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- El calvario de un secuestro
El calvario de un secuestro María Gabriela Parra Zamora, Comunicación Social y Periodismo Fecha: En el año 1999, Belén López fue víctima, a manos de las FARC-EP, de un secuestro que duró dos meses. Esta es la historia de cómo hija logró negociar su liberación. Lea también: El viaje de una familia desplazada Compartir Foto: Apoyo de los ciudadanos a la matrona de Acacías, Doña Belén López, quien durante su estadía en el pueblo se había ganado el aprecio de quienes habitaban en el . La casa no era muy lujosa. Un arco de cemento y ladrillo, una reja de metal y un letrero en el que estaba escrito “Finca Katay” daban paso a la humilde morada de Doña Belén López, como la llamaban todos sus amigos y seres queridos a sus 71 años. Rodeada de grandes árboles que ofrecían sombra y chocaban contra el escaso viento de esos llanos, se descubría una casa antigua de más de un siglo, color beige , hecha de concreto y adobe. Su interior contenía tres cuartos – gigantes -, uno para ella, otro destinado a los niños - con más de cuatro camas - y el último albergaba a los familiares adultos que la visitaban cada cierto tiempo. Su cocina aún incluía un horno de carbón, como el de las novelas más antiguas. El comedor-sala, con unos muebles regalados por sus hijos y nietos, nada ostentosos, se encontraba a la intemperie, aunque cubierto de la lluvia. Muy cerca de la vivienda, existía una pequeña construcción, la cual era utilizada por los jornaleros que vivían ahí. El aire, a pesar de ser un poco bochornoso, era fresco. Unos hermosos rosales brindaban vida al lugar, y el melodioso sonido del agua corriendo en un pequeño río, no muy lejos de allí, acompañaba el canto de las aves. Sentada en un sofá de la sala, orando, se encontraba Doña Belén López -una mujer delgada, de tez clara, acompañada por el dulce silencio de la tarde. Era el 29 de diciembre de 1999 y ella disfrutaba de un merecido descanso después de una larga jornada de trabajo en la finca. Ese melodioso silencio antes que cayera el anochecer fue interrumpido por el extraño ladrido de los perros. Inmediatamente después entraron a la casa, con un fuerte golpe a la puerta –que no tenía mayor seguridad, seis hombres con pasamontañas negros, vestidos uniformadamente, con jeans azules, camisa blanca, gafas negras y –como no podía faltar- armas en sus manos. Dos de ellos la sacaron colgada de los brazos, uno a cada lado y apuntaron con una pistola, a sangre fría, a su cien. —¿Es ella?— dijo uno de los invasores. — Sí, es ella – contestó su compañero de al lado. Ese hombre que confirmaba su identidad, de manera tan fría y seca, era Manuel Rojas*. Conocido como “Manuelito”, amigo de un familiar. Los días anteriores, él se había acercado en repetidas ocasiones a la finca, haciéndose pasar por un señor extremadamente amable. Sin embargo, todas esas visitas tenían un solo propósito: hacer la labor de “inteligencia” y así vender a Doña Belén López a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC-EP). Esta acción tan conocida y temida, como lo es el secuestro, tiene muchas definiciones. Para la Policía Nacional de Colombia: “debe entenderse como una flagrante violación a los Derechos Humanos, específicamente al derecho a la libertad individual y la libertad de movilidad. Por tanto, es un delito atroz que afecta no solamente a la persona secuestrada, sino a todo su entorno familiar y social”. Según Oscar Mauricio Silva, analista político de la Fundación País Libre, desde 1996 la cantidad de secuestros realizados había aumentado de 4.354 a 13.548, con una cifra de 5.351 atribuidos a las FARC-EP. Se creó, así, una fama internacional de Colombia como uno de los países más peligrosos del mundo. A esta tercera fase tan dolorosa se le conoció históricamente como la Masificación . La metodología de secuestro de las FARC era muy reconocible. “Manuelito” había cumplido con gran parte de esta primera etapa, la inteligencia. En ella lograban conocer absolutamente todo de su víctima y familia. —Ellos sabían cada mínimo movimiento de mis hijos, incluso que una hija mía vivía en Israel— recordaba nerviosamente Doña Belén López. En muchas ocasiones, como fue el caso de Doña Belén, se infiltraba una persona al grupo cercano del objetivo. De acuerdo con el Centro Nacional de Memoria Histórica en su publicación Una Sociedad Secuestrada “se realiza para identificar a las víctimas, determinar sus rutinas, definir las mejores opciones de tiempo y lugar para secuestrarlas, y recopilar información adicional para usarla en la fase de negociación con la familia o allegados”. Camino a un infierno Doña Belén López, amordazada, fue arrastrada a lo largo de todo el corredor. Y mientras esto sucedía saqueaban las pocas cosas de valor que ella poseía. Al salir, la tiraron al suelo, le quitaron su mordaza y le dijeron cruelmente: “Mire la casa antes de irse, mírela bien”, esto como una maniobra para atemorizarla. Sin embargo, sacando fuerzas que no tenía y con la voz un poco temblorosa exclamó fuertemente: “Si me van a matar, de una vez, mátenme de una vez”. Pero su pesadilla no acababa aquí. La necesitaban viva. Así que, sin demora la volvieron a amordazar, le taparon los ojos con una venda y la subieron a un carro -un taxi-, que habían conseguido para pasar desapercibidos. Esta situación estratégica era una de las más riesgosas y peligrosas para los victimarios. El “levante”, como se conocía comúnmente, era el momento donde se retenía a la víctima y solía ser realizado por grupos especializados en esta acción. Su secuestro, según la Fundación País Libre, hizo parte del 79% de los plagios que fueron completamente perpetrados de forma premeditada. Dado al cumplimiento con la rentabilidad del “negocio”, el cual como lo afirma el documento Una Sociedad Secuestrada del Centro de Memoria Histórica “sólo existe si se logran obtener víctimas con capacidad de pago o en su defecto con potencial político”. Así mismo lo confirmó el Ministerio de Defensa: “Parece haber consenso en que dichas organizaciones han adquirido niveles de preparación y organización que no solo les permite utilizar el secuestro