top of page

Resultados de búsqueda

Search this site

Se encontraron 1872 resultados sin ingresar un término de búsqueda

  • Misael Reyes Páez, un restaurador sin manual de instrucciones

    Misael Reyes Páez, un restaurador sin manual de instrucciones Laura Valentina Cuevas Santamaría, estudiante de Comunicación Social y Periodismo Fecha: Misael Reyes Páez, es hoy uno de los pocos restauradores de rocolas que quedan, un ejemplar único que resiste en medio de este mundo de obsolescencia programada. Lea también: ¿La fotografía análoga ha regresado o más bien nunca se fue? Compartir Foto: Hay quienes dicen que las melodías también son bienes producidos como mercancía, y si lo vemos así, Misael Reyes comercializa con la música. Tiene un local ubicado en Cajicá, que comparte con su esposa Blanca Aurora Galeano, y ahí, en las tardes, sale a comprar tinto con pan pera en la panadería de al lado. Ahí le oímos decir que “la música, si no hay quién la escuche, no significa nada” . De un mueble viejo pero bien conservado que tienen, se asoma, a todo volumen, un televisor pantalla plana donde ven el noticiero. Al fondo, huele a químicos y a cable quemado. Se escuchan las flotas que pasan al frente de la avenida. Y Juan Martín, de 11 años, cuenta que un día su abuelo le dio un chip con un alambre en espiral para ponerlo a prueba. En dos minutos aprendió, por primera vez, a soldar. En el barrio Las Cruces, en Bogotá, en el turno de las 8:00 a.m., Reyes trabajaba, con 17 años, como cartero en el Ministerio de Comunicaciones. Por su uniforme, sus amigos lo conocían como “el policía”. Ahora, con 81 años, Blanca le dice “el negro”. Blanca y el negro, como estos opuestos, se complementan. Ella cuenta que hay que repetirle todo varias veces para que escuche, porque los altos decibeles de ruido al arreglar rocolas le afectaron la audición. Aún así, don Misael, como también le dicen sus conocidos, prefiere escuchar, más que hablar. Recibe el sol en una silla de oficina de rodachines negra, afuera del local. Hace el crucigrama con sus gafas de aumento, mientras carga el celular que solo usa para recibir llamadas y jugar solitario. Tiene un aire a los personajes mexicanos de la época de oro: “a Cantinflas se parece mucho”, explica Blanca, “porque habla y se rasca la cabeza cuando no encuentra la palabra exacta que quiere usar”. Álvaro Rodríguez fue su primer maestro reparador de rocolas que Reyes conoció, un hombre que iba cargando maletines pesados llenos de destornilladores, lubricantes, cortafríos y llaves Brístol, y él lo observaba durante las reparaciones. Aprendió mirándolo. Y así comenzó su travesía en este oficio. Cali, Bucaramanga, Barranca, Medellín, La Guajira y Venezuela fueron de sus destinos favoritos. No pasaba más de un año en el mismo lugar. Era un “pataperro”, dice Blanca. Y en ese tiempo conoció a Jorge Rincón. “Si él puede atenderlo a uno y resolver problemas, lo hace” , dice Rincón sobre Reyes. “Tiene un carácter parejito, un restaurador impecable en sus trabajos en todo sentido de la palabra”. En su taller tiene cuadernos y notas con letra cursiva, y libros en inglés, aunque solo sabe español, como Wurlitzer Jukeboxes and other nice things, second edition . Wurlitzer, Seeburq, Ami, son de las marcas que reparó. Estas máquinas miden metro y medio; sin embargo, en los años treinta, como se lee en el libro Complete Identification Guide to the Wurlitzer Jukeboxes , había tocadiscos automáticos que no eran más grandes que las cajas registradoras, plantados junto a los mostradores, por la falta de espacio. Reyes estudió modelos y aprendió de tipos. Los monofónicos, que venían en acetato de diámetros distintos, tenían 45 o 78 revoluciones por minuto y contaban con selecciones que iban de las doce hasta las doscientas canciones. El segundo tipo, los estéreos, eran con CDs. Y hace menos de 20 años que llegaron los de computador, con pantalla. Negocio y rentabilidad de las rocolas Según el libro Made in Latin America: Studies in Popular Music, existen distintos tipos de música para la clase trabajadora y popular, y que se incluyen en todas las rocolas, pero entre ellas destacan las relacionadas con la embriaguez y el amor no correspondido. También se cuenta que durante la época de la ley seca, en los Estados Unidos de los años veinte, en las tabernas clandestinas, conocidas como speakeasy , instalaron por primera vez estas máquinas. Allí predominaban los clientes de raza negra, que las frecuentaban después del trabajo en los campos de yute del Sur, para escuchar, por un níquel, canciones de Billie Holliday y Louis Armstrong. En las emisoras de radio, todas ellas, eran propiedad de los blancos. Misael Reyes cuenta que aquí, cuando llegaba a las tabernas, le ofrecían cerveza. Pero él asegura que “el trago hace bestialidades”, y comenta que las rocolas, de hecho, disminuyeron las peleas entre los clientes: “Llegaban al lugar, elegían la canción y sí o sí respetaban el turno de acuerdo al orden que marcaba la rocola. Era práctico, le permitía al dueño del establecimiento ganar el 25% y a él, como restaurador, el 75%. Lograba ganancias de $400.000/$500.000 al mes”. Un legado para la posteridad Algunos de sus amigos –Baygón, Pelusa, Mellizo, Pote y Yerbabuena, como se llamaban entre ellos–, se han ido retirando del negocio, a excepción de José Renan Ballesteros, quien conoce a Misael desde hace 50 años y sigue en el negocio, igual que Reyes. Ballesteros cuenta que el trabajo de reparar rocolas ha disminuido desde hace diez años, porque ya casi no llegan rocolas. Pero el sector rockolero, como ellos lo llaman, ha cruzado esta y otras dificultades. Según la investigación La magia de la rockola: lenguajes e identidades de la música popular , este género musical se creía vinculado a la depresión. Pero los restauradores, paradójicamente, son personas alegres, vitales y hasta famosos, y su labor, más que reparar, ha sido conservar el valor sentimental y comercial detrás de cada una de estas máquinas. El deleite por su trabajo es lo que los une. Sienten verdadera pasión por devolver la pieza a su estado original, como dice Carlos Eduardo García, anticuario que trabaja en una tienda de antigüedades en Tabio. Es, de hecho, una profesión que se transmite de generación en generación. “Como los Rincón” , dice García: “A medida que van muriendo, sus descendientes se quedan con el negocio. Es una profesión hereditaria. Casi todas las familias lo continúan. Ven que el papá gana buena plata y entonces el hijo también quiere hacer su trabajo”. Junior, como le dice la familia al hijo de Misael Reyes, es un ejemplo. Lo acompañó todos estos años en el negocio arreglando y arrendando las rockolas a suizos, franceses y holandeses. Por cada rocola ganaban entre trescientos y ochocientos mil pesos colombianos. El considera que su padre ha preservado las rockolas para que futuras generaciones las conozcan: “Él le ha enseñado con infinita paciencia a muchas personas jóvenes cuando estaban empezando a trabajar y no sabían mayor cosa” . Y enseñar, además de reparar, es su forma de transmitir esa pasión que lo ha acompañado toda su vida. Misael Reyes se recuesta en su silla y cruza sus manos, como quien espera más preguntas, y cuenta que la última vez que arregló una rocola fue hace mes y medio en una casa en la 13 con calle 76, donde ahora usan el aparato como decoración. Hay nostalgia entre el gremio por la consolidación de la era digital también en lo musical, pero si se piensa dos veces, la música a la carta que consumimos hoy en plataformas como Spotify tiene su antecedente, precisamente, en las rockolas, donde también elegíamos las canciones y en qué orden escucharlas. El tiempo ha archivado dispositivos como el fonógrafo, los casetes, los walkmans y hasta los Ipods. Pero, a pesar de todo, en el mundo tendrían que acabarse las antigüedades para que no haya restauradores. Así sea por pura nostalgia del pasado, a las rockolas todavía les queda mucho por tocar.

