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Pizza y Sushi Master Maria Camila Poveda Trujillo, Marta Johana Nieto Granados y Isabella Echeverry Arbelaez. Dos de los más esperados acontecimientos del años narrados desde el interior de las cocinas y los barrios. Ver también: Mampuján: Sabores de Paz Compartir
- Oconnell, la clarinetista que toca en Europa, pero no en Cajicá
Oconnell, la clarinetista que toca en Europa, pero no en Cajicá Isabela Uribe Roa, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Foto de: Isabela Uribe Roa Lea también: La discapacidad no es un impedimento para hacer música en Chía Compartir Foto: Foto de: Isabela Uribe Roa El color rosado pastel del atardecer, penetraba las enormes paredes blancas del edificio recientemente construido en el municipio de Cajicá, en el centro de Colombia. Esa construcción es el segundo hogar de todas las personas que en Cajicá se dediquen a la música, el arte y la danza. Para llegar a la sala de práctica de la galardonada sinfónica de Cajicá, se deben subir cuatro pisos por las anchas escaleras en forma de caracol que se observan a través de los enormes ventanales. Adentro de la sala, amplia, oscura y llena de atriles plateados, se puede percibir la tensión dejada por las fuertes y largas prácticas. María Alejandra Oconnell se sienta detrás de uno de esos brillantes atriles y saca su clarinete de la caja de cuero negra. Coloca las partituras sobre el atril y empieza a tocar los primeros acordes de O Sole Mio. “Fue la primera pieza que toqué con el clarinete, la aprendí cuando tenía 14 años”, dijo Oconnell, una de las 19 clarinetistas de la orquesta cajiqueña, fundada en 1987. Actualmente la sinfónica cuenta con 9 grupos de instrumentos de viento: clarinetes, flautas, saxofones, trompetas, trombones, cornos, tubas, fagot y oboes. Sorprende saber que el sueño de Oconnell siempre fue ser saxofonista y que sabe tocar el clarinete desde hace 5 años, su primer maestro fue YouTube. “Aprendí a tocar clarinete con videos, me iba a un café internet y pagaba horas continuas de internet”, dijo Oconnell. Con el pelo negro suelto y peinado hacia el lado derecho, Oconnell lucía un saco azul desgastado en las mangas y un jean con, lo que parecía, manchas de hipoclorito. La artista recuerda que se inició en la música cuando tocaba platillos en la Casa de la Cultura, mostrando sus colmillos blancos y torcidos sonríe y se da un leve golpe en la frente “no podía tocar otro instrumento porque solo tenía 7 años y era muy bajita”, dijo. Oconnell tiene 19 años y mide 1,55, unos centímetros más que su madre. Recuerda que su ingreso a la banda sinfónica se dio gracias a su instructor Cristian, quien le enseñó a leer partituras y tocar flauta dulce a los 12 años. Tres años después, Oconnell pasó por, lo que ella llamaría, el momento más duro de su vida. Se retiró durante un año de la música ya que, en el colegio Antonio Nariño, de Cajicá, donde finalizó sus estudios, la matoneaban debido a las largas horas de práctica que le dedicaba al clarinete. Desde entonces, Oconnell no da conciertos en el municipio. “No me gusta tocar aquí en Cajicá”, afirmó Oconnell. “Es terrible tener confrontaciones en el colegio, yo no pude disfrutar ni siquiera 11, me molestaban porque lo único que yo hacía era tocar, la verdad yo solo pensaba en irme”, afirmó la artista. El maestro Cristian fue quien la impulsó a retomar la carrera musical y a ingresar, en el 2013, a la premiada banda. “Cajicá te brinda un respaldo y confianza, todos los músicos reconocen a este pueblo como uno de los mejores en música”, menciona Oconnell. Cajicá es reconocido también en la Universidad Nacional de Colombia, donde la clarinetista sueña ser admitida. Con una sonrisa que recorre su ancho rostro, Oconnell saluda a su