top of page

Resultados de búsqueda

Search this site

Se encontraron 1872 resultados sin ingresar un término de búsqueda

  • El indio Rómulo, la voz de nuestra raza

    El indio Rómulo, la voz de nuestra raza Laura María Miranda, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Con solo 5 años, empezó a declamar poemas y, desde ese momento, ha dedicado su vida a los escenarios, siempre con la ruana al hombro y un sombrero de tapia pisada. Lea también: Raúl Ospina Ospina, un escudero de la verdad y la palabra Compartir Foto: Foto: Laura María Miranda Esta es la historia de Rómulo Augusto Mora Sáenz, más conocido como El Indio Rómulo de Colombia. En su rostro reposan las líneas de tantos poemas y en sus ojos, el cansancio de los años. Me recibió como a una nieta, con mucha ternura y unos brazos dispuestos a abrazar muy fuerte. Dijo: “entonces, tienes una tarea” y así empezó la entrevista. ¿Cómo le gusta que le digan? - Indio, y mi familia me llama Rómulo. ¿Cómo comenzó este camino de la poesía? ¿De dónde surgió el amor por la poesía? - Comencé a declamar a los 5 años. Desde muy niño, mi voz fue muy bonita para cantar y me gustaba hacerlo. Soy nieto de un General de la Guerra de los Mil Días y sobrino de tres curas, querían que fuera cura también. Y mi mamá dijo: “¡No! No metan a ese chino en el seminario porque rompe la sotana y se vuela”. En Bogotá, mi abuelo encontró a un tipo que se llamaba “El artista colombiano”, que era el que le recogía el público a los propagandistas; él hacía chistes, muecas y cosas de esas. Cuando ya estaba lleno el lugar se lo cedía al propagandista que vendía las yerbas y jarabes. Aquel hombre también vendía poesía y canciones. Mi abuelo le compró uno de sus poemas y me lo llevó, se llamaba “José Resurrección”. Es un poema largo donde el artista dice: “Yo soy José Resurrección y mi apelativo es Ramos y estoy pa’ servirle a mis amos con toda satisfacción”. Ese fue el primer poema que me aprendí en la vida. Y nadie creía que yo, con cinco años y sin saber leer, fuera a aprender una cosa tan larga de memoria. Y me lo aprendí porque mi abuelo me lo repetía todos los días. Con ese poema, un niño de cinco años era todo un espectáculo. Y aún más por la forma en la que lo decía. Uno no podía entrar a las escuelas si no tenía 7 años. Durante esos siete años, “el niño Romulito, un pispireto todo lindo” acompañaba a su papá a darle “fueye” al órgano, pues él era el que acompañaba las misas en la basílica tocando el órgano de flauta. Mi papá lo tocaba mientras yo cantaba todas las canciones de la iglesia, como el Angelus. Así comencé, después volvió mi abuelo de una reunión de Generales en Bogotá y me llevó otro poema, ese sí que fue más bonito, “Quereme, chinita” que fue precisamente el primer poema que grabé en un LongPlay hace más de 50 años. Para ese entonces ya sabía leer y ya tenía dos poemas, ya era una cosa grande. Mi mamá viendo que esos poemas eran campesinos, me hizo mi primer traje de campesino con un remiendo en la rodilla, otro en la cola, una camisa remendada y una pañoleta. Y lo que nunca me faltaba: mi sombrero. Entré a estudiar y en el colegio siempre me subían al escenario, a cantar o a que dijera los poemas. Y así fue pasando la vida, terminó primaria en Monguí y su familia lo internó en un colegio de Tunja, pero a él eso no le agradó mucho. Se voló para Bogotá, sin conocer Bogotá. Allí conocí al artista colombiano y me pareció muy bonito lo que él hacía, pero empecé a aguantar hambre. No sabía robar, ni nada de eso. Yo era un niño muy sano y con otros chinos, dormí como 5 o 6 días en la calle, nos tapábamos con los avisos que había en las paredes. Don Rómulo recuerda muy bien ese lugar: en la esquina del teatro Ayacucho, calle 6 con 8a. Yo estaba ahí cuando una mano por detrás me agarró, era un tío mío y me dijo: “¿por qué se voló? pa’ la casa, tiene que estudiar”. A trancas y mochas, terminé el colegio y me devolví a Monguí. Con mis compañeros de primaria, Juan Gerardo y Juan de Dios, formamos un trío por mi voz. Se llamó el “trio calaveras”. De ahí me nombraron subsecretario de la alcaldía por mi letra. Recuerda que su letra fue muy bonita desde muy niño, muy gótica y elegante. “Como soy”, bromea. Habían pasado unos pocos meses y llegaron a reclutar para prestar el servicio militar, yo tenía 16 años y la edad mínima para prestarlo eran 17. Yo les dije a los demás compañeros: “yo me voy con ustedes y ¡ay! del que diga que tengo 16, le rompo la jeta”. ¿Por qué al Ejército? - Porque yo quería ser militar, me gustaba la forma de ser de ellos, rígidos, eso me pareció muy bonito. Además, mi papá había sido guardia presidencial en Bogotá y con todas las fotos de él y lo que hacía me inspiró a ser así también. Y así fue, me fui pal’ Ejército, pero yo pensé que era por ahí, Paipa, Sogamoso o Duitama y terminé en Quibdó, Chocó. Y yo ni idea de dónde quedaba eso, nos fuimos. Era un lugar muy bonito pero hacía un calor que jamás había sentido en mi vida. Un calor sofocante, bestial. Fui distinguido al mes, nuevamente por mi letra y porque yo era el cantante, el artista. Me pasaron al comando, de ahí a manejar el casino de oficiales porque yo era muy ‘pispireto’, nada me trancaba. Terminó su servicio militar y regresó a Bogotá. “Me puse a buscar poesía, a ver dónde la encontraba”. Encontré que existía todavía el doctor Julio Roberto Galindo. Busqué su dirección y llegué a su casa, y él aun poco estirado me dijo: “¿qué es lo que quieres?” y yo le respondí: “Doctor, yo declamo la poesía costumbrista y me gustaría declamar sus poemas”. Y me pidió que declamara uno en frente del él, “y le eché ‘Quereme, chinita’”. Abrió los ojos y me dijo: “¡claro!” y de una vez sacó diez poemas. Ese ha sido el regalo más grande que se me ha hecho en la vida. Y me puse muy juicioso a estudiar. Con su memoria intacta contaba que le gustaba entrar a las obras de teatro y allí él veía la naturaleza con la que se interpretaban los papeles, y en ese momento dijo: “eso es lo que seguramente me hace falta y no tengo quién me corrija”. Y así empezó estudiar teatro en la escuela Garanchacha. Yo tenía una ventaja más, porque yo ya había pisado los escenarios y ya había recibido aplausos, los otros no. Comenzamos 120 y terminamos 6, una época dura porque faltaba la comida y el vestido. Todavía existe el teatro donde estudié durante cuatro