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- La historia del noveno arte
La historia del noveno arte Jesús Bernal, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Existe una biblioteca secreta, una oculta, que es la biblioteca del cómic. Muestra las mejores aventuras humanas que un niño y un adulto puedan imaginar. Lea también: "Escritor de historias de terror" Compartir Foto: Foto: Jesús Bernal No hay nada mejor que leer las letras de un experto en un tema. “Cómic, la aventura infinita” es la obra más reciente escrita por Felipe Ossa, el coleccionista más grande de Colombia. Este veterano, amante de las historietas, encuentra la mejor forma de presentar a los pioneros del cómic y a sus exponentes más recientes, pasando por las obras de personajes que hoy son patrimonio de la humanidad como lo son Superman, Batman, Mafalda, Snoopy, Astroboy, entre otros. Es un libro que envía al lector a un sendero de memorias de su niñez cuando nombra una de sus historias favoritas, pero a la vez lo duerme cuando lo bombardea con miles de datos, nombres e historias que no acompaña gráficamente y que en muchos casos no cuentan con un hilo conductor. Este libro de 255 páginas, editado por Planeta, presenta el poder que tiene el denominado “noveno arte” y sus influencias en el contexto social, político e ideológico a lo largo de la historia y en la actualidad. Felipe Ossa es coleccionista profesional y director y jefe de la Librería Nacional. La pasión de niño por leer cómics lo llevó a convertirse en un referente de este mundo por su conocimiento y trabajo en la revista ¡Click! en la década de los 80’s. Y aunque en Colombia la historieta no arribó sino hasta finales del siglo XIX, su popularidad inmediata hizo que este tipo de literatura hiciera parte de los estudios de la naciente “cultura pop”. La obra de Ossa permite recapitular el trazo caligráfico y redondeado de ilustradores como Joe Shuster (Supermán), Jack Kirby (Capitán América), Quino (Mafalda), entre otros, que lograron hacer del cómic un miembro de la familia tradicional. Después de todo, como diría Mario Mendoza: “La llegada de los dibujos con texto, une en un matrimonio la imagen y el lenguaje”. Ya luego, con ayuda del color, las historietas tomarían más trascendencia. Ossa lo transmite en la portada de su libro al usar tonalidades propias de los cómics y trazos con viñetas acompañadas de los personajes más conocidos de este mundo. Definitivamente este es un buen enganche para que el posible lector decida sumergirse en su obra. Estructura y color Para los fanáticos lectores de los cómics, este libro tiene bastante información acerca de su historia, los invita a que descubran más de aquel mundo que unifica la imagen y el texto. El libro contiene abundantes datos curiosos que permiten que un verdadero seguidor del cómic se sumerja en una historia que es narrada cronológicamente. Además, la obra de Ossa resulta ser atractiva visualmente por el buen uso de la gama de colores que se implementa en su portada. Asimismo, la manera en que está diseñado su contenido también es de agrado para el lector debido a que juega con el tamaño de letra, distribución del espacio y uso de algunas imágenes representativas. Por otro lado, aunque el libro hace uso de ilustraciones, lo que predomina es el texto. Para Luis Hurtado, seguidor de cómics de superhéroes, el desarrollo es bueno aunque carga al lector cuando nombra cientos de historietas que son desconocidas y que no van acompañadas con ilustraciones. Para una persona que disfruta de esta literatura por hobby solo es provechoso leer el texto cuando se habla de un personaje o historieta ya conocido. En el caso que el lector quiera saber más de la historia de un personaje que le parece relevante tiene que abandonar la lectura e ir a internet para tener una imagen clara, o debe cruzar los dedos y esperar que el escritor presente la ilustración más adelante. La guerra y los héroes de las historietas Es interesante observar en el libro el protagonismo que tiene el cómic con respecto a las distintas contiendas que se dieron en el mundo. No cabe duda de que es fundamental destacar el papel que cumplieron las historietas como herramienta de penetración ideológica en el siglo pasado. Desde la portada número uno de la revista del Capitán América (1941), que tiene al héroe golpeando a Hitler, hasta el mismísimo ratón favorito de Disney y su aventura en 1943 contra los nazis, en la tira titulada: Mickey Mouse and the Nazi Submarine ; provocaron que existiera una propaganda a favor de la causa y que los norteamericanos se sintieran respaldados por personajes fruto de la inspiración de brillantes ilustradores. Este tipo de historietas llevaron a que países como Alemania e Italia prohibieran su circulación. Pero este suceso no solo ocurrió en el exterior, Felipe Ossa comenta que a finales de los 60’s en Colombia llegaron entes del Estado a incautar historietas como si estas fueran armas o droga. Este acto originó la ‘castración’ del cómic en nuestro país y, por consiguiente, la no evolución de esta industria. El legado del cómic Luego de que el cómic fuera la base e inspiración para la creación de series y películas, los nuevos ilustradores encontraron en la historieta una forma de diseñar imágenes que transmitieran mensajes y generarán criterio en el pueblo colombiano. “En gran medida, las caricaturas nacieron de los cómics. La opinión gráfica es, básicamente, un juicio que se da por medio de imágenes y texto”, asegura Vladimir Flórez, periodista y caricaturista colombiano más conocido con el pseudónimo de ‘Vladdo’. Ante la ausencia del cómic, en su momento, la caricatura tomaría presencia en los periódicos y revistas que hacían parte del día a día de los colombianos, esta sería la encargada de luchar contra la injusticia del país. Ahora bien, una nueva forma de contar historias llegó a la literatura, la novela gráfica. Ossa expone que el dibujo tiene un impacto más directo, por esos libros que llevan a los lectores a una nueva forma de apreciar la literatura. Textos como Los Once (2013), que narra la historia de la toma al Palacio de Justicia, o Satanás (2018), una obra del conocido Mario Mendoza que fue ilustrada por Keco Olano. Felipe Ossa cumple con el objetivo de plasmar sus conocimientos del cómic en un libro. También suscita aquellos recuerdos que yacen en la memoria de los lectores acerca de personajes que, alguna vez, hicieron parte de su infancia. Y, por último, este escritor los invita a hacer parte de “una aventura infinita” a través de las historietas y sus derivados.