madre, que está recostada sobre el marco de la puerta y que con señas le indica que entre a la oscura sala. A la clarinetista se le viene a la mente Holanda, exactamente el domingo 9 de julio de 2017, cuando ella, junto a la sinfónica de Cajicá, dio el concierto más importante de su vida en Kerkrade. Allí lucía un vestido largo vinotinto, el vestido más elegante que ha usado. “Tuvimos dos meses para mandarlo hacer, fue un problema porque nadie se ponía de acuerdo, igual fue la noche en la que me sentí más bella”, menciona Oconnell. “Ella, mi hija, nunca ha sido una mujer de accesorios y tacones altos”, dijo Katerine, la madre, interrumpiendo la charla inesperadamente. Oconnell no se perdió de la diversión en tierras europeas, en Maastricht, Holanda asistió al festival de la cerveza. “Siempre he sido muy mala para beber alcohol, me tomé un vaso gigante de cerveza, quedé muy feliz y no sé cómo al otro día no me dio resaca”, mencionó, con risas tímidas, una de las clarinetistas de la banda. La sinfónica de Cajicá ganó en la categoría de la tercera división con un puntaje de 90,17, y dio conciertos en París, Bélgica y España. Para Oconnell fue una sensación indescriptible poder estar de pie en escenarios tan imponentes. “Ver a personas que escuchaban ‘Mi pueblo natal’ y lloraban, eso, como músico, es la expresión más linda que tú puedes ver”, dijo Oconnell recogiéndose las mangas del saco. “No cambio por nada la sensación de ver el público de pie aplaudiéndote”. La banda no tocaba solamente dentro de lujosos auditorios, también en hoteles y calles. Así fue en Brujas, en Bélgica, donde no solo comieron chocolates de toda variedad, sino también decidieron tocar en una avenida. “Comí tanto chocolate, porque era exquisito el sabor, que no quiero volver a saber nada de dulce”, mencionó Oconnell tapándose la boca y cerrando los ojos. Lo que la clarinetista sí extrañó de Colombia durante su estadía en Europa fue el arroz. Dijo que en todo el mes que estuvo por fuera del país no probó ni un grano. “Me encanta el arroz, en París me ilusioné porque por fin lo había encontrado, sin embargo era horrible, sabía a plástico”, menciono Oconnell. Durante su estadía en Europa, Oconnell se comunicó pocas veces con su madre, sin embargo el instituto de Cajicá hizo una emisión en vivo del momento en que la banda sinfónica tocó. Katerine asistió y fue de la única forma en que pudo volver a ver a su hija. Pelo negro liso, ojos cafés oscuros y grandes, piernas cortas, rostro ancho, dientes pequeños, al igual que sus manos, y uñas largas, así es la madre de Oconnell. Sin embargo, tan parecidas son que es como describir a la clarinetista de la banda sinfónica. “Dicen que somos muy parecidas y a mí me encanta, quiero parecerme a ella no solo físicamente si no también intelectualmente, es un ejemplo para mí, sé que no ha tenido una vida fácil porque le ha tocado trabajar muy duro, ella trabajaba en un aeropuerto ni siquiera tenía tiempo para mí, pero eso me motiva a dar lo mejor de mí”, afirmó Oconnell refiriéndose a la mujer que le dio la vida. También agregó que “este logro es únicamente para ella, por eso es que toco, para ver esa sonrisa en su rostro”. De pronto se escuchó una voz que llegaba del piso inferior al que donde estaba la clarinetista: La voz de mujer avisaba “María Alejandra es hora de la clase”. La artista se levantó del asiento y estiró su espalda. Oconnell, hija única, la cual no menciona nada acerca de su padre, se despide y se le pide que busque la ocasión para tocar en Cajicá. “No, yo por acá no toco, si quieres verme nos vemos en Europa” , dijo la joven artista riéndose y se alejó por el inmenso corredor. Al verla de espaldas solo se pudo percibir la enorme caja de cuero negra, en la que carga su instrumento, tapándole la cabeza.
