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  • “No buscaba el dinero en mi emprendimiento, sino vivir de lo que me apasionaba”

    “No buscaba el dinero en mi emprendimiento, sino vivir de lo que me apasionaba” Juan Camilo Torres Alarcón. Fecha: Rubén Gallego, ingeniero industrial especialista en Gestión humana, creó su empresa Gorilon Travels después de un punto de quiebre. Su historia, que lo llena de orgullo, es el reflejo del sueño de muchos profesionales contemporáneos: abandonar las estructuras que los atan y comenzar un proyecto desde cero, con el cual se sientan plenos. Lea también: El harlismo es mi hobbie, la Policía es mi profesión: Alberto Guevara Compartir Foto: Archivo de viaje realizados por Gorilon Travels Son las 10 de la mañana y, como ya es costumbre, un fuerte ronroneo resalta sobre todos los demás sonidos en el sector de Río Frío occidental, en el municipio de Tabio, Cundinamarca. Lo más curioso es que esos ronroneos se multiplican como conejos y dejan marcas a su paso, aunque su origen no provenga de algún animal. El sol tan característico durante el inicio de año en esta zona se refleja en una casa estilo cabaña, con unos ventanales inmensos que le brindan un aire tanto moderno como rústico. Entro en el lote y la marca que venía siguiendo durante el camino termina en el patio del lugar, mientras que el ronroneo se vuelve cada vez más fuerte. Llego a un taller cubierto, al aire libre, ubicado al costado izquierdo de la casa que, a primera vista, es muy difícil de divisar. En el taller está Rubén Gallego, organizando diferentes tipos de herramientas, llaves y productos encima de una mesa circular de madera para arreglar la fuente de esos sonidos (ronroneos): una motocicleta Ducati roja, con una pintoresca imagen de un gorila sonriente con casco manejando una moto, la cual cubre gran parte del costado izquierdo del vehículo. Sé que Rubén tiene 45 años, pero si no lo supiera seguramente habría apostado que tiene 30. No solo por su atuendo informal, compuesto por una camiseta roja con el logo de Ducati, un pantalón baggy estilo militar y una gorra negra, sino también por su personalidad jovial, que le da un toque juvenil. “Todavía no puedo dimensionar la cantidad de hermosos lugares que he visitado. Soy muy privilegiado”, dice Gallego mientras observa con detenimiento un top case (baúl), ubicado en la parte trasera de su moto, el cual perfectamente podría ser un mapa turístico, repleto de stickers con algunos de los destinos más increíbles y hermosos de Colombia como el Nevado del Cocuy, el Desierto de la tatacoa o el Cabo de la Vela. Unos temas de Marc Anthony van, otros de Diomedes Díaz vienen, y los clics de las llaves inglesas resuenan al compás del tarareo del ingeniero, quien continúa calibrando a su compañera de dos ruedas con precisión y esfuerzo para que esta sea capaz de acompañarlo en sus traicioneras travesías. Su coordinación, concentración y capacidad para continuar con sus revisiones mientras me habla de su vida, con el agregado del ambiente de compadres que él transmite, me deja asombrado. “Mi vida se parece mucho a la de Mr. Increíble. Pasé de estar detrás de un computador en una oficina, a disfrutar mi sueño que es vivir en dos ruedas. Pero, ahora que me doy cuenta, he tenido dos vidas sobre ruedas, pero ninguna se parece a la otra”. Esa última frase ha dejado confundido a más de uno, y parece ser que el ingeniero también es un pescador increíble, porque esos apuntes son como carnada para los lectores que desean acercarse para descubrir a dónde los lleva. Gallego es consciente de esa sensación. Es un libro abierto, disponible para que cualquiera conozca su contenido sin ningún problema. “A lo largo de mi vida profesional he trabajado en grandes multinacionales como MetLife, HSBC, HayGroup o Brink’s. En la gran mayoría me desempeñé en áreas de compensación, nómina y recursos humanos, pero siempre alterné con distintos emprendimientos que me permitieran estar en contacto con motos”, cuenta Gallego. El dinero suele ser la cadena que ata a las personas a la tierra y muchas veces no las deja volar alto para acercarse a sus sueños, pero cuando las cadenas se forjan de la crítica, la derrota o la escasez, es el momento para desgastarlas y romperlas empleando la “berraquera”, tan característica de los colombianos. Desde los 28 años, y con su primera moto, nació en Gallego esa pasión por conocer Colombia en dos ruedas, y los superpaseos, así les dice él, a municipios como La Calera, Melgar o Silvania le permitieron divisar cuanta belleza fuera posible. Este emprendedor no se reserva nada, y parece que el destino quería ponerlo a prueba de maneras para que demostrara si era lo suficientemente fuerte “Hace más o menos 10 años me caí de mi moto a 160 kilómetros por hora lo que me dejó fracturas en ambas piernas, algunas abiertas, y con una recuperación muy dura por delante”. La fractura del calcáneo (es el hueso que conforma el talón del pie), según él, es unos de los dolores más impresionantes y que llega a compararse con el parto de la mujer. Entre las complicaciones de salud y el desconcierto del paciente por su condición siempre está la confianza en la medicina, pero para este guerrero fue muy difícil confiar en los procesos. Pasados tres meses desde el accidente, los médicos se sorprendieron al ver que no había sanado ni un poco, como si se hubiera congelado el tiempo. Para cualquier persona, recibir una noticia de tal calibre es como un disparo a la cabeza: fulminante. Su personalidad alegre y positiva, a simple vista, no le permite transmitir la tensión y estrés que la narración de este hecho seguramente amerita, no porque no fuera una situación difícil, sino porque nunca se dio por vencido. “Durante mi incapacidad, el gerente de la empresa me quiso hacer un regalo, y me envió a ver a un psicólogo de la empresa especializado en crisis”. Las terapias empezaron con una pizca de prejuicio, porque es usual escuchar que esas terapias son una pérdida de tiempo, y lo más seguro es que las personas que opinan eso ni siquiera se dieron la oportunidad de experimentar el proceso. “El psicólogo me decía que yo no había quedado con ningún trauma, pero que si yo decidía dejar las