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- Vinilos, el sonido del recuerdo
Vinilos, el sonido del recuerdo María Alejandra Lahidalga, Ana María Meza M, María Alejandra Parra y María Virginia Velazquez María Alejandra Lahidalga, Ana María Meza M, María Alejandra Parra y María Virginia Velazquez Con el tiempo, se han perdido los vinilos, uno de los inventos más significativos y que mayores cambios en la cultura musical ha generado en la historia. Haz clic para acceder al contenido Ver también: QUEEN: Cincuenta años, cuatro coronas y una leyenda Compartir
- Adiós, Big Boss
Adiós, Big Boss Juan Camilo Colorado López, estudiante de Comunicación Social y Periodismo Fecha: “La última vuelta” marcará el retiro de Daddy Yankee después de 32 años de una carrera colmada de éxitos, fama y mucho ‘perreo’. Lea también: Compartir Foto: Billboard Pensar en el reggaetón es pensar en Daddy Yankee; es como si se mencionara a Jordan para hablar del basquetbol o a Van Gogh y el arte. Es así de sencillo. Por eso, para los millones de fanáticos que tiene el género (me incluyo) y los seguidores de este cantante es difícil asimilar que haya decidido cerrar su ciclo en la escena musical. De San Juan, Puerto Rico, salió el artista que puso a bailar a todo un continente con su música y que, dentro de poco, se bajará de las tarimas para siempre. La noticia de su retiro la dio a conocer por medio de sus redes sociales el 20 de marzo desde su cuenta de Instagram. Fue un video no muy largo en el que agradeció especialmente a sus fans, a las personas que creyeron en él desde el primer día y las que convirtieron al reggaetón en un género mundial. La trayectoria de Daddy Yankee está lejos de ser una carrera al sprint. Todo lo contrario. Ha sido toda una maratón que inició hace más de 30 años y hasta la fecha sigue cosechando los frutos del esfuerzo, del apego con sus raíces puertorriqueñas y de la persistencia. Pero lo que hizo el Cangry -como era conocido dentro de la industria- con su música va más allá de haberse convertido en el principal referente del género. Es que el mismo reggaetón no sería tan popular y sonado como lo es hoy si Yankee no hubiera hecho retumbar los parlantes con sus líricas de calle, de sensualidad y de alegría. Sus canciones pocas veces retrataron lo que se la ha criticado históricamente al reggaetón: la obscenidad, la cosificación de la mujer y la alusión a las drogas y al alcohol; ahí estuvo su éxito. Hoy en día, la música urbana es escuchada con otros oídos, sin tantos prejuicios y con nuevos artistas que le están apostando a otros temas y nuevos estilos sin dejar a un lado las raíces del género. Puerto Rico también ganó con el estrellato del cantante. No solo por haber puesto a la isla en el mapa, sino porque los jóvenes de ahora dejaron de ver a las drogas como un proyecto de vida y se centraron la música como una alternativa de mejora; muy contrario al contexto en el que Yankee tuvo que vivir. “Siempre trabajé para inspirar a los chamaquitos a que sean líderes, que sueñen con crecer y no crean en limitaciones”, afirmó Daddy en el video de despedida. “En el barrio, donde nosotros crecimos, la mayoría queríamos ser narcotraficantes. Hoy por hoy, yo bajo a los barrios y las mayorías quieren ser cantantes”, concluyó. Y los nuevos talentos ya están sonando: Lunay, Rauw Alejandro, Myke Towers y el que parece que será uno de los más grandes en la historia del género, Bad Bunny. Si los amantes de la vieja guardia del reggaetón -los ‘old school ’- desempolvaran los CD’s con los temas de Daddy Yankee, se darían cuenta de que al “Big Boss” nunca le faltó constancia para sacar hits regularmente (y, obviamente, tendrían material para una gran fiesta también). Gasolina, Salud y vida, Lo que pasó pasó, Ella me levantó, Llamado de emergencia, Shaky Shaky, Con calma y Dura son algunas de las canciones que bailaron miles de latinoamericanos y que permanecerán en la mente por muchos años más. Para despedirse del público que lo vio nacer y crecer como artista, Yankee hará “La Última Vuelta”; un tour por América Latina y Estados Unidos en el que cantará sus éxitos más sonados y también los de su más reciente trabajo discográfico, Legendaddy . A Colombia vendrá en octubre y, sin duda, será un espectáculo de perreo y alegría por haber visto a uno de los más grandes. El “Máximo Líder” se despide de la música. Pasarán muchos años para que el mundo vuelva a ver a un artista tan excepcional como él, entregado a su trabajo y dispuesto a hacer bailar a todo el mundo. Su música y las letras de sus canciones seguirán siendo bailadas y disfrutadas por todos los amantes del reggaetón alrededor del mundo.
- 'Animaladas': ¿por qué no somos civilizados?