- Así acudieron a las urnas los bogotanos y cundinamarqueses
Diana Bejarano, Daniela Ortegón, Juan Fernando García, Juan Gabriel Castro, Juan Camilo Zubieta García, Valentina Aguilera Paez, María Catalina Nieto Casabianca, Andrés Felipe Serrano, Sebastián Alexander Molina Niño, Julián Steven Tapias Alfonso < Volver Camera Así acudieron a las urnas los bogotanos y cundinamarqueses Diana Bejarano, Daniela Ortegón, Juan Fernando García, Juan Gabriel Castro, Juan Camilo Zubieta García, Valentina Aguilera Paez, María Catalina Nieto Casabianca, Andrés Felipe Serrano, Sebastián Alexander Molina Niño, Julián Steven Tapias Alfonso Las imágenes de cómo se vivió la Primera Vuelta Presidencial en los principales puntos de votación de Bogotá y los municipios aledaños. Anterior Siguiente
- Cristian Bonilla, una estrella del Futnet en Colombia
Cristian Bonilla, una estrella del Futnet en Colombia Daniela Cepeda Angueyra, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Cristian Bonilla, el joven deportista de la Selección Colombiana de fútbol-tenis, ha demostrado que cuando se ama lo que se hace, el dinero no es un impedimento para cumplir los sueños. Lea también: Laura Plazas, una campeona que va volando Compartir Foto: Juliana Hernández Al ver a Cristian por primera vez, es posible pensar que es una persona egocéntrica, por su refinada manera de vestir y su mirada coqueta. Sus rasgos físicos destacan a primera vista: ojos azules claros y cabello rubio ondulado, baja estatura y un cuerpo atlético. Suele usar una chaqueta de cuero negra ceñida al cuerpo, un saco delgado negro de cuello redondo, blue jeans y tenis deportivos, vestimenta que le da aires de ser un chico malo. Siempre está muy pendiente de su aspecto físico, le gusta verse bien en todo momento. A eso se añade el hecho de que es un deportista profesional, con grandes logros, pese a tener solo 22 años: cumplió su sueño de representar a Colombia en el mundial de futnet de mayores, el cual se disputó en Rumania en 2018, el primero en que un país latinoamericano participó. Al siguiente año, él fue líder del equipo en el mundial sub21 que se disputó en Eslovaquia. “Boni es una persona muy perseverante, que le entrega todo su tiempo y esfuerzo a lo que se dedica. Él es un ejemplo para el equipo de que con compromiso se logran grandes cosas”, comenta Edison Alfonso, el presidente de la Selección de fútbol-tenis y futnet Colombia. Cristian resulta ser, entonces, un joven muy sencillo y alegre, siempre dispuesto a ayudar en lo que puede. “Una vez no llevé útiles al colegio y Cristian, sin pensarlo, rompió su lápiz y me lo dio. Esa humildad fue la que me hizo entender que él era una gran persona", comenta Brayan García, amigo de la infancia. Desde pequeño, al joven oriundo de Chocontá le ha gustado mucho la actividad física y, más que todo, los balones. “Me llenaba la habitación de balones, los escondía debajo de la cama. Él siempre ha tenido el deporte en la sangre”, comenta su madre, Julieta Bonilla. Él siempre fue un niño muy alegre y extrovertido. A pesar de las dificultades, nunca dejó de sonreír. A la familia de Cristian nunca le ha faltado nada, pero sí han tenido que vivir con limitaciones. Son 6 personas y ambos padres ganan el salario mínimo, así que, en medio de tantos gastos, el dinero no alcanza para mucho. “Nos ha tocado duro económicamente y de pronto por eso no hemos podido apoyarlos más como nosotros queremos”, comenta la madre del jugador. Cuando llegué a la casa de Cristian fue ella quien me recibió y, sin dudarlo, me ofreció algo de tomar y comer. Ahí noté que la humildad, tan característica de Cristian, es gracias a la crianza de sus padres. Es por esa razón que él ha trabajado toda su vida para ayudar a sus padres a mantener económicamente el hogar. Ha sido mesero, asesor comercial y, actualmente, entrenador. Los inicios de una carrera comprometedora “El fútbol-tenis para mí es un estilo de vida, es una pasión que siento desde el primer momento que conocí este deporte”, dice Cristian, mientras me explica de qué se tratan el fútbol-tenis y el futnet, pues son deportes poco conocidos. La diferencia entre ambos es el tipo de cancha, las modalidades en las que se juega y también varían algunas reglas, pero la esencia es la misma. Él juega fútbol-tenis para tener las bases técnicas, pero compite en futnet, en la modalidad de triples. Colombia es pionera a nivel Latinoamérica en este deporte, siendo el único que tiene una selección avalada por la Unión Internacional de futnet y la Asociación Mundial de fútbol-tenis, además de Chile. Lastimosamente, no cuentan con el apoyo del gobierno, por no ser un deporte oficializado por el Ministerio del Deporte. En el año 2017, el deportista conoció el futnet, gracias a su amigo José Amortegui, en la Universidad Manuela Beltrán, donde