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  • La calle 80, una verdadera pesadilla

    La calle 80, una verdadera pesadilla Daniel Armando Galindo, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Habitantes de los barrios Quirigua, Villas de Granada, Ciudadela Colsubsidio y El Cortijo viven día a día una verdadera pesadilla: los fatigantes trancones. Lea también: Roloman, el nuevo superhéroe de la capital Compartir Foto: Cualquier persona que quiera conocer el martirio de la movilidad bogotana podrá transitar por alguna salida o entrada de la capital. La calle 80, la calle 13, la Autopista Norte o Sur son las más transitadas en la ciudad y tienen fama por los trancones tan terribles que se forman en estas vías arterias. Aproximadamente 40.000 vehículos se movilizan por cualquiera de estas vías, entre las 6 a. m. y las 9 p. m. Sin embargo, es normal que en cualquier momento del día haya problemas de tráfico. La salida de Bogotá por el noroccidente es una de las más congestionadas durante casi todo el día. La zona más afectada suele ser entre las carreras 104 y 116. Desde el crecimiento industrial en la sabana de Bogotá, la calle 80 se ha visto con más trancones que nunca. En el 2015 se empezó la ampliación de la vía en el sector conocido como Puente de Guadua; este queda justo en la salida hacia Villeta y Medellín; pero al terminar las obras, el 26 de agosto de 2016, se vio un mal resultado. Esta vía se ha convertido en una de las salidas más congestionadas en Bogotá. Soy vecino de la calle 80 y me movilizo diariamente por esta ruta. Ahora, para llegar a pueblos cercanos como Cota o Chía tomamos alrededor de dos horas. Hace ocho años uno se gastaba entre 30 y 35 minutos. La inversión en esta obra fue aproximadamente de 90 millones de pesos. Contemplaba la ampliación de la doble calzada y se construiría un nuevo puente (Puente de El Cortijo). Sin embargo, hoy en día, la calle 80 es la tercera salida de la capital en tener mayor congestión; la primera es la Autopista Sur y la segunda, la Autopista Norte. Y es que los trancones que se arman allí pueden hacer que una persona tarde en buseta, automóvil o bus hasta dos horas en recorrer un kilómetro, entre los barrios Ciudadela Colsubsidio o Villas de Granada y El Cortijo y la salida en el Puente de Guadua. La Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) informó que a pesar de los numerosos trancones, en la calle 80 ha mejorado la movilidad en los últimos años, pero se reconoce que ahora hay que atender las quejas para arreglar las vías desde la Avenida Ciudad de Cali. Y dicho taco de tránsito no sólo se forma desde mi barrio, Villas de Granada, también vemos el gran cúmulo de vehículos desde el barrio Quirigua. La causa de este desastre vial es la mala conexión en los carriles para la entrada al “Portal calle 80” de Transmilenio. Esta pesadilla que viven todos los días los habitantes de este sector de la ciudad y de todos aquellos que se desplazan por esta vía, bien merecería una intervención eficaz del Gobierno Distrital para solucionar el problema. Ni el pico y placa ni las gestiones ni las obras de la ANI han podido darle un respiro y un sueño más tranquilo a los habitantes de los barrios afectados. Según INRIX (Global Traffic Scorecard- Ranking global de tráfico), Bogotá ocupa el quinto lugar entre las ciudades con mayor número de trancones en el mundo. Es de esperarse, ya que nuestro nivel de desarrollo está muy por debajo para ser la capital del país. La Cámara Colombiana de infraestructura (CCI) señaló que la inversión para el desarrollo vial de la capital colombiana aumentó de 2% a 2,8% en los últimos 2 años, pero no es suficiente para librar de los fatigantes trancones a una ciudad con tantos automóviles, cuya cifra, según Runt, es aproximadamente de 13.6 millones de vehículos. Por ahora, sería mejor opción movilizarnos por esta calle con otro medio de transporte. Podríamos incentivar más aún el uso de bicicleta o algún tipo de motocicleta para evadir los asfixiantes trancones.

  • El hombre es un lobo para el hombre

    El hombre es un lobo para el hombre Sebastián Martínez Díaz, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Un cautivador filme sobre un viejo cascarrabias y su discreto ayudante que, lentamente, van perdiendo la cabeza. Lea también: El cine no debe de ser políticamente correcto Compartir Foto: Google Dos personas, una isla y una torre sombría. Esta es la premisa básica de El Faro , de Robert Eggers, película de terror psicológico y suspenso, protagonizada por Willem Dafoe y Robert Pattinson. En este largometraje se cuentan las vicisitudes de un par de fareros en 1890, a los cuales se les designa cuidar dicha estructura durante una recia tormenta. Sin embargo, estos hombres, conforme pasan las noches y los días, varados y obligados a convivir en un remoto paraje de Nueva Inglaterra, descubren que hay mucho más en ese pedazo de tierra que solo una luz brillante. El relato transcurre, la cordura se resquebraja y el fulgor de la lente de Fresnel se torna cada vez más seductor. En este filme, aspectos como las actuaciones de alto nivel y la densa atmósfera construida a partir de una soberbia puesta en escena, lo convierten en una experiencia única. Respaldada por imágenes que se quedan grabadas a fuego en la consciencia, la película es un destello vigoroso en el cine contemporáneo. Resulta importante celebrar el calibre actoral presente en la cinta, tanto así que los papeles que encarnan Pattinson y Dafoe podrían ser considerados como los mejores de todo el 2019, si se les compara con todas las demás interpretaciones magistrales que competían entre sí durante la temporada de premios consecuente. Más aún, esta proposición es especialmente cierta en el caso del papel que realiza este último. Su actuación hipnótica, imponente y entregada al rol de Thomas Wake, un veterano marinero que no descansará hasta sacar la última gota de esfuerzo de su ayudante, es impresionante. No obstante, a pesar del carácter impasible de Wake, Ephraim Winslow (Pattinson) da batalla. Él, siendo el medio por el cual vemos desenvolver la trama, tiene un arco de personaje amplísimo. Empieza callado y reservado, pero poco a poco su duro caparazón se rompe, revelando a un hombre con un misterioso pasado. Claro está, existe un tira y afloje perpetuo entre ambas personalidades, pero a través de risas, cánticos, historias de borrachos y peleas, van forjando una amistad. Además, los extensos monólogos sin cortes repartidos a lo largo del filme representan un trabajo muy complejo para cualquier actor profesional. De ahí que el reparto tenga una convicción que asusta y una química inigualable por encima de la media. De igual manera, es alucinante la construcción de la puesta en escena que realiza Eggers debido a su madura comprensión del lenguaje cinematográfico, construyendo una plástica afinada y surreal. En consecuencia, la competencia que tiene el director para formular un microcosmos terrorífico desde cero hace que este filme tenga un sello autoral muy marcado y triunfante. El Faro es su segundo largometraje tras haber realizado La Bruja: Un cuento popular de Nueva Inglaterra , y ambos comparten varios elementos: entre ellos, la música compuesta por Mark Korven que ayuda a establecer el tono y el hecho de que los dos proyectos son dramas de época que examinan sensaciones ominosas y desconcertantes. En este sentido, aunque la película parezca tener una premisa desalentadora, en su núcleo está llena de vida y de significado. Empezando por el set, este fue construido con lujo de detalles en una locación real para servir a las necesidades creativas del director. Así, las rústicas y estrechas paredes de este espacio son captadas por la cámara con ligereza y elegancia. La fotografía fría, áspera y cruda ayuda a poner en escena al espectador, generando un ambiente desolador que refleja las duras condiciones que enfrentan los protagonistas. La composición de los planos genera imágenes que son tan particularmente intensas como impactantes. Una producción ambiciosa similar, con un director no tan inteligente, pasaría a la historia sin pena ni gloria. En cambio, el ojo agudo de Eggers triunfa por encima de las expectativas que se tenían desde su primer proyecto. Incluso, se podría decir que no solo las excede, sino que las detona hasta los cimientos. Y eso es algo que cualquier cinéfilo puede agradecer. En definitiva, no es una cinta que sea fácil de ver o digerir, ni accesible para cualquier público (ya que podría ser incluso considerada cine arte), pero encuentra un gran balance entre manipular temas complejos y nunca llegar a ser pretenciosa. Añadido a lo anterior, la forma en que están escritos los diálogos es desafiante, ya que están compuestos por un inglés arcaico propio de la época, investigado con cautela durante la preproducción. Este compromiso con el realismo nos regala actuaciones más creíbles. Otra característica para resaltar es que el filme luce “antiguo”, como si hubiese sido realizado a principios del siglo XX. Esto se debe a que fue filmado en blanco y negro, con grano digital fuerte. Además, el largometraje se grabó en película de 35 mm, con una relación de aspecto de 1.19:1. La decisión de usar este formato de video le brinda una sazón opresiva y claustrofóbica al relato, nunca abandonando un profundo pero nítido claroscuro. Por esta razón, al usar la iluminación natural y el diseño de producción con parsimonia e intención temática, El Faro se convierte en un gran logro técnico. Si se tienen en cuenta otros elementos que contribuyen a la construcción de la puesta en escena, está claro que la mezcla de sonido es fundamental para que la ambientación se sienta palpable, y en este sentido no flaquea. Cada pieza de metal se estremece y vibra. La madera se escucha crujir y la lluvia golpea las ventanas incesantemente. El sonido del viento trae consigo oníricas visiones y el rugir de las olas colapsando en la costa inyecta intensidad a la pesadilla que se les viene encima a Wake y a Winslow. La locura aumenta, al igual que la tensión dramática. Conforme avanza la trama, el misterio brinda una gran posibilidad narrativa, permitiendo que un viejo lobo de mar extraiga los secretos de un desventurado y arrepentido joven que no para de sufrir debido a las alucinaciones habituales que lo agobian y la sensación de soledad que lo eclipsa. Winslow no solo está encerrado en una pequeña isla con su estricto jefe, sino con todos los tormentosos recuerdos de un pasado que aún lo persiguen. Siendo el extenso y brumoso océano Atlántico la frontera que los separa del resto de la humanidad, la cautivadora y resplandeciente torre que los acompaña representa la única luz en el corazón de una realidad opaca. Eggers es capaz de crear una atmósfera que está al nivel de otros escenarios tan icónicos como lo son el motel Bates de Psicosis y el hotel Overlook de El Resplandor . Poder experimentar un producto cinematográfico con una premisa tan sobresaliente no es posible todos los días. El mensaje de la película se presta a convertirse en un mosaico de significados posibles: se puede percibir como una gran metáfora acerca de las dinámicas de dominación humanas, como una reimaginación de mitos griegos o como un thriller con toques de fantasía. Sin embargo, al ser una historia ambigua, potencia la incertidumbre y la hace aún más terrorífica. Así, El Faro es una obra brutal y angustiante, a la vez que sensible y rebosante de personalidad. Quien se aventure a conocer este original cuento con aires folclóricos, muy del estilo de Poe o Lovecraft, se llevará una grata sorpresa. En últimas, de eso se trata el cine: de sorprendernos. De aventurarnos a nuevos horizontes y apreciar esas joyas apasionantes que nos hacen tanta falta en este mundo turbio e incierto. Han transcurrido treinta y cinco años desde la avalancha de barro y lava producto de la erupción del volcán Nevado del Ruiz que acabó con la vida de más de 23.000 personas en Armero. Dentro de las víctimas se encontraban familiares de Adriana. Una mujer que se define como amorosa, responsable y trabajadora, quién no le tiene miedo a seguir batallando en medio de las adversidades y aunque a veces quisiera volver a escuchar la voz cálida de su madre diciéndole: “todo está bien”, la motiva saber que un día se podrá encontrar de nuevo con ella, su ángel.