años. Álvaro Forero me ayudó mucho porque él veía que yo podía ser alguien en la vida. Fueron años muy lindos, pero también cada vez era más difícil. Por ejemplo, empezó la clase de beso, nos enseñaban cada clase de beso, cómo besar con rabia, con odio, amor o ternura. “Debías hacerlo y era muy pesado, después de la primera clase, muchos no volvieron”. ¿Qué fue lo que más le marcó de esa etapa? - Lo que aprendí ahí y las cosas que pulí me permitieron llegar a ser el primer artista en inaugurar la Televisora Nacional de Colombia. Salí con mi traje de boyacense y en esa época mi nombre artístico era el campesino boyacense, todo ‘pispireto’. El General Gustavo Rojas Pinilla dijo “doy por inaugurada la Televisora Nacional” y entré yo en compañía de un tiple y empecé “Quereme, chinita, como yo te quero…” eso fue la tapa porque no se había oído nunca a alguien decir un poema campesino con tanto amor. Eso llamó la atención del país de inmediato. Entonces la presidencia de la República, con el Doctor Carlos Lleras, me mandó a decir que tenía un espacio de media hora en la televisión. Y así fue: “la presidencia de la República presenta Romerías del Indio Rómulo” y se presentaba todos los martes a las 6 de la tarde. Después vino Pacheco, trabajamos por muchos años y empezaron a llegar las cosas grandes, entraron las telenovelas que no se grababan sino que se hacían en vivo y en directo y el que la embarró, la embarró. Fue una época lindísima porque se empezó a hablar del Campesino boyacense en todo Colombia. Ya tenía 14 poemas en la mente y también en esa época empezaron a llegarme muchos poemas de todas partes y yo sentado consagrado estudiando y trabajando. Me empezaron a contratar para los “Griles” y llenaba esa vaina y ahí surgió la idea de crear un negocio propio. Y encontré un localito en la carrera 13 con 24, abajito de la televisora y era muy bonito. Y monté mi primer negocio con decoraciones y cosas campesinas. Se llamó “El rincón del Indio Rómulo” y ahí declamaba todas las noches, tenía 4 o 5 tríos de música colombiana. La gente que iba era gente de plata y fue un éxito bestial. Yo hacía mi espectáculo a las doce pero el desfile de artistas era constante, no paraba durante toda la noche. Una noche muy especial, terminé mi espectáculo y me fui para la barra, pedí una gaseosa y miré a la puerta y allí estaba en presidente de la República, Carlos Lleras Camargo. Lo saludé y le dije a un mesero que fuera a la mesa que estaba en el rincón, allí estaban unas personas de Monguí. “Por favor, dígales que le están pegando al Indio Rómulo afuera”. Los hombres salieron al instante, me empujaron a mí y al señor presidente y le dije al Doctor Carlos, que su mesa estaba lista. Lo senté, venía en compañía del ministro Abdón Espinosa Valderrama y sus respectivas esposas. Apenas entró, el pueblo se paró a aplaudirlo y él les dijo: “Perdónenme, pero aquí no soy más que un admirador de Rómulo, déjenme ser un espectador más, como ustedes”. Y volví a hacer mi espectáculo. ¿Y el señor Presidente le pidió algún poema en específico? - No, él quería oírlos todos, porque nadie quería un poema en específico, querían oír lo nuevo. Desde entonces, hubo un revolcón grande y alguien dijo: “estuve donde el Indio Rómulo”. Y el doctor Carlos (presidente) me llama y me dice: “¿sabes una cosa? me gusta más lo que están diciendo en la prensa. Indio Rómulo me gusta más. Además, tienes que ir a otros países, me vas a representar y campesino boyacense funciona aquí en Colombia pero por fuera serás el Indio Rómulo de Colombia”. Y así comenzó mi vida internacional. Fui a México, Perú, Ecuador, España, por todos lados. Después empezó la gira por los colegios y universidades. Hacía un recital que era directamente para los jóvenes. Eso hago, inyectar colombianismo, a eso me mandó Dios y le estoy cumpliendo. ¿Dónde disfrutaba más de sus presentaciones, con los presidentes y la gente influyente del país o en la Media torta con la gente del común? - Nunca he tenido un público malo, después de que yo los cojo con uno o dos poemas, como en Santa Rosa de Viterbo no se escuchaba un zancudo y estábamos en la mitad de la plaza, hasta los negocios de al rededor bajaron el volumen y solo se escuchaba la voz del Indio Rómulo que iba penetrando en el corazón de la gente, eso es para mí el placer. ¿Cuál de todos los poemas que declama es su favorito? - No hay un poema favorito. Desde que yo lo comience es el mejor que tengo. Pero el público siempre pide ‘Invocación a Cristo’, ‘Hágame una carta’, ‘Por qué no tomo más’, cosas de esas que son fuertes. ¿Cuál es la historia de ‘Por qué no tomo más’? - Ese poema no es colombiano, es argentino, pero yo lo adapté al personaje. ¿Qué se necesita para transmitir lo que se transmite en ese poema? - Eso es poner en práctica el teatro que estudié, porque me meto en el personaje, tú viste que hago dos personajes en el mismo poema, hago de papá y de hijo que tiene 8 o 10 años. Interpretar a un niño no es fácil, las figuritas y adornos que hago permiten hacer el poema más profundo. Por ejemplo, en ‘Hágame una carta’ la historia que se cuenta es la de un campesino que baja todas las semanas al pueblo para preguntar si le ha llegado una carta para él o para su señora. Y la telegrafista, como siempre, le dice que no. El campesino al ver la situación, le dice: “sumercé hágame un favor, mi señora está esperando una carta. Hágasela usted”. Y comienza a dictarle la carta con todo lo que está sintiendo. La señora se está muriendo de pena moral, porque criaron al muchacho, se fue a la ciudad y se olvidó de los viejitos. Porque encontró el trago, el cigarrillo, las viejas y se olvidó de los viejitos que lo criaron con tanto amor. Y al final de la carta, él le dice que tranquila que ya pronto viene y por eso se tiene que poner buena para que él pueda llevárselos. Es muy lindo el poema. ¿Qué ha sido lo más difícil de la carrera? ¿Que ha tenido que sacrificar por la carrera? - Lo más inmensamente doloroso fue la perdida de mamá, fue el ser más divino, la adoré al extremo, ella me adoró hasta donde no pudo más, por eso adoro a mi mujer porque ella la comprendió en sus últimos años. La hija de un general de la Guerra de los Mil Días, hermana de tres curas, era tan amable, tan gentil. Yo le pedía a mi Dios que no se la llevara todavía, pero ya estaba en edad. Y aquí estoy.

