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- Los hijos de Naxaen.
El afán de enriquecimiento de algunos ha cobrado vida y legado del pueblo indígena Jiw y con ellos sus historias; eso significa el principio de su decadencia. Los hijos de Naxaen. Germán Andrés Enciso Flórez. El afán de enriquecimiento de algunos ha cobrado vida y legado del pueblo indígena Jiw y con ellos sus historias; eso significa el principio de su decadencia. Disponible en Pulzo Cortesía: Universidad de la Sabana San José del Guaviare (Guaviare) está ubicado a 400 km de la capital del país (Bogotá), al suroriente de Colombia. Su clima es cálido y, sin contar pequeñas lloviznas, no ha caído agua desde hace una semana. Las vías están recubiertas de tierra y es como si, aprovechando las temperaturas altas de la región de los Llanos Orientales, se configurara una danza de nubes de polvo en la cual la madre naturaleza aprovecha para abrazar lo que alguna vez fue suyo. Hay un colorido puerto fluvial que abastece de suministros al pueblo, como plátano o pescado fresco. Entre las rutas de las lanchas está Mapiripán, una zona que sigue siendo golpeada por la violencia. Entre los afectados están integrantes de numerosas tribus indígenas, como los Jiw Naxaen Ba, habitantes que son tratados como simples atracciones, pues la insensibilidad del turista no se preocupa por conocer sus historias. Irene Gómez Acosta, profesora de los niños indígenas del Municipio, se dirige en una moto Discover 100 hacia Barrancón, una de las tantas veredas de San José. Allí irá a dictar clase al resguardo indígena de los Jiw llamado Escuela Dos, nombre asignado por el ICBF. Pero mientras llega, en la entrada del pueblo, una indígena de edad avanzada se pasea sucia de tierra hasta la coronilla y con cara de agotamiento. ¿Cómo puede, a su edad, soportar un recorrido a pie de más de 10 kilómetros y con tres niños? El resguardo más cercano queda a unos 14 kilómetros del pueblo, pasando puentes entre morichales y en carretera de tierra, un trayecto que no solo lo recorre esta abuela, sino que varios indígenas lo realizan de ida y vuelta para llegar al pueblo y pedir limosna o comida. La entrada al resguardo es un lodazal, e Irene tiene problemas para ingresar. Fuerza su moto levantando lodo con la llanta trasera hasta que logra salir del barro y entrar a la comunidad. Al fondo, se ve el río Guaviare fluyendo majestuosamente y en la otra orilla hay árboles colosales que componen la entrada a la misteriosa selva del Llano colombiano, la puerta a territorios que se logran mantener vírgenes gracias a su hostilidad. Los únicos invasores son los ‘occidentales’ (forma en que llaman los indígenas a los forasteros). Bajo una maloca, con el techo extrañamente quemado, aparecen los líderes. Ernesto es el capitán, es desplazado de la violencia y vive aquí hace 30 de sus 50 años. Llegó después de un viaje de tres días a caballo, tiene piel curtida y un cabello con apenas unos toques blancos, pero con profundas arrugas a los lados de sus ojos. En este momento son las 8:00 a. m. y niños sin ropa y llenos de tierra están jugando por allí, sin mayor atención. Son libres y lo saben. “Estamos aquí por el agua, pero nosotros no consumimos agua del río porque está contaminada”, señala Ernesto. “Más arriba le cae la suciedad del batallón militar y del pueblo”, la misma que le ha dado al río un color grisáceo y un olor fétido. Sin embargo, la comunidad no ha dejado de pescar ya sea con guadua o flecha, pero el éxito de estas prácticas solo se da por temporadas. Carlos Rodríguez, cazador de la tribu, está ansioso. Necesita salir a disparar su arco al río a ver si consigue qué vender, pero los ruidosos barcos militares le han arruinado su plan. “Esas lanchas van dejando aceite y eso se demora como 3 meses en volver a estar limpio. (…) Cuando estaba limpio uno conseguía palometa, cachama, bagre, de todo”, expresa con calma y resignación. El dinero que pensaba recolectar iba para ayudar a Marlene, una niña de la comunidad que ha estado vomitando sangre por culpa de una amibiasis, enfermedad parasitaria, que ya le perforó el estómago. Dos nuevos ‘dioses’ Con la ‘educación’ que les brinda el ICBF se ven satisfechos, pues no se sienten invadidos. “Eso sí funciona. Ellos [los niños] estudian pero nosotros no vamos a perder cultura”, responde Ernesto con una energía casi que perdida. “Nosotros ya venimos manejando eso de bailes, cantos, cómo tejer, todo eso”. Sisto, jefe indígena encargado de supervisar la educación impartida a los niños, opina algo diferente: “Es que aquí los abuelos les enseñan a los niños los mitos y leyendas (…). La cultura siempre la sacamos adelante, pero creencias ya no tenemos”, comenta decepcionado. “Tal vez los payés [sabios de la cultura], aún conserven creencias”. Y es que los Jiw han cambiado a su dios Kubei por el judeocristiano. La semejanza con la llegada de españoles es un poco escalofriante. Puede que el proceso esté ocurriendo de nuevo o nunca haya tenido un final, no hasta ahora. De cierta forma, la historia se repite, pues San José del Guaviare era considerado