ambos estudian Ciencias del Deporte. “Realmente, cuando conocí a Cristian sus habilidades para el fútbol-tenis no eran muy buenas”, comenta José. En su momento, el joven jugador pensó en retirarse del deporte porque le costaba mucho llegar al nivel de sus demás compañeros. Después de un año en el que el atleta entrenó fuertemente y con el apoyo de José, mejoró hasta el punto de llegar al nivel que le permitió entrar a la Selección Colombiana de fútbol-tenis. “Para mí, entrar a la selección fue algo que cambió mi vida, mi forma de pensar, de llevar mi diario vivir. Me ha vuelto más disciplinado y centrado en las cosas que quiero lograr en mi vida”, comenta el jugador. “Cuando me enteré de que él iba a viajar al mundial, me sentí súper orgullosa de saber que él vuela y vuela alto, pero también frustrada de que no le pude dar lo que él necesitaba y merecía”, comenta Julieta con la voz a punto de quebrársele. Aunque el jugador de la selección colombiana de futnet se sintió sumamente feliz cuando recibió la noticia de que iba a poder viajar, el sustento económico era algo que le preocupó mucho y temió no poder asistir. Pero este soñador siempre ha tenido un ángel que lo ha apoyado, Zayve Ocampo, a quien él reconoce como su madrina, pero que en realidad no tienen ningún parentesco. La conoció hace 6 años cuando fue a su restaurante en busca de un empleo y, con el tiempo, ella vio en él un joven con mucho talento, pero con pocas oportunidades, así que decidió ayudarlo. “Es una mujer que ha confiado plenamente en mí desde el inicio y me ha apoyado incondicionalmente en los momentos más difíciles de mi vida. Para mí es muy importante porque sin ella no hubiera podido lograr todo lo que he hecho”, comenta Cristian con un sentimiento de cariño y agradecimiento en su voz. Gracias a su madrina, él pudo asistir al Mundial de Rumania y fue ahí que se enamoró perdidamente del futnet. Antes lo veía como un pasatiempo, pero cuando compartió cancha con los mejores jugadores del mundo, se motivó muchísimo. “Se siente bonito cuando ves que todo el esfuerzo que has hecho para llegar a ese punto se ven reflejados, sentir el apoyo de personas de otras culturas que ni siquiera habían escuchado el himno de Colombia”, comenta el joven deportista con una sonrisa gigante, que refleja puro orgullo. "Logramos generar un cambio en el pensamiento de las personas que creían que Colombia era un país violento, lleno de drogas. Les demostramos que somos mucho más y que el deporte nos hace mejores personas”, dice Cristian, mientras me narra, extremadamente emocionado, lo que se sentía estar en un mundial. Él es un verdadero ejemplo de que con el deporte se pueden hacer grandes cosas, generar un cambio de verdad. El Futnet es más que un deporte El propósito de este atleta es hacer que el futnet sea más conocido y que lo apoyen más. "Yo quiero que este deporte lo conozca todo el mundo, que sea una base sólida de cultura, respeto y valores, porque es lo que ha generado en mí”, comenta. Lo que me pareció más atractivo de este deporte es que no implica ningún tipo de contacto físico, así que se generan buenas relaciones entre compañeros, al igual que con sus rivales. Sin embargo, ser deportista de alto rendimiento conlleva sacrificios. Con lágrimas en sus ojos, la hermana de Cristian, Andrea Correa, habla sobre lo mucho que quiere a su hermano y cuánto le afecta el hecho de que él casi no puede pasar tiempo con ella y con su familia: “me pone triste no poder compartir con mi familia entre semana porque, cuando llego, ya todos están dormidos. Los fines de semana a veces tampoco puedo porque estoy entrenando y trabajando”, comenta él. La pasión de este deportista por el fútbol-tenis y el futnet es tan grande que su sueño es que más personas lo conozcan y se dejen cautivar por él. “Me gusta decirles a las personas que con tan poca edad he podido conocer el mundo gracias a lo que amo. Yo creo que, si uno ama algo, puede realizar grandes cosas”, comenta el joven apasionado por el deporte. “Él me demostró que, si se es capaz, los sueños y las metas sí se cumplen. Nosotros venimos de muy abajo, donde los sueños son simplemente sueños, pero él logró demostrarme lo contrario”, comenta Brayan. A medida que Cristian me iba narrando su vida, comprendí que él es un ejemplo a seguir, de lucha y compromiso, que no hay obstáculo grande cuando se está luchando por lo que se ama. Él logró sacar su deporte adelante sin importar las adversidades que se le presentaron. Con un balón y un gran carisma, este joven soñador le ha demostrado al mundo entero que los sueños sí se cumplen. Aunque haya tenido muy poco, en realidad, lo ha tenido todo, el apoyo incondicional de sus seres queridos y un gran amor por sus deportes. Todo sus esfuerzos y sacrificios valen la pena cuando entra en una cancha.