  • Entrenadores en el automovilismo, “de los mejores”, según Lucas Medina

    Entrenadores en el automovilismo, “de los mejores”, según Lucas Medina Juan Andrés Serrano, estudiante de Comunicación Social y Periodismo Fecha: Previo al comienzo de la temporada competitiva en el Campionato Italiano Sport Prototipi, el prometedor piloto colombiano le contó Unisabana Medios su visión del presente y futuro del automovilismo colombiano. Lea también: La odisea de mantener el motor en marcha Compartir Foto: Cortesía: Conexión Capital Después de quedar subcampeón de la temporada pasada de la Formula 4 NACAM en México, el campeón más joven de las 6 horas de Bogotá, Lucas Medina, se estrena en el continente europeo en el Campionato Italiano Sport Prototipi, del cual empezará el próximo sábado 11 de junio. En esta entrevista, que ofreció el joven piloto colombiano de 18 años justo antes de que iniciara la temporada competitiva; habla sobre su visión sobre el presente y el futuro del automovilismo colombiano. ¿Hace cuánto empezó su preparación para la temporada competitiva? La pretemporada comenzó desde febrero con todo el tema de preparación física y psicológica. También me he apoyado mucho en los karts, en mi caso me ha ayudado a encontrar el estado físico perfecto, a preparar el cuello, los brazos y los reflejos. ¿Qué clase de apoyos económicos suelen recibir los pilotos colombianos para participar en competencias internacionales? Al principio no es fácil que a uno lo apoyen sin tener un historial base, que lo ayude a sustentar el porqué del apoyo. Pero para pilotos que ya llevan varios años corriendo, el gobierno les da un incentivo económico para competencias internacionales. Yo lo estoy recibiendo en el campeonato en el que estoy compitiendo actualmente (Campionato Italiano Sport Prototipi). ¿Que fue lo más difícil para poder ir a competir al Campionato Italiano Sport Prototipi en Italia? El tiempo y la parte económica. Siento que al tener la universidad encima y las competencias, por viaje y cambios de horario, ha sido muy difícil poder mantener todo en regla y cumplir con todo. En cuanto a la parte económica, es muy difícil vivir en Italia cuando el ingreso de mi familia es en pesos en su totalidad, pero gracias al apoyo de diferentes empresas colombianas y del gobierno, las cosas se han podido mantener con facilidad. ¿Quétan costoso puede llegar a ser el deporte del automovilismo? Puede ser de los deportes más caros que encontramos a nivel mundial. En Karts uno se puede gastar, en un nivel alto, competitivo, aproximadamente unos 250.000 USD al año. En el Kartismo uno dura entre 8 o 10 años como mínimo. Después, cuando se pasa al automovilismo Formula 4 o dependiendo de la categoría en la que quiera competir, uno se gasta desde 500.000 hasta 1 millón de dólares anuales; en Formula 3, pueden ser entre 1 y 1.5 millones de dólares; en Formula 2, entre 2 y 5 millones de dólares; y ya en Formula 1 es un presupuesto que seguramente ira acompañado de varios patrocinadores que apoyan la cifra de entrada a un equipo, que puede ser entre 10 y 15 millones de dólares. ¿Que cree usted que hace falta en Colombia para que el automovilismo se desarrolle y crezca a nivel exponencial? Yo creo que a Colombia le hace falta mucho el apoyo en cuanto a las carreras. Hay muy pocas empresas colombianas que están dispuestas a apoyar el potencial que tenemos los pilotos acá. A pesar de las pocas pistas y de los pocos sitios de entrenamiento los pilotos colombianos son muy buenos y prueba de ello son los resultados que hemos conseguido en las competencias internacionales. A lo largo del tiempo nos ha ido muy bien. Así que lo que yo creo que falta es eso, que se den cuenta de nuestro potencial, que nos apoyen y que nos impulsen a llegar más alto. ¿Cuál es el nivel de los sitios de entrenamiento en Colombia, y de los entrenadores y mecánicos, con respecto a otros países de la región? En cuanto a los entrenadores son lo mejor que tiene el automovilismo colombiano. Yo también soy un entrenador psicológico para ayudar a la gente a conseguir sus propios objetivos. Yo creo que los entrenadores y mecánicos estamos muy bien preparados. Los mecánicos colombianos viajan muchos USA o Europa y tienen mucha experiencia y conocimiento. Una muestra de esto son los excelentes staff que han podido tener pilotos colombianos de talla mundial como Juan Pablo Montoya y Tatiana Calderón. ¿Cuál es el nivel de los pilotos colombianos en comparación con los de los demás países de la región? Solo en el tema de las pistas ellos nos sacan una diferencia abismal, pero en cuanto a los otros temas, Colombia es muy fuerte y se ha destacado tanto que su nombre en el automovilismo está en un lugar muy alto. ¿Cómo podría contribuir el cubrimiento mediático para aumentar la audiencia de este deporte en el país? El TC2000 es un buen ejemplo. Lo último que han hecho con su impacto en redes ha sido excelente para su crecimiento. Yo creo que si se da un cubrimiento masivo de medios de comunicación eso ayudaría a que a la competencia entre mucho más dinero y eso se refleja en el pago para nosotros, lo cual sería increíble pues el nivel crece, tanto en el contexto nacional como en el internacional. ¿Cuáles son sus metas deportivas en este 2022? Obviamente mi primera meta es terminar el TC2000 en Colombia. Comenzar el otro fin de semana el Campionato Italiano Sport Prototipi y salir victorioso, sería muy importante para el país y para mi carrera. Tengo unas pruebas para poder disputar Formula 3 en mitad y final de año, sería muy importante tener buenos resultados. Estoy invitado para correr en la EuroSeries y sería genial poderla ganar. Para finalizar, cuénteme su opinión sobre las recientes conversaciones entre Jaime Pumarejo (alcalde de Barranquilla), Iván Duque (presidente de Colombia) y Stefano Domenicalli (presidente de la FIA) sobre la posibilidad de realizar un Gran Premio de la Fórmula 1 en Barranquilla. Yo lo veo viable siempre y cuando una empresa privada colombiana gestione todo el tema. Siempre que haya una empresa privada de por medio la posibilidad va a ser muy latente, y sería grandioso poder tener un GP de la Formula 1 en Colombia. Si esto se llega a concretar podría ser el catalizador que lleve a Colombia a ser uno de los países más importantes del mundo en este deporte.

