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- Alejandro Aguilar: actor, director y amigo del cine
Alejandro Aguilar se ha consolidado como uno de los actores colombianos con mayor trayectoria en teatro, cine y televisión en los últimos años. Alejandro Aguilar: actor, director y amigo del cine Alejandro Aguilar se ha consolidado como uno de los actores colombianos con mayor trayectoria en teatro, cine y televisión en los últimos años. Compartir
- 'Rema', una canción de Monttenegro
'Rema', una canción de Monttenegro Esteban Medina Godoy, Mario Esteban Isaza, María José Rey Torres, Daniela Suárez, Roberto Meza, Daniel Hamann, Andrés Martínez, Laura Botero, Valery Puentes, Comunicación Audiovisual y Multimedios Monttenegro, como experiencia sonora, busca irregularizar el tiempo y el espacio, proporcionando un viaje que permita experimentar sensorialmente una realidad utópica. Ver también: "Out of this world", por The Bell Brothers Compartir
- Juan Sebastián Rozo
El Viceministro de las TIC, Juan Sebastián Rozo, en Unisabana Ágora En el Día del Periodista, el viceministro Rozo habló sobre las TIC al servicio del periodismo. Compartir Ver también: Redacción al desnudo
- ¿Cómo se brinda seguridad durante las votaciones?
¿Cómo se brinda seguridad durante las votaciones? Isabella Jaramillo Bustamante Fecha: El exdirector de Seguridad Ciudadana de la Policía explica detalles sobre el “Plan Democracia” y cómo ser articulan varias entidades, a favor del bienestar y confianza ciudadana. Lea también: Compartir Foto: Fotografía por la Policía Nacional. Hernán Bustamante Jiménez es experto en seguridad pública y asesor empresarial en áreas como inteligencia, investigación criminal, seguridad, defensa hemisférica y derechos humanos. También se ha desempeñado como subcomandante de la Policía Metropolitana de Medellín y comandante de Caldas, la Policía Metropolitana de Ibagué, la Región Eje Cafetero y la Región Sur Oriental que comprende Tolima, Huila, Caquetá y Putumayo. Para Unisabana Medios explica cómo la fuerza pública brinda garantías en jornadas electorales en las regiones. ¿Cómo se garantiza que no haya ningún problema o altercado en Bogotá y en municipios aledaños durante la jornada electoral? Para esto, se establecen comités con meses de anticipación, donde todas las instituciones del Estado, en particular el Ministerio del Interior y el Ministerio de Defensa, así como la Registraduría Nacional del Estado Civil y otras entidades de control, trabajan en conjunto con el objetivo de asegurar la protección de los candidatos y sus campañas. Además, se desarrolla un plan integral conocido como el "Plan Democracia" que permite articular este trabajo a nivel local, en colaboración con las alcaldías y gobernaciones en el ámbito electoral. Es importante destacar que, gracias a esta planificación y coordinación, se ha garantizado la democracia en el país, y a pesar de la presencia de diversos actores criminales en diferentes regiones, como en el Pacífico o algunas zonas del sur de Bolívar, se han reducido los incidentes. Bogotá, en particular, se destaca debido a su gran número de votantes y la mayor integración de entidades estatales, además de un mayor despliegue por parte del Ministerio de Defensa. ¿Cómo son los diálogos interinstitucionales entre la Policía, el Gobierno y otras entidades? En el desarrollo del “Plan Democracia” existen unos comités, algunos de orden nacional, y otros de orden local. Estos comités agrupan no solamente a las instituciones del Estado, sino también a aquellas personas que pretenden ser elegidas a través de sus gerentes de campaña, o pueden hacerlo personalmente. Se escuchan sus inquietudes, no solo temas de seguridad. Estas articulaciones son muy útiles porque realmente es donde se recopilan datos para que este plan se mejore de manera continua en el transcurso de los seis meses previos a las Elecciones. Esto también garantiza que se escuche a todos los actores dentro del plan. Además, algo muy particular pero necesario es la coordinación con la Fiscalía General de la Nación para evitar amenazas a candidatos o posibles delitos electorales que se puedan cometer durante el proceso. ¿Qué garantías hay para que una persona en barrios problemáticos o con repetidos casos de inseguridad haga su tránsito tranquilamente desde su casa hasta el puesto de votación? Dentro de las alcaldías, se realizan reuniones en las diferentes jurisdicciones donde se identifica un alto riesgo en el mapa electoral. Esta identificación se basa en investigaciones específicas que se llevan a cabo, y se establecen prioridades en tiempo real. Es decir, se categorizan los diferentes sectores dentro del mismo barrio, e incluso una misma cuadra. En estos lugares, se establece un diálogo activo con líderes comunitarios y se fomenta la participación ciudadana. También se realizan investigaciones judiciales para abordar cualquier comportamiento contrario a la convivencia y seguridad ciudadana, lo que permite que las personas sean sancionadas. En última instancia, esto refleja la capacidad del Estado para garantizar la seguridad de las personas, tanto para aquellos que buscan ser elegidos como para aquellos que ejercen su derecho político como ciudadanos colombianos. Es importante que la comunidad se comunique permanentemente con las autoridades si observa alguna situación anómala, a fin de tomar medidas preventivas antes de que ocurran los hechos. De esta manera, la participación ciudadana y la madurez democrática del país seguirá mejorando.