una isla. No había acceso por tierra, hasta la creación del puente Nowen en 1997. Pero, mientras eso ocurría, los colonos iban llegando en lanchas desde el año 1960, apropiándose poco a poco de los territorios, recursos e inocencia de los indígenas. No obstante, la iglesia había empezado a frecuentar estos espacios desde 1903. “Hay lugares como La Puerta de Orión o La Ciudad de Piedra, en los que se cuenta que los indígenas iban a soltar todos sus lamentos provocados por el hombre negro, dando forma al paisaje”, relata Yhonatan Astudillo, auxiliar administrativo en la Secretaría de Educación y Cultura, durante un recorrido por el Centro de Memoria Histórica de San José. Aquí, los forasteros reciben nombres como occidentales o colonos, connotaciones que tratan de mantener el recuerdo de aquellos extraños que se llevaron cuanto pudieron. Una muestra de esta irrespetuosa intervención es NN, un indígena que no se identifica por seguridad pues fue raspachín (recolector de hoja de coca) y basuquero. Pero afirma que ha dejado estos hábitos para ser capaz de cuidar a su hija que ahora tiene 30 años. Ella se para a su lado para escuchar todo lo que habla su padre. A pesar de todo, ahora se considera guarapero (consumidor frecuente de guarapo o bebida fermentada de agua con panela de un sabor agrio y olor penetrante). “La coca ahora es el verdadero dios, sí… Es lo que mueve todo”, asevera NN desde su experiencia. NN tiene manos grandes, con profundas cicatrices que guardan la historia del narcotráfico, una historia que el gobierno ha logrado cambiar poco a poco con el plan de sustitución de cultivos ilícitos, llegando a un acuerdo con 5,3 millones de familias del departamento. A pesar de esto, la lucha contra el llamado oro blanco continúa, y no solo en este territorio. No obstante, NN se siente feliz viviendo en este resguardo donde se comparte como en familia. Su hija sonríe cuando cuenta esto. Podrá verse como un lugar abandonado por el Estado o cualquier dios, pero todos los adultos y la mayoría de los niños son bilingües, ya que hablan el español y su lengua natal. Mundos paralelos La profesora Irene ha vuelto, está apresurada por decorar la maloca de techo quemado para poder llevar a cabo las actividades con los niños. Irene viene de un pueblo indígena llamado Corocoro, pero ella es la mezcla de tres pueblos, cuyas lenguas domina: su abuelo era Currupaco; su abuela es Cuinabe; y su papá, Cubeo. La razón por la que ella salió del Guainía, siendo una niña, fue para seguir estudiando, pues donde vivía solo se ofrecía hasta quinto de primaria, curso que no era impartido en español; Irene tuvo que aprenderlo en el camino, guiándose con la lectura de una biblia. Para ella, la mayor diferencia entre el hombre occidental y el indígena es la responsabilidad en el cuidado y protección de sus seres queridos y su historia, siendo el indígena el más empeñado en esto. “Un indígena tiene mucho más que dar de lo que uno le ofrece”, recalca Irene. “Uno no tiene que avergonzarse de lo que es. Hay indígenas que se privan de hablar su lengua por lo que piensen los demás ¡Que estudien, pero que no olviden lo que son!”. En una conversación con Irene, le pedí que me escribiera un mensaje en su idioma natal, el puinavi. Escribió “Duman jaquen qua jaqueo voquen”. En español: “Respeten, practiquen y amen la cultura”. Cuando era pequeña y aún vivía en Guainía, Irene recuerda que toda su comunidad se reunía en círculo cuando salía la luna para contarse las historias sobre La Patasola o El Duende o cuando la arrullaban entre cantos luego de un baño en el caño más cercano. Antes de irme de este resguardo, me encuentro con Pachito Parra, un indígena que está borracho de tanto hartarse con guarapo. Me toma del brazo y me dirige al barranco. Pidiendo que lo ayude con sus hijos, me cuenta que de pequeño su padrastro le pegaba, que su esposa lo abandonó, que le tocó salir de Mapiripán por la violencia y que tiene mucha impotencia. A Pachito no le importa vivir como un perro callejero, comiendo lo que se encuentre, o sin su única familia, pero quiere que el ICBF se lleve a sus hijos para que les enseñe a hablar y escribir; para que puedan regresar en un futuro con posibilidades de una mejor vida. Pachito tiene una espalda y presencia fuertes, pero ahora ha mostrado toda su sensibilidad. “Yo llore que llore, pero ¡hijueputa, es que me da rabia!”, chilla Pachito con tufo rancio mientras relata todo. Sin embargo, la historia de Pachito, desgraciadamente no es la única, ni mucho menos la última. En el censo de 2005 se encontró que solo restan 617 Jiw. En Colombia hay 1’392.623 indígenas, Medicina Legal declaró que 61 se suicidaron (2010-2014), 1.063 perdieron la vida por apropiación de la tierra de manera violenta (2003-2012) y 38.053 fueron desplazados (2002-2009). Paños de agua tibia Pero como si no bastara con los desplazamientos forzados, los territorios en que ahora se encuentran los indígenas están siendo acordonados. Pues, debido a los constantes robos de gallinas y hasta ganado, los finqueros no les permiten adentrarse mucho en el