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- La actriz que no se sintió atrapada por la magia de García Márquez
La actriz que no se sintió atrapada por la magia de García Márquez María José Montoya Echeverry, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Interpretó a Bárbara Lynch en ‘El amor en los tiempos del cólera’. Es fundadora de la corporación OMENKA y creadora de la conferencia Reconstruyendo Imaginarios. Lea también: Flora Martínez, la dualidad de una artista Compartir Foto: Indhira Serrano, actriz colombiana de 46 años. Ha actuado en películas como Piel y El amor en los tiempos del Cólera. Noé Herrera Es amante de la lectura, ha leído desde los cuatro años. Para Indhira Serrano era una forma de escapar de su realidad, de saber que el mundo era más grande de lo que parecía, más grande que Malambo, el pueblo en el que creció, un municipio del departamento del Atlántico en Colombia. -Uno de sus libros favoritos, de pequeña, era El amor en los tiempos del cólera , escrito por Gabriel García Márquez, novelista colombiano, ganador del Premio Nobel en 1982 y considerado como uno de los maestros de la literatura. Esta novela cuenta la historia entre Florentino Ariza y Fermina Daza, en donde el amor verdadero perdura a pesar de las adversidades. Indhira tuvo la oportunidad de participar en el proyecto de llevar al cine esta obra de Gabriel García Márquez. Un día común y corriente recibió una llamada de su manager, al día siguiente tenía el casting para participar en la película del que era su libro favorito. Había tenido una mala experiencia con un casting de una película que había presentado días antes, esto había sucedido porque estaba basada en un libro y ella no lo había leído. Esta vez, no quería que le sucediera lo mismo. Empezó a leer el libro nuevamente después de varios años, con la incertidumbre de revivir esos recuerdos de su niñez, de cuando lo había leído por primera vez. Terminó de leerlo en un día y se dio cuenta de que no quería interpretar al personaje que le habían asignado para hacer el casting: era Digna Pardo, la cocinera de la familia Urbino Daza. A Indhira le interesaba, en cambio interpretar a Bárbara Lynch: Una mulata alta, elegante, de huesos grandes, con la piel del mismo color y la misma naturaleza tierna de la melaza, vestida aquella mañana con un traje rojo de lunares blancos y un sombrero del mismo género con unas alas muy amplias que le daban sombra hasta los párpados. Parecía de un sexo más definido que el del resto de los humanos. Ello según las propias palabras de García Márquez en la novela original. El día del casting, Indhira se fue sin maquillaje y con el cabello recogido. Las instrucciones que había recibido era que debía ir muy neutra. Se quería que la selección de los personajes fuera algo muy limpio. Indhira llegó al lugar donde la habían citado y al abrir la puerta se encontró con la directora del casting, quien al verla se sorprendió y le dijo inmediatamente – Tú eres Bárbara Lynch –. Luego de conversar unos minutos con la directora, le dio la razón e iba a interpretar al personaje que quería. Indhira es de constitución delgada. Tiene 46 años. Sus ojos son oscuros, tiene pelo afro de color negro, cejas no tan pobladas, una dulce sonrisa y acento costeño. La caracteriza su dedicación, disciplina, determinación y sensibilidad social. Desde muy pequeña, con la idea de que el mundo transcurre de manera predeterminada, se resignó a recibir tratos discriminatorios por su raza. No se cuestionaba entonces si aquella práctica social era correcta o no. – A mí me enseñaron que era fea; me enseñaron que no tenía derecho a aspirar a ciertas cosas por ser negra. Para mí eso era normal. Yo crecí rodeada de racismo, pero no lo sabía – El actor Juan Sebastián Aragón, uno de sus mejores amigos de Indhira, la considera como una mujer fantástica, luchadora, perseverante, con una calma y sabiduría impresionante. Perseverancia que la ha llevado a participar en series televisivas como Azúcar, Celia Cruz, El Clon, Flor Salvaje, Amor Sincero y Tres Milagros. Además, conquistó la pantalla grande en películas como Piel y Paraíso Travel. Hoy interpreta uno de sus papeles más importantes como miembro fundadora de la corporación OMENKA y creadora de la conferencia Reconstruyendo Imaginarios, que es un espacio que tiene como objetivo cambiar patrones negativos, a través de la persona misma, la autopercepción y los imaginarios que se tienen con respecto al otro. Esos imaginarios rigen en la sociedad pero que de cierta forma desaparecen cuando interpreta a un personaje. El rodaje de la película estuvo lleno de magia para ella – Hice una de las mejores escenas de mi vida y no me acuerdo de cómo la hice. El director bajó de su silla y dijo que quería hacer otra toma. Quería hacer un primer plano, algo que solo tienen los protagonistas o personajes importantes en la historia –. Indhira Serrano gustaba de muchas cosas de García Márquez. El libro El amor en los tiempos del cólera era una de ellas. Para muchas personas habría sido un placer conocer al Premio Nobel, pero Indhira es la excepción. – No sé si hubiera querido conocerlo, no me siento identificada con el mundo costeño del que habla García Márquez, porque todo está tejido a todas sus experiencias, que no se parecen a las mías. Es un mundo que para mí es ajeno. Ese mundo de los grandes solares, las grandes casas, con mecedoras y sirvientas no se parece a mi vida –. Indhira consideró uno de sus más grandes fracasos el no poder llegar a Europa y convertirse en una súper modelo, también el no ser la mejor actriz que pudiera llegar a Hollywood. Sus momentos más difíciles la han impulsado a seguir adelante y el tiempo ha hecho la tarea de explicarle el por qué las cosas sucedieron así. Hoy en día tiene sueños completamente diferentes, y eso que consideró como sus fracasos alguna vez, ya no lo son – Las cosas que no sucedieron como debían suceder es porque me estaban llevando a cumplir mi misión de vida. Esos fracasos se convirtieron en motivación para llevarme a lugares mucho mejores, en los que estoy hoy en día –.