- Así fue la jornada electoral en la Segunda Vuelta Presidencial
Juan Gabriel Castro, Laura Valentina Cuevas Santamaría, Maria Catalina Nieto Casabianca < Volver Camera Así fue la jornada electoral en la Segunda Vuelta Presidencial Juan Gabriel Castro, Laura Valentina Cuevas Santamaría, Maria Catalina Nieto Casabianca Las imágenes de cómo bogotanos y cundinamarqueses acudieron a las urnas en la Segunda Vuelta Presidencial. Anterior Siguiente
- Pretty - Frankey (Acústico)
Frankey, artista urbano colombiano, participa en este espacio de Backstage, el cual tiene por objetivo que las bandas y cantantes emergentes muestren su talento cantando sus mejores temas en versión acústica. Pretty - Frankey (Acústico) Frankey, artista urbano colombiano, participa en este espacio de Backstage, el cual tiene por objetivo que las bandas y cantantes emergentes muestren su talento cantando sus mejores temas en versión acústica. Compartir
- Unisabana Medios | Audios
Reportaje: Intercambios estudiantiles Valentina Sánchez Ramírez, Juliana Copo y Ángela Fernanda Pinzón, Comunicación Social y Periodismo Es un reportaje sobre la experiencia de cientos de jóvenes colombianos que salen a estudiar a otros países y de otro tanto número de jóvenes extranjeros que vienen con el mismo fin a Colombia. Ver también: Reportaje: Modelos de tallas grandes Compartir
- Unisabana Medios | Audios
Nadar por la vida es mi camino Juan Camilo Torres José Miguel Ramírez González, nadador diagnosticado con Síndrome de Down mosaico, nació para ser valiente: de todos los deportes que pudo escoger, se decidió por aquel que lo retara física y mentalmente, enfrentando a sus temores y ansiedades mientras cruza el agua. Ver también: Mi casa en Tauramena Compartir
- ¡Se olvidaron de los híbridos!