monte. Arsenio, el capitán del resguardo que irónicamente se llama ‘La Libertad’, relata con tristeza que “un resguardo es sin límites (…), pero acá no nos dejan ir al río a pescar o a mariscar (cazar) en el monte”. Fabliano Maecha, comerciante del Municipio, quien ha podido interactuar con los indígenas de la zona para la compra de asaí (un fruto de palma), expresa que, si ellos han tenido que robar, es debido a que “se ven arrinconados por la necesidad y el hambre”. No obstante, programas dirigidos por el ICBF, la Alcaldía y la Gobernación del departamento, los proveen de víveres que se acomodan a la dieta de una persona de ciudad corriente. Pero los Jiw no son ni de ciudad, ni corrientes. Ferney Córdoba, quien fuera profesor de los indígenas por casi tres años, expresa: “¿Cómo no van a vender el fríjol? ¿Cómo no van a vender el atún? ¿Cómo no van a vender las sardinas? Si ellos no consumen eso”. Ellos necesitan frutas, carne de animal salvaje como la danta o, por lo menos, estar y tener el espacio donde conseguirlo. Fayr Gutiérrez, antropóloga de profesión y lineamiento de salud del hospital municipal con los indígenas, es crítica de los métodos en que el Gobierno intenta plantear las ayudas a las comunidades. “¿Qué ha pasado con la parte gubernamental? Vienen y aplican paños de agua tibia”, expresa con toques de furia. “El antropólogo viene y hace los estudios, se entera de qué come el indígena, sabe cómo duerme, sabe qué hace, sabe de qué se enferma y con diagnósticos se han quedado porque no vuelven”. Pero no solo critica las formas de actuar del gobierno, sino de los indígenas que han sido corrompidos por vicios como la drogadicción o el alcoholismo, evidentes en las visitas de la antropóloga a los resguardos. Y es que en una calle popular en San José conocida como La 40, las indígenas y occidentales ya salen bien entrada la noche a prostituirse. Cuando le pregunto por el origen de los vicios, la respuesta es contundente y casi inmediata: “Los colonos”. Pero David Sánchez, quien trabaja en el área de logística con Cormades, una de las múltiples empresas contratadas por el ICBF para la atención de estas comunidades, asegura que ya se están tomando medidas en las áreas de salud, educación y alimentación, ya que se ha dejado de entregar suministros sin conciencia de las verdaderas necesidades de los indígenas. Ahora instruyen a los nativos para que sean capaces de mezclar la bienestarina (colada del ICBF) con la fariya (yuca brava rallada) para el aumento de peso de los niños. También, han logrado capacitar a varios Jiw para que impartan clases en la comunidad y realizar jornadas de vacunación sin que nadie se sienta violentado. sta iniciativa les ha valido para que su empresa sea ganadora del reconocimiento nacional de ‘La mejor práctica del país en atención, cuidado y promoción de la primera infancia de Cero a Siempre’, en la categoría de inclusión. Pero, a pesar de este esfuerzo, sus prácticas tomarán tiempo en crecer para ser tomadas en cuenta por más de una organización involucrada en la atención a estas comunidades. Y mientras eso pasa, el problema de la comida está siendo desplazado por los métodos en que los nativos ahora la quieren obtener ‘sin cometer delito’. A punta de plomo Los indígenas han empezado a notar la efectividad de las armas de fuego sobre el arco y flechas a la hora de salir a obtener sus alimentos. Ferney Córdoba declara que “ellos se dieron cuenta de que era más fácil cazar con escopeta, pero eso les genera costos”. Para financiar estos costos los indígenas han empezado a comercializar sus prácticas culturales. Si el indígena teje es por gusto, pero al querer sustituir la hamaca de fibra de cumare por la colchoneta, le toca trabajar. Para sobrevivir, tanto hombres como mujeres se dedican a la fabricación de manillas, maletas, esteras (pequeñas construcciones con hojas que simulan cojines para sentarse en el piso) y demás artesanías. Sin embargo, Ferney no cree que la cultura esté perdida, ni que a todas las instituciones solo les preocupe cumplir su contrato y ya, pues “antes se iba a donde los indígenas a cantar rondas como ‘Buenos días’, ‘Amiguito’ o ‘El lobo’, pero nunca se tenía la precaución de preguntarles qué era lo que ellos recitaban”. Y es por ello que decidieron [los educadores occidentales y sus jefes] crear eventos como el día de la cerbatana con los más pequeños, días en los que salían a simular una caza con copias seguras de estos instrumentos. En la cultura, la comparación es como el huevo con la piedra: es más dura la piedra, el occidental. Pero, en este orden de ideas, el indígena también es fuerte porque imagínate cuánto tiempo han estado sobreviviendo y sobresaliendo los indígenas con su cultura -, resalta Córdoba. Y es que los Jiw, hijos de Naxaen, quien les enseñó todo después de que Kubei los creara, han perdido la originalidad de sus nombres, imposibles de escribir en castellano; sus ropas tradicionales y la frecuencia con la que celebraban sus rituales alrededor de fogatas. Pero continúan peleando, superviviendo a esta colonización ideológica constante. Perdonar