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- Tomás Guerrero: una revelación del talento colombiano
Tomás Guerrero: una revelación del talento colombiano Paula Andrea Vargas Pedraza, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Con solo 17 años, este piloto ha sobresalido en el mundo del karting, una disciplina del automovilismo que lo ha llevado lejos. Lea también: 'Cajicá, el primer colombiano en terminar un Rally Dakar' Compartir Foto: Foto: Paula Andrea Vargas Pedraza Cuando escuché el sonido que hace la llave al introducirse en la cerradura, supe que Tomás había llegado. Abrió la puerta y como una persona segura y carismática, caminó hacia mí para saludarme. Pude ver su sonrisa dibujada perfectamente en su rostro. Enseguida saludó a su madre, quien estaba sentada a mi lado y, minutos antes, me había dejado entrar a su casa. Después me dirigió su mirada nuevamente y me invitó al estudio para realizar la entrevista. Mientras nos ubicábamos logré observarlo detenidamente. Tenía el pelo marrón, crespo y despeinado por el viento. La tonalidad oscura de sus cejas pobladas, al igual que la de sus ojos, contrastaban con su tez blanca. Me sorprendió su estatura. Era tan alto que al pararme junto a él, mi cabeza rozaba con su hombro. Traía puesto su uniforme de karting, aquel que, desde hace un año y medio, porta con orgullo y lo identifica con este deporte. Tomás es un adolescente de 17 años de edad que, según Laura Guerrero, su hermana mayor, se caracteriza por su carisma, su humor, pero más que todo por su alegría: “es una persona que irradia felicidad, su lema siempre ha sido ser feliz en la vida”. Le pregunté si en algún momento de su vida pensó que iba a convertirse en kartista. Me impactó cuando él, con la firmeza que lo caracteriza, respondió que fue algo que nunca se imaginó, pues cuando era pequeño no le interesaban los karts. Arrancó a contar sobre sus inicios: “empecé principalmente gracias a mi papá, él me llevaba mucho a las pistas de karts y un día, cuando decidí intentarlo solo por curiosidad, me enamoré del deporte y estoy en esas desde ese momento”. A su corta edad, ha sido tres veces ganador del premio a mejor novato y se ha destacado en campeonatos a nivel internacional, como el Rotax Max Challenge U.S Open, y a nivel nacional, el Rotax Max Challenge Colombia. Este joven, que además corre en el equipo CRG, marca campeona a nivel global en karts en el 2017 y 2018, contó que practica esta disciplina del automovilismo no solo por pasión sino también porque aspira a convertirse en uno de los mejores kartistas del mundo y dejar una huella imborrable en el corazón de los colombianos. En medio de un intercambio de risas, le pedí que me describiera lo que sentía cuando se montaba en un kart a competir. Cerró los ojos, como reviviendo ese momento otra vez, y mientras los volvía a abrir, observé el gesto de satisfacción que se reflejaba en su cara. “Es la mejor sensación, más aún cuando es la pasión de uno, es súper chévere ir a toda velocidad en la recta, a más de cien kilómetros por hora, es muy bacano”, dijo. Más allá del karting Desde que era un niño ha tenido una afición por los rompecabezas. Armar una figura que se encuentra desordenada o dividida en trozos es para él algo innato. Entusiasmado, interrumpió nuestro encuentro y se puso sobre las puntas de los pies para alcanzar uno de los catorce cubos Rubik que tenía ordenados en una repisa. Este en particular estaba formado por cuatro esquinas pequeñas, cuatro grandes y seis aristas. Al pedirle que lo armara, fue impresionante ver la agilidad que tenían sus manos y la precisión en cada uno de sus movimientos. Lo armó en quince segundos. Entre tantas anécdotas sobre su vida, me relató cómo esta ha sido una provechosa mezcla entre el deporte, la música y el estudio, por mencionar algunos de los ingredientes. Sin duda, Tomás es un adolescente polifacético. Además de los karts, mencionó su adoración por el motocross y el voleibol, y contó, con sencillez y humildad, que recibió reconocimientos por su exitoso desempeño en ambos deportes. En el ámbito musical tampoco se quedó atrás. Su abuelo fue músico y lo inspiró a tocar el saxofón. Un instrumento común, con forma de tubo cónico ensanchado en un extremo, pero que utilizaba para expresar y despertar emociones extraordinarias. Hizo parte de la Banda Sinfónica del Colegio San Jorge de Inglaterra, en donde cursa undécimo grado actualmente, galardonada en los más importantes concursos de bandas a nivel distrital y nacional. Natalia Martínez, su madre, destaca en él su entrega con las cosas que le gustan, en especial los deportes: “es un niño que lucha por lo que quiere, y cuando le gustan las cosas siempre se va hasta lo último para ser el mejor”. La familia es, para Tomás, su mayor fuente de inspiración. La describió como un pilar fundamental en todo este proceso. Por un momento, recordó con nostalgia que uno de los episodios más difíciles de afrontar fue la muerte de sus abuelos, pero orgulloso a la vez, narró cómo el karting, además de ser su afición, ha sido una manera de homenajearlos. “Compito con el número 49 porque tiene un significado especial: el 4 representa el día que murió mi abuelito, igual que el 9, que fue el día que murió mi abuelita, es una forma de conmemorarlos”. Dejando huella Su corto, pero exitoso trayecto en el karting ha sido difícil. Confesó que desde que se involucró en el karting ha sido objeto de críticas destructivas por parte de algunas personas del kartódromo e incluso de sus amigos. Sin embargo, a pesar de su corta edad, aprendió a no dejarse afectar por esto y ahora se muestra fuerte y convencido de su talento: “dicen que esto no es un deporte de verdad porque no hay actividad física y cuando gano siempre dicen que mi motor es mejor, pero uno tiene que demostrar que uno es capaz de cualquier cosa”. El futuro de Tomás es incierto. Aunque en Junio irá a Italia a trabajar con CRG, la marca con la que corre, espera convertirse en un campeón mundial de karts, Y enfatizó en la importancia de estudiar una carrera profesional. “Sinceramente no sé si me voy a dedicar a los karts, si me obligan a dejar el estudio lo tendría que pensar mucho, pero si no es necesario dejarlo haría ambas, hay que esperar que pase algo extraordinario”. Tomás se ha convertido en una revelación del talento colombiano y un referente para muchos jóvenes que quisieran seguir su consejo: “practiquen lo que les guste, si es un deporte háganlo, no se dejen llevar por lo que los comentarios negativos de la gente, solo luchen por sus sueños”.