motos no me iba a levantar de la silla de ruedas”, cuenta Gallego. Uno de sus amigos había fallecido tras un accidente mientras manejaba moto y estaba decidido a vender todo lo que estuviera relacionado con el “ataúd con ruedas”, expresión de su familia para referirse a las motos. Los dolores fueron erradicados con el apoyo de sus compadres moteros y empezó una terapia inusual, en la que el ingrediente secreto era la imaginación. La terapia consistía en que Gallego se subiera en la moto, con ayuda de sus amigos, la encendiera e imaginara que estaba viajando, y sus resultados rompieron los pronósticos. Diana Rocío Alarcón, fisioterapeuta especializada en manejo deportivo, es testigo de ello. “Él tuvo dos accidentes, los cuales le produjeron lesiones de larga duración en sus piernas, y tuve el placer de poder apoyarlo en su proceso de recuperación. En este viaje me asombró su resiliencia y perseverancia para afrontar cualquier dificultad”, afirma Alarcón. Los leves suspiros de Alarcón para retomar el hilo conductor de su relato y el brillo en sus ojos cafés, llenos de recuerdos, son aspectos que permiten resumir un largo viaje que, a fin de cuentas, valió la pena recorrer. “Actualmente continúo apoyándolo, en trabajo recuperatorio post viaje. Suele presentar mucha fatiga muscular, especialmente en los brazos y en las manos, debido a los terrenos difíciles por los cuales debe transitar en sus viajes. Lo que más satisfacción me da es que pude ayudarlo, en mayor o menor medida, a retomar su vida y su pasión”, añade Alarcón. Una recuperación prevista para 18 meses se logró en 6, demostrando una vez más que el destino nunca está escrito. “El psicólogo me preguntaba que ahora que iba hacer con mi pasión, luego de haberme recuperado, y dentro de la lluvia de ideas en mi cabeza surgió la opción de crear un canal de YouTube para documentar mis viajes, porque yo visitaba muchos lugares hermosos en Colombia y me parecía increíble que muchas personas no los conocieran”, explica Gallego. Gorilon Pictures fue tan solo el inicio de su camino, el cual lo llevaría a entender la razón por la cual el país es el segundo país más biodiverso del mundo. Y los reconocimientos no se hicieron esperar, porque los buenos trabajos son como el metal, y entre más puros son más probable es que el imán de los premios nacionales de periodismo digital acabe atrayéndolos hacia las nominaciones. Una de las claves para el éxito en la era digital en la que estamos es la interacción con las personas. “En 2016, mucha gente que visualizaba mis videos me escribía que los destinos son hermosos, pero les daba miedo ir solos, y me preguntaban que por qué yo no los acompañaba”, dice Gallego, mientras se toma un jugo de naranja para calmar un poco el calor que hace en Tabio durante enero. “Un día, mientras revisaba los chats de BMW, encontré que había empresas que promocionaban viajes en moto, y me di cuenta de que lo que yo había hecho desde hace 15 años gratis, sin ánimo de sonar materialista, muchas empresas lo cobraban, y desde ahí empecé a armar esta idea”, comenta Gallego. “Después de meditarlo bastante, tomé la decisión de renunciar a mi trabajo hace 6 años, tras una carrera de más de 20 años detrás de una oficina, y decidí crear mi emprendimiento llamado Gorilon Travels, agencia de viajes, aprovechando el reconocimiento que ya tenía Gorilon Pictures, mi canal de Youtube”. Para ser exitoso con un nuevo emprendimiento hace falta paciencia, perseverancia y aceptación, ya que lo más probable es que, al principio, no todo salga como se planea. “No fue fácil, porque la gente estaba acostumbrada a hacer los paseos y/o excursiones en moto prácticamente gratis, y es un segmento mucho más pequeño de gente que quiere experiencias bien organizadas, pero cuando fuimos tecnificando nuestros paquetes se convirtió en una orquesta a la cual los clientes que llegaban no podían faltar”, comenta Gallego. “No tuvimos que esperar mucho para que el negocio empezara a conseguir estabilidad económica, porque los clientes que quedaban satisfechos se encargaban de difundir en redes su experiencia para que más personas se animen a vivir aventuras con nosotros”, señala Gallego con un tono entusiasta y alegre. En el futuro, no muy cercano, Gorilon Travels empezará a realizar nuevas rutas. “En este momento nos encontramos realizando planeación para los paquetes hacia Ecuador, Perú y Venezuela, y nuestros clientes están muy emocionados porque se dan cuenta de que les brindamos las posibilidades de gozar de experiencias totalmente diferentes en nuestros paquetes”, concluye Gallego, con una sonrisa acompañada de una lágrima que se posa y se escurre a lo largo de su cara, con la lentitud suficiente para hacerlo reír y dimensionar que, después de todo lo que ha experimentado, fue capaz de arriesgarse a construir su emprendimiento y demostrarnos que los sueños perseverantes también pueden pagar las cuentas. Aunque nunca buscó aprovechar su difícil historia, es motivo de orgullo para que su hija, Laura Camila Gallego del Pablos, también luche por sus sueños. “Ha sido muy impactante para mí la historia de mi papá, y más aún cuando asimilo que lo pude haber perdido en cualquier momento. Mi papá es un gran perseguidor de sueños y un ejemplo para mí. Es alguien muy valiente porque, a pesar de tener un sinnúmero de dificultades, tanto en sus procesos de recuperación como en la creación de su empresa, nunca se dio por vencido y siempre luchó para salir adelante”, explica Laura Camila con una voz temblorosa con la que contiene una avalancha de sentimientos que se le vienen encima cuando nos habla de esta situación tan delicada y personal. La vida lograda es un concepto de plenitud, como una clase de logro o cierre, en el cual las personas sienten que han alcanzado sus anhelos y/o propósitos. Esto no es tan satisfactorio si no se le da oportunidad al futuro y al destino de sorprendernos. Gallego prefiere llamarlo “sazonar la vida”, acompañado de una sonrisa amplia que se contagia, recordándonos que los momentos más especiales son aquellos en los que nos quedamos sin aliento, y si aprendemos a combinar la perseverancia, la resiliencia y la calidad humana, cualquiera puede volverse invencible.