¡Se olvidaron de los híbridos! Santiago Bernhard, Comunicación Social y Periodismo Fecha: A pesar de la llegada de cada vez más coches híbridos, el gobierno colombiano se ha enfocado en generar beneficios únicamente para vehículos totalmente eléctricos. Lea también: La capital de los futuros sordos Compartir Foto: Wix A Colombia llegan cada vez más carros híbridos y eléctricos. Recientemente, llegó al país la RAVi4 por un valor de aproximadamente 135 millones de pesos colombianos; esta es una SUV híbrida adecuada para terrenos destapados con no dos, ni tres, sino cuatro motores: uno de combustión y tres eléctricos que, según Toyota, permiten una autonomía de 1.000 km en el modo eléctrico. Así como este modelo, han llegado una serie de coches híbridos que están pegando fuerte en el mercado colombiano, entre estos está el Toyota Corolla, el Kia Stonic, el Ford Escape, la Subaru Xv, el BMW 330e, entre otros. Todos ellos con la característica de ser híbridos; es decir, que tienen un motor de combustión y uno o varios motores eléctricos. Ante tal oferta de híbridos se hace necesario analizar las ventajas que estos proporcionan al usuario y las medidas que establece el gobierno colombiano para impulsar la venta de esta clase. En primer lugar, y uno de los motivos por el cual tener un coche híbrido va de maravilla, es que en algunas de las principales ciudades del país estos están exentos del pico y placa y del día sin carro . Otra de las ventajas es que emiten menos contaminación auditiva y de CO2, permitiendo promover una movilidad sostenible. El agregar un motor eléctrico a uno de combustión permite un rendimiento mayor, haciendo rendir más la gasolina y aumentando el alcance como potencia del vehículo. Sin embargo, no todo es positivo; aunque para muchos estas medidas son más que suficientes, hay que considerar el precio elevado de estos coches. Por ejemplo, el Corolla híbrido cuesta seis millones más que su hermano de combustión; la RAVi4 supera su versión de combustión por 20 millones; el BMW serie 3 del 2020 cuesta 130 millones, mientras que su semejante hibrido cuesta 152 millones de pesos colombianos. El caso más extremo es quizás el de la Volvo XC40, la versión normal tiene un valor de 115 millones mientras que su versión híbrida alcanza la absurda suma de 200 millones. Estos altos precios asustan a más de una persona y, siendo sincero, por estos valores se pueden comprar dos excelentes coches y turnarlos para el pico y placa. Es aquí donde el gobierno colombiano debe buscar la promoción de coches híbridos y eléctricos. De ahí que se estableciera la ley No. 1964 del 11 julio de 2019, que busca promover el uso de vehículos eléctricos en Colombia, reduciendo sus impuestos a un 1%, 0.5% menos que cualquier otro carro inferior a los 46 millones o 1.5% para vehículos entre 46 y 104 millones, y 2,5% en caso de superar los 104 millones de pesos colombianos. El problema yace en que esto solo beneficia a los coches eléctricos, olvidando los híbridos, cuya oferta está en aumento y permiten un paso hacia los eléctricos. Adicionalmente, he detectado una serie de problemas en torno a los coches eléctricos. Así como resaltamos la RAVi4 de los híbridos, el coche eléctrico resaltado en Colombia es el Renault Zoe. Un vehículo pequeño con un diseño parecido al del Renault Sandero con la diferencia de que es completamente eléctrico, tiene detalles que lo hacen ver más moderno y que cuesta 60 millones más. Con la reducción del impuesto, uno pagaría el 1%; en el caso del Zoe ese porcentaje equivale a 800 mil pesos. Como comparación, el dueño de un Mercedes Benz E200 del 2014, que es un coche de alta gama y lujoso, paga los mismos 800 mil pesos de impuestos por una máquina más lujosa, más veloz y mucho más bonita. A nivel internacional uno de los problemas para implementar la movilidad sostenible es la falta de infraestructura. En Suiza, un país de 8.5 millones de habitantes, hay, según European Alternative Fuels Observatory , alrededor de 7.000 puntos para recargar coches eléctricos e híbridos y muchos siguen pensando que son demasiado pocos para toda la población. En Bogotá, una ciudad con 7,7 millones de habitantes, hay, según Enel, 57 puntos de carga que, al revisar, tienen quejas porque solo son permitidos para cargar coches públicos o taxis. Y así quieren que las personas compren carros eléctricos de 100 millones de pesos colombianos. Otra comparación interesante es con Holanda, que pretende para el 2030 suspender la venta de automóviles de combustión. En Alemania y Suecia la meta es similar. Y aunque el objetivo de Colombia no está lejos de estos países: ir sacando los vehículos de combustión para el 2030, hay que considerar que países como Alemania, Holanda, Suecia, Noruega, entre otros, llevan beneficiando los usuarios de híbridos y eléctricos desde hace casi una década. En Colombia hasta ahora se está abriendo este mercado de híbridos y lo quieren saltar. Me recuerda aquel refrán alemán que decían los abuelos, “el que rápido a la meta quiere llegar, tiene que ir despacio”. En Colombia, por querer hacer más, e igualarse con el viejo continente, no están permitiendo que crezca de a poco el mercado de los híbridos y eléctricos de la mano de la infraestructura necesaria para implementar esta tecnología renovable. Quieren correr sin haber aprendido a gatear, quieren un país sostenible con coches eléctricos sin haber aprendido a aprovechar y crear políticas correctas para los híbridos que están abriendo el mercado. Y, aunque las políticas parecen determinadas a meterle la ficha a la energía renovable, obligando a reemplazar los vehículos públicos de combustión en el 2030 en su totalidad a transporte con energía renovable, la esperanza de que esto suceda es mínima, pues, como siempre sucede en Colombia, se termina perdiendo el dinero y las ideas en las manos de la corrupción y procesos legales eternos.