- La familia y la adaptación a la etapa escolar
La familia cumple un rol esencial en la adaptación a la etapa escolar. En esta Cátedra de Familia nos acompaña María Fernanda Hernández, directora de la Licenciatura en Educación Infantil de la Universidad de La Sabana. La familia y la adaptación a la etapa escolar La familia cumple un rol esencial en la adaptación a la etapa escolar. En esta Cátedra de Familia nos acompaña María Fernanda Hernández, directora de la Licenciatura en Educación Infantil de la Universidad de La Sabana. Compartir
- Querida Nieta
Querida Nieta María Carolina Herrera Rueda, Daniel Esteban Vargas Andrade, Daniel Vergara Pombo, Juanita Bulla Albarracín, estudiantes de Comunicación Audiovisual y Multimedios. Una niña encuentra un carta escrita por su abuelo, en la que le cuenta la razón por la que ya no podrá estar con ella físicamente, pero le asegura que, de alguna forma, siempre la va a acompañar. Ver también: Two Birds - Regina Spektor Compartir
- Emoción y posverdad en el proceso electoral
Ana Sofía Rubiano Vásquez y Natalia Toscano Jaime, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo < Volver Emoción y posverdad en el proceso electoral Ana Sofía Rubiano Vásquez y Natalia Toscano Jaime, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo Es peligroso elegir al próximo Presidente a punta de emociones. ¿No es mejor que nos convenzan, con argumentos, de que sus propuestas son las que resolverán los problemas del país? Lea también: Antídoto y no anti todo: un ‘verde’ por la juventud Opinión Previous Next Foto: Daniela Ortegón, estudiante de Comunicación Social y Periodismo Las emociones están presentes en la mayoría de las decisiones que tomamos en nuestra vida diaria. Desde algo tan sencillo como tomarnos un café porque nos genera felicidad, hasta procesos más complejos como decidir el futuro de una nación votando por aquel candidato que más confianza nos produzca. A lo largo de la historia, los candidatos presidenciales han utilizado diversas estrategias para generar emoción en sus votantes. Por tal razón, demostraremos que, mediante la posverdad, las emociones influyen en la postura de los votantes de cara a las elecciones presidenciales en Colombia 2022. “Todas las emociones son impulsos para actuar, planes instantáneos para enfrentarnos a la vida que la evolución nos ha inculcado. Impulsos arraigados que nos llevan a actuar”, dice Daniel Goleman, psicólogo experto en inteligencia emocional. Existen diversos tipos de emociones. Entre ellas, están las instrumentales, que buscan influir, o a veces manipular, con el propósito de obtener algo deseado. La empatía, de otro lado, es la capacidad de ponerse en los zapatos del otro según lo que percibe de su entorno, por lo que es considerada como una forma de cognición social. Si bien esta no se cataloga como una emoción instrumental, es la piedra angular que permite la construcción de una escalera emocional, la cual se intensifica en la medida en que asciende. Junto a la empatía, la compasión nos lleva a tomar una decisión inclinada más por la emoción que por la razón y es fundamental en el ejercicio diario. Hay quienes ven estimuladas sus emociones, en el contexto de elecciones, cuando aceptan que su voto sea comprado por 50.000 pesos o a cambio de un tamal. A otros les basta con leer un tweet, ver una valla publicitaria o escuchar un discurso político para que, inconscientemente, cambie su intención de voto. Este proceso es conocido como posverdad, la cual, según Oxford, se produce cuando "los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales". Esta es considerada como una falacia argumentativa que apela a la emoción, pues manipula los sentimientos para considerar un razonamiento como válido; por eso es común que se utilice como estrategia política en el proceso democrático. Es más, en un estudio reciente sobre los factores integrales del marketing político, se analizó que el 52% de los electores consideran que las estrategias utilizadas por los jefes de campaña para dirigirse a los adeptos son mediante propagandas, mientras que el 16% se inclinaron por las campañas electorales, encuestas y entrevistas. Esta cifra surgió debido a que la propaganda es considerada por los votantes como una manera de comunicación cuyo principal objetivo es influir en la actitud de la audiencia. Es por eso que, “en el juego de la política, un argumento razonado no puede igualar a un poderoso mensaje simbólico”, como lo ve Drew Westen, psicoanalista estadounidense. Un claro ejemplo de esto fueron las elecciones del 2016, en las que, en Estados Unidos el candidato presidencial, Donald Trump, logró ganar las encuestas mediante la viralización de bulos en redes sociales y medios de comunicación. Él se encargó de derribar el sentimiento nacionalista al especular que Obama no era estadounidense y también que contaba con el apoyo del Papa Francisco, ganándose la simpatía de cierta población creyente en Estados Unidos. Aunque en este caso no se tomaron en cuenta argumentos objetivos para defender su campaña política, ganó las elecciones, pues se aferró a las emociones como forma de persuasión o incluso de manipulación. En su país, particularmente, se podría considerar que, “la exacerbación de emociones primarias ha beneficiado enormemente a los extremistas de Estados