- Cocinemos Colombia: Arroz Atollado
Le enseñamos a preparar este plato típico del Valle del Cauca, que se inspira en la paella española y puede acompañarse con huevos duros cortados en mitades. Cocinemos Colombia: Arroz Atollado Le enseñamos a preparar este plato típico del Valle del Cauca, que se inspira en la paella española y puede acompañarse con huevos duros cortados en mitades. Contenido completo Autor:
- Unisabana Medios | Audios
Los que hablan por los que no tienen voz Aura Pinilla, Comunicación Social y Periodismo Esta crónica nos refleja la lucha que enfrentan los líderes de las organizaciones contra el maltrato animal para generar conciencia en la sociedad. Ver también: La mujer detrás de los Ríos Vivos Compartir
- Tenemos un Ejército que trabaja con discapacidades
El sargento viceprimero Henry Rodríguez Ramón nos relata su odisea tras haber sufrido una herida invalidante al servicio de la patria. Tenemos un Ejército que trabaja con discapacidades Laura Sofía Sabogal El sargento viceprimero Henry Rodríguez Ramón nos relata su odisea tras haber sufrido una herida invalidante al servicio de la patria. Disponible en Pulzo Getty La mirada de Henry Rodríguez Ramón se pierde en el horizonte mientras recuerda sus inicios en el Ejército de la República de Colombia. Se formó en la escuela de suboficiales de Tolemaida. “Inicié en la fuerza en el año 2000; en el año 2003 ya era comandante de escuadra”, comenta con orgullo. “Mi primera unidad fue Cali, allí, para tomar confianza con los soldados, se nos destina a una compañía de instrucción”. El Ejército, para Henry y para muchos, es una institución revestida de honor y por supuesto, oportunidades. “Tras esta experiencia, fui destinado al Caquetá. Allí el desayuno era bala, el almuerzo, bala y la cena, bala”, comenta con algo de ironía, dando a entender que, después de todo, son decisiones propias de la vida que escogió. Fueron años de patrullaje, de intentar poner el orden en una región fuertemente golpeada por la violencia, de hacer del coraje propio de los militares una cotidianidad, o, como dice Henry, “de mostrar finura”. En un principio, las condiciones laborales no fueron las mejores. Después de todo, tenía que comandar una escuadra de soldados profesionales, destacados por su duro entrenamiento y con la característica común de haber sido probados en combate. No era del agrado de estos guerreros recibir órdenes, pues, para ellos, en primera instancia, era un extraño. No obstante, la milicia funciona de esa manera y aunque su rango le diera la voz de mando, tenía que ganar su puesto en medio de sus hombres. Así lo hizo Henry: probó lo que valía en diferentes acciones en combate y en patrullajes cotidianos, con el olfato característico de quienes se han preparado para la guerra. Al poco tiempo, Henry contaba con la lealtad de su escuadra. Entre lo heroico y lo dantesco No obstante, en el año 2012, todo cambió. Una mina antipersonal sembrada por fuerzas al margen de la ley (ELN) truncó muchas de las metas que, por lo menos hasta ese momento, tenía Henry. “Era una operación táctica y me encontraba al mando de nueve soldados. Una mina antipersonal estuvo a punto de acabar con mi vida. Corrí con suerte”. Esto lo comenta Henry, sin el menor asomo de duelo en su voz mientras recuerda que estos artefactos están diseñados específicamente para acabar con la vida del enemigo, o de cualquier infortunado civil que por error llegue a pisar tal zona. Ante la mirada atónita de sus hombres, Henry debía ser trasladado de manera inmediata al Hospital de Neiva, pero lo inhóspito del terreno y las condiciones mismas de la zona en donde se encontraba hicieron que la herida abierta se complicara mientras el desespero del escuadrón que le acompañaba iba en aumento, hasta que por fin fue trasladado al lugar donde se le informó lo que ya temía: su pie derecho debía ser amputado. Henry enfrentó la decisión con el coraje propio de su labor. Como él mismo dice: “el duelo para mí fue corto a decir verdad; no tengo esposa, no tengo hijos, y en el transcurso de mi carrera tuve la oportunidad de poner a salvo a mis tropas e incluso a enemigos con algún tipo de mutilación”; dando a entender que, en medio de los horrores de esta guerra, situaciones como la que se le presentaba en ese momento no distaban de ser una cosa “normal”. Henry había visto mutilados por decenas, simplemente ahora era su turno. Tras la amputación, la promesa de una prótesis que iba a facilitar su nueva forma de vida sirvió como paliativo para la situación que empezaba a afrontar. La empresa Ottobock envió algunos diseños y tomó las medidas necesarias para realizar la prótesis, aunque al final fuera otro diseño y otro material el recibido para reemplazar la extremidad perdida en servicio. Ottobock es una multinacional cuyo principal mercado son las personas que han perdido su movilidad. Sus diseños biónicos de alta tecnología son reconocidos internacionalmente por su calidad y la mejoría mayúscula en movilidad que obtienen sus usuarios. Son reconocidos, igualmente, por su vinculación con la asociación de juegos paralímpicos, la cual inició en el año de 1988 y continúa hasta la fecha. Por tal razón, era de esperarse que la prótesis que Henry recibiría sería de la más alta calidad. Pero