  • Un legado fresero

    Un legado fresero Realizado por Ivanna Abella Arcila, Yennifer Tatiana Gutierrez, Abar Vanessa Cantor Díaz, Paula Andrea Abreu Briceño, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo. Chocontá es una de las regiones líderes en el cultivo de la fresa, pero los campesinos se enfrentan ante la dificultad de no tener insumos suficientes para costear su producción. Ver también: Compartir

  • Inseguridad sobre ruedas 

    Inseguridad sobre ruedas Manuela Suárez, Mathias Translateur, Sergio Jordan, Sara Vivas. Comunicación Social y Periodismo Los usuarios en redes sociales se exponen a que sus datos terminen en manos de personas u organizaciones no deseadas. Ver también: Bogotá, ¿la Capital Mundial de la Bicicleta? Compartir

  • La odisea de mantener el motor en marcha

    La odisea de mantener el motor en marcha Nicolás Andrés Camacho González, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Muchos pilotos jóvenes buscan llegar a la cima y convertirse en estrellas mientras que directivos, mecánicos y patrocinadores hacen todos los esfuerzos para evitar que el motor se apague. Lea también: Nicolás Castillo, joven promesa del automovilismo colombiano Compartir Foto: Autódromo José Carlos Pace Autódromo José Carlos Pace, mejor conocido como Interlagos. Gran Premio de Brasil, año 2001. El público se encontraba expectante bajo el sol de Sao Paulo, pues ya faltaba poco para el inicio de una carrera más de la Fórmula 1. Michael Schumacher tenía la pole seguido por su hermano Ralf; en tercer lugar arrancaba el finlandés Mika Hakkinen y finalmente el colombiano Juan Pablo Montoya ocupaba la cuarta plaza y estaba listo para adelantar. En la primera vuelta de la carrera tuvo que salir el coche de seguridad pues el McLaren de Hakkinen no arrancó en la largada. Gracias a esto, Ralf Schumacher perdió su posición contra el británico David Coulthard de la escudería McLaren y contra Montoya de la Williams. El colombiano logró así el segundo lugar. Completada la primer vuelta, el coche de seguridad empezó a agrupar a los pilotos para que minutos después se diera la relanzada. Schumacher encabezó el pelotón en la recta pero Montoya se le acercó por el interior para rebasarlo. Rueda con rueda, el Ferrari del alemán tuvo que ceder ante la presión del Williams pues la línea de conducción la tenía Juan Pablo. El estallido del público no se hizo esperar pues un latino, en su segundo año en la categoría, estaba rebasando a un campeón del mundo con una maniobra maravillosa. Y para recalcar lo apoteósico de este momento, solo basta con escuchar a los comentaristas colombianos, que con la emoción e intensidad que se les distingue, le dieron una narración única a uno de los momentos más recordados del colombiano en la máxima categoría del automovilismo mundial. Los fanáticos del automovilismo en Colombia deben de recordar la época entre 2001 y 2006 como la mejor de la historia para el país, debido a las grandes actuaciones que dejó el bogotano en la Fórmula 1. Durante su debut, prometió que llegaría a ganar y estar entre los mejores. Esa promesa se cumplió con creces, pues Montoya se hizo de 7 victorias, 30 podios y 13 poles en sus 6 años de estadía en la categoría. Sin duda alguna, él marcó el punto de referencia para muchos pilotos, pues con sus actuaciones puso el nombre de Colombia en el panorama mundial, mostrándole a la gente que hay grandes pilotos criollos con ganas de comerse el mundo y en espera de una oportunidad. Actualmente Juan Pablo Montoya sigue activo en el automovilismo. Después de la Fórmula 1 su leyenda continuó por la NASCAR, la IndyCar, el Mundial de Resistencia y las 24 horas de Le Mans. En el camino, logró coronarse campeón de las 500 millas de Indianápolis por segunda vez en su carrera. Este 2021, Montoya sigue llevando el nombre del país en el exterior con sus participaciones en el Mundial de Resistencia, la IndyCar y las 500 millas de Indianápolis. Además de ser el principal promotor de su hijo, Sebastián Montoya, quien compite en la Fórmula 4. Muchos se preguntan hoy si la era de Montoya es una cosa del pasado, una época de gloria que no va a volver. La pandemia agudizó el problema. ¿Qué posibilidades tenemos de volver a tener un colombiano exitoso en la máxima categoría del automovilismo mundial? Una largada sin competencia A finales de 2019 el mundo se vio azotado por una pandemia que provocó el encierro de las personas en todos los continentes. Por esto, los países tuvieron que cancelar una gran variedad de eventos, entre ellos los deportivos. El 12 de marzo del año 2020, el Ministerio del Deporte de Colombia publicó un decreto ordenando suspender la organización y realización de todos los eventos deportivos en territorio nacional. Obviamente la actividad automovilística frenó en seco: los motores de muchos pilotos se apagaron, poniendo en una situación compleja a muchos de los equipos, conductores e incluso a la misma Federación Colombiana de Automovilismo (Fedeautos). Lo primero en lista fue posponer todos los eventos deportivos que estaban en calendario, pues el repentino aislamiento y el desconocimiento que se tenían del virus hizo que lo mejor fuera parar todo y mantener a las personas en sus casas. Otro punto importante, y que se mantiene hoy, es el cierre de la sede física de Fedeautos. Santiago Echavarría, presidente de la Federación, explicó que fue necesario hacer recortes en los costos para ajustarse a la nueva realidad. “Lo primero fue cerrar la sede física pues no era necesario gastar tanto en arriendo, servicios públicos, entre otras cosas. Producto de esto, comenzamos a trabajar totalmente virtual, cosa que se nos complicó un poco. Sin embargo, ya estamos conectados y funcionando”, explicó el dirigente deportivo. Los sueldos dentro de la entidad también fueron un problema pues no se estaba generando ningún ingreso. El automovilismo no es un deporte de bajo costo, así que es muy difícil mantenerlo. No obstante, Santiago afirmó que el Ministerio les fue de gran ayuda al facilitar un apoyo para mantener la nómina. Todos en neutro El automovilismo tuvo que apagar sus motores pero los pilotos siguieron buscando la manera de mantenerse en forma y listos para competir. Fedeautos, en asociación con algunos organizadores de eSports, programaron torneos en diversas categorías del automovilismo con el objetivo de mantener activos a los pilotos. Nicolás Bedoya, piloto campeón de Rally y el primer colombiano en participar en el mundial de esta categoría, explicó que “tuvimos la oportunidad de participar en algunos campeonatos de eSports para poder entrenar y no dejar de lado el deporte en el encierro. Además, pudimos lograr algunos contratos para generar ingresos, no los mismos que en una competencia física, pero algo se sacó”. Volver a prender motores Algunos meses tuvieron que pasar para que el automovilismo retornara a una relativa normalidad. No fue hasta el 16 de septiembre que la Federación recibió la aprobación por parte del Ministerio del Deporte. En el comunicado de Fedeautos se anunció la reapertura de la competición cumpliendo con todos los protocolos de bioseguridad establecidos por las autoridades. Retornar a una relativa normalidad fue más difícil de lo pensado: los pilotos y equipos podían correr, pero a puerta cerrada y sin público, porque así lo exigía la reglamentación. La competencia se retomó con el reto de realizar un campeonato express en 4 meses. Lo que no pudieron hacer en todo el año lo tuvieron que comprimir. Esto se logró con éxito siendo una prueba definitiva de que se puede competir y que en Colombia el deporte está listo para seguir. Con este precedente, Fedeautos organizó un calendario en el que tuvieron lugar 14 eventos entre octubre y diciembre. Inició con el Campeonato Nacional Todo Terreno y culminó con el festival Navideño de Automovilismo. Se destacó, previo a este evento, Las 6 Horas de Bogotá como la carrera culmen de un año bastante atípico. En el 2021, se planea tener una temporada regular con muchos eventos. Santiago Echavarría, presidente de Fedeautos, comentó que “iniciamos con un cumplimiento de los protocolos estricto, sin público y solo con el aforo necesario. De momento no se ha pensado en incluir asistentes a los eventos por la dificultad que está pasando nuestro país, y nosotros no podemos ser partícipes de estos espacios de transmisión del virus”. La temporada ya ha comenzado y su primer evento fue el Rally de la Ruana el 13 de marzo. Esta competencia incluyó varios municipios de Boyacá en un recorrido de 250 kilómetros que reunió tanto a profesionales como a aficionados. Con este evento y los 54 más agendados para este año dentro de los 10 campeonatos diferentes que organiza Fedeautos, el automovilismo colombiano busca mantenerse, crecer como competencia y generar esa cultura sobre un