sin olvidar No obstante, Arsenio, el líder del resguardo La Libertad, recalca que no hay rencores de por medio con el occidental, ni impedimentos para celebrar una reunión en el pequeño espacio que se les ha asignado legalmente. Todo entre integrantes de la comunidad, guarapo y música popular de la radio. Los Jiw tienen su propio idioma: el mitua. Aun así, no es difícil traducir el estado de ánimo en el que surgen los comentarios: una alegría nacida de una resiliencia infinita. Héctor llega al festejo con el rostro lleno de marcas rojas, como la sangre sobre su piel color tierra. Se ha dibujado el pintao’ del tigre, símbolo de felicidad, homenaje a los animales con los que se convive y talismán espiritual. Este dibujo es hecho con una mezcla de achiote (planta que sirve también como pigmento en la industria cosmetiquera) y tierra o, a veces, harina. La mezcla es suave al contacto con la cara pero tiene un olor penetrante. Héctor es un payé de 49 años y lleva estudiando la medicina de su pueblo desde hace seis. Es rezandero y llegó al resguardo en canoa, tras un recorrido de 15 días por el Río Guaviare con sus hijos que le lloraban de hambre en el trayecto. Con tristeza y voz baja cuenta su historia: “Cuando usted sube [por el río] sin pedir permiso y se va a demorar tiempo, se va a morir. A mi hermano, que estaba estudiando para ser un profesor, con 16 años, lo pelaron… ¡lo mataron, hermano!”. Quien lo recibió a él y a su familia fue la Cruz Roja Colombiana. — Algo… no es mucho –recuerda con nostalgia Héctor cuando habla del acompañamiento y ayudas que le fueron brindadas. Y es que a diferencia de NN, Héctor no tuvo la oportunidad de elegir quedarse a ser raspachín. A él le advirtieron que se fuera o de lo contrario acompañaría a su hermano ‘en la otra orilla’. Héctor se pone a mascar bejuco y a aspirar yopo (un polvo hecho de hojas de monte pulverizadas). El bejuco es de color marrón, se parece a la canela, pero amargo, quita el hambre, al parecer sirve para los dolores estomacales. El yopo arde al contacto con las fosas nasales e inmediatamente se siente la pérdida del sueño. Este polvo es usado por los curanderos, rezanderos o payés para poder ‘ver más allá del plano físico’ y detectar enfermedades que son curadas con diferentes prácticas, como aplicar agua en el área afectada. A coro Llego al Parque de la Vida donde los habitantes han salido a pasear con sus familias, hacer deporte o a tomar aire y disfrutar del mes del amor y la amistad. La noche es calurosa y el aire es húmedo. Aprovecho que a unos metros hay un puesto de raspados (hielo molido al que se le agrega sabores artificiales y leche condensada) y me dirijo a comprar uno. El señor que me atiende tendrá aproximadamente 60 años. Pido el tamaño más grande, el de mil pesos y 7oz. Mientras espero, inicio una pequeña conversación: — ¿Y qué opina de los indígenas? — Esos son los que mejor viven. El gobierno les trae comida y cuando hay comida ya no hay preocupaciones -, comenta el vendedor que evade la pregunta de cuál es su nombre. — ¿Pero no cree que esta es una zona muy ‘caliente’ para vivir? — Para nada, si uno no viene a hacer nada malo, ¿por qué va a estar ‘caliente’? -, nuevamente, y como si no tuviera mayor importancia, expresa el vendedor. El señor termina de preparar el raspado. Agradezco por el servicio y me dirijo al centro del parque donde hay unos jóvenes improvisando versos de rap, al fondo hay otros practicando ejercicio y con música electrónica que apenas se alcanza a escuchar. Me acuerdo de que, en lo poco que he estado en este municipio, he visto más de 5 iglesias de ‘religiones diferentes’ y cerca de una, la Iglesia de La Granja, hay jóvenes que se reúnen para practicar danzas que imitan la vida indígena. El cocktail cultural en música, religiones y demás prácticas le agrega una extraña identidad al mundo del occidental que tan dividido e influenciado está por el constante flujo del mercado. Sin embargo, la necesidad de la expresión a través de sonidos, lenguaje corporal y la búsqueda de una trascendencia con una deidad que lo guía no parecen desaparecer. La esencia de lo humano no se ha perdido, pero sí ha cambiado. Entonces, ¿por qué seguir matando de olvido a los que serían nuestros ancestros, nuestros profesores, nuestros abuelos, nuestras raíces? “Duman jaquen qua jaqueo voquen”, diría Irene. Duman jaquen qua jaqueo voquen”, repetiríamos a coro.
- Rodrigo Lara Sánchez, de médico a posible vicepresidente
Eloisa Lacouture < Volver Rodrigo Lara Sánchez, de médico a posible vicepresidente Camera Eloisa Lacouture El político y médico huilense Rodrigo Lara Sánchez es ahora la fórmula vicepresidencial de “Fico” Gutierrez para las próximas elecciones presidenciales. Ver también: Ver también: A pesar de que lleva pocos años inmerso en la vida pública, sus logros han sido muchos. Según el Consejo Privado de Competitividad, Lara Sánchez, en el 2019, logró convertir a Neiva en la ciudad de Colombia que más avanzó en calidad de educación pública en los niveles de básica y media. En “Quien es Quien” de Ruta 45, les contamos su perfil.