  • Nicole Regnier volvió para quedarse

    Nicole Regnier volvió para quedarse María Fernanda Pacheco Méndez, Comunicación Social y Periodismo Fecha: La caleña que ha pisado las canchas del Club Deportivo Atlas, Atlético de Madrid, Rayo Vallecano, América de Cali, Junior de Barranquilla y Servette FC volverá a ponerse los guayos en el Club Deportivo Equidad Seguros. Lea también: Cochise, una leyenda del ciclismo Compartir Foto: Nicole Regnier Transcurría el 2019, Nicole Regnier se dirigió a un cajero electrónico y solo encontró en su cuenta bancaria 17.000 pesos . Sentía que estaba perdida en la vida. Se había retirado del fútbol hacía unos 7 meses. Se decía a sí misma: “Dios mío, eché a la basura 24 años de mi vida. Ahora a qué me dedicaré; lo único que sé hacer es jugar fútbol”. Fue en ese momento en el que llegó Exatlón Estados Unidos, un reality show de competencias deportivas, como un salvavidas que Dios le estaba poniendo en su camino. Era una oportunidad que la llevaría a replantearse muchas cosas en su vida y, por qué no, reencontrarse con su pasión. *** 19 de agosto del 2020, el reloj marcaba las 7:16 p.m. Aquella carismática caleña alta, esbelta y de piel blanca, levemente bronceada, estaba sentada sobre un mueble de la sala de su apartamento en Bogotá y contaba con la compañía de su perrito, Figo. Su cabellera rubia caía a los costados de la cara. Tenía una gorra blanca Adidas y una chaqueta fucsia de la misma marca, la cual resaltaba su piel. No era para menos, Regnier había sido nombrada unos días atrás Atleta Adidas. Relataba cada momento de su carrera con emoción y sentimiento. —Yo creo que una de las emociones más lindas que he vivido en el fútbol ha sido ese debut—sonrió.— Lo más lindo como deportista es representar al país. Se refería al Campeonato Sudamericano Femenino Sub-17 del 2012, cuando debutó con la Selección Colombia Femenina y marcó el gol del triunfo frente a Venezuela. Entró 7 minutos antes de que finalizara el partido y la magia ocurrió en el minuto 90+2 . Su compañera Leicy Santos le filtró un pase y Nicole lo recibió para hacer una diagonal hacia adentro que pasó por entre la mitad de las piernas de la arquera y... ¡Gol de Nicole Regnier! A ese momento importante de su carrera, se le suma un sueño que nació en una casita ubicada en el barrio Calima, situado en la sucursal del cielo y la capital de la salsa, la ciudad de Cali. Nicole y su padre, Erick Regnier, veían la versión de los Juegos Olímpicos de aquel entonces. Fue en ese momento donde hicieron la promesa de que si algún día tenían la oportunidad de ir a participar, se tatuarían los aros olímpicos. “Él es el que me contó esa historia, obviamente yo era muy niña”, mencionó Regnier. Dicho y hecho, unos años después, fue una de las 18 jugadoras en hacer parte del plantel para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en el 2016. “Ese día fui con mi papá a tatuarme. Estábamos en Cali. Él lo tiene en el brazo y yo acá”—acercó su antebrazo a la cámara para mostrar su tatuaje— “Le estaba cumpliendo un sueño a mi yo chiquita”. Con los Olímpicos también llegó una gran oportunidad en su vida, jugar en el Atlético de Madrid. Eligió su sueño por encima del que tenía su padre de verla estudiar en una universidad de la Florida, lo que significaba dejar de contar con apoyo económico. “Era enfrentar a mis papás y decirles: gracias por todo, pero hasta aquí llego y ahora me voy a cumplir mi sueño. Lo que vino de ahí en adelante fue más duro que la decisión, porque hubo condiciones difíciles en España”, subrayó. —Fue una emoción increíble. Fue espectacular porque lo que siempre le he dicho, los sueños de ella son los míos — así sintió Jimena Palacio, madre de Nicole, la oportunidad que el Atlético de Madrid le ofreció a su hija. Jimena asegura que ya estaba resignada desde que Nicole escogió el camino del fútbol, una pasión que fue saliendo a la luz desde pequeña. —En una fiesta de cumpleaños, cuando ella tenía como tres años, llamaron porque ya iban a romper la piñata. Nicole estaba pateando un balón y nunca fue a la piñata— agregó. Desde los 15 años Regnier se fue de la casa, factor que le ayudó a Jimena a que, poco a poco, se acostumbrara a la ausencia de su hija. Estar en el Atlético de Madrid no era sinónimo de estar ganando mucho dinero, como cualquier persona podría imaginar. Así lo había manifestado Nicole, unos días atrás, en entrevista con la periodista Paula Pimineto, tras asegurar que inició ganando 800 €, unos 300.000 pesos en el 2014. Paula Pimiento enfatizó que, en ese entonces, Nicole estaba en la escalada de seguir creciendo como futbolista y su sueldo no era un tema de desigualdad. “Cuando llegas como un jugador no estrella tampoco es que te paguen la millonada; entras como jugador base, tienes que arrancar con un sueldo base. Yo pienso que en el fútbol existen desigualdades para hombres y para mujeres, aquí o allá. Si comparas a una Marta Viera, la jugadora de Brasil, con Neymar, sí hay diferencias. Tristemente el fútbol femenino así esté “apoyado” en unos países, la cantidad que se invierte es baja. Se tiene la creencia de que las mujeres hacen menos en la cancha”. *** La jugadora ha enfrentado varios momentos que la han formado como persona. La lesión de tibia y tobillo fue uno de esos que estuvo a punto de costarle su primera Liga Profesional Femenina con el América de Cali en el 2017, en un partido de preparación frente al club de fútbol colombiano, Cortuluá. —Yo estaba en el estadio. Ella me mandó la foto y tenía ese hueso vuelto nada—mencionó Jimena— La recuperación la hizo en mi casa y no paraba de hacer terapias; es una persona muy determinada. Decía “yo sí puedo, yo sí puedo” y el poder de la mente más la acción, puede cambiar cualquier resultado. “Una lesión llega cuando tiene que llegar. Cuando crees que sos invencible, llega Dios y pam, te da un cocacho (golpe) en la cabeza para que te acordés que no sos vos y que no te podés creer más que nadie” , dijo Nicole con un marcado acento caleño. En ese momento, valoró a su familia más que nunca. “Cuando no podés competir, es como si no valieras nada, o sea, tus amigos se olvidan…” —hizo una pausa. La razón, su perrito Figo— “¡Figo, no más!. Perdón, un accidente’’— dijo entre risas. La madre de la jugadora, Jimena Palacio, también vio ese momento como una oportunidad para que Nicole comprendiera que a veces las cosas no suceden como se habían planeado. “Yo pienso que eso la hizo más sensible a la voz de Dios”, agregó. Logró recuperarse antes del tiempo estimado, dejando a un lado cualquier pronóstico médico, no solo gracias a su disciplina, sino también a las habilidades que tiene como jugadora. “Es super ágil y se mete entre jugadores. Tiene mucha fuerza y potencia en las piernas. Además, es disciplinada con la alimentación; su rutina es vigilada por nutricionistas”, mencionó la periodista Paula Pimiento. *** En el 2019, Exatlón Estados Unidos le cambió la forma de ver todo. Allí pasó cuatro meses sin shampoo, sin desodorante y el mismo tenedor con el que comía, era el que utilizaba para peinarse el cabello. Asegura que fue una oportunidad para conocerse a sí misma y a Dios. —Tomé la decisión de ir... —soltó una risita— porque la verdad estaba muy perdida en la vida. Llevaba viviendo de ahorros un buen tiempo. Me había retirado del fútbol y me hacía falta competir. Entonces ahí fue cuando dije que si Dios me estaba poniendo ese salvavidas, era por algo. Nicole perteneció al equipo rojo, donde conoció a los futbolistas Fernando Medina, apodado ‘el venado Medina’, y Norma Palafox, a quienes consideraba como sus hermanos. Se hacían llamar el ‘Team Fut’ y eran inseparables. Todas las noches, mientras el resto del equipo dormía, salían fuera de la cabaña para hablar de una pasión que tenían en común, el fútbol. A los tres meses de la misma rutina, en una de aquellas charlas nocturnas, Nicole cuestionó su regreso a las canchas. “Les pregunté que si todavía podría jugar y ellos me dijeron que sí... que obvio. Ahí fue cuando dije: vamos a ver qué pasa cuando salga”. Cuando salió asegura que se volvió a encontrar con su pasión e inmediatamente tomó la decisión de volver al fútbol; efectivamente, lo había extrañado. Decidió dejar atrás lo que la había alejado de las canchas, ¿la razón? un tema que asegura no le gusta tocar. — Tenía entrenadores que, la verdad, eran muy inapropiados con sus comentarios vulgares; se pasaban de la raya. Decidí retirarme porque ya no aguantaba más que no simplemente me vieran como una jugadora, sino que me tiraran los perros (o le coquetearan). Pero Nicole Regnier es más que físico. La periodista Paula Pimiento se refirió al respecto: “Ella no se conforma con que le digan que tiene buen cuerpo o con que le digan que es bonita; ella se exige para ser mejor cada día. No es Messi ni Cristiano, pero juega bien. No cualquiera juega en la Selección Colombia. No cualquiera puede hacer dos pases gol con una lesión (se refería a la lesión de tibia de la jugadora)”. *** En pleno 2020, vale la pena resaltar que la jugadora no ha dejado a un lado uno de sus partidos más importantes, ser embajadora de UNICEF. También ha sido muy dedicada con sus clases de periodismo para cumplir una de sus metas cuando se retire definitivamente del fútbol, ser comentarista. Pero, sobre todo, actualmente comparte un poco de sus entrenamientos en Instagram y Twitter al ritmo de uno de sus géneros favoritos, la salsa. Porque sí, es un hecho, Nicole Regnier vuelve al fútbol y su próximo destino será la Liga Femenina de Colombia. —Estamos trabajando junto al nuevo presidente de la Dimayor, Fernando Jaramillo, para que el torneo sea sostenible y que podamos tener una Liga como se la merece el fútbol femenino en este país — dijo Nicole. Jimena, madre de Nicole, habló acerca del regreso de su hija a la cancha este año: “La siento muy feliz y eso es lo más importante. La verdad, soy honesta, yo no tenía muchas ganas de que volviera al fútbol. Sobre todo porque la Liga aquí en Colombia es un poco desorganizada, pero siempre con la esperanza de que vaya a mejorar. Ahorita está en un equipo en el que se siente muy cómoda”. El equipo en el que va a jugar Nicole era una incógnita que todos sus seguidores esperaban que la jugadora resolviera. Incluso la periodista Paula Pimiento, mientras soltaba una que otra risa, lanzó su pronóstico: “En Bogotá tenemos tres equipos; están Equidad, Santa Fe y Millonarios. A mí me pone a pensar, pero yo creería que es Equidad. No sé, igual las probabilidades están abiertas a las tres”. Sin embargo, un día después, el 28 de agosto del 2020, la entrenadora del Club Deportivo La Equidad, Sandra Salamanca, confirmó en una entrevista que le hicieron en Win Sports, canal deportivo colombiano, que Nicole Regnier sería parte de ese equipo. Sin embargo, algo que sí estaba confirmado desde un inicio es que Regnier no piensa dejar morir el sueño de esa niña que nació en Cali un 28 de febrero de 1995. La que a los 6 años se mudó a Italia con su madre y descubrió su pasión por el fútbol. La misma que a los 13 años años entró al C.D. Atlas, su primer equipo femenino, con ganas de llegar a lo más alto de la cima. La niña que tenía como ídolo a Filippo Inzaghi, exfutbolista italiano, y de la mujer que hoy tiene como ídolo al 10 del Barcelona, Lionel Messi. —Siempre vi una niña con una pasión totalmente diferente al resto de compañeritas. Captaba mucho la técnica, sobre todo el juego aéreo. Respiraba fútbol, vivía fútbol y amaba fútbol — mencionó la futbolista Carolina Pineda, fundadora y entrenadora del Club Deportivo Atlas, ubicado en Cali, Colombia. No solo lo dice Carolina, la misma Nicole reconoce que la disciplina es una de sus virtudes. Sin embargo, también coinciden en uno de los defectos que la jugadora ha identificado en sí misma, el afán. “A veces pienso tanto en la meta que se me olvida disfrutar el camino”, lamentó Regnier. —Siempre quiere más y más y, en cierta forma, eso se ha convertido en dificultad. Muchas veces más no termina siendo lo mejor —advirtió Carolina. En el vocabulario de Nicole no existe la palabra fracaso , pues esos momentos en los que no todo ha salido bien, los ve como una oportunidad para no volver a cometer los mismos errores. Entregarse al fútbol significó olvidarse de la vida normal que puede tener un adolescente, pero hoy no se arrepiente de nada. “Yo sabía que tenía el objetivo claro’’, mencionó Regnier. Y lo sigue teniendo claro hasta el día de hoy. Está dispuesta a volver a ponerse los guayos para hacer magia con sus pies en la Liga Profesional de Fútbol en su categoría femenina en Colombia.

