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  • "Buena gente y acccesible"

    "Buena gente y acccesible" Maria Paula Cubides Alo, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Jairo Cristancho es representante a la Cámara por Casanare. Su espíritu de servicio a la comunidad lo llevó a ser médico y tiempo después, parlamentario. Lea también: 'El médico que se formó en la enfermedad' Compartir Foto: Foto: Maria Paula Cubides El representante a la Cámara por Casanare pasó de la medicina a la política. Un sol potente se cuela por los vidrios de espejo del edificio, el veranillo de agosto se hace presente en Yopal, Casanare, con temperaturas altas y vientos fuertes. El aire acondicionado de la sala de juntas en la que se da la entrevista está encendido y el ambiente se torna impersonal. La forma de hablar de Jairo Cristancho da una pista importante sobre él, tiene el acento llanero casi intacto. Es un hombre de unos 45 años, piel morena y pelo oscuro corto, con algunas canas. Usa gafas y vestimenta casual, una camisa blanca de botones y un jean. En su mano derecha lleva una pulsera con un bordado de la bandera de Colombia y en la izquierda un reloj grande, con pulso café. Paula Paredes, su asistente, lo describe como un hombre frentero y llanero. “No se compromete con lo que no puede hacer; cuando dice sí, es sí y cuando no, es no”. Paula es su mano derecha, en el momento de las fotos, se disculpa y entra al plano para arreglarle la camisa que “está muy abierta”. A Jairo le gusta el fútbol y siempre lo ha practicado, cuando estaba en el colegio llegó a ser el capitán del equipo y ganar en intercolegiados. Este deporte ha sido una parte importante en su vida y lo menciona al hablar de sus mejores anécdotas. El sueño de ser médico Desde pequeño quiso estudiar medicina, se enfermaba muy seguido y sentía que los doctores “levitaban” en el hospital sin prestarle atención por ser un niño pequeño y campesino. Le pareció que no se debía tratar así a las personas y desde ese entonces se propuso ser médico. Más adelante, ese mismo espíritu de servicio le llevaría a ser el representante a la Cámara por Casanare que es hoy en día. Ese deseo que siempre tuvo de ser médico se veía lejano, porque, aunque sus 7 hermanos terminaron el colegio en Sogamoso y Bogotá, él, siendo el menor, se graduó en un colegio de Paz de Ariporo. Lo normal era trabajar en las labores del campo y ayudar a su familia. Bogotá era un lugar distante que visitaba cuando iba a vender ganado de la finca de sus padres, se iba en el camión y regresaba en bus, eran unas 40 horas de viaje. Por supuesto, era un motivo de orgullo frente a sus amigos haber estado en la capital. Después de graduarse del colegio decidió que quería estudiar en esa ciudad. Llegó a Bogotá desubicado, “un provinciano”, como él mismo lo dice, buscando universidad a mitad de semestre. Estudió un semestre de Ingeniería Industrial, pero no volvió ni por las notas porque pasó a Medicina en la Universidad Juan N Corpas, de donde es egresado. “Lo primero que pensé fue venir a prestarle un servicio a mi tierra”, dice. Era 1997 cuando llegó a trabajar a Aguazul, una población de Casanare en la que hizo su año rural y considera esta la mejor decisión de su vida. Los años más duros Ha atravesado momentos complicados, cuando llevaba 6 meses trabajando como médico en Aguazul, se vio en la necesidad de regresar a Paz de Ariporo pues su hermano murió por un rayo que lo alcanzó en medio de la sabana. Sus padres se quedaron solos y tuvo que ir a acompañarlos. “Yo creo que las muertes por rayos son más raras que el carajo, falleció en una finca que tenemos por allá muy interna en la llanura, en Paz de Ariporo”, cuenta con expresión triste en su mirada. Se reclina hacia adelante y su tono de voz cambia levemente. 1997 y 1998 marcan unos de los años más difíciles para él. La violencia se recrudece y los asesinatos y secuestros eran la noticia del día a día. “Es muy lamentable porque en Aguazul y Paz de Ariporo me tocó hacer autopsias a muchos amigos, hubo demasiados muertos. Eso marcó mi vida. Tocaba hacerlo porque no había nadie más”, dice refiriéndose a lo que tenía que hacer en su trabajo como médico. Un año después de la muerte de su hermano, su padre fallece y tres meses después, en octubre, su madre es secuestrada por el frente 28 de las Farc. “En Aguazul mucha gente fue solidaria y entendió mi problema, permitían que trabajara seguido una semana y estuviera al frente del secuestro de mi mamá 15 días”, menciona. Su madre fue liberada en febrero de 1999, tuvo que ir a rescatarla en un carro hasta Sácama, un municipio de Casanare. No solo sufrió su secuesto, también el de su padre, cuando tenía 15 años. Cuando habla de él sus ojos se iluminan, lo considera un ícono en su vida. Recuerda vívidamente el momento de su liberación, fue en la terminal de transportes de Tame, Arauca. Luego de 4 largas horas de espera vio a un hombre irreconocible por la barba que cubría su rostro, la felicidad llenó su ser cuando se dio cuenta que era su padre. “Lo más duro en la vida es un secuestro, cuando alguien fallece uno acepta que falleció, lo ve ahí y hace el duelo. Pero cuando hay un secuestro usted no sabe qué está pasando, no sabe si lo que le dicen es verdad”, dice con tono serio. “Eso es duro, pero lo madura a uno muy joven. Ahí empezó el tema de encargarme de las fincas, me hizo respetar más a los trabajadores del llano. A veces vemos a ese trabajador y lo subestimamos, pero es la gente que más debemos apreciar y querer porque nos están cuidando nuestras cosas”, sostiene mientras sonríe, recordando los lazos de amistad creados con los trabajadores de su finca. No ha dejado de lado sus raíces, va seguido a su finca y cuenta que montar a caballo y hacer las labores típicas del llano son una forma de relajarse y despejar su mente. Política y profesión Es especialista en ginecobstetricia; “Creo que dejé un buen mensaje como médico, no negué un favor a nadie. Siempre aplicando lo que yo soñé, que era ser buena gente y un médico accesible a la comunidad”, explica. La especialización en ese campo no fue algo pensado desde el principio, pero después de ver que las mujeres embarazadas lo buscaban para que las atendiera, le empezó a llamar la atención. “Trabajaba más que el carajo, un cirujano en una tarde normalmente hace 3 cirugías, pero yo terminaba haciendo 7 u 8, porque la gente me pedía el favor, yo sabía que venían de lejos y la programaba”, cuenta entre risas, agregando que cuando alguien necesitaba un favor él era la primera opción. La fama de “el doctor buena gente” creció rápido y con ella, las preguntas acerca de por qué no incursionaba en la política. Los que le decían esto estaban seguros de que la gente lo apoyaría. Luego de prepararse con estudios en Gobierno y Gestión Pública y hacer experiencia como Secretario de Salud del departamento de Casanare, decidió lanzarse como candidato a la Cámara de Representantes por el partido Centro Democrático. “Uno en la vida puede conseguir lo que quiera, pero hay que ser disciplinado. Hay que saber que cuando uno se mete en algo, sea lo que sea, tiene que conseguirlo, sin pasar por encima de nadie, respetando a los demás. Construyendo y preparándose”, explica. Los resultados fueron claros, había sido elegido por los casanareños. “De verdad ahí sí sentí que la gente de Casanare me quería. No por politiquero, los políticos tradicionales no daban un peso por mí”, dice, orgulloso. La terquedad que menciona en sus defectos se ve en su accionar, esto lo llevaría a alcanzar muchos de sus sueños, aunque, también a causa de eso, errores. Dice que cuando algo se le mete a la cabeza, no descansa hasta conseguirlo. Jairo es un llanero empecinado, que logró ser elegido presidente de la Comisión Séptima de la Cámara, encargada de la salud, trabajo, vivienda, mujer y juventud; gracias al trabajo social realizado como profesional de la salud en su departamento. Habla de sus expectativas y el futuro y sus ojos brillan con emoción. Cumplió su sueño de ser médico y ayudar a las personas, ahora espera poder seguir haciéndolo, pero por medio de la política.