  • De la cárcel a la pasarela: historia de una paisa que recibió una segunda oportunidad

    De la cárcel a la pasarela: historia de una paisa que recibió una segunda oportunidad Sofía Villa Cruz, estudiante de Comunicación Social y Periodismo Fecha: Catalina Salazar pasó de estar recluida en la cárcel el Pedregal a escuchar aplausos mientras desfilaba en Colombiamoda. Lea también: Una 'grande' de la moda Compartir Foto: Inexmoda “Vuélese Catalina, aquí las únicas que pagan cárcel son las miedosas que no tienen cómo defenderse”, le manifestó su abogada. Catalina quedó fría. En esa llamada, su abogada le había confirmado que tenía orden de captura. Miles de cuestionamientos llegaron a su cabeza, pero de lo único que ella estaba segura era de pagar por lo que había cometido; volarse no era una opción. Catalina Salazar Osorio, una paisa de 38 años. Amante de los atardeceres y de la combinación de las montañas verdes con el cielo azul. Le gusta pasar desapercibida; es inteligente, observadora y descomplicada. Pero su ambición por conseguir más y más, la llevó a escoger el camino equivocado. Era un 6 de diciembre del 2015, la mayoría de las personas se preparaban para empezar a celebrar el mes más especial del año, mientras que Catalina se estaba alistando como si fuera para Colombiamoda; se hizo el blower, las uñas y se puso su mejor pinta, sin entender a dónde iba en realidad. Cogió un taxi que la llevó a la estación de policía más cercana, la estación Laureles, en Medellín. Ella entró, vio al coronel y le dijo “vengo a entregarme”. Él se rio y le respondió: “nadie la está buscando, váyase. Yo no voy a aceptar esa orden de captura”. El oficial policial llamó a la psicóloga, quien le hizo un par de preguntas a Catalina con las que se dio cuenta que estaba diciendo la verdad. El coronel la llevó a la Dirección de Investigación Criminal, más conocida como la DIJIN —una dirección de la policía nacional de Colombia encargada de la investigación penal—, sin creerle aún. Llegaron y entraron a una sala en la cual estaba el coronel y la autoridad encargada de la verificación, él le espetó “váyase que nadie la está buscando, hagamos de cuenta que esto no ha pasado”. Catalina, cansada de que nadie le creyera, les aseguró que ella sí había cometido un delito y que verificaran porque iba a pagar por eso; pasaron su cédula y sí, aparecía “código rojo, se busca por estafa agravada”. Catalina fue enviada de nuevo a la estación, allí siguió su proceso y a los 15 días la enviaron a la cárcel de máxima seguridad en Medellín, la cárcel el Pedregal, por haber cometido un fraude administrativo y un delito de estafa agravada. La rutina en la cárcel era la misma todos los días. A las 4:30 de la mañana se despertaba. Tenía que hacer una fila larga para bañarse; eran 6 duchas para 220 internas. “Nos daban el desayuno, era horrible: una arepa congelada y una agua de panela”. Catalina siempre fue proactiva y no podía quedarse sin hacer nada, entonces consiguió trabajo como profesora en la escuela que había para las internas . Eso le ayudó a despejarse y a combatir la depresión que estaba empezando a despertar en ella, pues solo cuando iba a la escuela podía ver el cielo, algo que antes hacía todos los días, pero que ahora era un privilegio. Día a día, Catalina, se fue ganando la confianza y el cariño de los guardias y de los directores de la prisión por su don de ayuda. Le hicieron un nombramiento especial por ser la interna con mayor influencia positiva dentro del sistema penitenciario y carcelario. Pasaron los años, tres para ser exactos y Catalina se resignó a tener la libertad condicional que había anhelado. Ya lo había intentado y se la habían negado en repetidas ocasiones. Hasta que un día, el menos pensado, su hermana la llamó y le dijo: —Alístese que vamos a pasar a recogerla. “Yo no lo podía creer, tenía sentimientos encontrados pero estaba feliz de volverme a ver con mi hija y mi familia”, expresó Catalina. Pasadas las 8 de la noche una guardiana se acercó a su celda y le explicó que ya podía irse para su casa. “Yo quedé paralizada, mis compañeras me empezaron a empujar y cuando bajaba las escaleras sentía que se me doblaban los pies”, indicó. Cuando salió, vio a su familia y les anunció: “esto ya terminó”. Aunque seguía vinculada al proceso, pudo recuperar parte de su libertad y de su vida antes de la cárcel. Lo que veía inalcanzable ahora era una realidad; estar de nuevo en su casa con Isabella, su hija. Poder dormir con cobijas sin sentir frío. Durar más de 5 minutos en el baño. Bañarse con agua caliente y tomarse su tiempo para ello. Poder deleitarse con la comida y apreciar lo que tanto extrañaba: ver el contraste del cielo azul con las montañas verdes. Los meses transcurrían como un abrir y cerrar de ojos, su libertad se iba acercando y ella creía que ese día no iba a llegar nunca, pero no fue así. En octubre del 2020 Catalina pudo decir “¡soy libre otra vez, ya pagué por el error que cometí!”. Volver a la vida real, por más de que fuera un sueño cumplido, era un proceso difícil de llevar para Catalina. No todas las personas quieren darle la posibilidad a los pospenados de una segunda oportunidad y frente a estos estigmas conseguir trabajo era casi imposible. A raíz de esto, Johana Bahamon impulsó un proyecto de ley llamado “Ley de segundas oportunidades” el cual fue aprobado por los congresistas el pasado 17 de mayo, con el proposito de la darle una segunda oportunidad a la población pospenad a e incentivar a las empresas de re-integrarlos en el campo laboral. Su prima, Luisa Fernanda Osorio, le recordaba siempre: “eres Catalina, no eres el delito, no eres tu pasado judicial; eres Catalina y el mundo te tiene que conocer por tu nombre”. Se sentía frustrada al ver cómo los demás creían de alguna u otra forma en ella, pero que ella todavía no lo podía hacer por completo. Lo más complejo: Tener los conocimientos y la experiencia, pero ¿de qué le servía si nadie le daba trabajo? Catalina estaba sentada en su casa cuando le sonó el celular. Era su amiga Andrea Urrea, a quien había conocido en un evento que se realizó en la cárcel. Andrea fue voluntaria y ahí cruzaron una que otra palabra. Pero fue hasta que Catalina salió de la cárcel que se hicieron muy buenas amigas. Catalina contesta y sin más Andrea le cuenta que “están buscando una pospenada para que desfile en la colección te luce la libertad de la colaboración de People x Éxito de Johana Bahamon”. De forma inmediata y sin pensarlo mucho, Catalina rechazó la propuesta. Ella prefería no exponerse y mantener un perfil bajo para pasar desapercibida después de lo que había pasado. “No puedes esconder más la cabeza, tienes que salir a empoderarte, ya le has pagado a la sociedad con cárcel. Hazlo en nombre de tus compañeras”, le recomendó Andrea. Catalina prometió considerar la propuesta. “No sabía qué hacer, tenía miedo e incertidumbre”, recuerda Catalina. Llamó a Luisa Fernanda, su prima y consejera de cabecera, y le contó. Luisa le repetía “tranquila, yo sé que da susto, pero en la vida se van abriendo oportunidades y caminos, solo tenemos que saber escoger”. Isabella, su hija, fue quién más la motivó a mitigar lo malo y dejar el miedo. Dejó a un lado ese miedo, llamó a Andrea y le dijo que aceptaba. Un par de horas después, Nicolás Martínez, el director de comunicaciones de Fundación Interna, se contactó con Catalina y le expresó el deseo que tenían por que ella fuese la modelo y vocera de la colección. La prueba de maquillaje y vestuarios fue días antes de la presentación y el día del evento hubo un ensayo rápido. Colombiamoda fue en el Centro de Convenciones Plaza Mayor en Medellín. Cuando Catalina llegó, sintió que se traspasó de un mundo a otro, algo diferente de la realidad. Le olía a frescura y glamour, un olor que no se percibe comúnmente. “Todo pasó rápido. Cuando salí, vi a todas las personas; sentía que flotaba, yo no me la creía”, contaba Catalina. “Cuando fue mi turno de salir sentí susto, pocas cosas me dan pena, pero cuando me dieron la palmadita en la espalda y me dijeron «vas tú» sentí mucho susto. Los labios me temblaban y trataba de sonreír para no verme seria. Me concentré en ver la luz. A medida que caminaba, los nervios se iban y empecé a sentir que flotaba. Pensaba: pasé de una cárcel, de una celda fea, de una celda llena de mugre a estar en una pasarela. Yo veía la gente, la gente aplaudía y yo decía, ‘bueno, valió la pena, yo valgo la pena, esto me va a servir mucho’”. —Ver a mi mamá ahí con los nervios, verla con la prenda que estaba luciendo ese día fue demasiado bonito. Fue como todo en la vida se puede hacer. Fue un momento muy ‘cool’ , de decir: ¡uy, mírala dónde está! —expresó su hija. Isabella volvió a encontrar a su mamá, a la que había perdido en el momento en que se fue a la cárcel. Catalina, tras pasar por el episodio más oscuro de su vida, también encontró su rumbo: “La puerta más grande que me abrió el desfile fue la de reencontrarme conmigo misma, y volver a sentir de qué estoy hecha, para qué estoy hecha, y volver a encontrarle un norte a mi vida. Porque como te digo, me apagué, pero esto me ha hecho decirme: no mijita, ya lo que pasó, pasó”, puntualizó.