- Volar un helicóptero Black Hawk no distingue el género
Volar un helicóptero Black Hawk no distingue el género Diana Marcela Bejarano Ritacuba, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Viviana Yesenia Forero, oficial del Ejército es la primera mujer piloto de un helicóptero Black Hawk. Es una mujer pionera en un área, hasta hace poco, reservada a varones. Lea también: Laura Plazas, una campeona que va volando. Compartir Foto: Diana Bejarano Esta mujer de mirada dulce, pies firmes, carácter fuerte y capaz de lograr lo que se propone es la inspiración de otras muchas jóvenes que le siguen los pasos en esta difícil carrera. Con apenas 25 años, nacida en Cajicá, ella es considerada como un referente para muchas que se abren campo en áreas en las que no tenían cabida hace muy poco tiempo. La motivación para convertirse en militar surgió de su padre, quien tuvo contacto con la institución cuando prestó servicio militar y luego como agente de la Policía Nacional. Esta formación fue una influencia que le hizo surgir el amor profundo de servirle a la Patria y estar siempre al servicio de la población civil, según relató. El ejemplo paterno fue definitivo para saber desde muy pequeña lo que ella quería ser en el futuro: “Estoy completamente apasionada y comprometida con el servicio hacia nuestra patria” , esa es la razón principal por la que quiso pertenecer al Ejército Nacional. Muchos pensarán que por ser mujer quizá haya afrontado episodios de machismo o discriminación. Pero su experiencia ha sido muy diferente. En su concepto, el Ejército Nacional ha venido abriendo las puertas de las diferentes especialidades, no solo a ella, sino a las demás mujeres que en los últimos tiempos se han incorporado para que sean parte activa del Ejército en todas sus especialidades. En esta transición, las mujeres se entrenan y se capacitan igual que los hombres y realizan las mismas funciones. Por ello, Forero considera que este proceso es más una transición para saber si realmente se realiza el mismo trabajo. Pero también lo ve como una responsabilidad para las mujeres que son pioneras y que están abriendo campo en esa especialidad, porque se trata de demostrar que tienen la misma capacidad de los hombres. Ella afirma que, en este caso en particular, volar un helicóptero Black Hawk no distingue en ningún momento el género; es demostrar que las mujeres tienen las mismas capacidades que tienen los hombres . Mientras pronuncia las palabras Black Hawk su rostro se muestra un poco más alegre y sus ojos se llenan de ilusión. Recuerda la primera vez que lo voló y sin duda refleja un cambio de humor. El helicóptero Black Hawk es una aeronave con capacidades de hacer infiltraciones, rescates, evacuaciones aeromédicas, transporte, extinción de incendios y ataques, razón por la cual se convierte en ficha importante para el Ejército Nacional. El helicóptero UH-60 Black Hawk, de origen estadounidense, es una de las armas que más significado tiene en Colombia, pues aparte de su utilidad táctica y logística, fue clave en la ventaja militar para reducir las amenazas contra el Estado y la sociedad durante las etapas más cruentas del conflicto, y su uso sigue teniendo vigencia. ¿Cómo hizo la joven Forero para cumplir ese sueño de volar? Cabe resaltar que llegar a la aviación del Ejército Nacional se logra por méritos. Y solo los que tengan los mayores son los llamados. La teniente había escogido inicialmente la especialidad de inteligencia militar y allí en su unidad le iba muy bien en su trabajo. Esta aventura se inicia cuando sus comandantes vieron en ella las cualidades y capacidades que la destacan sobre muchos de sus compañeros, por lo que la enviaron como candidata para presentar las pruebas para el curso de piloto. Todas las personas llegaron de la misma manera a la Escuela de Aviación del Ejército Nacional. El proceso de selección tardó entre dos meses y medio o tres meses, luego del que se definen las cualidades físicas, psicológicas y médicas, en las que se debe obtener una evaluación del 100% para ser elegido . Tras este proceso, el perfil de la teniente fue considerado apto para comenzar el curso de piloto. Al transcurrir unos cuantos minutos de la entrevista con Forero, el ambiente se volvió más agradable; así que empezamos a hablar un poco de su experiencia en esta aventura. Ella tomó el curso básico de Piloto Militar de ala rotatoria, que dura nueve meses, dividido en 6 fases; una de tierra y 5 de vuelo. Inicialmente en la etapa de tierra se obtienen los conocimientos básicos que debe tener un piloto acerca de temas aeronáuticos y los conceptos básicos de la aeronave que se va a volar. En su caso, el helicóptero TH-67 Creek. Luego de aprobar los exámenes teóricos y sobre las condiciones de tierra puede pasar a lo importante: las diversas fases para lograr sentarse en el puesto del piloto. Cada uno de los pasos va de acuerdo a un nivel de eficiencia y conocimiento que debe ir adquiriendo. En la segunda fase de vuelo se realiza una ceremonia, muy significativa para los aspirantes pilotos, que se llama “el vuelo solo” , que es el primero en el que no va el instructor sino el alumno junto con otro compañero, que también está en proceso de aprendizaje. Ahí es cuando se ponen a prueba todos los conocimientos. Para Forero fue un vuelo muy bonito, una experiencia única, en particular porque tuvo la oportunidad de estar acompañada por gran parte de su familia. Tras el vuelo, la ceremonia continúa con una tradición que consiste en beber un trago amargo y otros rituales que quedaron