  • Fútbol femenino en Colombia

    Fútbol femenino en Colombia Valeria Sofía Gómez Caballero, Juanita Guevara Macana, Tomas Márquez Heilbron, Luisa Fernanda Traslaviña Sanjuanelo, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo. Sobra talento en el fútbol femenino nacional, pero la falta de apoyo a quienes se dedican a este deporte, sumado al estereotipo en torno a las mujeres que se dedican a él, dificultan la proyección de estas personas. Ver también: Compartir

  • Colombia muere de hambre y sigue botando comida

    Colombia muere de hambre y sigue botando comida Gabriela Salazar Román, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana. Fecha: La historia de Lina Mercado encarna una de las muchas contradicciones que se presentan a diario. El desespero, la angustia y las muertes por desnutrición se normalizan y no se toman medidas al respecto. Lea también: Desnutrición en Colombia: una barrera para futuros deportistas Compartir Foto: Lina Maria Mercado un sábado trabajando en la casa Salazar Román/ Foto por: Maria Gabriela Salazar Le tengo miedo a escribir. Es una de mis pasiones más grandes, pero a la vez es la actividad que más me genera estrés, preocupación y angustia. Cuando se escribe para uno no se piensa en reglas ni en estructuras, pero escribir para los demás es tener la responsabilidad de retratar y transportar con letras. Está en las manos del que escribe mandar al lector al lugar donde uno estuvo. Se dice que uno escribe de lo que conoce. ¡Qué miedo escribir cuando en mis manos está la responsabilidad de retratar la situación en la que viven millones de colombianos desde hace mucho tiempo! ¿Cómo hace uno como escritor para llevar al lector a un lugar en el que afortunadamente no he estado y definitivamente no conozco? Yo nunca he sentido hambre. Mi papá sabe qué es el hambre sin haberla sentido. Las visitas de mi papá a la capital siempre empiezan con un desayuno en Masa, uno de sus restaurantes favoritos para pedir la primera comida del día. Siempre pide lo mismo, huevos benedictinos con una canasta de panes y jugo de naranja. Esta vez fue mucho pan el que comió y de los tres huevos que venían en el plato quedó sobrando uno, ninguno de los dos podía comer más. Mientras yo terminaba de desayunar y de contarle del estrés que me estaba generando un trabajo de la universidad, su atención y sus ojos estaban completamente dirigidos a ese huevo que había quedado en el plato. Desde que somos pequeños hay menú en mi casa, siempre se compra lo necesario para que la comida no se pudra ni se desperdicie. Mi papá se rehúsa a botar la más mínima cantidad de comida. Mi papá seguía mirando el huevo que había quedado. – En Colombia era muy fácil tener empleada- me dice mi papá cuando por fin levanta su cabeza y deja de mirar el huevo que había sobrado, cambiándome el tema abruptamente – En Colombia la gente se estaba muriendo de hambre, las personas trabajaban por comida, iban a ofrecer trabajo a cambio de un almuerzo . En mi casa había tres empleadas que trabajaban a cambio de un lugar en donde dormir y por algo que comer. – dice William, mientras se rehúsa a dejar el huevo que había sobrado. Mientras 7,4 millones de personas estaban sufriendo por hambre en Colombia, yo no tenía ningún problema en que se llevaran el huevo y se botara junto con el pan que había sobrado. Yo no sé qué es el hambre. Uno escribe de lo que conoce. Hace 9 años llegó Lina a mi casa. Desde que tengo 10 años soy más alta que ella, Lina nunca creció. Su piel manchada por el sol y sus manos resecas por el jabón de cocina, acompañaron por muchas mañanas y noches la casa Salazar Román. No se necesita una fortuna para tener una señora del servicio en una casa colombiana, pero sí se debe contar con mucha suerte para encontrar a una persona como Lina María Mercado. Es difícil entender la escritura de Lina. Con varios errores ortográficos, Lina me pasa la lista del mercado encargada por mis papás en la que noté que había anotado una cantidad exorbitante de arroz y yuca. Lina dejó el colegio a los trece años. Tras la muerte de su padre y cuatro hermanos más, la mamá de Lina no sabía cómo iba a hacer para poner un plato de comida en la mesa de sus hijos. Yuca, arroz y suero costeño; esa era la dieta básica en la casa de los Mercado Herazo. Lina nunca creció. A sus 14 años, Lina, obligada por el hambre y las necesidades de su casa, emprendió una caminata por la trocha de La Ventura, en Magangué, Bolívar, la vereda en la que se crio y donde no había mucho más que un camino no pavimentado lleno de polvo, un sol desértico y casas construidas a punta de bahareque, palma y un “amasado” de tierra y otros materiales que cumplían el papel del suelo de las casas. En una casa de la vereda vecina, Juan Arias, Magangué, Bolívar, Lina empezó su vida laboral con un sueldo de 30.000 pesos quincenales y dos platos de comida diarios , trabajando de cinco de la mañana hasta la hora en la que su patrona decidiera cenar. El envío del dinero hasta la casa de su madre con el mototaxista costaba 2.000 pesos. Hay que ser un experto financiero para que 28.000 pesos sean suficientes para sobrevivir 15 días. Era 1995 y uno de cada cinco niños en la zona rural del país padecía de desnutrición crónica. Mientras muchas niñas preparaban su vestido y su fiesta de 15, Lina ya estaba esperando a su primera hija, Yirleidis. No había trabajo en el pueblo, su esposo se rebuscaba trabajos de jornalero por todas las veredas de Magangué y no estaba contando con mucha suerte. Yuca, arroz y suero costeño; esa era la dieta básica de la familia Sierra Mercado. Yirleidis nunca creció. – Te sientes… acabada – dijo Lina, sin saber poner en palabras qué es sentir hambre – No sabes qué hacer. Que tus hijos te estén llorando, tengan hambre y tú no tengas con qué saciarlos… Lina me decía “imagínate” y yo no sabía cómo hacerlo; uno cómo se imagina el desespero de una mamá sin tener con qué ir a comprar unos huevos para darle de comer a sus tres hijos. Uno cómo se imagina el hambre. Cuando le pregunté a Lina qué es sentir hambre, se demoró mucho tiempo en responder. Con solo dos palabras describió eso que yo simplemente no podía imaginar: desespero y angustia. Sentir hambre es desespero y angustia. Los golpes de hambre no eran los únicos que estaban recibiendo Lina y sus hijos. – Fueron 13-14 años de infierno… Un día cerré los ojos y decidí irme… – cuenta Lina mientras recuerda la época en la que salió de la casa de su violento esposo hacia la de su madre, con sus tres hijos. En el 2012, a Yirleidis, Yilfran y Yairith, les tocó compartir a su mamá con los hijos de una total desconocida. Lina tomó la decisión de ir a trabajar a una casa de familia en Medellín como señora del servicio para generar mejores ingresos y mandarlos a la casa de su madre en Magangué. – Yo estaba criando a los hijos de otra señora mientras los míos estaban con mi mamá – dijo Lina. Con prestaciones y sin horarios que iban de cinco de la mañana a 10 de la noche, como en su trabajo anterior, Lina consiguió un trabajo en un restaurante. Era un negocio pequeño, cuyo nombre no se revela por solicitud de la fuente, de unos emprendedores jóvenes que prometían pan fresco, horneado diariamente, a sus clientes. Lina trabajaba con otras tres madres cabeza de familia. Al llegar la hora de cerrar, el pan que no se vendía iba directo a la basura. Las trabajadoras tenían prohibido llevarse lo que sobrara y la promesa de pan fresco se tenía que cumplir. – No era mucho lo que se botaba, pero era comida en perfecto estado y todos los días iba sumando – Según Karla Estrella, consultora en la División de la Competitividad , Tecnología en Innovación (CTI) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), de cada 3 toneladas de alimentos que se producen en el país, una termina en la basura. Saber qué es el hambre y ser la misma que bota la comida. ¿Qué clase de mundo paralelo es ese, una persona luchando por llevar comida a su mesa y estar obligada a botarla? ¿Qué tipo de escena retrospectiva se estaría reproduciendo en la cabeza de una persona que sabe qué es tener hambre? Me da mucho sentimiento – expresa Lina– al ver que pasa eso, y saber que hay muchas personas que no tienen nada para comer. 14 por ciento de la población colombiana está desnutrida. Son 7 millones de personas las que conocen el hambre de cerca. 7 millones – que como lo describe Lina– viven en el desespero y la angustia. Colombia se muere de hambre y sigue botando comida. El hambre en Colombia es una situación más allá de lo creíble, es una situación lógicamente contradictoria . En 2019, el presidente Iván Duque sancionó la ley 1990 de 2019 con el objeto de crear la política contra la pérdida y el desperdicio de alimentos. Llega el 2 de febrero de 2020, día en el que de acuerdo con el parágrafo del artículo 5º el Gobierno debía promulgar el diseño, formulación e implementación de tal política y esta no se dio a conocer. El Banco de Alimentos concluyó que el 40% de los alimentos que se botan se centran en la poscosecha y el manejo de los alimentos ; el 21% en supermercados, hoteles, restaurantes y plazas de mercado y el 16% en los hogares de los colombianos. Los productos en Colombia solo tienen una fecha de vencimiento; muchas veces la comida sigue siendo apta para el consumo humano pero como expira no logra ser comercializada y va directo a la basura sin poder alimentar a personas que se mueren de hambre. En Colombia no se han podido diseñar planes de abastecimiento efectivos y ni siquiera los mismos ciudadanos tienen una conciencia frente al desperdicio y el hambre de la gente de su país. Colombia, el país en el que el infortunio, desgracias, muertes y guerras se convierten en paisaje. El país donde las leyes se quedan en el papel y los gobernantes ven a sus ciudadanos morir de hambre y no hacen nada al respecto. Un año después, el emprendimiento que prometía pan fresco se quebró. Me acuerdo con detalle cuando mi mamá, mis dos hermanos y yo fuimos a recoger a Lina a la estación del metro de Envigado, un municipio al sur del departamento de Antioquia a pocos minutos de Medellín. Estábamos todos muy ansiosos por recibirla y llevarla a nuestra casa a que empezara su nuevo trabajo. Está grabado en mi memoria cuando Lina estaba bajando las escaleras de la estación y se estaba dirigiendo al carro con dos botellas de gaseosa de 500ml llenas de suero costeño de su pueblo, que había traído de regalo después de haber ido a visitar a sus hijos. Después de nueve años en mi casa, Lina ya no tenía tres hijos, tenía seis, contando a mis hermanos y a mí. Viví nueve años de mi vida con una persona que sintió hambre y yo sigo sin poder describir qué es sentirla. Lina logró graduar a sus tres hijos del colegio y, aunque los recuerdos de pasar hambre quedaron grabados en la memoria de la familia Sierra Mercado, no lo han vuelto ni lo van a volver a sentir. En Colombia se pierden y desperdician 9,7 millones de toneladas de alimentos al año, lo cual sería suficiente para alimentar a 7.743.955 personas en el mismo periodo. Lo suficiente para alimentar a los 7 millones de colombianos desnutridos. Mientras mi miedo es no saber qué escribir ni cómo hacerlo, el de 7 millones de colombianos es no saber si al día siguiente van a tener con qué comer.