Unidos”, como lo analiza Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología del Instituto de Neurociencia en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona. Sin embargo, en el video “¿Qué puede más, la emoción o la razón?”, se plantea que la razón está en su capacidad para modificar nuestras emociones al permitirnos percibir la realidad de cierta forma. Es más, propone que las emociones surgen de un buen razonamiento, por lo que, siguiendo esta lógica, debería predominar la razón por encima de la emoción. En un contexto electoral como el que se aproxima, es peligroso permitir que nuestro voto vaya a cierto candidato que nos motiva una simple emoción; deberíamos elegir porque estamos convencidos, desde el raciocinio, de que es lo más conveniente. Pero en la práctica no sucede así, pues el argumento más fuerte es el emocional. En Colombia lo vimos en las elecciones presidenciales de 1970, en las cuales se posicionó como ganador Misael Pastrana Borrero frente al general Gustavo Rojas Pinilla. Este suceso es recordado como un fraude electoral, en el que la prensa tuvo amplias implicaciones pues según Acuña (2014) difundió ideas y contradicciones, generando agitación electoral en defensa u oposición al gobierno. En medio de la estratégica campaña electoral se veían vallas publicitarias con eslóganes como: “Nosotras decidimos, Pastrana gana” y en los periódicos se mostraban caricaturas en las que de manera subliminal tildaban a Rojas Pinilla de manipulador, traidor y déspota. Estas apelaciones a la imagen personal del candidato contribuyeron a que el general perdiera las elecciones, sin tener en cuenta lo que realmente importa en una democracia: la solidez y congruencia de sus propuestas. Pero esa no fue la única vez que vimos al discurso emocional tener parte en decisiones relevantes en Colombia. En 2016, cuando se celebró el plebiscito para la paz, ganó el “no” cuando se buscaba llegar a un acuerdo con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). Para entonces, predominaban mensajes de miedo, guerra y comunismo, lo que causaba un pánico moral entre la multitud (además de angustia e intranquilidad). El contexto colombiano de hoy en día no es nada diferente. La mayoría de los candidatos a la Presidencia han utilizado estrategias desde la posverdad para llegar a los corazones de los votantes. Como ejemplo, en uno de los debates públicos, Ingrid Betancourt, sin ningún contexto, habló acerca del episodio de depresión que sufrió Gustavo Petro años atrás, poniendo en tela de juicio su capacidad laboral debido a su condición de salud mental. Aunque estuviera convocada a discutir propuestas de gobierno, apeló a los sentimientos de la audiencia como estrategia política, la cual, por lo visto, jugó en contra suya. El pasado 20 de mayo se retiró de la carrera presidencial dado que ocupaba las últimas posiciones en las encuestas. Sin embargo, hay que decir que Petro no se quedó atrás. En sus redes sociales se muestra un mensaje que dice: “te quiero”. Al igual que el caso anterior, acude a los sentimientos y emociones que puede generar la muestra de afecto hacia las personas. Palabras lindas las dice cualquiera, pero pocos plantean y defienden propuestas fuertes. Por último, podemos ver una estrategia política en las declaraciones del candidato Federico Gutiérrez en una entrevista con el diario El País, donde decía: “Colombia, si Petro ganara, que no debe ganar, podría llegar a tener elecciones en el futuro, pero como las de Venezuela y las de Nicaragua (…) Su discurso es de odio y lucha de clases. Yo represento todo lo contrario a lo que él representa”. Esta declaración, al intentar impartir miedo, mediante la comparación entre otros gobiernos que se podrían considerar comunistas y con líderes que no ejercen adecuadamente la democracia, persuade a ciertos ciudadanos generando incertidumbre y angustia acerca del futuro del país. De esta forma, la razón se ve relegada a un segundo lugar, al igual que las propuestas de los candidatos, lo que prioriza la emoción que generen sus discursos, ya sea miedo, esperanza, seguridad o incertidumbre. Camera
- “El mejor maestro de mi vida se ha llamado enfermedad”: Santiago Rojas Posada
Santiago Rojas Posada sufrió 6 veces por tumores que aparecieron en una de sus piernas, desde cuando era niño, y decidió convertirse en médico bioenergético. “El mejor maestro de mi vida se ha llamado enfermedad”: Santiago Rojas Posada Daniela Manrique Carrión Santiago Rojas Posada sufrió 6 veces por tumores que aparecieron en una de sus piernas, desde cuando era niño, y decidió convertirse en médico bioenergético. Disponible en Pulzo Daniela Manrique Carrión Al entrar a su lugar de trabajo, se puede ver una sala blanca y llena de luz, con un escritorio alargado donde se encuentra la secretaria y, justo al frente, 3 hileras de sillas ubicadas en forma de U para descansar y esperar a ser llamados. La música que ambienta el lugar es acompañada por el resonar de cristales, campanas, un conjunto de voces sutiles y afinadas, comúnmente asociadas con el canto de un coro angelical. Pero el que asoma no es un ángel, es Santiago Rojas Posada, un hombre alto, de contextura delgada, que viste un uniforme color azul grisáceo con una pequeña flor de loto estampada en el lado izquierdo de su camisa. Su cabello y barba son un