como una fuente segura de financiación, sino que ha generado agrupaciones altamente especializadas que son capaces de ofrecer su know how a clientes potenciales con fines variados”. Fue un camino largo, ella se encontraba totalmente rodeada, un hombre a cada lado y otro en frente, la mantenían completamente vigilada. En un carro aparte, con otros guerrilleros, se fueron el resto de los hombres. Al cabo de unas horas arribaron a una pequeña casa, la bajaron y al momento de descubrirle los ojos se encontró cercada por un gran grupo de soldados revolucionarios, muchos de ellos con boinas rojas, placas, botas negras, vendas en los brazos y uniforme camuflado. Se acercó un comandante, según parecía por su vestimenta y presencia. —Esto lo puede arreglar su hija con un abrir y cerrar de ojos— dijo el hombre con una voz fuerte y clara. —Mi hija no va a cometer el delito de ponerse a robar el banco para pagarles a ustedes— afirmó Doña Belén López con un tono fuerte y seguro, sin miedo a nada. La llevaron al calabozo, un lugar oscuro, pequeño, con rejas, con un costal de cama y murciélagos volando a su alrededor, como una película de terror. Este momento en el que se encontraba Doña Belén López solía ser conocido como la fase de “Estabilización”. Allí “infligen las primeras torturas y abusos sobre la víctima para poder controlarla y mitigar las posibilidades de fuga”, según el documento Una Sociedad Secuestrada del Centro Nacional de Memoria Histórica. Sin embargo, en este caso fue algo menos violento, al ser una mujer mayor, la mantuvieron encerrada y custodiada por hombres contratados para evitar su escape. En ese instante, era oficialmente una de las 3.204 personas plagiadas a lo largo de 1999, uno de los años donde más se habían realizado secuestros. Mientras tanto, en Acacias, Meta, eran las nueve de la noche. Su hija, Jacqueline, acababa de enterarse de lo ocurrido. Escondido detrás de la casa, el señor que ordeñaba las vacas y que vivía allí había visto todo. Tan pronto como los guerrilleros se fueron con su patrona, él tomando otro camino pidió un aventón al pueblo. Llegó corriendo al banco y le gritó con un tono de tristeza: “Se la llevaron a su mamá, se la llevaron a su mamá”. Se dirigieron a la finca, al entrar notó la puerta abierta de par en par, el único teléfono de ese lugar estaba destrozado, las cosas se encontraban revueltas, los cajones vacíos y, por último, la ausencia de su madre en ella. La angustia se apoderó de su cuerpo, no sabía qué pensar ni decir, cómo actuar, las lágrimas corrieron por sus mejillas “solo preguntaba qué le había pasado a mi mamá”. El infierno mismo Al día siguiente, en la madrugada, Doña Belén fue sacada del calabozo. Antes de ponerse en marcha, le dieron un uniforme como el de ellos y le quitaron el vestido que ella tenía al momento de su secuestro. Después de una larga jornada recorriendo la selva era la oportunidad de descansar. En ese instante llegó otro grupo de guerrilleros con una nueva secuestrada, mujer también, de Medellín, igualmente de apellido López. De ahí en adelante, la otra plagiada y un perrito blanco, que la seguía a todas partes, fueron su única compañía. Se movilizaron por lugares diferentes, pasando por acantilados y varias casas donde se resguardaban. Esta fase se la conocía como “traslado”. Se trataba de una continua circulación por la selva, caracterizada por realizarse en “un espacio aislado y oscuro donde la víctima no pueda ubicarse con facilidad y sus posibilidades de movimiento estén seriamente restringidos”, según el Centro de Memoria Histórica en su informe Una Sociedad Secuestrada. Los días pasaron, Jacqueline y su familia no sabían nada de su madre, y la angustia comenzaba a aumentar. Habían buscado por todos lados; hablado con los paramilitares y con algunos frentes de las FARC-EP, pero ninguno de ellos la tenía. Finalmente, después de mes y medio de espera, la llamaron a su celular, afirmaron tener a Doña Belén López cautiva y que para su liberación iban a negociar únicamente con ella. Tras decir esto colgaron. Desde ese momento comenzaron a recolectar todo el dinero que poseían. Un domingo cualquiera, llamaron por segunda vez, en esta ocasión, sin dar vueltas, pidieron 200 millones de pesos . —Yo no tengo esa plata, ustedes se descacharon ahí— afirmaba Jacqueline. Tras un breve silencio bajaron el monto a 100 millones, esta cifra seguía siendo demasiado, así que Jacqueline se negó, nuevamente, sin previo aviso colgaron. A los tres días llamaron con una última oferta, 50´000.000, pero el máximo recolectado era de treinta grandes. Cedieron a esa cantidad y dieron las indicaciones para el intercambio, el dinero por Doña Belén. Mientras Jacqueline se contactaba con el que iba a ser el intermediario, un padre –que se parecía físicamente a Gandhi-, los guerrilleros bajaban de las montañas con su madre. El punto de encuentro asignado fue el Puente Caído, en Lejanías, Meta. Así que, al encontrarse con el párroco y David, su hermano mayor –quien resguardaba el dinero- se movilizaron hacia allá. Para su identificación tenía que utilizar un pañuelo rojo en el hombro. Así que tan pronto cruzaron el puente, a pie, ella y el sacerdote, salió de un árbol un hombre uniformado con camuflaje. “Vengo por mi mamá”, dijo ella con un poco de nervios. Caminaron por un estrecho sendero, ellos dos al frente y el extraño hombre atrás. Junto a un gran arbusto se encontraba sentado el comandante. Al verlos se puso de pie y solicitó el dinero. “Primero quiero a mi mamá, después tendrán su dinero”, exigía Jaqueline. Tras una señal en código del comandante, salió Doña Belén de entre los árboles. La emoción era indescriptible, así como el miedo a que algo malo pasara. Al encontrarse, se dieron un gran abrazo, pero, no podían llorar, tenían que guardarse toda emotividad. En ese momento, Jacqueline buscó a su hermano, quien se encontraba en el carro con el dinero. Le hizo señas para que se acercara. Entregaron lo acordado, por fin todos eran libres. Se subieron al auto lo más rápido posible y salieron de allí. Juntos y a salvo. El infierno había terminado. *El nombre de la persona ha sido alterado para contar esta crónica.