deporte que no es tan popular en el país. ¿Tendremos un nuevo Juan Pablo Montoya? Hoy muchos se preguntan si el automovilismo tiene futuro en el país. La pandemia le asestó, como a muchas otras actividades, un golpe duro a este sector. A pesar de lo que se puede pensar, convertirse en piloto profesional es una tarea ardua, pero no imposible. Montarse en un auto de competición y aprender a manejarlo no es difícil. Ni siquiera es cuestión de edad, ya que cualquiera con ganas de aprender y algo de dinero puede hacerlo. De esto se encargan las diferentes escuelas que hay en el país, pues abren las puertas a los colombianos que quieran conocer de cerca la competición y darse cuenta de que no es una experiencia imposible. Por ejemplo, Juan Pablo Clopatofski, piloto colombiano con una vasta experiencia en los vehículos de competición, ha participado en la formación de muchos pilotos: “En 2020, trabajamos con 7 escuelas full de estudiantes. Esta es una cifra que superó nuestras expectativas debido a la situación de pandemia. Sin embargo, seguimos trabajando con los protocolos de bioseguridad, limpiando los vehículos y abriendo las puertas a la gente que quiere aprender”. Incluso Fedeautos y el Autódromo de Tocancipá promueven este espacio para que la gente se acerque con su mismo vehículo personal y participe en diversas competiciones. Sin embargo, una cosa es competir ocasionalmente y otra totalmente distinta es dedicarse a esto de lleno. Para nadie es un secreto que el automovilismo es un deporte exclusivo pues el mantenimiento del vehículo, los neumáticos, las inscripciones y otros gastos, no son baratos. Este deporte es de patrocinadores y de talento; en gran medida, solo acceden aquellas personas que logran conseguir o tienen el dinero. Poniendo un ejemplo, cuenta Nicolás Bedoya que un año en la Indy Car cuesta entre 2 millones y 3 millones de dólares. Para Bedoya, la mezcla ideal es 30% de talento y 70% de dinero. Y recuerda la situación que vivió Juan Pablo Montoya: “Montoya tuvo que pagar su asiento en la Fórmula 3000. No fue hasta el segundo año que a raíz de sus resultados, se convirtió en un piloto de pago”. Cabe recordar que el propio piloto recuerda que su padre tuvo que hipotecar la casa para poder pagar los gastos de sus inicios en este deporte. Por su parte Juan Pablo Clopatofski destacó la dificultad que tienen los colombianos para dedicarse al automovilismo. “Juan Pablo abrió un camino. Yo he tenido la oportunidad de hablar y de correr con él. Y lo que él hace tras un volante es realmente impresionante. Por las épocas de la Indy, yo lo estaba acompañando cuando se corrían las 500 millas y justo él terminaba su turno en el coche, dejando entre los primeros lugares al equipo, para darle paso a los otros. Se baja entonces y me dice: ‘en media hora me va a estar llamando Chip Ganassi (dueño del equipo) para que vuelva a correr. Yo corro y mis compañeros manejan, pero una cosa es manejar y otra es correr’”. Es difícil encontrar otro piloto como Montoya actualmente. Sin embargo, él abrió las puertas y es labor de los siguientes pilotos aprovecharlas para alcanzar lo que él hizo hasta llegar a superarlo. Las épocas actuales y venideras exigen que los pilotos sean jóvenes, rápidos y precisos. Por ejemplo, Max Verstappen, a los 17 años ya era piloto de Fórmula 1. Ahora el promedio para llegar a categorías de alto rendimiento como la F1 es de 20 años máximo, cosa que está colocando presión en muchos pilotos jóvenes pues si la oportunidad llega y no se aprovecha, se puede dar por perdida. Actualmente Colombia cuenta con entre 14 y 16 pilotos corriendo en el exterior . Entre ellos se encuentran nombres como Sebastián Montoya (hijo de Juan Pablo) y Nicolás Baptiste en la Fórmula 4 europea; también está Lucas Medina, quien compite en la Fórmula 4 NACAM y que ya ha podido llevarse dos victorias en su debut de la categoría. Aunque es un deporte de mucho dinero, como ya se ha evidenciado, desde el país existe un respaldo a estos deportistas jóvenes por parte de Fedeautos y el Ministerio del Deporte. Santiago Echavarría, presidente de la Federación, resalta el gran apoyo que el ministro Ernesto Lucena le ha brindado tanto a la federación como al deporte en el país. Actualmente el gobierno tiene un programa en el que se apoya la carrera de estos deportistas jóvenes con el dinero que necesitan para llevar a cabo su proyecto. “Esto es un trabajo conjunto entre el Ministerio y Fedeautos pues nosotros localizamos a los pilotos según su palmarés. Ya con ellos en lista, deben enviar su hoja de vida en la que tengan muchos logros para soportar su convocatoria a estas ayudas; además deben mandar un proyecto escrito en el que muestren paso a paso qué van a hacer, dónde van a competir y cuánto dinero se requiere para lograrlo. Finalmente, el Ministerio escoge a quiénes patrocina basado en todo este filtro”, explicó Santiago. ¿Hay esperanza de ser un piloto profesional en Colombia? Ya está claro que en el país cualquiera puede acercarse al mundo de la competición incluso con su vehículo personal. Sin embargo, ¿es posible llegar a ser un piloto de renombre a nivel internacional? El camino es difícil pero la recompensa es grande, y para Clopatofski si el objetivo es llegar a lo más alto hay que dedicarse a fondo desde el primer momento. “Hay que dedicarse a esto como si fuera una carrera universitaria, tomarlo como una decisión profesional y meterse de lleno con disciplina y entrenamiento”, comenta La puerta está allí y hay colombianos que la han cruzado. Entre ellos está Montoya, quien la abrió; Tatiana Calderón, una piloto de renombre que ha sabido aprovechar cada oportunidad que se le ha dado; Nicolás Bedoya, quien fue el primer colombiano en participar en la WRC (Campeonato Mundial de Rally); y finalmente los jóvenes como Sebastián o Lucas que recién comienzan su carrera y demuestran que no es imposible. Sin embargo, hay que reconocer que las oportunidades dentro del país son algo limitadas y esto podría ser una barrera para dedicarse al automovilismo. Para Bedoya, esto es así pues a diferencia de otros países donde se promociona el karting fuertemente desde pequeños, en Colombia no es tan común esto por la cultura que se tiene alrededor del deporte. Clopatofski tiene otra perspectiva: “Nacimos con menos oportunidades de iniciar pero con más oportunidades de brillar. Es cierto que el camino es difícil, pero cuando se logra destacar, brillar, será inevitable aún donde muy pocos han logrado hacerlo”. ¿Y qué pasa con la cultura del automovilismo en Colombia? En Colombia es pan de cada día hablar de ciclismo y las victorias de Egan Bernal o Nairo Quintana. También lo común es hablar de fútbol y los goles de James Rodríguez, Falcao, o de la victoria de Santa Fe o Millonarios. ¿Por qué no se habla mucho de la victoria de Juan Pablo Clopatofski en las 6 horas de Bogotá, la victoria de Nicolás Bedoya en el Rally de la Ruana o las victorias de Lucas Medina en la Fórmula 4? Para Fedeautos la estrategia es clara: llevar el automovilismo a los más jóvenes desde los diferentes colegios y universidades en programas como ‘Federación Colombiana de Motores Universitarios’, donde se hacen diversas competiciones y se les abre la puerta a muchos estudiantes de conocer el deporte de primera mano. Junto con esto, la creación de los primeros Juegos Nacionales de Deportes a Motor es algo que motiva a la entidad para promover el automovilismo en el país creando ese mayor interés y cultura en la gente. Nicolás Bedoya tiene el diagnóstico claro y considera que “lo primero es la difusión. Que los medios de comunicación tomen un papel más activo e inviten a las personas a que vean y se interesen más por el deporte. Y para esto también que haya una mayor inversión para que los pilotos tengan una mejor preparación y el espectáculo en las carreras esté garantizado”. Juan Pablo Clopatofski concluye también que a la gente sí le hace falta la pasión por el automovilismo y una cultura por los autos. “La gente necesita involucrarse cada vez más con el automovilismo, con las marcas de carros, con la competición... Sin embargo, para esto hace falta también un mayor espectáculo en las carreras”. Colombia tiene historia con el automovilismo desde hace 80 años. Sin embargo, con una lenta progresión, muy pocos han sabido codearse entre los campeones, haciendo que en el país no haya tanta atracción respecto a este deporte. Pero esto no marca la pauta pues muchos pilotos colombianos llegan a cada carrera queriendo dar lo mejor de ellos y convertirse en campeones. Es por esto y más que Colombia no puede hacerse a un lado y botar las llaves. El país es el único que puede mantener encendido el motor para que tanto jóvenes como veteranos puedan conducirlo a través del mundo y seguir demostrando que todavía hay aceite para sacar campeones.