guardados en el recuerdo, según relata, mientras hace un leve suspiro y deja ver su sonrisa. Posteriormente, continúan las siguientes fases de vuelo hasta la última que se denomina “fase nocturna”, que como su nombre lo indica, se trata de volar de noche. Los vuelos previos son de reconocimiento para ambientarse a lo que sería esta experiencia completamente diferente a hacerlo de día, ya que de noche los objetos pierden su forma, su color… Después de esos vuelos de ambientación viene a hacerlo con el lente de visión nocturna, que en la aviación del Ejército Nacional consiste en la mayor capacidad que tienen los helicópteros Black Hawk para realizar este tipo de vuelos. Luego de este primer curso viene ahora sí el de piloto de Black Hawk, en el batallón de entrenamiento del Ejército Nacional, que dura aproximadamente 3 meses. Como el anterior, este nuevo curso tiene una fase inicial de tierra, para conocer todo lo básico de este helicóptero y empezar a entender el funcionamiento del vuelto. Luego seguirán las fases de las misiones de vuelo. Habiendo atravesado todas estas fases, finalmente, logró culminar satisfactoriamente este curso y es así como se convirtió en la primera mujer piloto de helicóptero en la unidad Black Hawk del Ejército Nacional. En esta etapa de formación y carrera profesional como piloto, su familia ha sido un pilar muy importante. Muy emocionada, como un niño al recibir un juguete nuevo, o con el mismo entusiasmo de decir que es la primera mujer piloto del Ejército Nacional afirma: “mi familia lo ha sido todo en mi vida, sin mi familia, no estaría donde estoy”. Desde el inicio, cuando quiso entrar el Ejército Nacional, esto se convirtió en un reto tanto personal como para su familia. Por ello, afirma que todos esos reconocimientos y títulos que ha recibido no son más que por ellos y para ellos, porque son las personas que han estado constantemente apoyándola desde el inicio. Recuerda que se presentó dos veces a la Escuela Militar, ya que la primera vez no pudo pasar, sin embargo, considera que todo tiene un principio y un fin, así que la teniente no hallaba en su vida otra cosa que ser militar y pertenecer al “glorioso Ejército Nacional”, como ella misma lo denomina. A lo largo de su carrera militar ha vivido todo tipo de experiencias. Una positiva, que recuerda con orgullo y pasión, es haber realizado el curso de paracaidista militar. El hecho de saltar de un avión al vacío es una cosa realmente impresionante, afirma con una voz de felicidad. “Es un curso muy bonito, una experiencia bastante emocionante, con adrenalina al 100%” , recuerda. Para ella, ese curso fue algo muy arriesgado que realizó y que volvería a hacer sin pensarlo dos veces, pues algo que caracteriza a la Teniente es el coraje y la valentía para realizar las cosas. Por otra parte, Forero no califica algunas experiencias como negativas, sino como “de emergencia”, como cuando el helicóptero que piloteaba sufrió una baja de potencia en uno de los motores durante un vuelo en el Catatumbo. Fue una situación complicada por las condiciones del terreno, la presencia del enemigo… Entonces esa fue una situación en su momento bastante impactante”, termina mientras su voz se torna un poco perdida y su rostro, algo confundido. A pesar de los obstáculos que ha tenido en su corta pero muy enriquecedora carrera, nunca se le ha pasado por la cabeza retirarse de la milicia. “Realmente esto es lo que me apasiona y lo que me complementa”, afirma Forero. Además, la labor que realiza en la aviación es apoyar a los soldados en el área de operaciones. Realmente es muy gratificante para ella, como mujer y militar, llegar hasta ciertos lugares a los que solamente han ido hombres, poder llevar allí el lema que tienen en la aviación del Ejército Nacional: “Ser las alas en las botas de los soldados” (…). A Forero le apasiona realizar esa labor, y lo hace con mucho amor y pasión, motivo por el cual nunca llegará a retirarse por voluntad propia. Cabe resaltar que es difícil en ciertos momentos que la familia esté lejos, que las fechas importantes como Navidad o cumpleaños no pueda compartir con ellos, pero es algo que desde que la Teniente entró a la escuela, la familia lo sabe. Forero entró al Ejército Nacional con la única misión de servir, servir a la patria y servirle a nuestro país. En cuanto a sus miedos, no son por su profesión, sino algo más personal, como perder a un ser querido, eso es a lo que más le teme en estos momentos de su vida, pues ella sabe que a pesar de no compartir algunas fechas importantes con su familia o no estar siempre en contacto físico, ellos significan mucho para ella. Finalmente, los proyectos de la teniente Forero están enfocados en la aviación. Su meta será convertirse en piloto instructora de Black Hawk , pero sabe que para lograrlo primero debe ser piloto al mando. Esta aeronave cuenta con dos pilotos, y al que le corresponde el mando es el que tiene la responsabilidad y el que toma las decisiones. Por ahora, Forero es piloto, la que ocupa la segunda silla. Así que debe cumplir con ciertos requisitos de horas y ciertas condiciones de aptitud para ser ascendida a piloto al mando y posteriormente aspirar a convertirse en piloto instructora de Black Hawk , algo en lo que también seguramente será pionera entre las mujeres. La teniente, como se diría en Colombia, es una mujer “echada pa’ lante’”, que no le teme a las adversidades y para quien las oportunidades son un desafío, se ha convertido en ejemplo a seguir para muchas mujeres que se encuentran en el Ejército Nacional.