- Actores interpretando a actores
La creación de personajes es un reto para actores y actrices, que deben hacer una gran investigación para prestar su cuerpo y emociones a quienes interpretan. Actores interpretando a actores La creación de personajes es un reto para actores y actrices, que deben hacer una gran investigación para prestar su cuerpo y emociones a quienes interpretan. Compartir
- Saludo del Ministro de las TIC
Saludo del Ministro de las TIC Unisabana Medios Ver también: Compartir
- Firmantes de paz dejan atrás su pasado
Firmantes de paz dejan atrás su pasado Paula Andrea Abreu Briceño, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana. Fecha: Desde la culminación del conflicto entre las Farc-Ep y el Gobierno colombiano, han sido numerosos los excombatientes que le han apostado al camino de la reincorporación, desde emprendimientos de cerveza hasta casas culturales. Lea también: Emprendimientos de excombatientes: proyectos que construyen paz Compartir Foto: Paula Andrea Abreu Briceño En Colombia, durante más de 50 años, se vivió uno de los conflictos armados más crudos y dolorosos que ha presenciado la humanidad. Secuestros, reclutamientos forzados, asesinatos y tomas guerrilleras fueron los “buenos días” que recibieron los colombianos, durante décadas. Las palabras paz y reconciliación se habían convertido en el chiste amargo de un país que era protagonista ante el mundo por su guerra y violencia. Por eso, imaginar a un desmovilizado, que había estado por años en las filas de las Farc-Ep, en pleno año 2021 vendiendo café, a pocas cuadras del Parque Nacional, con el eslogan ‘un tinto por la paz’, hubiera provocado miles de carcajadas sin gracia y llenas de sarcasmo. Sábado, 26 de septiembre de 2021, La Casa de La Paz, ubicada a 4 minutos del Parque Nacional Enrique Olaya Herrera, Bogotá, 3:30pm. —No hay camino para la paz. La paz es el camino —dijo Hugo Rodríguez, firmante del acuerdo de paz entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (Farc- Ep) y el gobierno de Colombia. Él, junto a otros desmovilizados, era partícipe de un mercado que se organizó con el fin de conmemorar los cinco años de la firma del primer acuerdo de paz, el cual se había dado el 26 de septiembre de 2016, en Cartagena. Estaba sentado en la parte de atrás, casi como si dejara que aquellos curiosos que se iban acercando a la feria se intrigaran primero con los que estaban vendiendo en la parte del frente, para que luego él con su característico acento costeño le diera el toque especial. -—¡Siga, siga! ¡Por preguntar no se le cobra! —gritaba. Tenía una camisa gris y un par de jeans rasgados, su cabello era negro y corto, más o menos peinado al estilo militar, su piel era una mezcla entre blanca y morena; sus antebrazos estaban adornados con uno que otro tatuaje. Su producto era el ‘café con sabor a esperanza’. Venía desde el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación de La Elvira, vereda de Buenos Aires, al norte del departamento del Cauca. Hugo Rodríguez nació en Chimila, César, Colombia, entró en la insurgencia a principios de los años 2000. Contaba que cuando vio a su mamá, después de haber estado en las filas de las Farc-Ep, no tenía palabras para expresar todo lo que sentía, no sabía si pedirle perdón o simplemente guardar silencio. Cuando se fue, sus sobrinos eran apenas unos bebés, casi que ni los recordaba. Sin embargo, ese día, ahí estaban dos de ellos, una mujer y un hombre. Él, apasionado por el fútbol e hincha del Junior de Barranquilla, es uno de los colaboradores en todo el proceso del ‘café con sabor a esperanza’. Y ella es una mujer joven, con una sonrisa despampanante, esas que se contagian con una facilidad indescriptible. El proyecto del ‘café con sabor a esperanza’ empezó en el año 2017. En principio con las ayudas destinadas al acuerdo de paz, pero luego aquellos firmantes que continuaban en La Elvira se dieron cuenta de que dicho emprendimiento podía ser algo rentable y decidieron continuar con el cultivo y con el procesamiento del café. Hoy en día, hay 134 personas afiliadas al proyecto, pero no todo ha sido fácil en este proceso de reincorporación. Al preguntarle a Hugo Rodríguez por uno de los retos del acuerdo de paz fue enfático en decir: “Las viviendas no fueron construidas como estaba planteado y nos tocó a nosotros, para poder llegar a los espacios de las zonas veredales”. Jueves, 14 de octubre de 2021. Andrés Eduardo Echeverría Ramírez, subdirector territorial de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), fue enfático en decir que la paz es con hechos, esto después de preguntarle acerca de las críticas que ha recibido el gobierno al no cumplirle a los firmantes de paz con las ayudas esperadas. “Estamos hablando de 3.250 de proyectos productivos, los cuales benefician cerca de 7.100 personas. Desde el 2018, alrededor de 7.172 personas han accedido a una formación académica y 3.648 ya son bachilleres, un 99% de la población ha estado o está afiliada al sistema general de seguridad social en salud , un 85% al sistema de protección a la vejez y se ha hecho un acompañamiento integral a 11.400 personas, aproximadamente”. Sin embargo, luego de hacer un resumen de los logros y esfuerzos por parte del Gobierno Nacional y de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), Andrés Eduardo Echeverría Ramírez agregó que la disposición es de ambos lados, y aunque comprende que la construcción de confianza tome un tiempo en desarrollarse, debe haber determinación. “Yo puedo abrir cupos en formación académica, cupos en formación para el trabajo, pero al final depende de la voluntad de la persona para sacar adelante y aprovechar estos ejercicios, estas garantías en materia de reincorporación . Para poder construir su proyecto de vida en la legalidad”, dijo de manera concluyente. Lunes, 20 de septiembre de 2021, Casa Cultural La Roja, Calle 41 #20-09, Bogotá. Son aproximadamente las 5:30 de la tarde, hay un grupo de amigos a las afueras de la Casa Cultural La Roja, ubicada en Bogotá, la cual fue inaugurada el 20 de agosto de 2021 y que reúne diversos emprendimientos de firmantes de paz. La casa no es muy grande, pero logra transmitir un ambiente cálido, como aquellos lugares que tienen una mística atrapante, que a son de palabras entusiastas, murmullos y ojos curiosos, construyen una magia electrizante. Gabriela Sánchez, trabajadora de la casa y estudiante de administración pública, corría de allá para acá, pues ese día estaba sola y justo había