  • Sueños entre libros

    Juan Camilo Rincón, escritor y cronista colombiano, es reconocido por hacer arduas investigaciones sobre la vida de Jorge Luis Borges y la literatura latinoamericana. Sueños entre libros Valentina Sánchez Gutierrez Laura Camila Nieto Céspedes Juan David Gutiérrez Molina Juan Camilo Rincón, escritor y cronista colombiano, es reconocido por hacer arduas investigaciones sobre la vida de Jorge Luis Borges y la literatura latinoamericana. Contenido completo Autor:

  • El panorama del plátano en Pacho

    El panorama del plátano en Pacho Mateo Arango y Pahola Ochica Mateo Arango y Pahola Ochica Las plagas, las enfermedades y los intereses de las nuevas generaciones, han reducido en un 50% la producción de plátano en el municipio cundinamarqués. Haz clic para acceder al contenido Ver también: El café: nuestra leyenda se extingue Compartir

  • Iberoamérica, un cuento colectivo

    Iberoamérica, un cuento colectivo Juan Nicolás Barahona Espinosa, Mateo Bonilla Moreno ,Ana María Gómez Ruano, Maria Mercedes Rojas Niño, Laura Angélica Lenis Llano, Sara Carrascal Hernández Ana Sofía Rubiano Vásquez, Isabella Jiménez Morón, Katherin Rincón Pulido, Nayhara Esthefanía Contreras Rojas, Juan Esteban Medina Caicedo, Alejandra Paulina Hernández Martinez, Maria Camila Poveda Trujillo, Ana Sofía Ñustes Heredia, Alejandra Leal Malagón, Juliana Martinez Cubillos, Laura Ochoa Polo, Santiago Velásquez Sarmiento, Gabriela Bautista Albarracín, Francy Dayana Velasco Católico,. Juan Nicolás Barahona Espinosa, Mateo Bonilla Moreno ,Ana María Gómez Ruano, Maria Mercedes Rojas Niño, Laura Angélica Lenis Llano, Sara Carrascal Hernández Ana Sofía Rubiano Vásquez, Isabella Jiménez Morón, Katherin Rincón Pulido, Nayhara Esthefanía Contreras Rojas, Juan Esteban Medina Caicedo, Alejandra Paulina Hernández Martinez, Maria Camila Poveda Trujillo, Ana Sofía Ñustes Heredia, Alejandra Leal Malagón, Juliana Martinez Cubillos, Laura Ochoa Polo, Santiago Velásquez Sarmiento, Gabriela Bautista Albarracín, Francy Dayana Velasco Católico,. En este especial multimedia, realizado durante el 11° Festival Gabo en Bogotá, traemos las voces de varios de esos protagonistas, para responder tres grandes preguntas: ¿Cómo es la Iberóamerica narrada desde una perspectiva fuera de lo hegemónico? ¿Qué prevalece más, el hecho o el sesgo ideológico? ¿Por qué ahora se resuena más el concepto de pluralidad? Haz clic para acceder al contenido Ver también: Para la paz, todos. Para la guerra, ni uno solo Compartir