- Bebidas que mantienen vivas las tradiciones colombianas
En este capítulo, hacemos un recuento de los edificios que, en Bogotá, son referentes arquitectónicos. Además, te contamos sobre una nueva iniciativa que busca aumentar la lectura en Transmilenio. Bebidas que mantienen vivas las tradiciones colombianas Luisa Fernanda Ardila Díaz, Andrea Carolina Duque Londoño, Daniel Fernando Clavijo Bolivar, Yuliana Cepeda Puentes , Cristian Moreno Garzón, Valentina Rodriguez Pinzón, Camila Jurado Cuartas, Silvia Gabriela Salas, Silvia Catalina Pinzón Meza, Diana Paola Rodriguez, Andrés Felipe Mora Martínez, Karen Valentina Correa Gómez, Juan Esteban Neira Aguirre, Valentina Maya Urrego, Laura Camila Hinojosa Urbina, María Lucía Castañeda Ballen, María Fernanda Pacheco, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo. En este capítulo, hacemos un recuento de los edificios que, en Bogotá, son referentes arquitectónicos. Además, te contamos sobre una nueva iniciativa que busca aumentar la lectura en Transmilenio. Ver también: ¿Cuáles son las implicaciones de la donación de óvulos? Compartir
- Francia Márquez, la mujer que hace historia
Isabella Durán Rubiano < Volver Francia Márquez, la mujer que hace historia Camera Isabella Durán Rubiano La lideresa afrodescendiente Francia Márquez obtuvo más de 705.000 votos en las consultas interpartidistas del domingo 13 de marzo. Ver también: Ver también: Márquez recibió el Premio Goldman Environmental Prize en Estados Unidos, que es el equivalente al Nobel medio ambiental. Dos de sus principales banderas son la lucha por la igualdad de género y la garantía de derechos para todos. En Ruta 45, les contamos parte de su historia.
- El sobrecosto que deben asumir los productores se ha convertido en el mayor problema del campo colombiano
El sobrecosto que deben asumir los productores se ha convertido en el mayor problema del campo colombiano Sara Liliana Lepesqueur, Laura Vanesa Barrera, Ana María Cuervo y Laura Angélica Lenis Sara Liliana Lepesqueur, Laura Vanesa Barrera, Ana María Cuervo y Laura Angélica Lenis Entre diciembre de 2021 y enero de 2022, los insumos que utilizan los campesinos para cultivar han aumentado entre 43% y 60%. Haz clic para acceder al contenido Ver también: ¡Manos al campo! Compartir
- La historia del paraciclista Sergio Minas
La historia del paraciclista Sergio Minas Juanita Builes Gallo, Ana Sofía Botero Ruiz, Juan Diego Cortés Amaya, Santiago Caicedo Daza, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo El suboficial retirado del Ejército Nacional fue víctima de una mina antipersona. Para empezar una nueva vida, la bicicleta de mano y ciclismo paralímpico se convirtieron en sus mejores aliados. Ver también: Colombia, exportador de los mejores ciclistas del mundo Compartir
- ¡Hay cacho en la manga!
¡Hay cacho en la manga! Silvia Avella Bernal, Comunicación Social y Periodismo Fecha: El coleo, una actividad autóctona de los Llanos Orientales, se ha convertido en un negocio que impulsa económicamente a los departamentos, gracias a su atractivo turístico. Lea también: "Detrás del tono crema de la leche fresca" Compartir Foto: Foto: Silvia Avella Bernal En medio de la majestuosa sabana de los Llanos Orientales se escuchan los gritos de cientos de personas. “¡Campana!”, dicen al unísono, cuando el coleador en una faena le da una vuelta al toro. De fondo se percibe la inconfundible música llanera, canciones del Cholo Valderrama, Walter Silva y Reynaldo Armas, las cuales hacen que se emocione aún más el público. Esto es la manga de coleo, el lugar donde los llaneros aprecian su deporte autóctono. A lo largo de 330 metros se observan dos hombres, el coleador y el encajonador, montando sus caballos de raza ‘Cuarto de Milla’. De repente, se abren las puertas del corral y sale estrepitosamente una res de aproximadamente 400 kilos. El público emocionado grita: “¡Hay cacho en la manga!”. Y en cuestión de segundos el coleador toma la cola del toro y, con empuje y fuerza, hala hasta lograr voltear la res. Acaba de volcar el equivalente a una moto ‘Harley’. Mientras tanto, en la gradería los espectadores aplauden, cantan, aprecian los caballos y comentan las faenas: “Pija pariente, qué jalonazo”. En la manga de Trinidad anuncian al siguiente coleador: Yonency Cuevas, más conocido como ‘Criollo’. Él y su caballo van directo a la arena de la manga y allí hacen una espectacular faena con dos campanas, una en primera zona que le suma 20 puntos, y otra, en segunda zona que le agrega 10. ‘Criollo’ es conocido así por haber nacido el 20 de julio, el día del grito de independencia, y ser la representación misma del hombre llanero. Nació en el municipio de Trinidad, ubicado a 2 horas de Yopal, Casanare. Él ha estado inmerso en el coleo desde los 9 años. “Desde que tengo uso de razón ando en un caballo”, cuenta Yonency con orgullo. Este hombre de tez blanca y sonrisa amable, quien no suelta su sombrero criollo, fue ganador del Mundial de Coleo en el 2014, junto a su caballo castaño Corazoncito, el cual falleció un año después de haber ganado la competencia. “Ha sido una de las cosas más tristes de mi vida, que se me haya muerto mi caballito”, expresa Criollo . Cuando obtuvo el mundial era el alcalde de su municipio Trinidad y consiguió el triunfo estando en uno de los clubes de coleadores más antiguos de Colombia, Club las Panteras, fundado en el 2000 por su abuelo Publio Amaya. Después de la faena de Yonency en la manga de Trinidad, el narrador anuncia a Ángel Zambrano, la leyenda