varios clientes a la espera. Limpiaba, recogía, organizaba y atendía. Ella ha vivido el proceso de paz de cerca. Su tía es firmante. —Ella era universitaria cuando se fue. Me acuerdo de mandarle cartas porque no la veía muy seguido. Recuerdo que la primera vez que la vi, después de muchos años, fue en la televisión, en una entrevista —dijo sin vacilaciones. Gabriela contó que, aunque han sido objeto de hostigamientos, por parte de diversas personas, incluso de una señora mayor de edad, vecina del lugar, la clave está en no responder con odio, sino con amor. Aseguró que, si bien “el gobierno ha dilatado los procesos”, ha visto cómo a su tía le ha tocado muy duro, para sacar los proyectos adelante; afirmó que el proceso de paz es posible si se dejan a un lado las estigmatizaciones y recordando que “todos somos colombianos y somos familia”. Sábado, 26 de septiembre de 2021, La Casa de La Paz, ubicada a 4 minutos del Parque Nacional Enrique Olaya Herrera, Bogotá, 6:40pm. El mercado por la paz aún seguía, la música se mezclaba con las conversaciones, las risas estruendosas, los gritos de aquellos que todavía estaban vendiendo sus productos. Todos bajo el mismo techo de La Casa de La Paz, ubicada en la carrera 13 # 36-37, Bogotá. Felix Antonio Muñoz Lascarro, más conocido como Pastor Alape, por quien hasta hace unos años el gobierno estadounidense ofrecía 2,5 millones de dólares a la persona que diera información que permitiera su captura, ahora se encontraba en el antejardín de la casa, en tertulia con varias personas a su alrededor. Su voz era pausada, tenía el cabello rizado, algunas canas se asomaban lentamente y sus manos temblaban. Las palabras que utilizaba eran con tal cautela, que parecía que estuviera diciendo un discurso frente a miles. A las afueras había más o menos cinco camionetas blindadas de color blanco. A un metro de distancia, aproximadamente, estaba un hombre que analizaba quién se acercaba a Pastor… Seguramente su guardaespaldas… Pastor Alape “fue militante de las Juventudes Comunistas antes de ingresar a las Farc-Ep, en los años 80 del siglo pasado”, diría una de las noticias que escribió la BBC Mundo, hace unos años, acerca de él. Cuando se conoció que haría parte de los diálogos de La Habana, “se decía que era el Secretariado de las Farc-Ep el que estaba negociando, lo cual mostraba la seriedad y la importancia que habían adquirido los diálogos”. Así lo aseguraba, hace cuatro años, más o menos, la Fundación Paz y Reconciliación. De ahí el valor que este hombre estuviera, cinco años después de la firma, respondiendo con tal tranquilidad y calma, como si recreara una escena digna de Hollywood. —Es un esfuerzo en este nuevo escenario de la acción, en dirección hacia poder sumar tanto las iniciativas, como los compromisos del país, para poder lograr que el acuerdo de paz pueda influir positivamente en la construcción de la sociedad. — De esta manera, con una diplomacia sepulcral, respondería a la pregunta de cómo vivió los diálogos de paz, siendo él uno de los protagonistas. — Hay que hacer mucha pedagogía para que se entienda que el acuerdo de paz no es un instrumento para polarizar, sino un instrumento para reconciliarnos , para rencontrarnos, para poder abrir senderos hacia la construcción de políticas públicas que garanticen derechos a los ciudadanos —diría Pastor Alape, respondiendo a cuál sería una solución para derrumbar la estigmatización contra los acuerdos de paz. Jueves, 24 de noviembre de 2016, Teatro Colón, Bogotá, Colombia. Lo impensado hasta hace unos años se estaba dando en la Calle 10 # 5 -32, más exactamente en el Teatro Colón, pleno centro de Bogotá. Los colombianos serían testigos de uno de los momentos más anhelados y esperados en la historia reciente: La firma del acuerdo de paz. Y aunque después de haber tenido traspiés en la firma definitiva del acuerdo, como el ‘No’ del plebiscito; Juan Manuel Santos Calderón, entonces presidente de Colombia, mencionaría en las frases iniciales de su discurso: “Los colombianos no nos dejamos abatir por la adversidad y reaccionamos con fortaleza, coraje y fraternidad frente a los obstáculos”; un pequeño resumen de cómo se desarrollaron los acuerdos. Sábado, 26 de septiembre de 2021, La Casa de La Paz, ubicada a 4 minutos del Parque Nacional Enrique Olaya Herrera, Bogotá, 6:00pm – 7:30pm. Mientras en el primer y segundo piso de la casa estaba el mercado, en el tercer piso se llevaba a cabo el foro La paz es el camino, el cual buscaba responder algunas inquietudes, luego de los cinco años de la firma del acuerdo. Después de finalizado el conversatorio, la gente se iba alejando del lugar, la mayoría se dirigía de nuevo a donde estaba el mercado, la música, la comida y la cerveza. Sin embargo, Daniel Cano, líder de relacionamiento estratégico del Instituto Kroc, se quedaría unos segundos más y respondería la controvertida pregunta de cuál ha sido el papel del gobierno de Iván Duque. “Este gobierno ha priorizado unos temas del acuerdo. Fundamentalmente el tema de la reincorporación en los cuales se ha hecho unos esfuerzos significativos, incluso cosas que no estaban acordadas. Por ejemplo, se ha extendido el apoyo económico a la reincorporación que estaba pensado para dos años, ya vamos para cinco años, se ha tratado de mantener los espacios territoriales. Se ha priorizado el tema de los programas de desarrollo con enfoque territorial y ahí se han hecho unas grandes inversiones”, detalló Cano, quien integra el Instituto Kroc, de la Escuela Keough de Asuntos Globales de la Universidad de Notre Dame (EE. UU). Más o menos, a las 7:00 p m., ya en el primer piso, el mercado estaba en su punto más álgido, el espacio para caminar era casi inexistente. Pasan bandejas con empanadas, había arequipes exhibidos, botas, sábanas y café. Mientras Daviel Oyola, firmante de paz, contaba que venía desde Marquetalia para ser partícipe del encuentro, mencionaba cómo eran tratados, con indiferencia, por parte del gobierno, y hablaba de cómo en algunas ocasiones no habían podido entregar sus pedidos de café, por falta de recursos… Pastor Alape entraría al lugar donde se estaba llevando a cabo el mercado… —¡Camarada, por acá! ¡Le tengo café, sábanas! — gritaban desde todo lado. Todos buscaban por su atención, mientras él solo extendía su mano para saludar a quien iba viendo. Uno de los que más algarabía hacía era Hugo… Él, su acento costeño y el encanto con el que expresaba que no se arrepentía de haber firmado los acuerdos, después de tantas luchas.