poco canosas, su tez es blanca y detrás de unos lentes se observan unos ojos pequeños y verdosos que combinan con una sonrisa amigable que rasga más su mirada. Se acerca hacia mí, me da un cálido abrazo, un beso mejilla con mejilla y me dice: “Ya te atiendo”. Sígueme — dice Santiago detrás de mí, acariciando mi cabeza. Me levanto y cruzo por esa puerta donde el silencio invade el espacio y entro al primer consultorio a la derecha. Es una sala pequeña, con poca iluminación. Sentada justo al frente de su silla, espero en el escritorio a que el doctor Santiago se siente. Es el momento cuando el papel de doctor pasa a segundo plano y, el de amigo sobresale. Detrás de su profesión. Es el cuarto hijo de un matrimonio de mamá bogotana y papá tolimense. Vivió en Armero, Tolima, pero viajaba todas las semanas a la finca de su padre, que quedaba cerca del pueblo. Es por eso que su relación con la naturaleza era muy cercana. Cuando pequeño tenía un gran interés por la lectura, los estudios y la medicina, ya que era su manera de ver la vida principalmente porque, según él, era lo más “chévere” para conectarse con las personas. En cuanto a su salud, siempre había tenido un organismo frágil debido a que padecía de constantes gripas y malestares en su cuerpo hasta que, a los nueve años de edad, le empezó un dolor en la pierna, lo cual iba a marcar su infancia y cambiaría el rumbo de su vida. “Quería ser médico y futbolista como cualquier niño, pero el dolor me imposibilitaba el hecho de hacer ejercicio”, dijo el doctor Rojas. Los médicos le decían que era un manipulador, porque al examinarlo no le encontraban nada, pero a él le seguía doliendo el pie. “Yo lo tocaba y solo se quejaba”, añadió Graciela Posada, su madre, pero, después de una cirugía, a Santiago le encontraron un tumor entre los dedos del pie, del tamaño de una pelota de pingpong, el cual se convirtió en un neurofibrosarcoma que se fue reproduciendo hasta llegar a su empeine, rodilla y muslo”. Esta enfermedad iba a ser su acompañante de vida por un largo tiempo, ya que tuvo seis recaídas seguidas de operaciones y procedimientos médicos. En su primera etapa, en el colegio, tuvo que dejar a un lado el fútbol para empezar a usar muletas y soportes para poder caminar, mientras que en sus estudios universitarios perdió un semestre de su carrera; sin embargo, el dolor que padeció a inicios de sus estudios, hizo que entendiera más a la medicina desde su experiencia con el dolor. Siempre tuvo la idea de tratar a las personas no solo de manera bilógica, sino también afectiva, emocional y de desarrollo. Acudió a la medicina alternativa en el cuarto año de su carrera debido a las numerosas declinaciones que tuvo y, a raíz de eso, empezó a ver que hay dos tipos de esta que se complementan y forman una medicina integrativa para ayudar a los pacientes a mejorar. Más que un doctor. El doctor Rojas Posada logra crear una conexión fuerte con sus pacientes, tanto así que lo describen como un amigo el cual te escucha, te ayuda y te aconseja, como en el caso de Joel Nicolás Míguez Eslava, uno de sus pacientes jóvenes que padeció cáncer desde sus 17 años de edad. Con él trabajó de la mano de las quimioterapias, con esencias florales, cantos y terapias visuales que lograron sacarlo adelante, restaurando su cuerpo en distintas dimensiones así como su alma y su parte social. “Siempre lo vi como una eminencia, con mucho respeto, pero una vez que trabaja contigo, te das cuenta de que es un amigo ya que le parece importante el vínculo doctor y paciente”, dijo el joven. “Yo fui un mal paciente, lloraba, pataleaba e insultaba, por eso le digo a mis pacientes que no se preocupen porque yo fui peor”, afirma Rojas, mientras esboza una sonrisa cómica. En sus tiempos libres le gusta leer, también le dedica tiempo a su parte espiritual mediante la meditación, juega golf, y ve ese deporte que tanto le apasionaba cuando pequeño: el fútbol. Porque a pesar de que no lo practica, la esencia de niño sigue dentro de él. También le destina su tiempo para la magia con cartas, ilusionismo y prestidigitación. Después del largo recorrido que tuvo de la mano de su condición, Rojas Posada asocia a la enfermedad como un maestro del cual se aprende. Además recalca que también ha aprendido de sus pacientes y de sus hijos, Juan Diego, quien estudia Administración de empresas, y Gabriel, que decidió seguir los pasos de su padre y estudiar medicina. Un plan poco común. Mientras la conversación fluye, escucho de fondo pasos rápidos acompañados del abrir y cerrar de las puertas de consultorios. Siento algo de prisa en el ambiente; sin embargo, me concentro en la plática y aprovecho los últimos minutos que quedan. Espero escuchar algún plan extraordinario para el futuro, la creación de una organización específicamente para los pacientes con cáncer creada por él, por ejemplo, pero no es así. Me sorprende al saber que nada de esto está en los planes del doctor Santiago Rojas Posada, y pienso en lo afortunado que es: no todos disfrutan el día a día sin necesidad de pensar en el futuro y las ganancias como él. Es un hombre que vive para servir a la gente y no tiene muchas expectativas sobre el futuro. “No aspiro a convertirme en nada, no veo mi vejez como un objetivo. Estoy en mi día a día, queriendo hacer lo mejor todos los días”, puntualizó.