  • La infertilidad, una enfermedad de lujo

    La infertilidad, una enfermedad de lujo Mónica Marcela Mejía Prada, Comunicación Social y Periodismo Fecha: El Gobierno sanciona ley en la que se establecen lineamientos para el desarrollo de una política pública para su prevención y para un tratamiento, hasta la fecha, costoso de asumir para los ciudadanos. Lea también: Planificación: ¿cuestión sólo de mujeres? Compartir Foto: Foto: Maria Paula Cubides Las EPS no están obligadas a costear tratamientos de fertilidad El rostro de Sandra Maritza Calderón, al recordar la incertidumbre y soledad que rodeaba su hogar hasta hace cuatro años, es de tristeza. Ella y su esposo se conocieron en el año 1992 y al poco tiempo decidieron tener hijos, pero todos los intentos fallaban. Después de varios exámenes, a su esposo Jorge le diagnosticaron infertilidad por astenozoospermia, conocido como “espermatozoides lentos”, motivo por el cual no podían concebir. Consultaron tratamientos, pero no contaban con los recursos económicos para acceder a estos, por lo que tuvieron que esperar nueve años de intentos fallidos. Ya a los 41 ella daba por imposible un embarazo, pero se permitieron una última oportunidad: hacer un préstamo y pagar un tratamiento de fertilidad. “Nosotros no sacamos 20 millones de hoy a mañana, hicimos un préstamo a 4 años. Fue muy duro porque la EPS no nos ayudó con los exámenes médicos ni con las citas con especialistas, tuvimos que pagarlos particularmente”. Así como este caso, en Colombia, de acuerdo con la Federación Médica Colombiana, el 25% de la población en etapa reproductiva es infértil, es decir aproximadamente 2.5 millones de personas, y esta es una cifra en aumento. Sin embargo, más allá de iniciativas de investigadores particulares, la infertilidad no se ha documentado nunca en entidades públicas o en EPS, por lo cual no existen registros realizados por ninguna entidad gubernamental que señalen el porcentaje exacto de parejas infértiles en el país. En Colombia las causas varían un poco al resto de países, puesto que en más del 50% del padecimiento se presenta en hombres, afectados por varicocele, infecciones y problemas genéticos, como las alteraciones en el cromosoma Y. En contraste, en las mujeres lo más frecuente son los problemas de ovulación, como el ovario poliquístico, la endometriosis e infecciones de transmisión sexual que dañan las trompas de Falopio. Las causas del incremento de esta patología se relacionan con el descuido de infecciones de transmisión sexual, falta de abordaje oportuno de trastornos de ovulación y cambios ambientales. Además, culturalmente se asocian con postergar el momento de tener hijos, daño en la calidad del semen por consumo habitual de tabaco y alcohol, y exposición prematura a anticonceptivos orales. Una enfermedad “exclusiva” Existen diferentes tipos de tratamientos para combatir la infertilidad. Estos van desde procedimientos sencillos, como vigilar la ovulación mediante ecografías, aumentarla con medicamentos y ciclar las relaciones sexuales al momento preciso de la misma; hasta tratamientos extracorpóreos como la fertilización invitro, que consiste en la unión del ovario con el espermatozoide fuera del cuerpo de la madre. No obstante, la gran frustración de las parejas infértiles es el costo de dichos procedimientos, los cuales alcanzan los 20 millones de pesos. De acuerdo con cifras de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud, en 2015, las mujeres de 25 a 29 años y de 35 a 39, reportaron que más de un 30% no están recibiendo un tratamiento de fertilidad porque es muy costoso. “Saber que debía tener esos 500 mil pesos mensuales para pagar el préstamo y que además que ya vienen más gastos a raíz del bebé, es preocupante”, cuenta Sandra Calderón quien finalmente logró su objetivo de ser madre, pero a un alto costo en el presupuesto familiar. A pesar de que la infertilidad, desde 2009, es reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una enfermedad del sistema reproductivo y de que en el listado de servicios y tecnologías excluidas de la financiación con recursos públicos asignados a la salud, de 2017, no se encuentran especificados sus tratamientos, es la única enfermedad que en Colombia cuenta con diagnóstico, pero no con tratamiento por parte de las Entidades Prestadoras de Salud (EPS). Al no estar excluido en el plan obligatorio de salud, POS, las personas deberían tener derecho a acceder a servicios de salud reproductiva, como la prevención y tratamiento las enfermedades del aparato reproductor femenino y masculino. No obstante, el sistema de salud en Colombia, el cual se financia del pago de impuestos y de los aportes al régimen contributivo que realizan los ciudadanos, se opone a cubrir dichos procedimientos debido al impacto fiscal que esto supondría para el equilibrio financiero del sistema, según la objeción presidencial del pasado gobierno de Juan Manuel Santos, declaración apoyada por el actual Ministerio de Salud y Protección Social y Ministerio de Hacienda. Por su parte, las EPS concuerdan con la dificultad de costear estos tratamientos debido al déficit que les representa que un paciente cotice más de la Unidad de pago por capitación (UPC), es decir el valor anual que se reconoce por cada uno de los afiliados para cubrir las prestaciones del Plan Obligatorio de Salud, que la Administradora de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud (ADRES) les desembolsa por el mismo. “Tener hijos es una decisión propia que no puede volcar el sistema de salud”, considera Jenny Barrios, coordinadora médica de la EPS Sanitas. Debido a que estos tratamientos solo pueden ser cubiertos por personas/matrimonios de alta capacidad económica, existen en Colombia numerosas parejas que no albergan ilusión alguna de contar con los recursos necesarios para acceder a alguno de los centros especializados de reproducción asistida existentes. Más que una decisión personal La Corte Constitucional estableció los casos en los que, de manera excepcional, las EPS están obligadas a costear tratamientos de fertilidad. Primeramente, se deben costear cuando se pretenda garantizar la continuidad de un servicio que ya esté avanzado; cuando éste busque garantizar la vida, salud, o integridad personal, incluyendo la salud sexual y reproductiva, y finalmente, cuando la patología de la infertilidad sea una enfermedad secundaria. En contraste con lo anterior, la Organización Mundial de la Salud puntualiza que la salud no es únicamente la ausencia de afecciones y enfermedades en una persona, sino un estado completo de bienestar físico, mental y social, lo cual entra en contradicción con la ausencia de tratamientos financiados por las EPS. Al respecto, la consultora médica de planificación familia, Lina María Acuña, puntualiza que la incapacidad de concebir es una enfermedad que hace necesario, para la pareja, un acompañamiento psicológico y de asesoría familiar porque sobre todo se genera frustración y sentimientos de culpa, que pueden llevar al deterioro del matrimonio. Como en el caso de Sandra, que aunque ya llevaba 22 años junto a su esposo y era una buena relación, asegura que al llegar sus hijos esa relación se afianzó más. “Ahora todo es una alegría, la casa cambió totalmente, ellos cambiaron muchas cosas. Los hijos son un complemento de la familia”, dice con una sonrisa en el rostro. Asimismo, el ginecólogo obstetra Fernando Zegers Hochschild, precisó al defender una tutela que “la infertilidad es una enfermedad que tiene numerosos efectos en la salud física y psicológica de las personas, así como consecuencias sociales, que incluyen inestabilidad matrimonial, ansiedad, depresión, aislamiento social y pérdida de estatus social, pérdida de identidad de género, ostracismo y abuso”. Esto detalla que, si bien la infertilidad no implica un riesgo para la vida, puede afectar otras facetas humanas. “Existe, por tanto, una conexión entre la autonomía personal, la libertad reproductiva y la integridad física y psicológica”. (Corte constitucional, Sala Sexta de Revisión de tutelas, T-274/15, 2015) La infertilidad se puede prevenir Si bien en Colombia la magnitud de la Infertilidad no ha sido determinada oficialmente, estudios dados a conocer por la Fundación Colombiana de Parejas Infértiles (Funcopi), señalan que solo el 70% de la población infértil puede ser tratada sin grandes inversiones y solo el 30% (700.000) requieren de reproducción asistida, lo que, de acuerdo con el ginecólogo y experto en fertilidad Jorge Ramírez puede ser una oportunidad para realizar una inclusión progresiva de los tratamientos de fertilidad dentro del plan de beneficios. “Para que las cosas no sean tan costosas, hay que intervenir a tiempo. De esta forma, el 80% se puede tratar bajo el mismo costo de otras enfermedades, porque son tratamientos sencillos que no sobrepasan los 400 mil pesos. Se está cometiendo una gran injusticia, naces infértil o te vuelves infértil, pero es una enfermedad, no una condición de lujo”, explica Ramírez. Es por esto que documentar los factores que se asocian a las causas de infertilidad y realizar un diagnóstico generalizado del país; además de diseñar programas de promoción y prevención oportuna de infecciones de transmisión sexual y de enfermedades que afectan al sistema reproductivo como la endometriosis en la mujer y el varicocele en el hombre, permitiría evitar lesiones graves en la función reproductiva de la sociedad colombiana. “La infertilidad está en aumento. Mientras menos se intervenga con los tratamientos que se deben hacer ahora, mayor será la carga a futuro. Entonces, vamos a ser algún día una civilización envejecida”, sostiene el ginecólogo. La posibilidad de que el Ministerio de Salud y protección Social y las instituciones educativas capaciten médicos para tratar la infertilidad a volumen evitaría que ésta siga siendo una enfermedad reducida a un grupo selecto de especialistas de alto costo, abriéndoles la oportunidad a personas que se encuentran en la posición que vivió Sandra y que se encuentran en busca de los recursos necesarios para poder cumplir su deseo más anhelado, tener una familia.