- Un líder social obligado a callar
Sara Viviana García Altamiranda, estudiante de Comunicación Social y Periodismo < Volver Un líder social obligado a callar Sara Viviana García Altamiranda, estudiante de Comunicación Social y Periodismo Reinaldo Manjarrez Muñoz es un político que desde pequeño, sueña con erradicar la pobreza y la falta de oportunidades, pero es una tarea compleja. Lea también: Antídoto y no anti todo: un ‘verde’ por la juventud Perfil Previous Next Foto: Cortesía: Reinaldo Manjarrez Reinaldo en la Escuela de Gobierno: Reinaldo Manjarrez como vocero en un proyecto de Desarrollo Local y Paz liderado por la Escuela de Gobierno. Casi nunca responde las llamadas. Los mensajes de WhatsApp los responde cada ocho horas. Siempre está ocupado. No atiende a desconocidos. Pero cuando creí que mi perfil periodístico estaba perdido me contestó. Nos vimos en su casa, ubicada en el barrio Fredonia de Cartagena de Indias. Me recibió bien vestido, la camiseta amarilla que tenía contrastaba muy bien con su piel morena. En su cuerpo se ven reflejadas horas de ejercicio, una tonificación casi perfecta como la de una escultura. En su muñeca destaca un reloj color dorado, con el que siempre aparece en las fotos de su Instagram . Antes de hacerle alguna pregunta miré el libro que permanecía en sus piernas. —Es el único libro que conservé de filosofía, el resto los quemé en un saco cuando salí de la cárcel—me dijo concentrando su mirada en sus manos—. Lo hice porque creí que podría ser una forma de olvidar el lugar que me destruyó la vida, pero sé que nunca podré escapar de mis recuerdos. Reinaldo Manjarrez Muñoz es el último hijo de 12 hermanos, nació en San Juan de Nepomuceno, uno de los municipios pintorescos de los Montes de María, al norte del departamento de Bolívar. Creció en una humilde familia campesina, de allí su gusto por cultivar ñame, yuca y papa. En 1979 decidieron irse a la ciudad costera, para conseguir una mejor calidad de vida, pero lo cierto es que la situación era igual o más difícil de la que vivían en su lugar de origen. A partir de esta situación, “Rey”, como su familia le dice de cariño, empezó a sensibilizarse por el pueblo y se planteó un propósito: enseñarle a la gente que otro mundo sí es posible. Cuando salió del colegio quiso ser sacerdote, por lo que hizo un seminario de noviciado en la Universidad Bolivariana de Medellín cuando tenía 18 años, pero se arrepintió porque no se sentía cómodo con las limitaciones que le imponía el convento. Así que decidió estudiar Filosofía con énfasis en política en la Universidad de Cartagena, desde allí se empezaron a crear las bases de su carrera como gestor de proyectos sociales y defensor de los derechos humanos. Inició siendo concejero del Concejo Distrital de Juventudes desde 1997 a 2001 , luego aspiró para ser presidente de la junta de acción comunal de su barrio, decisión que le costó la libertad. Reinaldo quería mejorar la vida de sus vecinos, luchó contra la falta de servicios básicos que sufría el barrio. Su inconformidad se hizo tan evidente que lo perfilaron como supuesto guerrillero. Para ese entonces en Colombia se ordenaron unas capturas masivas, por parte del entonces presidente Álvaro Uribe Vélez y el fiscal Camilo Osorio, con el fin de retener a los líderes sociales que estuvieran vinculados con grupos al margen de la ley. El 2 de agosto de 2002, en una redada que hicieron en la ciudad de Cartagena, apresaron a Reinaldo Manjarrez en la terraza de su casa mientras compartía un tinto con su mamá. Fueron unos minutos devastadores: sus padres lloraban, los vecinos rodearon la casa para saber qué estaba ocurriendo. La policía festejaba por la captura de un supuesto guerrillero. El barrio quedó en silencio. Delia Muñoz, madre del excarcelario, contó que en realidad estaban buscando a una persona conocida como alias ‘El rey’ y lo confundieron con su hijo. Manjarrez fue acusado de ser el jefe de las milicias del departamento de Bolívar del frente 37 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Lo apresaron durante 4 meses, 120 días y 2.920 horas en la cárcel de Ternera, lugar donde son comunes los incendios, las complicaciones de salud, el colapso de los alcantarillados y las extorsiones. —Yo me cuestionaba el porqué estaba allí. Creía que el infierno solo existía en las historias de Dante Alighieri, pero lo viví –hablaba con la voz entrecortada—. Fue injusto para mí y para mi familia el hecho de que me castigaran por buscar un cambio para las personas más necesitadas. Todos los domingos sus amigos y familia lo iban a visitar a la cárcel, siempre le recitaban versículos bíblicos para aumentar su fe. “Era muy duro ver a ‘Rey’, siempre empezaba a llorar cuando nos veía. Yo le decía que iba a salir de esa, porque contra la verdad nadie puede discutir”, comentó Ezequiel Buelvas, amigo de la infancia de Reinaldo. Cuando todo parecía perdido, apareció un ángel vestido de traje, el Dr. Ricardo Morales, abogado penalista, quien comenzó a llevar el proceso sin ningún costo, solo a cambio de dos gallinas que le regaló la señora Delia. —¿Por qué decidió llevar el caso?—le pregunté con insistencia. —Una amiga de la cárcel me comentó las penurias que estaba pasando el pobre Reinaldito —respondió el Dr. Morales con ternura—. Yo empecé a estudiar su caso y me di cuenta de que había muchas inconsistencias en los documentos brindados por la Fiscalía. A él lo fastidiaron por pura persecución política. Pasados los 4 meses le dieron libertad condicional. Durante ese tiempo trabajó de la mano con las Naciones Unidas en un proyecto de Desarrollo Local y Paz. En 2005, mientras estaba en dicho proyecto lo volvieron a capturar durante 6 meses para hacerle el juicio y el juez cuarto penal del circuito lo declaró inocente por falta de pruebas, de acuerdo con la sentencia C-047/06. Tuvo que huir a Ecuador por una serie de amenazas que estaba recibiendo; se fue con su exesposa y con su hija Angeli Aluna. Allí comenzó una nueva vida alejada de temas políticos; sin embargo, recibió una llamada de Judith Pinedo, exalcaldesa de Cartagena, ofreciéndole un puesto en la Alcaldía Menor de la localidad Virgen y Turística. Él aceptó. El líder, amante de Marx y Foucault, volvió a Cartagena para desempeñarse como alcalde menor desde 2008 a 2012 . Su esposa muchas veces le dijo que lo mejor era no regresar para preservar la tranquilidad de su familia, pero él insistía en continuar con las labores sociales que había comenzado en su comunidad. El día de su llegada, la madre celebró con un sancocho y una parranda vallenata para que se sintiera otra vez en casa. —Cuando vi a ‘Rey’ sentí una alegría enorme, creí que ya se iba a jubilar en otro lado. Lamentablemente muchos vecinos no compartieron mi emoción, pero para mí él siempre fue y será la voz de nuestros clamores— comenta Liner Campo, habitante