  • Conoce la Ley de Borrón y cuenta nueva

    En este episodio, te explicamos en qué consiste la parosmia, uno de las secuelas de quienes han padecido covid-19 y, además, hablamos sobre cuál es el proceso adecuado para botar materiales especiales. Conoce la Ley de Borrón y cuenta nueva Laura Ubaque, Luisa Moreno, Kelly Medina, Andrés Caamaño, Sebastián Bustos, Karol Peña, Paula Belalcázar, Danelys Vega, Gabriela Velásquez, Deisy Nivia, Nicolás Villamizar, Juliana Novoa, David Suárez, Mara Mulett, Tatiana Marta, Valeria Ramírez, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo En este episodio, te explicamos en qué consiste la parosmia, uno de las secuelas de quienes han padecido covid-19 y, además, hablamos sobre cuál es el proceso adecuado para botar materiales especiales. Ver también: 14 años, ¿una edad suficiente para la unión libre? Compartir

  • ¿De qué trata el Síndrome de Ovario Poliquístico?

    ¿De qué trata el Síndrome de Ovario Poliquístico? Vilma Rosa Bustos Acuña Fecha: Entre un 4% y 20% de las mujeres en edad reproductiva padecen de esta condición hormonal que afecta el funcionamiento normal de los ovarios y desencadena una gran variedad de síntomas. Lea también: https://www.unisabanamedios.com/escritos-1/aumenta-la-tendencia-en-colombia-de-mujeres-que-no-quieren-ser-madres Compartir Foto: (Imagen de Freepik) Para Laura María Arias, una bogotana de 23 años, era un día como cualquier otro viviendo con su condición. Esa era una mañana en la que quería dormir un poco más de lo usual e incluso ignorar la alarma, pero el dolor abdominal simplemente no le permitía cumplir su deseo. Aún con mucho frío en el ambiente, ella estaba sudando, postrada en su cama y, al final, terminó madrugando de forma involuntaria con dolores que ni un ibuprofeno 800 podían calmarle. Después de sufrir de cólicos insoportables en diferentes momentos de su ciclo menstrual y otros síntomas incómodos, como acné hormonal, migrañas constantes y fatiga todo el tiempo, Laura decidió visitar al ginecólogo. Al practicarle una ecografía ginecológica pudieron notar la presencia de algunos quistes y esto, junto a sus increíblemente dolorosas menstruaciones, fue el indicador de que sufría de Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP). Para los desconocedores, esta afección es un desequilibrio hormonal que sucede cuando los ovarios producen un exceso de hormonas, específicamente de andrógenos, que son aquellas encargadas de desarrollar las características masculinas. De esto, se desenlazan sintomatologías que varían de mujer en mujer. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente 116 millones de mujeres sufren de este síndrome en el mundo. Para Colombia no existen estadísticas ni censos específicos que sean un indicador sobre la prevalencia en el país, pero la Academia Nacional de Medicina calcula que de un 4% a un 8% de las mujeres en edad fértil lo tienen. Caída del cabello, ausencia del período menstrual, acné hormonal, diabetes y depresión son algunos de los síntomas que puede vivenciar una mujer que sufra de SOP. “La parte física que afecta el síndrome de ovario poliquístico también se debe valorar en los laboratorios. Estas personas tienen alteraciones en sus niveles hormonales; se aumenta su colesterol, sus triglicéridos y su riesgo cardiovascular; tienen insulina alterada, también la tiroides y la prolactina. Dependiendo del target de las hormonas que se estén afectando también habrá síntomas asociados”, afirma la doctora Viviana Russi, ginecóloga y obstetra, especialista en endocrinología ginecológica y ecografías. A los 14 años, Camila Cobos, estudiante de Medicina de la Universidad de La Sabana, empezó a tener ciclos menstruales notoriamente irregulares, podía pasar unos 6 meses con amenorrea, es decir, la ausencia de la menstruación. Luego le pasaba el caso contrario, unas 3 menstruaciones en el lapso de tan solo un mes. Esto le causaba malestar general, pues perdía cantidades altas de sangre en poco tiempo. Además, tuvo una subida de peso súbita y, al consumir azúcares, sufría de mareos, trastorno que no le pasaba antes. “Fui a la ginecóloga y me mandó una ecografía pélvica y unas pruebas de azúcar. En los resultados salió que tenía un ovario lleno de folículos y también nos dimos cuenta de que tenía una resistencia muy clara a la insulina”. Ahí fue cuando a Camila le confirmaron su diagnóstico y empezó a tratarlo con anticonceptivos para regular sus ciclos y metformina para controlar la insulina. La causa A pesar de ser una de las condiciones hormonales más comunes entre las mujeres, sus causas no son claras, pero se cree que factores genéticos y ambientales pueden cumplir un papel en la predisposición a sufrirlo, y también el estilo de vida. Patricia Barrera, nutricionista y dietista, quien hace 15 años está en la Asociación Colombiana de Diabetes, asegura que un 50% de esta afección es de origen genético y está latente, pero puede aflorarse cuando la persona sube de peso, come muchas azúcares, no hace ejercicio y no toma suficiente agua. “La idea es llegar a un acuerdo con el paciente y utilizar un anticonceptivo que no le suba de peso, que funcione bien, que le lleguen sus ciclos menstruales y que le disminuyan los dolores y molestias. En adición, si es necesario, debe adelgazar y, cuando llega a su meta adecuada, progresivamente se le puede quitar el anticonceptivo y es probable que se regulen sus ciclos”, asegura la Dra. Barrera. Este objetivo se logra con un plan de alimentación en el que se consuman cantidades apropiadas de frutas y verduras, de fibra, y de agua para mantener los órganos lubricados, comer a horas precisas y hacer una buena dosis de ejercicio. Los casos entre cada paciente pueden ser muy diversos. Por esto, los tratamientos dependerán de cada organismo y cómo este desarrolle el SOP. Por ende, es de gran importancia no generalizar el síndrome y trabajar con un equipo multidisciplinario para tratarlo de manera óptima. El hirsutismo es una afección que presentan muchas mujeres con SOP y les puede generar problemas de autoestima. Este genera exceso de crecimiento de vello negro y grueso, similar al de los hombres; puede ser en varias partes del cuerpo como la espalda y la entrepierna, pero también es muy común que se desarrolle en el rostro. Sara Pineda, quien actualmente tiene 24 años, desde su infancia notó la presencia de hirsutismo. A medida que su cuerpo comenzó a desarrollarse y llegar a la adolescencia, le salió mucho vello facial. Este no era como el de una mujer promedio que suele ser delgado, y esto le causó intriga por lo que decidió ir al médico y se enteró de su condición. “Siempre me dijeron que debía cuidar mucho de mi peso porque en el momento en que yo empiezo a aumentar de peso se alborota inmediatamente el crecimiento del vello. Había momentos en los que yo me rasuraba en la mañana, y ya en la noche tenía vello y me daba pena con mis compañeros”. La decisión que ella tomó para resolver este problema fue seguir el tratamiento hormonal y realizarse depilación láser para manejar con mayor control este síntoma, que le causaba tanta incomodidad. “Desde el momento en el que me lo diagnosticaron yo empecé a tomar anticonceptivos orales, pues la carga estrogénica (de las hormonas femeninas) me ayudaba mucho a regular mi periodo, mi piel y el hirsutismo”, confirma Sara, quien en la actualidad ya no sigue este tratamiento. “Por lo general, las mujeres que sufren ese trastorno tienen altos niveles de hormonas masculinas, como la testosterona, circulando por el torrente sanguíneo, o sus folículos pilosos son hipersensibles a los andrógenos. Esto hace que su cuerpo se llene de pelos gruesos, pigmentados y largos, tal como ocurriría en un hombre al culminar su pubertad. La causa más frecuente de esa alteración es el síndrome de ovario poliquístico, que afecta a entre 50 y 80 por ciento de las pacientes.”, explicó Carolina Cortés Correa, dermatóloga del hospital Universitario La Samaritana de Bogotá, en el tercer taller para periodistas de salud, que se llevó a cabo en la ciudad de Medellín. Importancia de un buen diagnóstico No debe creerse que por no presentar síntomas desde el inicio del desarrollo o aquellos considerados “comunes”, no se tiene el síndrome. Es importante estar al tanto de la salud reproductiva. “Yo me desarrollé a los 13 años, nunca tuve ningún problema hormonal, de acné o sobrepeso. Siempre tuve un ciclo regular y cólicos normales”, ratifica Juliana Escarraga, a quien le diagnosticaron SOP a la edad de 19 años, cuando de repente comenzó a sentir unos cólicos que le impedían moverse, comer e inclusive le daban náuseas. Le recetaron unos anticonceptivos que manejaban muy bien sus dolores, pero aproximadamente hace un año no los consigue, desde que el Ministerio de Salud reguló los precios de estos medicamentos. Al cambiar de pastillas, tuvo un comienzo que parecía ser favorable, pero con el paso del tiempo le volvieron a dar cólicos fuertes, y emocionalmente la han afectado negativamente por lo que quiere regresar a consultar con su ginecólogo para replantear su tratamiento y encontrar uno que se acople mejor a ella. Edmundo Mora, ginecólogo oncólogo, jefe de Ginecología Oncológica del Hospital San José y de la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud y miembro fundador de la Sociedad de Ginecólogos Oncólogos, distingue que “hay enfermedades que se pueden confundir con el síndrome de ovario poliquístico, sobre todo aquellas endocrinológicas de las glándulas suprarrenales o tumores centrales del cerebro que también pueden producir estos signos o síntomas”. Por esto, el Dr. Mora enfatiza en que un diagnóstico exacto es vital para evitar consecuencias negativas; es necesario un examen físico, una buena historia clínica con información sobre las menstruaciones y presencia de anormalidades. Este síndrome se debe llevar de la mano con profesionales, no solo ginecólogos, sino también endocrinólogos y nutricionistas, conocedores del tema a profundidad y que le den a este un manejo adecuado dependiendo de cada paciente para estar bajo un tratamiento que, además de eficaz, sea llevadero para la persona que lo padece. “Algunos médicos pueden llegar a minimizar esta afección. La diagnostican con una ecografía y le dicen: tómese estas pastillas anticonceptivas por un tiempo y cuando quiera quedar embarazada le dan otro tratamiento. Es mejor profundizar con estas pacientes: hacer diagnósticos diferenciales, pruebas de función ovárica, pruebas de testosterona. Lo principal es no tratar en una forma liberal o a la carrera estos ovarios poliquísticos”, recalca el doctor Mora, quien lleva una trayectoria de más de 40 años en el campo de la ginecología. En definitiva, las mujeres que sientan algunos de estos síntomas y tengan dudas sobre lo que sucede con su cuerpo o sospechen padecer SOP no deben dudar en acudir a un médico profesional que aclare las incertidumbres y dé respuesta a aquello que les sucede. Una versión de este trabajo fue publicada en alianza con Colombia Press el 26 de julio de 2023. Consúltala en el aquí.