'Animaladas': ¿por qué no somos civilizados? María Paula Belalcázar Mórtigo Mariana Galán Cepeda David Santiago Torres Delgado Laura Marcela Tussó Pérez Juan Camilo Duarte Bautista Este producto de opinión busca llamar la atención sobre los comportamientos inconscientes e incivilizados de los miembros de la sociedad. Ver también: Estado colombiano vs. plataformas digitales Compartir
- Salvado por el cascabel
Salvado por el cascabel Zuadi Pinto, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Hace algunos años, cuando un familiar mío se enfrentó al cáncer, entendí la desesperación que se puede llegar a tener por librarse de la muerte. Lea también: Cannabis medicinal: ¿En qué vamos? Compartir Foto: Javier Ábalos - Flickr Me dirijo hacia el municipio de Simijaca en Cundinamarca, porque me habían contado que allí, en una montaña, se llevaba a cabo la elaboración de este tratamiento y otros procesos de medicina ancestral. Cesar y Claudia, médicos homeópatas, me sirven de guía para llegar al lugar. Cesar menciona que la carretera siempre fue peligrosa, mínimo un accidente se veía cuando iban al consultorio y llevaban los cascabeles en cajas de cartón. A tan sólo unos 15 minutos de llegar, nos encontramos con una volqueta que entre sus ruedas tiene enredado lo que parece un cuerpo magullado y una moto ya casi desarmada, a dos metros otro cuerpo, deduzco que es de una mujer. Pienso en la repentina visita de la muerte, sea a través del cáncer o un accidente y en cómo evadirla, tal vez con prudencia o, quizás… con carne de cascabel. Cuando menos me doy cuenta estamos en una carretera totalmente destapada y difícil de transitar. Claudia menciona que es la misma trocha de hace unos treinta años y siempre los pacientes tienen que subirla a pie, a caballo, o en alguna camioneta. Al llegar a la finca, veo a lo lejos un objeto colgando del tejado que da al solar, pienso que podría ser un adorno de viento que cuelgan en las casas de campo. Sale una mujer en delantal con mejillas rojas, el cabello largo y con algunas canas. Doña Sofía nos da la bienvenida y se pone a hablar con Claudia sobre temas pendientes, parece que no se veían hace mucho. Al pasar por el solar veo que aquel adorno que cuelga del tejado no es menos que la carne de una serpiente cascabel secándose. Doña Sofía me dice que esa ya lleva ocho días y sólo falta que se le seque el espinazo. Don Roman nos espera dentro, en su consultorio, una habitación de la casa adornada con diferentes figuras religiosas, un par de certificados de la contraloría de Colombia con el nombre de Roman Morato Rodríguez y envases de medicina naturista. El hombre de unos 90 años, con sombrero y ruana, nos invita a sentarnos para hablar un poco del proceso antes de la preparación del medicamento. Este remedio ha curado gran cantidad personas con cáncer, dice él, pero exige una dieta rigurosa, pues la carne de culebra es la más celosa de todas. Desde el momento que se toman las cápsulas, la persona no puede consumir ningún tipo de carne ni leche entera; “de lo contrario, a los tres días estará bajo tierra en el cementerio”, dice Roman, y sin más preámbulos, el señor en ruana se pone de pie y me dice que salgamos al solar por las culebras. De una bolsa de costal, Don Roman saca una soga que en un extremo tiene atada la cabeza de una culebra. “Esta es hembra”, dice. Y le pide a su mujer que le alcance el palo para sostener su cabeza contra el piso. Me espanto al ver como deja salir el cascabel del costal y me doy cuenta de que no existe mucha seguridad, como la de los zoológicos o exhibiciones de animales, nada más que un cuchillo, una cuerda y un palo. Intento mantener la compostura mientras él comprueba que sí sea cascabel, pues su carne es la única que funciona. Resulta que estos animales se han vuelto muy costosos y algunos estafadores aprovechan su similitud con la serpiente “talla x” y le pegan un cascabel en la cola para venderla. La culebra agita la cola haciendo sonar el cascabel de forma impaciente, la soga sostiene su cuerpo y el palo mantiene su cuello contra el piso y, en cuestión de segundos, su cabeza es separada del cuerpo por un corte que el anciano le hace con mucha precisión. Doña Sofía se acerca para recoger la cabeza y meterla en el costal, dice que debe ser con mucho cuidado pues la cabeza puede morder, aunque esté separada del cuerpo. Al dirigir la mirada a lo que queda del cascabel, siento un escalofrío al ver cómo el cuerpo degollado se sigue retorciendo. Don Roman hace un corte a lo largo del cuerpo hasta llegar a la cola para sacar el relleno, descubre que estaba preñada y saca los nueve huevos para pasárselos a su señora. No puedo evitar sentir unas náuseas inmensas y una ahorcada que disimulo aclarando la garganta y recuerdo que desde muy pequeña me parecía desagradable comerme un animal, esta vez me encontraba frente a una situación mucho más complicada, pero sigo manteniendo la compostura. El cuerpo sin relleno ahora es lavado para limpiar la sangre y facilitar quitarle el pellejo para sólo quedar con lVa carne. Me impresiona ver la práctica que el anciano le tiene al proceso. No tarda más de 10 minutos en dejar la carne, que continúa retorciéndose, limpia. El cuero también va a dar con la cabeza, los huevos y órganos en el costal, y doña Sofía dice: “Esto hay que botarlo bien lejos o enterrarlo porque cuando se empieza a descomponer huele muy maluco y es un peligro para los perros”. Con una nueva cabuya, se amarra la carne de la culebra y se cuelga en el techo para dejar que le dé el sol por unos ocho o quince días. Esta se seguirá moviendo y retorciendo por unas doce horas, añade doña Sofía y me invita a pasar