaulinabaena Instagram Maria Paulina Baena, la ‘criticona y gritona’, la presentadora de La Pulla. Una cara fresca del periodismo, joven y versátil y ante todo indignada, pero con argumentos. No tiene razones para quedarse callada y con su mirada penetrante le dice al mundo entero "se acabó el chistecito", "ya no estamos pa’ esas" y a pesar de esos rizos indomables, como su carácter, la lengua la tiene sin un solo pelito y con un criterio contundente te da par de cachetadas para que reacciones. Sonrisita de medio lado, resoplo sarcástico, ‘no, pues sí’ gústele a quien le guste, Paulina ha llegado y no pretende irse. Podrá ser bajita y delgadita, pero sus argumentos tienen peso, materia gris detrás porque, eso sí, más de dos dedos de frente sí tiene. El ambiente se tornó reflexivo, un poco nostálgico me atrevería a afirmar, cuando le pregunté a Baena, en medio del sol penetrante, “¿qué soñabas cuando eras pequeña?”. Silencio. Se tomó su tiempo para viajar a través del tiempo, a aquellos momentos de infancia que muchos aún extrañan. “La verdad no me acuerdo muy bien porque yo era una persona como que vivía mucho el momento y no nunca me imaginaba siendo astronauta, médica, abogada, pero yo creo que sí, de una u otra forma, soñaba con ser muy libre, hacer y pensar lo que yo quisiera (…) No tenía algo muy específico como que yo quería ser periodista, eso se fue dando en el camino y casi que a última hora, pero sí sabía que necesitaba ser libre en todo lo que hiciera”. Aunque la libertad es un anhelo más bien común, considero que quienes deciden tomar el camino del periodismo deben sentir una pasión enorme. “¿Algo te marcó para ser periodista?” le pregunté, intrigada por los motivos que la llevaron a emprender este camino, si había sido la decisión correcta. “No, estudiando uno siempre tiene que escoger la carrera de afán porque uno no sabe a qué se enfrenta, pero sí tenía claro que era algo de humanidades (…) - respondió Paulina- no soy una persona extremadamente teórica, es cierto que tengo bases teóricas, yo soy politóloga también, pero siempre supe que mi oficio debía ser algo movido y que aprendiera siempre y esto me lo da el periodismo”. Pero el periodismo no le dio todo a la presentadora de La Pulla, o tal vez no todo lo que esperaba, añadió que “(…) después me di cuenta de que me hacía falta mucho, que no estaba aprendiendo nada, muy poco, entonces quería meterle un poquito más de carne, como decíamos en la universidad, y empecé a estudiar ciencia política y me gradué de las dos. Y lo que hoy hago no tiene nada que ver con lo que aprendí, yo no aprendí a editar en la universidad ni a presentar, ni a hacer crítica argumentativa, eso lo aprendí en El Espectador”. Sin embargo, La Pulla y el periodismo le abrieron las puertas para que María Paulina, junto con el resto del equipo, llevaran a cabo un maravilloso proyecto, una video columna de opinión con un personaje "emberracado, indignado, emputado", pero que contara con los argumentos para poder expresarlo. Es evidente que, gústele a quien le guste, La Pulla ha sido un éxito total, por esto, decidí preguntarle a Paulina “¿cuál crees que es el mayor logro de La Pulla hasta el momento?”, y, a decir verdad, pensé que se tomaría su tiempo pensando, pero no dudó dos veces en la respuesta. “Yo creo que es tener una audiencia joven y una audiencia grande, tenemos 500.000 suscriptores en el canal y eso lo hemos hecho en dos años. Yo creo el mayor logro es habernos unido como equipo, un equipo muy diverso y puesto a andar una idea que parecía muy loca y que parecía que no iba a pasar nada con eso, y sobre todo mantenerla, porque hubiera sido muy fácil lanzar uno, dos videos y aburrirnos y decir ‘uy tenemos muchas cosas que hacer’ y ya, pero yo creo que lo más valioso de todo y el mayor éxito de todo es haber sobrevivido y llegar hasta donde hemos llegado”. Hablar con Paulina en este momento se volvió como hablar con el grupo entero, La Pulla no es solo ella, es un grupo entero, un esfuerzo colectivo del cual ella pertenecía, más adelante, a lo largo de la conversación , se destaca en Baena esa unión de grupo que trasciende un simple trabajo o papel. De tanto esfuerzo y grandes resultados elegir uno es difícil, y así fue. Cuando le pregunté “¿cuál es su pulla favorita?” la indecisión se apoderó del lugar. Claramente entre tantas buenas ‘pullas’ y el ‘detrás de escena’ de cada una, el apego, el orgullo del producto es difícil escoger, yo no hubiese podido responder. Como era de esperar la respuesta fue muchas. La periodista, sin embargo, mencionó alguna de sus favoritas. “Muchas, me gusta mucho una que hicimos sobre líderes sociales, de por qué los estaban matando y era como un manual de diez