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  • El cine afro

    Películas como La Sociedad del Semáforo (2010), Chocó (2011) o La Playa D.C. (2012), permiten reflexionar sobre la interconexión entre culturas y la responsabilidad aún no asumida de garantizar el bienestar de todos los ciudadanos. El cine afro Juan Nicolás Barahona Películas como La Sociedad del Semáforo (2010), Chocó (2011) o La Playa D.C. (2012), permiten reflexionar sobre la interconexión entre culturas y la responsabilidad aún no asumida de garantizar el bienestar de todos los ciudadanos. Contenido completo Autor: Colombia aún no logra sanar y ser una nación unida porque se le ha impuesto censura a sus ciudadanos. El pensar distinto o tener un origen que no empata con lo generalizado lleva, incluso en este siglo, a la violencia en sus diversas formas. Cargamos, entonces, el riesgo de la muerte, pero sobre todo el riesgo del olvido. Y cuando nos vamos quedando solos, a veces por temor o porque entre colombianos nos cuesta entendernos, se nos nubla el futuro. El país necesita más voces para entender su complejidad, porque mucho ha pasado en los más de 200 años en los que nos estamos construyendo, pero poco se ha explicado sobre ello. Y no puede ser admisible que los más escuchados o vistos son los que sirven al odio, la prolongación de conflictos y el desconocimiento de nuestra diversidad. Por fortuna, existen narrativas de cambio que no aceptan ser invisibilizadas o erradicadas. Una de ellas es la afro, que no es nueva y se viene reconfigurando desde su llegada a América, con un universo de riqueza extendido por la diáspora africana, siendo determinante en el estado actual de nuestra cultura. Pero también lleva consigo los efectos de un reconocimiento tardío. Solo hay que revisar cuándo los afros empezaron a ser protegidos, respetados y valorados de manera integral y explícita dentro de los marcos legales de Colombia. Fue hace menos de 30 años, con la Constitución Política de 1991 y con la Ley 70 de 1993. Es decir, solo ad portas del nuevo siglo, se empezó a reconocer la legitimidad de las formas de organización de las comunidades negras (principalmente las del Pacífico), sus prácticas tradicionales de producción, su derecho a la propiedad colectiva y su participación en la identidad de la nación. De ahí que aún no ha habido suficiente tiempo para acabar con imaginarios errados. Por ejemplo, Reyson Velásquez, miembro del Consejo Departamental de Cinematografía del Chocó, ha tenido que desmentir repetidamente que los movimientos afrocolombianos son inferiores a los de otros países como Estados Unidos. La forma más eficaz que ha encontrado es escribir, contar las historias de su departamento e investigar sobre el fuerte vínculo que nuestro país tiene con África. “Que hoy pueda decir que soy cineasta, poder hablar del cine y la cultura afro es el resultado de una lucha que hemos realizado desde hace siglos. A veces lo siento como un milagro, por la magnitud de lo que tuvimos que enfrentar. (...) Vivimos genocidios horribles y mucha persecución, pero nuestra cultura tiene una fuerza que hace más bello al mundo. Por eso nuestra responsabilidad como afrocolombianos es esa, contar nuestra historia, para acabar con el colonialismo mediático”, reflexiona Velásquez. Y es que aún hay sectores entre el público que no encuentran valor en los esfuerzos colectivos que década tras década realizan los afro por sus reivindicaciones y la defensa de su propia estética. Esas voces, producto de mentes sesgadas, afirman que esos esfuerzos son puras quejas. Esto no es un problema cultural menor ni que se puede obviar en un país multiétnico como Colombia. Imagínese que usted quisiera transmitir sus sentimientos y no tuviera cómo. Que quiere denunciar, alertar, concientizar, pero lo juzgan por ello. O quiere expresar lo que usted realmente vive, cómo lo ve y siente cada día, pero otro lo rechaza, diciéndole: “No sirve. Tiene que contarlo a mi modo, como nos gusta a los demás”. Eso es silenciamiento, una acción peligrosa que prolonga el temor y aumenta los riesgos de que otros nos impongan un solo modo de entender las cosas. De ahí la oportunidad inmersa que nos ofrece el cine afrocolombiano para evolucionar como sociedad, dando luz a la belleza y la complejidad, a los problemas estructurales como el abandono estatal o a los detalles aparentemente mínimos que configuran lo que somos, como nuestra relación con el cabello. “La gente no debería pensar que uno viene prediseñado por nacer afro o colombiano o ser parte de la comunidad LGBTI, como si fuera un arquetipo. Por eso deben existir miles y miles de maneras de narrar lo que somos, incluso dentro de nuestra propia cultura porque a veces tendemos a excluir a otros