para ver el siguiente proceso. Sobre el escritorio tienen unas ya secas que parecían ser de hueso por su contextura y color. Estas pasan por un molino manual para ser pulverizadas y posteriormente ser encapsuladas. Cada vez que la mano hace girar el molino, suena como la cubierta de una nueza cuando se rompe. De la parte final del molino sale un polvo fino mezclado con algunas astillas que luego serán separadas y horneadas para volver a ser trituradas. Acá nada de desperdicia. Todos en la casa familiar ayudan a encapsular el polvo. A cada carne de culebra se le puede sacar aproximadamente 200 cápsulas. Doña Sofía dice que eso es muy desgastador y que probablemente dejarán de dedicarse a ello, porque ni siquiera los clientes lo agradecen. Una mujer del mismo pueblo lleva ya seis meses en el tratamiento, tiene cáncer de mama y dice que gracias a Dios conoció a don Roman antes de que le hiciera metástasis en los pulmones. Desde entonces, se las ha estado ingeniando para conseguir los cascabeles y traerlos. Cada serpiente le vale alrededor de 600.000 pesos, pero eso no es lo complicado, pues sus hijos le han ayudado con los gastos. El problema es transportar los cascabeles desde el Huila hasta la casa donde se elabora el remedio. En los últimos años, la policía se ha puesto muy alerta con el tráfico de animales como loros, micos y culebras. Quienes quieran pasar estos animales se arriesgan cubriendo las cajas con ropa interior, elementos de higiene como toallas higiénicas y demás para evadir la extensa requisa de las autoridades. Otra opción, que al parecer no dio mucho resultado, fue la de unos campesinos de Buena Vista, quienes metieron las culebras en tanques de agua y las alimentaban con cajas de pollos pequeños. Las pésimas condiciones daban como resultado serpientes pequeñas y enfermas que no funcionaban igual para el tratamiento. Estas situaciones han llevado a esta mujer con cáncer de seno a mandar a sus hijos en carro por las serpientes o incluso pagar sobornos para que le permitan pasar los reptiles sin problema, pero eso le sale mucho más costoso. Por otro lado, dice que este tratamiento es lo que la ha mantenido viva pues, según sus médicos, ya sólo le falta un 20% de recuperación. Sólo una vez, en confianza con uno de los médicos, le reveló el tratamiento que ella seguía. El médico le dijo que conocía sobre este, le recomendó continuarlo y hacerle caso a las indicaciones que le daban como no comer carne. Por su parte, Roman dejó de traer las culebras por su cuenta desde que los clientes lo empezaron a acusar de estafador por los altos precios. Ahora los pacientes deben conseguirse las culebras por su cuenta, como esta mujer, o resignarse a morir. Esta práctica sin duda se ha convertido en un tabú por su relación con el tráfico animal y el consumo de esta especia como tratamiento de cura para el cáncer. De vuelta por la trocha, me doy cuenta de haber logrado un panorama más consciente de la desesperación que puede generar la visita de la muerte. Aquella tan difícil de aceptar para algunos, pero que nos llegará a todos en algún momento. Me cuestiono a mí misma si llegaría a consumir carne de culebra en una situación crítica y prefiero evadir la respuesta.
- Reclusas en Bucaramanga, tejiendo la primera oportunidad que nunca han tenido
Reclusas en Bucaramanga, tejiendo la primera oportunidad que nunca han tenido María José Montoya, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Para el 58,6% de las mujeres privadas de la libertad, la motivación más frecuente para cometer un delito relacionado con drogas es garantizar el sustento de sus hogares, según ONU. Lea también: La cárcel de la que huyó Escobar Compartir Foto: Reclusas de la cárcel de Bucaramanga El Buen Pastor, en el taller de manualidades. Cortesía de Alejandra García, diseñadora de moda, fundadora de ANHCO “Es como un cementerio de vivos, es un lugar en donde nadie se acuerda de usted, nadie”, afirma Nelly Liseth Sierra Chona, una mujer de 34 años. Sus ojos son oscuros, es de estatura media, cabello rubio y acento santandereano, que se caracteriza por su fuerte entonación. Es madre de Jesús Javier Martínez Sierra y Daniel Esteban Martínez Sierra, de 13 y 12 años respectivamente. Una familia pequeñita, pero llena de mucho amor, que reside en la ciudad de Bucaramanga, en el barrio San Miguel. Nelly Liseth buscaba la forma de sacar a sus hijos adelante; trabajaba en la central de abastos empacando alimentos, pero el no tener una profesión, o algún aprendizaje adquirido que le facilitara obtener un sustento económico, era su gran obstáculo. Era el 27 de noviembre del 2017, el día en que la vida de Nelly Liseth cambiaría por completo, tras una decisión mal tomada y que la llevó a terminar presa. Un lugar oscuro y húmedo, gracias al calor del ambiente, con un olor sofocante y apestoso, del cual no se puede escapar por las cuatro paredes que lo encierran. En ese lugar es donde toda persona visitante degusta lo insípido y amargo de la vida, de la soledad y el olvido. Además, de ser el sitio donde la voz de estas mujeres es silenciada, por cuenta de no haber tenido la oportunidad de un buen trabajo. “Yo estaba durmiendo con mis hijos, cuando escuché que tocaron la puerta. Uno de mis hijos abrió, de inmediato entraron policías de la DIJIN y me apuntaron con el arma. Me dijeron que tenían orden de allanamiento y me detendrían por tráfico de estupefacientes”, recuerda Nelly Liseth por medio de una videollamada de zoom. Cuando se entra al patio de la cárcel el ruido y los gritos aturden, siendo esta la cordial bienvenida a la nueva integrante. La incomodidad, la rabia, la tristeza y el miedo hacen presencia