  • Una promesa del tenis paralímpico

    Una promesa del tenis paralímpico Yuri Montaño Pulido, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Esta es la historia de Juan Sebastián Rodríguez, un joven que se alió con su discapacidad para ser tenista profesional. Lea también: José Montaña, un marchista bogotano con cupo a los Juegos Olímpicos de Tokio Compartir Foto: Foto: Archivo personal Nació el 8 de septiembre de 1997 en Bogotá. A su madre, Blanca Leonor, le avisaron a los siete meses de embarazo que su único hijo venía con complicaciones. Cuando Blanca dio a luz a Sebastián, el niño nació sin la pierna derecha y con el pie izquierdo torcido ; sin un riñón y como por cosas del destino y del Dios que profesa, también fue diagnosticado con escoliosis y con espina bífida, una malformación que alteró el desarrollo de su médula espinal durante la gestación. Desde que tiene memoria, Juan Sebastián ha necesitado de una silla de ruedas para desplazarse, pues sus enfermedades no le permitieron caminar. Su padre desapareció antes de su llegada al mundo, pero su madre no lo ha abandonado ni un instante desde que nació. Blanca ha sido su apoyo incondicional y el amor que lo inspira a cumplir sus sueños. Es un hijo celoso, y no le agrada la idea de que su madre tenga novio. Blanca educó a Sebastián como a un niño común y corriente. Siempre lo instó a valerse por sí mismo, y le enseñó que las limitaciones más que físicas son mentales. De pequeño era un niño tímido, pero no porque se sintiera inseguro de sí mismo, sino porque las personas en ocasiones le daban un trato diferente al resto , y esto lo hacía sentirse incómodo. Su clase favorita era Educación Física. Siempre ha sido un apasionado por el deporte, y el fútbol le encanta. Cuando estaba en quinto de primaria, su mamá le regaló un baloncito, y lo llevó a clase un día en que el profesor les dejó a él y a sus compañeros jugar lo que quisieron. Él se tiró al suelo y empezó a jugar fútbol como pudo: con los brazos y arrastrándose por el balón. Desde ese día, todos sus compañeros jugaban fútbol a la manera de Sebastián, y terminaban siempre con los uniformes vueltos nada de toda la tierra y la mugre que se les quedaban impregnadas. Cuando hacían pruebas de atletismo en la clase, siempre lograba un buen tiempo, y, aunque no corría a la par de los más rápidos, nunca fue el último de la clase. El único deporte que no pudo realizar en el colegio fue el salto triple. Cuando lo practicaban en clase, ahí sí le tocaba quedarse mirando. Para mantenerlo ocupado, el profesor lo ponía a llamar lista. Practicó natación durante su infancia. Su sueño era ser uno de los mejores nadadores de Colombia, y no estuvo lejos de lograrlo, pues llegó a entrenar con la selección Bogotá y a perfilarse entre los mejores juniors del país. Sin embargo, cambió la natación por el tenis cuando cumplió 15 años, en el 2013. Su mamá lo llevó al tradicional club bogotano de tenis El Campín para que probara el tenis por hobbie ; y, aunque acudió escéptico a su primera cita con el deporte blanco, le terminó gustando más que la natación. Empezó entrenando solo los fines de semana de manera recreativa. Pero, en ese año, su entrenador hasta el día de hoy, Edgar Alexander Pinzón, lo fichó y lo incorporó a la Corporación Semillas sin Barreras. Allí entrenaba todos los días y hacía de dos a tres horas diarias de preparación física, técnica y táctica. Eso le permitió encaminar su juego hacia la competencia y el alto rendimiento. Pinzón lo llevó a su primer torneo profesional, el Colombia Open que se disputa en Cali. En este torneo y como se dice en tenis cuando los jugadores pierden con facilidad, “lo pelaron” y fue eliminado en primera ronda. Después del Colombia Open, su carrera subió en picada. Sebastián ascendió rápidamente en el ranking junior de tenis en silla de ruedas y llegó a ser el número 1 de Colombia y 23 del mundo en su etapa juvenil. En el 2016 fue convocado a la Selección bogotana de tenis paralímpico y participó en el Barranquilla Open Copa Cediul, en donde se llevó la medalla de oro en la modalidad de dobles y sencillos. Uno de los recuerdos más gratos que le ha dejado el tenis es la victoria que obtuvo en dobles en la Copa Guga Kuerten de 2017, en Florianópolis, Brasil; donde el principal organizador y ex número 1 del mundo, Guga Kuerten, le entregó el trofeo de oro. “No todos los días te premia Guga”, dice. “Eso me hizo sentir que iba por buen camino”. En el 2018, ingresó a la Selección Colombia. Actualmente es el número 3 de Colombia, después del barranquillero Eliécer Oquendo y del bogotano Manuel Sánchez; y en el ranking mundial ocupa el puesto 172. Sebastián tiene 22 años y, del niño tímido que fue algún día, hoy solo queda el recuerdo. Se considera a sí mismo un hombre simpático y, entre risas, dice que, “si no fuera tenista, seguramente sería modelo”. El año pasado le amputaron el pie izquierdo porque un virus le estaba carcomiendo el hueso. Pese a que este pie no le servía de mucho, cuando le dieron la noticia de que se lo iban a quitar, no se puso muy contento; pero cuando se percató de que no tendría que comprar más zapatos ni medias se le pasó la nostalgia. “Yo entro a una zapatería y agradezco todo lo que me estoy ahorrando” , dice entre las carcajadas que exhala a todo momento. Así asume su realidad Sebastián: riéndose de ella, usándola para su divertimento. No se tiene ni una gota de pesar. Como los mejores tenistas, es competitivo. No le gusta perder. Mantiene una comunicación permanente consigo mismo mientras entrena y compite. Se lucha cada bola al estilo de Rafael Nadal, que, según él, se parece al suyo. “Si tuviera que asemejar mi juego al de alguien, seguramente sería al de Rafa. Damos todo hasta el final”, afirma. Grita y celebra cada punto que gana con euforia, pero, cuando pierde, no le gusta que nadie se le acerque hasta que logra calmar la ira, el llanto y la impotencia que le producen la derrota. “Puede que pierda, pero hago lo imposible para que el otro juegue incómodo”, dice. Vive en la localidad de Bosa y entrena en el Centro de Alto Rendimiento ubicado junto al Parque Simón Bolívar en pleno corazón de Bogotá. Se tarda dos horas de ida y dos de regreso en su trayecto diario. No le importa tener que lidiar con el mal servicio del sistema de transporte, el tumulto de personas y la falta de cordialidad cuando no le ceden el lugar preferencial, con tal de ir a entrenar. Cuando le preguntan si para él es más gratificante ganar un torneo famoso como un Grand Slam que coronar un torneo común, dice que todas las victorias las siente igual. “Para mí un torneo grande y uno pequeño son lo mismo” , dice. “El esfuerzo que hago día a día para llegar a ambos es igual”. Es cristiano, y, aunque dice que Dios le hizo bullying por dejarlo a medio hacer, Él es su principal baluarte. No le gusta pedirle cosas materiales, solo quiere que le permita cumplir su sueño de marcar un precedente en el tenis en silla de ruedas de Colombia y el mundo, y que los niños que practican este deporte se sientan inspirados por él. “Lo único que le pido a Dios es que no me vaya a morir sin lograr mis sueños en el tenis”.