  • El deporte paralímpico colombiano, considerado potencia mundial

    El deporte paralímpico colombiano, considerado potencia mundial Maria Camila Poveda Trujillo Fecha: Estos juegos han evolucionado con los años y, aunque enfrentan ciertos desafíos, se han convertido en un motor de inclusión y superación para muchos atletas. Lea también: La vida, un camino y las ruedas Compartir Foto: Anna Stills vía Canva Education El sonido del cronómetro se apaga y la multitud estalla en aplausos. La camiseta tricolor representa un país, una esperanza y un mensaje de resiliencia. Una sonrisa de oreja a oreja cruza la meta. Es un momento de satisfacción por el esfuerzo y la superación, un instante que les recuerda a todos que no importa tener una prótesis en la pierna cuando el deseo de correr es más grande que las dificultades. Teodicelo Fajardo fue comandante de la segunda escuadra del Ejército Nacional. Con lo que no contaba era que un día de abril del 2009, realizando su registro y control militar correspondiente junto a otros 19 soldados, fue sorprendido por un campo minado en las selvas del departamento del Meta y, desafortunadamente, perdió la pierna. Tras años de jornada intensiva de terapias, el atletismo le golpeó a la puerta para darle un nuevo camino por recorrer, con altibajos y retos, pero lleno de triunfos y aprendizajes. “Después de mi accidente sentía que se me acababa la vida, que se me venía el mundo encima, pero ver a dos soldados que estaban en las mismas o peores condiciones que las mías, me inspiró, me cambió el chip”, mencionó. Algunos los llaman súperhumanos, porque son aquellos que se movilizan en un vehículo de dos ruedas, tienen alguna extremidad elaborada de aluminio, titanio, fibra de carbono, o alguna condición médica que los muestra diferentes físicamente, pero, realmente, son personas como otras, que sienten, con familia y para quienes el deporte ha sido su forma de salir adelante, su manera de vivir. Estos hombres y mujeres son practicantes del deporte paralímpico, que adapta las reglas y los materiales de distintas disciplinas para personas con discapacidades físicas, sensoriales o intelectuales. Su objetivo principal es brindarles la oportunidad de participar en competiciones deportivas de alto nivel y promover la igualdad y la inclusión. En Colombia hay bastantes atletas, medallistas en justas internacionales, pero el camino al deporte de alto rendimiento es largo y, al igual que en el convencional, conlleva grandes esfuerzos. Muchos, al no verlo como opción de vida por falta de apoyo o recursos, se retiran y deciden enfocarse en otros sectores económicos de la sociedad, ya que deben cumplir con obligaciones en el hogar. “Si entrenamos para lograr el podio y un reconocimiento, no podemos trabajar, y si trabajamos, no podemos entrenar y difícilmente logramos tener un incentivo”, afirma Fajardo, quien ahora es un paratleta de alto rendimiento. Teodicelo Fajardo recuerda el día de su accidente y, con una mirada perdida y las voces de sus hijas al fondo diciéndole ‘papá’, empieza a compartir las siguientes palabras: “Mi esposa y mis hijas son el motor de mi vida. Ellas me impulsaron a seguir adelante y ser ganador. Ella dice que, si gano, todos lo haremos, porque somos un hogar y yo tengo que sacarlo adelante”. Deporte paralímpico en Colombia A pesar de que los Juegos Paralímpicos, el evento más reconocido del deporte adaptado, se originaron en 1948, cuando se celebraron en Stoke Mandeville, Inglaterra, como un evento deportivo para veteranos de la Segunda Guerra Mundial con discapacidades, sólo a partir de 1968 en Colombia comenzó a hablarse de la discapacidad y a tenerse en cuenta el deporte como un mecanismo de rehabilitación, y hasta 2001 se formó el Comité Paralímpico Colombiano. Desde entonces, estas justas crecen y se han convertido en un evento deportivo internacional de gran envergadura que invita a potenciar el deporte internacional, que genere oportunidad y que, al igual que el deporte convencional, pueda ser apoyado por las entidades gubernamentales y no gubernamentales. Sin embargo, en el país se modificó una ley preexistente en el sector paralímpico, la 1946 del 2019, convoca a que el deporte paralímpico se organice con la estructura internacional. Mónica Trujillo, hoy presidente de la Liga de Paratletismo de Cundinamarca, dice que la aplicación de esta ley se encuentra en subdivisiones con una ordenanza especial, nacional e internacional, para generar una mejor organización en los diferentes deportes. Esta parte de la organización se desprende de los comités internacionales que, dependiendo del país, pasa a los comités nacionales, federaciones, ligas y clubes, debido a que se dieron cuenta de que, de acuerdo con las habilidades y facultades físicas y mentales del deportista, se debían subdividir para que el proceso de entrenamiento y especialidad del deporte fuera más efectivo. En Colombia hasta ahora se están constituyendo las ligas y federaciones que permitan un mejor direccionamiento a las políticas de los deportes paralímpicos. “El actual gobierno le está apostando mucho a la equidad e igualdad, incluyendo a las personas en condición de discapacidad en su plan de desarrollo. Sin embargo, muchas veces ocurre que los recursos económicos destinados para el deporte se usan en el área administrativa, con algunos cargos innecesarios, y para el apoyo a los deportistas queda muy poco”, señaló Trujillo. En abril de este año se desató una crisis económica en el Ministerio del Deporte debido al cambio y las divisiones de responsabilidades en la contratación y pagos, lo que afectó a muchos atletas del país que están proyectados para los Olímpicos de París 2024. Juan David Esquivel, profesional en ciencias del deporte y metodólogo de rendimiento paralímpico en el Ministerio del Deporte, dijo que efectivamente se generaron procesos de demora en la contratación o en la firma de los convenios integrativos con las federaciones, lo que obligó a gestionar el proceso de la participación de algunos eventos internacionales con recursos propios. Sin embargo, “se plantea una modificación estructural para los eventos internacionales de tal forma que no se sigan afectando los procesos ni las competencias”, concluyó. Fajardo, por su parte, dice: “Aunque he tenido apoyo del departamento en los últimos años, a veces parece que no hay buena organización gubernamental. Si hay 70 deportistas fichados para competencias internacionales, solo 30 son seleccionados. ¿Y el resto? Muchas veces deben costearlo con sus propios recursos, aunque no los tengan, pero deben buscarlos para que los tengan en cuenta”. Propuestas y apoyos Así como en el deporte convencional hay una selección detallada para el reconocimiento de sus logros, a lo largo del tiempo se ha venido cambiando la estructura del imaginario de que el talento se trabajaba en edades avanzadas. “Ya se está empezando a trabajar en más fomento del deporte para personas con discapacidad en edades tempranas, por lo que se está articulando este proceso con las federaciones de acuerdo con la Ley 1946 del 2019”, expresó Juan David Esquivel. Aunque en Cundinamarca tienen planes estrella para que en las que las nuevas federaciones trabajen en promocionar el deporte en edades tempranas. Lo cual, permite generar un proceso de desarrollo deportivo como lo tiene el sector olímpico para obtener altos logros y mejor rendimiento deportivo. Muchos atletas adultos que están terminado su carrera dejan de recibir el apoyo. “A veces se tiene más en cuenta a los jóvenes que a los viejos. Cuando nosotros realmente ya no tenemos oportunidad por el tiempo, y eso desmotiva, no hay incentivos”, determina Teodicelo Fajardo. Trujillo reconoce que efectivamente, después de cierta edad, los atletas no pueden seguir participando en algunas competencias. Sin embargo, como punto de partida, se están entablando diálogos para establecer y constituir el Comité de Paratletas Master, y no dejar que la edad sea un impedimento para seguir trayendo grandes logros para el país. Retos y desafíos actuales A pesar de los avances en la inversión en el deporte paralímpico, aún existe una necesidad significativa de financiamiento adicional para apoyar a los atletas, proporcionar entrenamiento de calidad y respaldar la participación en competiciones internacionales. La financiación para el deporte paralímpico tiende a ser desigual en comparación con el deporte convencional. “Garantizar un equilibrio adecuado en la distribución de recursos es un reto clave, porque, aunque por ley y cláusulas está establecido que los recursos son equitativos, esto muchas veces no parece ser así. Se debe procurar hacer un adecuado manejo”, comentó Mónica Trujillo. Además, deben empezar a generarse procesos de formación y continuidad. Teodicelo expresa que “ser deportista de alto rendimiento es un proceso de cuatro, cinco u ocho años y, para que se pueda ganar en los juegos paranacionales, es importante la conciencia y visibilidad de los atletas paralímpicos y la importancia del deporte como alternativa de vida”. Para ello, se requiere una legislación y políticas deportivas inclusivas que respalden y promuevan activamente el deporte paralímpico en Colombia, garantizando igualdad de oportunidades y recursos, los cuales, según Esquivel, están en el proceso, y aunque hay falencias y mejoras, hay un camino por recorrer para seguir desarrollando estos espacios en el país. Proyección Según los expertos, se espera que la implementación de la Ley 1946 del 2019 se fortalezca el orden administrativo y siga apoyando el orden técnico con los convenios interamericanos, que se firman con las distintas federaciones consolidadas. “Sería bueno mejorar el medallero y mantener el proceso de consolidación del deporte paralímpico, para que siga creciendo y se pueda hacer un seguimiento mucho más específico que permitirá seguir consolidándose como potencia en la región y el mundo en algunos deportes”, concluyó Esquivel.