de inmediato. Al día siguiente Nelly Liseth se despertó asustada, por culpa del fuerte estruendo de la alarma. En ese momento recordó que no estaba en su hogar, estaba en una celda fría, los gritos constantemente se oían y la soledad se hacía notar cada vez más. Con la falta de compañía de sus hijos y el constante encierro que la rodeaba, empezaba a ser víctima de su propio silencio, ese mismo silencio que atrapaba a más mujeres como Nelly Liseth. El 75% de las mujeres en centros de reclusión por delitos relacionados con drogas habita en barrios de estrato uno y dos, y un 8% adicional vive en barrios de invasión no regularizados o es habitante de calle. La motivación más frecuente para cometer un delito relacionado con drogas, es el no tener cómo solventar las necesidades del hogar para el 58,6% de las mujeres privadas de la libertad. Un 13,3% lo hace porque quiere obtener dinero y el restante por otras motivaciones, según cifras de las Naciones Unidas, en Colombia. La cárcel El Buen Pastor de Bucaramanga tiene diferentes espacios. Cuenta con biblioteca, casino y panadería, además de las divisiones que separan a las diferentes reclusas. El patio A es el lugar donde se encuentran las reclusas que han sido condenadas, que fue a donde pasó Nelly Liseth luego de esperar 2 años para poder tener claridad del tiempo de condena que debía cumplir. También está el patio B, donde se encuentran todas las mujeres embarazadas, madres lactantes y funcionarias públicas. Por último, está el patio C donde se encuentran las mujeres sindicadas, pero aunque cuenta con diferentes espacios la cárcel a la fecha del 7 de octubre del 2020 cuenta con 286 reclusas, cifra que sobrepasa la capacidad que ésta tiene de 247 mujeres recluidas, por esta razón hay mucho hacinamiento. Miles de vidas que se encuentran en un mismo lugar, que tienen en común un mismo objetivo: estar en libertad, dejar a un lado la soledad y abandono que se vive día a día. Nelly Liseth estuvo 2 años y medio en el centro de reclusión. Los primeros días, muy a las 5 de la mañana el fuerte estruendo de la alarma la despertó. En una celda con 45 personas a su alrededor, un lugar frío que hacía las horas eternas de cada día. Con poca ropa, una hora después debía ser llevada al patio con todas las demás reclusas. Nelly Liseth sufrió encarcelada fuertes dolores en los riñones a lo largo de tres meses, por causa de cálculos, que debían ser retirados en una cirugía. Esta nunca se llevó a cabo porque la autoridades la capturaron. Pasaba el tiempo y no recibía solución para sus constantes dolores. Pedía que la trasladaran al médico pero no recibía respuesta. Gracias a esto, tuvo que tomar medidas drásticas y empezó a cortarse los brazos para que así la tuvieran que llevar al hospital. Luego de varias oportunidades y algunas heridas ocasionadas intencionalmente logró su objetivo y estuvo 15 días hospitalizada, la estaba matando una infección que de no ser por su ingenio estaría en el centro de reclusión con la indicación médica que le recetaba tomar acetaminofén. Cuando se está recién llegado a la cárcel se debe permanecer diariamente en el patio por 3 meses. Al cumplir este tiempo, se da la posibilidad de empezar a estudiar; gracias a esto, Nelly Liseth hizo cuarto y quinto grado. Luego de haber estudiado por 1 año, ya tenía la posibilidad de empezar a trabajar en los talleres. Para poder hacer parte de estos, primero se hace el conteo de las reclusas que quieren participar, se les pregunta qué quieren hacer, y seguido de esto empiezan trabajando 8 a 10 mujeres, dependiendo del taller elegido. Pero al final terminan quedando solo 2 o 3, porque no les gusta. Aunque es una gran oportunidad de no solo mantenerse ocupada y despejar un poco la mente del encierro, la culpa y la desesperación que se vive, algunas mujeres prefieren quedarse sin trabajar y pasar los días en el patio, lo único que llega a ser una motivación es la recompensa que pueden tener, gracias a las labores que desempeñan. Uno de los beneficios que obtienen las reclusas al trabajar en los talleres y estudiar es la redención de la condena que se les impuso, dependiendo de las horas que trabajen y qye hayan tenido una conducta buena y limpia. El taller de manualidades fue el elegido por Nelly Liseth, este es dirigido por la Fundación ANHCO, creada por Alejandra García, diseñadora colombiana de modas y su hija Valentina Prieto, quien estudió Fashion Marketing y Comunicación. Ellas toda su vida han trabajado haciendo labor social. Se hizo la unión de las dos cosas que más aman, la moda y la labor social. Fue así como nació ANHCO. Alejandra es quien le enseña a las reclusas a diseñar, a hacer moda de lujo por medio del arte manual. En este espacio las reclusas aprenden a hacer manillas, mochilas, sombreros, diademas, como también estampación, bordado y pintura en tela. Las reclusas pueden escoger el tema que les apasione y a partir de esto recibir una entrada económica dentro de la penitenciaría. El proceso de diseño de las mochilas empieza con la compra de estas a las indígenas Wayuú, es decir ya vienen prefabricadas. Luego son trasladadas a Bucaramanga donde pasan por el proceso de creación y capacitación que desempeñan las reclusas. Se hace el bordado en canutillo que dura 25 días y finalmente van hacia la parte de comercialización en Colombia. Todas quieren entrar a trabajar para poder pasar al taller de fantasías, en donde hay que pulir con acero, para obtener como resultado llaveros, adornos, prendedores o hebillas para las correas. La razón por la que las reclusas quieren trabajar en ese lugar, es porque ganan mucho dinero a pesar de estar privadas de la libertad, llegan