pasos sobre cómo morir en Colombia. También me gustó mucho la que hicimos sobre el plebiscito cuando ganó el no, siendo La Pulla más larga en ese momento con una duración de 10 minutos, sirvió para desahogarse y dar un grito de ira. También las de la paz con invitados de cada punto del acuerdo, la de Iván Duque de hace poco (…)” “Sirvió para desahogarse y dar un grito de ira”, después de esa confesión no pude pensar en mucho más. Las palabras se escuchaban más lejanas, el sentimiento de ira, dolor, ‘emberraque’ son el día a día Colombia, no es algo ajeno a nuestra realidad, lastimosamente. Y como parte de nuestra cotidianidad no podía resistirme a la incógnita “¿en qué medida crees que la rabia es un motor para la sociedad y el periodismo?”. El sentimiento se brota por los poros, en una sociedad tan pasional como la colombiana es inevitable. La pregunta era contundente, como la respuesta: “Yo siento que la rabia estaba muy censurada en este país porque si tú tenías rabia o hablabas con ira inmediatamente eras tachado, y sobre todo mujer, de ser cantaletudo, que grita por gritar, y, además, con la rabia lo que sucede normalmente es que se anula cualquier debate porque tú no tienes argumentos, simplemente estas rabioso y ya, y ¿para qué se usaba la rabia en este país? para hacer la guerra, nada más”. Ante la censura y por lo el peso de la rabia en la historia de Colombia, Baena añadió: “entonces dijimos ‘nosotros vivimos ‘emberracados’ por todo, ‘emputados’ por todo, indignados por todo, pues cojamos esa rabia y utilicémonosla para algo bueno’, y es entendernos, comunicarnos, hablar.” De allí, de un sentimiento tan humano, tan natural, salió La Pulla, con el fin de transformar y tomar el poder de las emociones y crear un terreno propicio para el debate. La presentadora reconoce la naturaleza del sentimiento y su papel en la creación del personaje, su finalidad. Denomina la rabia como “un rasgo típico del colombiano, está ‘emberracado’ siempre. ¿Por qué no la usamos y nos entendemos a partir de ella y le metemos argumentos y la nutrimos y obviamente la personificamos en un personaje que es este, La Pulla?” Para muchos esta video columna de opinión carece de argumentos y de investigación seria. Opositores consideran que es una falta periodística, sin peso, materia gris, una caricatura rabiosa, hueca, pero su presentadora afirma que el rigor periodístico esta. “Nosotros investigamos cada pulla, llamamos, hacemos reportería, se hace trabajo de investigación, documentación, todo. Lo único es que le ponemos una emoción de este tono.” Sin lugar a dudas una emoción que contagia, si allí, sentadas las dos en la cafetería de El Espectador, mientras Paulina comía nueces y quinua de una de sus marcas favoritas, Alcagüete, la pasión y el sentimiento se palpaba en el aire, se trasmitía en cada palabra. Cuando entra en personaje, las emociones se deben multiplicar por mil, algo intangible se convierte tangible, porque, explica “la rabia sirve para mostrarle a la gente que me duele y cuando a ti te duelen las cosas tú no hablas tranquilo, en un tono pasito ni pareciera como si no te doliera, como que tienes que hacer todos los esfuerzos del mundo para simular que estás bien... pues no, uno se puede expresar como se le dé la gana, puede demostrar sus sentimientos, incluso los sentimientos son útiles para conversar. Entonces uno no debe pensar que por tener rabia no está haciendo, diciendo algo inteligente. Al contrario, la rabia es un motivo y un sentimiento que te demuestra a ti que sientes cosas y como sientes cosas tienes que expresarlas y tienes que pensarlas. Obviamente eso es lo que nosotros hacemos, por eso los ponemos en un libreto, por eso yo no salgo ahí a improvisar rabias inventadas, no. Esto de verdad es un proceso en el que ponemos todo en un guion y así lo representamos partiendo de esa materia prima que es la rabia". Pero uno nunca es monedita de oro para caerle bien a todo el mundo, y mucho menos cuando le lanzas pullas, porque La Pulla le da parejo a quien corresponda, sin miedo, sin trabas, expresándose como ‘se les da la gana’. Y ante todo estos comentarios, a veces sin siquiera un dedo de frente, por la supuesta agresividad del contenido, por ser mujer la presentadora, por ser polarizador “¿qué responderías ante eso?” le pregunté a Paulina, un poco nerviosa por lo que pudiese responder. “Lo mismo de siempre – respondió Baena-, digamos que el conflicto armado nos secuestró el tono a los periodistas y a la gente por miedo, entonces tu por miedo no hablas, tú te expresas diplomáticamente, con ‘respeto’ - mientras hacía el gesto de entre comillas con las manos-, porque cuando hay miedo tú no puedes hablar. Punto. Y menos gritar. Entonces