como era de esperarse, recibió una prótesis más rudimentaria y mucho más económica. Henry no se rindió. Conoce de sobra el país en el que se encuentra como para dejarse afectar por esta situación, mientras su nuevo pie fuera funcional, lo estético sería secundario. Ahora se enfrentaba a una dura tarea: la terapia y la recuperación subsecuente. Totalmente confiado en Ejército (así lo llama Henry: Ejército, a secas y sin el artículo, con una entonación que hace que se perciba la E mayúscula, en una demostración de lealtad total y respeto por su institución a pesar de las circunstancias que ha debido afrontar), se inicia este proceso en el cual Henry descubre que tiene el 90,22 % de incapacidad laboral de acuerdo a los estándares propios de su institución. Naturalmente, Henry jamás volvería al servicio activo. Una incapacidad de ese porcentaje sería más que suficiente para que cualquier trabajador frenara sus labores, de acuerdo a la legislación colombiana. No fue, sin embargo, su caso. “Es extraño” -comenta Julio Rincón, pensionado en el año de 1982 por una incapacidad laboral de 99 %. “Tenía entendido que después del 51% se pensionaba al soldado. Habría que ver la hoja de su hoja de vida, para observar su servicio y ver si no tiene ninguna falta. En cualquier caso, no es obligación vincularlo a la parte administrativa; vincularlo o no es una prerrogativa del Ejército Nacional. Pero en los casos que yo conozco, siempre el retiro y la pensión se da si su invalidez supera ese 51%”. La vida después de la guerra La terapia duró tres meses, en los cuales Henry recibió también acompañamiento psicológico. “Por requerimiento de la fuerza debemos asistir a la parte psicológica, no porque uno la necesitara. La verdad, por la parte psicológica no tuve problema”, comenta el sargento, dando a entender que en su mundo, ni el menor asomo de debilidad está permitido. Eran principios del año 2013 cuando Henry por fin pudo afirmar: “terminé mi proceso de recuperación”. La integralidad del servicio prestado por el Ejército para que la recuperación fuera óptima tenía a Henry satisfecho de los esfuerzos realizados por su institución para que él retomara su vida normal. Tras esto, Henry contó con la fortuna de ingresar a cursar estudios superiores, siempre con el fin de ser útil al ejército y, por ende, a la sociedad, pues naturalmente sabía que si el ejército invertía recursos considerables en su formación, era para hacer uso de sus servicios en un futuro. La expectativa de ir a la universidad se convirtió para Henry en una nueva meta existencial que brillaba en su horizonte. Con ello en mente, Henry acudió juiciosamente a las aulas hasta lograr su titulación como fisioterapeuta. La universidad Manuela Beltrán abrió sus puertas al recién recuperado sargento, quien era uno más en medio de estudiantes y maestros. Solo una vez detuvo su formación académica: en el año 2015 se separó de sus estudios con el fin de acudir a los cursos de formación para obtener su ascenso a sargento viceprimero. “Uno en Ejército vive de dos cosas: ascensos y medallas”, dice, explicando la importancia de este evento en su vida militar. Y con su probado valor en servicio, solamente el aumento de su grado la podía sostener en alto, más aún una hoja de vida heroica al servicio de la patria. Los cursos y el ascenso se dieron sin contratiempo alguno; ahora la V de sargento viceprimero lucía en sus hombros para recordarle su nueva responsabilidad con su institución. Como explica Henry, su incapacidad no le sustraía del trabajo militar, el cual no solamente es operativo, sino también administrativo. Con toda certeza su servicio en el sector destinado a la administración sería el siguiente paso tras su formación académica: su nuevo ascenso y sus estudios superiores así lo auguraban. “Yo no tengo ninguna disminución laboral; tengo una disminución física. Es decir: puedo trabajar perfectamente en la parte administrativa, estamos para servir”, nos recuerda Henry. A la par, Henry se vincula al equipo de voleibol de liga de discapacidad de las fuerzas militares, un equipo reconocido por su alta competitividad y rendimiento deportivo. En el deporte Henry ve como muchos una oportunidad de mantenerse activo físicamente y aplicar la disciplina aprendida en años de servicio en el Ejército. El deporte se convierte en un nuevo paliativo para su vida, acostumbrada al movimiento y la exigencia tanto física como mental. En el equipo de voleibol Henry se hace de nuevos amigos, quienes tienen en su haber experiencias similares a la vivida por él tiempo atrás. “Aún estamos para servir” Así pues, llega el año 2020 y el sargento viceprimero Henry Rodríguez, con la acreditación como fisioterapeuta en sus manos y con la expectativa de un nuevo ascenso, se dispone a continuar sirviendo al Ejército Nacional. No obstante, se encontró con la sorpresa de que el Ejército no haría uso de sus servicios como fisioterapeuta y de que, a un año de su nuevo ascenso, no se le permitiría adornar su jineta con la V de sargento primero, pues según la institución “no era apto para la actividad militar”. “Estudié y me capacité cinco años”, reflexiona Henry con desilusión, “salí graduado como fisioterapeuta, y no sé cuál es el objetivo que Ejército haya gastado