  • Un héroe vestido de cartón

    Un héroe vestido de cartón Sebastián Rocha G., Comunicación Social y Periodismo Fecha: La historia de Luis Cruz que, detrás de sus trajes de Transformers construidos a escala, con 40 kilos de cartón y pintura, se ha convertido en las sonrisas y la admiración de conductores, transeúntes y turistas, pero también de su familia. Lea también: La calle, ¿vitrina absoluta del arte? Compartir Foto: Foto: Sebastián Rocha Muchas personas, en el afán del día a día, buscan los medios necesarios para suplir sus necesidades. Vendedores ambulantes, impulsadores de marcas en almacenes de cadena, vendedores de catálogos y un sinfín de medios que surgen para logran conseguir el sustento diario en un estilo de vida cargado de innumerables retos. Vivir de la informalidad es la realidad de muchos colombianos. Por distintas razones, millones de personas, como en el caso de Luis, no cuentan con un empleo formal que les brinde prestaciones sociales, ARL, seguro médico, entre otros, necesarios para subsanar necesidades tan esenciales como la salud y que viven, prácticamente, de la generosidad y el apoyo de los demás. Pero la forma en la que Luis Cruz, un bogotano de 43 años, lucha por conseguir su estabilidad y la de su familia es bastante particular y muy típica de un colombiano echado para adelante. De lunes a viernes, en un semáforo de la Avenida Boyacá con calle 25 sur en Bogotá, lugar rodeado de apartamentos, barrios populares y un pequeño jardín de preescolar donde centenares de niños observan, entre unas pequeñas rejas verdes, a coloridos robots como Optimus Prime, Bumblebee y Megatron , protagonistas de la popular saga de Transformers y también a despampanantes vehículos de la policía de Nueva York, camiones y automóviles de lujo de carreras que captan la atención de cientos de conductores y transeúntes que pasan por este importante corredor vial de la capital. Los “Transformers”, los populares juguetes de Hasbro que surgieron durante los últimos treinta años del siglo XX, fueron el objeto de inspiración de este bogotano que infunde, durante todo el tiempo, una enorme sonrisa en su rostro. Pues bien, este es el trabajo que Luis ha estado desempeñando durante los últimos catorce años en un mundo inmerso en medio de la informalidad, en el que puede llegarse a ganar hasta sesenta mil pesos diarios , como afirma él, con algunas lágrimas en sus ojos, “si Dios me lo permite”. Él, un hombre que ha sabido vivir la vida, es un guerrero descomplicado, alto, con varias cicatrices en su cuerpo producto de cirugías y de laceraciones. Estas últimas, consecuencia de la intolerancia de algunas personas que lo han agredido por su medio de trabajo. Su hogar, en un segundo piso de una casa amarilla del barrio Las Acacias, en el sur de Bogotá, refleja el gran amor en el que viven junto a él su esposa, sus dos hijos y su madre. Robots, autos de todo tipo, dibujos y su más reciente fabricación, una patrulla de policía patrocinada por una reconocida marca de electrodomésticos colombiana, adornan gran parte de la entrada. Ese gusto por fabricar Transformers, con sus propias manos, empezó luego de tomar la decisión de no seguir tolerando humillaciones e indignas condiciones laborales como contratista. “Me cansé de ser al que siempre humillaban. Ellos me dieron con un mazo en la cabeza y yo les voy a dar con un alfiler en el corazón”, enfatizó. En medio de una enorme crisis económica, inmerso en un mar de zozobra producto de haber renunciado a su empleo en el año 2004 y, además, cargando consigo el primer embarazo de su esposa Jenny, tomó la decisión de convertirse en el Transformer para rebuscarse la vida. Con 600 mil pesos y algunos materiales reciclables que encontró, construyó su primer prototipo y salió a rebuscarse la vida. Jenny, una mujer generosa que refleja una enorme amabilidad y que ha estado con él en las buenas y en las malas y hasta en las dolorosas, no estaba de acuerdo con la decisión de su esposo. “Mi hijos lo inspiraron y lo impulsaron. Yo, a pesar de que al inicio no estaba de acuerdo con esta locura de que él creara disfraces y se saliera a las calles, siempre lo apoyé”, afirmó. Pero detrás de este robot con corazón de humano, con sus manos visiblemente desgastadas por el pegamento, las pinturas y químicos que utiliza para fabricar sus transformers , hay un hombre con mil historias y anécdotas de vida. “Me considero una persona loca, melancólica, respetuosa, un muy buen padre, buen hijo, héroe, verraco” y como bien dice él, un ‘nairoman ’ que, aunque sin dinero, siempre infunde una enorme energía positiva. Y cada día que pasa, recuerda todas las adversidades que la vida le ha puesto en el camino. Hace varios años, luchó contra un cáncer linfático bastante agresivo que casi apaga su creatividad. Pero el amor de su madre y el de su familia, lo mantuvo con vitalidad y fuerza para seguir adelante; siempre acompañándolo durante las sesiones de quimioterapia y radioterapia. “Es una persona a la que yo he admirado siempre, desde niño ha sido muy alegre, inteligente y sobre todo, con muchas ganas de salir adelante”, expresó su madre en medio de un sutil llanto. Pero ahí no termina todo. Justo cuando se acercaba el nacimiento de su hijo, fue víctima de un acto inaceptable de tolerancia por parte de un grupo Skin Heads o Cabezas Rapadas en el que fue atacado por estar vestido con una réplica de una patrulla de policía de Estados Unidos. Esto le provocó una peritonitis que le infectó gran parte de su estómago y muy cerca de órganos vitales como el hígado y el páncreas. Todos estos sucesos han hecho que, al paso del tiempo, se incremente su amor hacia lo más importante en su vida según él: sus hijos. “Ser padre es lo más bello. En cada momento que puedo, intento disfrutar con ellos al máximo. A mi hijo pequeño lo disfrazo y lo molesto a cada rato. Y a mi otro hijo, David Felipe, lo admiro por sus diversos talentos, aprendió a tocar guitarra muy rápido y es un gran dibujante. A mi esposa le agradezco por todo lo que ha hecho por mí y el apoyo que me ha brindado en todas mis locuras. La comprensión, el entendimiento en los buenos y malos momentos siempre deben prevalecer en una familia”. Ahora, también se le ve en varias fiestas infantiles, como siempre, con su actitud luchadora con su gran lista de Transformers y el reto de hacer divertir a los más pequeños.