a ganar 500 mil pesos colombianos. Por eso, en los talleres antes de pasar a fantasías no se ve mucho entusiasmo, ni ganas de aprender, solo se trabaja por el pago. Cuando a Nelly Liseth le dieron la posibilidad de pasar al taller de fantasías ella decidió quedarse en el taller de manualidades, lugar donde permaneció hasta que salió en libertad. En ese taller ocurría toda la magia, se hacía el diseño de las diademas, que se demoran 2 días en terminar, como también, manillas de mostacilla y miyuki. Estas son pequeñas piedras, de múltiples colores, que se caracterizan por el gran acabado que dan gracias a su simetría. Además, a ella le encantaba pintar en tela, de esta forma obtenía pago en la cárcel por medio de las tarjetas de minuto, 3 tarjetas de 5 mil, o 7 de 5 mil eran algunos de los precios en que vendía sus obras de arte en tela y así podía comunicarse con sus hijos. “A mí, el taller de fantasías, la verdad, no me gustaba. Yo quería aprender un arte, aprender a hacer algo”, expresa Nelly Liseth. Su amor por el arte de las manualidades empezó gracias a los conocimientos que adquirió, convirtiéndose en un gusto tan fuerte, que nada le parecía difícil. La conducta de Nelly Liseth no era la más ejemplar, por esa razón no recibía redención en su condena gracias a su participación en el taller, cosa a la que le daba muy poca importancia, gracias a sus ganas de aprender. “Las mujeres que están privadas de la libertad, una vez entran al centro de reclusión pierden la esperanza, la fe, se pierden los sueños y la visión de un mejor futuro. Por falta de empleo, educación, por no encontrar otra salida, por tener una mente cerrada, una mentalidad acorde a las vivencias que han tenido en el transcurso de su vida”, menciona Alejandra García, fundadora de la Fundación ANHCO. El día a día de Nelly Liseth cambió por completo. Con mucho entusiasmo y motivación empieza sus días con el diseño de las manillas en mano dibujados en un cuaderno. Prende su tablet y le sube el volumen a la música. Preferiblemente de género urbano, empieza a tejer los 11 hilos que hacen las manillas y pasando con mucho cuidado la mostacilla o el miyuki se pasa por medio de estos la aguja, que es la que ayuda a mantener firme y a darle forma a las hermosas manillas que diseña. “Me enseñó a superarme, yo era una persona con otra mentalidad. Hay personas que se dañan la vida por no tener una oportunidad o algo así”, afirma Nelly Liseth, quien ahora se encuentra en libertad, con el gran privilegio de poder trabajar gracias al diseño manual, luego de salir de la penitenciaría Liseth continúa trabajando con ANHCO, la fundación le ayuda con el envío de los materiales, para que de esta manera siga con su labor y pueda obtener un sustento económico para ayudar a su familia. Esta no es solo la historia de Nelly Liseth, quizá es la historia de miles de mujeres que piensan que no tienen oportunidad de una vida mejor, porque realmente nunca la han tenido. Esta es una de las voces mudas de las reclusas que están en Colombia.
- “Soy débil e insegura en la vida cotidiana”: La Pulla
“Soy débil e insegura en la vida cotidiana”: La Pulla Vanessa Portilla, Comunicación Social y Periodismo Fecha: María Paulina Baena, más conocida como La Pulla, ha echado por tierra el mito de que las mujeres somos seres frágiles y sin coraje. Lea también: 'La Pulla', la excusa de su creador para no sucumbir ante la depresión Compartir Foto: Foto: Vanessa Portilla María Paulina, toda una experta en poner las cartas sobre el asunto y defender los cimientos de El Espectador en nuevos formatos, es la piedra en el zapato de algunas de las figuras públicas que se han aprovechado de la sociedad colombiana por décadas. Ella ha sido la cara de una videocolumna de opinión nacida en el 2016 que subyace en la indignación, construyendo así un espacio innovador, con un toque de picardía envolvente, que expone una verdad oculta envuelta en cólera y zozobra, pero con el poder de transformar la conciencia colombiana. Agotada, despeinada y con su traje de La Pulla, María Paulina sonreía irradiando tranquilidad al llegar a la cafetería de El Espectador. Con un saludo muy ameno, se disculpó por la tardanza, consecuencia de la grabación de un nuevo capítulo del videoblog, y con una sonrisa implacable, me dio la luz verde para comenzar la conversación. “¿Cómo es la relación del equipo de La Pulla con los periodistas de la vieja guardia?”, le pregunté en relación con los comentarios de los tradicionalistas que han debatido sobre la pertinencia de este espacio de opinión en el debate político. “Yo creo que nuestra relación es frecuente y fluida, seguimos nuestras propias reglas porque queremos conservar ese lenguaje joven y millennial irreverente que nosotros creamos con La Pulla, lo queremos seguir haciendo así, y creo que los periodistas de la vieja guardia se pueden escandalizar con eso, pero la respuesta ha sido positiva (...) Siempre estamos llamando y consultando a esta gente que nos puede dar una mirada acertada y estamos pendientes de las críticas que pueden ser positivas para perfeccionar La Pulla. Siguiendo nuestra intuición, estamos creando todo el tiempo, así eso implique que nos cacheteen los de la vieja guardia”. Frente a la propuesta de revolucionar lo tradicional con las nuevas tecnologías, La Pulla, con investigación y rigor, ha comenzado el debate de muchas problemáticas en Colombia. No obstante, todo tiene sus desventajas y María Paulina al ser la cara de la videocolumna, se ha enfrentado a millones de críticas que se trasladan del mundo virtual al real, por esto, decidí preguntarle “¿cuál ha sido el mayor reto de ser figura pública?” y