  • El calvario de un secuestro

    El calvario de un secuestro María Gabriela Parra Zamora, Comunicación Social y Periodismo Fecha: En el año 1999, Belén López fue víctima, a manos de las FARC-EP, de un secuestro que duró dos meses. Esta es la historia de cómo hija logró negociar su liberación. Lea también: El viaje de una familia desplazada Compartir Foto: Apoyo de los ciudadanos a la matrona de Acacías, Doña Belén López, quien durante su estadía en el pueblo se había ganado el aprecio de quienes habitaban en el . La casa no era muy lujosa. Un arco de cemento y ladrillo, una reja de metal y un letrero en el que estaba escrito “Finca Katay” daban paso a la humilde morada de Doña Belén López, como la llamaban todos sus amigos y seres queridos a sus 71 años. Rodeada de grandes árboles que ofrecían sombra y chocaban contra el escaso viento de esos llanos, se descubría una casa antigua de más de un siglo, color beige , hecha de concreto y adobe. Su interior contenía tres cuartos – gigantes -, uno para ella, otro destinado a los niños - con más de cuatro camas - y el último albergaba a los familiares adultos que la visitaban cada cierto tiempo. Su cocina aún incluía un horno de carbón, como el de las novelas más antiguas. El comedor-sala, con unos muebles regalados por sus hijos y nietos, nada ostentosos, se encontraba a la intemperie, aunque cubierto de la lluvia. Muy cerca de la vivienda, existía una pequeña construcción, la cual era utilizada por los jornaleros que vivían ahí. El aire, a pesar de ser un poco bochornoso, era fresco. Unos hermosos rosales brindaban vida al lugar, y el melodioso sonido del agua corriendo en un pequeño río, no muy lejos de allí, acompañaba el canto de las aves. Sentada en un sofá de la sala, orando, se encontraba Doña Belén López -una mujer delgada, de tez clara, acompañada por el dulce silencio de la tarde. Era el 29 de diciembre de 1999 y ella disfrutaba de un merecido descanso después de una larga jornada de trabajo en la finca. Ese melodioso silencio antes que cayera el anochecer fue interrumpido por el extraño ladrido de los perros. Inmediatamente después entraron a la casa, con un fuerte golpe a la puerta –que no tenía mayor seguridad, seis hombres con pasamontañas negros, vestidos uniformadamente, con jeans azules, camisa blanca, gafas negras y –como no podía faltar- armas en sus manos. Dos de ellos la sacaron colgada de los brazos, uno a cada lado y apuntaron con una pistola, a sangre fría, a su cien. —¿Es ella?— dijo uno de los invasores. — Sí, es ella – contestó su compañero de al lado. Ese hombre que confirmaba su identidad, de manera tan fría y seca, era Manuel Rojas*. Conocido como “Manuelito”, amigo de un familiar. Los días anteriores, él se había acercado en repetidas ocasiones a la finca, haciéndose pasar por un señor extremadamente amable. Sin embargo, todas esas visitas tenían un solo propósito: hacer la labor de “inteligencia” y así vender a Doña Belén López a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC-EP). Esta acción tan conocida y temida, como lo es el secuestro, tiene muchas definiciones. Para la Policía Nacional de Colombia: “debe entenderse como una flagrante violación a los Derechos Humanos, específicamente al derecho a la libertad individual y la libertad de movilidad. Por tanto, es un delito atroz que afecta no solamente a la persona secuestrada, sino a todo su entorno familiar y social”. Según Oscar Mauricio Silva, analista político de la Fundación País Libre, desde 1996 la cantidad de secuestros realizados había aumentado de 4.354 a 13.548, con una cifra de 5.351 atribuidos a las FARC-EP. Se creó, así, una fama internacional de Colombia como uno de los países más peligrosos del mundo. A esta tercera fase tan dolorosa se le conoció históricamente como la Masificación . La metodología de secuestro de las FARC era muy reconocible. “Manuelito” había cumplido con gran parte de esta primera etapa, la inteligencia. En ella lograban conocer absolutamente todo de su víctima y familia. —Ellos sabían cada mínimo movimiento de mis hijos, incluso que una hija mía vivía en Israel— recordaba nerviosamente Doña Belén López. En muchas ocasiones, como fue el caso de Doña Belén, se infiltraba una persona al grupo cercano del objetivo. De acuerdo con el Centro Nacional de Memoria Histórica en su publicación Una Sociedad Secuestrada “se realiza para identificar a las víctimas, determinar sus rutinas, definir las mejores opciones de tiempo y lugar para secuestrarlas, y recopilar información adicional para usarla en la fase de negociación con la familia o allegados”. Camino a un infierno Doña Belén López, amordazada, fue arrastrada a lo largo de todo el corredor. Y mientras esto sucedía saqueaban las pocas cosas de valor que ella poseía. Al salir, la tiraron al suelo, le quitaron su mordaza y le dijeron cruelmente: “Mire la casa antes de irse, mírela bien”, esto como una maniobra para atemorizarla. Sin embargo, sacando fuerzas que no tenía y con la voz un poco temblorosa exclamó fuertemente: “Si me van a matar, de una vez, mátenme de una vez”. Pero su pesadilla no acababa aquí. La necesitaban viva. Así que, sin demora la volvieron a amordazar, le taparon los ojos con una venda y la subieron a un carro -un taxi-, que habían conseguido para pasar desapercibidos. Esta situación estratégica era una de las más riesgosas y peligrosas para los victimarios. El “levante”, como se conocía comúnmente, era el momento donde se retenía a la víctima y solía ser realizado por grupos especializados en esta acción. Su secuestro, según la Fundación País Libre, hizo parte del 79% de los plagios que fueron completamente perpetrados de forma premeditada. Dado al cumplimiento con la rentabilidad del “negocio”, el cual como lo afirma el documento Una Sociedad Secuestrada del Centro de Memoria Histórica “sólo existe si se logran obtener víctimas con capacidad de pago o en su defecto con potencial político”. Así mismo lo confirmó el Ministerio de Defensa: “Parece haber consenso en que dichas organizaciones han adquirido niveles de preparación y organización que no solo les permite utilizar el secuestro como una fuente