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- ¿De qué trata el Síndrome de Ovario Poliquístico?
¿De qué trata el Síndrome de Ovario Poliquístico? Vilma Rosa Bustos Acuña Fecha: Entre un 4% y 20% de las mujeres en edad reproductiva padecen de esta condición hormonal que afecta el funcionamiento normal de los ovarios y desencadena una gran variedad de síntomas. Lea también: https://www.unisabanamedios.com/escritos-1/aumenta-la-tendencia-en-colombia-de-mujeres-que-no-quieren-ser-madres Compartir Foto: (Imagen de Freepik) Para Laura María Arias, una bogotana de 23 años, era un día como cualquier otro viviendo con su condición. Esa era una mañana en la que quería dormir un poco más de lo usual e incluso ignorar la alarma, pero el dolor abdominal simplemente no le permitía cumplir su deseo. Aún con mucho frío en el ambiente, ella estaba sudando, postrada en su cama y, al final, terminó madrugando de forma involuntaria con dolores que ni un ibuprofeno 800 podían calmarle. Después de sufrir de cólicos insoportables en diferentes momentos de su ciclo menstrual y otros síntomas incómodos, como acné hormonal, migrañas constantes y fatiga todo el tiempo, Laura decidió visitar al ginecólogo. Al practicarle una ecografía ginecológica pudieron notar la presencia de algunos quistes y esto, junto a sus increíblemente dolorosas menstruaciones, fue el indicador de que sufría de Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP). Para los desconocedores, esta afección es un desequilibrio hormonal que sucede cuando los ovarios producen un exceso de hormonas, específicamente de andrógenos, que son aquellas encargadas de desarrollar las características masculinas. De esto, se desenlazan sintomatologías que varían de mujer en mujer. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente 116 millones de mujeres sufren de este síndrome en el mundo. Para Colombia no existen estadísticas ni censos específicos que sean un indicador sobre la prevalencia en el país, pero la Academia Nacional de Medicina calcula que de un 4% a un 8% de las mujeres en edad fértil lo tienen. Caída del cabello, ausencia del período menstrual, acné hormonal, diabetes y depresión son algunos de los síntomas que puede vivenciar una mujer que sufra de SOP. “La parte física que afecta el síndrome de ovario poliquístico también se debe valorar en los laboratorios. Estas personas tienen alteraciones en sus niveles hormonales; se aumenta su colesterol, sus triglicéridos y su riesgo cardiovascular; tienen insulina alterada, también la tiroides y la prolactina. Dependiendo del target de las hormonas que se estén afectando también habrá síntomas asociados”, afirma la doctora Viviana Russi, ginecóloga y obstetra, especialista en endocrinología ginecológica y ecografías. A los 14 años, Camila Cobos, estudiante de Medicina de la Universidad de La Sabana, empezó a tener ciclos menstruales notoriamente irregulares, podía pasar unos 6 meses con amenorrea, es decir, la ausencia de la menstruación. Luego le pasaba el caso contrario, unas 3 menstruaciones en el lapso de tan solo un mes. Esto le causaba malestar general, pues perdía cantidades altas de sangre en poco tiempo. Además, tuvo una subida de peso súbita y, al consumir azúcares, sufría de mareos, trastorno que no le pasaba antes. “Fui a la ginecóloga y me mandó una ecografía pélvica y unas pruebas de azúcar. En los resultados salió que tenía un ovario lleno de folículos y también nos dimos cuenta de que tenía una resistencia muy clara a la insulina”. Ahí fue cuando a Camila le confirmaron su diagnóstico y empezó a tratarlo con anticonceptivos para regular sus ciclos y metformina para controlar la insulina. La causa A pesar de ser una de las condiciones hormonales más comunes entre las mujeres, sus causas no son claras, pero se cree que factores genéticos y ambientales pueden cumplir un papel en la predisposición a sufrirlo, y también el estilo de vida. Patricia Barrera, nutricionista y dietista, quien hace 15 años está en la Asociación Colombiana de Diabetes, asegura que un 50% de esta afección es de origen genético y está latente, pero puede aflorarse cuando la persona sube de peso, come muchas azúcares, no hace ejercicio y no toma suficiente agua. “La idea es llegar a un acuerdo con el paciente y utilizar un anticonceptivo que no le suba de peso, que funcione bien, que le lleguen sus ciclos menstruales y que le disminuyan los dolores y molestias. En adición, si es necesario, debe adelgazar y, cuando llega a su meta adecuada, progresivamente se le puede quitar el anticonceptivo y es probable que se regulen sus ciclos”, asegura la Dra. Barrera. Este objetivo se logra con un plan de alimentación en el que se consuman cantidades apropiadas de frutas y verduras, de fibra, y de agua para mantener los órganos lubricados, comer a horas precisas y hacer una buena dosis de ejercicio. Los casos entre cada paciente pueden ser muy diversos. Por esto, los tratamientos dependerán de cada organismo y cómo este desarrolle el SOP. Por ende, es de gran importancia no generalizar el síndrome y trabajar con un equipo multidisciplinario para tratarlo de manera óptima. El hirsutismo es una afección que presentan muchas mujeres con SOP y les puede generar problemas de autoestima. Este genera exceso de crecimiento de vello negro y grueso, similar al de los hombres; puede ser en varias partes del cuerpo como la espalda y la entrepierna, pero también es muy común que se desarrolle en el rostro. Sara Pineda, quien actualmente tiene 24 años, desde su infancia notó la presencia de hirsutismo. A medida que su cuerpo comenzó a desarrollarse y llegar a la adolescencia, le salió mucho vello facial. Este no era como el de una mujer promedio que suele ser delgado, y esto le causó intriga por lo que decidió ir al médico y se enteró de su condición. “Siempre me dijeron que debía cuidar mucho de mi peso porque en el momento en que yo empiezo a aumentar de peso se alborota inmediatamente el crecimiento del vello. Había momentos en los que yo me rasuraba en la mañana, y ya en la noche tenía vello y me daba pena con mis compañeros”. La decisión que ella tomó para resolver este problema fue seguir el tratamiento hormonal y realizarse depilación láser para manejar con mayor control este síntoma, que le causaba tanta incomodidad. “Desde el momento en el que me lo diagnosticaron yo empecé a tomar anticonceptivos orales, pues la carga estrogénica (de las hormonas femeninas) me ayudaba mucho a regular mi periodo, mi piel y el hirsutismo”, confirma Sara, quien en la actualidad ya no sigue este tratamiento. “Por lo general, las mujeres que sufren ese trastorno tienen altos niveles de hormonas masculinas, como la testosterona, circulando por el torrente sanguíneo, o sus folículos pilosos son hipersensibles a los andrógenos. Esto hace que su cuerpo se llene de pelos gruesos, pigmentados y largos, tal como ocurriría en un hombre al culminar su pubertad. La causa más frecuente de esa alteración es el síndrome de ovario poliquístico, que afecta a entre 50 y 80 por ciento de las pacientes.”, explicó Carolina Cortés Correa, dermatóloga del hospital Universitario La Samaritana de Bogotá, en el tercer taller para periodistas de salud, que se llevó a cabo en la ciudad de Medellín. Importancia de un buen diagnóstico No debe creerse que por no presentar síntomas desde el inicio del desarrollo o aquellos considerados “comunes”, no se tiene el síndrome. Es importante estar al tanto de la salud reproductiva. “Yo me desarrollé a los 13 años, nunca tuve ningún problema hormonal, de acné o sobrepeso. Siempre tuve un ciclo regular y cólicos normales”, ratifica Juliana Escarraga, a quien le diagnosticaron SOP a la edad de 19 años, cuando de repente comenzó a sentir unos cólicos que le impedían moverse, comer e inclusive le daban náuseas. Le recetaron unos anticonceptivos que manejaban muy bien sus dolores, pero aproximadamente hace un año no los consigue, desde que el Ministerio de Salud reguló los precios de estos medicamentos. Al cambiar de pastillas, tuvo un comienzo que parecía ser favorable, pero con el paso del tiempo le volvieron a dar cólicos fuertes, y emocionalmente la han afectado negativamente por lo que quiere regresar a consultar con su ginecólogo para replantear su tratamiento y encontrar uno que se acople mejor a ella. Edmundo Mora, ginecólogo oncólogo, jefe de Ginecología Oncológica del Hospital San José y de la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud y miembro fundador de la Sociedad de Ginecólogos Oncólogos, distingue que “hay enfermedades que se pueden confundir con el síndrome de ovario poliquístico, sobre todo aquellas endocrinológicas de las glándulas suprarrenales o tumores centrales del cerebro que también pueden producir estos signos o síntomas”. Por esto, el Dr. Mora enfatiza en que un diagnóstico exacto es vital para evitar consecuencias negativas; es necesario un examen físico, una buena historia clínica con información sobre las menstruaciones y presencia de anormalidades. Este síndrome se debe llevar de la mano con profesionales, no solo ginecólogos, sino también endocrinólogos y nutricionistas, conocedores del tema a profundidad y que le den a este un manejo adecuado dependiendo de cada paciente para estar bajo un tratamiento que, además de eficaz, sea llevadero para la persona que lo padece. “Algunos médicos pueden llegar a minimizar esta afección. La diagnostican con una ecografía y le dicen: tómese estas pastillas anticonceptivas por un tiempo y cuando quiera quedar embarazada le dan otro tratamiento. Es mejor profundizar con estas pacientes: hacer diagnósticos diferenciales, pruebas de función ovárica, pruebas de testosterona. Lo principal es no tratar en una forma liberal o a la carrera estos ovarios poliquísticos”, recalca el doctor Mora, quien lleva una trayectoria de más de 40 años en el campo de la ginecología. En definitiva, las mujeres que sientan algunos de estos síntomas y tengan dudas sobre lo que sucede con su cuerpo o sospechen padecer SOP no deben dudar en acudir a un médico profesional que aclare las incertidumbres y dé respuesta a aquello que les sucede. Una versión de este trabajo fue publicada en alianza con Colombia Press el 26 de julio de 2023. Consúltala en el aquí.