grupos que la componen. Siento que, inevitablemente, un joven afro está siendo consciente de toda la carga histórica de su ancestralidad y es importante que, a través de diferentes procesos, como haciendo cine, se pueda ayudar a las comunidades, empezando con su auto representación”, dice Sara Asprilla, realizadora audiovisual chocoana. Nuevos paradigmas Esos puntos que señala Asprilla vienen haciendo mella en la producción audiovisual colombiana. Desde la segunda década de este siglo se han destacado películas como La Sociedad del Semáforo (2010), Chocó (2011) o La Playa D.C. (2012), cuyos relatos permiten reflexionar sobre la interconexión entre culturas y la responsabilidad aún no asumida de garantizar el bienestar de todos los ciudadanos. La legislación étnica para la Cátedra de Estudios Afrocolombianos también ha sido un pilar en ese proceso de formación de nuevos públicos y nuevos realizadores audiovisuales, aumentando el consenso entre diversas personalidades por crear su propio movimiento cinematográfico. Un primer paso fue la apertura de más espacios de difusión, como el Festival Internacional de Cine Comunitario Afro (FICCA), el Motete Cinematográfico, el Festival de Cine Corto de Popayán o el Quibdó África Film Festival, permitiendo a más guionistas, actores, directores y productores afro ser capaces de narrar lo afro. Esto puede sonar redundante, pero no lo es. Hasta hace pocos años, sus realidades y sus historias eran contadas mayoritariamente por personas que defendían sus derechos, pero no tenían las raíces afro, algo que no es prohibido o negativo pero que sí condiciona el modo en que se muestran sus formas de vida y sus problemáticas. No por nada han existido encuadres que recaen, con o sin intención, en la estigmatización y nos impiden ser verdaderamente solidarios. “El cine afro ha permitido tener referentes de identidad negros, que demuestran que también somos agentes de cambio social. La gente puede vernos, reconocernos e identificarnos como personas que tenemos talento, que actúan, que escriben, que cantan, que bailan y que han transformado la historia. Por eso la representación importa, así como las vidas negras importan”, afirma la periodista afro Liliana Valencia. Por la paz Esos esfuerzos tienen resultados tangibles, mejorando los caminos en la industria y brindando oportunidades para la transformación directa de las comunidades. Por ejemplo, los organizadores del Quibdó África Film Festival han iniciado un programa de formación en medios audiovisuales con jóvenes de los últimos grados de secundaria de la Institución Educativa Carrasquilla, en la capital del Chocó. “Les enseñamos a escribir un guion, a editar, a filmar, a hacer una posproducción, para que ellos puedan contar sus historias, lo que están viviendo, así sea con una pequeña cámara o incluso su teléfono. Y después tomamos uno, dos o tres cortos que ellos hacen para incluirlos en el festival”, afirma Wilfrid Massamba, director del QAFF y quien espera que del Chocó surjan grandes cineastas. Otro ejemplo es el de la Corporación Carabantú, que desde hace 11 años impulsa un programa de etnoeducación con 400 niños, niñas y jóvenes mayoritariamente afro de seis comunas problemáticas de Medellín. Acompañados por un equipo de artistas, psicólogos y pedagogos, en Carabantú utilizan al cine como su principal medio de transmisión de conocimientos y de formación integral de sus alumnos, brindando esperanza a sus proyectos de vida, algo que no es fácil en una ciudad afectada durante décadas por la criminalidad. El pilar de su labor es la construcción de paz y autonomía. Esto, mediante el desarrollo de habilidades para narrar sus propias historias, de elementos para entender su relación con el territorio y de los valores para ser gestores de cambio. “Nuestros alumnos aprenden sobre fotografía y cine, pero también aprenden lo que es ser afrodescendientes, entendiendo su diversidad, algo que finalmente muestran en sus cortometrajes. Son chicos y chicas que cuentan lo que sucede en los contextos urbanos, mostrando la relación entre su cosmovisión, sus familias y las realidades que viven. Así van creciendo con una consciencia étnica que los convierte en líderes”, explica Ramón Perea, miembro fundador de la Corporación Carabantú. En sus 11 años de trabajo han grabado 25 películas y ya han realizado cinco ediciones del Festival Internacional de Cine Comunitario Afro, abordando temáticas como migración, memoria, identidades, paz e infancia y adolescencia. Esperan seguir recibiendo apoyo y, sobre todo, que se amplíe la visión sobre lo afro, pues, como dice Perea, qué mayor riqueza para Colombia que el narrar desde el ser, desde adentro de las comunidades, para romper estereotipos y dignificarnos.