- Caen estereotipos de belleza en Miss Universo
Entérate de cuál es la importancia de las láminas del álbum Panini en la cultura futbolera colombiana, así como cuál ha sido el avance de la industria de los videojuegos en nuestro país, entre otras noticias. Caen estereotipos de belleza en Miss Universo Luisa Fernanda Ardila Díaz, Andrea Carolina Duque Londoño, Daniel Fernando Clavijo Bolivar, Yuliana Cepeda Puentes , Cristian Moreno Garzón, Valentina Rodriguez Pinzón, Camila Jurado Cuartas, Silvia Gabriela Salas, Silvia Catalina Pinzón Meza, Diana Paola Rodriguez, Andrés Felipe Mora Martínez, Karen Valentina Correa Gómez, Juan Esteban Neira Aguirre, Valentina Maya Urrego, Laura Camila Hinojosa Urbina . María Lucía Castañeda Ballen, Maria Fernanda Pacheco Entérate de cuál es la importancia de las láminas del álbum Panini en la cultura futbolera colombiana, así como cuál ha sido el avance de la industria de los videojuegos en nuestro país, entre otras noticias. Ver también: Volvimos a la presencialidad: ¿cómo va nuestra salud mental? Compartir
- El riesgo de los recursos para tratar residuos peligrosos
El riesgo de los recursos para tratar residuos peligrosos Valeria Villarreal Pertuz, Comunicación Social y Periodismo Fecha: A la falta de conocimiento frente a los temas de manejo de residuos peligrosos se suma el atraso en materia de tecnología para tratarlos. Lea también: Tecnología, ¿una amenaza para el intelecto? Compartir Foto: Foto tomadas de la página web oficial de la empresa gestora de residuos peligrosos OCADE. Cuando era niña y vivía en Barranquilla, en mi casa tuvimos la misma nevera por varios años, pero, con el tiempo, esta comenzó a presentar fallas y decidimos cambiarla por otra. Nos deshicimos de ese aparato, para instalar uno nuevo, y nos pareció buena opción entregarlo a un comerciante de chatarra. El hombre, como parte de su trabajo, desarmó la nevera y, lo que parecía una tarea inocente, sin saberlo, estaba contribuyendo a la destrucción de la capa de ozono. Eso es porque las SAO (Sustancias Agotadoras de la Capa de Ozono) son gases refrigerantes que se encuentran en equipos electrodomésticos, como neveras y aires acondicionados, que, al entrar en contacto con el aire, son altamente contaminantes. El problema radica en que, actualmente, en Colombia no se cuenta con la maquinaria ni la tecnología para eliminar la mayoría de residuos peligrosos. De hecho, no hay una empresa que pueda eliminar las SAO. Empresas como BIOCHEMICAL GROUP, RECITRAC y OCADE se dedican a la gestión de este tipo de contaminante, pero lo que hacen es retirar estos gases de los aparatos refrigerantes y almacenarlos en contenedores puesto que, por su compuesto gaseoso, no se pueden exportar. Es decir, en nuestro país se encuentran miles de contenedores que van acumulándose. Esta es la única manera actual de evitar más daño. Lo mismo pasa con los plaguicidas obsoletos, otro tipo de residuo peligroso. Estos son procesados para ir relleno de seguridad o ser exportados fuera del país porque en Colombia aún no hay hornos rotatorios con la capacidad de eliminarlos. Falta de cultura, el primer problema Si bien casi todas las personas en Colombia contamos con aparatos eléctricos y electrónicos, tales como celulares, computadores o secador de cabello, ¿cuántos de nosotros sabemos qué hacer con ellos una vez dejan de funcionar? ¿cuántas veces no caminamos por la calle y nos topamos con una impresora o un televisor dañado puesto para ser recogido por los camiones de basura? Los RAEE (Residuo de Aparato Eléctrico y Electrónico), son los residuos contenidos en todos aquellos aparatos que usamos diariamente que dependen de algún tipo de corriente para funcionar. Estos no pueden ir a la basura una vez dejen de servir, puesto que los rellenos sanitarios actualmente están a punto de reventar y no tienen capacidad para tratar bien los diferentes tipos de residuos peligrosos. No causan enfermedades, pero sí tienen contaminantes, como Mercurio y Plomo, que, al ser incorrectamente manejados, penetran el suelo y dañan el medio ambiente. De acuerdo con Claudia Bran, operaria de OCADE, empresa gestora que se encarga de tratar los RAEE; para procesar estos aparatos hay que separar sus diferentes componentes de acuerdo con el material, para su reciclaje. Por ejemplo, un celular precisa ser desarmado en su totalidad, hasta los tornillos diminutos y el aluminio de la tarjeta de memoria del equipo. “Las tarjetas pueden tener níquel, oro o cobre. Es por eso que se llevan a instalaciones en Estados Unidos donde sacan todos estos elementos y los procesan de una manera adecuada”, comentó. Y es que en Colombia no estamos a la altura para manejar ese tipo de residuos. Solo estamos en capacidad de separar ecológicamente las pilas de tipo alcalinas, el resto las exportamos. Sin maquinaria efectiva “El Magdalena se ha convertido en un basurero, lo hemos herido de muerte”, señaló alguna vez el Dr. Óscar Darío Amaya, anterior procurador electo para asuntos medioambientales, dado que las empresas ribereñas del sector, que tenían sus instalaciones dándole la espalda al Río Magdalena, eran acusadas de verter en sus aguas todo tipo de contaminantes. Y es que esas industrias, al contar con múltiples transformadores, manejan una sustancia conocida como PCB. Los bifenilos policlorados (PCB), según Diego Villarreal, Ingeniero Ambiental de la Universidad Nacional, son contaminantes químicos creados por el hombre usados como aislantes para equipos eléctricos. Estos, anteriormente, habían sido hechos para evitar que las energías de los transformadores, por su potencia, incendiaran las casas a la cuales les trasmitía energía. Aunque en 2001 Colombia suscribió el Convenio de Estocolmo sobre los COP, el cual se basa en comprometerse con la aplicación de medidas gubernamentales para la reducción de uso y eliminar existencias de contaminantes orgánicos persistentes; no fue hasta 2008, que se aprobó la ley 1196, que prohíbe completamente los COP y obliga a las empresas a hacer un manejo adecuado de ellas. Es decir, hasta hace apenas 11 años se iniciaron las sanciones contra las empresas que manejan sustancias tóxicas, persistentes y bioacumulables, razón por la que estas no habían tenido la necesidad de controlar la emisión de tales componentes. Pero el problema continúa: siendo que este residuo se encuentra en la mayoría de los transformadores y que el país actualmente cuenta con miles de estos aparatos para manejar la energía, actualmente en Colombia solo hay una empresa con la maquinaria necesaria para tratar los PCB, y esta ni siquiera les pertenece. OCADE, empresa gestora de residuos peligrosos, a través de un proyecto piloto consiguió hacer un acuerdo con el Ministerio del Ambiente para que una organización argentina facilitara el procesador de PCB, que cuenta con tecnología francesa.