- En las calles se busca "un mejor futuro para todos": Edilma Suárez
En las calles se busca "un mejor futuro para todos": Edilma Suárez Ana María Gómez Ruano, Comunicación Social y Periodismo Fecha: La presidenta de la Asociación Nacional de Enfermeras de Colombia, Seccional Bogotá y Cundinamarca, (ANEC) explica cómo este gremio está atendiendo el tercer pico de contagios. Lea también: No se le hubiera podido dar peor manejo a la crisis: Armando Benedetti Compartir Foto: Wix El 6 de marzo de 2020 se confirmó en Colombia el primer caso de COVID-19. Hoy, a un poco más de un año desde que se iniciara la emergencia sanitaria, se reportan diariamente un promedio de quince mil nuevos contagios, decretándose el tercer pico de la pandemia. Y aunque esta coyuntura ha captado la mirada internacional debido al aumento acelerado de casos confirmados, el país es noticia debido al Paro Nacional que se desarrolla actualmente. El 28 de abril del presente año, se convocaron las protestas en rechazo al proyecto de reforma tributaria propuesto por el gobierno de Iván Duque, con la cual prometían aumentar la cobertura y garantizar la continuidad de apoyo económico a hogares en situación de vulnerabilidad. Después de cuatro días de protestas, el presidente anunció el retiro de la iniciativa. A pesar de que varios sectores pensaron que con esta medida y la renuncia del ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, se daría fin a las movilizaciones, el Paro Nacional continúa. Luego, la reforma a la salud se convirtió en otro de las motivaciones principales de las movilizaciones. El denominado proyecto de Ley 010, antes de ser hundido el 19 de mayo, pretendía establecer la regionalización de este sistema y planteaba modificaciones en las responsabilidades de gestión del riesgo en salud. Pese a la caída de ambos proyectos de ley, las protestas en Colombia no han cesado, pues han surgido nuevos gatilladores para quienes salen a las calles: se manifiestan en desacuerdo frente a diversas políticas implementadas por el gobierno Duque y por la violación de derechos humanos a líderes sociales y a ciudadanos manifestantes en el último mes de paro. Ante esta situación, Edilma Suárez, presidente de la Asociación Nacional de Enfermeras de Colombia, Seccional Bogotá y Cundinamarca (ANEC) y miembro de la mesa de monitoreo crítico sobre condiciones de trabajo y bioseguridad de los trabajadores, cuenta cómo el gremio de enfermería está afrontando la actual situación de crisis del país. ¿Cómo está afrontando el gremio de enfermería este tercer pico de la pandemia? Venía una sobrecarga con el primer y segundo pico. Los alcaldes han dicho que se han aumentado las camas de cuidados intensivos y el personal de salud, cuando lo que hacen es incrementar el número de pacientes que deben atender las enfermeras y auxiliares. Por ende, al personal de enfermería de otras áreas se le ha pedido atender la unidad de cuidados intensivos, aun cuando no tienen el conocimiento suficiente ni habilidad para realizar los debidos procedimientos; y tras del hecho, cuando las enfermeras se equivocan, les están abriendo procesos disciplinarios. Cada día hay mayor desmotivación, insatisfacción laboral y afectación en la salud mental debido a las altas tasas de fallecimientos, enfrentamiento al virus y el maltrato laboral. ¿Cómo proyectan ustedes, desde ANEC, que se verá afectada la salud física y mental de los enfermeros ante esta reincidencia de exposición al virus y picos de contagios? Vamos a encontrar una epidemia de problemas en la salud mental. Esta abrumadora situación lleva a que algunos profesionales opten por renunciar porque llega un momento en que la situación es insostenible y las fuerzas físicas, mentales y cognitivas no permiten continuar. No solo se les asignan funciones que no les corresponden (procesos de auditoría, funciones administrativas y asistenciales del cuidado de los pacientes), sino que se hace un incremento de la carga de trabajo en precarias condiciones laborales sin una compensación salarial equivalente. El Gobierno Nacional expidió el decreto 676 de 2020, a través del que se incluye al COVID-19 como enfermedad laboral, ¿cómo ha sido la respuesta y gestión de las Aseguradoras de Riesgos Laborales (ARL) ante esto? Primero, no todos los hospitales ni empleadores reportan a sus trabajadores ante las aseguradoras. Segundo, estas buscan evadir a toda costa el reconocimiento de estas situaciones. Por esto, muchos casos no han contado con la incapacidad ni la remuneración correspondiente. A pocos se les ha dado ese recurso, aun teniendo en cuenta que, en el país, aproximadamente el 70% de los trabajadores de salud tienen contrato por prestación de servicios, por lo que no cuentan con una ARL a la cual puedan reportar la enfermedad. ¿Qué medidas han hecho falta para tener unos cimientos firmes con los cuales se pueda atender esta tercera ola de contagios? Ha faltado una base sólida de prevención. Si se hubiera planeado con anterioridad cómo afrontar el tercer pico, quizá la situación estaría mejor controlada. El problema es que el Sistema General de Seguridad Social en Salud (Ley 100) se ha creado centrado en la atención de la enfermedad y no en la prevención de la misma. Entonces, no le podemos pedir al sistema que haga algo para lo que no fue creado. Encima de todo, este sistema le entrega el poder a las empresas promotoras de salud, debilitando a los entes territoriales y la red pública hospitalaria. Así que, este Proyecto de ley 100 profundiza el Sistema Privado de Aseguramiento, ya que se pretende brindar atención a la enfermedad, pero en donde las personas no necesiten atención médica con frecuencia porque en ese caso ya no cubre el tratamiento. Desde el 13 de marzo se ha dado un repunte de casos. En ese momento se reportaban 96 muertes diarias y ahora se registran un promedio de 420 fallecidos al día, ¿por qué han aumentado estas cifras si el país ya lleva en marcha el plan de vacunación nacional? Vamos a un ritmo muy lento en la vacunación. Esto se presentó por el problema de producción de vacunas a nivel mundial. Además, el Gobierno Nacional no ha querido dar vía libre a la vacuna Sputnik V por temas de ideología, aun cuando se ha demostrado que es de las más económicas y que brinda una alta efectividad. Asimismo, sucedió cuando le pidió a los alcaldes lentificar la vacunación porque no había más dosis disponibles. Entonces, las altas tasas de mortalidad se comprenden como responsabilidad del Gobierno porque fueron muertes que pudieron prevenirse con mayor gestión e incremento del personal de recurso humano. Además del ritmo lento de vacunación, vemos reiteradamente en medios y el diario vivir a personas incumpliendo las cuarentenas o medidas que se imponen, ¿cuál es el llamado que hace como presidenta de ANEC a aquellos ciudadanos? Hago una invitación a la responsabilidad desde diferentes tipos. El primero es un llamado al Gobierno Nacional para acelerar el proceso de vacunación y no negar la renta básica para que las personas no se vean obligadas a salir a las calles a trabajar en la informalidad, además de crear estrategias e implementar atención primaria en salud. Por el otro lado, está la ciudadanía que necesita pedagogía. Se deben explicar los riesgos de no usar adecuadamente los elementos de bioseguridad. Soy consciente de que no es fácil porque hay personas que creen que el COVID-19 es un invento capitalista para vender más tapabocas y se rehúsan a usarlo. Y, por último, dejar ciertas creencias de lado: desistir de pensar que no nos va a dar el virus, que toda la responsabilidad la tiene el Estado porque la realidad es que todos los colombianos debemos