  • Vuelven los espacios culturales a las universidades

    Vuelven los espacios culturales a las universidades Nicolás López Martínez, estudiante de Comunicación Social y Periodismo Fecha: La virtualidad motivó al sector cultural a no quedarse con los brazos cruzados y a reinventarse ante las inesperadas dificultades que trajo la pandemia. Lea también: Compartir Foto: Grupo representativo de la Universidad de La Sabana durante evento cultural dentro del campus. Con la apertura presencial de las universidades, se ha visto, paralelamente, un crecimiento en el sector cultural tan anhelado por varios estudiantes a lo largo de todo el aislamiento. De manera que los coros, grupos de representación, danza y teatro, equipos de poesía, entre otros, se han reabierto con mucha ilusión para que los jóvenes universitarios vuelvan a palpar esos ambientes culturales que por la pandemia se habían dejado de vivir tan cerca . Los encuentros de los diversos conjuntos culturales eran presenciales antes de la inesperada pandemia. Por tal razón, tal como lo afirma Natalia Llano, jefe del departamento de Cultura y Protocolo de la Universidad de La Sabana, “nos pasamos a un ensayo y entrenamiento remoto, pero hizo que la dinámica cambiara y que se bajaran mucho los niveles de participación en actividades”. No obstante, la virtualidad trajo consigo algunas innovaciones. En el marco de la reactivación, la Universidad de La Sabana propuso una serie de eventos o competencias digitales pensadas no solo para sus estudiantes sino para otros de distintas universidades a lo largo del mundo. Una de estas propuestas fue el primer festival “Coros a La Sabana”, el cual reunió a más de 30 coros alrededor del mundo de manera virtual, y el “Primer Festival de Tunas Virtual”, evento organizado también por La Sabana, al que acudieron distintas Tunas de numerosos países. En ese orden de ideas, aunque la dinámica del espacio afecta el desarrollo de sectores como el de la cultura, la virtualidad no fue un obstáculo en su totalidad, más bien, fue una oportunidad para reinventarse, para no estancarse ante lo inesperado, para retarse. Al mismo tiempo, Juan Pablo Bonilla, estudiante de Economía de la Universidad de Los Andes, cuenta que, aunque empezó su pregrado virtualmente, esa no fue excusa para quedarse con los brazos cruzados . En medio de desconexiones por las fallas del internet y de prender el micrófono para participar en clase, ingresó a la Tuna de su universidad sin mayores preámbulos. “Siento que se podía seguir haciendo exploración en términos culturales, pero faltaba una interacción social, que es importante en este tipo de espacios, y una mayor retroalimentación, más orgánica, que ayudara a mejorar”, dijo Bonilla sobre las actividades culturales en la virtualidad. En el caso de la Universidad de La Sabana, y seguramente en las demás universidades, hoy en día le han apuntado a eso que menciona Juan Pablo, la interacción social. Como expuso Natalia Llano, “después del aislamiento sí hubo un aumento de estudiantes participando en el sector cultura. Antes teníamos alrededor de 200 o 250 estudiantes en grupos, hoy en día ya llegamos a cerca de 400”. Por ende, el panorama actual es distinto al vivido durante el aislamiento preventivo. Aunque es sumamente importante la presencialidad por la dinámica con que el sector cultural se mueve y por la riqueza de la interacción social, con la virtualidad se abrió una puerta con nuevas posibilidades, nuevos métodos por los que se puede revolucionar la cultura universitaria.

  • Regulación de alimentos ultraprocesados: ¿es suficiente?

    Regulación de alimentos ultraprocesados: ¿es suficiente? Clara Sofía Támara Glück, estudiante de Comunicación Social y Periodismo Fecha: Las medidas legales para regular estos alimentos son cuestionadas por expertos al no favorecer la buena alimentación de todos los niños en Colombia. Lea también: En el cuadrilátero contra la comida chatarra Compartir Foto: Clara Sofía Támara Glück El consumo inadecuado de los productos ultraprocesados es nocivo para la salud de los niños, por lo que se han emitido leyes para regular su consumo y el nuevo Gobierno propone otras medidas legales. Sin embargo, expertos opinan que estas alternativas no son suficientes para favorecer la buena alimentación infantil. La organización Red PaPaz ha sido un actor importante en la regulación de estos productos, puesto que presionó al Ministerio de Salud para acelerar el proceso de la Resolución 810 del 2021, conocida también como Ley de Comida Chatarra. No obstante, piden al Gobierno implementar más medidas aparte del etiquetado frontal y los futuros impuestos de la reforma tributaria. Primeramente, para esta ONG es fundamental una restricción de publicidad sobre el consumo de estos productos dirigida a la población infantil. Carolina Piñeros, directora ejecutiva de Red PaPaz, afirma que, “es muy difícil para una familia crear hábitos saludables cuando niñas y niños están expuestos de manera permanente a atractivos anzuelos por parte de las marcas que atraen su interés y atención”. En ese mismo sentido, exigen que también se establezca una restricción de la venta de los ultraprocesados en los colegios. La Secretaría de Educación de Bogotá emitió la Resolución 2092 de 2015 que prohíbe la venta de estas comidas en las instituciones escolares. Aquella establece que para 2023 habrá una prohibición total de estos alimentos, sin embargo, al 2019 ya se evidenciaba que el proceso iba lento: el Distrito encuestó a 856 madres, padres y cuidadores. El 79% afirmó que se vendía comida chatarra en las instituciones escolares en las que tienen inscritos a sus hijos. En el país, actualmente, el dato no es mucho más alentador. Según el Índice Welbin 2022, solo el 43% de los colegios a nivel nacional tiene lineamientos para restringir alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas . Esto es preocupante porque los ultraprocesados son derivados de alimentos naturales que tienen un alto contenido calórico y bajo valor nutricional. Es por ello que están relacionados con el desarrollo de enfermedades en niños. “El consumo de estos productos incrementa el riesgo a la obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares cuando sean adultos. También dificulta la concentración y genera problemas de sueño”, afirma María Alejandra Suárez Fuentes, infectóloga pediatra. Con la llegada del Gobierno de Gustavo Petro se propone, a través de la reforma tributaria, gravar la producción, venta e importación de los ultraprocesados. Además, está la Política de Seguridad Alimentaria y Nutricional que, según Ángela Cortés, encargada de la política, “propende por el fomento en el consumo de una alimentación especialmente basada en alimentos naturales o mínimamente procesados”. No obstante, estas regulaciones han sido criticadas al no ser suficientes. Natalia Alvis, abogada especializada en derecho comercial, afirma que, “las etiquetas no son del todo efectivas porque hay padres o cuidadores que saben que los alimentos son nocivos para la salud, pero los siguen comprando”. Asimismo, menciona que, “no todos los colombianos entienden las etiquetas”. Por último, con respecto a la medida de gravar los ultraprocesados, se argumenta que es injusta para las familias con menos recursos económicos. “Un sector de la población puede comprar alimentos de buena calidad para nutrirse bien, pero para otro sector es más difícil al tener un mayor costo”, asegura Natalia Ardilla, médica pediatra. “Es más fácil comprar algo que los llene pero que no los nutra, lo cual va en contra de esa elección de poder comer bien”, concluye.