segura de financiación, sino que ha generado agrupaciones altamente especializadas que son capaces de ofrecer su know how a clientes potenciales con fines variados”. Fue un camino largo, ella se encontraba totalmente rodeada, un hombre a cada lado y otro en frente, la mantenían completamente vigilada. En un carro aparte, con otros guerrilleros, se fueron el resto de los hombres. Al cabo de unas horas arribaron a una pequeña casa, la bajaron y al momento de descubrirle los ojos se encontró cercada por un gran grupo de soldados revolucionarios, muchos de ellos con boinas rojas, placas, botas negras, vendas en los brazos y uniforme camuflado. Se acercó un comandante, según parecía por su vestimenta y presencia. —Esto lo puede arreglar su hija con un abrir y cerrar de ojos— dijo el hombre con una voz fuerte y clara. —Mi hija no va a cometer el delito de ponerse a robar el banco para pagarles a ustedes— afirmó Doña Belén López con un tono fuerte y seguro, sin miedo a nada. La llevaron al calabozo, un lugar oscuro, pequeño, con rejas, con un costal de cama y murciélagos volando a su alrededor, como una película de terror. Este momento en el que se encontraba Doña Belén López solía ser conocido como la fase de “Estabilización”. Allí “infligen las primeras torturas y abusos sobre la víctima para poder controlarla y mitigar las posibilidades de fuga”, según el documento Una Sociedad Secuestrada del Centro Nacional de Memoria Histórica. Sin embargo, en este caso fue algo menos violento, al ser una mujer mayor, la mantuvieron encerrada y custodiada por hombres contratados para evitar su escape. En ese instante, era oficialmente una de las 3.204 personas plagiadas a lo largo de 1999, uno de los años donde más se habían realizado secuestros. Mientras tanto, en Acacias, Meta, eran las nueve de la noche. Su hija, Jacqueline, acababa de enterarse de lo ocurrido. Escondido detrás de la casa, el señor que ordeñaba las vacas y que vivía allí había visto todo. Tan pronto como los guerrilleros se fueron con su patrona, él tomando otro camino pidió un aventón al pueblo. Llegó corriendo al banco y le gritó con un tono de tristeza: “Se la llevaron a su mamá, se la llevaron a su mamá”. Se dirigieron a la finca, al entrar notó la puerta abierta de par en par, el único teléfono de ese lugar estaba destrozado, las cosas se encontraban revueltas, los cajones vacíos y, por último, la ausencia de su madre en ella. La angustia se apoderó de su cuerpo, no sabía qué pensar ni decir, cómo actuar, las lágrimas corrieron por sus mejillas “solo preguntaba qué le había pasado a mi mamá”. El infierno mismo Al día siguiente, en la madrugada, Doña Belén fue sacada del calabozo. Antes de ponerse en marcha, le dieron un uniforme como el de ellos y le quitaron el vestido que ella tenía al momento de su secuestro. Después de una larga jornada recorriendo la selva era la oportunidad de descansar. En ese instante llegó otro grupo de guerrilleros con una nueva secuestrada, mujer también, de Medellín, igualmente de apellido López. De ahí en adelante, la otra plagiada y un perrito blanco, que la seguía a todas partes, fueron su única compañía. Se movilizaron por lugares diferentes, pasando por acantilados y varias casas donde se resguardaban. Esta fase se la conocía como “traslado”. Se trataba de una continua circulación por la selva, caracterizada por realizarse en “un espacio aislado y oscuro donde la víctima no pueda ubicarse con facilidad y sus posibilidades de movimiento estén seriamente restringidos”, según el Centro de Memoria Histórica en su informe Una Sociedad Secuestrada. Los días pasaron, Jacqueline y su familia no sabían nada de su madre, y la angustia comenzaba a aumentar. Habían buscado por todos lados; hablado con los paramilitares y con algunos frentes de las FARC-EP, pero ninguno de ellos la tenía. Finalmente, después de mes y medio de espera, la llamaron a su celular, afirmaron tener a Doña Belén López cautiva y que para su liberación iban a negociar únicamente con ella. Tras decir esto colgaron. Desde ese momento comenzaron a recolectar todo el dinero que poseían. Un domingo cualquiera, llamaron por segunda vez, en esta ocasión, sin dar vueltas, pidieron 200 millones de pesos . —Yo no tengo esa plata, ustedes se descacharon ahí— afirmaba Jacqueline. Tras un breve silencio bajaron el monto a 100 millones, esta cifra seguía siendo demasiado, así que Jacqueline se negó, nuevamente, sin previo aviso colgaron. A los tres días llamaron con una última oferta, 50´000.000, pero el máximo recolectado era de treinta grandes. Cedieron a esa cantidad y dieron las indicaciones para el intercambio, el dinero por Doña Belén. Mientras Jacqueline se contactaba con el que iba a ser el intermediario, un padre –que se parecía físicamente a Gandhi-, los guerrilleros bajaban de las montañas con su madre. El punto de encuentro asignado fue el Puente Caído, en Lejanías, Meta. Así que, al encontrarse con el párroco y David, su hermano mayor –quien resguardaba el dinero- se movilizaron hacia allá. Para su identificación tenía que utilizar un pañuelo rojo en el hombro. Así que tan pronto cruzaron el puente, a pie, ella y el sacerdote, salió de un árbol un hombre uniformado con camuflaje. “Vengo por mi mamá”, dijo ella con un poco de nervios. Caminaron por un estrecho sendero, ellos dos al frente y el extraño hombre atrás. Junto a un gran arbusto se encontraba sentado el comandante. Al verlos se puso de pie y solicitó el dinero. “Primero quiero a mi mamá, después tendrán su dinero”, exigía Jaqueline. Tras una señal en código del comandante, salió Doña Belén de entre los árboles. La emoción era indescriptible, así como el miedo a que algo malo pasara. Al encontrarse, se dieron un gran abrazo, pero, no podían llorar, tenían que guardarse toda emotividad. En ese momento, Jacqueline buscó a su hermano, quien se encontraba en el carro con el dinero. Le hizo señas para que se acercara. Entregaron lo acordado, por fin todos eran libres. Se subieron al auto lo más rápido posible y salieron de allí. Juntos y a salvo. El infierno había terminado. *El nombre de la persona ha sido alterado para contar esta crónica.