del barrio Fredonia. Durante el período de su mandato ayudó a minimizar varios problemas ambientales y de inseguridad . Tiempo después aspiró a la Alcaldía Mayor y al Concejo para seguir impactando positivamente a la ciudad, pero ambos intentos fueron fallidos, esto lo desmotivó porque creyó que, a pesar de haberse corroborado su inocencia, se le seguía tildando de guerrillero. Ahora no quiere aspirar a más candidaturas por elección popular porque se siente cansado. Sin embargo, quiere seguir trabajando por su gente porque siente que su labor aún no está finalizada. “Un líder mira pa’ adelante, porque pa’ atrás asusta”, manifiesta mientras alista sus cosas para asistir a una reunión. El hombre que ayuda a todos sin esperar nada a cambio sigue mostrando su firmeza, aunque la cárcel le haya arrebatado demasiadas metas. Reinaldo Manjarrez Muñoz, exalcalde menor de la localidad Virgen y Turística de la ciudad de Cartagena. Cortesía: Reinaldo Manjarrez Casa donde ha vivido Reinaldo desde los 3 años, ubicada en la Cl. 6 del barrio Fredonia. Sara García Altamiranda Reinaldo Manjarrez junto a Delia Muñoz (mamá) en la terraza de su casa, despidiéndose para ir a trabajar. Sara García Altamiranda Camera
- Ancladas
Ancladas Diana Camila Pérez Del Valle, María Alejandra Oyaga Alzate, Angelina Callegari Del Valle, Laura Beatriz Fuentes León, Laura Daniela Charry Perdomo, Paola Valentina Silva Amaro, Comunicación Audiovisual y Multimedios. En la industria marítima panameña, las mujeres parecen no tener cabida. Celeste, Sharon y Fabiola, son algunas de víctimas de esta discriminación. Ver también: https://mujeresyliteratura.wixsite.com/mysite-1 Compartir
- Aromáticas: sembrando una esperanza
Aunque se han exportado más de 385 mil toneladas los últimos cuatro años, no hay una estabilidad económica para que los pequeños y medianos productores hagan de este un negocio próspero. Apoyo estatal, protección jurídica y asociatividad son necesarios para que este sector se vuelva insignia en Colombia. Aromáticas: sembrando una esperanza Sasha Muñóz, Nicolás Barahona, Laura Valentina Niño Aunque se han exportado más de 385 mil toneladas los últimos cuatro años, no hay una estabilidad económica para que los pequeños y medianos productores hagan de este un negocio próspero. Apoyo estatal, protección jurídica y asociatividad son necesarios para que este sector se vuelva insignia en Colombia. Contenido completo Autor: Todos tienen un recuerdo aromático: con la abuela sacando las hojitas de yerbabuena del jardín, con la mamá llegando con las uchuvas, con sus primas ‘fit’ cuando no quieren aceptar otra comida. Hay recuerdos de lo que se suele tomar en una noche fría saliendo de rumba en una bomba de gasolina o el alivio que siente el estómago en un asado de domingo después de la pregunta: ¿quieres tinto o aromática? En los inicios, cuando Colombia era tierra de chibchas, muiscas, tayronas y arahuacos, las aromáticas eran más que un brebaje bajativo. Fueron los indígenas del país quienes lograron identificar qué parte de la planta sirve para sanar un malestar, cómo se prepara y qué técnica se utiliza para preservarla. Gustavo Rodríguez, gastrónomo de la Universidad de La Sabana y experto en hierbas aromáticas y té, menciona lo que se consideraba ‘aromática’ en el territorio precolombino. “Hablamos del yagé, yopo, plantas psicoactivas, que el público extranjero no logra adoptar bien en su paladar [por lo que] fuerza el cambio de los sabores en el territorio. Es por eso que empezamos a absorber otras plantas aromáticas, de pronto más ricas y aceptables a un paladar un poco más neutro”, explica Rodríguez. Las aromáticas que actualmente se utilizan en Colombia fueron traídas de Europa en la época de la Colonia. De España llegaron la albahaca, hierbabuena, las fresas y otras frutas consideradas pertinentes para la preparación. El Ministerio de Agricultura no cuenta con información sobre el consumo interno ni sobre la posible tasa de informalidad de este sector. Los cultivos de plantas aromáticas representan menos del 1,1 % de las hectáreas sembradas en el país. Aún así, la industria está en un momento decisivo para consolidarse con productos de alto valor nutricional, medicinal, estético e histórico. Las ventas y la demanda internacional son prometedoras. Se requiere que los pequeños y medianos productores nacionales se muevan en un mercado con más garantías. Como se vio en junio de 2020, los fenómenos ambientales y económicos pueden llevar a la quiebra a los emprendedores en esta industria. Un caso que preocupó a las autoridades y comerciantes fue el de Chipaque, Cundinamarca, uno de los municipios insignia en la producción de plantas aromáticas. Como lo informó en ese momento el diario El Tiempo, los campesinos producían cerca de 15 toneladas diarias de aromáticas, de las cuales vendían cinco y diez las desechaban por la falta de compradores. En 90 días, las pérdidas económicas superaron los 700 millones de pesos y más de 1.600 personas quedaron desempleadas. Crecer en soledad El sector agroindustrial al que pertenecen las aromáticas fue de los pocos que aportaron al Producto Interno Bruto (PIB) de Colombia durante la época más desastrosa para la economía mundial, con una participación que va entre el 8% y 10%, según Procolombia en el año 2020. Esto se dio por el aumento de la comercialización de plantas aromáticas, herbales y condimentarias en los últimos cuatro años, sumando 385 mil toneladas exportadas para ese año, de acuerdo con datos brindados por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane). Hay una tendencia positiva para la identidad agrícola de Colombia, pues crece la presencia de productos de calidad en el comercio extranjero. Pero las cifras no se traducen en estabilidad económica ni tampoco en el resultado de una política estatal. Asociaciones de pequeños y medianos productores afirman que esto lo han logrado sin contar con apoyo institucional. Falta promoción para el sector, el mercado nacional no les da garantías para ser sostenibles, se requiere de valor agregado en los productos y no reciben acompañamiento para vender en otros países. Así se hacen más comunes casos como los de la Asociación de Productoras de Aromáticas Naturales de Duitama (Asanad), un proyecto que inició hace siete años por 25 mujeres. Esperaban alcanzar la sostenibilidad utilizando sus conocimientos ancestrales y que su experiencia fuera igual de variada, atractiva y armónica como las aromáticas. Lo que les tocó, sin embargo, fue una trocha de problemáticas estructurales. Asanad comenzó con un predio pequeño, preparándose durante dos años para entrar al mercado local. Cuando tomaron la decisión se dieron cuenta de que incluso para producir al pormenor se requiere de infraestructura, terrenos, tecnología, plataformas de venta, ruedas de