tanto dinero para darme esa capacitación, sólo para que en cualquier momento me digan listo chao, gracias por sus servicios”. “El gobierno lo manejó muy bien”, comenta el mayor retirado Ramiro Toro Chaparro. “Bien pudieron haberlo retirado del ejército en el momento de su accidente, pero psicológicamente el Ejército lo manejó muy bien y le permitió continuar en servicio, lo dejaron para pensionarse más adelante facilitando su quehacer como militar. Ahora, con un tiempo de servicio reglamentario cumplido, está bien que se retire. Él sabe que se va muy bien pensionado”. Con ello se puede explicar la postura del Ejército Nacional de permitirle al sargento continuar en la fuerza y proceder a su retiro cuando se cumplen sus 20 años de servicio reglamentario, de acuerdo a la ley 14.157 de 21/2/74. La baja es la posibilidad más real y más temida por Henry; se aproxima a cumplir su tiempo reglamentario de servicio antes de acceder a su retiro y su disminución física es un argumento más de la institución para dar fin a su carrera militar. Tales tecnicismos escapan a la comprensión del sargento, quien solo atinó a murmurar: “no debería ser así, aún estamos para servir”. Lo incomprensible del asunto radica para Henry en dos situaciones: la primera es que no comprende por qué se le permitió su ascenso a sargento viceprimero pero ahora se le niega el ascenso a sargento primero alegando su discapacidad, con la cual ya cargaba en el momento de su anterior ascenso. La segunda es que se apele a dicha incapacidad para proceder con su retiro, a pesar de que en años anteriores no se contempló su incapacidad para proceder inmediatamente con su pensión. Naturalmente, Henry es consciente de que “las leyes son hechas por ellos, tenemos un ejército de oficiales” y por más que busque recursos legales para su situación, será difícil vencer en la arena legal a una estructura tan sólida como la castrense. Consultado el abogado penalista Iván Pedraza, considera que en su momento no fue tanto falla del Ejército como de su fondo de pensiones: “Lo que debió hacer Henry fue solicitar su pensión a través de su fondo de pensiones, pues la invalidez superior al 50% es argumento legal para poder solicitarla”. Aun así, el doctor Pedraza considera que Henry “puede proceder con una demanda contra el Estado, en lo que llamamos una demanda administrativa de reparación directa, para que le paguen por los perjuicios ocasionados; hubo una confianza legítima dada por la institución de seguir vinculado”. Con todo, Henry no pierde la esperanza de continuar en la institución, continuar en su servicio activo y seguir demostrando la valentía que otrora pusiera a prueba en el campo de batalla. Una vida dedicada con sacrificios mayúsculos al ejército nacional no puede ver su final con una baja faltando poco tiempo para un nuevo ascenso, con una formación académica sólida y con una experiencia inigualable, pues cree que un discapacitado no necesariamente es un trabajador secundario o incapaz para las labores que espera le sean encomendadas. No siempre el trabajador más sano es el mejor trabajador -“Nosotros demostramos lo contrario. Nosotros somos los que más trabajamos”.
- Cantos de resignificación: el antídoto de todo un pueblo
Cantos de resignificación: el antídoto de todo un pueblo Sara Viviana García Altamiranda, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana Fecha: Los músicos de los Montes de María, una subregión del caribe colombiano, componen e interpretan canciones sobre la violencia que azotó vilmente a su pueblo para que las víctimas puedan canalizar su dolor. Lea también: Compartir Foto: Sara García Altamiranda Manuel De La Rosa y Heiber Rodríguez interpretando la canción ¨Candelaria¨, de los Gaiteros de San Jacinto. La subregión del caribe colombiano está compuesta por 15 municipios (8 pertenecen al departamento de Sucre y 7 al departamento de Bolívar), entre los cuales se encuentran: San Juan de Nepomuceno, San Jacinto, El Carmen de Bolívar, Chalán y Toluviejo. A principios de 1990, la guerrilla, grupos paramilitares y narcotraficantes, en el marco del conflicto armado colombiano, convirtieron a estas zonas en el blanco fácil para cometer asesinatos, desplazamientos, desapariciones y torturas, dejando más de 158 víctimas. Acorde con el Centro de Memoria Histórica, solo entre los años 1996 y 2003 los grupos paramilitares perpetraron 42 masacres contra la población civil en la región. En los Montes de María se escuchan canciones de fortaleza en las plazas, parques, tiendas y en los carritos de helado que venden paletas de agua. Todos los días, a las seis de la mañana, San Juan de Nepomuceno se despierta alegremente con la voz de Cristina Mendoza Támara, una cantautora de 66 años, de tez morena, ojos marrones y cabello rizado que revolotea con el viento. Lo primero que ella hace al abrir los ojos es pintarse los labios de rosado, servirse un tinto y, lo más importante, cantar, porque fue lo único que le mantuvo el corazón latiendo cuando la violencia golpeó despiadadamente su puerta, entre los años 1995 y 2005. Comienza cantándole a las plantas aromáticas de hierbabuena que adornan el patio de su casa, a los cuatro terneros que tiene y, luego, a su hijo, Manuel Guillermo de la Rosa, un treintañero de contextura