del coleo. El público se emociona y cuando entra Ángel con su caballo los espectadores le tiran ponchos, sombreros y pañuelos. Él, como de costumbre, hace una magnífica faena. Al ser el ganador de cuatro mundiales de coleo y llevar más de 40 años en este deporte, Ángel, conoce perfectamente todo del mismo. Vivió el coleo desde sus inicios, cuando era una faena diaria en las fincas ganaderas del llano. En esas épocas, los ganaderos se levantaban a las tres de la mañana con el hermoso amanecer llanero - el sol apenas saliendo y los tonos del cielo entre naranja y amarillo - a recorrer el hato y a arriar su ganado. Ensillaban y montaban sus caballos. Llevaban consigo poncho, sombrero, rejo y pollero (una funda con carne y patacón) para su día de trabajo en medio de la sabana. Cuando se encontraban sedientos bebían agua de ríos o caños, la cual colaban con sus ponchos o sombreros. Transportaban el ganado de un lado a otro, con el fin de dejarlo en el corral. Sin embargo, cuando un toro intentaba salir del rebaño, el ganadero apresuraba su caballo, tomaba la cola del toro y le daba un jalonazo hasta derribarlo, así lo enseñaba a no abandonar su manada. Una vez la res era coleada no volvía a intentar escaparse. Por lo tanto, el coleo procede del trabajo llanero; en palabras de Ángel, “este deporte viene de la forma que trabaja uno en los hatos”. En las graderías de la manga de Trinidad la emoción es indudable, todos los espectadores visten con poncho, sombrero y alpargatas, vestimenta típica de la región. Cantan los coros de su música autóctona: “Soy coleador de mi pueblo y no lo niego, mi gran orgullo es tumbar a un toro bravo”. Los niños y jóvenes disfrutan cada faena entre risas y aplausos. Hasta las más pequeñas generaciones de llaneros sienten un amor inexplicable por su región, como lo manifiesta ‘Criollo’: “En el campo casanareño, en la Orinoquía, Vichada y Arauca un niño sueña con ser coleador, no sueña con ser futbolista”. Gracias a este amor al Llano fue que Nohora Tovar, ex senadora del Centro Democrático, decidió presentar un proyecto de ley para reconocer la cultura, tradición e identidad llanera. Ella asegura: “Vamos a hacer un reconocimiento a nuestra cultura y ya estamos a un paso de que la Unesco nos declare patrimonio cultural del mundo”. La ley 1907 fue aprobada por el Congreso el 28 de junio de 2018. En esta, se hace reconocimiento nacional e internacional del paisaje llanero, la riqueza y diversidad de los Llanos Orientales, además de reconocerse como elementos integrantes del patrimonio nacional manifestaciones culturales llaneras, como el coleo. De repente en la manga de coleo de Trinidad entra una retroexcavadora, pues tiene que recoger un toro que acaba de fallecer. Sin embargo nadie lo celebra, ‘Criollo’ cuenta que es debido a que, a pesar de que sí hay maltrato, a ellos también les duele cuando un toro fallece. Pero, para los movimientos animalistas el coleo no es un deporte, es una forma de explotación animal y de violencia especista. Como asegura Carlos Crespo, representante de la Red Antitauromaquia, “se ve a los animales como un objeto para satisfacer los deseos humanos”. Además, está en completo desacuerdo con la ley 1907, pues, asegura, dicha ley fue “una estratagema completamente baja y antidemocrática”, debido a que no se consultó a la población si estaba de acuerdo o no con la misma. A pesar de esto, en la manga de Trinidad sigue el coleo, en esta competencia hay 160 coleadores, categoría élite, dando todo para posicionarse en el primer lugar y así obtener 100 millones de pesos, el premio más grande en la historia del coleo de Colombia. Entre ellos se encuentra Edwin Benavides, más conocido como ‘Manotas’, montando su hermoso caballo de raza ‘Cuarto de Milla’. ´Manotas’ vive de este deporte y asegura haber ganado entre 20 y 25 millones mensuales solo con las competencias del mismo. Eso, porque, actualmente, el coleo no es solo una actividad social y cultural, es además un negocio, ya que gracias a las competencias de este deporte los dirigentes políticos promueven turísticamente sus regiones, como lo hace ‘Criollo’ en Trinidad. “Indiscutiblemente cada vez que se hace un evento de esta magnitud se mueve turismo, en Trinidad hoy los hoteles están llenos”. Además, Nohora Tovar manifiesta que la idea principal de la ley 1907 es visibilizar la región y generar más turismo en ella por medio de las demostraciones culturales. El coleo se ha convertido en un deporte organizado con una federación (FEDECOLEO), seis ligas y 118 clubes. Asimismo, ha dejado de ser un asunto de interés exclusivo para hombres, pues ahora mujeres y niños lo practican y cuentan con escuelas especializadas para aprenderlo. Ángel Zambrano asegura que “hay muchos muchachos que le están cogiendo amor y eso es muy importante para que siga adelante”. Además, ‘Criollo’ manifiesta que “es cuestión de que el coleo se forme, que haya mucha inversión en los niños y la juventud”, con el fin de que este deporte continúe generación tras generación. En la manga de coleo de Trinidad cae el atardecer y se aprecia el cielo con una magnífica puesta de sol. Se da inicio a la premiación; 100 millones para el primero, 30 para el segundo, 10 para el tercero y 5 para el cuarto. La celebración continúa para los ganadores de esta victoria y para algunos coleadores que estuvieron a punto de ganar. Sin embargo, para los espectadores ya ha terminado un día de una gran competencia, así que se despiden y salen lentamente por las puertas de la manga.