  • El anónimo de la Masacre de Cañosibao

    El anónimo de la Masacre de Cañosibao Sofía Sarralde Peña, Comunicación Social y Periodismo Fecha: El 3 de junio de 1992 ocurrió una masacre en la vía del Meta entre Villavicencio y El Castillo, a manos de paramilitares comandados por Manuel de Jesús Pirabán, alias ‘Pirata’. Esta es la historia Ernesto Sarralde. Lea también: Comediante de ‘Sábados Felices’ sanó heridas del conflicto con humor Compartir Foto: Foto: Sofía Sarralde El 3 de junio de 1992 ocurrió una masacre en la vía del Meta entre Villavicencio y El Castillo, a manos de paramilitares comandados por Manuel de Jesús Pirabán, alias ‘Pirata’. Esta masacre dejó cuatro víctimas mortales, entre esas, tres pertenecían a la Unión Patriótica: el alcalde electo, William Ocampo Castaño; su antecesora, María Mercedes Méndez y Rosa Peña, tesorera municipal. Pero hubo una víctima de la que nunca se habló, Ernesto Sarralde, mi tío. El teléfono empezó a sonar. Mi abuela, Rosalba Escobar, casi nunca atendía las llamadas, pero justo ese miércoles de 1992, lo hizo. Cuando contestó, escuchó una voz masculina agitada y acelerada, que le dijo: “¡Señora! ¡señora!, lamento tener que decirle esto así, pero mataron a su hijo Ernesto. Su cuerpo está en la gobernación de Villavicencio, venga mañana por él, por ahora no le puedo decir más”. El hombre colgó. Así, sin dar más detalles. Las lágrimas no paraban de caer del rostro de mi abuela. Esta noticia hizo que su corazón palpitara con rapidez y sus manos empezaran a temblar. Fue así como dejó caer el teléfono y el ruido que esto ocasionó hizo que mi abuelo, José Sarralde, bajara. “Mijo, se llevaron a nuestro hijo…”, le gritó a mi abuelo con la voz entrecortada, “…lo mataron, lo mataron, es que ¡lo mataron!”. Tan inesperadamente murió, que nunca lo conocí. Lo que sé, lo sé por lo que mis tíos, mi papá y mis abuelos me han contado. A Ernesto lo conocían por pasar mucho tiempo con sus amigos, salía casi todos los fines de semana con ellos, pero nunca dejaba de lado a su familia. En toda reunión familiar que había o paseo, él siempre estaba ahí. Si le tocaba dormir en el piso, en el cuarto más pequeño o tener que aguantar frío, él lo hacía sin ningún problema. Era el cuarto de 8 hermanos y toda su infancia la vivió con su familia en una casa de dos pisos en Chapinero, con seis habitaciones y dos patios. Esta casa sí la pude conocer y cada que entraba me sentía como en un castillo de lo grande que era. Allí mi tío los perseguía, les quitaba sus juguetes, corría por todos lados, jugaba con el barro de los patios, se pasaba brincando de lado a lado en la casa. Era como un terremoto, no se quedaba quieto. “Mi mamá le mandó a contar los huevos una vez, y mientras los contaba, los estrelló contra el piso”, suspiró mi papá, Jorge Sarralde, “ay… definitivamente era una caspa”. Por lo que me cuentan, a mi tío le gustaba ponerse retos y cumplir sus sueños. Empezó a estudiar Ingeniería Civil, pero al octavo semestre se retiró. Quiso estudiar otra carrera y ahí comenzó a trabajar día y noche como plomero y electricista dentro de apartamentos. Así consiguió la plata para pagarse la carrera que en verdad quería, la carrera de sus sueños, Zootecnia. Se casó a los 27 años con Elsa Ahumada. Tuvo a mi prima, Viviana, y a mi primo, Daniel. La verdad es que nunca me he tomado el atrevimiento de hablar con mis primos sobre su papá, pues siempre han sido muy reservados con ese tema. De hecho, de mi familia, son a los únicos que nunca he escuchado hablar de Ernesto. Lo que mi papá me ha contado es que mi tío trabajaba día y noche para darles estudio y un lugar donde vivir, tanto así, que a veces seguía trabajando como plomero y electricista. Pero mis primos no fueron motivo suficiente para mantener su relación con Elsa y, a los 10 años de matrimonio, se divorciaron. Apenas se separó, se fue a vivir a la casa de mis abuelos. Como quien dice, fue a pasar su último año de vida con ellos, lo que nadie sabía es que esa era su despedida. Vivir bajo el techo de sus padres no hizo que él dejara de lado su responsabilidad como papá y cada mes les mandaba dinero a mis primos y los visitaba los fines de semana. Los recursos los conseguía porque estaba trabajando en Ecopetrol, donde lo enviaban a pueblos colombianos a enseñarles a los campesinos a cultivar. En sus últimos meses de vida estuvo trabajando en El Castillo, Meta, y ahí dormía entre semana. También, de vez en cuando, para ganarse unos pesos de más, cuidaba exámenes de ICFES en Bogotá o donde lo necesitaran. Un día lo llamaron de la gobernación del Meta para que cuidara los exámenes de ICFES en Villavicencio. Y él, por ganarse una plata extra, no se negó. Agarró la ropa necesaria, sin más ni menos, se dirigió de El Castillo a la Alcaldía de Villavicencio. Eran un poco más de las 11 de la mañana cuando ya había entregado los papeles correspondientes para poder trabajar allí. La temperatura rondaba los 29 grados centígrados. Es así como mi papá empieza a narrarme cómo sucedieron las cosas, con la voz entrecortada y los ojos aguados. Todo comenzó cuando mi tío, en la salida de la Alcaldía de Villavicencio, se encontró con algunos miembros de la Unión Patriótica de El Castillo, en ese entonces partido político que había surgido por el proceso de paz entre las FARC-EP y el presidente de aquel entonces, Belisario Betancur. Entre esos estaba la exalcaldesa, María Mercedes Méndez; el alcalde electo, William Ocampo Castaño; el personero, Wilson Pardo y Rosa Peña, tesorera municipal, quienes se dirigían a El Castillo y le ofrecieron un puesto en el carro a mi tío, quien no dudó en aceptarlo. El resto de la historia la conocí por mi tío José Manuel Sarralde. En las reuniones familiares, casi siempre con tragos demás, suele acercarse a mis primos y a mí y nos cuenta esta historia con una mirada caída y con la voz tan quebrada, que hace que se sienta ese dolor como si fuera uno quien vivió ese momento. Es que, aunque nunca conocí a mi tío, y nunca lo conoceré, el corazón se me arruga de tan solo pensar que alguien de mi familia muriera así. “Un hombre vestido con uniforme militar apareció en la mitad de la carretera y detuvo el carro”, así comenzó a contarme mi tío lo demás. Nadie sabe exactamente qué pasó. Empezaron a bajar hombres armados, que después se supo eran paramilitares al mando de Manuel de Jesús Pirabán, alias ‘Pirata’. Fueron los disparos intermitentes, o eso se cree, los que causaron la muerte de la exalcaldesa, el Alcalde, la tesorera, el conductor y mi tío Ernesto. Solo uno sobrevivió, William Ocampo, el personero. Nadie en mi familia se imaginó que con 38 años mi tío Ernesto iba a morir y mucho menos, asesinado. “Juemadre vida, una cosa es que uno tenga una enfermedad, pero que te maten… ¿que te maten a tu hermanito del alma?”, exclamó mi tío José Manuel, “carajo, eso sí que no lo veía venir tan rápido”. En el entierro, mientras llevaban el ataúd, mis tíos empezaron a escuchar un ruido. Se detuvieron y decidieron abrirlo. Al hacerlo, se dieron cuenta de que mi tío Ernesto no tenía piernas ni brazos y que alguien había puesto piedras para hacer peso. No se sabe cómo pasó eso, pero sí, además de asesinado, estaba masacrado. “Verlo así me abrió una herida en el corazón que nunca sanará, es que no me quiero ni imaginar cómo le hicieron eso”, expresó otro de mis tíos, Juan Pablo Sarralde, y concluye: “nadie en esta vida merece algo así, ¡nadie!”. Pese a que fue un hecho que en mi familia nadie quiere que se repita, siempre será recordado. De hecho, hay algo en particular que hace que siga en la memoria de nuestra familia y es Rocío Dúrcal. Sí, así es, la cantante española. Mi papá me contó que Ernesto se la pasaba escuchando su música, se sabía todas las canciones y su favorita era ‘Amor Eterno’. Como quisiera, ay Que tú vivieras Que tus ojitos jamás se hubieran Cerrado nunca Es así, con estas estrofas, que vi por primera vez a mi papá llorar por mi tío. Son letras que siempre le recordarán que su hermano nunca volverá. Y aunque nos gustaría pensar que su muerte no pasó desapercibida, basta con leer algunas publicaciones de medios nacionales para ver que ni siquiera pudieron escribir bien su apellido. Escribieron ‘Saralde’ o ‘Zaralde’ y, además, solo mencionaron que era funcionario de la Unidad Municipal de Asistencia Técnica, sin dar más detalles. Pero ¿realmente era solo un funcionario? Fue más que eso, fue una víctima del conflicto armado en Colombia, una de esas víctimas de las que casi nunca se habla solo porque no ocupaba un cargo alto en la política ni era famoso. Era una persona que trabajaba en el día y en la noche para darle lo mejor a sus hijos, era un hombre que, aunque salía mucho con sus amigos, siempre compartía tiempo con su familia. Sí, era un persona común y corriente, pero fue víctima de algo a lo que no estaba involucrado. El 3 de junio de 1992 fue mi tío quien murió y hasta hoy, ¿cuántos inocentes más tendrán que morir?