delgada, quien heredó la vena musical. Después de desayunar yuca con suero, la cantautora y su hijo se enganchan una mochila wayuu y salen sonrientes a la plaza principal “Diógenes Arrieta”, en la cual se puede divisar una imponente iglesia blanca, rodeada de varias palmeras que aún conservan su color a pesar de la sequía. Ambos se miran y, sin dirigirse ni una palabra, deciden qué canción van a tocar: “Al pie de la montaña”, una composición hecha a partir de varias combinaciones musicales como el sexteto palenquero, la cumbia y el bullerengue. La melodía capta la atención de algunas personas que ocupaban la zona y empiezan a cantar al unísono una estrofa que los enorgullece: Por eso vivo en el monte, cantándole al horizonte y a los Montes de María. Ahí vivo yo. Cantándole al sol, con la vieja Ana. Ahí vivo yo. Mirando pa´ la montaña (…). —Esta canción la compuse con mi mamá y habla sobre la cotidianidad de San Juan y de aquellos elementos resignificados que dejó la violencia, entre los grupos insurgentes, en su sentido más profundo. Por ejemplo, durante ese tiempo se les llamaba pájaros a las personas que ‘sapeaban’ a los paramilitares o a las guerrillas cuando ocurrían las masacres. —explicó Manuel, mientras sacaba de su mochila una caja de cigarrillos ‘Pielroja’. A lo lejos, en la plaza, también se escucha el sonido de una gaita que está en manos de Heiber José Rodríguez Villalba, amigo de Manuel y gaitero oriundo de San Jacinto, quien viste con un sombrero vueltiao’ y una camiseta en la que se admira la frase “Yo amo a San Jacinto”. Él también vivió la violencia en carne propia y tomó eso como fuente de inspiración para componer. Una de sus canciones más escuchadas en el pueblo es “Campesino cimarrón”, grabada junto a la agrupación Yeison Landeros, en la cual le hacen un homenaje al campo. La juglar de los Montes de María, como le dicen a Cristina debido a su larga trayectoria creando e interpretando música tradicional, y su hijo, se preparan para cantar otra canción, junto a Heiber, llamada “La danza de la tierra”. Antes de poner la gaita en su boca, Heiber Rodrígez rompe en llanto al recordar la interpretación que hizo, junto a Manuel, de esa misma canción para 14 familias víctimas de la masacre ocurrida en el corregimiento El Salado, situado en el Carmen de Bolívar. Este suceso fue perpetrado entre el 16 y el 21 de febrero del 2000, por 450 paramilitares, que dieron muerte a 60 personas en estado de total indefensión. Tras la masacre se produjo el éxodo de toda la población, convirtiendo a este lugar en un pueblo fantasma. Hasta el día de hoy solo han retornado 730 de las 7 mil personas que lo habitaban. En el 2016, Manuel y el gaitero viajaron hasta El Salado, a 1 hora y 4 minutos de San Juan, para expresarles su apoyo a las pocas víctimas que quedaban en el territorio. Cantaron varias canciones de resiliencia, como “La leyenda del tigre” y “Los pájaros cantan”, mientras miraban cómo las personas se arrodillaban y lloraban al escucharlos . De acuerdo con el Observatorio de Cultura, Política, Paz, Convivencia y Desarrollo de los Montes de María, los hombres de las Autodefensas de Colombia (AUC) se apropiaron de los instrumentos de la ‘Casa del pueblo’, una biblioteca pública municipal, y los tocaban luego de cada ejecución. — Cuando escucho las canciones que hablan sobre nosotros o sobre nuestro territorio me llenan, me dejan sentimientos de alegría, porque a pesar de todo lo que vivimos siento que a través de esas letras puedo liberarme. A diferencia del Estado, que viene y solo nos pintan las casas, los músicos, mediante sus canciones, nos dan una voz de esperanza y nos hacen olvidar lo feo que vivimos para darnos cuenta de la riqueza que tenemos a nuestro alrededor —manifiesta Fredys Herrera, víctima de la masacre de El Salado, tapándose el rostro para que no lo vean llorar. El Centro de Coordinación de Acción Integral (CCAI) es una iniciativa de la Presidencia de la República, creada con el objetivo de garantizar la gobernabilidad, legitimidad, presencia y confianza de los ciudadanos en el Estado. La Fundación Ideas para la Paz afirma: “Entre el 2007 y el 2010 el CCAI ha invertido 44.696.788.052 millones de pesos en los Montes de María. Y entre el 2007 y 2008 se ejecutaron 10.598.379.750 millones de pesos en proyectos de atención humanitaria de emergencia, desarrollo económico y social y ordenamiento a la propiedad”. Muy a pesar de los buenos resultados que se han obtenido a través de los planes de consolidación, sobre terreno, el Centro de Coordinación de Acción Integral tiene una serie de limitaciones que repercuten en la eficacia y eficiencia del programa, ya que no hay claridad en la delimitación entre la finalización de la recuperación y el comienzo de la consolidación, en términos de la implementación en la comunidad montemariana. A 13,99 km, de donde se encontraban cantando Cristina, Manuel y Heiber, está San Jacinto, hogar de Luis Alfaro Rodríguez, un guitarrista y productor musical, escuchando una y otra vez la canción que compuso sobre la masacre de Las Palmas, un corregimiento de San Jacinto, donde, en 1999, los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) reunieron a la población en la plaza central y asesinaron a las personas que, según