tomar cartas en el asunto. ¿Por qué cree que los colombianos salieron a marchar masivamente en contra de la reforma a la salud? En el tema de salud, ya viene un inconformismo de tiempo atrás. Llevamos 28 años con un sistema que no le sirve a la gente, que tiene muchos trámites burocráticos y que impide que las personas puedan acceder a los servicios a los cuales tienen derecho. Este malestar se hizo más grande con la pandemia. Llevamos un año pidiendo garantías que no se han brindado. Luego aparece este proyecto de ley que dice que va a resolver estos problemas en el sector salud, pero, cuando vamos a ver, no es así. Hay algunos que creen que el paro traerá más beneficios (visibilización de la reforma) que consecuencias (aumento de contagios), como miembro del sector de la salud, ¿cuál es su postura frente a esta dualidad? La ocupación de las camas UCI nos preocupa porque la gente está protestando, pero no fue así cuando eran las vacaciones de Semana Santa porque tocaba reactivar la economía; en cambio, ahora que las personas salen a marchar, sí hay problema. Veo este paro bueno en todo sentido. Es un tema de dignidad y de frenar este tema de la corrupción porque aquí se roban 50 billones de pesos al año y no pasa nada. Si ese dinero se destinara a política social, nosotros como colombianos podríamos vivir en condiciones decentes. Entonces es mejor ponerle un límite ahora que seguir trabajando como esclavos toda la vida. A mí me ha tocado caminar debido a los cierres de vías, y lo hago con gusto porque sé que se está luchando por los derechos. Quienes critican el paro tienen vacaciones, prima, salario, horario laboral y eso lo disfrutan porque, años atrás, trabajadores murieron defendiéndolos. Entonces que ellos abandonen sus pensiones, cesantías y demás a ver si tanto les molesta el paro. ¿Qué les dice a todos aquellos colombianos que se han movilizado en los últimos días y esperan seguir haciéndolo? Hay que continuar la lucha por defender los derechos que con tanto sacrificio y sangre se han logrado. Tenemos que seguir luchando por nuestra dignidad, por la vida. Hay que saber por quién votar, cambiar el Congreso de la República y dejar de vender nuestros votos. Debemos buscar entre todos la paz porque todos somos seres con dignidad. Se le deben brindar oportunidades a los colombianos: trabajo, estudio, garantía de derechos. Lo que se está peleando en las calles es un mejor futuro para todos. ¿Cuál es el llamado que le hace al Gobierno Nacional frente a esta situación de Paro Nacional? Que debe estar a la altura de la situación. Un líder, como el presidente, debe estar al servicio de la población, debe tener sensibilidad, la capacidad de escuchar a la gente y de cambiar lo que está ocurriendo en este momento. Tiene que pensar en el valor de las vidas que se han perdido y en evitar perder más. Él tiene la oportunidad de sacar al país de esta crisis. Que pare todas las agresiones, masacres y detenga las reformas. Que respete la Constitución, la democracia, ¿cómo vamos a ser un país viable si eso no se hace?
- ¿Cuál será la suerte del campo colombiano?
¿Cuál será la suerte del campo colombiano? Jhonnyer Javier Paredes Castillo, Diana Contreras Osorio, Karen Guzmán Rodríguez, Laura Daniela Sánchez, Comunicación Social y Periodismo 200 años de independencia en Colombia y, para Josefina, la adivina, sigue sin haber interés estatal sobre los campesinos. Ver también: Lo que calla el campo Compartir
- Cinco películas que se convirtieron en series
Bates Motel, Hannibal, Fargo, La Pantera Rosa y Paraíso Travel son algunas de las series que hacen parte de esta lista. Cinco películas que se convirtieron en series Bates Motel, Hannibal, Fargo, La Pantera Rosa y Paraíso Travel son algunas de las series que hacen parte de esta lista. Compartir
- La lucha de las madres de 'falsos positivos'
La lucha de las madres de 'falsos positivos' Juan Esteban Neira Aguirre, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Las madres de las víctimas siguen esperando justicia, que les expliquen por qué sucedieron los hechos, que el Estado suma responsabilidades y resocialice a sus familias. Lea también: Casos que marcaron la historia jurídica de Colombia Compartir Foto: Falsos positivos en Colombia En febrero de 2008, Julián Oviedo Monroy, hijo de Blanca Nubia Monroy, llegaba a su casa, ubicada al frente de una fábrica en la localidad de Soacha, con la buena noticia de que había conseguido un trabajo. Un mes después, el domingo 2 de marzo, amanecía misterioso, parecía esconder algo, se encerró en su cuarto a leer la biblia durante toda la mañana. Su celular no dejaba de sonar, alguien lo necesitaba con urgencia. A las 5 de la tarde, su madre salió a comprar la comida y cuando regresó él estaba listo para salir de su hogar, iba a encontrarse con el señor que le había prometido el trabajo, el mismo hombre que le llamaba con presura. Su madre se despidió de él sin saber que esa iba a ser la última vez que lo vería. Pasaron 6 meses y seguía sin noticias de Julián. En el barrio, Blanca escuchó rumores de que los muchachos que estaban desaparecidos en Soacha estaban siendo encontrados muertos en Santander. Ella, devastada, salió decidida a buscar a su hijo, fue hasta Medicina Legal y a la Fiscalía, pero no recibió ninguna respuesta. Triste y desolada fue a visitar a una amiga de la familia para buscar consuelo. Sin embargo, esta mujer tenía una grave noticia y su visita no fue lo que esperaba. “Me dijo que mi hijo, aquel muchacho que vivía al frente de la fábrica, hacía parte del grupo de personas muertas encontradas en Bucaramanga” , afirma Blanca con lágrimas en sus ojos. Un falaz nombre Las ejecuciones extrajudiciales u homicidios agravados en términos penales van más allá del simple hecho de matar, tienen el fin específico de satisfacer las ambiciones personales e institucionales. A los ‘falsos positivos’ se les conoce, sobre todo, en el gobierno del expresidente Álvaro Uribe Vélez, y con el ministerio de Juan Manuel Santos, por una práctica que se hizo sistemática en el país a propósito de unas directrices que buscaban aumentar y generar en la opinión pública una sensación de efectividad en la lucha contra la insurgencia. La manera de entregar ese tipo de respuestas tenía que ser con capturas o bajas en combate . Paralelamente aparecen una serie de incentivos de carácter promocional dentro de la misma institución, sobre todo en una estructura en la que se maneja la fraternidad y el reconocimiento de cara a quienes apoyan una causa. Entregar resultados ‘positivos’ tenía entonces enormes contraprestaciones. A Jairo Ignacio Acosta Aristizábal, profesor de derecho penal desde hace 26 años, y procurador delegado ante el tribunal, quien tuvo a su cargo los ‘falsos positivos’ de Soacha, no le gusta el término; ya que, según él, termina banalizando los actos de barbarie que redujeron a distintas personas, las cuales, dada su debilidad manifiesta en la sociedad por su condición económica , adicciones a la droga, y porque cometían pequeñas infracciones características de la población marginal, fueron víctimas de otros. “El problema empezó cuando varios grupos de militares llegaron a la zona de Ocaña, en el Norte de Santander, específicamente en la brigada 15, donde se propusieron entregar resultados favorables de su gestión”, afirma Acosta. Es allí entonces donde este grupo, dirigido por coroneles y jefes de operaciones que ya habían estado en otros sectores del país, empezó a reclutar a jóvenes como Julián que tenían estas singularidades. Por medio de civiles, a quienes los militares les entregaban beneficios económicos, se montaron oficinas de reclutamiento en Soacha, que es el