negocio, intermediarios, capacitación, burocracia, inversión, distribución de funciones de trabajo y, sobre todo, de tiempo. Esto les trajo dificultades. Había compañeras que no podían dedicarse de lleno al cultivo de aromáticas, porque dependían de diversas fuentes de ingreso para alimentar a sus hijos. Y si existía la posibilidad de aumentar sus conocimientos mediante capacitaciones, no todas podían asistir por la falta de transporte en sus veredas. “Cuando empezamos a sacar nuestras plantas al supermercado o a la tienda de nuestras vecinas, hicimos cuentas y notamos que no quedaban recursos. Nuestro esfuerzo era más de amor, porque económicamente no daba”, cuenta Alba Luz Forero, su representante legal. No todas podían asumir las cargas del emprendimiento. El número de socias se fue reduciendo hasta llegar a cinco. Esa mezcla de factores frustró a Alba Luz, pues un sueño, que se materializó rápido, se vino abajo ante corazones aún dispuestos a vivir de su legado. La motiva que la industria de las aromáticas puede ser virtuosa por la capacidad de unir a sus miembros. Y es que gran parte de quienes deciden cultivarlas, producirlas y comercializarlas solo se tienen entre colegas para no naufragar. La unión hace la fuerza A 535 kilómetros de Duitama, Boyacá, se encuentra La Unión, municipio entre las montañas del oriente antioqueño en el que en 2017 surgió la Asociación de Productores de Hierbas Aromáticas de La Unión Antioquia (Uniaromas) con 25 productores de hierbas aromáticas. Su objetivo es diversificar la producción agrícola y brindar nuevas fuentes de trabajo a los campesinos de la región. Para alcanzar la sostenibilidad se enfocaron en el mercado externo, pues “el interno es limitado porque no existe una dinámica para consumir las aromáticas y sus derivados”, afirma Diego Mejía, presidente de Uniaromas. Por eso prefieren conectar con Estados Unidos y Europa donde encuentran mayor demanda. Las transacciones en dólares se muestran como una mejor fuente de recursos para cubrir el esfuerzo que hacen en cada parte de la cadena productiva. El valor de los envíos al exterior de plantas aromáticas desde Colombia fue de $8.983.751 dólares (FOB) en el primer trimestre de 2020, según un estudio de Treid. El 40% le correspondió a las cinco principales empresas exportadoras, que son Agroaromas, Country Fresh, Eshkol Premium, La Corsaria y Bioherbs. Lo primero que se necesita para exportar, según explica Mejía, son los predios. Hay una tendencia en el sector de las plantas aromáticas: el que no tiene terreno propio puede que no tenga los recursos para adecuar una producción que sea certificable por el lnstituto Colombiano Agropecuario (ICA). Esta institución requiere como mínimo un terreno con fuentes de agua, sin plagas y con tecnología. Lo segundo es vigilar y mantener el correcto desarrollo de las plantas. Por ejemplo, para obtener de ocho a diez mil libras de aromáticas se requiere cultivar una hectárea. En esta deben trabajar dos o tres personas de manera permanente en un promedio de tres meses. Lo hacen manteniendo una lucha diaria con insectos y animales, evitando que se coman las plantas. A su vez, deben mantener el riego correcto, observar cómo crecen las aromáticas y hacer una selección precisa al momento de la cosecha. Este segundo punto es clave porque en él se presentan los riesgos principales a la hora de exportar. Si la transformación de las aromáticas en sus productos derivados no cumple los estándares, las autoridades norteamericanas y europeas no los reciben. En el mejor de los casos devuelven la carga, que llega a Colombia con menos vida útil. En el peor, lo destruyen, que es cuando detectan plagas. En ninguno de estos hay pago. El tercer paso es la postcosecha, en la que el comerciante nacional funciona como un intermediario que empaca los productos y los deja listos para venderlos a un comercializador en el extranjero. Este último es quien ingresa las aromáticas colombianas en la cadena de distribución local de otros países. Cada paso es una larga conexión de inversiones que resulta en la simbiosis. Un fallo impediría que de esa hectárea de aromáticas, los ´productores dejan de recibir entre 1.000 y 5.000 dólares, pérdidas inadmisibles en el escenario inestable de la industria. “Por eso defendemos la asociatividad, porque sabemos que necesitamos buscar complementos, apoyo y solidaridad entre los que estamos en ella. El concepto hay que promoverlo porque somos un país individualista. De otro modo no vamos a aumentar nuestra competitividad ni mejorar nuestra oferta”, explica el presidente de Uniaromas. Hay familias que en media cuadra, 3.600 metros cuadrados, tienen un cultivo que les alcanza para sostenerse económicamente, cuenta Mejía. Calcula que todos los cultivadores de aromáticas en Antioquia no llegan a las 100 hectáreas, aunque para él las extensiones de tierra no es lo que determina el crecimiento del negocio. Lo que se necesita es voluntad política para que el sector se sienta apoyado y mejore su imagen, permitiendo que se le dé más valor cultural y económico a las aromáticas. Recordar los orígenes La demanda de los jóvenes por productos saludables ha motivado un mayor consumo de este tipo de alimentos, según estudios de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Hoy es posible encontrar las aromáticas empaquetadas como si fueran té gracias a la incursión de empresas que se dedicaban a sembrar estas hojas y que se extendieron al mundo de las aromáticas. Sin embargo, según Gustavo Rodríguez, gastrónomo de la Universidad de La Sabana y experto en hierbas aromáticas, existe un desconocimiento del territorio de parte de los colombianos. Como punto de referencia, no saben distinguir cuáles plantas son locales y cuáles no. “La planta pierde valor cuando nos desconectamos del territorio. La carga cultural y el significado de hacer la aromática tiene mucha relevancia, en especial en el altiplano cundiboyacense, donde cada pueblo tiene su mezcla de flores y hierbas, y que va enlazado con la religión”, dice Rodríguez. Con relación a la desconexión a la cual se refiere Rodríguez, la historia se remite a la planta que ha ayudado a comunidades indígenas a conectarse con lo que consideran sagrado, a través del yagé. Miguel Ángel Jamioy Juajibioy, de 49 años, es médico tradicional de la comunidad Kametsa o Kamsá, quienes están ubicados en el valle del Sibundoy, en el Putumayo. De este pueblo aún no se conoce bien sus orígenes, pero mantiene viva su tradición oral y muchas de sus costumbres. “El yagé se utiliza para beber, para purgar, para limpiar el cuerpo, para hacer pomadas, aceites, preparar baños, limpiar malas energías”, cuenta Jamioy. “Quienes lo preparan deben saber del tema y tener una conexión con lo sagrado en un espacio silencioso dentro de la naturaleza”. La bebida se compone del yagé (Banisteriopsis caapi) y la chacruna (Psychotria