  • Así sobreviví al atentado de las Torres Gemelas

    Así sobreviví al atentado de las Torres Gemelas Laura Daniela Zambrano, Comunicación Social y Periodismo Fecha: La historia de una colombiana que sobrevivió, hace 20 años, al peor atentado terrorista contra los Estados Unidos. Lea también: Los testigos de la tragedia de Beirut Compartir Foto: Web - En ese trágico evento, se contaron 2.996 muertos, incluyendo a los terroristas, que fueron quienes tomaron control de los aviones Boeing 757 de American Airlines y el que impactó en la torre sur de United Airlines. Esta es la historia de una colombiana que logró sobrevivir. Eran las 8:00 a. m. del 11 de septiembre de 2001, una jornada que está grabada con sangre en los anales de la historia mundial. Juliana Peláez, una colombiana que pasaba un fin de semana fuera de su hogar, tenía que llegar a una conferencia laboral en el piso 54 de la torre norte de las famosas Torres Gemelas, una de las insignias de la Capital del Mundo y a las que en ese momento les quedan muy pocas horas en pie. Al llegar al lobby, subió con un grupo de 13 personas. “Era un cuarto circular con ventanas en frente y atrás y con mesas que tenían comida, fue ahí cuando empezamos a sentir que la torre tembló”, recuerda. Para ella esto no era normal, ya que tenía claro que en Nueva York no se presentaban movimientos telúricos. Entonces se acercó a una de las ventanas para ver cómo caían bolas de fuego y papeles de la parte alta de la torre en la que ella se encontraba. El vuelo 11 de American Airlines había impactado en los pisos de arriba a las 8:46 de la mañana. La evacuación fue inmediata. Las personas que trabajan allí sabían qué hacer en estos casos y empezaron a movilizar a las personas rápidamente por las escaleras. “Llamé a mi novio y él me dijo: ‘por favor, sigamos en la llamada hasta que ya no podamos hablar más’. Entonces empezó a bajar todo el humo”, relata Juliana, quien recuerda que, 18 minutos después, sintió el impacto de la segunda aeronave. Era el vuelo 175 de United Airlines estrellándose contra la otra torre en los pisos 77 al 85. Juliana comenta que con ella había una mujer que la acompañaba desde que ingresó a la conferencia, a la cual le repetía que por favor rezaran. “Yo así no quiero morir, no quiero morir completamente sepultada por una torre, de cualquier otra manera, pero así no”, pensaba Juliana en ese momento. “También veía cómo los bomberos subían, pero todos sabemos que no volvieron a bajar. Fue una de las peores cosas que vi ese día porque eran muy jóvenes, tenían todos sus equipos puestos subiendo para rescatar gente”, relata. Una hora después de ser embestida la torre sur, Juliana apenas estaba saliendo de la torre norte. “Cuando salí, miré hacia arriba y vi que las torres ardían y también miré a mi alrededor y vi los cuerpos de las personas que se habían lanzado de los pisos superiores”, recuerda con horror. Su estado de shock no la dejaba procesar todo lo que estaba viviendo. Los policías los llevaron rápidamente por una calle estrecha. Al cabo de 10 minutos de haber salido, la torre sur se desmoronó completamente. “No se veía ni siquiera el sol”, añade. En esos momentos solamente corrieron hacia una oficina en la cual se quedaron más de 20 minutos. Estaba cubierta completamente de polvo de asbesto, ya que fue el material utilizado para construir las torres en 1973. Se trata de un componente sumamente tóxico. Para este momento las calles estaban llenas de un peligroso cóctel de partículas altamente alcalinas del concreto pulverizado. Al salir del lugar, se dirigieron hacía Brooklyn, pero el puente de Brooklyn estaba lleno de personas. “En ese momento empecé a asimilar el pánico, quería salir ya de ahí, miré hacia arriba y todos los puentes estaban custodiados por aviones militares que sobrevolaban muy bajo” , recuerda Juliana. Ya en ese momento todo era una pesadilla para ella. Todo parecía un escenario de guerra, por las maniobras que hacían esos aviones para cuidar los puentes de posibles bombas o nuevos ataques. Finalmente, Juliana y el grupo de personas con las que ella estaba cruzaron el puente de Manhattan, se resguardaron en una iglesia en Brooklyn en la cual había un puesto de ayuda de la Cruz Roja. Fue entonces cuando contactó a sus familiares y a su jefe. Un compañero la recogió en la iglesia y la llevó a su apartamento. “Fue entonces cuando ya me di cuenta de todo lo que había pasado. Sentí pánico pues antes estaba en shock”. Aquí finalizó para Juliana Peláez su carrera por sobrevivir a uno de los peores atentados terroristas de la historia. Por supuesto, su mente y cuerpo quedaron con secuelas. Durante 2 años sufrió estrés post traumático, puesto que no podía entrar a un centro comercial siquiera. Los lugares llenos de gente le daban terror y la cantidad de asbesto que las personas inhalaron en la caída de las torres trajeron problemas respiratorios, que padeció durante varios años. Juliana añade con lágrimas en sus ojos que desde ese día no cree en la suerte. “Yo creo que todo pasa por algo. La culpa por haber sobrevivido a algo así siempre está conmigo”, explica. Hoy en día Juliana Peláez es una sobreviviente latinoamericana del 9/11, y está casada con el hombre con quien hablaba por el teléfono mientras que baja las escaleras de la torre norte a pocos minutos de ser derrumbada. Al menos en ese sentido, esta es una historia con final feliz.