  • Deambulando por necesidad

    Deambulando por necesidad Juanita Castillo, María José Montoya, María Fernanda Pacheco y Tatiana Sarria, Comunicación Social y Periodismo. Con la pandemia, la tasa de empleo informal en Colombia pasó del 47% en 2019 al 48% en 2020. En municipios como Chía, la situación se agrava por la falta de apoyos por parte del Gobierno y la Alcaldía. Lea también: "Trabaje juiciosa, Sumercé" Luis Eduardo se adentra a la Avenida Pradilla para ofrecer sus productos a los carros que pasan. Luis Eduardo recorre la Avenida con el tiempo medido entre semáforos. Karen viaja desde Bogotá hasta las calles de Chía para ofrecer sus tapabocas. Luis Eduardo se adentra a la Avenida Pradilla para ofrecer sus productos a los carros que pasan. 1/10 En Colombia, en el 2019, el DANE registró una tasa de empleo informal del 47%, lo que equivale a 5,7 millones de personas. Según la misma entidad, con la llegada de la pandemia en 2020 esta cifra aumentó al 48%. Aunque parece ser un aumento mínimo, esto evidencia que es una problemática que ha perdurado a lo largo de los años y cada vez son más las personas que salen a las calles para llevar el alimento a sus hogares , por medio del famoso ‘rebusque’. La informalidad no solo afecta a las grandes ciudades, sino también a los pequeños municipios que las rodean. Los vendedores ambulantes de las calles y semáforos de Chía, municipio ubicado al norte de la capital del país, ha sido uno de los grupos más afectados por la falta de apoyo del gobierno y la alcaldía municipal. Esta problemática no nació con la pandemia, sino que se ha vivido desde años atrás. Como evidencia, en el 2019 el tribunal administrativo de Cundinamarca redactó la sentencia N° 2019-02-29, en la cual declaraba nulo el decreto N°045A de 1993, que prohibía las ventas en las calles del municipio de Chía. En un país como Colombia no es posible que un alcalde pueda limitar el comercio informal y el uso de las calles por parte de ciudadanos que buscan sobrevivir. Si usted pasa por la Avenida Pradilla del municipio de Chía, podría encontrarse con Luis Eduardo Muñoz, quien lleva 6 años trabajando en el mismo semáforo. Sus brazos cumplen el rol de una vitrina, pues son su única herramienta para mostrar las toallas de cocina y los diferentes accesorios para celulares que vende. Ya conoce los tiempos que maneja el semáforo, así que sabe en qué momento debe adentrarse a la vía y en cual debe salir. Cuando se decretó la cuarentena obligatoria fue más complicado llevar el alimento para sus tres hijas y esposa. Luis depositó su confianza en el bono solidario que el gobierno estaba ofreciendo a más de 3 millones de colombianos. Para junio del 2020, según un comunicado emitido por la página de la Presidencia de la República se habían entregado 2.5 millones de bonos, sin embargo, esta ayuda nunca llegó a las manos de Luis. Según el informe de la FLIP llamado Pauta Visible, el Departamento Administrativo de la Presidencia de la República (DAPRE) gastó 20.807.099.927 entre el 2018 y el 2020 en publicidad oficial. Esto demuestra que se preocupa más por cuidar su imagen por medio de costosas propagandas en los medios de comunicación, en lugar de invertir en estrategias para mejorar la economía y la calidad de vida de los ciudadanos. ¿O sea que sí hay platica para quedar bien ante los colombianos pero no para