- Un ciclista de coraje inverosímil
Nada ha detenido a Brandon Rivera, ciclista del Team Ineos, quien demuestra cómo su dedicación y esfuerzo lo convirtieron en pedalista de élite internacional. Un ciclista de coraje inverosímil Gabriela Rincón Álvarez Nada ha detenido a Brandon Rivera, ciclista del Team Ineos, quien demuestra cómo su dedicación y esfuerzo lo convirtieron en pedalista de élite internacional. Disponible en Pulzo Gabriela Rincón Álvarez Brandon Rivera es oriundo de Zipaquirá, de metas espigadas y convicción inquebrantable. Hoy su rigor y esfuerzo lo han llevado a pedalear sobre suelos europeos. Al momento de esta entrevista, se encontraba viviendo uno de sus grandes sueños: competir en una nueva carrera de ruta por Europa junto con un equipo de categoría UCI WorldTeam. Llegar allí no ha sido fácil; su carrera fue una montaña rusa de emociones, pero no cabe duda de que “la ha sudado” para llegar a donde está. En agosto, durante el Giro de Emilia, una de las carreras de ruta más importantes de Italia, Emilia-Romaña recibió a Brandon y al Team Ineos con los brazos abiertos. Nadie le hizo disipar la sonrisa que llevaba en su rostro, de oreja a oreja. Quien lo viera, podría asegurar que no hay ni un segundo en el que pueda percibir la seriedad, tal vez, la concentración, pero ni eso le quitó la dicha que brotó desde sus adentros. Lo que estaba viviendo era la causa y el efecto de tal entusiasmo. Humildad y pasión Su voz se escucha manceba y suave, pero su actitud emana agradecimiento y madurez. “He sufrido y he luchado para llegar aquí, pero he perseverado y ahora solo sufro sobre la bici, el único sufrimiento que me agrada sentir”. Es sencillo, se viste como un joven normal de su edad: el jean entallado al cuerpo y una camisa negra; no es pomposo y siempre lleva sus gafas para leer. Su impavidez es envidiable, lleva la vida con serenidad y se puede notar su seguridad porque siempre sostiene la mirada. Natalia Arévalo, su amiga de infancia, lo recuerda como un hombre dócil y modesto, siempre atento a cualquier petición de familiares y amigos. “En todo momento fue muy caballeroso, el respeto siempre estaba por delante”. Además, expresa la dedicación y el empeño que le aplicaba al ciclismo, pues no había día que no saliera a entrenar. “Él estaba casi obsesionado”, afirma entre risas. Es la esencia que lleva desde niño, aquel que tuvo una visión demasiado clara sobre su futuro y desde entonces no ha parado de batallar para que sus esfuerzos germinen en premios y podios. Brandon Smith Rivera Vargas se enamoró del ciclomontañismo a temprana edad y no ha dejado de conquistarlo. Empezando su gran sueño en el Instituto de Recreación y Deporte de Zipaquirá, al cual agradece por el apoyo. Pero lo que le esperaba era aún más grande. “Siempre fui muy entregado en cada aspecto de mi vida y me ponía metas altas para cumplir”. Su familia no tardó en darse cuenta de aquella codicia y ese tesón que lo empujaban. Brandon solía irse a entrenar con una cicla pequeña que llevaba ruedas atrás, hasta que su tío le regaló una ‘bici’ de esas para hacer “mandados” y aun así le iba bien. Rivera recuerda esa impulsividad por triunfar a como diera lugar, cuando de niño salió de su casa y solo le dijo a su abuela que “se iba para una válida en Cogua”. En ese tiempo ella no entendía el significado de una “válida” y simplemente lo dejó ir. Cuando Brandon llegó, doña Mercedes lo vio con un trofeo en la mano. “Ella se puso histérica, me dijo que de dónde había sacado esa vaina”, resulta que había ganado el tercer lugar de la válida, pero ella no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Cuando su trayectoria aún era incipiente, sufrió una lesión en la muñeca, su abuela y su madre se preocuparon y pensaron que lo mejor era que se retirara, a pesar de esto, nada hizo que Rivera quitara su mirada del ciclismo. Llegaron los días difíciles, su cicla empezó a deteriorarse y el dinero escaseaba; no hubo más remedio que parar por unos meses. Sin embargo, su abuela no se resignaba a que esto sucediera y consiguió un préstamo para comprarle una bicicleta nueva a su nieto, convirtiéndose en su salvadora, su sostén y su ángel protector. Brandon intuía que aquellas señales que no permitían que desistiera de aquel mundo prometedor se convertirían en las mejores experiencias. Vio la luz y fue consciente de que la vida le compensaría cada uno de los tropiezos y así emprendió un camino largo. Sin embargo, el tiempo transcurría y su abuela ya no podía continuar financiando sus competencias, ya que Brandon empezaba a tener gran acogida y los recursos económicos ya no daban para el ascenso que estaba tomando su carrera. Pero su poder mental y la superación personal no dejaron que nada lo obstaculizara. Principio de logros A su vida llegó Pablo Mazuera, su nuevo manager en el equipo Specialized Tugó, en el que se convirtió en coequipero de su amigo del alma desde los nueve años: Egan Bernal, quien recibió apoyo de la fundación Mezuena. Specialized Tugó fue un equipo que vio crecer a dos grandes: Brandon y Egan, motivados siempre por el deseo de superar