  • Juan Pablo Montoya: pasar el testigo

    Juan Pablo Montoya: pasar el testigo Nicolás Cruz y Valentina Plata, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo Fecha: Hace 20 años del debut de Juan Pablo Montoya en la Fórmula 1 y ahora, en el ocaso de su carrera, le pasa el testigo a su hijo, nueva promesa del automovilismo.   Lea también: La gran carrera de 'Tatán' Compartir Foto: Bryce Womeldurf | Flickr Una mañana de lluvia, en la costa de Sao Paulo sobre el Atlántico, un hombre camina en los pits con la soberbia de un león que atraviesa la sabana africana. Respira profundo. No baja la guardia ante gritos y miradas. Más bien se alimenta de la multitud como si estuviera en el circo romano. Mantiene la calma. Es como un tigre siberiano que acecha a su presa. Entre él y su máquina hay una ruta de un solo sentido y su norte permanece intacto. Su concentración no se debe a nervios o temores por la carrera que se avecina: camina como lo hace un macho beta que busca derrocar a su alfa. Los otros corredores sí parecen nerviosos. Es 1 de abril de 2001 en el Gran Premio de Brasil. A ningún otro piloto le importa tanto, esa mañana, vencer a Michael Schumacher, como a Juan Pablo Montoya. Es la tercera vuelta. El colombiano persigue de cerca al Ferrari del alemán. Llega la primera curva. Montoya hace una maniobra por el interior. Y como cuenta Germán Mejía, presentador y periodista de la Fórmula 1 para Latinoamérica: “le hizo un sobrepaso, en lluvia, que nadie pensaba que podía lograr” . Esa fue la carta de presentación del novato colombiano en su carrera como piloto de la Fórmula 1. Dos años y una temporada más tarde, Montoya aún no tenía victorias, pero ya no era un principiante. Es 1 de junio de 2003 en el Gran Premio de Mónaco y el colombiano se prepara en su Williams-BMW, un vehículo que representa el epítome de la ingeniería automotriz alemana, como el Ferrari de los italianos. Una bestia en la pista, con un motor V10 capaz de producir poco menos de 1.000 caballos de fuerza y alcanzar velocidades por encima de los 320 km/h o, en otras palabras, una velocidad equivalente a atravesar un campo de fútbol americano, de 110 metros, en un solo segundo. En esa carrera, Montoya arrancó desde la tercera posición. Y más abajo, en la quinta, Michael Schumacher. Durante las primeras vueltas, el colombiano se quedó rezagado por el caucho quemado de las ruedas Michelin del FW25. Vuelta 31. Tras dos entradas a pits, los Williams-BMW muerden el polvo, mientras que el Ferrari de Schumacher galopa con el brío del Cavallino Rampante, y va a la cabeza. Vuelta 70. A solo 8 de terminar, Montoya recupera el liderazgo de la carrera, pero Schumacher y el finlandés Kimi Räikkönen, como dos guepardos experimentados que persiguen una gacela, lo siguen de cerca. Desde la cabina de comando le advierten a Montoya del desgaste en las ruedas. “Tómatelo con calma, amigo, tómatelo con calma” , le dice Frank Williams, jefe de la escudería, recordando el incidente en el Gran Premio de Austria, ese mismo año, en donde las ruedas le jugaron una mala pasada al colombiano y lo dejaron por fuera de la pista. Última vuelta. Montoya sigue liderando la carrera, seguido del finlandés y el alemán. Mantiene la alerta en el retrovisor y va con algo más de cuidado en las curvas. Se le acerca Räikkönen. Intenta una maniobra. Pero Montoya la evade, lo da todo. Es la última curva. Y Montoya, por una diferencia de 0.602 milésimas de segundo, gana la primera posición. Ese es el tiempo que una persona tarda en parpadear... Y así, luego de dos años tratando de derrotar a su macho alfa, Montoya, el macho beta, gana su primera carrera. El camino a la gloria La historia para Juan Pablo Montoya comienza con un padre que le heredó el combustible de alto octanaje que se dice que corre por sus venas. En 1948, Pablo Montoya –le heredó también el nombre– encontraba su pasión un mes después de su cuarto cumpleaños. Era 6 de noviembre en Bogotá. Se avecinaba la 12 etapa del Gran Premio de la América del Sur - Turismo de Carretera . Era el renacimiento del automovilismo deportivo en Colombia, después de la Segunda Guerra Mundial, una contienda automovilística que reunía 117 pilotos argentinos, 7 chilenos, 5 bolivianos, 5 peruanos, 3 venezolanos, un italiano, un portugués y un uruguayo para recorrer, en un lapso de 14 días, una distancia de 15,000 kilómetros. Un trayecto equivalente a un vuelo directo desde Delhi, en la India, hasta San Francisco, en Estados Unidos. Era medio día en la capital de Colombia. Y el pequeño Pablo estaba ansioso por ver el paso de 56 de los 140 autos que habían salido de Buenos Aires 8 días antes. A lo lejos se empezaba a escuchar el retumbar de los motores V8. El sonido era cada vez menos distante. Un sonido ronco, violento, masculino, inconfundible. Junto a esa banda sonora, una nube de polvo avanzaba también a gran velocidad en la distancia. Y se acercaba. Y Domingo Marimón, apodado “El Toscanito”, en su Chevrolet Master, voló primero sobre la grava. Se escabulló entre las curvas a toda velocidad. A esta altura, lideraba la carrera. Y en un instante, con una maniobra agresiva, salió de la curva a la recta donde 150,000 espectadores registrados por la Alcaldía Municipal de Bogotá, lo observan. Pero alguien en particular lo hacía con especial atención: “Ese día quedé flechado y fue mi primer contacto con el automovilismo” , cuenta Pablo Montoya, y ese noviembre de 1948 no solo cambió la vida de un niño en Bogotá, sino la historia de los pilotos de carreras en el país. Los años pasaron. Los carros de juguete de Pablo se convirtieron en Karts, con motores de 125 centímetros cúbicos, mini bestias rodantes de 40 caballos de fuerza, capaces de girar hasta unas 18,000 revoluciones por minuto. Las salidas al parque fueron reemplazadas por campeonatos de kartismo en categorías internacionales. Y así como su padre lo hizo con él, Pablo lo hizo de exactamente de la misma manera con Juan Pablo, su hijo. “Desde muy pronto empezaron a trabajar juntos. Pablo, papá, guió toda su carrera. Hizo hasta lo imposible económicamente para poder apoyarlo y siempre han sido muy unidos” , cuenta Santiago Echevarría, actual presidente de la Federación Colombiana de Automovilismo. La afición de su padre a las carreras y a la velocidad alcanzan más a Juan Pablo Montoya que la moda de los pantalones rotos y la música pop en auge en la década de los 90. Las carreras reúnen al padre y al hijo, pero en el verano de 1992, en la pista, ya ninguno de los dos es espectador. Se corre en Neiva, Colombia, el Campeonato Mundial de Karting Junior. El clima es húmedo y la temperatura, por encima de los 30 grados. El aire es pesado. Suena la bocina. “Pilotos a la grilla” , se le oye decir al supervisor de pista en medio de la estática del megáfono. Empieza la etapa de clasificación. Y se enfrentan padre contra hijo. “Llegamos a Neiva. Yo hice la pole y Juan Pablo quedó segundo” , cuenta Pablo. Culminadas las clasificatorias, Pablo Montoya arranca en la primera fila, seguido de cerca por su hijo. Tras una recta de 300 metros, entraron en la primera curva. Juan Pablo hace una movida arriesgada. Confía en el agarre del carro. Presiona el acelerador. Y a 10.000 rpm y casi 70 km/h, rebaza a su padre. Desde el auto con el número 58, Pablo Montoya, con orgullo, observa cómo su hijo toma la delantera y se desvanece en la distancia. “Yo dije: ‘hasta aquí llegó mi carrera. Voy a hacer todo lo posible para que Juan Pablo llegue a la Fórmula 1” , contó. Y entre pilotos, sin saberlo, repitieron la historia de Pablo Picasso y su padre, José Ruiz, que en vista de las excepcionales habilidades de su hijo con el pincel, decidió pasarle el testigo. Según cuenta también Santiago Echevarría, Pablo Montoya sobrepasó varios extremos con tal de apoyar a su hijo, desde pagarle un costoso pasaje a la boda de Peter Argentzinger, su instructor en el Campeonato Barber Saab, hasta hipotecar la casa con un leasing. También en 1994, en la final de temporada y época de testing para la escudería Vauxhall Lotus de la Fórmula 3, viajaron juntos al Reino Unido apostándolo todo a la carrera de Juan Pablo. El encuentro fue en la pista Donington Park Circuit. Y entre los nervios y la adrenalina, la joven promesa colombiana del automovilismo lo dio todo tras el volante del fórmula 3. “Su hijo es un piloto extraordinario”, le dijo a Pablo el encargado, un tipo serio, poco amable y que no acostumbraba decir esas cosas. Luego, le estrechó la mano. A los pocos días recibieron un fax de parte de Paul Stewart Racing, equipo del hijo de la leyenda del automovilismo Jackie Stewart. Juan Pablo Montoya fue escogido como el segundo asiento de la escudería británica. Pero entre el novato y su entrada a la Fórmula 3 se interponían 70,000 libras esterlinas y un plazo de ocho días para pagarlas. Decidido a todo por el futuro de su hijo, Pablo Montoya hipotecó su casa por un monto de 140,000 dólares. Y fue así como Juan Pablo Montoya pudo hacer su entrada al automovilismo de alta categoría. Ese fue su ascenso. Su padre sabía que no lo defraudaría. Montoya: lo que fue y lo que proyecta Lo apostaron todo… Y ganaron. Aunque fue lenta la carrera hacia la cima. Juan Pablo Montoya alcanzó la Fórmula 1 en 2001, muchos años después de puesta en juego la casa para pagar esas libras esterlinas. Pero logró convertirse en uno de los mejores 20 pilotos del mundo, al lado de Mika Häkkinen, Jacques Villeneuve, Jenson Button, Kimi Räikkönen y Fernando Alonso. Entre 2001 y 2006, corrió cuatro temporadas para la escudería Williams-BMW, y las dos últimas para Mercedes McLaren. En este tiempo consiguió arrebatarle al gran campeón, Michael Schumacher, un total de 7 victorias y 13 pole positions. Se subió 30 veces al podio. Y para verlo en perspectiva, más de la mitad de los pilotos que hoy forman parte del Campeonato Mundial de la Fórmula 1 no han podido conseguir ni su primera victoria, ni una pole o podio dentro del campeonato, de acuerdo con cifras de la Federación Internacional de Automovilismo . Lo de Montoya, queda claro, fue realmente único. Quienes hablan de Montoya como piloto suelen usar, casi siempre, la palabra ‘agresivo’. Dicen que ahí radica la esencia de su éxito. “Le tengo mucho respeto a Montoya”, dice George Russell, actual piloto del Campeonato Mundial de Fórmula 1 que creció viendo correr al colombiano. “Pienso que es un piloto muy agresivo que siempre dio el 120% en la pista” . Gracias a su estilo de manejo, arriesgado y extremo, pudo conseguir grandes hazañas detrás del volante. Pero en otras ocasiones el resultado no era el esperado. El casi fatídico sobrepaso a Michael Schumacher en el Gran Premio de Brasil en 2001 es prueba de ello, cuando los dos pilotos, en un duelo por liderar la carrera, casi colapsan. Y eso mismo sucedió varias veces en el Gran Premio de Estados Unidos, en el Gran Premio de Austria, en el Gran Premio de Australia. “Siempre estuvo en una montaña rusa de emociones”, dice Ron Dennis, expresidente ejecutivo de la escudería Mercedes McLaren : “Estoy bastante seguro de que, si hubiera podido controlarlas y encaminar su pasión hacia una visión más positiva, habría podido tener una gran carrera en la Fórmula 1” . Pero además de agresivo, los otros términos que más se usan para hablar de Montoya son engreído, creído o soberbio. Y todo porque un día, a mediodía en un restaurante, puso en espera a un fan para firmarle un autógrafo. Estaba comiendo con su esposa y le dijo al aficionado: “espere a que termine de comer” . Y no era la primera vez que tenía un gesto así con un fan. Que le exigiera a sus seguidores respetar los espacios cuando le exigían una firma o una foto le ganó la antipatía de muchos en Colombia y el mundo . Los medios de comunicación, tras ese escándalo, se sumaron a las críticas. Y hoy Montoya asegura que por eso no se siente cómodo dando entrevistas. “El gomelo antipático” , suelen llamarlo, pero el presidente de la Federación Colombiana de Automovilismo insiste en defenderlo: “Es más bien una persona muy sincera, muy directa. Dice las cosas como son. Yo creo que somos más los seguidores y los que admiramos a este gran piloto, a la gran persona que es Juan Pablo Montoya, que los que lo difaman” , afirma Echevarría. Volver a pasar el testigo La mañana de lluvia del 2001 en el Gran Premio de Brasil en la que Montoya, macho Beta, perseguía al macho alfa, estuvo a punto de entrar en los libros de historia del automovilismo. Era su debut y, tras dos vueltas, era líder de la carrera. Pero tan rápido como su cavallino, Michael Schumacher lo despertó del sueño. Pero desde ese día el colombiano siempre encontró la manera de convertirse en la ‘piedrita en el zapato’ del alemán. En Sao Paulo todavía le faltaba mucho aprendizaje. Pero Santiago Echeverría lo explica: “Tener un rival tan grande como Michael Schumacher lo animó. Nunca se doblegó, aunque Schumacher tuviera la reputación que tuviera” . Nunca le cedió el paso, pero finalmente no logró contener al número uno. Se dice que Montoya luchaba todos los días por ese sueño. Y sí, había pilotos mejores, que no arriesgaban tanto y eran emocionalmente más estables. Pero en los pasillos de la Fórmula 1, el eco de las voces repetía que no había ningún corredor tan cómodo al límite de los monoplaza como Juan Pablo Montoya. “Toda su carrera Montoya tuvo grandes rivales en el Automovilismo. Tanto en la Fórmula 1 como en la Indycar y en la NASCAR. Él, al ser tan ágil, tan luchador, tan guerrero en la pista, siempre se encontró con rivales en cada una de las modalidades” , comenta Echavarría. Hoy han pasado casi 16 años desde la salida de Juan Pablo Montoya de la Fórmula 1. Pero en todo este tiempo no ha dejado de correr, ahora en la IndyCar Series desde 2014. Y con 45 años, se prepara para volver a pasar el testigo. Porque el apellido Montoya seguirá dando de qué hablar una generación más, en las pistas alrededor del mundo y los circuitos más famosos. El turno ahora es para Sebastián Montoya que, de la mano de su padre, inicia su carrera y, con ella, una nueva página se empieza a escribir en el automovilismo colombiano. Tiene 16 años, y carga el peso de la dinastía Montoya sobre sus hombros. Un abuelo campeón en kartismo, un papá campeón en Fórmula 1 y, él, para estar a la altura, ya es campeón en la Fórmula 4, con uno de los equipos más poderosos de esta categoría, el Prema Powerteam. Todos los días entrena en simulador y en campo abierto. Y Juan Pablo Montoya sigue de cerca a su hijo, tal como lo hacía su padre cuando él era novato. “Me gusta mucho ser su hijo, es una herramienta más que tengo” , ha contado Sebastián Montoya en múltiples entrevistas . Pero asegura que es difícil, ya que “todos esperan lo mismo e incluso más de lo que logró mi padre”. Y él, ya no tan novato, todos los días avanza: hoy, con 118 puntos, ocupa el tercer puesto de la tabla en su segunda temporada en la F4 italiana. Porque Sebastián sueña con estar a la altura de su padre y poder seguir sus pasos:“Quiero competir en la Fórmula 1” , ha dicho en varias oportunidades. Y esto podría hacerse realidad más temprano que tarde. Durante todo el 2021 ha estado en contacto con los programas de jóvenes pilotos de Fórmula 1. Según Juan Pablo Clopatofsky, piloto profesional del automovilismo colombiano, “Él seguirá el legado Montoya […] Pero ¿puede suplantar a su padre? Eso es imposible. La comparación con Montoya nunca la va a tener nadie. Ojalá llegue un piloto con esa capacidad y esa cantidad de triunfos, pero no es fácil”. Pero Echavarría piensa distinto: “Lo vamos a tener muy pronto en los puestos número 1. Sebastián nos va a representar muy bien y es la nueva sangre del automovilismo colombiano”. Y así se cerrará el ciclo. Como Picasso y Ruíz, Montoya, Montoya y Montoya. El testigo pasa. “En el arte hay que matar al padre” , como también sentenció en su día el gran pintor del Guernica, también llamado Pablo.