- Un político con alma de artista
Laura Valentina Cuevas Santamaría, Gabriela Fuentes Esguerra, Camila Andrea Marulanda Rivas, María Camila Riaño Pardo, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana. < Volver Un político con alma de artista Camera Laura Valentina Cuevas Santamaría, Gabriela Fuentes Esguerra, Camila Andrea Marulanda Rivas, María Camila Riaño Pardo, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana. José Miguel Santamaría, edil de Chapinero, es el bogotano más joven con esa responsabilidad y todo un artista en sus tiempos libres. Conoce su historia. Ver también: nota de lee también
- La cárcel de la que huyó Escobar
La cárcel de la que huyó Escobar Sasha Valentina Muñoz Vergara, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Sergio Sánchez, encargado de la seguridad en La Catedral, fue objeto de uno de los numerosos intentos de soborno por parte del Cartel de Cali, para ingresar a atentar contra Pablo Escobar. Lea también: "Perdón: más allá de la guerra" Compartir Foto: El coronel (r) Sergio Sánchez Bolaños sostiene una fotografía de una placa de la Normal Superior de Varones José Eusebio Caro de Popayán, en donde se le reconoce como Mejor Alumno de 1958, en la sala de estar de su apartamento en Bogotá en octubre de 2018. Fotografía por Sasha Muñoz Vergara. Foto: Sasha Muñoz Detrás de la disciplina y el orden que le exigió ser parte del Ejército Nacional de Colombia, existe un padre de familia, un hombre sensato y optimista. Sergio Sánchez Bolaños, vestido con un traje gris, su corbata de rayas azules, un esfero que parece costoso en el bolsillo derecho de la camisa y su audífono de implante coclear, estaba listo para escuchar las preguntas y responder sin perder el ritmo durante 3 horas entre anécdotas y risas, con una única pausa para disfrutar de las deliciosas onces preparadas por su atenta esposa, Sonia, en la sala de estar de su apartamento de estilo victoriano. Atendió la entrevista con una carpeta de recortes de todos los artículos en donde ha sido nombrado, algunos que datan desde 1970, hasta unos un tanto más recientes de 1990. Y es que este hombre tiene muchas historias que contar: fue campeón de ciclismo de ligas menores, vivió años intachables de servicio en el Ejército, ejerció un periodo como alcalde de Turbo, combatió a la exguerrilla de las Farc y al Eln, y fue objeto de uno de los numerosos intentos de soborno del Cartel de Cali, durante la reclusión de Pablo Escobar en La Catedral. Sánchez Bolaños tiene ahora 74 años. Fue uno de los cuatro hijos de una familia de estrato tres de Popayán. De su larga trayectoria se destaca un cargo que marcó su vida, no solo por lo que vivió, sino por lo que le costó: Fue el comandante del Batallón de la Policía Militar de la IV Brigada de Medellín, encargada de la vigilancia externa de la cárcel de Envigado, más conocida como La Catedral, construida especialmente por y para Pablo Escobar. Vigilando La Catedral o vigilado por La Catedral “Durante el tiempo que nosotros (la IV Brigada) estuvimos allá, entraban a trabajar a la cárcel más o menos 80 personas por día, entre ingenieros, arquitectos, oficiales de construcción y obreros. Una cosa es hablar de lo que él tenía allá y otra cosa es haberlo visto. Las mejores razas de perros las conocí allá”. También contó que al llegar a la cárcel pidió fotografías de los 15 reos para repartirlas entre los soldados y que recordaran que esas personas no podían salir. ¿Con qué frecuencia visitaba usted la cárcel La Catedral? “Yo iba, más o menos, unas tres veces por semana, porque era una responsabilidad grande. Tenía que ir a revisar a los soldados, allá tenía un capitán comandante”. La vigilancia en La Catedral se dividía entre dos instituciones para la parte interna y la externa de la seguridad. La IV Brigada se encargaba únicamente de la externa. La seguridad interna estaba confomada por 36 personas. De ellas, “18 eran de la Dirección Nacional de Prisiones y los otros 18 los escogió él (Pablo Escobar) de sus compinches. Yo fui el día que llegaron ellos, unas personas que no tenían ni idea de manejar armas, ni idea de seguridad, que lo iban a ayudar a él”. Además de esto, Sánchez era Jefe Civil y Militar de tres municipios, Envigado, La Estrella y Bello, sin saberlo, hasta que los medios comentaron la suspensión del decreto sobre ese cargo. El entonces comandante no sabía que lo tenía, y más aún, que aquel implicaba más peso que ser el mismo jefe. Y es que su trayectoria se vio manchada por las faltas de comunicación, de claridad y sobre todo de explicaciones que hasta hoy mismo