  • Un ciclista de coraje inverosímil

    Nada ha detenido a Brandon Rivera, ciclista del Team Ineos, quien demuestra cómo su dedicación y esfuerzo lo convirtieron en pedalista de élite internacional. Un ciclista de coraje inverosímil Gabriela Rincón Álvarez Nada ha detenido a Brandon Rivera, ciclista del Team Ineos, quien demuestra cómo su dedicación y esfuerzo lo convirtieron en pedalista de élite internacional. Disponible en Pulzo Gabriela Rincón Álvarez Brandon Rivera es oriundo de Zipaquirá, de metas espigadas y convicción inquebrantable. Hoy su rigor y esfuerzo lo han llevado a pedalear sobre suelos europeos. Al momento de esta entrevista, se encontraba viviendo uno de sus grandes sueños: competir en una nueva carrera de ruta por Europa junto con un equipo de categoría UCI WorldTeam. Llegar allí no ha sido fácil; su carrera fue una montaña rusa de emociones, pero no cabe duda de que “la ha sudado” para llegar a donde está. En agosto, durante el Giro de Emilia, una de las carreras de ruta más importantes de Italia, Emilia-Romaña recibió a Brandon y al Team Ineos con los brazos abiertos. Nadie le hizo disipar la sonrisa que llevaba en su rostro, de oreja a oreja. Quien lo viera, podría asegurar que no hay ni un segundo en el que pueda percibir la seriedad, tal vez, la concentración, pero ni eso le quitó la dicha que brotó desde sus adentros. Lo que estaba viviendo era la causa y el efecto de tal entusiasmo. Humildad y pasión Su voz se escucha manceba y suave, pero su actitud emana agradecimiento y madurez. “He sufrido y he luchado para llegar aquí, pero he perseverado y ahora solo sufro sobre la bici, el único sufrimiento que me agrada sentir”. Es sencillo, se viste como un joven normal de su edad: el jean entallado al cuerpo y una camisa negra; no es pomposo y siempre lleva sus gafas para leer. Su impavidez es envidiable, lleva la vida con serenidad y se puede notar su seguridad porque siempre sostiene la mirada. Natalia Arévalo, su amiga de infancia, lo recuerda como un hombre dócil y modesto, siempre atento a cualquier petición de familiares y amigos. “En todo momento fue muy caballeroso, el respeto siempre estaba por delante”. Además, expresa la dedicación y el empeño que le aplicaba al ciclismo, pues no había día que no saliera a entrenar. “Él estaba casi obsesionado”, afirma entre risas. Es la esencia que lleva desde niño, aquel que tuvo una visión demasiado clara sobre su futuro y desde entonces no ha parado de batallar para que sus esfuerzos germinen en premios y podios. Brandon Smith Rivera Vargas se enamoró del ciclomontañismo a temprana edad y no ha dejado de conquistarlo. Empezando su gran sueño en el Instituto de Recreación y Deporte de Zipaquirá, al cual agradece por el apoyo. Pero lo que le esperaba era aún más grande. “Siempre fui muy entregado en cada aspecto de mi vida y me ponía metas altas para cumplir”. Su familia no tardó en darse cuenta de aquella codicia y ese tesón que lo empujaban. Brandon solía irse a entrenar con una cicla pequeña que llevaba ruedas atrás, hasta que su tío le regaló una ‘bici’ de esas para hacer “mandados” y aun así le iba bien. Rivera recuerda esa impulsividad por triunfar a como diera lugar, cuando de niño salió de su casa y solo le dijo a su abuela que “se iba para una válida en Cogua”. En ese tiempo ella no entendía el significado de una “válida” y simplemente lo dejó ir. Cuando Brandon llegó, doña Mercedes lo vio con un trofeo en la mano. “Ella se puso histérica, me dijo que de dónde había sacado esa vaina”, resulta que había ganado el tercer lugar de la válida, pero ella no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Cuando su trayectoria aún era incipiente, sufrió una lesión en la muñeca, su abuela y su madre se preocuparon y pensaron que lo mejor era que se retirara, a pesar de esto, nada hizo que Rivera quitara su mirada del ciclismo. Llegaron los días difíciles, su cicla empezó a deteriorarse y el dinero escaseaba; no hubo más remedio que parar por unos meses. Sin embargo, su abuela no se resignaba a que esto sucediera y consiguió un préstamo para comprarle una bicicleta nueva a su nieto, convirtiéndose en su salvadora, su sostén y su ángel protector. Brandon intuía que aquellas señales que no permitían que desistiera de aquel mundo prometedor se convertirían en las mejores experiencias. Vio la luz y fue consciente de que la vida le compensaría cada uno de los tropiezos y así emprendió un camino largo. Sin embargo, el tiempo transcurría y su abuela ya no podía continuar financiando sus competencias, ya que Brandon empezaba a tener gran acogida y los recursos económicos ya no daban para el ascenso que estaba tomando su carrera. Pero su poder mental y la superación personal no dejaron que nada lo obstaculizara. Principio de logros A su vida llegó Pablo Mazuera, su nuevo manager en el equipo Specialized Tugó, en el que se convirtió en coequipero de su amigo del alma desde los nueve años: Egan Bernal, quien recibió apoyo de la fundación Mezuena. Specialized Tugó fue un equipo que vio crecer a dos grandes: Brandon y Egan, motivados siempre por el deseo de superar al otro; la fundación los acogió y le apostaron a su talento. En una entrevista del 2019, Pablo Mazuera recordaba los primeros pasos de contienda en la que ambos eran partícipes: “Brandon le ganaba a Egan, se daban muy duro. Eran como amigos y rivales, porque los hacía mejorar a ambos. Se daban mucha leña”. Brandon y Egan salían todos los días a montar cicla a Salinas, en Zipaquirá, habían formado un vínculo muy valioso; su amistad los había hecho crecer como personas. Durante su tiempo como ciclomontañista prejuvenil y juvenil en el equipo de Pablo Mazuera, comenzaron a llegar los frutos de un inagotable esfuerzo. A Rivera le surgió la oportunidad de competir en los Juegos Olímpicos de Nanjing, China, en el año 2014. La emoción de viajar le explotaba el pecho y cuando su abuela se enteró le dijo: “Podrá ser difícil por ser mundial y ser un olímpico, pero no imposible. Vaya con la idea de que usted es el mejor y va a ganar”. Brandon admite que durante la carrera hubo instantes de flaqueza y de debilidad en los que tenía miedo de que le recortaran puntos. Sin embargo, ganó la medalla de oro. El apoyo de Mercedes Benítez, su abuela, o “Lita”, como le solía llamar Brandon, fue indispensable. “Ella no solo me ayudó en el ciclismo, sino también en la vida, me dio valores, me enseñó cómo vivir, cómo ayudar a la gente, a ser responsable y disciplinado”. Mercedes fue la responsable de criarlo y educarlo. Épocas tormentosas Lastimosamente llegó la tempestad; Brandon tenía la moral por el piso. Deportivamente todo se derrumbó, se había lesionado la rodilla y para rematar le diagnosticaron pubalgia (inflamación de los músculos rectos anteriores del abdomen). Estaba desorientado, por no decir derrotado. Esta vez no había más remedio que dar un paso al costado. Por más que sus ubérrimas ansias de salir adelante le susurraran al oído, seis meses de recuperación le esperaban en casa. Los altibajos aparecieron y la sensación de que nadie daba un peso por él, también. “Fueron años bastante duros, pero ese año en particular fue uno de los peores. Pero nada… mi abuela siempre estuvo ahí apoyándome y ni hablar de Egan, que siempre me decía que no me bajara de la cicla; ellos fueron mis principales motores de aliento”. Pero las cosas aún no le salían como él quería o esperaba; ya ni las competencias se le daban. Brandon entró en depresión. La noticia menos esperada llegó, su abuela se enfermó, le dictaminaron cáncer de cuello uterino. A pesar de los malos tiempos, su amigo Egan nunca le soltó la mano y nunca dejó de apoyarlo. El renacimiento de un grande Después de una larga recuperación, Brandon pudo entrar al equipo GW- Shimano, en donde pudo recuperar la fe y dar grandes saltos de victoria. Durante su estadía en el equipo, fue campeón panamericano contrarreloj en México y ganó una etapa de la vuelta Colombia. Mientras tanto, su abuela, desde el hospital, con orgullo lo veía triunfar, con la “berraquera intacta”. Detrás de todas estas victorias y el desempeño impecable que estaba atesorando Brandon, había una persona que siempre lo apoyaba en todo momento y estaba maravillado de su esfuerzo: era Victor Hugo Peña, exciclista profesional colombiano. “Poquito a poco fui recuperando esa autoconfianza y la seguridad que en esas malas épocas uno pierde”. El Team Ineos le dio la oportunidad de ligar esa disciplina que lo caracteriza con el talento del equipo y le apostó a su talento. En noviembre del 2019, Dave Brailsford, mánager del equipo, le ofreció a Brandon ser integrante de este por dos años. Brandon, sin pensarlo, aceptó y firmó contrato. Brandon, el “muchachito” de 23 años, lleva la gratitud en el hablar y en la mirada, dice que en esta nueva etapa está abierto a recibir lecciones de sus compañeros y, sobre todo, a aprender de ellos. Sin embargo, las malas noticias también llegaron, un inmenso dolor sucumbió en los lugares más profundos de su alma. Doña Mercedes, su “Lita”, había fallecido a causa del cáncer de cuello uterino. “A mi Lita la recuerdo con mucha felicidad; ella creyó en mí cuando nadie más lo hizo y gracias a ella estoy donde estoy”. Rememora ese día con los ojos enlagunados. Ahora, cada vez que sube a la cicla siempre piensa en su abuela, en dar todo por ella y enorgullecerla desde el cielo. El Team Ineos le ha suministrado las herramientas para seguir luchando con esa actitud corajuda. Hoy está cumpliendo uno de sus grandes sueños, no puede sentirse más dichoso y lo comparte con su familia, quienes han sido su motor de vida y la razón por la cual nunca se baja de la cicla, pues “el camino hacia el éxito está pavimentado de fracasos”, como dijo Walter Baltazar. Brandon es un gigante que no se deja derrotar, su tenacidad es el ímpetu de su pedal y es la leña que mantiene vivas las llamas de superación. Esta etapa de su vida es una semilla más de las que ha cultivado a lo largo de su proceso, que, sin duda alguna, son resultado de un ramillete de triunfos y promesas. Su resiliencia es la admiración de los que son testigos del cogollo que lleva adentro. ¡Zipaquirá lo vio crecer, pero hoy un mundo entero lo ve triunfar!