al otro; la fundación los acogió y le apostaron a su talento. En una entrevista del 2019, Pablo Mazuera recordaba los primeros pasos de contienda en la que ambos eran partícipes: “Brandon le ganaba a Egan, se daban muy duro. Eran como amigos y rivales, porque los hacía mejorar a ambos. Se daban mucha leña”. Brandon y Egan salían todos los días a montar cicla a Salinas, en Zipaquirá, habían formado un vínculo muy valioso; su amistad los había hecho crecer como personas. Durante su tiempo como ciclomontañista prejuvenil y juvenil en el equipo de Pablo Mazuera, comenzaron a llegar los frutos de un inagotable esfuerzo. A Rivera le surgió la oportunidad de competir en los Juegos Olímpicos de Nanjing, China, en el año 2014. La emoción de viajar le explotaba el pecho y cuando su abuela se enteró le dijo: “Podrá ser difícil por ser mundial y ser un olímpico, pero no imposible. Vaya con la idea de que usted es el mejor y va a ganar”. Brandon admite que durante la carrera hubo instantes de flaqueza y de debilidad en los que tenía miedo de que le recortaran puntos. Sin embargo, ganó la medalla de oro. El apoyo de Mercedes Benítez, su abuela, o “Lita”, como le solía llamar Brandon, fue indispensable. “Ella no solo me ayudó en el ciclismo, sino también en la vida, me dio valores, me enseñó cómo vivir, cómo ayudar a la gente, a ser responsable y disciplinado”. Mercedes fue la responsable de criarlo y educarlo. Épocas tormentosas Lastimosamente llegó la tempestad; Brandon tenía la moral por el piso. Deportivamente todo se derrumbó, se había lesionado la rodilla y para rematar le diagnosticaron pubalgia (inflamación de los músculos rectos anteriores del abdomen). Estaba desorientado, por no decir derrotado. Esta vez no había más remedio que dar un paso al costado. Por más que sus ubérrimas ansias de salir adelante le susurraran al oído, seis meses de recuperación le esperaban en casa. Los altibajos aparecieron y la sensación de que nadie daba un peso por él, también. “Fueron años bastante duros, pero ese año en particular fue uno de los peores. Pero nada… mi abuela siempre estuvo ahí apoyándome y ni hablar de Egan, que siempre me decía que no me bajara de la cicla; ellos fueron mis principales motores de aliento”. Pero las cosas aún no le salían como él quería o esperaba; ya ni las competencias se le daban. Brandon entró en depresión. La noticia menos esperada llegó, su abuela se enfermó, le dictaminaron cáncer de cuello uterino. A pesar de los malos tiempos, su amigo Egan nunca le soltó la mano y nunca dejó de apoyarlo. El renacimiento de un grande Después de una larga recuperación, Brandon pudo entrar al equipo GW- Shimano, en donde pudo recuperar la fe y dar grandes saltos de victoria. Durante su estadía en el equipo, fue campeón panamericano contrarreloj en México y ganó una etapa de la vuelta Colombia. Mientras tanto, su abuela, desde el hospital, con orgullo lo veía triunfar, con la “berraquera intacta”. Detrás de todas estas victorias y el desempeño impecable que estaba atesorando Brandon, había una persona que siempre lo apoyaba en todo momento y estaba maravillado de su esfuerzo: era Victor Hugo Peña, exciclista profesional colombiano. “Poquito a poco fui recuperando esa autoconfianza y la seguridad que en esas malas épocas uno pierde”. El Team Ineos le dio la oportunidad de ligar esa disciplina que lo caracteriza con el talento del equipo y le apostó a su talento. En noviembre del 2019, Dave Brailsford, mánager del equipo, le ofreció a Brandon ser integrante de este por dos años. Brandon, sin pensarlo, aceptó y firmó contrato. Brandon, el “muchachito” de 23 años, lleva la gratitud en el hablar y en la mirada, dice que en esta nueva etapa está abierto a recibir lecciones de sus compañeros y, sobre todo, a aprender de ellos. Sin embargo, las malas noticias también llegaron, un inmenso dolor sucumbió en los lugares más profundos de su alma. Doña Mercedes, su “Lita”, había fallecido a causa del cáncer de cuello uterino. “A mi Lita la recuerdo con mucha felicidad; ella creyó en mí cuando nadie más lo hizo y gracias a ella estoy donde estoy”. Rememora ese día con los ojos enlagunados. Ahora, cada vez que sube a la cicla siempre piensa en su abuela, en dar todo por ella y enorgullecerla desde el cielo. El Team Ineos le ha suministrado las herramientas para seguir luchando con esa actitud corajuda. Hoy está cumpliendo uno de sus grandes sueños, no puede sentirse más dichoso y lo comparte con su familia, quienes han sido su motor de vida y la razón por la cual nunca se baja de la cicla, pues “el camino hacia el éxito está pavimentado de fracasos”, como dijo Walter Baltazar. Brandon es un gigante que no se deja derrotar, su tenacidad es el ímpetu de su pedal y es la leña que mantiene vivas las llamas de superación. Esta etapa de su vida es una semilla más de las que ha cultivado a lo largo de su proceso, que, sin duda alguna, son resultado de un ramillete de triunfos y promesas. Su resiliencia es la admiración de los que son testigos del cogollo que lleva adentro. ¡Zipaquirá lo vio crecer, pero hoy un mundo entero lo ve triunfar!