  • Un ciclista de coraje inverosímil

    Un ciclista de coraje inverosímil Gabriela Rincón Álvarez, Comunicación Social y Periodismo Fecha: El zipaquireño Brandon Rivera, ciclista del Team Ineos, demuestra cómo su dedicación y esfuerzo lo convirtieron en pedalista de élite internacional. Lea también: Colombia, exportador de los mejores ciclistas del mundo Compartir Foto: Brandon Rivera, ciclista del Team Ineos El ciclismo encontró su capital en Zipaquirá y desde entonces no ha querido marcharse. Brandon Rivera, ciclista del Team Ineos, demuestra cómo su dedicación y esfuerzo lo convirtieron en pedalista de élite internacional. Brandon Rivera es oriundo de Zipaquirá, de metas espigadas y convicción inquebrantable. Hoy su rigor y esfuerzo lo han llevado a pedalear sobre suelos europeos. Al momento de esta entrevista, se encontraba viviendo uno de sus grandes sueños: competir en una nueva carrera de ruta por Europa junto con un equipo de categoría UCI WorldTeam. Llegar allí no ha sido fácil, su carrera fue una montaña rusa de emociones, pero no cabe duda de que “se la ha sudado” para llegar a donde está. En agosto, durante el Giro de Emilia, una de las carreras de ruta más importantes de Italia, Emilia-Romaña recibió a Brandon y al Team Ineos con los brazos abiertos. Nadie le hizo disipar la sonrisa que llevaba en su rostro, de oreja a oreja. Quien lo viere, podía asegurar que no hay ni un segundo en el que pueda percibir la seriedad, tal vez, la concentración, pero ni eso le quitó la dicha que brotó desde sus adentros. Lo que estaba viviendo era la causa y efecto de tal entusiasmo. Humildad y pasión Su voz se escucha manceba y suave, pero su actitud emana agradecimiento y madurez. “He sufrido y he luchado para llegar aquí, pero he perseverado y ahora solo sufro sobre la bici, el único sufrimiento que me agrada sentir” . Es sencillo, se viste como un joven normal de su edad: el jean entallado al cuerpo y una camisa negra, no es pomposo y siempre lleva sus gafas para leer. Su impavidez es envidiable, lleva la vida con serenidad y se puede notar su seguridad porque siempre sostiene la mirada. Natalia Arévalo, su amiga de infancia, lo recuerda como un hombre dócil y modesto, siempre atento a cualquier petición de familiares y amigos. “En todo momento fue muy caballeroso, el respeto siempre estaba por delante”. Además, expresa la dedicación y empeño que le aplicaba al ciclismo, pues no había día que no saliera a entrenar. “Él estaba casi obsesionado”, afirma entre risas. Es la esencia que lleva desde niño, aquel que tuvo una visión demasiado clara sobre su futuro y desde entonces no ha parado de batallar para que sus esfuerzos germinen en premios y podios. Brandon Smith Rivera Vargas se enamoró del ciclomontañismo a temprana edad y no ha dejado de conquistarlo. Empezando su gran sueño en el Instituto de Recreación y Deporte de Zipaquirá, al cual agradece por el apoyo. Pero lo que le esperaba era aún más grande. “Siempre fui muy entregado en cada aspecto de mi vida y me ponía metas altas para cumplir”. Su familia no tardó en darse cuenta de aquella codicia y ese tesón que lo empujaban. Brandon solía irse a entrenar con una cicla pequeña que llevaba ruedas atrás, hasta que su tío le regaló una cicla de esas para hacer “mandados” y aun así le iba bien. Rivera recuerda esa impulsividad por triunfar a como diera lugar, cuando de niño salió de su casa y solo le dijo a su abuela que “se iba para una válida en Cogua”. En ese tiempo ella no entendía el significado de una “válida” y simplemente lo dejó ir. Cuando Brandon llegó, doña Mercedes lo vio con un trofeo en la mano. “Ella se puso histérica, me dijo que de dónde había sacado esa vaina”, resulta que había ganado el tercer lugar de la válida, pero ella no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Cuando su trayectoria aún era incipiente, sufrió una lesión en la muñeca, su abuela y su madre se preocuparon y pensaron que lo mejor era que se retirara, a pesar de esto, nada hizo que Rivera quitara su mirada sobre el ciclismo. Llegaron los días difíciles, su cicla empezó a deteriorarse y el dinero escaseaba, no hubo más remedio que parar por unos meses. Sin embargo, su abuela no se resignaba a que esto sucediera y consiguió un préstamo para comprarle una bicicleta nueva a su nieto, convirtiéndose en su salvadora, su sostén y su ángel protector. Brandon intuía que aquellas señales que no permitían que desistiera de aquel mundo prometedor, se convertirían en las mejores experiencias. Vio la luz y fue consciente de que la vida le compensaría cada uno de los tropiezos y así emprendió un camino largo. Sin embargo, el tiempo transcurría y su abuela ya no podía continuar financiando sus competencias, ya que Brandon empezaba a tener gran acogida y los recursos económicos ya no daban para el ascenso que estaba tomando su carrera. Pero su poder mental y la superación personal no dejaron que nada lo obstaculizara. Principio de logros A su vida llegó Pablo Mazuera, su nuevo manager en el equipo Specialized Tugó, en el que se convirtió en co-equipero de su amigo del alma desde los nueve años: Egan Bernal , quien recibió apoyo de la fundación Mezuena. Specialized Tugó fue un equipo que vio crecer a dos grandes: Brandon y Egan, motivados siempre por el deseo de superar al otro , la fundación los acogió y le apostaron a su talento. En una entrevista del 2019, Pablo Mazuera recordaba los primeros pasos de contienda en la que ambos eran partícipes: “Brandon le ganaba a Egan, se daban muy duro. Eran como amigos y rivales, porque los hacía mejorar a ambos. Se daban mucha leña” . Brandon y Egan salían todos los días a montar cicla a Salinas, en Zipaquirá, habían formado un vínculo muy valioso, su amistad los había hecho crecer como personas. Durante su tiempo como ciclomontañista prejuvenil y juvenil en el equipo de Pablo Mazuera, comenzaron a llegar los frutos de un inagotable esfuerzo. A Rivera le surgió la oportunidad de competir en los Juegos Olímpicos de Nanjing, China, en el año 2014. La emoción de viajar le explotaba el pecho y cuando su abuela se enteró le dijo: “Podrá ser difícil por ser mundial y ser un olímpico, pero no imposible. Vaya con la idea de que usted es el mejor y va a ganar”. Brandon admite que durante la carrera hubo instantes de flaqueza y de debilidad en los que tenía miedo de que le recortaran puntos. Sin embargo, ganó la medalla de oro. El apoyo de Mercedes Benítez, su abuela, o “Lita”, como le solía llamar Brandon; fue indispensable. “Ella no solo me ayudó en el ciclismo, sino también en la vida, me dio valores, me enseñó cómo vivir, cómo ayudar a la gente, a ser responsable y disciplinado” . Mercedes fue la responsable de criarlo y educarlo. Épocas tormentosas Lastimosamente llegó la tempestad, Brandon tenía la moral por el piso. Deportivamente todo se derrumbó, se había lesionado la rodilla y para rematar le diagnosticaron pubalgia (inflamación de los músculos rectos anteriores del abdomen). Estaba desorientado, por no decir derrotado. Esta vez no había más remedio que dar un paso al costado. Por más que sus ubérrimas ansias de salir adelante le susurraran al oído, seis meses de recuperación le esperaban en casa. Los altibajos aparecieron y la sensación de que nadie daba un peso por él, también. “Fueron años bastante duros, pero ese año en particular fue uno de los peores. Pero nada… mi abuela siempre estuvo ahí apoyándome y ni hablar de Egan, que siempre me decía que no me bajara de la cicla, ellos fueron mis principales motores de aliento”. Pero las cosas aún no le salían como él quería o esperaba, ya ni las competencias se le daban. Brandon entró en depresión. La noticia menos esperada llegó, su abuela se enfermó, le dictaminaron cáncer de cuello uterino. A pesar de los malos tiempos, su amigo Egan nunca le soltó la mano y nunca dejó de apoyarlo. El renacimiento de un grande Después de una larga recuperación, Brandon pudo entrar al equipo GW- Shimano, en donde pudo recuperar la fe y dar grandes saltos de victoria. Durante su estadía en el equipo, fue campeón panamericano contra reloj en México y ganó una etapa de la vuelta Colombia. Mientras tanto, su abuela, desde el hospital, con orgullo lo veía triunfar, con la berraquera intacta. Detrás de todas estas victorias y el desempeño impecable que estaba atesorando Brandon, había una persona que siempre lo apoyaba en todo momento y estaba maravillado de su esfuerzo: era Víctor Hugo Peña, ciclista profesional colombiano. “Poquito a poco fui recuperando esa autoconfianza y la seguridad que en esas malas épocas uno pierde”. El Team Ineos le dio la oportunidad de ligar esa disciplina que lo caracteriza con el talento del equipo y le apostó a su talento. En noviembre del 2019, Dave Brailsford, mánager del equipo, le ofreció a Brandon ser integrante de este por dos años. Brandon, sin pensarlo, aceptó y firmó contrato. Brandon, el “muchachito” de 23 años, lleva la gratitud en el hablar y en la mirada, dice que en esta nueva etapa está abierto a recibir lecciones de sus compañeros y sobre todo a aprender de ellos. Sin embargo, las malas noticias también llegaron, un inmenso dolor sucumbió en los lugares más profundos de su alma. Doña Mercedes, su “Lita”, había fallecido a causa del cáncer de cuello uterino. “A mi Lita la recuerdo con mucha felicidad, ella creyó en mí cuando nadie más lo hizo y gracias a ella estoy donde estoy”. Rememora ese día con los ojos enlagunados. Ahora, cada vez que sube a la cicla siempre piensa en su abuela, en dar todo por ella y enorgullecerla desde el cielo. El Team Ineos le ha suministrado las herramientas para seguir luchando con esa actitud corajuda. Hoy está cumpliendo uno de sus grandes sueños, no puede sentirse más dichoso y lo comparte con su familia, quienes han sido su motor de vida y la razón por la cual nunca se baja de la cicla, pues “el camino hacia el éxito está pavimentado de fracasos” , como dijo Walter Baltazar. Brandon es un gigante que no se deja derrotar, su tenacidad es el ímpetu de su pedal y es la leña que mantiene vivas las llamas de superación. Esta etapa de su vida es una semilla más de las que ha cultivado a lo largo de su proceso, que, sin duda alguna, son resultado de un ramillete de triunfos y promesas. Su resiliencia es la admiración de los que son testigos del cogollo que lleva adentro. ¡Zipaquirá lo vio crecer, pero hoy un mundo entero lo ve triunfar!