  • Si no hay agua | unisabanamedios

    SI NO HAY AGUA ¿CÓMO CAMBIARÍA LA VIDA? Escrito por: Laura Daniela Arriaga Bustos Los bajos niveles de agua en los embalses que abastecen a la capital colombiana y a los municipios de la sabana podrían tener un impacto directo en la generación de energía eléctrica en el país, lo que podría resultar en apagones y una disminución en la calidad de vida de los colombianos. Si un día, el agua de los embalses de Bogotá se esfumara por completo, el paisaje cambiaría drásticamente, y con él, la vida de sus habitantes. El primer día, sería como despertar en un mundo al revés. Los grifos dejarían de rugir, y el silencio se apoderaría de las casas. Los niños, acostumbrados a jugar con el agua, la extrañarían como a un amigo perdido. La ciudad, sin el brillo de sus fuentes, luciría opaca y cansada. Cada mañana, la ciudad se despertaría con sed. El agua potable se volvería una quimera. La gente se vería obligada a recurrir a fuentes alternativas, como el agua de lluvia y los pozos subterráneos, pero ninguna de ellas sería suficiente para satisfacer la demanda. A medida que pasan los días, el agua se haría aún más preciada. Las autoridades instarían a la población a racionar el agua, pero la gente comenzaría a sentir el peso de la escasez. Las filas en las estaciones de bombeo se harían interminables, y el agua se distribuiría con cuentagotas. Este escenario apocalíptico, suena lejano, pero, en realidad, es lo que podría pasar en Bogotá y en el mundo si no se toman medidas urgentes para abordar la crisis hídrica y energética que está comenzando a salir de los libros y de las teorías del fin para comenzar a acercarse cada vez más. Crisis, que en Colombia, ha sido desatada por una progresiva sequía sin precedentes en sus embalses, resultado de una anomalía climática provocada por el cambio climático global, un fenómeno que ha provocado una disminución en las precipitaciones en muchas regiones del mundo. En las profundidades del océano Pacífico surge El Niño, un misterioso fenómeno que desata caos en la tierra y el cielo con sus corrientes cálidas. Este cambio climático repentino afecta a América del Sur, provocando sequías, inundaciones y alterando la vida de quienes lo experimentan. Las aves marinas anuncian su llegada, las nubes cargadas de incertidumbre presagian tormentas, y los ríos se desbordan en un intento por contener su furia impredecible. En tierra firme, agricultores ven sus cosechas marchitar, mientras en las ciudades, la sequía cubre de polvo árido a quienes buscan refugio. El Niño desafía las leyes humanas, recordando la soberanía de la naturaleza y la necesidad de convivir en armonía con ella. La falta de lluvias y el aumento de las temperaturas han provocado una disminución drástica en los niveles de agua en los embalses, lo que ha llevado a la implementación de medidas de racionamiento y restricciones en el suministro de agua. El alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, anunció un racionamiento de agua para afrontar los bajos niveles que registran los embalses que nutren a la capital colombiana. La situación es crítica, especialmente en el sistema de Chingaza, donde los dos embalses que surten el 70% de la demanda hídrica de Bogotá tienen niveles por debajo del 20% de su capacidad. El sistema de abastecimiento de agua potable de Bogotá, de los municipios aledaños y de la sabana, está dividido en tres sistemas que lo integran en total ocho embalses. El Sistema Norte proporciona el 25%, el Sistema Chingaza aporta el 70% y el Sistema Sur, el 5%. Los niveles del embalse de Chuza en el Páramo de Chingaza, nuestra principal fuente de agua, están bajando. La sequía en los embalses de Bogotá es una historia de agua y fuego, de cielos despejados y tierras sedientas. Es una historia de un fenómeno natural que se ha vuelto más frecuente y más intenso debido al cambio climático. Es una historia de una ciudad y una región que se enfrentan a un desafío sin precedentes, pero también es una historia de esperanza y de la capacidad humana de adaptarse y superar las dificultades. Pero la crisis hídrica no solo afecta el suministro de agua potable, sino que también tiene un impacto directo en la generación de energía eléctrica en Colombia. La sequía ha llevado a bajos niveles en los embalses que abastecen de agua a la capital y a los municipios de la sabana, y esto podría afectar el suministro eléctrico en el país. En Colombia, la generación de energía eléctrica se produce en un 66% a partir de recursos hídricos, mientras que el 30% proviene de recursos térmicos como el gas, carbón, fueloil y combustóleo, y el 4% de otras fuentes. La sequía podría afectar la generación hidroeléctrica, lo que podría llevar a una mayor dependencia de los recursos térmicos y, en consecuencia, a un aumento en el costo de la energía. La generación de energía en Colombia se realiza en cuatro etapas: generación, transmisión, distribución y comercialización. La generación se produce en las centrales eléctricas a partir de diferentes recursos, y la energía se transmite a través de cables desde las centrales de generación hasta los grandes centros de consumo, como las ciudades y los hogares. La distribución habilita la entrega y el consumo de energía limpia en los hogares, negocios, empresas, municipios y ciudades, y la comercialización representa a los clientes en el mercado eléctrico por medio de la venta de energía eléctrica. En el mercado eléctrico colombiano, existen dos segmentos: el regulado y el no regulado. El segmento regulado está dirigido a usuarios residenciales, comerciales e industriales de menores consumos, y el no regulado está dirigido a aquellas empresas u organizaciones con altos consumos de electricidad y que pueden ser partícipes del mercado. La crisis hídrica podría afectar tanto al segmento regulado como al no regulado, ya que la generación hidroeléctrica es la fuente de generación de energía más importante en Colombia. La Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg) es la entidad encargada de regular el sector eléctrico colombiano. La entidad establece el régimen de generación, interconexión, transmisión y distribución, y se encarga de regular los precios de la energía en el país. La crisis hídrica podría llevar a un mayor incremento de las tarifas en ocho zonas del país, donde operan las compañías con un mayor nivel de compra en el mercado de contado, es decir, de la bolsa de energía, cuando la hidrología está baja. En medio de la crisis hídrica y energética, los bogotanos se enfrentan a lo que pueda suceder de ahora en adelante. La generación de energía eléctrica, vital para el funcionamiento de la ciudad y del país, también se ve afectada por la sequía. La crisis hídrica y energética son dos caras de la misma moneda, y ambas están relacionadas con el cambio climático global, el fenómeno de El Niño y la falta de conciencia social sobre el tema ligada a acciones que contrarresten su impacto. Mientras tanto, en las entrañas de la tierra, el agua se esfuma. Los embalses de Bogotá, que una vez reflejaron el cielo en su superficie, se han convertido en cáscaras vacías, testigos mudos de un futuro incierto. La vida, como la conocemos, se tambalea en la cuerda floja, y el racionamiento de agua es solo una medida paliativa para alargar la agonía. La pregunta que queda es: "Si no hay agua: ¿Cómo será la vida? ¿Habrá vida?". La respuesta está en nuestras manos, en nuestra capacidad de actuar y de transformar nuestras sociedades para garantizar un futuro sostenible y justo para todos. ¿DE DÓNDE VIENE? CRÓNICA DE UNA SEQUÍA INICIO