  • Mi negocio se cae a pedazos

    Mi negocio se cae a pedazos Daniel Felipe Sáenz Riaño, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Incertidumbre, ansiedad y preocupación, han sido el pan de cada día de los empresarios colombianos desde que empezó la pandemia. Lea también: Cuestión de supervivencia: 22 mil restaurantes han cerrado sus puertas Compartir Foto: pixabay Irma Cáceres, una mujer de 61 años, con aspecto amable, se prepara junto con su hija Mónica, de 40 años, para otro día de trabajo. Son las once de la mañana y ambas dan vueltas por la cocina alistando todos los preparativos para los almuerzos. Son propietarias del restaurante Irka, cuya especialidad son los menús ejecutivos y se encuentra ubicado en el centro de Bogotá desde hace 16 años. Como cualquier mañana, lavan las papas, preparan el jugo y adoban la carne entre el olor a comida casera, aunque recientemente una nueva labor ha tomado parte de las rutinas de estas dos capitalinas: revisar las deudas acumuladas. Este restaurante solo es uno de los miles de negocios afectados por la pandemia del covid-19, que ha llevado a que casi el 37% de las empresas, según la Cámara de Comercio de Bogotá hayan cesado sus actividades , trayendo consigo todo tipo de dificultades para los empresarios y pequeños emprendedores que intentan subsistir con los ahorros con los que contaban antes de la llegada de este virus. Pero hay un enemigo más silencioso que las deudas o que la falta de ingresos: la salud mental. Los empresarios que han pasado por situaciones de estrés, de incertidumbre o de crisis financieras, según Karen Carvajalino, columnista de Forbes y cofundadora de The Biz Nation, pueden llegar a caer en trastornos de ansiedad, de sueño, digestivos o hasta llegar a ser afectados permanentemente en el sistema nervioso, si no tienen un buen manejo de estas adversidades. Perseverancia como estrategia clave El restaurante Irka ya venía de una situación complicada. Hace 3 años tuvo una caída económica muy fuerte de la que solo se pudieron recuperar hasta finales de 2019 y cuando comenzaron a ver alguna mejora en su situación, inició el confinamiento, lo cual las precipitó a otra crisis económica de la que aún no ven la salida. Antes del confinamiento, llegaban a vender entre 80 y 100 almuerzos diarios, lo cual les daba la estabilidad que ellas necesitaban, pero conforme se fueron agotando los recursos tuvieron que ir recortando el personal. “El grupo era de unas 7 u 8 personas que trabajaban con nosotros, o sea que eran 8 hogares que se mantenían de este restaurante, y ahorita son solo 2 hogares porque no pudimos sustentar a más personas”, explica Mónica, también mencionando algunas de las obligaciones como el arriendo o los servicios, que las llevaron a tomar esta decisión. La noticia del aislamiento fue confusa para madre e hija, al inicio confiadas de que solo serían unos días, pensaron en la cuarentena como una oportunidad de descanso, pero conforme la medida fue extendida vieron cómo sus recursos se agotaban cada segundo. “Siempre esperábamos ese plazo de 15 días para poder abrir, ya cuando fueron pasando como 2 meses comenzamos a darnos cuenta de lo grave que era”, afirma Mónica. Según el psicólogo Carlos Bravo, en este caso es destacable la persistencia en ellas, después de la crisis que afrontaron hace unos años, el salir adelante y soportar los primeros impactos de la situación económica actual demuestran su tolerancia a la frustración. Ellas mismas lo aseguran, mencionando que es con la frente en alto y con ganas de salir adelante, que situaciones como estas se pueden superar. Esta acumulación de deudas, obligaciones e incertidumbres tienden a afectar a muchas personas, y ellas no son la excepción, Irma afirma que los momentos de tristeza y depresión por los que suele pasar son múltiples, ver como las deudas se acumulan, la plata disminuye y su salud se deteriora la ha afectado y solo encuentra consuelo dejando el restaurante unos días y cambiando de panorama al ir al Rosal, donde reside su familia. Mónica también comenta este tema, al mencionar cómo ellas siempre han sido personas muy trabajadoras, las afecta mucho ver cómo los ahorros lentamente se van acabando y tienen que comenzar a contar monedas para cualquier compra . “Yo lo hablo por el caso de mi mamá, ella se deprimió mucho”, explica Mónica. Carlos Bravo también menciona la importancia del tiempo que ellas dos invierten en sus familias, en sus pasatiempos o en su espiritualidad para poder mantener un equilibrio necesario y afrontar las dificultades. Este equilibrio está ausente en este caso, ambas han tenido que dejar a sus familias un tiempo, solo las logran ver los fines de semana cuando suelen estar agotadas y por falta de recursos , han dejado a un lado la recreación o las actividades de ocio. Esta sobre explotación es uno de los cambios más representativos. Según Karen Carvajalino, por el confinamiento han desaparecido los límites de tiempo, todo se ha convertido en un trabajo constante y permanente en el que pareciera que no hay fin, afectando la salud mental y agotando a los emprendedores. Es por la incertidumbre que esto sucede, y Mónica e Irma han pasado mucho de su tiempo buscando qué pueden hacer o en qué negocio experimentar para poder aliviar un poco esta crisis económica. No perder el esfuerzo de muchos años Ellas dos no son las únicas que están pasando por esta situación. En un centro comercial del norte de Bogotá, Jairo Mideros y Marta Alfonso tienen su propia pizzería, que pasaba por sus mejores momentos antes de la pandemia, pero con la llegada de la cuarentena iniciaron también sus intentos de mitigar la crisis económica . Ampliación de domicilios, cambios en estrategias de venta o el uso de recursos almacenados, fueron algunas de las estrategias que implementaron, las cuales Jairo considera como fundamentales para haber subsistido en los primeros impactos de la pandemia. Todas estas medidas han sido realizadas evitando al máximo tener que cerrar y entregar su local, porque eso era lo que más les preocupaba. “Le daba a uno más tristeza ver cómo lo que se había hecho en varios años de un momento a otro se estaba cayendo”, afirma Jairo, agrupando todos los sentimientos de inseguridad y preocupación por los que ha pasado en este periodo. Carlos Bravo explica que en este caso es fundamental que la claridad de los objetivos que tenían estos emprendedores en sus cabezas y la manera en la que se esforzaron para seguir a flote, les ayudó a salir adelante. También el apoyo familiar presente en este caso es fundamental, ya que al ser un negocio manejado por ellos, lograron en el trabajo encontrar un momento para compartir y darse apoyo unos a otros. El mayor reto de estos dos empresarios fue batallar contra el miedo y la angustia de la situación, el cambio de sus itinerarios también ha representado una nueva rutina para ellos, en la que suelen trabajar algunos horarios extendidos. Con todo esto solo buscan reinventarse y no dejar que su negocio cierre, ya que la mayor preocupación es perder el esfuerzo de tantos años. Seguir adelante Karen Carvajalino afirma que el desarrollo de una inteligencia emocional fuerte y la habilidad de poder adoptar un modelo práctico ligado con la tecnología en los negocios son clave para soportar esta pandemia, sin dejar de lado la perseverancia. Desde el Gobierno se han implementado todo tipo de ayudas para estas problemáticas que afrontan los empresarios. El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo ha puesto en marcha herramientas de financiación para aliviar las dificultades de liquidez en las empresas, mediadas por las entidades bancarias, lo que muchas veces dificulta el acceso a créditos por parte de los pequeños empresarios. Por otro lado, el tema de la salud mental sigue siendo un tabú en nuestra sociedad. Según un articulo publicado por la Clínica Universidad de La Sabana, se tiene la idea de que las enfermedades mentales están asociadas con agresividad, con menos inteligencia o con la necesidad de ser aislados, por lo que casi el 90% de las personas que sufren una de estas afecciones no acceden a ayuda psicológica, por el miedo a ser juzgados o segregados por la sociedad. También es clave mencionar que las llamadas a las líneas dispuestas por el Ministerio de Salud para brindar apoyo y orientación han aumentado en un 30% debido a la pandemia por la que estamos atravesando . Aunque hasta mayo solo se habían realizado 1.635 intervenciones, dato que al comparar con el número de habitantes en nuestro país muestra claramente el rechazo de los colombianos a acceder a ayuda psicológica. Hoy Irma ve con optimismo el futuro, ella cree que este año ya terminará con estas dificultades, pero ve con ansias lo que el 2021 le podrá traer con respecto a nuevas oportunidades de negocio. Mientras tanto, Mónica sigue alistando todos los preparativos para los almuerzos del día, ella tal vez no tan optimista como su madre, ve con tristeza una última disminución en las ventas. “Desde que comenzaron a abrir sectores de la economía siento que todo ha empeorado, las pocas personas que había en la zona han preferido irse a otras partes del país”, dice Mónica. Hoy estas dos empresarias seguirán esforzándose en no caer, porque como lo creen firmemente, en esta pandemia está cada uno luchando por sus propios intereses, luchando por si mismo y por sus familias.

  • Un mundo sin límites

    Un mundo sin límites Germán Arenas Usme, asistente al Taller de Comunicación Asertiva sobre discapacidad y lenguaje incluyente Fecha: La resiliencia y la disposición para continuar aportando a la sociedad, es lo que mueve a los profesionales, pese a tener alguna condición de discapacidad. Lea también: Adiós rutina: La vida cobrando sentido Compartir Foto: Carlos Álvarez