  • El fenómeno Fandom

    Cada vez los espectadores quieren ser más activos y participan de múltiples formas en las narraciones. El fenómeno Fandom Cada vez los espectadores quieren ser más activos y participan de múltiples formas en las narraciones. Compartir

  • Los superhéroes en el cine

    Nuestros Amigos del Cine hablan de quién fue el primer superhéroe del cine y cuál es la relación de estos personajes con la cultura popular. Los superhéroes en el cine Nuestros Amigos del Cine hablan de quién fue el primer superhéroe del cine y cuál es la relación de estos personajes con la cultura popular. Compartir

  • La Mesa, un municipio amable y cordial

    La Mesa, un municipio amable y cordial Laura Vanesa Barrera Ruiz, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana. Fecha: Aunque no exista un plan turístico, a las personas les gusta visitar este lugar. Sus habitantes aseguran que el ambiente es especial. Las calles de La Mesa guardan historia. El turista llega para quedarse. Lea también: Cantos de resignificación: el antídoto de todo un pueblo Compartir Foto: Laura Vanesa Barrera Capilla construida en 1777, fecha del traslado de Guayabal (antiguo nombre del municipio), junto a la iglesia de Santa Bárbara edificada entre 1900 y 1910. La historia establece que el sabio Mutis inició la expedición botánica. Al suroccidente de Bogotá, capital de Colombia, localizado entre los valles del río Apulo y el río Bogotá, se encuentra el casco urbano de La Mesa, un municipio cuyos habitantes describen como mágico. “Su cercanía a Bogotá hizo que me quedara”, expone Margarita Benavides, dueña del restaurante Parador Big Mamma. Por su parte, Sarita Pulido, estudiante universitaria, explica que, en comparación a muchos lugares, allí se encuentra paz, porque se piensa en el bien del otro . “La Mesa es la universidad natural del arte. Tiene paisajes únicos”, señala Francisco Forero, pintor de 63 años. Alan Cottee, de nacionalidad británica y residente de La Mesa desde hace 7 años, manifiesta que vive enamorado de La Mesa por el clima y la calidez de las personas. “En Bogotá somos uno más; aquí uno es alguien. Además, el clasismo no se ve; todo el mundo vale lo mismo”, dice Edna Martínez, contadora pública. La mañana estaba nublada. Me encontraba esperando una de las busetas amarillas que recorren a diario las calles de la antiguamente llamada “Villa de La Mesa de Juan Díaz”. Tomé la ruta que me llevaría por la calle octava, una de las más concurridas. Cuando me subí, una señora, sentada al fondo del microbús, exclamó: “Llegó Juan Díaz”. Yo sabía que se refería a la leyenda de aquel español poderoso que se desvaneció, y cuyas riquezas quedaron esparcidas. Horas más tarde, en la Biblioteca Municipal José Celestino Mutis, me enteraría de que su desaparición se debería a una maldición impuesta por abandonar una doncella a orillas del mar Ibérico , aunque existen otras versiones acerca de este hecho. No obstante, en todas ellas, la niebla es un factor común. Por ello, cuando la temperatura baja y la niebla desciende, se dice que el espíritu de Díaz deambula por las calles de La Mesa vigilando sus tesoros. En cada costado del inicio de la calle octava, se contemplan casas de todos los tamaños. La zona es residencial hasta llegar al colegio Francisco Julián Olaya, nombrado así en honor al mártir de la independencia que, en 1816, fue asesinado a temprana edad en la plaza principal de La Mesa. En el costado izquierdo de la calle, se observan árboles de pomarrosa sembrados desde el colegio hasta la Capilla Colonial. Los habitantes de La Mesa, que alguna vez fueron turistas, atribuyen la razón de su estadía a múltiples factores. Martín Karpan, actor argentino y uno de los protagonistas de la telenovela ‘Nuevo rico, nuevo pobre’, radicado en Colombia, viaja a La Mesa por lo menos dos veces al año. “La Mesa fue uno de esos lugares donde grabé por un fin de semana, pero eso me bastó para enamorarme; tiene una energía especial . Tal vez, sea una mezcla de su agradable y estable temperatura, sus verdes caminos, su gente tranquila y sonriente. Es algo que no se encuentra en Bogotá”. Cuando llegué al centro, la neblina se había esfumado y el sol empezaba a asomar. Alfredo Navarrete, ingeniero agrónomo y escritor del libro Anécdotas y Cuentos del Futuro desde La Mesa , peinando su frondoso bigote gris que cubría casi toda su boca, me esperaba sentado en una de las mesas, ubicadas sobre el andén, de “La Laguna Café", un establecimiento que lleva 14 años en el municipio. — ¿Por qué las personas vienen a La Mesa, Alfredo? — Yo no he podido descifrar eso. La Mesa en turismo no tiene nada, pero a la gente le gusta venir. Hace un tiempo conocí a dos personas que, en menos de 20 días, estaban diciendo que este pueblo es una maravilla. Personas que llegaron hace 8 años -a visitar un familiar o a recoger algún papel- se han quedado a vivir. Mientras discutíamos por qué las personas se amañan en La Mesa, pasaban habitantes del municipio que se acercaban a saludar. Alfredo, al despedirse, me dice que analice por qué la llaman Ciudad amable y cordial . “Debe tener un antecedente. Las personas aquí son agradables, siempre lo han sido. Cuando nosotros corríamos por aquí descalzos, todos nos conocíamos . Las personas se reunían porque las ferias de aquí eran las mejores del país. Había comercio . Éramos productores de maíz, de panela, de ganadería”. Según la reseña histórica que ofrece la biblioteca, a finales de 1857 el Estado de Cundinamarca le asignó a La Mesa el título de “Ciudad Amable y Cordial”. Además, en la época de la conquista, colonia e independencia se erigió como el mercado más importante del centro del país. Continué caminando por la Octava.  