  • "Es un suicidio ser líder social"

    Isabella Jimenez < Volver "Es un suicidio ser líder social" Camera Isabella Jimenez Cristian Córdoba dirige la fundación "Un joven convencido convence", la cual lucha por la salud y educación de los jóvenes en el Chocó. Él cuenta sobre la realidad de la población en su deparamento. Ver también: Ver también:

  • Aprendizaje virtual: un aliado de la educación superior

    Aprendizaje virtual: un aliado de la educación superior Jimena Cantor Santana, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Debido al confinamiento obligatorio impuesto por el Gobierno Nacional, más de 160 universidades han tenido que adaptarse en tiempo récord a la virtualidad. Lea también: "Una nueva oportunidad" Compartir Foto: Foto: Jimena Cantor Santana A las seis de la mañana inicia el día de Laura Díaz, estudiante de Lenguas Modernas de la universidad EAN, quien intenta conservar su rutina diaria. En la mañana asiste a sus clases virtuales a través de la plataforma Zoom. Durante la tarde hace ejercicio en su casa y en la noche cumple con sus deberes de la universidad. Sin embargo, asegura que estar en cuarentena requiere un esfuerzo mental significativo: “es imposible que la ansiedad no aparezca en algún momento, pero intento mentalizarme con la idea de que esto es temporal. Me siento mejor pensando que cada vez son menos días los que duraremos encerrados”. El COVID-19, virus que afecta el aparato respiratorio y puede desencadenar neumonía y otras complicaciones en la salud, fue descubierto en el mes de diciembre en Wuhan, China. Desde entonces, el virus se ha esparcido rápidamente en todo el planeta. El 11 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo declaró una pandemia, ya que se encuentra activo en más de 188 países. Ya se suman cerca de 4 millones 400 mil casos en todo el mundo, de los cuales 297.682 personas han sido víctimas mortales. En Colombia las cifras aumentan de una manera más lenta a la de sus países vecinos, gracias a la cuarentena impuesta por el gobierno de Iván Duque desde el 24 de marzo. Debido a esto, todos los ciudadanos en el territorio nacional se han visto obligados a confinarse en sus casas, con pocas excepciones para salir, como la compra de víveres y la realización de pagos en los bancos en horarios específicos. Con el paso de las semanas, se ha autorizado a algunos sectores a iniciar vida productiva, pero con limitaciones. Adicionalmente, las universidades, colegios y empresas han tenido que adaptarse a la virtualidad. En el panorama actual, la pandemia del COVID-19 no está pronta a llegar a su fin. Por esta razón, la ministra de Educación, María Victoria Angulo, emitió un documento oficial en el cual faculta a las universidades y demás instituciones de educación superior a mantener la modalidad de clases remotas hasta el 30 de mayo. Sin embargo, si para esa fecha la emergencia sanitaria continúa, la modalidad virtual se mantendrá indefinidamente. En el documento se recalca que el hecho de que las clases sean virtuales no significa que se pierdan las condiciones de calidad en el registro calificado modalidad presencial . Por lo tanto, cada Universidad debe implementar las herramientas tecnológicas aprobadas por el Gobierno Nacional para garantizar un proceso educativo efectivo y una culminación del primer semestre del año de manera satisfactoria. La polémica de la virtualidad A pesar de los intentos de las instituciones educativas por adaptarse a la virtualidad de una manera efectiva, muchos de los estudiantes se encuentran inconformes con el cambio drástico a esta modalidad educativa. La calidad de las clases, la falta de acceso al internet o la falla de este, la ausencia de equipos electrónicos aptos para participar en las clases en línea, la sobrecarga académica y los horarios que algunos profesores han tenido que modificar para realizar las clases, hacen parte de las preocupaciones de la mayoría de los estudiantes. Por otro lado, las constantes distracciones que hay en el hogar dificultan el proceso de aprendizaje. “Estar en un aula de clase es muy importante, ya que es fundamental estar un ambiente que promueva las acciones que uno va a realizar, en este caso, estudiar”, así lo afirma Juan Camilo Quiroga, estudiante de Ingeniería Civil de la Universidad Militar Nueva Granada. Las plataformas digitales más utilizadas durante la cuarentena por las universidades son Microsoft Teams, Zoom y Google Hangouts. Estas ayudan a que la comunicación entre estudiantes y maestros sea más efectiva, ya que intentan simular las mismas condiciones de aprendizaje que se registran en un aula de clase. Dichas plataformas cuentan con herramientas como las videoconferencias, las cuales pueden ser grabadas y almacenadas en el grupo de la clase para su posterior consulta. Por otro lado, permiten la personalización de las aulas virtuales para suplir las necesidades de los estudiantes y los profesores. Los estudiantes no son los únicos que se han visto afectados por la adaptación a plataformas digitales . Adriana Ángel, profesora de la Universidad de La Sabana, afirma que la dificultad más grande durante las clases virtuales ha sido remplazar las actividades o trabajos de campo que se tenían preparados para el resto del semestre académico con ejercicios que puedan realizarse en casa . Otra de las preocupaciones que aqueja a la docente es no lograr que al final del semestre los estudiantes adquieran los conocimientos propuestos en el plan de estudios. “Poder sacar notas es importante, pero mi objetivo es que mis estudiantes puedan apropiarse de los contenidos de la clase para aplicarlos en su vida profesional. Con las clases remotas es más difícil lograr esto”. Aunque las universidades han tenido que adaptarse en tiempo récord a la virtualidad, la gran mayoría de ellas ya han logrado acondicionar sus procesos en un 90%. Obdulio Velásquez, rector de la Universidad de La Sabana, aseguró en una entrevista publicada en La República , que “la virtualidad ha mejorado la asistencia de los estudiantes a las clases, pero tenemos un reto con quienes se fueron a sus regiones y no tienen conectividad”. Sin tener el tiempo de repensar la situación, las instituciones de educación superior asumieron el reto de implementar la educación virtual. Aunque están limitados al contacto por medio de una pantalla, maestros y estudiantes hacen su mejor esfuerzo para afrontar el reto de mantener el proceso educativo a distancia. Sin embargo, no todos los estudiantes han podido acceder a las clases remotas y estas no parecen satisfacer completamente las necesidades de aprendizaje de los alumnos. Este es el desafío al cual se enfrentan las universidades del país: garantizar una educación de calidad en los tiempos de la contingencia.