- Mi negocio se cae a pedazos
Mi negocio se cae a pedazos Daniel Felipe Sáenz Riaño, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Incertidumbre, ansiedad y preocupación, han sido el pan de cada día de los empresarios colombianos desde que empezó la pandemia. Lea también: Cuestión de supervivencia: 22 mil restaurantes han cerrado sus puertas Compartir Foto: pixabay Irma Cáceres, una mujer de 61 años, con aspecto amable, se prepara junto con su hija Mónica, de 40 años, para otro día de trabajo. Son las once de la mañana y ambas dan vueltas por la cocina alistando todos los preparativos para los almuerzos. Son propietarias del restaurante Irka, cuya especialidad son los menús ejecutivos y se encuentra ubicado en el centro de Bogotá desde hace 16 años. Como cualquier mañana, lavan las papas, preparan el jugo y adoban la carne entre el olor a comida casera, aunque recientemente una nueva labor ha tomado parte de las rutinas de estas dos capitalinas: revisar las deudas acumuladas. Este restaurante solo es uno de los miles de negocios afectados por la pandemia del covid-19, que ha llevado a que casi el 37% de las empresas, según la Cámara de Comercio de Bogotá hayan cesado sus actividades , trayendo consigo todo tipo de dificultades para los empresarios y pequeños emprendedores que intentan subsistir con los ahorros con los que contaban antes de la llegada de este virus. Pero hay un enemigo más silencioso que las deudas o que la falta de ingresos: la salud mental. Los empresarios que han pasado por situaciones de estrés, de incertidumbre o de crisis financieras, según Karen Carvajalino, columnista de Forbes y cofundadora de The Biz Nation, pueden llegar a caer en trastornos de ansiedad, de sueño, digestivos o hasta llegar a ser afectados permanentemente en el sistema nervioso, si no tienen un buen manejo de estas adversidades. Perseverancia como estrategia clave El restaurante Irka ya venía de una situación complicada. Hace 3 años tuvo una caída económica muy fuerte de la que solo se pudieron recuperar hasta finales de 2019 y cuando comenzaron a ver alguna mejora en su situación, inició el confinamiento, lo cual las precipitó a otra crisis económica de la que aún no ven la salida. Antes del confinamiento, llegaban a vender entre 80 y 100 almuerzos diarios, lo cual les daba la estabilidad que ellas necesitaban, pero conforme se fueron agotando los recursos tuvieron que ir recortando el personal. “El grupo era de unas 7 u 8 personas que trabajaban con nosotros, o sea que eran 8 hogares que se mantenían de este restaurante, y ahorita son solo 2 hogares porque no pudimos sustentar a más personas”, explica Mónica, también mencionando algunas de las obligaciones como el arriendo o los servicios, que las llevaron a tomar esta decisión. La noticia del aislamiento fue confusa para madre e hija, al inicio confiadas de que solo serían unos días, pensaron en la cuarentena como una oportunidad de descanso, pero conforme la medida fue extendida vieron cómo sus recursos se agotaban cada segundo. “Siempre esperábamos ese plazo de 15 días para poder abrir, ya cuando fueron pasando como 2 meses comenzamos a darnos cuenta de lo grave que era”, afirma Mónica. Según el psicólogo Carlos Bravo, en este caso es destacable la persistencia en ellas, después de la crisis que afrontaron hace unos años, el salir adelante y soportar los primeros impactos de la situación económica actual demuestran su tolerancia a la frustración. Ellas mismas lo aseguran, mencionando que es con la frente en alto y con ganas de salir adelante, que situaciones como estas se pueden superar. Esta acumulación de deudas, obligaciones e incertidumbres tienden a afectar a muchas personas, y ellas no son la excepción, Irma afirma que los momentos de tristeza y depresión por los que suele pasar son múltiples, ver como las deudas se acumulan, la plata disminuye y su salud se deteriora la ha afectado y solo encuentra consuelo dejando el restaurante unos días y cambiando de panorama al ir al Rosal, donde reside su familia. Mónica también comenta este tema, al mencionar cómo ellas siempre han sido personas muy trabajadoras, las afecta mucho ver cómo los ahorros lentamente se van acabando y tienen que comenzar a contar monedas para cualquier compra . “Yo lo hablo por el caso de mi mamá, ella se deprimió mucho”, explica Mónica. Carlos Bravo también menciona la importancia del tiempo que ellas dos invierten en sus familias, en sus pasatiempos o en su espiritualidad para poder mantener un equilibrio necesario y afrontar las dificultades. Este equilibrio está ausente en este caso, ambas han tenido que dejar a sus familias un tiempo, solo las logran ver los fines de semana cuando