ayudarlos? En medio del desespero Luís decidió salir un día, en medio de las cuarentenas obligatorias, a su lugar de trabajo, las calles, pero esto le trajo un problema más, ya que la alcaldía le puso una multa de 900.000 pesos que a la fecha continúa pagando. Esta multa se suma a la lista de gastos que puede tener una familia promedio como la de Luis. Es absurdo que se priorice una multa sobre sus necesidades básicas, ya que el arriendo, la comida, los servicios y el estudio de sus hijas no dan espera. Al parecer nuestro gobierno no sabe lo que es la empatía. Hacia el centro de Chía, encontramos a Diana, una caleña que se ha dado a conocer por vender mango, aguacate y, en temporada de cosecha, chontaduro. Al igual que Luis, ella diligenció el formulario para el bono solidario y al no recibir respuesta decidió acercarse a la alcaldía del municipio ; recibió algunas llamadas y visitas, pero las promesas quedaron en el aire. Lo más irónico de la situación es ver cómo tanto el gobierno nacional como la Alcaldía municipal se hacen de oídos sordos cuando las personas solicitan ayuda, pero a la hora de multarlos y llamarles la atención están siempre al acecho. Liz Bella del Carmen quien tiene un carrito de venta de eucalipto, durante el confinamiento tuvo que recorrer las calles de Chía, llegando hasta las puertas de sus clientes, para evitar las sanciones de la policía por incumplir las medidas de bioseguridad. A diferencia de otros vendedores, Liz Bella trabaja de sol a sol debido a que los bonos y ayudas no son una opción, por su nacionalidad venezolana. Si es complicado para los colombianos encontrar el sustento de cada día, imagínense como será para quienes han cruzado todo un país en busca de un nuevo comienzo. No solo tienen que cargar con las faltas de oportunidades sino también con los estigmas y prejuicios que han creado los colombianos alrededor de las personas con nacionalidad venezolana. Adentrándonos en el parque principal encontramos a Karen, una joven que se gana la vida vendiendo productos de lana en las calles de Bogotá, pero a raíz de la crisis ocasionada por el COVID-19, sus ventas disminuyeron considerablemente. Esto la llevó a buscar otras alternativas en Chía, como la venta de tapabocas, todo con el fin de encontrar el sustento para su hogar. A diferencia de las otras historias Karen relata que por ser madre cabeza de familia recibió un mercado que duró apenas 15 días; a la fecha no ha recibido una nueva ayuda. Hay que ser realistas, los mercados suponen un gran alivio para estas familias, pero la prioridad es que el gobierno local y nacional garanticen mejores oportunidades de trabajo. Tal como dice el dicho colombiano “ni hacen ni dejan hacer”. Cada vez es más claro que los vendedores ambulantes no están bajo el radar del gobierno, esto se evidencia en las pocas ayudas que este grupo ha recibido, y en las constantes trabas que se les han impuesto al momento de trabajar. Aquellos que están en los altos cargos solo tienen ojos para sí mismos, gastando millones en publicidad y propaganda, se han preocupado más por intereses privados, en lugar de cumplir con los que debería ser su prioridad, el pueblo. Pero como ya sabemos: al pueblo nunca le toca. Créditos: Redacción: Juana Castillo María José Montoya María Fernanda Pacheco Tatiana Sarria Fotografías: Juana Castillo Tatiana Sarria