- ¿Qué es la dirección de arte?
La dirección de arte es la encargada del aspecto visual de la película, pero su labor no es sólo estética, también conceptual. ¿Qué es la dirección de arte? La dirección de arte es la encargada del aspecto visual de la película, pero su labor no es sólo estética, también conceptual. Compartir
- Bogotá sin aire
Bogotá sin aire Laura Valentina Díaz Gutierrez, Comunicación Social y Periodismo Fecha: La contaminación ambiental es un problema que crece y, al parecer, no existen soluciones suficientes para erradicarlo. Lea también: Bogotanos al límite Compartir Foto: Según un reporte de Planeación Nacional, en el año 2015 en Colombia, 8.052 personas murieron a causa de la contaminación ambiental, y cada año se registran 16 millones de incapacidades por la misma razón. Bogotá es la segunda ciudad del país con mayor polución en el aire después de Medellín. En los últimos tres años en la capital del país, la mala calidad del aire ha aumentado en un 68% ya que, entre otros factores, se emiten 16 toneladas de CO2 al año. Si bien no existen soluciones suficientes para acabar con esto, el Gobierno, a pesar de las alarmantes cifras, no ha tomado las medidas necesarias para tratar con el problema y llegar a subsanarlo. ¿Será que el Ministerio de Medio Ambiente necesita más muertes para implementar medidas? El más posible y cercano escenario es que hay corrupción. El presupuesto ambiental previsto disminuyó en un 60% a comparación del año anterior. Según Luis Gilberto Murillo, ministro de Ambiente, el presupuesto general de la Nación no es el único brazo financiero para la solución de problemáticas ambientales. Cabría preguntarse si el Ministro sabe que, en efecto, al reducir el presupuesto se reducen los recursos que los centros de investigación por el desarrollo sostenible ambiental tienen para financiar sus investigaciones. Es imposible pensar que hay transparencia en las decisiones del Gobierno leyendo este tipo de acciones sin fundamento alguno. Por otra parte, hay cada día más carros. El pico y placa no brinda soluciones al medio ambiente e, incluso, campañas como “Día sin carro y sin moto”, que se implementan para concientizar, hacen que los niveles de contaminación aumenten dada la priorización del combustible diésel en la capital. No solo el Gobierno, también los ciudadanos, deben promover una conciencia y cultura que subsane las problemáticas. Apoyar e incentivar las campañas que la Alcaldía promulga es nuestra responsabilidad, y generar cambios e idear nuevos proyectos también son conceptos que debemos asumir. El Gobierno se queda solo mirando y reduciendo presupuestos sin razones contundentes; pero, ¿es esa una razón por la cual no podamos tener un desarrollo sostenible como sociedad? Mientras más hablemos y menos actuemos, Colombia seguirá siendo el país que se está acostumbrado a vivir en medio de politiquería y, como si fuera poco, con el aire contaminado.
- Lejos de casa
Lejos de casa Ana María Lara Herrera, Alejandro Cortés Mora, Ana María Moreno Mateus, Juan Manuel Barahona Torres, César Andrés Ávila Saavedra, Comunicación Audiovisual y Multimedios En este videojuego, la pequeña Lily, en compañía de su amigo Lowy, busca a su abuelo, quien se ha perdido en la nieve, en el pueblo de Barrow en Alaska. Aventuras llenas de dolor y descubrimiento les esperan en el recorrido. Ver también: ¡Corre, Roberto! Compartir
- Cajicá: ¿déficit en el cuerpo de bomberos?