- Estado colombiano vs. plataformas digitales
Estado colombiano vs. plataformas digitales A propósito de la solicitud de la Cámara de Representantes al Ministerio de Transporte de reglamentar el uso de las plataformas tecnológicas de transporte de pasajeros; 'La cabina de los atrevidos' hace una crítica a cómo históricamente se han puesto trabas a esta clase de plataformas de servicios digitales en el país. Ver también: App para campesinos Compartir
- El despertar de cientos de bicicletas.
“Los que somos apasionados estamos viviendo este tema a diario, desde que uno se levanta hasta que se duerme, incluso en los sueños”, Alexander Gacharná. El despertar de cientos de bicicletas. Joselín María Cuartas Barrio “Los que somos apasionados estamos viviendo este tema a diario, desde que uno se levanta hasta que se duerme, incluso en los sueños”, Alexander Gacharná. Disponible en Pulzo Joselín María Cuartas Barrio Desde las 3:00 de la madrugada, las cuadrillas del Instituto Distrital de Recreación y Deporte preparaban los más de 120 kilómetros para recibir a miles de personas. 700 vallas anunciaban los cierres viales y entre 6 mil y 9 mil conos naranjas adornaban el asfalto. Ese fin de semana, los asistentes a la ciclovía recorrieron en patines, patinetas, caminando y, cómo no, en bicicleta, la Bacatá de los muiscas y los chibchas, nombre con el que habían bautizado a la capital colombiana. Este espacio se vive desde el domingo 15 de diciembre de 1974, cuando el colectivo ‘Procicla’ organizó un primer acercamiento a lo que hoy se conoce como ‘Ciclovía’. Alrededor de 5 mil capitalinos se tomaron las carreras 7° y 13° como una forma de manifestarse en contra de la falta de espacios recreativos y de deporte, pero también por el incremento de vehículos y su efecto contaminante. Tomaron sus ‘bicis’ dispuestos a hacer de las vías un escenario de protesta y, a punta de pedal, lo lograron. El hecho quedó registrado en el periódico El Tiempo, que titularía el suceso días después como “El Mitin a favor de la cicla”. Pero es hasta 1976 cuando, gracias al alcalde Luis Prieto Ocampo, se expidieron los decretos 566 y 567; estos ofrecieron distinciones entre las ciclorrutas (vías destinadas para transporte diario) y las ciclovías (un evento abierto los fines de semana y festivos). Aquel domingo la ciclovía no solo se recorría en bicicleta; también sonaba, olía, se sentía. Se escuchaba la cumbia en los tambores de inmigrantes venezolanos que se ubicaban en la popular Carrera Séptima pidiendo alguna colaboración. Estaban quienes preferían la salsa y lucir disfraces del inolvidable Chespirito. Otros se dedicaban a vender mangos en tiras, piñas y patillas en cuadros. Olía al centro de Bogotá; un olor que se paseaba entre lo embriagante del café recién preparado y lo desagradable de la combinación de perfumes, alientos y comidas. “La ciclovía brinda la posibilidad de un intercambio cultural”, manifiesta Bibiana Sarmiento, Coordinadora distrital del Programa Ciclovía. Para ella, en este espacio no existe distinción de estrato económico, raza o condición. Bernardo López, biciusuario, comparte esta opinión. Mientras pedaleaba con rumbo al Parque Nacional, se encontró con personas de todas las razas, religiones y filiaciones políticas; sin embargo, él vio más allá de eso. Vio a personas que descubrieron un escape de la rutina: la bicicleta, un objeto lleno de historias. Y ahí estaba. Una cicla Monark, modelo Mirim, del año 1978. Su color azul rey brillante permanecía casi intacto a pesar de los años, adornada con rayas blancas y naranjas, con dos ruedas y dos rodachines. Ahí, rodeada entre otras bicicletas clásicas más grandes, la Monark se robó las miradas de los asistentes a la exposición que tuvo lugar en la Biblioteca Pública Virgilio Barco. De repente, un hombre se detuvo frente a ella. “De pequeña tuviste una igualita a esta”, dijo aquel. Le hablaba a quien, al parecer, era su hija. Esas historias, esos recuerdos, vuelven a la vida gracias a Cachacos Club, un colectivo capitalino de bicicletas clásicas, antiguas y vintage dedicado a fomentar el uso de la bicicleta desde la memoria. “Pienso que es una gran labor la que estamos haciendo al rescatar toda esta historia”, afirma Alexander, quien aún se sorprende cuando Cachacos Club logra que alguien “saque sus bicis, las desempolve, y vuelva a usarlas”. Alexander respira la pasión por las bicicletas. En la sala de su casa se encuentra exhibida una Penny Farting de 1887, que trajo desde Francia hace tres meses. Hecha de metal y compuesta por una llanta de tamaño notablemente mayor que la otra, esta bicicleta es exótica para los ojos de cualquiera. Y es que aún, muy a pesar del viaje y de los años, conserva su pintura negra y una lámpara que enciende con pequeños destellos verdes en los bordes. Alexander agarró los mangos de la bicicleta, tomó impulso y logró sentarse en el sillín. Ver a Alexander montar la Penny Farting era todo un placer visual. El girar de los delgados tubos negros dentro de la rueda grande era hipnotizante. Alexander evitaba girar, pues le quedó de experiencia que contra la Penny Farting no le es posible ganar, la rueda más grande podía sacarlo por completo del sillín solo con un movimiento y tumbarlo de la bicicleta. “Nuestro club se inició solamente con