  • Unisabana Medios | Audios

    Crónica: Historias de maltrato animal Diego Quiroga y Christian Coronado, Comunicación Social y Periodismo Crónicas sobre dos casos donde los animales terminan sufriendo Ver también: Los invisibles Compartir

  • María Jesús Espinosa

    España | Directora general de PRISA Audio María Jesús Espinosa Por Maria Mercedes Rojas, Isabella Jiménez Morón, Alejandra Leal Malagón y Gabriela Bautista. España | Directora general de PRISA Audio Lea también: Martín Caparrós Compartir Fotografía por Gabriela Bautista. Es miembro del Consejo Rector del Premio Gabo. Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Cardenal Herrera-CEU y doctorado en Historia del Cine en la Complutense de Madrid. Imparte conferencias y clases en distintas universidades e instituciones españolas y latinoamericanas sobre audio, innovación radiofónica y podcasting. Ha sido galardonada en varias ocasiones con el premio Ondas Nacional de Radio. En 2019 fue elegida por la revista Forbes como una de las mentes más creativas en los negocios y este mismo año ha sido elegida de nuevo por Forbes como una de las 50 personas más importantes del podcasting en español. Nos contó: Sobre los factores indispensables de un podcast… • En primer lugar, es esencial que la historia nos toque de alguna manera. En segundo lugar, en cómo el sonido el audio brilla y, en tercer lugar, el ritmo interno es fundamental. • Hay que entender que el podcast no es un formato explosivo. En él no se genera una comunidad de forma inmediata, sino que es un formato de profundidad, que necesita un compromiso y un tiempo para realizarse. Fotografía por Gabriela Bautista. Sobre el cambio generacional de las historias… • Lo que persiste al final es la pasión por contar una buena historia, y lo poco que cambia es el modo en el que lo escuchamos. Todos, dentro de la época en la que vivimos, tenemos muy buenos relatos. • El hecho de contar historias es sustancial al ser humano, por esto se han desarrollado las formas para contarlas, ya que somos seres narrativos que nos construimos a través de lo que escuchamos o vemos. Sobre la figura del periodista en la actualidad… • De la misma manera que tener un lienzo en blanco y un pincel no te convierte en pintor, tampoco tener una grabadora y un micrófono te convierte en podcaster. • Formarse ahora es posible, cada vez hay más universidades, talleres sobre cómo contar a través del sonido, que no es lo mismo que contarlo a través del texto o del formato audiovisual. Cuenteros de Iberoamérica

  • Nueva belleza: un reportaje sobre las agresiones con agentes químicos

    Nueva belleza: un reportaje sobre las agresiones con agentes químicos Alejandra Jiménez, Diego Mosquera, Nathalia Alvarez Esta investigación, publicada en alianza con el El Espectador, narra las secuelas y las nuevas realidades que viven las personas sobrevivientes por agresión con agentes químicos a través del testimonio de dos víctimas en la ciudad de Bogotá. Ver también: Un tesoro robado Compartir

  • Unisabana Medios | Audios

    Los testigos de la tragedia de Beirut Tatiana Sarria Fernández, Comunicación Social y Periodismo El pasado 4 de agosto el Líbano vivió una tragedia sin precedentes. Ana Cecilia Juri y Carlos Valencia, colombianos residentes en Beirut, comparten cómo ellos vivieron ese momento. Ver también: Voces que traspasan fronteras Compartir

  • "Dentro de mí", por Pablo Mantilla

    "Dentro de mí", por Pablo Mantilla José Vásquez Caviedes, María Alejandra Pertuz Alvarez y Pablo Mantilla Roldán Si te gusta conocer los talentos emergentes de la música en Colombia, ve este videoclip, en el que se cuenta la historia de cómo una amistad se transforma. Ver también: 'Girls', por No Stories Compartir