quedan al debe. Sánchez estuvo en el cargo de ese Batallón entre junio de 1990 y enero de 1992. Al contrario de lo que El Tiempo afirmó en algunas de sus publicaciones, el entonces comandante no estuvo presente en ninguna de las entregas de los 15 mercenarios, Escobar incluido, en el momento en que estos se produjeron, sino que tuvo contacto con ellos posteriormente, ya dentro de La Catedral. Sobre Pablo Escobar, ¿cuál era su percepción antes y después de conocerlo frente a frente? “Él se entregó a las 2 de la tarde, y a las 10 de la noche yo estaba hablando con él. Me dieron la orden de hablar con Escobar, por petición suya”. En ese momento el coronel se encontraba en una comida en Medellín, en donde residía. Salió hacia la cárcel y recordó ver a Pablo Escobar con la barba tan larga en vez de su característico bigote, como muchos de los colombianos lo recuerdan. “Él estaba interesado en entregarle unas cobijas a los soldados, porque ese sector era muy frío y él lo había notado”, agregó Sánchez. El diálogo se extendió por 45 minutos. Durante ese tiempo, recordó el oficial, el capo insistía en regalar 200 cobijas para los militares. La respuesta de Sánchez fue siempre rechazar la oferta y ratificar que el Ejército tenía sus propios medios. “Me di cuenta de que era un hombre con mucha inteligencia. Lástima que la tenía dirigida a otras actividades . Un hombre muy sagaz era él”, contó. Comentó también que conversaron sobre la familia y sobre lo que sentía Pablo por el gobierno, en ese entonces de César Gaviria. “Noté que tenía mucho contacto con el Ministerio de Justicia. Esa cartera pasaba las órdenes de él al Ministerio de Defensa, este al Ejército, y luego al Batallón”. Otra de las veces en las que habló con Escobar recordó que, motivado por sus diálogos con el gobierno, este tenía intenciones de redimirse y limpiar áreas de algunos municipios en los que conservaba escondites estratégicos llenos con dinamita. “Él me dijo que me llamaría a una persona y me diría que en tal sitio me entregarían una determinada cantidad de las 25 toneladas que estaban esparcidas”. Antes de su traslado, Sánchez negoció la incautación de 12 toneladas de esos explosivos. ¿Quiénes recuerda usted que visitaban a los reos y con qué frecuencia? “De eso se han tejido muchas mentiras. Allá no había sino un solo acceso y una salida, que eran la misma”. Se refirió también al conocido carro de doble fondo en el cual Pablo habría trasladado insumos para seguir delinquiendo desde su encarcelamiento. “Yo vi entrar ese carro por la única entrada y no tenía ningún doble fondo”. Él recordó que durante la estancia de Pablo Escobar había dos transmóviles, uno de RCN y otro de Caracol, a la espera de captar cualquier suceso que fuera a ocurrir. Sánchez considera que la presencia de estos dos medios fue la premonición de lo que posteriormente ocurrió con la fuga del narcotraficante. Para poder acceder a La Catedral se necesitaban tres firmas, la del comandante de Batallón, es decir la de Sánchez, la del juez a cargo y la del director de la cárcel. La instrucción que imperaba sobre los soldados vigilantes de la entrada de la cárcel “de máxima comodidad” era chequear quién tenía las tres firmas necesarias, y quien no. “Quien tenía las tres firmas, pasaba”, dijo Sánchez. Y mientras recordó esto, mencionó uno de los controvertidos escándalos que conllevó una visita en particular, y entre risas le mencioné que se me asemejaba a un brujo, porque se me adelantaba a las preguntas. Sánchez se rió. Una visita para Escobar, un adiós para Sánchez Al exalcalde de Turbo le cambió la expresión cuando le pregunté sobre la visita del exarquero colombiano René Higuita. Al contrario de Judas y Jesús, este personaje no negó su amistad con el jefe del Cartel de Medellín, lo que le costó la suspensión del mundial de Estados Unidos del 94. “René Higuita no conocía las normas y subió a la cárcel así”, contó el coronel (r) . “El guardia le dijo que no podía entrar, y se devolvió a cumplir las reglas. Él consiguió las tres firmas, y entró”. Como resultado de esto, inmediatamente uno de los transmóviles que se encontraba a la espera reportó la entrada del entonces arquero, y se desató el escándalo. “Resulta que quien firmó la entrada del portero fue el coronel Augusto Bahamón, segundo comandante al mando de la IV Brigada. Y él no podía reemplazar mi firma”. En ese entonces, Sánchez no estaba disponible. “René Higuita era una persona muy sociable. Se había hecho amigo de los militares, no solo del coronel Bahamón, por su participación en la Selección, creería yo”, explicó. Sin