viridis), que contiene el alucinógeno dimetiltriptamina (DMT). El pueblo Kametsa considera que esta no es solo una planta, sino una forma para repensar la vida. “El territorio es sagrado porque la tierra produce frutos. Si no lo hiciera, no tendríamos alimentos para subsistir. Los mayores dicen: ‘voy a sembrar una semilla, y esa planta me va a ayudar a mi sostenimiento. También voy a alimentar a mis herederos con lo que la tierra produce, por eso hay que protegerla’”, dice Jamioy. Aún cuando el yagé fue de los primeros tipos de cocciones de plantas en Colombia, hoy hay hierbas más comunes y diversas. Esta herencia indígena muestra una conexión primigenia con las aromáticas y que se ha extendido a nuestros días, lo que puede potenciar el desarrollo de este sector agrícola, estableciendo una unión entre cultura y economía. Edison Javier Osorio, coordinador del Grupo de Investigación en Sustancias Bioactivas (GISB) de la Universidad de Antioquia, explica que mediante la industria de las aromáticas se puede mejorar la economía y la salud del país. En especial, porque las condiciones de cultivo dan elementos únicos a las plantas. Osorio afirma que el clima, altitud, cantidad de agua y pisos térmicos son una ventaja para Colombia, pues al no tener estaciones puede mantenerse una producción continua, algo que no sucede en Europa. Lo que falta es darle valor agregado a las aromáticas, para que vendamos productos transformados y no solamente la materia prima, opina. “Hay que generar acciones, programas, para que se creen productos innovadores a partir de nuestras plantas aromáticas. Con el valor agregado se aprovechan los metabolitos de las plantas y podríamos realizar una buena cantidad de productos que contribuyan a la soberanía farmacéutica que tanto necesitamos”, dice Osorio. “Deberíamos entonces aprovechar la experiencia acumulada de miles de productores y comercializadores para establecer modelos de negocio más rentables’', añade. De acuerdo con la información brindada por la Confederación Colombiana de Cámaras de Comercio, el número de trabajadores, empresas y asociaciones en la industria de las aromáticas ha crecido en los últimos cinco años. Hay soluciones Carlos Peña, director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Productores de Hierbas Aromáticas, explica que estamos en un momento fundamental para definir el rumbo de este sector agrícola. Fundamental porque puede determinar que el país gane o pierda productos de alto valor. Para que se dé un resultado positivo para los miembros de esta industria se requiere consolidar un gremio que los represente a escala nacional e internacional, acabando con la fragilidad extendida por más de una década, dice Peña. El sector de las aromáticas presenta muchos retos que se pueden superar con asociatividad y promoción y fomento estatal. “Su demanda puede hacer que se mantenga una calidad homogénea. Es decir, que todos alcancemos la mejor calidad posible, tanto así que los pequeños productores puedan alcanzar los mercados internacionales”, afirma. Si se refiere a sus componentes, “el término infusión aromática se refiere al contacto de agua con plantas en un tiempo determinado. Lo que hacemos aquí en Colombia más que infusiones son cocciones, mucho más prolongadas para extraer más beneficios”, afirma Gustavo Rodríguez, el experto en hierbas aromáticas de la Universidad de La Sabana. Pero si de cotidianidad se trata, la aromática tiene el potencial de ser el mercado que los pequeños y medianos productores, agricultores y campesinos han esperado por tanto tiempo que les sea reconocido. Una aromática preparada con productos campesinos es una experiencia que una bolsa de té no iguala, debido a las propiedades de la cocción directa de hierbas y frutas. La aromática es cultura, economía, historia, sabor y una experiencia. La aromática es cortar las hojas de la hierbabuena de la casa de la abuela, lavarlas, hervirlas, agregarle las uchuvas que trajo la mamá, las fresas, moras, panela o así sola, para que las primas ‘fit’ la quieran beber. Sea junto al fuego en un día lluvioso, como bajativo en las grandes comidas familiares, para llenar el estómago en las salas de espera, para sanar el dolor de huesos rotos en los colegios o dar paz y calidez a quien la beba. Dicen que una agua aromática cura todos los males. Quizás curaría más males del país si tuviera las hectáreas y atención necesarias.
- Médicos en Colombia: no hay ejército para la salud
Médicos en Colombia: no hay ejército para la salud Colombia es uno de los países con menores garantías para los médicos, por la falta de apoyo estatal y el detrimento de las condiciones laborales. Haz clic para acceder al contenido Ver también: Los médicos, víctimas silenciosas del COVID-19 Compartir
- Las manos maestras
Las manos maestras María Alejandra Almario Moreno, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana. Fecha: Esta es la historia de María Teresa, quien se ve obligada a cerrar su famosa academia de música al notar la afectación en su cuerpo por artritis reumatoidea. Lea también: Soñando con los pies en alto Compartir Foto: María Alejandra Almario A los 32 años, con dos hijos pequeños y todas esas expectativas, el mundo se me acabó completamente. No podía creer que a mí me estuviera sucediendo esto. Lógicamente empezaron los tratamientos, hasta 16 pastillas diarias. Esto lo comenta María Teresa Miranda de Moreno con una voz débil que refleja lo duro que fue para ella sufrir de artritis reumatoidea. “Esta enfermedad es incurable y destructiva. Mis defensas, no me protegen, sino que me atacan, especialmente a mis articulaciones”, informa mientras acaricia sus piernas de una forma lenta y cariñosa. Sus profundas inhalaciones muestran lo difícil que es compartir lo que cambió el rumbo de su vida, y de lo que más amaba hacer: enseñar música. A sus 84 años, aún le es duro recordar todo lo que perdió por cuenta de esta enfermedad. Es inevitable no ver sus manos. Reflejan el dolor por el que ha pasado y la fortaleza que tiene. Sus dedos son rígidos y están entumecidos. A pesar de eso, sus manos están hidratadas y sus uñas se ven fuertes y largas: siempre las trae pintadas de rojo. Ella me confirma que siempre se ha cuidado la piel, incluso la de las manos . No se cohíbe de su apariencia, no las oculta, por el contrario, sus manos hacen que uno viva su historia. Sus manos la describen a ella, demuestran su edad, su belleza, su fortaleza y su berraquera. Son blancas como su rostro, por lo que su esmalte y su labial rojo la hacen más atractiva, sin olvidar sus ojos verdes y su pelo corto, abundante y rubio. Es vanidosa. En 1978 tenía un esposo con el que llevaba 10 años de casada y dos hijos que tenían 3 y 9 años. También tenía una gemela más imponente y protectora. Con ella empezó la música. “Aprendimos a cantar haciendo un dúo a dos voces