ellos, eran colaboradores de la guerrilla. ‘El profe’, como le dicen a Luis en el barrio, ya que les enseña a varios niños a tocar la guitarra, manipula varios botones de la consola de sonido que se vislumbra en su estudio de música y coloca un fragmento de la canción llamada “Heavy times” (Tiempos pesados, en español) (...)Desolada y con desespero, la familia sin norte está. Caminando por un sendero que está lleno de oscuridad. La tristeza se alza a los cielos, un disparo sin titubear. El guitarrista pausa la canción y sonríe, mostrando los dientes levemente, para tratar de ocultar su tristeza. “Las experiencias que he vivido me han hecho componer letras así. Siento la necesidad de llevar un buen mensaje, contando las cosas como son y tratando de plasmar los sentimientos de las víctimas, incluyéndome ”, dice Luis, agarrando una libreta, de color rojo, donde reposan todas sus composiciones. La misión de ‘El profe’ parece cumplirse. Yerlis Tapia Sierra, víctima de la masacre de Las Palmas, escucha las canciones de Luis, por lo menos tres veces a la semana, cuando hace los quehaceres de la casa. Mientras se come un ‘bolis’—helado que se prepara a partir de jugo de frutas naturales o mezclas con leche— de corozo, ella cuenta que, a los 9 años, tuvo que desplazarse con su familia hacia la cabecera municipal de San Jacinto, debido a que los paramilitares los despojaron de su casa. “Las heridas nunca van a desaparecer y el miedo tampoco, pero con las canciones de Luis siento un consuelo, porque transmiten las situaciones que vivimos las víctimas, durante y después del conflicto. Para mí sus letras son como un remedio que cura desde adentro”, expresa Yerlis, tejiendo una trenza en su larga cabellera negra. En Toluviejo, Sucre, Claudia Restrepo, de tez morena, ojos rasgados y sonrisa contagiosa, también escucha canciones de resiliencia para superar la pérdida de su padre, quien murió el 11 de septiembre de 1997 en la Sierra Flor, Sincelejo, en manos de los paramilitares. Ella y su madre decidieron irse a Bogotá para dejar atrás el conflicto, pero años más tarde regresaron a su tierra, porque sintieron un llamado para reconciliarse con el lugar. Gracias a las canciones de Manuel, Claudia comenzó a escribir cuentos para niños, en los cuales relata el conflicto de una manera más pintoresca. — Cada vez que escucho una canción de Manuel siento que estoy encontrando mi origen . En comparación con el Estado que nos revictimiza tomándonos fotos cuando nos dan la indemnización, como si estuviésemos recibiendo un premio, los músicos nos resignifican y nos ayudan a canalizar esos dolores por medio de sus melodías . Él me motivó a escribir y ahora sus letras son inspiración para mis historias —asegura Claudia, mirando un portarretrato que contiene un dibujo de la finca que heredó de su padre. “La música es muy importante en los procesos de resignificación de las víctimas, porque ayuda a sanar las heridas más profundas, usando el recuerdo como fortaleza y no, como debilidad . Así mismo, hace parte de las medidas de satisfacción, porque en un conflicto como el colombiano, la indemnización solo es una utopía; en cambio, el arte es la posibilidad de mantener la memoria histórica y las condiciones de no repetición¨, expone Mauricio Reyes, politólogo y profesor de la Universidad Nacional de Colombia. Antes de caer la noche, Manuel y Cristina regresan a su casa, no sin antes comprar un paquete de galletas ‘María Luisa’—elaboradas a base de merengue y rellenas de arequipe—, y se dedican a componer más temas, con la esperanza de que se les dé un mayor reconocimiento por parte de las entidades estatales. En los Montes de María aún no existe un festival que permita a los músicos dar a conocer sus letras de resiliencia, por lo que, comúnmente, en otras partes de Colombia ni siquiera saben quiénes son. Por su parte, Iván Sanés, director del Instituto de Cultura y Turismo de Bolívar (ICULTUR), dice que se ha procurado que todos los músicos del departamento puedan tener oportunidades para su crecimiento profesional a través de distintos programas y convocatorias. “Fueron casi dos décadas bajo el juego de todos los actores del conflicto, incluido el Estado a través del Ejército. Más de medio centenar de masacres, aproximadamente 7.850 mujeres violentadas sexualmente, miles de personas desaparecidas, pueblos arrasados, entre otros factores, hicieron del territorio uno de los puntos con mayores impactos en el marco del conflicto armado”, comenta Soraya Bayuelo, coordinadora del Colectivo de Comunicaciones de los Montes de María y gestora cultural. Aun cuando los músicos siguen cantando para llevar un mensaje de esperanza a las víctimas del conflicto y conservar la riqueza musical de los Montes de María, la atmosfera de tranquilidad que reinaba en buena parte de los 15 municipios poco a poco empieza a escabullirse por el rebrote de la violencia y, lo que parecía una cicatriz a punto de sanar, en realidad es una herida que no cierra y se infecta. Con la voz quebrada, Wilfrido Alfonso Romero Vegara, alcalde de San Juan de Nepomuceno, lamenta: “En un pasado no muy lejano el conflicto dejó una estela de actos crueles, que los habitantes no quieren, ni están dispuestos a repetir, pero parece inminente su regreso”.