con un mirada que demostraba un conflicto de ideas respondió: “Yo creo que un reto es que yo nunca quise ser esto, yo no quería ser famosa desde que nací, yo no quería convertirme de buenas a primeras como en esta figura pop: que me hicieran entrevistas, que me reconocieran en la calle, que se tomaran fotos conmigo o me lanzaran un madrazo cuando voy caminando en el mercado, entonces fue un sacudón” La periodista, sin embargo, mencionó que sabe manejarlo. “No me creo mucho esa fama, este es mi trabajo, esto es lo que hago y quiero mejorar cada día, que reconozcan el trabajo porque es bueno y no porque me reconocen a mí, debido a que detrás de esto hay un equipo de seis personas que estamos pensando nuevas formas de hacer contenidos”. Mientras María Paulina tomaba un descanso de hablar y bebía de su botella de H20, pude notar melancolía en su rostro, algo no muy propio del personaje fuerte de La Pulla. Por tal motivo, me surgió una duda “¿me puedes decir dos cosas que compartes con La Pulla y dos que no? Silencio. Se tomó su tiempo para responder: “Comparto con el personaje su ironía, su sarcasmo y su terquedad, pero no comparto su fuerza constante: yo soy muy débil e insegura en mi vida cotidiana. Tampoco comparto que le dice verdades en la cara a todo el mundo ya que en la vida real soy más miedosa”. “¿Alguna vez te has sentido impotente porque muchas personas no ven el objetivo que tienes con el personaje?, le pregunté repentinamente tratando de conocer más su lado humano. “Eso me pasaba mucho al principio porque yo veía que las discusiones se estaban encaminando por otro lado, el lado del machismo que por qué hablo así, que por qué no hablo como mujer, pero ¿por qué la discusión se está centrando en eso si yo estoy hablando de otra cosa?”. “Pero después de pensarlo vi que de pronto la forma es parte del fondo de La Pulla, luciendo como luzco, siendo fiel a lo que soy. De pronto eso dice cosas que terminan siendo el corazón de nosotros. Se debe entender que la gente necesita que más mujeres hablen duro y tengas espacios de poder y tengan espacios de diálogo y que no las vivan cayendo o infantilizando y que no las traten con más condescendencia. No importa, que sigan hablando de esto y empezar a demostrar que esto tiene una razón de ser”, añadió. Los conflictos para la videocolumna también han sido internos. Algo que ha pasado desapercibido es que el equipo vive en una lucha constante de búsqueda de financiación que, a pesar del éxito, siempre está allí. “Somos periodistas pero fungimos como administradores, como recolectores de recursos, a nosotros no nos enseñaron a gerenciar nada, yo me descuadro pagando un recibo, no ha sido fácil para ninguno de nosotros, tampoco ha fácil conseguir pautas porque nadie quiere pautar con La Pulla, pero increíblemente nos hemos dado cuenta que hay marcas que sí compran la sinceridad y que no están pendientes de “ay, qué dijo” “no diga esto”, hay marcas que les importa nuestra imagen de rebeldía e irreverencia” (...) Nos volvemos autosostenibles aunque nos falta inventarnos más cosas para sobrevivir, nuestro modelo es raro, hacemos parte de un periódico, pero tenemos que conseguirnos nuestra propia financiación”. Sin lugar a dudas Baena no vacila frente a las injusticias sociales y día a día se reta a mejorar la calidad de su trabajo. Me comentó, ya en los últimos minutos de la conversación, que está satisfecha con lo que hace, disfrutando de su vida en familia, parchando con amigos, amando al cine, a sus mascotas y saliendo con su equipo de trabajo para fortalecer los lazos que se forjaron desde la profesión, pero que continúan en los diferentes ámbitos. “Me creo el cuento de que vivo un sueño y eso me permite quitarme esa vaina de que uno es profundamente insaciable, pensar eso me hace sentir tranquila”.
- Los secretos detrás de Gorillaz
Los secretos detrás de Gorillaz Laura Alejandra Alfonso, Litza Alejandra García, Sara María Alba, estudiantes de Comunicación Corporativa Laura Alejandra Alfonso, Litza Alejandra García, Sara María Alba, estudiantes de Comunicación Corporativa La reconocida banda virtual británica de rock alternativo e Indie rock ha logrado cautivar a miles de espectadores en todo el mundo. Conoce sus orígenes. Haz clic para acceder al contenido Ver también: La batalla de supervivencia del tropipop Compartir
- Unisabana Medios | Podcast | Café y charlemos
La oportunidad de debatir, con café en mano, sobre la coyuntura nacional. Café y charlemos La oportunidad de debatir, con café en mano, sobre la coyuntura nacional. Unisabana Radio Compartir
- Cacerolo: pintando la vida
Cacerolo: pintando la vida Deisy Dayana Rojas Nivia, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Detrás de los murales con sonrisa de guasón pintados a lo largo la ciudad y del gran homenaje con pintura para Egan Bernal, se encuentra Cacerolo. Sus cuadros son llamativos y dan de qué hablar. Lea también: Colombia tiene buena rima y buen graffiti Compartir Foto: Foto: Deisy Rojas En las afueras de Bogotá, por allá donde no se está ni lejos ni cerca de la ciudad, se encuentra una casa colorida y pintoresca. Su fachada principal está pintaba de rosa encendido y combina con una imponente puerta café. Ya dentro, al fondo del verde jardín, se alzan tres casitas llamativas pintadas con intensos colores: rojo, amarillo y naranja. Tantas tonalidades entremezcladas parecen la paleta de un pintor. Quién diría que aquí han residido todo tipo de personajes; desde Frida Kahlo y salvador Dalí, hasta Donald Trump y Hitler. Todos reunidos, sin más, en un pequeño y acogedor lugar. Los cuadros se alzan imponentes sobre un suelo salpicado de colores. Parece