suelen estar agotadas y por falta de recursos , han dejado a un lado la recreación o las actividades de ocio. Esta sobre explotación es uno de los cambios más representativos. Según Karen Carvajalino, por el confinamiento han desaparecido los límites de tiempo, todo se ha convertido en un trabajo constante y permanente en el que pareciera que no hay fin, afectando la salud mental y agotando a los emprendedores. Es por la incertidumbre que esto sucede, y Mónica e Irma han pasado mucho de su tiempo buscando qué pueden hacer o en qué negocio experimentar para poder aliviar un poco esta crisis económica. No perder el esfuerzo de muchos años Ellas dos no son las únicas que están pasando por esta situación. En un centro comercial del norte de Bogotá, Jairo Mideros y Marta Alfonso tienen su propia pizzería, que pasaba por sus mejores momentos antes de la pandemia, pero con la llegada de la cuarentena iniciaron también sus intentos de mitigar la crisis económica . Ampliación de domicilios, cambios en estrategias de venta o el uso de recursos almacenados, fueron algunas de las estrategias que implementaron, las cuales Jairo considera como fundamentales para haber subsistido en los primeros impactos de la pandemia. Todas estas medidas han sido realizadas evitando al máximo tener que cerrar y entregar su local, porque eso era lo que más les preocupaba. “Le daba a uno más tristeza ver cómo lo que se había hecho en varios años de un momento a otro se estaba cayendo”, afirma Jairo, agrupando todos los sentimientos de inseguridad y preocupación por los que ha pasado en este periodo. Carlos Bravo explica que en este caso es fundamental que la claridad de los objetivos que tenían estos emprendedores en sus cabezas y la manera en la que se esforzaron para seguir a flote, les ayudó a salir adelante. También el apoyo familiar presente en este caso es fundamental, ya que al ser un negocio manejado por ellos, lograron en el trabajo encontrar un momento para compartir y darse apoyo unos a otros. El mayor reto de estos dos empresarios fue batallar contra el miedo y la angustia de la situación, el cambio de sus itinerarios también ha representado una nueva rutina para ellos, en la que suelen trabajar algunos horarios extendidos. Con todo esto solo buscan reinventarse y no dejar que su negocio cierre, ya que la mayor preocupación es perder el esfuerzo de tantos años. Seguir adelante Karen Carvajalino afirma que el desarrollo de una inteligencia emocional fuerte y la habilidad de poder adoptar un modelo práctico ligado con la tecnología en los negocios son clave para soportar esta pandemia, sin dejar de lado la perseverancia. Desde el Gobierno se han implementado todo tipo de ayudas para estas problemáticas que afrontan los empresarios. El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo ha puesto en marcha herramientas de financiación para aliviar las dificultades de liquidez en las empresas, mediadas por las entidades bancarias, lo que muchas veces dificulta el acceso a créditos por parte de los pequeños empresarios. Por otro lado, el tema de la salud mental sigue siendo un tabú en nuestra sociedad. Según un articulo publicado por la Clínica Universidad de La Sabana, se tiene la idea de que las enfermedades mentales están asociadas con agresividad, con menos inteligencia o con la necesidad de ser aislados, por lo que casi el 90% de las personas que sufren una de estas afecciones no acceden a ayuda psicológica, por el miedo a ser juzgados o segregados por la sociedad. También es clave mencionar que las llamadas a las líneas dispuestas por el Ministerio de Salud para brindar apoyo y orientación han aumentado en un 30% debido a la pandemia por la que estamos atravesando . Aunque hasta mayo solo se habían realizado 1.635 intervenciones, dato que al comparar con el número de habitantes en nuestro país muestra claramente el rechazo de los colombianos a acceder a ayuda psicológica. Hoy Irma ve con optimismo el futuro, ella cree que este año ya terminará con estas dificultades, pero ve con ansias lo que el 2021 le podrá traer con respecto a nuevas oportunidades de negocio. Mientras tanto, Mónica sigue alistando todos los preparativos para los almuerzos del día, ella tal vez no tan optimista como su madre, ve con tristeza una última disminución en las ventas. “Desde que comenzaron a abrir sectores de la economía siento que todo ha empeorado, las pocas personas que había en la zona han preferido irse a otras partes del país”, dice Mónica. Hoy estas dos empresarias seguirán esforzándose en no caer, porque como lo creen firmemente, en esta pandemia está cada uno luchando por sus propios intereses, luchando por si mismo y por sus familias.