  • Colombia sí tiene goleador mundial

    Colombia sí tiene goleador mundial Marcela Novoa Ramírez, Comunicación Social y Periodismo Fecha: La historia de Jhon Eider González, el joven colombiano que en España fue el mejor goleador del Mundial de Fútbol para Ciegos, 2018. Lea también: “Ser mujer me abrió un espacio en el deporte” Compartir Foto: En el fútbol sonoro los arqueros son las únicas personas videntes. Foto: Marcela Novoa “Recibo el balón en la mitad del campo y sale a marcarme Joao Batista, uno de los mejores jugadores de Brasil, le hago un sombrero, bajo de nuevo el balón y al defensa que viene le hago un túnel de taquito, pateo hacia el palo derecho del arco y hago gol”. Es la anécdota que me cuenta Jhon Eider González recordando su mejor momento en el fútbol, cuando competía para un equipo brasileño en el 2017. Acordamos encontrarnos en el Parque Nacional, donde entrena sin falta los miércoles y viernes de cada semana. No sabía realmente en qué consistía aquel deporte y la curiosidad que me generaba ver a Jhon y a sus compañeros jugando era enorme. Llegué más temprano de lo pactado y tiempo después llegó él tomado del hombro de otro joven. Cuando lo saludé no fue necesario presentarme, habíamos hablado un par de veces por teléfono y recordaba perfectamente mi voz. De inmediato me llamó por mi nombre y extendió su mano con un poco de timidez para saludarme. —Perdona la demora, el tráfico estaba pesado —dijo con una sonrisa sutil. Moverse de Ciudad Bolívar al nororiente de la ciudad claramente no es tarea fácil para nadie, por lo que comprendía su retraso. Ese día Jhon llegó al parque en compañía de su sobrino, algo poco habitual, pues la mayor parte del tiempo se mueve solo por la ciudad. Allí, junto a la cancha que lo ha visto evolucionar, inició nuestra conversación. Su sueño de ser futbolista empezó siendo tan solo un niño. Tenía 6 años cuando le obsequiaron lo que él describe como el mejor regalo que ha recibido hasta ahora, un balón de fútbol. Desde entonces, empezó a practicar fuertemente, quería seguir el ejemplo de sus dos hermanos, uno de ellos arquero y el otro delantero; se destacaba entre sus compañeros y se esforzaba al máximo para cumplir ese sueño de ser el mejor jugador del mundo. Para cualquier persona puede ser algo difícil, incluso insuperable, perder la visión. Sin embargo, para Jhon las cosas fueron diferentes. —Jugaba fútbol 11, salté a cabecear el balón y mi compañero igual, chocamos tan fuerte nuestras cabezas que los dos quedamos inconscientes y nos tuvieron que llevar al hospital. Tenía 9 años cuando esto ocurrió y, a pesar del fuerte choque, su tiempo en el hospital no fue extenso. Tras una revisión, el médico les dijo a él y a su familia que no había ninguna complicación, entonces se fueron a casa. Pasó un día y Jhon empezó a sentir una fuerte molestia en sus ojos, el impacto que recibió en aquel salto fue tan fuerte que terminó afectando para siempre su visión. —Empecé a ver muy borroso y me ardían mucho los ojos, mi madre me llevó al médico y entonces nos dijeron que tenía desprendimiento de retina —recuerda con incomodidad. Jhon no creyó que esto fuera razón para dejar de hacer lo que tanto amaba. Estuvo un mes lejos de las canchas, el de la recuperación, y pronto volvió a jugar, sabiendo que ya no lo podría hacer como había querido siempre, profesionalmente. Durante nuestra conversación, me repetía una y otra vez que el apoyo de su familia fue lo más importante en aquel entonces, que sin sus hermanas y su madre no habría afrontado igual lo que ocurrió. No le gustaban los tatuajes, pero lleva tatuado el nombre de su mamá y la fecha de su nacimiento en el brazo derecho, pues asegura que el amor que siente por ella merece todo. Para su familia, él es la mayor razón de orgullo, es así como se refieren sus hermanas al hablar de él y de todo lo que ha logrado. El fútbol para ciegos, a diferencia del fútbol convencional, se juega en una cancha sintética que permite que el balón, el cual tiene 6 cámaras de sonido incorporadas, suene al impactar con el piso y los deportistas puedan ubicarlo. Los jugadores deben gritar la palabra ‘voy’ para alertar a quienes estén cerca y evitar choques y todos los competidores, exceptuando a los arqueros, son personas con discapacidad visual. Por todo lo demás, este deporte es igual o más apasionante que el fútbol que todos conocemos. Dejar el fútbol no fue la reacción que tuvo Jhon tras el accidente, pero por supuesto hubo alguna: —Estaba muy pequeño cuando quedé ciego y por eso no fue tan difícil afrontarlo. Mi única reacción fue no querer estudiar más. La mayoría de nosotros afrontamos muchos cambios en nuestra adolescencia y a Jhon hablar de esta etapa le afecta un poco. Fue entre los 14 y los 16 años cuando emocionalmente sintió el impacto de haber quedado ciego y asegura que para ese entonces no tenía ninguna motivación en su vida. —A esa edad ya era más consciente de las cosas y, como todos, entré en una etapa de rebeldía, no quería hacer nada con mi vida y me afectaba el hecho de saber que nunca podría jugar fútbol en césped porque el balón no sonaba. La motivación y el apoyo de su familia y de aquellos que tanto lo querían fueron lo que lo llevaron a conocer el fútbol que ahora practica. Fue mediante un conocido de sus hermanas que llegó a las canchas donde entrenaba el equipo del que hace parte desde hace 4 años. Juan Carlos Castañeda, director de la Selección Cundinamarca de Fútbol 5 para ciegos, fue quien recibió a Jhon en el equipo. Cariñosamente lo llama Jhoncito y destaca de él su disciplina y constancia con el deporte. Ha sido testigo de su crecimiento como deportista y de cada uno de sus logros como persona. —Cuando él llegó al grupo aún no había terminado su bachillerato, pero con la motivación de todos sus compañeros y su familia lo está haciendo, incluso está pensando en qué carrera universitaria quiere realizar —cuenta Juan Carlos con orgullo. Aquel día estaba maravillada con la destreza de cada uno de los jugadores, nunca había visto un partido de fútbol sonoro y no podía explicarme cómo un deporte tan maravilloso y el talento de todos estos deportistas eran poco conocidos. Jhon tiene un sentido de ubicación muy bueno y realmente parece que sus pies conocen a la perfección la cancha. Es ágil, rápido y muy fuerte, no por nada se llevó el título de mejor jugador en la copa América de Chile 2017, el de mejor jugador extranjero, que ganó compitiendo para un equipo brasileño en el mismo año, y ahora, el del mejor del mundo, que se trajo con todo el mérito del mundial de España 2018. Jhon es uno de los jugadores más jóvenes del equipo y entre sus compañeros resalta la relación que tiene con Sebastián Zárate, a quien conoce desde que empezó a practicar este deporte. —Su gran amor es el fútbol, no hay duda, todo el tiempo habla de él. Es una gran persona y un excelente amigo — menciona Sebastián con una sonrisa. Con 21 años, los sueños de Jhon Eider González no son los mismos, si bien ha logrado ser el mejor jugador del mundo y, de una u otra manera, cumplir ese sueño de ser un excelente futbolista, reconoce que desafortunadamente el fútbol para ciegos no es un deporte del que pueda vivir, ya que no es reconocido ni bien remunerado. Entre sus metas está terminar el bachillerato y ser periodista, pues le gustaría entrevistar a las grandes estrellas del deporte. Por otro lado, sueña con comprarle la casa a su mamá, quien ha sido su apoyo incondicional y su razón de ser. Se mantiene sujeto en su fe en Dios y asegura que gracias a él ha podido llegar hasta donde está y que solo él sabe por qué las cosas han pasado así. Ahora se está preparando para los juegos Parapanamericanos de Lima 2019 y los juegos Paralímpicos de Tokio 2020, donde, seguramente, seguirá dejando en alto el nombre del país y demostrando que, como él mismo lo dice, ser ciego no es una limitación para absolutamente nada.

Escucha aquí los podcast de Conexión Sabana 360 

botom-spreaker.png
botom-spotify.png
bottom of page