que un arcoíris ha estallado allí. En el lugar hay tarros de pintura desperdigados en la mesa lateral, libros de arte reposando en una esquina y, al fondo, un pequeño escritorio con un computador que parece perdido en medio del aura artística del momento. Cacerolo, un hombre no muy alto, con ojos claros y voz tímida, es el anfitrión de la morada. Con pincel en mano, este artista ha dado vida a un sin número de personajes. Su casa se convirtió en un museo. Hay tanto que observar, que mantener la mirada en un solo lugar es todo un reto. Emerson Sánchez es el nombre que le pusieron sus padres, Cacerolo el que le dio la vida. En un principio, este apodo fue un tormento. A veces la primaria puede ser dura. Un día el pequeño Emerson llegó enojado a su hogar. Lo atormentaba ese sobrenombre con el que insistían en llamarlo. Pero aquella vez su padre le dio una lección que jamás olvidó: “No sea bobo, entre más les ponga atención, más lo van a molestar. Mejor asúmalo, firme sus dibujos así y verá que se los quita de encima”. Así lo hizo. Lo que comenzó como un mecanismo de defensa, se convirtió en su marca personal. Hoy porta su seudónimo con orgullo. Cacerolo lleva arte en las venas, su ADN tiene color: “Yo pinto desde que tengo memoria”, comenta él. Creció en medio de pinturas, pinceles, lienzos, carboncillos y más. La herencia del arte la obtuvo de mamá, pues en casa su castigo era pintar. - Cuando yo iba a salir, como cualquier otro niño, a jugar fútbol o al parque, mi mamá no me pregunta si yo ya había tendido mi cama o arreglado mi cuarto. Ella me sentaba en el comedor y me ponía a pintar. Si me quedaba bien, tenía el permiso. Entonces yo me esmeraba y lo hacía lo mejor posible. Parece que esta mujer sabía el futuro que podía tener su hijo. Este “castigo” solo aplicaba para el mayor de ellos: Emerson. Y sí que dio frutos. De los tres hijos, solo su pupilo resultó artista. Hoy en día, ella es la mejor crítica de las pinturas de él. La familia Cáceres vivía en un barrio popular al sur de Bogotá. Quiroga es uno de los tantos lugares marginados de la capital colombiana, en donde la situación socioeconómica es difícil y el vandalismo y la delincuencia se toman las calles. Sin embargo, allí también es cuna de artistas, deportistas, jóvenes que creen que pueden transformar el futuro. - Cuando estaba en el barrio fue cuando vi que muchos jóvenes, incluso amigos míos, en vez de irse por un buen camino, hacían cosas malas. Cogían un chuchillo para ir a hacer cosas indebidas. Yo por mi parte cogí unos pinceles y unas latas de aerosol y me iba a hacer graffitis. Pintar era la forma de expresar su inconformidad y de alguna forma hacer una protesta ante la crisis económica y social que vivía este barrio de la localidad Rafael Uribe Uribe. Cacerolo era un joven tímido y de voz tranquila. ¿Quién diría que esos fuertes pensamientos residían en la cabeza del niño que pasaba desapercibido en el salón de clases? Era juicioso y aplicado. Su puntaje en las pruebas de estado le permitió obtener una beca para adelantar sus estudios profesionales y allí se encaminó en el mundo de la publicidad. A pesar de su talento y de que su mamá había estudiado artes, él no lo hizo. O no le dejaron. Sus padres no veían esta profesión como algo rentable para su vida, partiendo un poco de la experiencia que tuvo su mamá siendo artista. - Mi mamá no fue una artista reconocida. Los cuadros que ella hacía no tuvieron tanto reconocimiento. Además, ella creía que un artista era conocido sólo después de muchos años de trabajo, de mucho esfuerzo, literalmente después de comer “mucha miércoles”. Y ella no quería eso para un hijo. Con la beca, decidió estudiar Publicidad. Era un alumno destacado, una vez más, por su arte. Tanto así que en las materias de dibujo no tenía que asistir, pues los profesores ya conocían su trabajo y simplemente le pedían que entregara un proyecto final. Sin embargo, la vida lo llevó a donde tenía que estar y cree que, si hubiera estudiado artes, su trabajo no sería lo que es hoy. - Después de conocer lo que está pasando con el mundo del arte, creo que fue lo mejor. Los pelaos que se están graduando ahoritica de arte, sinceramente no saben dibujar. Saben conceptualizar, investigar y analizar de una manera espectacular, pero están olvidando lo más básico que tiene el arte que es el dibujo y la pintura. Si yo hubiera estudiado arte estaría haciendo algo completamente diferente y lo que en este momento yo estoy haciendo es lo que de verdad me apasiona. Cacerolo considera que hoy en día está viviendo su sueño. No todos tienen la dicha de poder vivir y ganar dinero haciendo lo que aman. De niño, pintaba las paredes de su casa; de adulto se trasladó a las calles. Sigue pintando paredes, pero ahora a gran escala. Salió del estudio como un acto de rebeldía, cuando las galerías no le permitían mostrar su trabajo. “Decían que buscaban artistas titulados, pero no artistas empíricos. Según ellos, buscaban personas que tuvieran los conceptos de teorías del color, proporciones, etc. Y yo tenía los conocimientos, pero igual no me dieron la oportunidad”. También estaba en contra de los nuevos grafiteros, creía que el verdadero arte de crítica se estaba perdiendo y que nadie estaba pintando la realidad. Por todas estas razones, él buscó su propio espacio donde no hay límites, ni distinciones. Una puerta se le cerró, pero él se abrió al mundo. El primer mural que pintó nació como oposición a la polarización de un país que luchaba por la paz. Decidió colorear en una avenida de Bogotá su visión de la problemática que vivía el país. En una esquina se encontraba el expresidente Álvaro Uribe Vélez y en la