- Peleas de perros, la nueva normalidad en Suba
Peleas de perros, la nueva normalidad en Suba Estefanía Mayorga Rincón, estudiante de Comunicación Social y Periodismo Fecha: Los habitantes de la localidad se han visto afectados en los últimos años por el aumento de los conflictos entre los canes. Lea también: Iniciativa para la salud mental de víctimas de accidentes viales Compartir Foto: El aumento de la tenencia de mascotas en los hogares de los habitantes de la localidad de Suba, ha ocasionado que los conflictos entre perros incrementen y a su vez el desacuerdo entre los mismos dueños, pero la falta de atención por parte de las entidades pertinentes causa molestia a los residentes, quienes tienen que afrontar este tipo de situaciones con mucha frecuencia . Para Ruth Rincón, dueña de un perro víctima de pelea, “sacar a mi mascota se ha vuelto complejo, porque ahora se ven muchos animales sueltos y sin saber si el perro es agresivo o no . Las mascotas sin correa y bozal son una gran irresponsabilidad, sobre todo sin correa porque si van sueltos es un riesgo para mi mascota y para los demás animales, entonces es una imprudencia como dueño”. La propietaria señaló que en su comunidad “se han presentado infinidad de peleas. Eso es a diario y a cada rato, porque hoy en día ha aumentado mucho el número de mascotas en las familias. Yo pienso que las entidades responsables deberían capacitar a los dueños al respecto, porque a veces se pueden ignorar las normas que se deben cumplir ”. De acuerdo con el Art. 108 de la Ley 746 de 2002, en el espacio público, en las vías de espectadores, en los lugares abiertos a la ciudadanía, y en el transporte masivo en el que sea permitida su estancia, todos los ejemplares caninos deberán ser sujetos por su correspondiente traílla y con bozal debidamente ajustado. De lo contrario el animal sería decomisado y el dueño sancionado con multas. “No se han cumplido las sanciones impuestas en la ley, por eso es que la gente no obedece porque los sueltan por los conjuntos, andan por las calles con mascotas que son de razas bravas, sin preocuparse por lo que pueda pasar”, añadió Ruth Rincón. Sin embargo, hay quienes creen que el uso de bozal y traílla no es para todos los canes porque “no todos los animales lo requieren , así sea raza pitbull, rottweiler o una especie aparentemente peligrosa. Lo que falta es una legislación en la que se pueda analizar al individuo perro a perro para determinar si necesita bozal o no”, declaró Junior Garzón, adiestrador de perros. Junior Garzón considera que hay otras maneras de evitar una pelea de perros, sin necesidad de llevar a los animales con correa o bozal: “la esterilización ayuda si es a edades tempranas, eso va a ayudar para que los machos tengan menos progesterona. Lo otro, es conocer al perro, si un dueño conoce a su mascota sabe si soltarlo o no”. El incremento de la tenencia de los perros ha llevado a sus dueños a educarlos de diversas maneras, y esto sin saber si es la forma correcta de mantener a un animal. Por lo anterior, se han creado variedad de métodos con el propósito de que sus propietarios los apliquen y así mejorar el estilo de vida tanto de los animales como de los amos. En consecuencia, Garzón añade que “debe ser obligatorio que las personas que tengan un animal en casa realicen un curso para aprender a educar a sus mascotas y no solo eso, sino poner en práctica lo que se les enseña, porque hay muchas personas que no lo hacen, entonces no sirve de nada. Además, pienso que el gobierno debería implementar leyes locales, tener un software sobre la identificación de estos perros, qué raza es, si tiene vacunas, etc. Y dar una buena información para imponer medidas eficientes frente a estas situaciones”. Por otro lado, para Liliana Ossa, fundadora de Paz Animal, los elementos de seguridad de una mascota no deberían ser implementados para ellos porque “el animal tiene las facultades de nosotros y no es agresivo, los dueños son los únicos impetuosos y, por ende, son quienes deben utilizar un bozal, ya que, no han condicionado a sus perros a un buen estilo de vida”. “En ningún espacio abierto tendría que lastimarse a un perro, porque un bozal ajustado como lo quiere el código de policía es considerado un maltrato, al único que se debe castigar es al tenedor que es el único que debe llevar una traílla . Y si uno no sigue esas normas es porque uno ama a su animal de compañía. Un bozal le inhibe estar tranquilo”, añade Ossa. Algunas entidades como el Instituto Distrital de Bienestar y Protección Animal (IDBPA) están en contra de la opinión de tener a los animales sueltos en espacios públicos. Andrea Milán, profesional de Cultura Ciudadana del IDBYP asegura que “los ciudadanos que salen a caminar con los animales deben hacerlo con las debidas normas de seguridad para evitar accidentes, claramente prevenibles”. La Ley 1801 de 2016 sostiene que busca establecer las condiciones para la convivencia en el territorio nacional al propiciar el cumplimiento de los deberes y obligaciones de las personas naturales y jurídicas, así como determinar el ejercicio del poder, la función y la actividad de Policía, de conformidad con la Constitución Política y el ordenamiento jurídico vigente. “La alcaldía debe sancionar con las multas citadas en el código nacional de convivencia y seguridad ciudadana, además de instaurar acciones sociales para subsanar las faltas comunitarias, es decir, un servicio social ciudadano (limpiar espacios públicos, recoger basuras, atender población vulnerable, etc.), por el cumplimiento a la Ley 1801 de 2016”, señaló Milán. Dentro de los objetivos de esta Institución se encuentra el proteger la vida y ser garantes del trato digno hacia los animales, a través de acciones de protección y bienestar animal por medio de “acciones de apropiación de la cultura ciudadana que tiene el propósito de generar un cambio cognitivo, comportamental y actitudinal”, puntualizó la profesional de Cultura Ciudadana. Por estos motivos, es que el uso del bozal y la correa en los animales se convierte en un tema de debate y a su vez se vuelve en un nuevo reto no solo para la localidad sino para el gobierno del país, quienes deben buscar la manera de evitar conflictos entre los perros y entre los mismos dueños sin ocasionar daño a los animales.