- Los barrios populares necesitan ser escuchados
Los barrios populares necesitan ser escuchados Isabella Garzón Alvarado Fecha: Las comunidades que los conforman requieren que, de cara a un desarrollo más equitativo, se les incluya en la planeación urbana, económica y cultural de las zonas que habitan. Lea también: Calle Larga: el dramático ejemplo de los barrios informales en Colombia Compartir Foto: Fotografía de Robin Javier de Pixabay. Shameel Thahirl Silva es un analista político, investigador, docente universitario, magister en Estudios políticos Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Colombia y actualmente se encuentra haciendo un doctorado en estudios políticos en la Universidad Externado. Sus investigaciones buscan comprender situaciones particulares de Bogotá, principalmente las que inciden en la cotidianidad de quienes habitan barrios populares que se encuentran en la media luna sur, lo que incluye a las localidades San Cristóbal, Ciudad Bolívar, Bosa, Kennedy, Fontibón, parte de Engativá, Rafael Uribe Uribe, Antonio Nariño y hasta Suba. “Creo que vale la pena aclarar que... técnicamente hablando hay por lo menos poco más de mil barrios en Bogotá. Y todos los barrios en cualquier ciudad tienen una historia social, política y económica. Es decir, los barrios no los definen desde arriba, sino que se van definiendo por las mismas personas que los van ocupando”, afirmó en entrevista con Unisabana Medios. ¿Cómo debería ser la relación de las alcaldías menores con cada una de sus localidades para garantizar que exista una adecuada movilidad para estas zonas? “Hace 20 años alguien definió que dos buses pegados hacían lo mismo que un metro subterráneo, Y ninguna ciudad en el mundo de este tamaño funciona bien sin tener como columna vertebral de su sistema de transporte, de movilidad, un sistema de metros, de líneas de metros. Entonces, hay decisiones que se toman en el pasado que, pues, estamos pagando en el presente”, explica. El profesor establece que, bajo su punto de vista, estaría de acuerdo en construir una Bogotá para los peatones, los cuales, son la mayoría de los ciudadanos. "Construir una ciudad para los carros implica construir una ciudad un poco más antidemocrática, porque los propietarios de automóviles en la ciudad no llegan a ser más del 20% de la población”, destaca. Esto va de la mano, dice, porque las personas que viven en barrios populares se movilizan hacia el norte de la capital para ir a sus trabajos, lo cual genera embotellamientos. “La prioridad deben ser peatones, ciclistas, motos y al final los carros. Ese debería ser el orden”. Sobre la seguridad de los barrios explicó: "Es importante establecer qué entendemos por seguridad. Si tú entiendes seguridad como más policías, más cámaras, pues nunca habrá suficientes policías y cámaras para una ciudad como esta... Y eso parte por entender la seguridad como un problema multifactorial. Es decir, la seguridad tiene que ver con la desigualdad social, las redes de criminalidad y como identificar no el eslabón más débil de la cadena, si no, el más fuerte, quienes se encuentran liderando las bandas de criminalidad”. Para que los habitantes de los barrios populares tengan voz, agenda y proyectos en las administraciones locales se requieren dos elementos, a juicio del profesor. “Lo primero que debemos establecer es que muchas de estas comunidades ya están asociadas y se han organizado de diversas maneras, dependiendo del barrio y de la zona. Es importante tener en cuenta que en Colombia existen espacios de participación ciudadana como los consejos de participación de la mujer, skate o de los jóvenes, pero muy pocos vinculantes en los cuales esa participación se traduzca la reunión ciudadana en políticas públicas”. “Lo segundo es desde mi punto de vista hace falta amarrar la participación ciudadana hacia decisiones vinculantes a mediano y largo plazo, el cual se puede acompañar con el presupuesto de la ciudad. El presupuesto de la ciudad ha aumentado para los proyectos que estas comunidades organizan y son apoyadas por las alcaldías menores o por la alcaldía mayor de Bogotá”, concluye.
- Un político con alma de artista
Un político con alma de artista Laura Valentina Cuevas Santamaría, Gabriela Fuentes Esguerra, Camila Andrea Marulanda Rivas, María Camila Riaño Pardo, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana. José Miguel Santamaría, edil de Chapinero, es el bogotano más joven con esa responsabilidad y todo un artista en sus tiempos libres. Conoce su historia. Ver también: Entre artistas y aerosol Compartir
- Usura detrás de las mochilas wayúu
Usura detrás de las mochilas wayúu Ashley Valentina Duarte Monroy, Paula Andrea Castro Leiva y María Alejandra Pérez Mora, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo. Danna y Marcionida son dos artesanas wayúu de La Guajira, que tejen mochilas para su sustento. Sin embargo, hacerlas les cuesta casi el 80% de su ganancia. Ver también: Compartir
- Pornografía, la droga del Siglo XXI
Andrés Cano da herramientas para evitar el consumo de esos contenidos por parte de los menores de edad. Pornografía, la droga del Siglo XXI Andrés Cano da herramientas para evitar el consumo de esos contenidos por parte de los menores de edad. Compartir
- ¿Cómo puedes prevenir el suicidio de un ser querido?