Cajicá: ¿déficit en el cuerpo de bomberos? Juanita Ballesteros Romero, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana. Fecha: El municipio demanda mejoras en cuanto a la infraestructura y cantidad de bomberos. Lea también: Compartir Foto: Esta es la entrada de la finca que se incendió a las afueras de Cajicá, golpe de agua. Es por la vía Cajicá - Tabio. Crédito: Juanita Ballesteros El 1, 2, 3 exige un cambio “Solo somos 13 bomberos repartidos en 3 turnos, afirma el comandante de bomberos de Cajicá” El déficit que hay en el cuerpo de bomberos oficial de Cajicá es notorio, hay muchas mejoras por hacer en cuanto a la infraestructura y cantidad de bomberos. Sin embargo, esta entidad se caracteriza por tener un alto compromiso y buena voluntad, como se evidencia en el caso del incendio de la finca Golpe de Agua. Por: Juanita Ballesteros Romero, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana. 03 de febrero de 2021. Se despierta con angustia y sin saber qué sucede. Los gritos de desesperación lo ponían más nervioso. El frío de la madrugada era impactante. Le congelaba las manos y las piernas, pero eso no fue impedimento para que corriera con todas las fuerzas que tenía. Sale de la casa y se queda quieto mientras analiza la situación. ¡Juan! ¡Juan! gritaba la esposa desesperada para que reaccionara. Después de unos segundos, mira al frente y se da cuenta de que la casa donde viven los dueños de la finca se estaba incendiando. Llaman a los bomberos de Cajicá. ******** Ser bombero es una de las profesiones poco conocidas. Es decir, gran parte de los habitantes de este municipio no tienen conocimiento de que este cuerpo oficial existe. Sin importar lo anterior, el trabajo que realizan todos los días es arduo y constante, ya que este va más allá de solo llevar a cabo actividades de atención de emergencias. También ejecutan actividades de prevención, educación e inspección. Se calcula que este año se han realizado, aproximadamente, 3628 actividades. Es decir, un promedio de 12 actividades por día. Atender accidentes de tránsito, realizar visitas de inspección a los locales comerciales y capacitar a la ciudadanía en temas de primeros auxilios, son algunas de las actividades que realiza esta agrupación. Cabe resaltar que, en Cajicá, los bomberos son una entidad oficial. Dependen de un ente rector, que es la alcaldía municipal, y son coordinados a través de la oficina de Gestión de Riesgo. ******** Se llama Juan López. Es un señor de 30 años de edad. Vive junto a su familia en la finca Golpe de Agua, la cual está ubicada a las afueras de Cajicá. Su labor es cuidar y mantener este lugar en las mejores condiciones. La vida es bastante tranquila. Sus patrones, como él los llama, son mayores de edad. Por lo tanto, requieren de mayor cuidado y atención. Es por eso, que esa noche él sentía que si les llegara a suceder algo la responsabilidad caería sobre él. Los dueños no viven permanentemente en esta finca. Esta solo la utilizan para vacacionar. Sin embargo, por la pandemia y el confinamiento, decidieron quedarse unos meses en este lugar. Querían disfrutar del aire fresco y la naturaleza. Golpe de Agua es un terreno bastante amplio. Allí realizan actividades de ganadería y siembra de hortalizas. Al fondo de la finca se encuentra la casa principal. En esta viven los dueños con el conductor. Es de dos niveles y la fachada es de color blanco. A la entrada hay otra vivienda, esta es de características más sencillas; aquí viven los trabajadores. Normalmente, en la casa principal acostumbraban a encender la chimenea. Les gusta hacerlo, ya que pueden compartir un rato en familia. Además, es una buena opción para enfrentar el terrible frío que hace en Cajicá. Ese día no fue la excepción. Prendieron la chimenea del segundo piso y la dejaron encendida toda la noche para que esta fuera apagándose mientras pasaban las horas. Disfrutaron del calor. Alrededor de las 10 pm se fueron a dormir, se sentían cansados. La noche pasaba tranquila hasta que un olor a quemado los levantó. La chimenea ya estaba por apagarse, pero unas chispas de brasa cayeron al tapete y fue ahí donde se produjo el incendio. El sentimiento que los dominó fue el miedo. Estaban perplejos. “Las chispas cayeron al tapete. Además, el uso y la falta de mantenimiento fue lo que ocasionó el incendio. En la madrugada me di cuenta y fui a sacar a mis jefes y al conductor. Menos mal no les pasó nada”, afirma Juan. ******** Los bomberos se demoraron 30 minutos en llegar. En realidad, tuvo que ir el cuerpo de bomberos de Cajicá junto con el de municipio de Tabio, ya que Cajicá no cumple con el estándar internacional de un bombero por cada mil habitantes. La población de este municipio ha ido incrementando notoriamente. Según el DANE, Cajicá ha llegado a los 92 mil habitantes. Por lo tanto, tendría que tener 92 bomberos a disposición para salvaguardar a los lugareños. En este momento, este municipio solo cuenta con 13 bomberos, contando al comandante Rafael Leguizamón. “Cajicá todos los días está creciendo. Hay muchos conjuntos residenciales. Es importante preparar a la comunidad ante cualquier emergencia. Solo somos 13 bomberos repartidos en 3 turnos. Cada turno es de 12 horas. Tenemos que estar disponibles las 24 horas del día, los 7 días a la semana y los 365 días del año”, cuenta el Comandante Leguizamón. Los 13 bomberos no pueden estar todo el tiempo en las instalaciones. De