embargo, agregó algo más de lo ya conocido sobre Higuita. En su criterio, el exfutbolista debió haberse involucrado en irregularidades con algunos de los 15 detenidos de la cárcel, si no era con el mismo Pablo Escobar Gaviria, “porque a qué iba, sino era a visitarlos a ellos”. “Él lo hizo por una cuestión de amistad”, comentó Sánchez sobre la firma de su segundo al mando, el coronel Bahamón para Higuita. “Lo pusieron en arresto. Fue muy rápido. Hubiese sido mejor que no le diera la firma”. La noticia de la visita del jugador a Escobar puso sobre los hombros de Bahamón toda la responsabilidad. “Era un hombre muy bueno y excelente militar”, comenta el excomandante. “Él se retiró antes de que lo arrestaran. Una cosita muy chiquita la agrandaron y mi coronel Bahamón se retiró por ello”. La expresión de su cara transmitió nostalgia, mientras miró al suelo, añorando a su compañero. No es desconocido que los medios de comunicación llenan lagunas con especulaciones, y es lo que me dijo Sánchez cuando habló sobre las personas que entraban a la cárcel: las esposas, las reinas de belleza y otros personajes. “Eso es cierto, los domingos hacían fiestas, pero los soldados no podíamos entrar. Si ellos llevaban las tres firmas, nosotros qué hacíamos”, respondió con impotencia. La vigilancia externa no tenía la potestad de intervenir dentro. “Eso es por lo que se formaban los problemas”. Esto explicaría el descontrol de las entradas, no había ninguna otra función que el Ejército no tuviera que hacer que revisar las tres firmas. “Si yo hubiese estado allá siempre, eso no pasaría, pero uno delega en los subalternos y si alguno de ellos falla, es difícil de establecer un control”. Un hombre que el dinero no compró ¿Tuvo contacto con algun vigilante que haya sido sobornado? ¿Fue usted sobornado en alguna ocasión? “Uno defiende mucho a sus subalternos, pero es difícil decir que sí o que no”, dijo Sánchez, sobre el informe de la Procuraduría publicado en El Tiempo en 1993, según el cual soldados pertenecientes al Batallón de la Policía Militar de la IV Brigada de Medellín, es decir, hombres a su cargo; dijeron que efectivamente recibían sobornos periódicos de los estafetas de Escobar, en especial de alias ‘Limón’. “Los periodistas exageran, si a un soldado le ven recibiendo un cigarro, ya es extorsión”, dijo- “pero conmigo no se presentó esa situación”. Sin embargo, relató sobre un “regalo” que una tercera persona le quiso entregar. “Yo nunca lo acepté, porque mi comportamiento siempre fue muy vertical, las personas generalizan. Cualquier peso o cosa que reciba de un narcotraficante está comprometiéndose” . Su esposa le recordó un dicho, que dice ‘no se haga nada que uno no pueda explicar’. Sobre Álvaro de Jesús Agudelo, alias ‘Limón’, dijo que no tiene idea de quién es. También recuerda que la persona que mejor identificaba, aparte de Escobar, era alias ‘Popeye’. “Es difícil asegurar eso, porque yo iba, estaba 40 minutos por allá y confiaba en mis delegados. Puede ser”. Y para demostrarlo, relató el largo trámite que tuvo que realizar para poder cambiar su carro de ese entonces. Lo vendió, y a ese dinero le agregó un préstamo de un fondo rotatorio. Pero además debía presentar un informe completo frente a 10 jefes de Estado Mayor. “Le leí: mi General, teniendo en cuenta que me encuentro de comandante del Batallón de la Policía Militar, y que tiene la seguridad del narcotraficante Pablo Escobar, me permito informar que voy a cambiar mi vehículo, y que lo pagaré de la siguiente forma”, resumió. El excomandante guarda todos esos documentos que tiempo atrás sirvieron para respaldar su correcto actuar. Los guarda para nunca olvidar que el término de su estancia en el Ejército no tiene que pesarle en la conciencia. Pero hay un documento que me permitió leer, sostener y revisar. Es distinto saber de los sobornos, que verlo por escrito, plasmado en la realidad, en el ahora. Se trata de un documento en el que el entonces encargado de la cárcel da cuenta de un ofrecimiento de 5 millones de dólares del Cartel de Cali para el oficial si él los dejaba ingresar a La Catedral para atentar contra Pablo Escobar o para darles el control de la cárcel. “Esto no lo sabe nadie”, me confió. También hizo alusión a una cantidad considerable de soldados al servicio del Ejército que ya habían sido corrompidos. La pregunta se respondió. Sergio Sánchez sufrió un intento de soborno. No de su vigilado, pero sí de los enemigos de él, del Cartel de Cali. A Pablo Escobar le gustan los pinos Le pregunté sobre alguna anécdota que haya quedado en su memoria