Entérate de cómo se prepara el país para retomar la celebración de el Día del Amor y la Amistad. Además, te contamos acerca de las transformaciones que tendrá el (ESMAD) con el nuevo gobierno. ¿Cómo puedes prevenir el suicidio de un ser querido? Luisa Fernanda Ardila Díaz, Andrea Carolina Duque Londoño, Daniel Fernando Clavijo Bolivar, Yuliana Cepeda Puentes , Cristian Moreno Garzón, Valentina Rodriguez Pinzón, Camila Jurado Cuartas, Silvia Gabriela Salas, Silvia Catalina Pinzón Meza, Diana Paola Rodriguez, Andrés Felipe Mora Martínez, Karen Valentina Correa Gómez, Juan Esteban Neira Aguirre, Valentina Maya Urrego, Laura Camila Hinojosa Urbina, María Lucía Castañeda Ballen, María Fernanda Pacheco Entérate de cómo se prepara el país para retomar la celebración de el Día del Amor y la Amistad. Además, te contamos acerca de las transformaciones que tendrá el (ESMAD) con el nuevo gobierno. Ver también: La realidad de la violencia sexual en Colombia Compartir
- Bajo los escombros de la vía al Llano
Bajo los escombros de la vía al Llano Daniela Cangrejo, Juliana Jiménez, Tatiana González, Isabela Granados, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Corficolombiana tiene a cargo dos de los proyectos viales más importantes del país: la Ruta del Sol y la vía al Llano. Ambos proyectos están en la palestra pública por múltiples irregularidades. Lea también: https://www.unisabanamedios.com/cacho-manga-101801107 Compartir Foto: test
- Crimen, castigo y ¿luego qué?
Crimen, castigo y ¿luego qué? Julián González Fecha: Recientes casos de justicia por mano propia generan una preocupación: ¿se resuelven los problemas de delincuencia a punta de palo? Lea también: Todos estamos en la obligación de hablar de salud mental Compartir Foto: Tomado de Envato Elements Finalizando enero de 2024, frente al centro comercial Salitre Plaza en Bogotá, llamó la atención el humo que despedía una moto en llamas. Circularon algunos videos en redes donde se veía a un presunto ladrón sentado en el piso, herido en la cabeza, junto a esa hoguera motorizada. Unos días antes, un joven de 19 años, en Soledad, Atlántico, fue pateado y golpeado con palos y piedras después de un presunto atraco. Llegó sin signos vitales a la clínica Adela de Char. La “paloterapia”, una manera burlesca de denominar a las agresiones grupales a delincuentes, se manifiesta reiteradamente en distintas ciudades de Colombia. No es complicado entender por qué la gente recurre a esto. La ineficiencia judicial representa un problema bien conocido en el país, y muchos crímenes quedan impunes por lo engorroso del proceso de generar una denuncia, además de lo tardado que resulta evacuarlas. La ley respalda la lentitud del proceso penal colombiano. Una vez se impone la denuncia y se crea la noticia criminal, la Fiscalía cuenta hasta con dos años para indagación e investigación antes de imputar cargos y llevar el caso a conocimiento de un juez penal. Los procesos siguientes se limitan por el vencimiento de términos, pero esto no desvincula a los procesados, sino que los deja en libertad el resto del proceso. No existe un límite específico para la duración de éste, pues se asume que el aparato judicial no puede garantizar una eficiencia por la enorme cantidad de procesos. Según datos de la Fiscalía, la proporción de noticias criminales por hurto mensuales durante el año pasado (es decir, los hurtos puestos en conocimiento de la Fiscalía) respecto a la ejecución de penas por ese delito nunca llegó al uno por ciento. Para años anteriores, las tasas más altas de ejecución de penas llegan al cinco o seis por ciento. Es decir que dichos procesos se quedan en otras etapas del proceso penal, como la etapa de indagación, en donde se registra mayor porcentaje según el total de noticias criminales. A pesar de crearse muchos procesos, muy pocos llegan a feliz término. Sin embargo, los constantes casos de golpizas y linchamientos a criminales no delatan solo un problema de ineficiencia judicial, sino una falla cultural en la concepción de la justicia. La justicia en Colombia parece concebirse como un proceso de venganza y humillación, más que uno de restauración y reinserción. Basta nada más revisar algunas de las interacciones en X respecto al reciente robo en Transmilenio a un joven deportista. Varios usuarios han compartido los rostros de los atracadores y dan aviso para que en caso de ser vistos se les “calibre”, “resocialice”, o algunos otros eufemismos de violencia. Aunque por la ira sembrada con este tipo de actos se deduce por qué hay inclinación a la violencia, y es consecuente con el sometimiento a la inseguridad sufrido por la población, el estado termina por contribuir a esta percepción, con su pésimo sistema judicial y carcelario y su incapacidad de rehabilitación de condenados. Debemos preguntarnos como sociedad qué tipo de justicia necesitamos. Desde la razón, no tanto desde el corazón. Si bien el objetivo de la captura de quienes infringen la ley es aislarlos preventivamente para que no sigan delinquiendo, no tiene sentido si no se busca que estas personas reingresen a la sociedad como buenos ciudadanos. Así, solo se está poniendo en pausa el crimen en potencia. Y para los casos de hurto, se trata de una pausa bien corta. El estado debe trabajar en modelos de educación y servicio social para los infractores, pero sobre todo garantizar oportunidades de una vida distinta a estos que ya han caído en malos caminos. Valdría la pena revisar algunos modelos existentes. En España, por ejemplo, el programa REINCORPORA ha logrado que tres de cada cuatro participantes se reintegren. Este modelo incluye la capacitación en labores solicitadas por el mercado, acercamiento personal para potenciar fortalezas y motivar a los presos a trabajar, trabajo social con la comunidad y prácticas en empresas. Puede que como colombianos este tipo de programas nos parezcan lejanos, mucho más planteando esto en un contexto en que la justicia por mano ciudadana resulta recurrente. El primer paso sería decidir si como sociedad estamos dispuestos a brindar estas oportunidades.
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