otra, el presidente de ese momento, Juan Manuel Santos. Los dos personajes tenían una extraña marca roja en sus bocas. En la parte superior del cuadro se leía “Paz con justicia social”. Este mural llamó la atención de muchos de los transeúntes. Los medios y las redes sociales hicieron lo suyo. De pronto, la cuenta de @CaceroloArt comenzó a sumar seguidores. Fue tanta la viralidad de esta obra que fue a dar hasta Alemania y México. Y, sin esperarlo, el reconocimiento de Cacerolo llegó. El público se preguntaba por qué pintaba esa extraña boca de guasón en los retratos de personajes ilustres. Todo comenzó cuando un día, en medio de la búsqueda de su marca personal, analizaba los retratos hechos por grandes artistas como Rembrandt y Velázquez. Allí encontró que ellos hacían retrato psicológico, el cual consiste en mostrar rasgos de la personalidad a través de gestos, del peinado o de la ropa. Además, también le despertó interés la charla que tuvo un día con una amiga suya, donde el tema central fue la maldad del ser humano. Su cabeza daba vueltas. Quería innovar y poner su huella en cada una de sus obras. Una madrugada, como por un golpe de creatividad, despertó con la idea de hacer una mancha roja. En la boca sería perfecto, pues evocó a uno de los villanos de cómics favoritos de su infancia. Pensó que este toque rojo demostraría toda la maldad oculta en cualquier ser humano. El arte no da espera, así que de inmediato se puso en marcha y le dibujó la boca de guasón a uno de sus retratos. En la mañana siguiente, acudió a su mejor crítica: su mamá. - Le envié por chat una foto a mi mamá del resultado. Ella me dijo: “¿qué hizo? ¡se lo tiró!”. Ahí yo pensé que lo había hecho bien, que había encontrado mi distintivo. Nada es perfecto, mi arte no es perfecto y tampoco quiero que lo sea. Cuando un retrato está quedando muy fiel al personaje, le pinto su boca roja y ahí tiene. Este artista no pinta solo crítica, también hace homenaje. Pintó, junto su compañero de arte Luis Cifuentes, a Esteban Chaves en Tenjo y al Campeón del Tour de Francia, Egan Bernal, en Zipaquirá. Los murales y graffitis de Cacerolo se han convertido en lugares turísticos. Esta es una de las cosas que más le gusta de pintar en la calle, además de compartir todo el proceso creativo con la gente. - Los artistas son muy celosos con su trabajo. No les gusta que los vean y se encierran en el estudio. A mí en cambio me gusta vivir este proceso creativo con la gente. De hecho, me gusta más esto que ver los cuadros terminados. Su obra no distingue de clases, está hecha para la apreciación de todos, tanto para el transeúnte ilustrado como para el analfabeta. Tímido, de pocas palabras y con una sonrisa pícara. Este es Cacerolo. El arte siempre ha sido su mejor arma. Hasta con las chicas le funcionó. Del grupo de amigos era el que no sabía bailar; en las fiestas buscaba a la chica que le llamaba la atención y le proponía pintarla. - Así yo pasaba tiempo al lado de la chica y bueno, duraba una hora pintándola. Aprovechaba ese tiempo para conocerla y charlar. En 1999, su musa llegó. Cuando habla de ella, el rostro se le ilumina y una sonrisa se asoma en sus labios. Lleva 20 años de casado y cuenta que aún es muy feliz. Como todo un galán a la antigua, conquistó a su esposa regalándole dibujos y poemas de Jairo Aníbal Niño. - Mi esposa es una pareja idónea. Ella ha sido fundamental para todo lo que ha pasado en mi carrera artística. No crea, estar casado con un pintor no es tan chévere como uno pensaría . Yo a veces me encierro en el estudio y se me pasa el tiempo, y ella, con toda la paciencia y el amor del mundo, me lleva un cafecito, me acompaña. Sin ella, mi trabajo no sería lo que es, no tendría tanta paz y tranquilidad para hacer lo que hago. Los retratos de este artista tienen una composición bien planeada. Cada parte de sus cuadros desean reflejar algo. El amor está presente allí, Cacerolo hace partícipe a su amada en sus obras. Cada retrato terminado tiene un mechón rojo y ese toque fantasma lo pinta su esposa. En los ojos busca reflejar el alma, esta es una de las partes a las que más le dedica tiempo. Le gusta generar una conexión intensa entre sus espectadores, pues un cuadro con una mirada fuerte intimida. Además de artista, Cacerolo se interesa por otros tipos arte. Es amante del fútbol y del ciclismo. De niño practicó patinaje de velocidad, tenis de mesa y otros deportes más. Ama las plantas, su casa está repleta de ellas y las cuida con parsimonia. Sus mascotas son sus mejores compañeras para pintar. Cacerolo, como en sus obras, tiene muchos matices. Le pone color a la realidad del país. Su pincel da vida. Tiene la capacidad de dar forma a aquellos abstractos personajes literarios. El último proyecto que está adelantando es sobre el mundo de Macondo, del que tanto hablaba García Márquez. Le ha dado rostro a Fermina Daza, Mauricio Babilonia y hasta al gran Coronel Aureliano Buendía. Y así como el nobel de literatura colombiano murió escribiendo, tal vez, este artista muera pintando. Pero, por ahora, lo que le quedan son años para retratar sus sueños, anhelos e inconformidades en un lienzo tan colorido como su alma.
- ¡Corre, Roberto!
¡Corre, Roberto! Camila Llano Mejía, Juliana Murillo Calderón, Maria Alejandra Oyaga Alzate, Maria Paz Pardo Niño, Maria Camila Parra Martínez, Diana Pérez Del Valle, Comunicación Audiovisual y Multimedios En este videojuego, un vendedor ambulante de empanadas deberá escabullirse de la Policía, que no le deja cumplir con su trabajo por una curiosa ley que restringe su actividad comercial. Ver también: Level Up Compartir
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