  • Hechas para ganar

    Hechas para ganar Juana Valentina Vargas Robles, estudiante de Comunicación Social y Periodismo Fecha: Después de que salieran las nominaciones a los Oscar de este año, se hace más evidente que esta temporada algunas películas estuvieron fríamente calculadas para entrar en esa lista. Lea también: El infierno del olvido Compartir Foto: Criticar las decisiones que se toman en la temporada de premios se ha vuelto una tradición para los cinéfilos. Cada vez salen a la luz más razones para dudar de la Academia y hoy les traigo una que pocas personas conocen. Dentro del cine hay un término que es usado para referirse a aquellas películas que aparecen con el ÚNICO propósito de ganar muchas nominaciones a los premios Oscar: El Oscar bait . Dichas cintas son todo lo que están pensando: dramas emotivos, historias de redención social, biopics , entre otras que todos distinguimos con facilidad. La historia de este tipo de cintas se remonta a la década de 1980 con la aparición de los Summer Blockbusters y con el final de El Nuevo Hollywood. Con esto en mente, lo normal sería pensar que las “apuestas seguras” eran las películas populares o taquilleras. Sin embargo, el avance de directores como Steven Spielberg, conocido por Tiburón o Jurassic Park ; y George Lucas con Star Wars , demostró que, aunque una película pudiera ser bien recibida, eso no significaba que tuviera la fuerza necesaria para ganar las categorías principales de los premios de la Academia. Es entonces cuando las películas “serias” empiezan a sentir la desventaja en taquilla frente a las “populares”. Para mediados de los 90 era poco común que los grandes éxitos comerciales llegaran a ser nominados , pero filmes como Rain Man y Forrest Gump consiguieron la deseada estatuilla. Poco a poco los estudios empezaron a enfocar sus producciones en el público joven y dejaron de abordar “preocupaciones realistas”. Faltaban historias con corazón y ese espacio lo llenaron los dramas lacrimógenos, las historias inspiradoras y los ejemplos de humanidad. Es exorbitante la cantidad de películas Oscar Bait que se han ambientado en el Holocausto, en la Segunda Guerra Mundial o que buscan la redención social de alguna minoría. Cada vez es más fácil identificar los “anzuelos” de la temporada y este año no es la excepción. La lista de los nominados para 2022 salió el nueve de febrero y las películas hechas para ganar están muy claras. Nombres como Dune , King Richard , Coda o West Side Story saltan a la conversación. Honestamente yo tengo opiniones encontradas con cada una de ellas. Dune responde a una superproducción, que a pesar de ser un éxito en taquilla consiguió un tono artístico que la llevó a obtener una nominación en la categoría mejor película. Con King Richard pasa algo muy distinto, es un biopic no tan comercial pero que cumple con la fórmula perfecta para satisfacer a los votantes de los Oscar. Por otra parte, Coda y West Side Story son casos especiales porque son remakes de historias potentes y, con honestidad. Siento que no era necesario volver a hacer ninguna de estas dos cintas. Para el gran favorito de este año tengo un párrafo completo. The power of the dog plantea una inquebrantable historia sobre la masculinidad arruinada. Esta película tiene dos puntos que van en contravía. Por un lado, cumple con las condiciones más tradicionales para ser un Oscar bait , tiene un actor principal renombrado (Benedict Cumberbatch ), se ubica en la época tradicional y propone un drama digno de ganarse a los votantes de la Academia. El conflicto llega porque tiene otros aspectos que lo alejan completamente de ser un Oscar bait : cuenta con la dirección de Jane Campion, una directora que rompe con los estereotipos de género. Además, el lenguaje audiovisual es excesivamente discreto y retorcido. Hecha para ganar o no , The Power of the Dog obtuvo 12 nominaciones y sería ingenuo decir que no es una obra de arte. Sin duda, algunas películas se esfuerzan más de lo que deberían en llamar la atención de la Academia, pero eso no les garantiza una estatuilla al final de la gala. Esperemos que las votaciones en los Oscar dejen de alabar cintas que tienen los ingredientes secretos para ser un ganador seguro y empiecen a expandir su base de miembros. El problema no está únicamente en los directores que diseñan las filmes genéticamente para ganar, sino en los mismos miembros que siguen mordiendo el anzuelo.

  • Unisabana Medios | Audios

    De Colombia a África, una misión de vida Paula Andrea Castro Leiva, estudiante de Comunicación Social y Periodismo El sacerdote colombiano Norvey Villanueva se dedica a formar a los nuevos misioneros de África, desde la República de Burundi, en África. Descubre sus aventuras y las experiencias que ha vivido, enfrentándose a la cultura de ese país. Ver también: Al ritmo de baile, colombiano gana el amor de niños en África Compartir

  • Crisis menstrual en mujeres privadas de la libertad

    Crisis menstrual en mujeres privadas de la libertad Sofía Dueñas Jiménez, Juan Esteban Medina Caicedo, Juan Sebastián Neira Velázquez, Daniela Rey Mahecha, Génesis Ospina Pedroza y Valentina Swan. Esta pieza audiovisual evidencia las dificultades que tienen mujeres convictas para acceder a medicamentos y artículos de salud menstrual en Colombia. Hasta tienen que hacer tampones o toallas higiénicas con retazos de sus colchones. Un problema de salud pública que requiere atención y acompañamiento de las autoridades. Ver también: Menstruar con dignidad: privilegio para unas, imposibilidad para otras Compartir

Escucha aquí los podcast de Conexión Sabana 360 

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