  • En la afinidad artística, todo proceso es fundamental para la formación

    En la afinidad artística, todo proceso es fundamental para la formación Maria Alejandra Moreno Flórez Fecha: La música como un espacio extracurricular y su influencia en los estudiantes. Lea también: "La industria de la música empieza a ver a Colombia como un gran referente artístico" Compartir Foto: Gustavo Rincón La música, con su capacidad única para influir en el desarrollo personal y enriquecer la cotidianidad, se posiciona como un elemento casi inherente a la vida. En una reveladora conversación con Gustavo Rincón Sánchez, licenciado en pedagogía musical de la Universidad Pedagógica de Colombia y actualmente docente en distintas universidades, se explora la intrincada conexión entre la enseñanza musical y el fortalecimiento de los elementos formativos desde procesos neuronales, dado que esta influencia excede el mero entretenimiento. La música emerge como un complemento esencial en la cotidianidad, brindando a las personas de todas las edades, sobre todo las más tempranas, la oportunidad de desarrollar habilidades cognitivas, emocionales y sociales. Gustavo Rincón destaca cómo la música no solo es determinante para la formación de los jóvenes, sino esencial para su desarrollo personal en un mundo moderno cada vez más complejo. También, se refiere a cómo, sin necesidad de estudiar música como carrera, es posible alcanzar una formación musical satisfactoria a través de la creación de espacios óptimos para el desarrollo de clases de música extracurriculares. Hace una reflexión sobre aspectos como interacción de personas con intereses afines, la producción de trabajo en equipo, liderazgo, creatividad y asimilación de información, elementos esenciales para optimizar el resultado de la formación musical extracurricular. ¿Cómo considera usted que la pedagogía musical influye en el desarrollo personal? A través de la enseñanza en música, sin duda va a haber un favorecimiento y va a fortalecer muchos elementos formativos: mejora la memoria, la atención y la concentración. A mí me parece que el desarrollo de muchas actitudes del ser humano, incluyendo por supuesto las habilidades motoras, sociales y, en un elemento mucho más grande, la creatividad y el desarrollo de las emociones, las artes hacen efecto al interior del ser humano. Dado que el streaming copa actualmente el 75% de la industria musical, ¿qué tanta influencia tiene la música sobre los niños y jóvenes? Los procesos de comunicación, los procesos de aprendizaje y todo lo que los jóvenes están absorbiendo, lo hacen 24/7, a toda hora, porque la red y porque el sistema de transmisión de datos está encendido siempre. Me parece excelente desde la parte artística que todo el contexto de streaming, de internet, que está permanentemente allí disponible para todos, le permite a la persona desarrollar y favorecer, por ejemplo, sus proyectos musicales para que no dependan de una industria en específico, sino que puedan desarrollarse de manera individual. Creo que dependiendo de cómo se utiliza, este mecanismo así va a ser el resultado que se dé, y me parece que también es importantísimo que esos espacios, sobre todo si son con chicos menores, estén acompañados desde un proceso educativo en casa, para que, ya en la medida en que se va generando una madurez, ya van tomando la decisión de qué información consumir y cómo filtrarla. Desde la primera infancia hasta mediados de primaria (8 – 10 años), la música y el arte en general son las actividades que más potencian la plasticidad neuronal; sin embargo, ¿cuál es la importancia de darle continuidad a esos procesos durante la adolescencia e, incluso, la adultez? De acuerdo con la afinidad artística, todo eso es fundamental cuando estamos hablando de formación. Cuando hablamos de procesos desde los niños, y en adelante, toda la plasticidad neuronal es un trabajo gigantesco en el que se innova sobre esa capacidad que va a tener el niño que hace un trabajo artístico para recuperar y reestructurar su cerebro a través del arte para, así, adaptarse a las situaciones que se van apareciendo, que no son necesariamente las artísticas, sino que la música le permite generar un mejor estímulo – respuesta a través de ella. Pero hay que darle más importancia a la continuidad. Por ejemplo, no estoy de acuerdo con la frase “si tocas un instrumento no se te olvida nunca”, porque, digamos, si tú cantas y en algún punto dejas ese proceso continuo de ejercitar tu físico desde lo vocal, no es que se te vaya a olvidar cantar, pero el desempeño no va a ser el mismo. Ese es el punto con las artes: que son procesos, y específicamente en la música, el proceso es de ir avanzando y tomando escalón por escalón. Es cuestión de ir superando la dificultad, pero una vez tú las superas y dejas de seguirle trabajando, vuelves a bajar los escalones que habías ascendido previamente, sin que se te olvide cantar. No se te olvidará tomar un instrumento musical y sacar algún tipo de sonoridad de él, pero simplemente vas a notar que no va a tener el mismo desempeño que tenías cuando hacías una práctica continua. Un estudio de la Asociación Nacional para la Educación Musical encontró que los estudiantes que participan en la educación musical obtienen puntajes más altos en las pruebas estandarizadas que aquellos que no lo hacen; pero, por otro lado, según un estudio de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, la música también puede ser un factor de influencia en la hiperactividad y la violencia. ¿Cómo se logra un equilibrio desde la formación musical? Yo siento que la violencia en el arte se liga mucho a la forma en que la persona haya sido formada. Para mí, eso ha sido fundamental y lo he podido ver durante muchos años; es decir, a mí me cuesta creer que alguien que es formado en casa con unos criterios, unos valores y unas habilidades específicas de un momento a otro, al entrar a la red y observar cierta música que tenga un lenguaje violento, se vuelvan violentos, y tampoco lo he presenciado en años de trabajo y experiencia musical. Entonces, dos factores de mucha influencia para obtener esta formación musical satisfactoria serían, obviamente, una formación desde casa, pero también entender que la música va ligada a las etapas de las personas como, por ejemplo, son diferentes las manifestaciones o la influencia que va a tener la música en un adolescente a las que va a tener en una persona adulta o en un niño pequeño. ¿Cuál es la importancia de fomentar espacios óptimos para desarrollar las clases de música extracurriculares? Si no se está en un ambiente formativo profesional en música, la importancia yo la divido siempre en cuatro puntos del trabajo en el aspecto musical, pues más allá de qué tan profesional se quiera llegar a ser, es algo que siempre ha funcionado: Primero, es qué información tú tienes para empezar a trabajar en estos procesos, es decir, la información con la que vas a iniciar tu trabajo y tu acercamiento a la música. Allí aparece la interrelación, que es otra parte fundamental y debe optimizarse siempre, porque de eso dependerán los buenos resultados. Eso está entre el trabajo del docente o de quien dirige el espacio con el estudiante, y entre estudiantes y todo el grupo, siendo la interacción fundamental allí, ya que son los espacios que se van ganando y que pueden optimizar un buen resultado. La otra parte es la producción de ese trabajo porque finalmente tú dices “bueno, sí, estoy haciendo un par de cosas, pero ¿en qué me está resultando esto?” Entonces, es como la elaboración de ese producto, de ese aprendizaje, que debe realizar el grupo o el alumno en este caso, y que va a dar un resultado tangible. La última parte, que es clave en estos procesos, lógicamente va a ser la puesta en escena o la exhibición, que es donde se van a satisfacer o, de pronto, se van a encontrar los puntos para apretar o arreglar dentro de todos estos cuatro ambientes. Es la etapa cuando tú vas a mostrar y a dar a conocer el producto resultante a las personas. A pesar de que existe un plan de formación musical desde grados iniciales en los colegios (Plan Nacional de Música para la Convivencia), ¿hasta qué punto existe un seguimiento de esta formación en otras etapas del proceso educativo en general de un estudiante? Nunca, pero nunca, ha habido un seguimiento. Quienes hemos estado en la enseñanza musical por años, sabemos que están en los currículums, sabemos que hay que enseñar música, así como hay que enseñar diversas materias. Es más, por ejemplo, en inglés, tú pudiste haber visto 11 años de inglés, pero salen los estudiantes, ¡y en realidad no saben inglés! No sé, tal vez las canciones que enseñaban y algunas palabras, sí, pero se vieron 11 años, ¿cómo es que no saben hablar inglés en 11 años? Pues, bueno, con la música es aún peor, porque imagínate, están queriendo colocar en la bolsa del arte a todo el mundo cuando, tampoco es tan así, porque hay niños que no tienen esas habilidades para la música; son más deportistas o son más de otras líneas de trabajo profesional. Entonces, el seguimiento consiste en que pongamos un docente, porque debe haber por ley un docente en música en un colegio, pero muchas veces termina siendo una persona que no tiene los recursos. Y los pequeños procesos de proyectos salen es por los chicos inquietos o talentosos y lo que pueda tratar de hacer el profesor durante ese proceso, pero no tiene un seguimiento después. ¿Hasta qué punto el sistema de formación musical actual, aquel que funciona desde las instituciones educativas, es efectivo y significativo en los procesos individuales de los estudiantes? La formación musical es algo que va a continuar, porque siempre habrá inquietos en el área de artes, y esos inquietos siempre van a generar la posibilidad de avanzar de manera empírica o autodidacta en la parte musical o artística y, si el docente lo detecta, que la mayoría de las veces pasa, el docente mismo quiere hacer un proyecto y un proceso con ellos. Lo que pasa es que ni el tiempo ni los recursos le darán, porque son muchos los estudiantes que tienen que cuidar y son pocos los que quieren dar un puntito más para desarrollar el proceso. Pero siempre se va a dar. O sea, afortunadamente, eso es lo rescatable del asunto. Siempre aparecerán, siempre habrá chicos que lo deseen desde muy chiquitines, que van a desear hacer ese acercamiento a las artes y, afortunadamente, siempre llegará un docente que pueda hacer algún tipo de acercamiento y de avance con esos chicos, pero sí va a quedarse en ese seguimiento nulo que no va a pasar de una parte a la otra con un seguimiento claro. Se puede confiar en el docente, mas no en el sistema. Debe darse más relevancia a la “música extracurricular” Gustavo Rincón destaca el apoyo gubernamental a los proyectos musicales para fomentar el desarrollo cultural y artístico de la sociedad. Estos proyectos no solo promueven la apreciación y participación en la música, sino que contribuyen al desarrollo de las habilidades creativas, cognitivas y sociales en los jóvenes. El respaldo gubernamental a los programas de formación musical extracurricular puede ampliar el acceso a la educación musical, beneficiando a estudiantes de diversos contextos socioeconómicos y culturales. Gustavo comentó: “a través de la formación musical se generan espacios de resiliencia, de trabajo en equipo, de liderazgo y muchas otras cosas que, aunque no sean parte de una formación académica, dan una ventaja a la persona para su día a día y su carrera, pues estamos hablando de espacios que no son ciencias exactas, sino que es una cosa que te alimenta a ti como ser humano y uno, como ser humano, desea ese algo que solo la música puede darte”.

  • Suboficiales que valen oro

    Suboficiales que valen oro Eliana Martínez Perdomo, asistente al Taller de Comunicación Asertiva sobre discapacidad y lenguaje incluyente Fecha: “Desde niño, mi sueño siempre fue ingresar al Ejército Nacional”, es la frase con la que inicia a describir su vida Carlos Andrés Montoya, Cabo Primero del Ejército Nacional de Colombia. Lea también: Un mundo sin límites Compartir Foto: Eliana Martínez Perdomo Sus jornadas laborales eran exigentes, el cansancio no daba respiro. Hora tras hora, paciente tras paciente iban sumándose a ese desgaste que no era solo físico, “era un trabajo bastante intenso y muy fatigante, aparte del esfuerzo era el riesgo que se corría”, declaró Jesith. Salía al campo de batalla a las siete de la mañana, en promedio visitaba alrededor de 15 pacientes por día y terminaba esa extenuante jornada hasta altas horas de la noche, privándose de la

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