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    Programa de debate político. No Más de lo Mismo Debate y opinión para aborda los temas más importantes de la actualidad política a nivel nacional e internacional. Unisabana Radio Compartir

  • Un gran bocado de reconstrucción social

    Un gran bocado de reconstrucción social Valentina Aguilera Páez y Valentina Benítez Guerrero, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo Fecha: Más allá de ofrecer una propuesta innovadora de un plato, la cocina de autor en Cundinamarca integra diversas naciones, coyunturas sociales y medioambientales. Lea también: ¿Cómo preparar plátano aborrajado? Compartir Foto: Valentina Aguilera Páez Interior de la cocina del restaurante El Chato, ubicado en la localidad de Chapinero en Bogotá, liderada por el chef Francisco Bejarano. Un olor a parrilla, salteado y especias golpea los sentidos al momento de cruzar el umbral de aquella edificación color negro. El Chato, restaurante posicionado como el séptimo mejor en Latinoamérica según el listado Latin America’s 50 Best Restaurants, se ubica en una de las localidades más antiguas de Bogotá: Chapinero. Los gritos que provienen de las estaciones de cocina, el ajetreo, los cubiertos que rechinan entre sí, el humo y las gotas de sudor que bajan por la sien del chef hacen parte del éxito de un plato que combina carnes, salsas y vegetales. En Chapinero se vive un contraste gastronómico en aquel edificio negro con puertas de madera; un contraste entre lo tradicional y lo moderno. Combinar especias, mezclar ingredientes y dejar de lado lo convencional es el punto de partida de la cocina de autor ; una cocina en donde la creación de un plato está a merced de la creatividad del chef. Se trata de un estilo propio en el cual el chef es autor de una obra inédita, de un plato en el que se rompen los esquemas de la cocina tradicional. El arroz cremoso, las verduras frescas, los champiñones salados, los camarones ligeramente dulces y las frutas ácidas, entre otras cosas, constituyen platos con productos locales colombianos. Dentro del fogón Mientras el calor de las llamas se eleva unos 40 centímetros frente a los ojos del cocinero, el contacto del aceite caliente con el sartén retumba como chispas que arden tras saltear los alimentos. En una de las estaciones de la cocina hay un ayudante picando verduras; en la próxima se están adobando carnes y marinando pescados; en las siguientes hay varios encargados para cada proceso que hace posible obtener un auténtico plato final: un plato que lleva impreso el sello personal del chef. Una vez en la mesa, el cliente se enfrenta a un flashback (recuerdo) gustativo: es capaz de recordar, gracias a los sabores, experiencias personales intrínsecas de su cultura. No se trata de recetas tradicionales, sino de productos locales que conforman un plato insólito. “Hoy la cocina de autor es una cocina responsable, donde el chef piensa en su entorno directo y cómo aprovechar ese entorno directo para cocinar mejores platos”, explica Daniel Prada, director del programa de Gastronomía de la Universidad de La Sabana. Por esta razón, la cocina de autor trabaja con pequeños proveedores y agricultores locales. Los platos de este tipo de cocina en Cundinamarca —uno de los 32 departamentos de Colombia—, oscilan entre los 30 mil (8 USD) y los 200 mil pesos (50 USD). Los procesos que resultan de obtener productos en condiciones naturales —y no preferir una importación considerablemente más barata—, determinan su valor. No es lo mismo consumir un pez cuyo crecimiento fue acelerado en cuestión de 5 meses, a esperar por uno de criadero que tardó 1 año en alcanzar 500 gramos de peso . Un filete de pescado importado por kilo se consigue a 16 mil pesos, mientras que ese mismo kilo en Corabastos —la plaza de mercado más grande del país— se compra a 30 mil pesos. Daniel Prada manifiesta que “hasta ahora estamos entendiendo cómo hacer una producción local sostenible sin depender de las importaciones”. Los restaurantes de cocina de autor en Cundinamarca lo están entendiendo: Mesa Franca, Humo Negro, El Chato, Mestizo, Atelana Tapas, Salvo Patria y Mini Mal son una muestra de lo que significa explorar nuevas formas de cocina. Jaime Torregrosa, chef ejecutivo del restaurante Humo Negro, ofrece un postre llamado Chocolate y Carantanta. Allí condensa la amargura del helado de chocolate y el toque salado del condimento japonés “miso”; la dulzura de la leche de coco, la acidez de la toronja y la naranja; junto con la carantanta, un chicharrón de maíz —proveniente de Popayán, un municipio colombiano— que se obtiene de los restos de masa que quedan pegados a la olla cuando se cocinan arepas de maíz. Este postre se aparta del dulce convencional para ofrecer sabores y texturas diversas que se mezclan en el paladar y posibilitan un flashback gustativo. Cocción lenta En la década de los setenta se revolucionó el concepto de cocina. A partir de este momento los grandes chefs dejaron de enfocarse en el gusto y le dieron prioridad al sentido de la vista, a la forma en que luce el plato. “Este cambio se conoció como Nouvelle cuisine ”, explica Alejandro Gutiérrez, chef ejecutivo de Salvo Patria. Ferrán Adriá —considerado el padre de la gastronomía moderna y chef de El Bulli, el mejor restaurante del mundo en cinco oportunidades según The World’s 50 Best Restaurants — introdujo nuevas técnicas: la deconstrucción de los platos, que busca conservar los ingredientes propios de un plato tradicional, cambiando su presentación física, pero conservando sus sabores; la esferificación, que da forma de esfera a los alimentos líquidos, convirtiéndolos en gelatina; y el empleo del nitrógeno líquido, un gas que facilita la cocción fría al bajar temperatura, perfecto para preparar sorbetes, helados o sopas frías. A partir de los años 2000, los chefs buscaban resaltar la gastronomía nacional. El plato más colombiano de Humo Negro, llamado Ventresca de Pirarucú, incorpora pescado graso parrillado del Amazonas; oreja de perro, una arepa tradicional colombiana del Huila; camu camu, un fruto ácido del Amazonas que aporta frescura al plato; tucupí, un caldo amarillo agrio extraído de la yuca proveniente de la costa Atlántica; y cebollas saladas. Este plato reúne una mezcla de sabores salados, ácidos y ligeramente agridulces, a la vez que condensa el olor a parrilla y varias regiones de Colombia en un bocado. Leonor Espinosa, reconocida como la mejor chef mujer del mundo en 2022, fue una de las pioneras en la cocina de autor en Colombia. Dio vida a las raíces indígenas —con guisos salados a base de chivo— y afrocolombianas —con la dulzura de la leche de corozo (un fruto de la costa Caribe)— a través de platos de alta cocina. Cada ingrediente plasma la historia de su comunidad: el corozo, por ejemplo, se consume en el Caribe desde la llegada de esclavos africanos a Colombia en el siglo XVI, siendo de gran importancia cultural. Semillas nativas El conflicto armado colombiano imposibilitó por muchos años que los cocineros pudieran explorar los territorios en busca de nuevos ingredientes a causa de la inseguridad de las zonas rurales. “La firma