  • Unisabana Medios | Audios

    Abuelos Samuel Garcia Tenjo, Sara Maria Malaver Rodriguez y Lina Fernanda Lamprea Rodriguez Varios análisis psicológicos y investigaciones demuestran que el peso de una vida llena de dificultades y la soledad afecta fuertemente la población de la tercera edad. Ver también: La otra cara del secuestro Compartir

  • Capítulo 5 de 15/30

    En este cierre de nuestra primera temporada, le pusimos el ojo a la primera ley de política migratoria, hablamos sobre moda sostenible en Colombia, sobre cómo la industria cafetera está innovando y revisamos cómo la educación sexual sería un tabú. Entérate, además de cómo el Barrio Bajo de Barranquilla se convertiría en el museo al aire libre más grande del mundo. Capítulo 5 de 15/30 En este cierre de nuestra primera temporada, le pusimos el ojo a la primera ley de política migratoria, hablamos sobre moda sostenible en Colombia, sobre cómo la industria cafetera está innovando y revisamos cómo la educación sexual sería un tabú. Entérate, además de cómo el Barrio Bajo de Barranquilla se convertiría en el museo al aire libre más grande del mundo. Contenido completo Autor:

  • “No buscaba el dinero en mi emprendimiento, sino vivir de lo que me apasionaba”