- De vuelta del inframundo
De vuelta del inframundo Laura Bedoya Díaz, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Alberto López de Mesa deambuló 15 años en el Bronx por adicción al bazuco y hoy vuelve a palpar el inestable borde de la sobriedad en los teatros. Lea también: 'Dos años después del Bronx' Compartir Foto: Alberto López de Mesa está con uno de los 9.538 habitantes de calle en Bogotá. Crédito: Alberto López de Mesa ¿Conoce usted a el creador de los pingüinos de Bonice, a uno de los colaboradores de la famosa campaña contra las enfermedades de transmisión sexual en los 90’s llamada “Sin preservativo, ni pío”, al creador de numerosas obras de títeres como “El último árbol”, al columnista de El Espectador conocido por generar controversia y a un exhabitante de calle que fue candidato a la Cámara de Representantes de Bogotá? Estamos hablando de la misma persona, Alberto López de Mesa. Samario de nacimiento, pero bogotano por destreza, es este arquitecto de la Universidad Nacional. Un personaje que, sin lugar a dudas, aprendió de la vida en las calles y que hoy, después de casi 15 años, vuelve a palpar el inestable borde de la sobriedad. Al llegar a un pequeño teatro ubicado en el centro de la capital donde se ensaya la obra “Joaquín y el agua”, veo al maestro , como lo llaman los demás titiriteros. Está recostado en una de las sillas del lugar. ¿Estará dormido?, pienso, pero lo cierto es que nota que he llegado. Me hace una señal de saludo levantando la cabeza, pero sigue en lo suyo: duerme a medias mientras los otros ensayan. A ratos ojea una que otra acción de los titiriteros y vuelve a caer. Alberto llevaba una vida de distinciones y éxitos, pero por descuidos de la vida llegó a vivir en las calles más temidas de la ciudad de Bogotá. “No me acuerdo de la primera vez que consumí cocaína, pero sí me acuerdo de la primera vez que consumí bazuco ”, dice él, aclarando que la palabra debería ser escrita con “s” y no con “z” porque el bazuco viene de base. Fue en una de las tantas fiestas que se organizaban en el entorno de la publicidad. Se acabó la cocaína a la una de la mañana y uno de sus amigos dijo que tenía algo más fuerte: bazuco. Desde ahí, e incluso desde antes, él empezó a abrir un espacio para el consumo de distintas drogas. “Yo consumía con inocencia”, dice él. Después de algunos minutos sentada, en los que Alberto sigue soñoliento mientras se ensaya la historia de “Joaquín y el agua”, este señor de tez morena y barba blanca se levanta. “Hoy no es mi mejor día, estoy muy adolorido” me dice, mientras yo me cambio de silla para sentarme a su lado. A pesar de su situación de salud, de sus pocas fuerzas al caminar y de su tos constante, Alberto está en el teatro para sacar adelante esta obra que escribió hace siete años y que tanto hoy como en su pasado deja un importante legado de cuidado ambiental en las familias y niños que se sientan frente al teatrino. Este hombre cambia y entrecruza sus piernas al ritmo en el que inicia una nueva idea. Cuenta las dos veces en la que la vida le jugó sucio sin echar paso atrás. La primera fue cuando gastó todo lo de la matrícula de su hija Paloma en drogas, dejando el dinero del pregrado, que sería destinado a la Universidad de Los Andes, en las ollas de la capital. “Uno es muy estúpido”, dice el columnista de El Espectador mientras pasa la mano derecha por su cara con poca delicadeza. La segunda vez, cuenta Alberto nombrando cada detalle, fue cuando toda su carrera y su prestigio se fueron al piso por un cargo de asesinato que le imputaron, llevándolo un año tras las rejas. “Mataron al jíbaro en mi cara”. Alza los brazos y abre los ojos pausando su respiración. “Yo me quedé quieto”. “Fue un hecho doloroso para él”, dice Hernán Cortés, uno de los tantos colegas que, por más de 40 años, ha permanecido en la vida de López de Mesa. En Bogotá hay 9.538 habitantes de calle. De ellos, el 38,3% ha