municipio más poblado de Cundinamarca, con una problemática de desigualdad social y poco control. Le hicieron promesas a esta población, les ofrecieron trabajo y posibilidades en la zona. Fue así como armaron un convoy y se llevaron a los muchachos exigiéndoles únicamente que cargaran consigo su identificación. Tatuajes de Muerte Según Acosta, una vez reclutados los trasladaban hacia el Norte de Santander donde se montó un teatro de operaciones. De manera fraudulenta se crearon datos por parte de informantes que tenían conocimiento de los movimientos de la guerrilla, en ellos se hacían señalamientos en contra de estos reclutados que aparecerán más adelante en el escenario. Cuando llegaban a los sitios se armaba una puesta en escena, donde se soltaba a estos reclutados y se les acribillaba sin piedad. Acosta asegura que existía una alianza con el cuerpo técnico de policía judicial que pertenece a la Fiscalía. Ellos eran los encargados de hacer los levantamientos de cadáveres; sin embargo, los hacían de una manera superficial y no detallaron signos que quedan cuando las muertes no se dan en condiciones normales de combate sino a quemarropa. “Cuando se le dispara a una persona desde muy cerca el fogón de pólvora impregna la piel y deja un círculo oscuro, a esto se le denomina ‘tatuaje’. Normalmente en los combates, exceptuando los asaltos, esto no se debería dar”, explica Acosta. Medicina Legal y el cuerpo técnico ocultaban esto, las reglas que se utilizaban para medir el diámetro de las heridas las colocaban sobre los ‘tatuajes’ para que no fueran evidentes. Finalmente, estas víctimas aparecían sepultadas como bajas en combate y sin la suficiente identificación, ya que no les convenía que se dieran cuenta de que venían de los mismos cotejos. JEP Iván Augusto Gómez Celis, fiscal coordinador de los tribunales de justicia y paz en Santander, explica que la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, es una justicia que está por fuera de la ley ordinaria colombiana. “Tiene un tribunal especial para la paz con unos funcionarios y una distribución totalmente distinta a la ley ordinaria, toda vez que está regida por la ley 975 de 2005. Juzga actores armados de izquierda ”, afirma. Blanca se considera como una mujer con sed de venganza y de justicia, tiene el anhelo de ver a los que mataron a su hijo entre unas rejas. Para ella, la JEP le da a los responsables impunidad, ella como víctima no está de acuerdo . Sin embargo, espera que el tiempo le dé la razón y le enseñe a ver las cosas buenas que tiene la Jurisdicción Especial para la paz y la Comisión de la Verdad. Quiere ver una certeza plena, desea algún día sentarse y darse cuenta de que su lucha no fue en vano. A la fecha existen 15 militares de alto rango que están condenados en primera y segunda instancia. Hay un interesante debate porque muchos de ellos están en fila para la JEP a pesar de la gravedad de los delitos, porque finalmente tenían que ver con una política anti insurgente. Si bien es cierto que son prácticas inhumanas, probablemente terminen siendo objeto de un tratamiento alterno que supone la jurisdicción especial para la paz. Hay varios procesos en el Consejo de Estado, donde se persigue establecer la responsabilidad del Estado por la acción de los militares. Otro proceso se encuentra en la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, que tiene que ver con la responsabilidad internacional. “Este último caso llama mucho la atención de la Corte Penal Internacional, ya que si queda en la impunidad sería una de las razones por las cuales tendría vocación de intervenir contra personas en Colombia”, explica el procurador. Hasta ahora hay un cuestionamiento frente a estos métodos de guerra, pero no hay alguna investigación concreta en contra de los presuntos responsables, en términos jerárquicos. Blanca asegura que dos de los reclutadores de Soacha eran Pedro Antonio Games y Alexander Carretero. Este último, según ella, fue el que se llevó a su hijo, el mismo que le estaba llamando con urgencia el día que desapareció. Tristes similitudes Sin duda alguna, ha tenido injerencia en los procesos la presión mediática de las víctimas directas de los homicidios; es decir, las madres de Soacha, organización de la cual hace parte Blanca. Al principio era muy fuerte la influencia de los militares, pero el movimiento de las madres, su unión, liderazgo y acompañamiento de algunas organizaciones no gubernamentales, les dio un reconocimiento muy merecido. Con esa perseverancia se ganaron los ojos de instancias importantes como la prensa, organizaciones internacionales de protección de los derechos humanos, y las mismas autoridades de control como la Procuraduría y la Judicatura. Por si fuera poco, y en medio de este reportaje, el pasado martes 29 de septiembre, Blanca perdió a su hijo menor, Jhovani. Lo acribillaron en Soacha en frente de su hijo y su esposa . Ahora, tristemente, no solo tiene que continuar su guerra por la justicia de Julián, sino que no tendrá más a su “angelito menor”, quien la acompañaba en su lucha. “No sabes el dolor tan grande que siento, tener que enterrar a otro hijo es muy duro. No sé qué pasa en Colombia, hay seres inocentes que tienen que pagar”, dice Blanca entre sollozos y con una voz desamparada. Hasta el momento no se ha hecho justicia con las víctimas de los falsos positivos, ésta solo se dará cuando los reparen. Blanca afirma que la reparación no tiene que ver con lo económico, sino con explicarle a las víctimas por qué sucedieron los hechos, asumir las responsabilidades y resocializar a sus familias. Tatuajes de Muerte Según Acosta, una vez reclutados los trasladaban hacia el Norte de Santander donde se montó un teatro de operaciones. De manera fraudulenta se crearon datos por parte de informantes que tenían conocimiento de los movimientos de la guerrilla, en ellos se hacían señalamientos en contra de estos reclutados que aparecerán más adelante en el escenario. Cuando llegaban a los sitios se armaba una puesta en escena, donde se soltaba a estos reclutados y se les acribillaba sin piedad. Acosta asegura que existía una alianza con el cuerpo técnico de policía judicial que pertenece a la Fiscalía. Ellos eran los encargados de hacer los levantamientos de cadáveres; sin embargo, los hacían de una manera superficial y no detallaron signos que quedan cuando las muertes no se dan en condiciones normales de combate sino a quemarropa. “Cuando se le dispara a una persona desde muy cerca el fogón de pólvora impregna la piel y deja un círculo oscuro, a esto se le denomina ‘tatuaje’. Normalmente en los combates, exceptuando los asaltos, esto no se debería dar”, explica Acosta. Medicina Legal y el cuerpo técnico ocultaban esto, las reglas que se utilizaban para medir el diámetro de las heridas las colocaban sobre los ‘tatuajes’ para que no fueran evidentes. Finalmente, estas víctimas aparecían sepultadas como bajas en combate y sin la suficiente identificación, ya que no les convenía que se dieran cuenta de que venían de los mismos cotejos. JEP Iván Augusto Gómez Celis, fiscal coordinador de los tribunales de justicia y paz en Santander, explica que la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, es una justicia que está por fuera de la ley ordinaria colombiana. “Tiene un tribunal especial para la paz con unos funcionarios y una distribución totalmente distinta a la ley ordinaria, toda vez que está regida por la ley 975 de 2005. Juzga actores armados de izquierda ”, afirma. Blanca se considera como una mujer con sed de venganza y de justicia, tiene el anhelo de ver a los que mataron a su hijo entre unas rejas. Para ella, la JEP le da a los responsables