    “No buscaba el dinero en mi emprendimiento, sino vivir de lo que me apasionaba” Juan Camilo Torres Alarcón. Fecha: Rubén Gallego, ingeniero industrial especialista en Gestión humana, creó su empresa Gorilon Travels después de un punto de quiebre. Su historia, que lo llena de orgullo, es el reflejo del sueño de muchos profesionales contemporáneos: abandonar las estructuras que los atan y comenzar un proyecto desde cero, con el cual se sientan plenos. Lea también: El harlismo es mi hobbie, la Policía es mi profesión: Alberto Guevara Compartir Foto: Archivo de viaje realizados por Gorilon Travels Son las 10 de la mañana y, como ya es costumbre, un fuerte ronroneo resalta sobre todos los demás sonidos en el sector de Río Frío occidental, en el municipio de Tabio, Cundinamarca. Lo más curioso es que esos ronroneos se multiplican como conejos y dejan marcas a su paso, aunque su origen no provenga de algún animal. El sol tan característico durante el inicio de año en esta zona se refleja en una casa estilo cabaña, con unos ventanales inmensos que le brindan un aire tanto moderno como rústico. Entro en el lote y la marca que venía siguiendo durante el camino termina en el patio del lugar, mientras que el ronroneo se vuelve cada vez más fuerte. Llego a un taller cubierto, al aire libre, ubicado al costado izquierdo de la casa que, a primera vista, es muy difícil de divisar. En el taller está Rubén Gallego, organizando diferentes tipos de herramientas, llaves y productos encima de una mesa circular de madera para arreglar la fuente de esos sonidos (ronroneos): una motocicleta Ducati roja, con una pintoresca imagen de un gorila sonriente con casco manejando una moto, la cual cubre gran parte del costado izquierdo del vehículo. Sé que Rubén tiene 45 años, pero si no lo supiera seguramente habría apostado que tiene 30. No solo por su atuendo informal, compuesto por una camiseta roja con el logo de Ducati, un pantalón baggy estilo militar y una gorra negra, sino también por su personalidad jovial, que le da un toque juvenil. “Todavía no puedo dimensionar la cantidad de hermosos lugares que he visitado. Soy muy privilegiado”, dice Gallego mientras observa con detenimiento un top case (baúl), ubicado en la parte trasera de su moto, el cual perfectamente podría ser un mapa turístico, repleto de stickers con algunos de los destinos más increíbles y hermosos de Colombia como el Nevado del Cocuy, el Desierto de la tatacoa o el Cabo de la Vela. Unos temas de Marc Anthony van, otros de Diomedes Díaz vienen, y los clics de las llaves inglesas resuenan al compás del tarareo del ingeniero, quien continúa calibrando a su compañera de dos ruedas con precisión y esfuerzo para que esta sea capaz de acompañarlo en sus traicioneras travesías. Su coordinación, concentración y capacidad para continuar con sus revisiones mientras me habla de su vida, con el agregado del ambiente de compadres que él transmite, me deja asombrado. “Mi vida se parece mucho a la de Mr. Increíble. Pasé de estar detrás de un computador en una oficina, a disfrutar mi sueño que es vivir en dos ruedas. Pero, ahora que me doy cuenta, he tenido dos vidas sobre ruedas, pero ninguna se parece a la otra”. Esa última frase ha dejado confundido a más de uno, y parece ser que el ingeniero también es un pescador increíble, porque esos apuntes son como carnada para los lectores que desean acercarse para descubrir a dónde los lleva. Gallego es consciente de esa sensación. Es un libro abierto, disponible para que cualquiera conozca su contenido sin ningún problema. “A lo largo de mi vida profesional he trabajado en grandes multinacionales como MetLife, HSBC, HayGroup o Brink’s. En la gran mayoría me desempeñé en áreas de compensación, nómina y recursos humanos, pero siempre alterné con distintos emprendimientos que me permitieran estar en contacto con motos”, cuenta Gallego. El dinero suele ser la cadena que ata a las personas a la tierra y muchas veces no las deja volar alto para acercarse a sus sueños, pero cuando las cadenas se forjan de la crítica, la derrota o la escasez, es el momento para desgastarlas y romperlas empleando la “berraquera”, tan característica de los colombianos. Desde los 28 años, y con su primera moto, nació en Gallego esa pasión por conocer Colombia en dos ruedas, y los superpaseos, así les dice él, a municipios como La Calera, Melgar o Silvania le permitieron divisar cuanta belleza fuera posible. Este emprendedor no se reserva nada, y parece que el destino quería ponerlo a prueba de maneras para que demostrara si era lo suficientemente fuerte “Hace más o menos 10 años me caí de mi moto a 160 kilómetros por hora lo que me dejó fracturas en ambas piernas, algunas abiertas, y con una recuperación muy dura por delante”. La fractura del calcáneo (es el hueso que conforma el talón del pie), según él, es unos de los dolores más impresionantes y que llega a compararse con el parto de la mujer. Entre las complicaciones de salud y el desconcierto del paciente por su condición siempre está la confianza en la medicina, pero para este guerrero fue muy difícil confiar en los procesos. Pasados tres meses desde el accidente, los médicos se sorprendieron al ver que no había sanado ni un poco, como si se hubiera congelado el tiempo. Para cualquier persona, recibir una noticia de tal calibre es como un disparo a la cabeza: fulminante. Su personalidad alegre y positiva, a simple vista, no le permite transmitir la tensión y estrés que la narración de este hecho seguramente amerita, no porque no fuera una situación difícil, sino porque nunca se dio por vencido. “Durante mi incapacidad, el gerente de la empresa me quiso hacer un regalo, y me envió a ver a un psicólogo de la empresa especializado en crisis”. Las terapias empezaron con una pizca de prejuicio, porque es usual escuchar que esas terapias son una pérdida de tiempo, y lo más seguro es que las personas que opinan eso ni siquiera se dieron la oportunidad de experimentar el proceso. “El psicólogo me decía que yo no había quedado con ningún trauma, pero que si yo decidía dejar las motos no me iba a levantar de la silla de ruedas”, cuenta Gallego. Uno de sus amigos había fallecido tras un accidente mientras manejaba moto y estaba decidido a vender todo lo que estuviera relacionado con el “ataúd con ruedas”, expresión de su familia para referirse a las motos. Los dolores fueron erradicados con el apoyo de sus compadres moteros y empezó una terapia inusual, en la que el ingrediente secreto era la imaginación. La terapia consistía en que Gallego se subiera en la moto, con ayuda de sus amigos, la encendiera e imaginara que estaba viajando, y sus resultados rompieron los pronósticos. Diana Rocío Alarcón, fisioterapeuta especializada en manejo deportivo, es testigo de ello. “Él tuvo dos accidentes, los cuales le produjeron lesiones de larga duración en sus piernas, y tuve el placer de poder apoyarlo en su proceso de recuperación. En este viaje me asombró su resiliencia y perseverancia para afrontar cualquier dificultad”, afirma Alarcón. Los leves suspiros de Alarcón para retomar el hilo conductor de su relato y el brillo en sus ojos cafés, llenos de recuerdos, son aspectos que permiten resumir un largo viaje que, a fin de cuentas, valió la pena recorrer. “Actualmente continúo apoyándolo, en trabajo recuperatorio post viaje. Suele presentar mucha fatiga muscular, especialmente en los brazos y en las manos, debido a los terrenos difíciles por los cuales debe transitar en sus viajes. Lo que más satisfacción me da es que pude ayudarlo, en mayor o menor medida, a retomar su vida y su pasión”, añade Alarcón. Una recuperación prevista para 18 meses se logró en 6, demostrando una vez más que el destino nunca está escrito. “El psicólogo me preguntaba que ahora que iba hacer con mi pasión, luego de haberme recuperado, y dentro de la lluvia de ideas en mi cabeza surgió la opción de crear un canal de YouTube para documentar mis viajes, porque yo visitaba muchos lugares hermosos en Colombia y me parecía increíble que muchas personas no los conocieran”, explica Gallego. Gorilon Pictures fue tan solo el inicio de su camino, el cual lo llevaría a entender la razón por la cual el país es el segundo país más biodiverso del mundo. Y los reconocimientos no se hicieron esperar, porque los buenos trabajos son como el metal, y entre más puros son más probable es que el imán de los premios nacionales de periodismo digital acabe atrayéndolos hacia las nominaciones. Una de las claves para el éxito en la era digital en la que estamos es la interacción con las personas. “En 2016, mucha gente que visualizaba mis videos me escribía que los destinos son hermosos, pero les daba miedo ir solos, y me preguntaban que por qué yo no los acompañaba”, dice Gallego, mientras se toma un jugo de naranja para calmar un poco el calor que hace en Tabio durante enero. “Un día, mientras revisaba los chats de BMW, encontré que había empresas que promocionaban viajes en moto, y me di cuenta de que lo que yo había hecho desde hace 15 años gratis, sin ánimo de sonar materialista, muchas empresas lo cobraban, y desde ahí empecé a armar esta idea”, comenta Gallego. “Después de meditarlo bastante, tomé la decisión de renunciar a mi trabajo hace 6 años, tras una carrera de más de 20 años detrás de una oficina, y decidí crear mi emprendimiento llamado Gorilon Travels, agencia de viajes, aprovechando el reconocimiento que ya tenía Gorilon Pictures, mi canal de Youtube”. Para ser exitoso con un nuevo emprendimiento hace falta paciencia, perseverancia y aceptación, ya que lo más probable es que, al principio, no todo salga como se planea. “No fue fácil, porque la gente estaba acostumbrada a hacer los paseos y/o excursiones en moto prácticamente gratis, y es un segmento mucho más pequeño de gente que quiere experiencias bien organizadas, pero cuando fuimos tecnificando nuestros paquetes se convirtió en una orquesta a la cual los clientes que llegaban no podían faltar”, comenta Gallego. “No tuvimos que esperar mucho para que el negocio empezara a conseguir estabilidad económica, porque los clientes que quedaban satisfechos se encargaban de difundir en redes su experiencia para que más personas se animen a vivir aventuras con nosotros”, señala Gallego con un tono entusiasta y alegre. En el futuro, no muy cercano, Gorilon Travels empezará a realizar nuevas rutas. “En este momento nos encontramos realizando planeación para los paquetes hacia Ecuador, Perú y Venezuela, y nuestros clientes están muy emocionados porque se dan cuenta de que les brindamos las posibilidades de gozar de experiencias totalmente diferentes en nuestros paquetes”, concluye Gallego, con una sonrisa acompañada de una lágrima que se posa y se escurre a lo largo de su cara, con la lentitud suficiente para hacerlo reír y dimensionar que, después de todo lo que ha experimentado, fue capaz de arriesgarse a construir su emprendimiento y demostrarnos que los sueños perseverantes también pueden pagar las cuentas. Aunque nunca buscó aprovechar su difícil historia, es motivo de orgullo para que su hija, Laura Camila Gallego del Pablos, también luche por sus sueños. “Ha sido muy impactante para mí la historia de mi papá, y más aún cuando asimilo que lo pude haber perdido en cualquier momento. Mi papá es un gran perseguidor de sueños y un ejemplo para mí. Es alguien muy valiente porque, a pesar de tener un sinnúmero de dificultades, tanto en sus procesos de recuperación como en la creación de su empresa, nunca se dio por vencido y siempre luchó para salir adelante”, explica Laura Camila con una voz temblorosa con la que contiene una avalancha de sentimientos que se le vienen encima cuando nos habla de esta situación tan delicada y personal. La vida lograda es un concepto de plenitud, como una clase de logro o cierre, en el cual las personas sienten que han alcanzado sus anhelos y/o propósitos. Esto no es tan satisfactorio si no se le da oportunidad al futuro y al destino de sorprendernos. Gallego prefiere llamarlo “sazonar la vida”, acompañado de una sonrisa amplia que se contagia, recordándonos que los momentos más especiales son aquellos en los que nos quedamos sin aliento, y si aprendemos a combinar la perseverancia, la resiliencia y la calidad humana, cualquiera puede volverse invencible.