una persona: yo”, cuenta Alexander Gacharná entre risas. Es un ingeniero de sistemas que decidió fundar y ser el presidente de un club cuyos miembros están unidos por la pasión a las ciclas. Desde Procicla, el primer colectivo que dio origen a la Ciclovía hasta Cachacos Club, uno de los 21 colectivos urbanos de Bogotá, hay un sinnúmero de grupos de personas aficionadas a la bicicleta, cada una con distintos enfoques. En Sabana Centro se encuentra Clásicas del Zipa que, a través de las bicicletas clásicas, busca que las familias vuelvan a vivir esas épocas bonitas del pasado. En palabras de Fabián Rojas, su fundador, “todo el que va en bicicleta tiene una historia”. Historias como la que tiene el nombre de este colectivo, propuesto por Óscar Goyes como un reconocimiento a Efraín ‘El Zipa’ Forero, el primer ganador de la Vuelta a Colombia proveniente del municipio de Zipaquirá. Y más allá de las montañas que encierran el departamento de Cundinamarca, en la Costa Caribe, Raúl Medina fundó en marzo de 2010 Bielaquilla, un colectivo que inició en una reunión de amigos hace 8 años. “Salíamos los fines de semana hacia el sector de las playas de Salgar y Puerto Colombia y nos regresábamos. Un día nos sentamos en un quiosco en la playa y empezamos a tomarnos esto más en serio”. De 15 personas pasaron a 800 mil en un mes; creció como una bola de nieve que cae colina abajo. Aunque en Bogotá hay muchos colectivos, son pocos los que son reconocidos como clubes, Cachacos Club es uno de ellos. Registrado ante la Cámara de Comercio como ‘Corporación Cachacos Club’, este grupo busca fomentar el uso de la bicicleta para descontaminar la ciudad, preservar el medio ambiente, conservar las bicicletas y su historia, pero, sobre todo, pasarla bien. El amor de Alexander por las bicicletas viene desde cuando era apenas un niño y se interesó por la Chopper. En aquella época, en la que los vecinos se reunían en las tiendas y los amigos del ‘parche’ jugaban en las calles, quien tenía esa bicicleta era el más afortunado del mundo, puesto que era la bicicleta de moda, la más popular para los niños de su generación. Su padre le compró una de esas Choppers, estaba en mal estado, pero para él fue el mejor de los regalos. Años después, Alexander conseguiría 6 ejemplares más de estas y les daría vida nuevamente (las Choppers tenían la llanta delantera más pequeña que la trasera, e incorporaban resortes a manera de suspensión). Yensi Fonseca, su esposa, sonríe al verlo contar aquella historia, pues comparte su pasión y el amor por las bicicletas; además, juntos han rodado cientos de kilómetros. Tantos kilómetros como los que tiene la ciclovía, que son alrededor de 120, cuyas vías principales son la carrera 7ª, carrera 15, calle 116, Avenida Boyacá y Avenida Calle 26 y cruzan 17 de las 20 localidades de Bogotá. En estos predominaba el color naranja durante el mes de abril cuando la Embajada Holandesa tomó la ciclovía como sede del ‘Hola Holanda es bici’, un escenario en el que la cultura colombiana y holandesa se dieron cita. “Claro, la bicicleta se puede volver un ícono y se puede volver parte de la cultura, pero hay que mantenerlo y promocionarlo, que los políticos y la ciudad la consideren como algo propio”, pide Carolina Ramos, consultora de la Embajada Holandesa para Latinoamérica y África. Ella explica que Holanda se convirtió en uno de los países propicios para hablar de transporte integral gracias al Approach Bottom-Up; es decir, a partir de la capacidad de la comunidad para apropiarse como líderes de los procesos que se dan en el país, Carolina explica: “La verdad todo esto vino del pueblo, de la gente y Bogotá debería aprender de eso, nosotros estamos acostumbrados a que en Colombia todo nos lo tienen que dar desde arriba, que el Gobierno tiene que darlo”. Las ciclorrutas en Holanda funcionan con un programa que consta de tres partes: Orgware, Hardware y Software. El Orgware se encarga de reunir las empresas y entidades que contribuirán en la organización del espacio. El Hardware maneja la parte técnica; es decir, las condiciones de las vías (infraestructura) y el diseño e implementación de las ciclorrutas. Finalmente, el Software se enfoca en promover una cultura y educación de la bicicleta mediante el fomento de su uso y el respeto por el espacio de las ciclorrutas. Bogotá parece estar aprendiendo. La ciclovía se ha convertido en el espacio perfecto para compartir con la familia, divertirse, hacer deporte y descubrir que esta ciudad es más que una capital fría encerrada entre edificios. “Antes era un espacio que no tenía un objetivo específico, sino simplemente la policía cerraba las calles”, dice Bibiana Sarmiento. Ahora, “la ciclovía brinda un intercambio cultural, precisamente, donde tú sales sin distinción alguna de estrato económico, puedes ir de norte a sur, occidente a oriente; en fin, sin distinción alguna”. Con el fin de la jornada de ciclovía en Bogotá cayó la noche, el frío se apoderó de las calles. Los camiones del IDRD se llevaron las 700 vallas que anunciaban los cierres viales y los conos naranjas con una línea blanca fluorescente que adornaban el asfalto. Los miles de asistentes de aquel domingo dejaron nuevamente los 120 kilómetros de ciclovía a disposición de los carros, Transmilenio y el afán capitalino.