modo que, hay días en que el cuerpo solo cuenta con 2 integrantes. Es por esto, que tienen que estar apoyados y vinculados a más entidades para poder brindar un servicio eficiente. Entre estas se encuentra: el hospital local, Accenorte para la ruta nacional y los demás cuerpos de bomberos de los municipios cercanos (Chía, Zipaquirá y Tabio). El comandante de bomberos de Cajicá es consciente que entre más poblado se encuentre este municipio, más compromiso y labor necesita. En los últimos años se ha incrementado el flujo vehicular. Por lo tanto, hay mayor riesgo de accidentes de tránsito. Igualmente, ha incrementado el flujo de personas, de manera que hay más enfermedades en los habitantes. ******** Llega el cuerpo de bomberos de Cajicá junto con el de Tabio a la finca que estaba en llamas. En total eran 4 unidades de bomberos. Empiezan a atender el incendio. El fuego era impresionante. Estaba consumiendo el segundo piso y se estaba pasando al primero. Además, las habitaciones que estaban ubicadas en la parte superior se vieron afectadas. Los dueños del recinto estaban preocupados por la magnitud del incendio. Ellos solo observaban cómo las llamas consumían la infraestructura. Sin embargo, estaban agradecidos de que Juan los haya sacado a tiempo. Poder controlar el incidente se demoró casi 4 horas. Los uniformados trataban de apagar el incendio con el único carro tanque que tenían, pero no era posible. A las 5 de la mañana se vieron obligados a llamar a las unidades de apoyo de Zipaquirá, solicitando otro carro y más unidades de bomberos. Inmediatamente, llegó la solicitud de apoyo por parte del municipio vecino. Ambos lograron apagar el incendio alrededor de las 7 de la mañana. Para controlar este accidente se necesitaron 3 mil galones de agua. “Si no hubiera llegado el cuerpo, se hubiera quemado toda la finca. Las llamas fueron creciendo exponencialmente y de manera veloz. Menos mal cuando llegaron los bomberos ya no había nadie dentro de la casa”, comenta Juan. ******** Luisa Rojas, directora de gestión de riesgo, tiene presente las fallas que hay en el cuerpo de bomberos. Sin embargo, están trabajando para mejorar y brindar un mejor servicio. “Tenemos 13 unidades bomberiles. Efectivamente, no tenemos en el municipio gente capacitada que quiera ser bombero. Por lo tanto, a eso es a lo que queremos llegar. Como administración somos conscientes que necesitamos que el cuerpo oficial crezca. Para eso estamos trabajando en un tema de modernización en la estructura de la administración municipal. Uno de los avances más significativos ha sido la construcción de la sede oficial de bomberos, la cual será entregada próximamente”, afirma la señora Rojas. Los bomberos llevan trabajando en el club Edad de Oro por más de 15 años. Este centro, en realidad, fue construido para adultos mayores. No obstante, lo adecuaron para cumplir con las necesidades básicas del cuerpo oficial. Este lugar es espacioso. Al entrar tiene una sala principal donde tienen sillas plásticas. Al lado derecho se encuentran salones donde los adultos mayores realizan actividades, como danza. En el segundo piso tienen dormitorios para los uniformados. Además, cuentan con un lugar para que cocinen y un espacio para hacer ejercicio. El lugar es claro y se encuentra en buenas condiciones. Próximamente, les entregarán la sede oficial de bomberos de Cajicá, el Cisaec. Después de tantos años, al fin el cuerpo oficial tendrá su propio establecimiento. Este se encuentra a la entrada del municipio. Esta obra empezó el 05 mayo de este año y será entregada el 04 noviembre. Se estima que la Alcaldía de Cajicá invirtió en este proyecto unos 520,4 millones de pesos. Además de entregar la estación de bomberos también se ampliará el personal. De modo que necesitan comprar más insumos, entre estos, otro carro. Así mismo, tienen planes de ingresar a mujeres y personas de grupos como el LGBTIQ+. Quieren promover la inclusión. Aunque a los bomberos les falte progresar en muchos aspectos, estos se han ganado el aprecio y cariño de la comunidad. Son personas que siempre están en pro de la ciudadanía. Su prioridad es salvaguardar el bienestar de las personas. Así como lo comenta Liliana Suárez, una ciudadana cajiqueña: “Los bomberos son los mejores. Están dispuestos siempre a colaborar. Tienen verdadero compromiso. No importa la hora, el clima o lo cansados que puedan estar”. ******** Al terminar la intervención de los bomberos en la casa, se logró ver los terribles daños que se habían causado. La mitad del recinto quedó en ruinas. Todo era polvo y ceniza. Los residentes agradecieron por la labor brindada y los bomberos se despidieron y se marcharon. En sus caras se notaba la satisfacción que tenían al cumplir con esta misión. La gratitud por parte de los lugareños era notoria. Ellos sabían que si estas unidades no hubieran llegado las consecuencias eran peores. Posteriormente, la casa entró en obra. Hoy en día, siguen arreglando y volviendo a construir la parte afectada. Los dueños, por su parte, regresaron a su otro hogar y solo van a observar y vigilar cómo va la reconstrucción. “Mis jefes están muy agradecidos con el servicio de los bomberos. Todo salió muy bien. Menos mal no hubo ningún herido. Como lección quedó no volver a dejar la chimenea prendida. Eso fue un descuido que no volverá a suceder”, finaliza diciendo Juan.
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