  • Si no hay agua | unisabanamedios

    SI NO HAY AGUA ¿CÓMO CAMBIARÍA LA VIDA? Escrito por: Laura Daniela Arriaga Bustos Los bajos niveles de agua en los embalses que abastecen a la capital colombiana y a los municipios de la sabana podrían tener un impacto directo en la generación de energía eléctrica en el país, lo que podría resultar en apagones y una disminución en la calidad de vida de los colombianos. Si un día, el agua de los embalses de Bogotá se esfumara por completo, el paisaje cambiaría drásticamente, y con él, la vida de sus habitantes. El primer día, sería como despertar en un mundo al revés. Los grifos dejarían de rugir, y el silencio se apoderaría de las casas. Los niños, acostumbrados a jugar con el agua, la extrañarían como a un amigo perdido. La ciudad, sin el brillo de sus fuentes, luciría opaca y cansada. Cada mañana, la ciudad se despertaría con sed. El agua potable se volvería una quimera. La gente se vería obligada a recurrir a fuentes alternativas, como el agua de lluvia y los pozos subterráneos, pero ninguna de ellas sería suficiente para satisfacer la demanda. A medida que pasan los días, el agua se haría aún más preciada. Las autoridades instarían a la población a racionar el agua, pero la gente comenzaría a sentir el peso de la escasez. Las filas en las estaciones de bombeo se harían interminables, y el agua se distribuiría con cuentagotas. Este escenario apocalíptico, suena lejano, pero, en realidad, es lo que podría pasar en Bogotá y en el mundo si no se toman medidas urgentes para abordar la crisis hídrica y energética que está comenzando a salir de los libros y de las teorías del fin para comenzar a acercarse cada vez más. Crisis, que en Colombia, ha sido desatada por una progresiva sequía sin precedentes en sus embalses, resultado de una anomalía climática provocada por el cambio climático global, un fenómeno que ha provocado una disminución en las precipitaciones en muchas regiones del mundo. En las profundidades del océano Pacífico surge El Niño, un misterioso fenómeno que desata caos en la tierra y el cielo con sus corrientes cálidas. Este cambio climático repentino afecta a América del Sur, provocando sequías, inundaciones y alterando la vida de quienes lo experimentan. Las aves marinas anuncian su llegada, las nubes cargadas de incertidumbre presagian tormentas, y los ríos se desbordan en un intento por contener su furia impredecible. En tierra firme, agricultores ven sus cosechas marchitar, mientras en las ciudades, la sequía cubre de polvo árido a quienes buscan refugio. El Niño desafía las leyes humanas, recordando la soberanía de la naturaleza y la necesidad de convivir en armonía con ella. La falta de lluvias y el aumento de las temperaturas han provocado una disminución drástica en los niveles de agua en los embalses, lo que ha llevado a la implementación de medidas de racionamiento y restricciones en el suministro de agua. El alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, anunció un racionamiento de agua para afrontar los bajos niveles que registran los embalses que nutren a la capital colombiana. La situación es crítica, especialmente en el sistema de Chingaza, donde los dos embalses que surten el 70% de la demanda hídrica de Bogotá tienen niveles por debajo del 20% de su capacidad. El sistema de abastecimiento de agua potable de Bogotá, de los municipios aledaños y de la sabana, está dividido en tres sistemas que lo integran en total ocho embalses. El Sistema Norte proporciona el 25%, el Sistema Chingaza aporta el 70% y el Sistema Sur, el 5%. Los niveles del embalse de Chuza en el Páramo de Chingaza, nuestra principal fuente de agua, están bajando. La sequía en los embalses de Bogotá es una historia de agua y fuego, de cielos despejados y tierras sedientas. Es una historia de un fenómeno natural que se ha vuelto más frecuente y más intenso debido al cambio climático. Es una historia de una ciudad y una región que se enfrentan a un desafío sin precedentes, pero también es una historia de esperanza y de la capacidad humana de adaptarse y superar las dificultades. Pero la crisis hídrica no solo afecta el suministro de agua potable, sino que también tiene un impacto directo en la generación de energía eléctrica en Colombia. La sequía ha llevado a bajos niveles en los embalses que abastecen de agua a la capital y a los municipios de la sabana, y esto podría afectar el suministro eléctrico en el país. En Colombia, la generación de energía eléctrica se produce en un 66% a partir de recursos hídricos, mientras que el 30% proviene de recursos térmicos como el gas, carbón, fueloil y combustóleo, y el 4% de otras fuentes. La sequía podría afectar la generación hidroeléctrica, lo que podría llevar a una mayor dependencia de los recursos térmicos y, en consecuencia, a un aumento en el costo de la energía. La generación de energía en Colombia se realiza en cuatro etapas: generación, transmisión, distribución y comercialización. La generación se produce en las centrales eléctricas a partir de diferentes recursos, y la energía se transmite a través de cables desde las centrales de generación hasta los grandes centros de consumo, como las ciudades y los hogares. La distribución habilita la entrega y el consumo de energía limpia en los hogares, negocios, empresas, municipios y ciudades, y la comercialización representa a los clientes en el mercado eléctrico por medio de la venta de energía eléctrica. En el mercado eléctrico colombiano, existen dos segmentos: el regulado y el no regulado. El segmento regulado está dirigido a usuarios residenciales, comerciales e industriales de menores consumos, y el no regulado está dirigido a aquellas empresas u organizaciones con altos consumos de electricidad y que pueden ser partícipes del mercado. La crisis hídrica podría afectar tanto al segmento regulado como al no regulado, ya que la generación hidroeléctrica es la fuente de generación de energía más importante en Colombia. La Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg) es la entidad encargada de regular el sector eléctrico colombiano. La entidad establece el régimen de generación, interconexión, transmisión y distribución, y se encarga de regular los precios de la energía en el país. La crisis hídrica podría llevar a un mayor incremento de las tarifas en ocho zonas del país, donde operan las compañías con un mayor nivel de compra en el mercado de contado, es decir, de la bolsa de energía, cuando la hidrología está baja. En medio de la crisis hídrica y energética, los bogotanos se enfrentan a lo que pueda suceder de ahora en adelante. La generación de energía eléctrica, vital para el funcionamiento de la ciudad y del país, también se ve afectada por la sequía. La crisis hídrica y energética son dos caras de la misma moneda, y ambas están relacionadas con el cambio climático global, el fenómeno de El Niño y la falta de conciencia social sobre el tema ligada a acciones que contrarresten su impacto. Mientras tanto, en las entrañas de la tierra, el agua se esfuma. Los embalses de Bogotá, que una vez reflejaron el cielo en su superficie, se han convertido en cáscaras vacías, testigos mudos de un futuro incierto. La vida, como la conocemos, se tambalea en la cuerda floja, y el racionamiento de agua es solo una medida paliativa para alargar la agonía. La pregunta que queda es: "Si no hay agua: ¿Cómo será la vida? ¿Habrá vida?". La respuesta está en nuestras manos, en nuestra capacidad de actuar y de transformar nuestras sociedades para garantizar un futuro sostenible y justo para todos. ¿DE DÓNDE VIENE? CRÓNICA DE UNA SEQUÍA INICIO

  • Unisabana Medios | Podcast | Más de lo Mismo

    Programa de debate político. No Más de lo Mismo Debate y opinión para aborda los temas más importantes de la actualidad política a nivel nacional e internacional. Unisabana Radio Compartir

Escucha aquí los podcast de Conexión Sabana 360 

botom-spreaker.png
botom-spotify.png
bottom of page