impunidad, ella como víctima no está de acuerdo . Sin embargo, espera que el tiempo le dé la razón y le enseñe a ver las cosas buenas que tiene la Jurisdicción Especial para la paz y la Comisión de la Verdad. Quiere ver una certeza plena, desea algún día sentarse y darse cuenta de que su lucha no fue en vano. A la fecha existen 15 militares de alto rango que están condenados en primera y segunda instancia. Hay un interesante debate porque muchos de ellos están en fila para la JEP a pesar de la gravedad de los delitos, porque finalmente tenían que ver con una política anti insurgente. Si bien es cierto que son prácticas inhumanas, probablemente terminen siendo objeto de un tratamiento alterno que supone la jurisdicción especial para la paz. Hay varios procesos en el Consejo de Estado, donde se persigue establecer la responsabilidad del Estado por la acción de los militares. Otro proceso se encuentra en la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, que tiene que ver con la responsabilidad internacional. “Este último caso llama mucho la atención de la Corte Penal Internacional, ya que si queda en la impunidad sería una de las razones por las cuales tendría vocación de intervenir contra personas en Colombia”, explica el procurador. Hasta ahora hay un cuestionamiento frente a estos métodos de guerra, pero no hay alguna investigación concreta en contra de los presuntos responsables, en términos jerárquicos. Blanca asegura que dos de los reclutadores de Soacha eran Pedro Antonio Games y Alexander Carretero. Este último, según ella, fue el que se llevó a su hijo, el mismo que le estaba llamando con urgencia el día que desapareció. Tristes similitudes Sin duda alguna, ha tenido injerencia en los procesos la presión mediática de las víctimas directas de los homicidios; es decir, las madres de Soacha, organización de la cual hace parte Blanca. Al principio era muy fuerte la influencia de los militares, pero el movimiento de las madres, su unión, liderazgo y acompañamiento de algunas organizaciones no gubernamentales, les dio un reconocimiento muy merecido. Con esa perseverancia se ganaron los ojos de instancias importantes como la prensa, organizaciones internacionales de protección de los derechos humanos, y las mismas autoridades de control como la Procuraduría y la Judicatura. Por si fuera poco, y en medio de este reportaje, el pasado martes 29 de septiembre, Blanca perdió a su hijo menor, Jhovani. Lo acribillaron en Soacha en frente de su hijo y su esposa . Ahora, tristemente, no solo tiene que continuar su guerra por la justicia de Julián, sino que no tendrá más a su “angelito menor”, quien la acompañaba en su lucha. “No sabes el dolor tan grande que siento, tener que enterrar a otro hijo es muy duro. No sé qué pasa en Colombia, hay seres inocentes que tienen que pagar”, dice Blanca entre sollozos y con una voz desamparada. Hasta el momento no se ha hecho justicia con las víctimas de los falsos positivos, ésta solo se dará cuando los reparen. Blanca afirma que la reparación no tiene que ver con lo económico, sino con explicarle a las víctimas por qué sucedieron los hechos, asumir las responsabilidades y resocializar a sus familias.
- ¿Qué venden en el Centro de Cienciología en Bogotá?
¿Qué venden en el Centro de Cienciología en Bogotá? David Forigua, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Rodeada de misterio, críticas y fervorosos creyentes, se encuentra la auto-denominada "religión filosófica aplicada" de la Cienciología. Lea también: ¿Prohibirán matrimonio a menores? Compartir Foto: Getty Images ¿Sufre usted de lumbagos, calambres o dolencias similares? ¿Alguna vez experimenta dudas de sí mismo, pensamientos negativos, miedos irracionales o comportamiento irracional? ¿Sus fracasos pasados todavía le preocupan? ¿Se ha sentido infeliz, angustiado, cansado? ¿Padece torticolis, torceduras, desgarros? Si leyendo esto mentalmente usted ha respondido decisivamente y con algo de ritmo un “sí, señor”, puede que usted, como yo, conozca un anticuado y famoso comercial de la televisión colombiana —indeleble en la mente de muchos en el país—. Pero, más importante que eso, no se preocupe, es casi seguro que usted es humano. Y aún mejor, puede que la solución a esa terrible condición se encuentre en, al menos, tan solo dos cosas: una pomada, casi mágica, que atemoriza lo dolores, y en una de las 4 mil 300 religiones que han surgido en este planeta, la “nueva y vital” para este mundo, Cienciología. Las preguntas que usted ha leído anteriormente—que espero hayan inspirado algo de reflexión en usted— constan de tres fuentes diferentes. Aunque es muy probable que antes, por alguna razón y sin mi ayuda, ya se le hayan cruzado por la cabeza en algún momento. La primera y la última, si a usted no se les hace familiares, provienen de una voz profunda y preocupada que se escuchó por primera vez en 1989 promocionando un producto llamado “Dolorán”. La segunda y tercera, las escuché dentro de un edificio de 7 pisos que cruza la avenida 19 y la calle 100 en Bogotá, cuyo nombre está marcado en grandes letras en su entrada y lee: Centro de Dianética y Scientology (en un uso raro de lo que parece un spanglish). Pese a que en Colombia el 90% de las personas son fieles a las enseñanzas cristianas, hay quienes ponen su fe en la psicología o incluso, podríamos decir, en los crecientes negocios multi-nivel —que prometen felicidad a través del consumo y venta de productos—. En esos casos, quienes lideran tales iniciativas, apelan a los dolores que casi todos hemos experimentado. Vida perfecta y amor no garantizado Eran las 2:00 p. m. y me encontraba en el sector Usaquén, parado frente a una moderna e imponente construcción. A mi izquierda, había dos hombres: uno, vestido con traje y de unos 40 años de edad, revisaba pegando su cara al vidrio la extensa fila de libros que se encontraban expuestos. El otro hombre, cercano en edad y vestido de forma parecida, en cambio, revisaba un pequeño anuncio de vacantes administrativas que se encontraba al lado de la puerta. Ninguno ingresó. Las entradas se encuentran abiertas y, junto a los grandes vidrios que forman la estructura del primer piso, dan una sensación de bienvenida, pero muy pocos entran. Los que lo hacen, son convencidos por los “vendedores”—no se me ocurre un mejor nombre para ellos— que se ubican en la parte que da a la calle 100. Tan solo 8 personas pude contar durante las dos horas de mi primera visita. Todos parecían compartir, como yo, algo de tiempo de sobra y una, al menos leve, esperanza de que la mejor vida que esos uniformados y en extremo amables hombres y mujeres les prometían, era posible. Creo haber sido el único, el tiempo que estuve, que entró por completa curiosidad o, como intenté hacer creer, por total desesperación. Se me ocurrió que probablemente aquello no era común. Ya que, frente a la recepción, la señora detrás del mostrador me dijo un severo y extrañado “¿qué necesita?”, como si pensara que habría de haber llegado ahí buscando una dirección. Después, entendí que lo más común era ser un nuevo visitante invitado o un recurrente conocido, no un transeúnte que aparece como diciendo “¿buenas, acá me quitan lo infeliz?”. “Vengo solo a mirar”, respondí, como si de una tienda de San Andresito se tratara. No pasó mucho tiempo antes de que alguien llegara. Menos de un minuto le tomó a un señor, que no volví a ver, preguntarme qué buscaba. Estaba nervioso, no esperaba menos que una lavada de cerebro. “Quiero saber de Dianética”, dije, pues fue la única palabra que alcancé a leer antes de ser atajado por el vendedor. “Claro, siga por acá por favor, ¿le gustaría ver un video?”, pronunció tan extrañado como yo, sin quitar una sonrisa de su cara. Sentado en una sofá bastante pequeño e incómodo, frente a un televisor del que salía una moderna pantalla táctil, observé en detalle el primer video de muchos por ver ese día. “Dianética”, decía una voz profunda—no muy diferente a la del comercial de la pomada—“¿Alguna vez experimenta dudas de sí mismo, pensamientos negativos, miedos irracionales o comportamiento irracional?”