- Melodías de un divorcio
Melodías de un divorcio Danna Valentina Pinzón Roa, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana. Fecha: Así ha sido el regreso de, Adele, una de las cantantes más importantes del mundo, a la industria musical. Lea también: Una ecuación perfecta Compartir Foto: Rock 101 Hablar de talento es hablar de Adele. La intérprete británica de ‘Rolling in the Deep ’, ‘When We Were Young ’ y ‘Set Fire To The Rain ’ regresa con ‘Easy On Me ’, un adelanto de lo que es su nuevo álbum, ‘30’, lanzado el pasado 19 de noviembre. Han pasado casi seis años desde que ‘25’ se lanzara a la industria musical y se convirtiera en uno de los álbumes más vendidos en 2015, alcanzando 2,43 millones de copias en cuatro días, según Nielsen Music. Al parecer, la tristeza y el amor mueven al mundo, y Adele ha sabido trabajar con esto. Pero algunas cosas han cambiado en la artista y esto se refleja en su nuevo sencillo. Aunque parezca que Adele continúa sufriendo por una ruptura amorosa, lo cierto es que inicia una nueva etapa desde la reestructuración de su propia vida. ‘ Easy On Me ’ es una balada en piano que evoca los matices de tempo de ‘ Someone Like You ’ y ‘ Hello’ . Esta pieza cuenta con una letra cargada de sentimientos y revela la historia del divorcio de la artista y los cambios que vivió luego de esta situación. El video que acompaña esta canción fue dirigido por el cineasta canadiense Xavier Donal, el mismo que dirigió el video de 'Hello ’. Además de ser dirigido por el mismo cineasta, el clip de ‘ Easy On Me ’ se realizó en el mismo lugar donde se grabó el video anterior. Muchos han criticado esta referencia y la han catalogado como una falta de creatividad por parte de Adele y de Donal. Sin embargo, este detalle funciona no solo para darnos una idea de lo que fue la vida de la intérprete fuera de los escenarios, sino que también permite continuar, en primer lugar, con el eje narrativo de ‘ Hello ’ y, en segundo lugar, para mostrar la nueva versión de Adele. En una entrevista previa realizada por Vogue, la artista mencionó que el disco ‘30’, el cual está disponible desde el 19 de noviembre de 2021, ha sido uno de los álbumes más especiales para ella, ya que a través de sus composiciones logra compartir con el público su esencia personal. Adele tuvo la oportunidad de analizar la diferencia de su nuevo álbum ‘30’ respecto a sus discos anteriores y manifestó que en sus piezas y composiciones se mantenía una temática corriente. Pero el nuevo álbum le permitió generar un cambio en su vida personal y profesional. Con el lanzamiento del sencillo ‘ Easy On Me ’ Adele logró romper varios récords. En Spotify fue la canción que más reproducciones tuvo en un día. Así mismo, Amazon Music mencionó que esta pieza recibió una gran cantidad de solicitudes de reproducción durante su primer día de publicación. En el ranking de Billboard Hot 100 Hits, el sencillo se posicionó en la lista cinco horas después de su estreno y el video que acompaña esta pieza fue visto por 15 millones de personas ocho horas después de su revelación. Luego de una semana del lanzamiento de ‘Easy On Me’, esta canción ocupó el primer puesto en Reino Unido al registrar 217.300 unidades de venta en distintos formatos según los datos recolectados en las listas de Official Charts Company. Además, este tema rompió récord, ya que fue la canción más escuchada en Inglaterra durante su debut. En definitiva, el regreso de Adele ha sido una de las situaciones que más expectativas e intereses ha causado en la industria musical. La curiosidad que surgió en los seguidores de la artista tras la ausencia de esta aumentó el foco de atención. Sin embargo, estos años de silencio nos han permitido conocer una nueva versión de Adele. Una Adele que no juzga el pasado con los ojos del presente. Una Adele segura de sí misma. Una Adele que está dispuesta a divorciarse de su pasado para conquistar a sus seguidores con nuevas melodías.
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Valerie Meikle: El corazón de la naturaleza Sofía Fernanda Buelvas Puerta, Gabriela María Guzmán Álvarez. Comunicación Social y Periodismo La historia de la mujer inglesa que vive en la selva amazónica colombiana desde hace más de 40 años, motivada por una particular visión de la vida, el amor y la libertad. Ver también: Siguiente parada, un magacín de viajeros para viajeros Compartir
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