que se logró muy bien. Mi madre nos dio una buena educación musical”, explicó con un todo de orgullo al recordarlo. Mientras tanto, sus dedos índice, con dificultad, señalaban el cielo con sus manos entrelazadas. Por esto, ella también decidió introducir la música en su hogar. Así lo confirma su hija María Gabriela: “Nací en la música. En mi casa, con mi tía, mi hermano y con la gente que gusta de la música, todos los fines de semana siempre se cantaba; se oía música; se tocaba el tiple y la guitarra. Teníamos tertulias musicales”. Su hija también rememora cómo los dedos de su madre se movían rápidamente por las cuerdas, mientras su voz creaba un momento inolvidable, eso cuando tocaban rancheras o música colombiana . Al cantar canciones chilenas o de América Latina, recuerda sus aplausos constantes que ayudaban a todos a llevar el ritmo de la música y a la vez los motivaba a cantar o interpretar mejor el instrumento. Sin embargo, las más conmovedoras para María Teresa eran las baladas, que actualmente canta con su hija. Las gemelas Miranda decidieron dar un paso más grande. “Mi hermana me dijo: ‘hermanita, ¿por qué no enseñamos esto que sabemos? Abramos una academia para niños’, y efectivamente lo hicimos. “Mi hermana tuvo que viajar y yo me quedé sola con la academia”, relata María Teresa. Esta vez sus manos están juntas encima de sus piernas, se ven más tímidas. Mantener la academia era de gran trabajo. Su hija y, también alumna, la veía como una profesora exigente, paciente y competente. Sostener la academia significaba preparar instrumentos, templar y cambiarles las cuerdas. Todo le produjo cansancio crónico en sus articulaciones. Con poca memoria, ella confirma que ya había sido diagnosticada con artritis para ese entonces, pero su hija dice con seguridad que fue después de haber empezado su nuevo trabajo. Para María Teresa también era un pasatiempo, una forma de expresar y recibir amor. Lastimosamente, en varias oportunidades al levantarse de su cama empezó a sentir dolor en sus manos, especialmente en el cartílago de sus dedos; a veces, en los codos. Empero, ella y su esposo sospecharon que podrían ser producto del esfuerzo en el desarrollo de las tareas en la academia. No obstante, los dolores empeoraron hasta que un día ella no pudo levantarse de la cama. José Moreno, su esposo, afirma que decidió llevarla a dos clínicas para que le tomaran radiografías, ya que no estaba contento con los resultados y quería confirmarlo. Él fue médico, por lo que entendía muy bien todo lo que estaba sucediendo. Ella vivía de la música, vivía gracias a sus manos y a sus oídos. “Que moriría en unos 15 o 20 años, porque la artritis complicaba también mis órganos internos: mis pulmones, mi hígado, mis riñones”, narra María Teresa al recordar la limitación médica de ese entonces. Para ella, el mundo se derrumbó por el dictamen de ese doctor. Para todos en su familia, y en su academia, fue una noticia inesperada. “Para mí fue muy duro porque fue verla caer de alguna forma, triste, deprimida, reducida, impotente. Siendo yo tan niña no entendía bien qué pasaba, pero tengo claros recuerdos que me producían mucho dolor y miedo a perderla”, confiesa su hija con una voz y mirada decaída, quien segundos después es inundada por lágrimas forzadas a no salir. Cuando ya la enfermedad se apoderaba de ella, tuvo que tomar una decisión con su vida: cerrar la academia de música. “Todos esos niños que recibía, desde los 4 hasta los 15 años, lloraron al despedirse. Lloramos. La cerrada de mi academia fue verdaderamente traumática para mí... Y se acabó la música para mí”, asegura María Teresa con la mirada hacia abajo a punto de llorar. Sus manos no pierden el protagonismo al intentar cubrir su rostro, toman un pañuelo y luego choca sus manos contra sus piernas al recordar esta tragedia. Para narrarlo, tuvo que mantenerse en silencio por momentos mientras recuperaba fuerzas. “María Teresa me inculcó el efecto, el amor por la música y el canto. Fue la persona que me inspiró a siempre disfrutar de los acordes de una buena guitarra”, comenta Francisco Cubillos, actual profesor de la Universidad de La Sabana. Él aún recuerda a María Teresa y su academia; especialmente las sesiones navideñas a final de año donde demostraban lo aprendido frente a las familias de los alumnos. Él manifiesta que su maestra siempre fue una persona delicada, educada y amorosa. Francisco, mientras lo comenta, no duda de una sola palabra, mira con seguridad y concreta que siempre fue muy entregada a sus estudiantes. Para él es una maravilla poder reencontrarse con ella. Con una voz más segura y fuerte, María Teresa concreta: “Terminé mi carrera, me gradué y trabajé como profesora de colegio, todavía con esta enfermedad, muy dura, con muchos dolores e impedimentos”. Sus manos esta vez transmiten dulzura. Hace movimientos suaves y grandes que salen del marco de la cámara. Se complementan con su mirada. A sus 60 años, aproximadamente, María Teresa recupera su movilidad para tener un nuevo estilo de vida. Para expresarse, para enseñar, para hablar, ella necesita de sus manos. Ella sigue con su medicación desde hace 15 o 20 años, pero le da gran protagonismo a la Cortisona y el Metotrexato, cuya función es desinflamar. “Si me pueden ver, pues las manos son funcionales. Tengo muchas, muchas cirugías ortopédicas en las manos y en los pies para poder caminar. Y mis manos, estéticamente no son bonitas, pero funcionan. Yo me siento feliz, las amo. Le doy gracias a Dios”. No pudo volver a tocar un instrumento. Las secuelas que le dejó la enfermedad en sus manos se lo impiden completamente por la inmovilidad que tienen, pero aun así, es feliz. Su hija, ya con una familia, describe que con su madre se siente acompañada, respaldada y amada. María Teresa afirma que con ella se siente bendecida, protegida y feliz. Después de cerrar su academia creó un grupo de estudio de humanidades, pero esta vez conformado por adultos . Ella siempre recordará con amor “La Academia de las Miranda”, que según su hija, fue “una empresa unipersonal, en la que mi mamá era el motor, el corazón y el todo de la empresa”. Al final, María Teresa terminó viendo y acariciando sus manos. Se ve agradecida y más alegre a diferencia de cuando empezó a narrar la historia. Agradece y se limpia un poco las lágrimas. Es evidente que sus manos fueron las más afectadas, pero también son las que batallaron y las que actualmente le dan vida e independencia. Está orgullosa de su vivencia y seguirá cuidando de ella, y sus manos, toda su vida.
- Doppler - Rey Mostaza (Acústico)
Rey Mostaza, desde los estudios la Universidad de la Sabana, con el programa Backstage. Doppler - Rey Mostaza (Acústico) Rey Mostaza, desde los estudios la Universidad de la Sabana, con el programa Backstage. Compartir
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