… Usted ya conoce esta pregunta. El 19 de mayo de 1950 un reconocido autor de, hasta ese momento, más de 138 historias literarias— ampliamente populares en la época de su publicación— conocidas por llevar al extremo el entusiasmo tecnológico del siglo XX, en una mezcla perfecta entre ciencia y ficción; habría de publicar un libro que cambiaría para siempre el mundo: Dianética. El “primer texto comprensible jamás escrito sobre la mente humana y la vida”, haría de L. Ronald Hubbard uno de los más famosos ‘filósofos’ y escritores de su época. Impresa por primera vez en el mismo material barato por el que eran conocidas sus obras de fantasía, el desecho de pulpa de madera —gracias al cual este tipo de publicaciones serían nombradas como literatura de pulpa o, mejor conocida, Pulp fiction— no pasaría mucho tiempo antes de que, “La Ciencia Moderna de la Salud Mental”, alcanzara un lugar en la lista de los libros mejor vendidos del New York Times. El señor de la sonrisa se fue después de poner el video de explicación. Volvió, puso otro vídeo, no sin antes hacerme una pregunta: “¿Qué le pareció?”. “Muy interesante”, sería lo único que repetiría, de ahora en adelante, con el ánimo de no mentir pero tampoco de decir algo inadecuado. Él pondría otro vídeo y se iría otra vez. En esta ocasión, para reunirse en lo que parecía un consejo de vendedores improvisado. Acabado este vídeo trajo a alguien más, una mujer de entre 25 y 30 años, esa fue la última oportunidad en que lo vi. Ella preguntó por mi nombre, mi ocupación y cuántos años tenía. Los demás vendedores repetirían la misma rutina. Le conté, con demasiada tranquilidad, que me sentía mal, que buscaba respuestas y pregunté: “¿esto no es como la psicología?”. Su cara cambió, parecía que no le había gustado mi pregunta. Me dijo que Dianética era algo superior, aunque sonaran parecidos los conceptos. Le pregunté por la parte religiosa y me dijo que no eran “dogmáticos”, que ella era católica, lo cual comprobó sacando una cadena de su pecho, y que Scientology era solo un complemento. Por último, me ofreció con entusiasmo un curso que se iba a hacer en una semana, cuyo costo era de más de 100.000 pesos. Al ver mi negativa, cambió su propuesta: “¿al menos te vas a quedar para hacer el test de personalidad gratuito, verdad?». No me negué, ese era el gancho para las nuevas personas. Después de todo era gratuito, como pocas cosas en la Cienciología, y lo máximo que se podría perder era tiempo… O esa fue mi sensación cuando acabé las 200 preguntas que componían el test. Hubbard se había alejado de las publicaciones científicas sobre psicología y filosofía, encontrando en la revista donde publicaban sus historias, Astounding Science Fiction, el mejor lugar para mostrarle al público sus descubrimientos revolucionarios. Inició así “una nueva era de esperanza para la humanidad”, desde la cual criticaría el psicoanálisis y los tratamientos psiquiátricos. Con el tiempo, fundaría el movimiento religioso —y por ende libre de impuestos— de Scientology, en el cual mezcló, como en sus primeras historias, ciencia y fe, en un libro traducido a 70 lenguas, con 1084 obras, 185 audiolibros publicados, convirtiéndose, según la agencia Guinness de récords, en una competencia de los textos de Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Mahoma… Finalmente, los resultados de mi test habían resultado increíblemente precarios. “¿Respondió honestamente?”, formuló alarmado el encargado de los resultados. “Sí”, esa era la verdad. Me quedaba una duda; “¿quién es el autor del test?”. Como respuesta solo hubo un gesto que señalaba a la palabra Oxford escrita en la parte superior de los resultados, como si el nombre de por sí indicara algo. No era ese el caso, una breve investigación demostraba que no había ninguna relación con la prestigiosa universidad. De ahí fui perdiendo de vista a los que me atendían una vez se deshacían de mí. La respuesta a uno de mis mayores falencias detectadas en el test, “la responsabilidad”, se encontraba en un curso personalizado de menor costo al que me habían ofrecido anteriormente. 96 mil pesos habría de pagar de forma inmediata para realizar la inscripción y no había mejor momento que ese preciso instante—solo cargaba con 20.000 y algo de saldo en mi tarjeta de transporte público—. Me negué amablemente mostrando interés en conocer más y afirmando que con algo de tiempo seguramente lo haría. “El afán es tuyo”, seguía insistiendo la persona que se quedaría conmigo hasta el final de mi visita. Terminé por resignarme a sus continuas ganas de ayudarme, que se habían vuelto en algún tipo de subasta en donde me ofrecían más por menos. Compré lo único que mis humildes ingresos de estudiante podían costear: un folleto de 15.000 pesos que, se supone, tendría que iniciarme en “el puente a la libertad” de Hubbard. Finalizada la compra, me invitaron a un evento gratuito por el cual sentí que, tan solo la información, venía incluida en el precio del folleto. Salí prometiendo volver una vez acabara de leer, cuidadosamente, lo que terminó por llevarse el dinero para el almuerzo del día. Aquello último lo hice. Durante una semana me dediqué al análisis de las 40 páginas contenidas en un formato muy parecido al de las Pulp Fiction. Mis conclusiones, dos: una frase de la película homónima a este tipo de literatura, pronunciada por el personaje de John Travolta, uno de los más influyentes scientologist en el mundo: “Una vez un hombre admite que está equivocado, es inmediatamente perdonado por todas sus malas acciones”, resume en palabras menos técnicas la filosofía detrás del texto. De modo que este se encarga de explicar, con términos novedosos que se repiten una y otra vez, cómo los “actos hostiles” son la causa para que uno evada las responsabilidades y viva infeliz. Por lo que una vez estos sean conocidos uno habrá de sentirse aliviado y completo de nuevo. La contradicción: “se les garantiza una vida perfecta de serenidad y amor no garantizado”, es ejemplificada a través de dos oraciones con pocas páginas de distancia. “El autor y la editorial no garantizan, de forma expresa ni implícita, los contenidos de este folleto”, procurando así librarse de futuros reclamos y “tendrá en sus manos instrumentos que resolverán por completo tal desdicha”, reafirmando que “la respuesta está” en las enseñanzas de Hubbard. Sumergido en la historia de la iglesia de Scientology y más allá de las analogías e ironías que se puedan sacar al respecto, algo quedó en mi cabeza: así la hubiera buscado, nadie podría haberme dado una respuesta porque no había alguna. Detrás de las religiones se encontraban, seguramente, buenas intenciones, lecciones, consejos y reglas que por orgullo o decepción ya había decidido que no aplicarían en mí. Todos sufrimos. Por eso las pomadas mágicas y las historias interesantes con tintes de salvación se vuelven tan populares. No hay forma de evitarlo y cada uno elige su “cura”. Es fácil denotar lo ridículo en algunas creencias, puede que sea tan fácil como caer en ellas. Media hora después de acabar mi tiempo como Cienciólogo, hice algo que haría revolcar a Hubbard en su tumba: pedí una cita con el psicólogo, porque iglesia, culto, psicología, todo es lo mismo… probablemente.