Las calles de La Mesa guardan historia. En el Parque Principal está la capilla colonial; en sus paredes, una placa de aproximadamente un metro de largo en la cual se lee que el sabio Mutis, médico y botánico español, inició en ese lugar la Expedición Botánica, un inventario de la naturaleza del Virreinato de Nueva Granada. Desde el atrio de la Iglesia Santa Bárbara, ubicada junto a la capilla, se vislumbra la casa antigua de la Alcaldía municipal. Aquel sábado, había pocas personas en la Casa de Gobierno. El coordinador de turismo, Nelson Torres, quien lleva dos semanas en el cargo, estaba en la entrada. Me comentó los proyectos y planes de turismo que se querían lograr. — Estamos trabajando en la señalización turística, porque la que hay está obsoleta. Queremos diseñar plegables de cosas bonitas con paisajes. En este momento, nos interesa reactivar y fortalecer el turismo. Queremos posicionar a La Mesa nacional e internacionalmente. Según el Plan de Desarrollo Territorial de La Mesa (2020-2023), el campo es el sector que mueve la economía, tanto del municipio como de la región. Allí se expone que la actividad económica se basa en la agricultura, el sector ganadero, el comercio y el turismo. También se explica que este último es un sector en desarrollo que requiere la atención de la Administración Municipal porque podría ser un gran generador de ingreso para La Mesa. Al salir de la Alcaldía, se observa el Concejo Municipal, un edificio de dos pisos con arquitectura colonial, según Arcadio Moreno, arquitecto y residente del municipio. Allí trabaja el profesor Guillermo Vargas, concejal de La Mesa y compositor del himno. No logramos concretar una reunión presencial; sin embargo, nos comunicamos a través de una llamada telefónica. “En la cumbre imponente del Ande, bajo un cielo de sol tropical, se levanta la villa pujante de La Mesa, amable y cordial” es el inicio del himno municipal. Le pregunté el porqué de aquellos adjetivos y, con voz fuerte y cargada de sentimientos, me respondió que hace referencia a la gente que vive en La Mesa -no solo los mesunos- por su amabilidad característica. “Aquí siempre hay gente dispuesta a recibir al que viene de afuera”. Señala que antes se realizaban festividades con diferentes enfoques. Por ejemplo, cada dos años se llevaba a cabo el festival de La Mesa en el que se reunía toda la comunidad y se realizaban actividades como desempolvar archivos de la antigua Mesa y recrear historias en pancartas. “En esa época, el pueblo era diferente. Había festivales con cabalgatas, bailes, teatro, poesía, exposiciones de arte”. Me cuenta que, para el futuro del turismo, siempre tuvo la idea de continuar con el Festival de Las Colonias; eso convocaba muchísima gente. — En uno de los festivales se hizo una pequeña muestra de esta celebración. Se asignó un sitio del casco urbano a cada grupo para que expusiera parte de su cultura, cuestiones como la música, gastronomía y vestimenta de las regiones. Estaban los cundiboyacenses, tolimenses, santandereanos, atlanticenses, entre otros. Observo que una nube negra aparece en el cielo y me dirijo hacia la panadería Roa Vélez -famosa por sus mantecadas, las cuales se han mantenido durante más de 100 años en La Mesa-. Al teléfono, Guillermo expone que los festivales se quedaron atrás porque los presupuestos se volvieron elevados y la infraestructura, como hoteles y albergues, no era suficiente. “Desafortunadamente, no hemos progresado mucho en eso todavía”. En la actualidad, el municipio cuenta con 23 hoteles y fincas de alojamiento, y 4 hoteles boutiques y campestres. Asimismo, destina el 7% de su presupuesto inversión al comercio y turismo; esto se traduce en una suma de $2.438.905.430. — Profe, ¿por qué la gente se queda en La Mesa? — La Mesa tiene algo increíble y es que uno llega aquí; se pega y no sabe por qué. Nosotros no tenemos nada que ofrecer al turismo. Eso sí: La Mesa tiene un ambiente único. ¿Qué será lo que pasa en esta meseta que tanta gente viene; se siente atraída y empieza a buscar casa para quedarse? -se cuestiona-. Le pregunto por el panorama del turismo actual. Me responde que el turismo tiene que ser a gran escala y para ello se necesita involucrar a la región. “La región del Tequendama tiene una gran cantidad de posibilidades de desarrollo turístico. Nosotros tenemos mucho para mostrar, pero no hay una organización que permita manejar el turismo de manera holística. La Mesa era gran productora de caña de azúcar y ahora solo quedan cinco trapiches”. Uno de esos se encuentra ubicado en la vereda Las Margaritas de la inspección de San Javier, específicamente en la finca El Crisol. Funciona desde hace 25 años, produciendo panela en bloque y pulverizada, productos que son distribuidos en La Mesa y en algunos lugares aledaños como Cachipay y Bogotá. Sentada en uno de sus miradores me percato de que el cielo empieza a oscurecerse. Es luna llena y, mientras el sol se esconde por el occidente, la luna asoma por el otro lado. El municipio amable y cordial tiene un ambiente mágico. Al turista le gusta volver. El que llega se queda a vivir. Editado por Sara Lepesqueur.

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