llegado a esas circunstancias por problemas con sustancias psicoactivas y el 32,7% por conflictos o dificultades familiares, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Alberto López de Mesa cayó en las drogas por lo primero y no había podido mantenerse sobrio por lo segundo. Hernán Cortés cuenta que, como amigo cercano, sabe cuándo él está bien y cuándo está mal y dice que ha sido cuestión de familia, de afectos y desafectos que retornaban a Alberto al inframundo. Terminado el ensayo de la obra, Alberto se dispone a hacerle las aclaraciones pertinentes a los titiriteros. “¿Cómo le pareció, maestro?”, pregunta uno de ellos. Alberto les dice que está bien, pero que hay cosas por mejorar, a la vez que les explica cómo diferenciar las voces entre los personajes y cómo levantar más los títeres para un mejor ángulo de vista. Aunque hacía muchos años no veía una obra de este género, con “Joaquín y el agua” pude volver a sentir, como cuando era pequeña, que un muñeco tenía vida. El creador de los famosos pingüinos de Bonice pasó por muchos centros de rehabilitación, pero solo por supervivencia. “Yo soy malo para dormir en la calle”, dice cambiando la posición de sus piernas y añade: “los centros de rehabilitación son negocios, son chimbadas. Mientras que la persona no tenga un apoyo afectivo y una estabilidad, es muy difícil rehabilitarse”. Tose y aclara: “el afecto y la inclusión social es la mejor terapia”. No obstante, frunciendo el ceño y tocándose constantemente la nariz, el compositor dice, detenidamente y alzando la voz un poco más de lo normal, que el 28 de mayo de 2016 él iba decidido a consumir y una cuadra antes de llegar al Bronx vio como de camiones bajaban numerosos policías y empezaban a desalojar el lugar. Recuerda tanto aquel día que hace una pausa para aclararme que estaba vestido de azul. “Nunca había visto tanto policía junto, me tocó irme”. Según Alberto, un habitante de calle necesita, por lo menos, 10 o 15 papeletas de bazuco diarias. El bazuco, dice, no es solo para pobres, porque cada papeleta está entre 4000 y 6000 pesos. “La mayoría de estas personas optan por el rebusque para subsistir entre calles”. Después de unos avisos parroquiales sobre las presentaciones que se avecinan y algunas cosas que faltan por hacer, el maestro se monta en el escenario con cierto esfuerzo, ya que tiene una leve discapacidad en su pierna derecha. Le indica a uno de los titiriteros de forma práctica qué puede hacer para mejorar la narrativa de aquella obra. “Él es muy pulido, exigente y pulcro. Le gusta que las cosas le salgan bien” dice, Hernán. Este escritor de cuentos, canciones y obras está “maluco”. Pálido, les explica a sus pupilos. No puede durar mucho tiempo hablando porque empieza a toser. “Es muy descuidado. Me preocupa su salud”, dice Liliana Moreno, una vieja amiga de antaño con la que tuvo una relación sentimental. Liliana dice que la calle le enseñó a este hombre un poco de humildad. Lo tilda, con un poco de timidez y pausa en lo que emite, de ser en su pasado “un poco picado, pero es un gran hombre”. Alberto, después de 15 años en las calles, contactó a Liliana para volver a hacer nuevos proyectos con títeres, labor que ella ya había dejado hace algún tiempo. Ella, con una leve sonrisa, con su cabeza reposada en sus brazos y con una pausa entre sus palabras me dice “él me volvió a recordar que yo era titiritera, me recordó qué era lo que me gustaba”. Ahora, Alberto sigue su vida de “rebusque”, pero en el teatrino. Su columna en El Espectador, un nuevo libro en el cual fue coautor llamado “La vida desde las calles” y una esperanza de iniciar a trabajar en IDIPRON (Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud) dando clases a habitantes de calle y demás, son su sustento. Este personaje ya no recorre las calles del Bronx, sino los pasillos de teatros de Bogotá.
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