- Hijo de piloto: ¿privilegio o condena?
Hijo de piloto: ¿privilegio o condena? María Camila Riaño Pardo Fecha: Ser hijo de una leyenda puede sonar fascinante, pero aquel que decide perseguir ese mismo sueño, se enfrentará a una plena lucha por no vivir a la sombra de su padre. Lea también: Juan Pablo Montoya: pasar el testigo Compartir Foto: Camila Riaño Muchos deportistas profesionales han llegado a la cima de sus carreras gracias al apoyo y la experiencia que tiene algún miembro de su familia. En el tenis, Rafael Nadal desde los tres años ha sido entrenado por su tío Toni y las hermanas Serena y Venus Williams han entrenado y competido juntas desde muy pequeñas. Así mismo, en el fútbol, Sergio Busquets siguió los pasos de su padre, Carlos Busquets, quien también jugó en el Barça, y lo propio están haciendo los hijos de Diego Simeone o de Zinedine Zidane, quienes están empezando a destacar en sus clubes. Estos son apenas unos cuantos de las decenas de ejemplos que podríamos nombrar. En el automovilismo, esto no es la excepción. Hace unos días conversé con una promesa del automovilismo colombiano, y la primera pregunta que le hice fue, ¿quién es Sebastián Montoya?, a lo que él, sin pensarlo, respondió, “soy el hijo de Juan Pablo Montoya”. Prosiguió a hablar un poco más de su trayectoria, logros y aspiraciones, pero me quedaré con esa primera frase que casi instintivamente salió de su boca. Sebastián Montoya, de apenas 17 años, actualmente corre en la Fórmula Regional Francesa, lo que representa un gran paso en ese camino hacia la máxima categoría del automovilismo, la Fórmula 1. Sin embargo, lo que todos saben es que es el hijo de Juan Pablo Montoya, el colombiano, ganador de lo que llamamos La Triple Corona (Campeón en las 24 horas de Le Mans, primer puesto en un Gran Premio de Mónaco en la Fórmula 1 y vencedor de las 500 millas de Indianápolis). Sebastián, solo por nacer y decidir ser piloto ya tiene una carga sobre sus hombros mucho más pesada que la de cualquier otro corredor. En la rueda de prensa donde Sebastián anunciaba su nuevo contrato como atleta de Red Bull que, sumado al apoyo de Claro, representa un gran logro teniendo en cuenta que patrocinadores importantes acortan el camino a la F1, comentó algo que podría sonar súper inspirador pero que, si uno lo piensa más a fondo, evidencia la presión que tiene desde el día cero que decidió compartir profesión con su padre. Cuando le preguntaron sobre su relación, él contestó que son muy competitivos, que él le exige mucho y que su benchmark es ser, mínimo, como su padre. Y, aunque él no lo mencionó, esto implicaría ser, al menos, el tercer ganador de La Triple Corona, reconocimiento que, a lo largo de la historia, solo lo han alcanzado su padre y el dos veces campeón mundial de F1, Graham Hill. Entre otros puntos a tener en cuenta, podemos incluir que no le gusta que le llamen “el segundo Montoya” y con toda razón le choca que su nombre sirva como gancho para recordar las glorias de su padre y que estos comentarios trunquen la oportunidad de resaltar todo lo que a su corta edad ha logrado en este exigente deporte. Y es que Sebastián no es el único, el gran Michael Schumacher, siete veces campeón mundial de Fórmula 1, también tiene un hijo, Mick Schumacher, quien solo por tener este legendario apellido ya genera altas expectativas. Actualmente, corre en una de las escuderías menos exitosas, por no decir la peor, donde conduce un monoplaza que ni siquiera nos ha permitido saber si es buen piloto o no. Caso contrario, Max Verstappen, a sus 24 años, aún recuerda la sutileza de su padre, quien ha forjado su carácter como actual campeón. Jos Verstappen, ex corredor de F1, dejó tirado a su hijo en una estación de gasolina en Francia después de que a sus 14 años Max cometiera un error que lo dejó fuera de una carrera de karts que hubiera podido ganar. Ahora, a pesar del trauma, ha superado con creces la trayectoria de su padre. Algunos vencen a sus padres mientras otros siguen pagando su condena como sucesores. Entonces, poder decir que eres el hijo de Montoya o de Schumacher definitivamente te abre puertas, pero así mismo podría quitarte mérito, pues fueron en su momento tan grandes que la sombra que dejan es gigantesca y estas jóvenes promesas deben guerrearla por ser más que los hijos de una leyenda.
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