del tratado de paz ha permitido una reexploración de los colombianos con su país” , indica Daniel Prada. Ahora es posible ir a Pitalito, Huila —uno de los departamentos más afectados por el conflicto en Colombia—, a traer el arroz que es protagonista en el menú clásico del restaurante El Chato. Con la articulación del productor local, la cocina de autor reconstruye el tejido social y reduce los cultivos ilícitos. Nariño es uno de los cinco departamentos que concentra el 84% de cultivos de coca en el país, según datos del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos de la ONU (SIMCI). En Tumaco, distrito ubicado en Nariño, la economía se basa en tres productos: el viche (bebida proveniente de la caña de azúcar), los camarones y la coca. En este mismo sentido, Iván Cadena, chef del restaurante Mesa Franca —ubicado en Chapinero Alto—, recorre 1.050 kilómetros desde la capital colombiana para ofrecer otra alternativa a la comunidad del suroccidente del país: “Si en Tumaco hay gente que tiene muchas más oportunidades por el viche que por la coca, la gente deja de cultivar coca”. Mula Pacífica es el licor estrella de Mesa Franca: es una bebida transparente y aceitosa a base de viche, que huele a miel de caña y plátano, y que combina sabores salados y frutales con el picante del jengibre y la efervescencia de la soda. Las iniciativas se extienden a otras partes del país. “Nosotros tenemos una producción pequeña de leche y su transformación en queso maduro aporta un valor agregado. Hoy en día tenemos ocho empleados con sus familias”, señala Andrés Barreto, proveedor del restaurante Salvo Patria. Todas estas pequeñas apuestas que las entidades estatales ignoran, la cocina de autor las resalta. “Por lo general, el campesino independiente no tiene ningún apoyo por parte del Ministerio. Por eso, el que está solo o en pequeñas empresas deja de producir”, concluye uno de los funcionarios del Ministerio de Agricultura que pidió anonimato. Las políticas de la institución se enfocan únicamente en campesinos que están afiliados a grandes almacenes de cadena como Éxito, Carulla o Jumbo. De aquello resulta que Andrea Bello, otra de las proveedoras locales ubicada en el municipio de Ubaté, explica: “Para nosotros es espectacular que en Salvo Patria utilicen nuestros quesos porque son artesanales y somos una empresa pequeña. [...]. A veces no se valora el esfuerzo que en Colombia se hace por sacar estos productos”. Apoyando al consumo local se dinamiza la economía; por ello, comprar se convierte en un ejercicio pedagógico que concientiza sobre el valor de la cadena productiva primaria. Sembrando conciencia La cocina de autor de Cundinamarca plantea soluciones sostenibles para el medio ambiente . Los restaurantes evitan al máximo el desperdicio de alimentos y cambian periódicamente la carta para mantener un equilibrio dentro del ecosistema. Esta condición obedece a los cambios de la naturaleza; se tienen que ajustar a la disponibilidad de los productos. “El alimento es un vehículo para construir bienestar en los territorios. […]. Nos parece muy importante que la gente conserve conocimientos sobre las comunidades para seguir conservando los ecosistemas”, asegura Eduardo Martínez, chef ejecutivo del restaurante Mini Mal en Bogotá. En Mesitas del Colegio, un pequeño municipio del departamento de Cundinamarca, ubicado a tres horas y media de la capital, también se viven iniciativas orientadas hacia ese fin. Allí tiene lugar Mestizo, una cocina de origen que mezcla la cultura colombiana y la española, en cuyas recetas se implementan principalmente alimentos como el maíz y la papa. Jennifer Rodríguez, chef ejecutiva del restaurante, busca que los platos cuenten historias por sí solos y que reflejen sostenibilidad: “Nuestra filosofía es comer lo que hay, pero el consumidor final a veces no lo entiende”. Hasta la raíz Una vez se entiende que la gastronomía es la identidad de un país, se comprende que la cocina va más allá de la preparación de un plato. “Se resignifica el producto colombiano y el recetario colombiano, y eso siempre va a estar en constante ebullición porque es una gran olla, donde sale una cantidad de hervores nuevos, con nuevos aromas y nuevos sabores”, precisa Mauricio Silva, columnista y periodista gastronómico. Asimismo, Mónica Pulido, asesora del Grupo de Patrimonio Cultural Inmaterial del Ministerio de Cultura, expresa: “Con la Política para el conocimiento, la salvaguardia y el fomento de las cocinas de Colombia, nosotros no solo buscamos reconocer un plato, sino la historia de vida que hay alrededor de él . Hay que empezar a visibilizar a todos los actores que hacen parte de la cadena de valor. [...]. Buscamos que los grandes chefs de cocina de autor reconozcan que hay una comunidad que les brindó ese conocimiento”. Un ejemplo de ello se evidencia en la vía que conduce hacia Chía-Cajicá, municipios aledaños a la zona norte de Bogotá, tiene como destino el restaurante Atelana Tapas: allí Catalina Atuesta, chef colombiana, y Eduardo Chavarri, chef peruano, emplean las técnicas europeas que aprendieron cuando vivieron juntos cuatro años en España. El plato llamado Pescado Consentido ilustra la esencia de las tres culturas: tiene una base de galleta suave de ajonjolí; encima lleva la frescura acevichada del mango y del aguacate; para finalizar, un bocado rojizo de atún sellado con una costra de ajonjolí negro y blanco complementa una degustación perfecta. Posteriormente, se presenta una entrada brava del menú: Patatas Bravas no convencionales. Son unas papas pastusas empanizadas acompañadas con un huevo frito encima, el cual evoca un calentado paisa. Por último, inicia la aventura llamada Navegando al Citrón: una cama de merengue suave y dulce que combina a la perfección con la acidez intensa del curd (crema) de limón y el crumble (migas) de galleta, un postre que integra tendencias inglesas. Esta experiencia permea los sentidos que captan sabores y texturas conocidas, y próximas a conocer. Mientras lo salado y lo dulce conforman una perfecta armonía, los cítricos danzan en la lengua de un comensal. Su mirada se intensifica al contemplar los colores que pintan el plato. Sus ojos reflejan las tonalidades verdes, marrones, amarillas y rojas que predominan sobre la mesa. La suavidad y frescura de las cremas, las carnes y los pescados, junto con la crocancia de los acompañamientos satisfacen su paladar. El olor a parrilla, horno y carbón se filtra por su nariz y lo transporta a diversos lugares y momentos. Cierra sus ojos, deleitado ante la placentera sensación de un mordisco. Al momento de ingerir la comida, el movimiento en su garganta se profundiza; allí culmina la tarea de la cocina de autor.

  • ¿Cuál será la suerte del campo colombiano?

    ¿Cuál será la suerte del campo colombiano? Jhonnyer Javier Paredes Castillo, Diana Contreras Osorio, Karen Guzmán Rodríguez, Laura Daniela Sánchez, Comunicación Social y Periodismo 200 años de independencia en Colombia y, para Josefina, la adivina, sigue sin haber interés estatal sobre los campesinos. Ver también: Lo que calla el campo Compartir

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