- Los jóvenes, en todo y... ¿en nada?
Los jóvenes, en todo y... ¿en nada? Juan Esteban Corredor Martínez, Lizeth Camila López Fernández, Manuela Morales Prieto, Laura Rodríguez Pascuas, Comunicación Social y Periodismo 'Detodito' es un personaje que representa a la juventud actual: vegana, activista LGBTI, feminista y ambientalista que le ha dado por indignarse (con razón) por un tema que ha afectado y sigue afectando al periodismo y a los colombianos: la censura. Ver también: ¡Bájenle cinco! Compartir
- ¿En qué consiste la estructura de los 3 actos en el cine?
Syd Field es un teórico norteamericano que retoma múltiples teorías de la narratología para plantear su paradigma de los tres actos. ¿En qué consiste la estructura de los 3 actos en el cine? Syd Field es un teórico norteamericano que retoma múltiples teorías de la narratología para plantear su paradigma de los tres actos. Compartir
- Armero: la tragedia después de la tragedia
Armero: la tragedia después de la tragedia María José Rojas González, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Claudia Mercedes Ramírez Villamizar, una madre que lleva más de 30 años buscando a su hijo, afirma que lo peor de la avalancha fue la famosa “feria de los niños”. Lea también: El anónimo de la masacre del Cañosiabo. Compartir Foto: Muebles clásicos, muchas plantas, poca luz y una amplia terraza hacen parte del rústico apartamento de Claudia Ramírez en el norte de Bogotá. Quien entra se siente transportado a un espacio alejado de la capital del país. Dos perros y dos gatos adoptados son los anfitriones del lugar. Claudia, de 55 años, se levanta todos los días con la esperanza de que quien toque la puerta de su residencia sea su hijo Andrés Felipe Cubides, quien, al igual que aproximadamente 600 niños, según la Fundación Armando Armero, sobrevivió a la oleada de barro del 13 de noviembre de 1985 en Armero, Tolima, pero nunca logró reunirse con su madre. Nacida en el hospital San Lorenzo en la “ciudad blanca”, Claudia afirma que fue “absolutamente feliz en Armero”. “Era un pueblo muy hermoso, muy tranquilo, lleno de vida y alegría. ¡Las fiestas eran espectaculares! Bailaba del 16 de diciembre al 12 de enero. La mejor era la del 27 que era de disfraces”, afirma la hija de Roberto Ramírez y Mercedes Villamizar, quienes fallecieron la noche en la que una espesa mezcla de agua y residuos volcánicos, provenientes del Nevado del Ruiz, sepultó a 25 mil personas, según el Estado. A pesar de que en un principio Claudia no tenía evidencia de que su hijo había sobrevivido, ella sentía que estaba vivo. Meses después de la tragedia, un amigo le dijo que había visto a Andrés por la televisión diciendo: “Me llamo Andrés Felipe y mi mamá se llama Claudia”. En ese momento, la vida de Ramírez empezó a tener sentido de nuevo. Claudia, trigueña, de aproximadamente 1 metro 65 centímetros de altura, de pelo castaño oscuro hasta los hombros y ojos pequeños, dice que la búsqueda frenética, a veces obsesiva, por su hijo (quien el 22 de febrero cumplió 38 años), ha sido toda una pesadilla. Afirma que cuando iba al ICBF a ver a los niños, los funcionarios le decían “pero, ¿cómo sabe que es su hijo? Usted no tiene cara de que sea mamá, no le voy a mostrar a los niños”. Ella, con la foto de Andrés en sus manos, lloraba y les rogaba, pero no le daban razón de él. En el 2010, Claudia estaba en su casa viendo un especial de Armero en la televisión cuando confirmó lo que le habían dicho años atrás: era Andrés Felipe, sano y salvo, tomando agua de un vaso en manos de un socorrista. Ramírez considera que hubo irresponsabilidad por parte del Estado y del ICBF en el manejo de la situación. Según ella, lo más difícil no fue la tragedia, sino la post tragedia. “El infierno de Dante no es nada a lo que pasó en Armero. Ahí se concentraron todas las pasiones más perversas. La gente llegaba a robar, a matar a los que estaban vivos para hundirlos en el lodo y sacarles los anillos, a vender a los niños que habían sobrevivido. Eso es como en los cuentos de hadas que uno ve que llega el humo negro que es el mal. Así fue”, cuenta Claudia mientras sus labios se arquean hacia abajo y una lágrima cae por su mejilla. En 1985, el ICBF creó el ‘Libro Rojo’ el cual, según lo afirmado por el periodista Gonzalo Guillén en su publicación en la Revista Semana ‘Sueño que voy a conocer a mi hijo’, “es un mamotreto secreto y desordenado… La cantidad de folios ha variado de 250 a 16. Allí consta que entregaron niños a quienes los reclamaron, sin acreditar identidades ni parentescos, otorgaron adopciones a extranjeros y nacionales antes de haber pasado medio año de la tragedia y en algunos vuelos presurosos de rescate sacaron del país bebés e infantes”. En respuesta a esto, la Fundación Armando Armero, liderada por el periodista Francisco González, elaboró el ‘Libro Blanco’, en el que 455 menores están siendo buscados por sus familias, entre esas, Claudia Ramírez. El periodista dice que los funcionarios “corruptos” del ICBF, los colombianos que rescataron a niños sobrevivientes y luego no los devolvieron y los integrantes de las redes de adopción son solo algunas de las causas que llevaron a la pérdida de los menores. “Hay muchísimos casos que demuestran que las madres tienen razón, que no están locas, como lo quiere hacer ver el Estado”, afirma el periodista. El libro ‘Armero, treinta años de ausencia’ de Carmen Cruz y Francisco Parra es uno de los pocos documentos en los que algún funcionario del Estado de 1985 acepta las irregularidades cometidas en la post tragedia. “… En la evacuación de las víctimas, se generó cierto desorden y confusión (…) Hubo varios helicópteros del Ejército y también de pilotos espontáneos que querían ayudar y todo ello pudo dar lugar a la pérdida especialmente de algunos niños” , asegura el Alcalde Militar Encargado de Armero, Rafael Ruiz. Cómo empezó y cómo terminó Claudia, también madre de María Mercedes y María Alejandra Méndez, de 21 y 18 años, respectivamente, quienes son fruto de su segundo matrimonio, expresa que fue muy consentida y amada por sus padres a pesar de que tuvo a su primer hijo, Andrés, a los 17 años. “Yo me casé muy enamorada con Ángel Cubides” –biólogo de Ibagué quien era 10 años mayor que ella y quien también murió en la avalancha- “Obviamente mis padres se opusieron… Mi mamá no me dejó casar en Armero, entonces me casé en Ibagué. Ella lloró, pobrecita, mi papá también, todo el mundo lloraba, parecía un entierro esa vaina. La única feliz era yo, aunque esa felicidad me duró poco porque mi matrimonio fue un desastre. Fui una gran decepción para mis padres en ese sentido porque los dos esperaban mucho de mí”, afirma la armerita. La mujer, graduada del Colegio Americano, aunque pasó la mayoría de sus años en el Colegio La Sagrada “Recocha”, como ella misma lo llama, decidió dejar a su hijo con sus padres mientras estudiaba en Bogotá. Ella, quien se considera una “animalista furibunda”, quería estudiar veterinaria. Carlos Castillo, vendedor