nosotros sentimos que el conflicto nos secuestró eso, pero ahorita (...) tenemos más libertad de decir lo que queramos decir y cuando lo queramos decir. Digamos que no está ahí la mordaza como estaba antes, ni el rifle, y al quitar esos rifles de la ecuación uno puede hablar en otros términos y puede gritar también sobre las cosas. Entonces yo siento que cuando dicen ‘ay, ese tono tan violento’, yo con mi tono no le estoy haciendo daño a nadie, yo al hablar como hablo no estoy cogiendo un rifle ni pegándole un tiro a la cabeza a nadie o no la estoy dejando hablar, eso sí sería violento , que yo lanzara las opiniones que lanzo o lanzamos en La Pulla y que no las pudiéramos contestar o que uno no pudiera debatir eso, eso sí sería violento, pero nosotros lo que hacemos es a partir de ese tono generar conversaciones y eso es una muestra y un guiño de paz. (...) Al contrario de promover discusiones violentas, que es lo último que queremos, es que nosotros queremos llamar la atención, con nuestro tono queremos llamar la atención , con la rabia queremos llamar la atención, pero no es llamar la atención por llamar la atención, sino decir que nosotros tenemos un punto, a nosotros hay una cosa que nos duele y tenemos argumentos para contarle porqué nos duele, eso no es violento”. Pero la gente habla sin saber, sin fundamentos y en ocasiones, por más que se desee ignorar, hay comentarios que sobresalen, para bien y para mal. Sobre todo cuando se tocan temas tan controversiales y, como afirmaba la presentadora de La Pulla, temas y tono que han sido censurados en el país. “¿Cuál ha sido el comentario que más les ha molestado y el que más les ha aportado?”, le dije con un exceso de curiosidad. “Molestado son tantos - contestó Paulina, a decir verdad a quien no le va a molestar los múltiples comentarios desde sin sentido hasta denigrantes- (...) que a nosotros nos paga las Farc, a mi ese me molestó mucho y me ha molestado mucho porque es una calumnia. Decir que a nosotros nos paga una guerrilla como lo es las Farc, una ex guerrilla, es ridículo, más cuando estamos en un medio como este, es a mí me da mucha piedra (...)”. Seguido de ello, comentó sobre la crítica que más les había aportado: confesó que no recuerda muy bien dónde lo leyó, pero que es el que más recuerda porque dice que tiene una obsesión con que La Pulla sea mejor cada vez. “Decía: ‘bueno, ustedes le hablan a los que piensan como ustedes y los que no qué’ y tiene toda la razón”. Desde ahí la reflexión gira en torno de cómo convencer a los que no lo están del discurso, cómo llegar a ellos, para poderlos incluir en la conversación. “Ese es nuestro reto, tener un equilibrio informativo en todo”, concluye. La Pulla no es Maria Paulina y Maria Paulina no es La Pulla, cosa que muchos parecen no entender. Y por esa misma diferencia entre personaje y presentadora le pregunté “¿alguna vez has defendido una posición diferente a la tuya por La Pulla?”, en primer lugar lo dudaba, quien saldría a afirmar cosas que no piensa y aún más cuando son pullas y se está expuesto a ataques constantes. Empero, la respuesta me tomó por sorpresa. “Siempre, incluso, a veces entre todos, tenemos un punto distinto y en eso lo que hacemos es discutir, y eso es lo valioso de esto de este trabajo, es que tú no te casas con un punto de vista y ya (...) La Pulla es un proceso de destrucción permanente y no destruirnos a nosotros como personas, porque nos queremos y nos respetamos, sino de ‘mire, destruimos el argumento para hacerlo lo mejor posible’ (...) y con las palabras no están ahí puestas en vano entonces siempre discutimos. (...) Y claro que ha habido temas en los que yo digo "no, yo no pondría esa afirmación como está ahí, yo no digo eso como está ahí o yo con eso no estoy de acuerdo’ (...) - confesó Baena, quien también explicó las dinámicas argumentativas del grupo- y como lo redactamos para que funcione y obvio estamos en desacuerdo en muchas cosas, pero afortunadamente sí nos entendemos en nuestros intereses y de lo que queremos y hacemos, como que sí tenemos una línea ideológica también similar. Yo no me imagino a alguien de ultra derecha en nuestro equipo de La Pulla, sería súper interesante, nos demoraríamos tres meses en sacar una pulla”. Para Baena, 'La Pulla' aporta un debate mejor construido, su objetivo en el periodismo es dar la información para que sirva en la toma de decisiones, y aportar conversaciones a los jóvenes. De hecho, asegura que quiere que ese formato y sus creadores rean recordados como “un equipo de trabajo y amigos que le puso fin al periodismo aburrido y que se vea que escribimos una parte del periodismo en YouTube”.
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