sin causa, ni respuesta. “En la parte de arriba de la cárcel estaba plagado de pinos, y por allá en el techo había una puerta, que nosotros ordenamos cubrir. Un día me llamó mi superior y dijo ¨Sánchez, hay que quitar, cortar esos árboles que están cercanos a la malla, para que el soldado tenga visibilidad, porque ahí no se ve nada”, relató. Llegó el día, la motosierra estaba lista, dos pinos cortados cuando una llamada lo sorprendió. Era el mismo superior pidiéndole que suspendiera el corte. Cuando él preguntó personalmente por la situación, su superior le manifestó sobre una llamada del comandante del Ejército cuestionando la acción. “El teléfono del director de la cárcel, Jorge Pataquiva, se lo prestaban a Pablo Escobar, y este llamaba al ministerio de Justicia, este al ministerio de Defensa, este al comandante del Ejército, luego llamaba al comandante de Brigada, a mí, y me decía que suspendiera eso. Así de simple”. Pablo Escobar tenía línea directa con el gobierno nacional, al alcance de una llamada, por medio del entonces ministro de Justicia, Jaime Giraldo Ángel. ¿Por qué no quería remover los pinos? ¿Haría más fácil su fuga? ¿Taparía sus grandes fiestas y las pesquisas aéreas de medios de comunicación? Eso se lo llevó Escobar a la tumba, y el Coronel lo agregó a su colección de incertidumbres. El traslado y el escape En enero de 1992, el camino de Sergio Sánchez viró hacia una dirección inesperada. Fue trasladado por el comandante del Ejército a Santa Marta. “Me trasladaron como asesor de cárceles, que es un cargo que no existe dentro del Ejército. Además, me ascendieron a coronel. Esa es la paradoja que jamás he podido entender y que nunca lo haré”, contó con extrañeza en sus ojos y moviendo sus manos en señal de frustración. No entiende por qué lo trasladaron y lo ascendieron, si según las especulaciones estaba bajo sospecha de soborno. La extrañeza de Sánchez se debe a que, únicamente por haber tenido contacto con Escobar, el Ejército asumió que aceptó sobornos. Le dieron una casa fiscal y se despidieron lo antes posible de uno de sus mejores comandantes, independientemente del acenso. “Yo fui una víctima de todo esto, nadie me llamó, nadie me explicó, ni me cuestionó, nada. Me dieron de baja por sospecha” . Hasta el día de hoy vive con esa cuestión, aquello que quebró su carrera militar. “Yo hoy podría haber sido general del Ejército”, me dijo, con unos ojos bien abiertos. El 22 de julio de 1992 Pablo Escobar se fugó de La Catedral, ¿En dónde estaba usted en ese momento? “Yo fui un espectador más, me enteré por televisión, nadie me llamó, yo había dejado mi responsabilidad”. El coronel recuerda haber sentido lástima por los directores a cargo de La Catedral, a quienes retiraron inmediatamente. A Sergio lo interrogaron para la investigación de la fuga por la cárcel. Al exoficial, a quien le fue relevado a través un simple radiograma que le deseaba felices vacaciones, no tuvo responsabilidad alguna por el escape, ya no pertenecía al Ejército en ese momento. “Me llamaron a calificar servicios y nunca supe por qué”, manifestó. A partir de una demanda que realizó, le comentaron que su salida habría sido para mejorar el servicio, y entonces repite la pregunta, “¿entonces, por qué lo ascienden antes de dejarlo ir?” ¿Cuál es la hipótesis por la que usted cree que lo relevaron? “Oiga, buena pregunta, ellos creyeron algo, porque este personaje, Escobar, usaba mucho el poder económico, de pronto ellos creyeron que yo había patrocinado alguna actividad que él hacía. Nunca lo hice. Todos los favorecimientos que le dieron a él fueron desde el Gobierno”, dijo convencido de su inocencia. Todas las personas son inocentes ante la ley hasta probar lo contrario, pero pareciera que en este caso no fue así, y no sería sorpresivo con la justicia colombiana, o “en un país tan quebrado”, como se refirió Sergio a su nación. Sergio Sánchez Bolaños hoy Habiendo sobrevivido un cáncer, con 18 quimioterapias, Sergio Sánchez vive en Bogotá con su esposa y la menor de sus hijas. Con las otras dos se ven constantemente. Es admirable la vitalidad que tiene, el amor que demuestra por su esposa y por la vida misma. No es de esperar que alguien que ha visto muerte y la corrupción y que ha recorrido medio país trasladándose con su familia a cuestas tenga el optimismo que él tiene. El coronel Sánchez tiene su biografía lista en su portátil, y cuando le pregunté si la va a publicar, me contestó “no estoy seguro de que alguien la fuera a leer”. “Yo la leería de seguro”, le confirmé.
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