de materiales dentales, reconoce la labor social y pasión de Claudia por los animales. “Yo le regalo los guacales de madera en los que vienen las unidades empacadas y ella hace las casitas para los perros”, afirma. Las dos gatas (una rescatada hace 17 años y la otra hace 5 años, en Armero) que Ramírez tiene en su casa lloran para que ella les abra la puerta de la terraza en la noche. A pesar de su inmenso amor por los animales, Claudia decidió estudiar odontología porque su padre tenía una clínica y muchos pacientes en Armero: su vida “estaba organizada”, como ella misma lo señala: viajaba todos los fines de semana a su tierra natal para visitar a su “tesoro y bendición”, Andrés Felipe. Salía los viernes de clínica a las 6 de la tarde a tomar el bus hacia Armero. A las 2 de la mañana llegaba a Honda, tenía que hacer transbordo. Roberto Ramírez, padre de Claudia, le había prometido que cuando cursara el cuarto semestre de su carrera le traería el niño a Bogotá. En ese periodo, justamente, fue la tragedia de Armero. “Había amenaza de inundación”, expresa Claudia mientras se le quiebra la voz al recordar a su pueblo antes de que fuera enterrado por más de más de 90 millones de metros cúbicos de barro. El deshielo del volcán barrió 40 kilómetros a la redonda, es decir, el equivalente de toda la superficie de la isla de San Andrés y un poco más, pues la isla tiene 32. Su padre, Presidente de la Cruz Roja en Armero en 1985, no tenía ninguna información sobre una posible avalancha, según Claudia. Ella lo acompañó a una reunión en septiembre de aquel año con un personaje de Ingeominas, el alcalde del pueblo, Ramón Rodríguez y el encargado de la Defensa Civil y nunca se habló de una alerta de avalancha. El fin de semana del 8 de noviembre de 1985, Claudia viajó a Armero. Como de costumbre, en el pueblo hubo fiesta con Lucho Bermúdez y Pacho Galán. El lunes 11 de ese mes, Andrés, preocupado por la situación del río le preguntó a su mamá que qué pasaría si el río perdiese su rumbo. Ella lo tranquilizó, aunque quedó dudando de la situación. Claudia, antes de subirse al carro para regresar a la capital, le pidió a su madre que le diera al niño. -Hija, es una locura, estás en exámenes finales. -Mami, es que estoy preocupada. -No te preocupes, no está lloviendo, no va a haber inundación. “Y se lo dejé…”, dice Claudia mientras las lágrimas empiezan a escurrir por su rostro. Ella no sabía que esa iba a ser la última vez que vería a sus padres y a su hijo. La noche en la que Armero desapareció, Claudia estaba con su primo en la casa ubicada en la 57 con 18 en Bogotá cuando recibieron una llamada a las 11 de la noche en la que les decían que algo grave había sucedido. Se fueron corriendo hacia la oficina de la Defensa Civil a buscar información, llamaron por el radio teléfono a la casa de Claudia en Armero y nadie contestó, después llamaron a la defensa civil y a la Alcaldía, pero el resultado fue el mismo. Ella, en compañía de 5 amigos armeritos, se comunicó con “La periquita” Cecilia de Perico, esposa de Guillermo Perico, quien vivía en Armero. “’No, chinos, no me contesta, tan raro’, nos dijo. Después ella llamó a JJ, otro amigo que vivía afuera de Armero. ‘Vi muchas luces, como relámpagos y ahora todo está negro’, nos afirmó. Nosotros pensamos que el pueblo se había inundado y se había ido la luz”, cuenta Claudia. A las 6 de la mañana del 14 de noviembre, después de escuchar al piloto del helicóptero diciendo “Armero no existe”, los jóvenes llegaron a Cambao. En el parque principal estaban JJ y su esposa que “parecían unas esfinges. Lloraban y lloraban, pero no hablaban”, afirma Claudia. En ese momento, llegó un camión azul con gente desnuda cubierta en barro. El pueblo que guardaba sus más grandes alegrías se había convertido en un mar de lodo. “De ahí en adelante no recuerdo mucho, sé que duré 10 o 15 días en Armero, pero no me pregunte qué comí, si me lavé los dientes o dónde dormí, porque no me acuerdo. Sé que estuve en ahí y vi cosas terribles. Eso lo tengo bloqueado de mi mente porque es muy doloroso. A veces tengo recuerdos… Mis primos me encontraron en Ambalema -un municipio a 6 horas de Armero a pie- sentada en un helipuerto, cuentan ellos. Yo no me acuerdo”, sostiene la madre de Andrés. Su siguiente recuerdo es en la ducha de la casa de su tío en Bogotá, con la ropa pegada a su piel, literalmente, por el barro. “Me acuerdo de sentir el agua caliente y cómo todo ese lodo me salía. Me arrancaba la ropa y la piel también”, dice Ramírez mientras se toca los brazos. El no saber el paradero de su hijo llevó a que Claudia sintiera el dolor más “absurdo”. “Me dolía la muerte de mis papás, pero me arrancaba el alma no saber qué había pasado con mi hijo. Me daban pastillas, yo quería botarme por la ventana, me quería morir”, cuenta ella, quien tenía 22 años cuando el niño desapareció. La armerita, que al principio peleó mucho con Dios, cree que ella es un milagro. “Sobrevivir fue el resultado de la bondad de la gente. Yo iba a rezar y era como una matemática, 2+2 es 4. Yo pedía y me daban. Nunca me sobró, pero nunca me faltó. Soy el resultado de la fe. Yo le pedí a Dios, siempre le he pedido, soy una pedigüeña total”, dice Claudia mientras se ríe a carcajadas, “y él siempre me ha dado”. La madre de Andrés Felipe, en compañía de su hermano menor, “Cucu” Roberto, ahora coronel retirado del Ejército Nacional, continúa la búsqueda del niño. “He ido a que me lean el cigarrillo, el fósforo, el chocolate”, expresa Claudia mientras se ríe, “he ido a donde todos los chamanes, brujos, todo, buscando, pero no lo he encontrado. He encontrado otros que no son mis hijos, pero bueno algo es algo, peor es nada”, afirma, vuelve a carcajear y continúa: “Para ellos soy su mamá… Ay, mis chinitos. Maycol vive en Pereira y David Felipe, en Bogotá”. La odontóloga, vinculada a la Fundación Armando Armero, la cual cuenta con un banco de ADN desde hace 5 años, con el que se han podido reencontrar 3 familias, dice que es una mujer fortalecida y bendecida. “No es que llore todos los días, no soy una mujer triste. Soy más feliz que triste, pero tengo un enorme vacío en mi vida: mi hijo. Hace muchos años lo puse en manos de Dios. Le dije: cuando quieras, si es que quieres” , cuenta mientras sonríe, “yo ya le dije a mis hijas que, si me muero, ellas lo tienen que seguir buscando”… Vuelve a reírse y concluye: “pobrecitas”.
- Toy Story: Los juguetes con los que crecimos
Toy Story es una de las sagas de películas más entrañables para varias generaciones. Creada en 1995 por Pixar y dirigida por John Lasseter, esta película fue la primera en ser completamente animada por computador y en 3d. Toy Story: Los juguetes con los que crecimos Toy Story es una de las sagas de películas más entrañables para varias generaciones. Creada en 1995 por Pixar y dirigida por John Lasseter, esta película fue la primera en ser completamente animada por computador y en 3d. Compartir
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