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- Médicos en Colombia: no hay ejército para la salud
Médicos en Colombia: no hay ejército para la salud Colombia es uno de los países con menores garantías para los médicos, por la falta de apoyo estatal y el detrimento de las condiciones laborales. Haz clic para acceder al contenido Ver también: Los médicos, víctimas silenciosas del COVID-19 Compartir
- Las manos maestras
Las manos maestras María Alejandra Almario Moreno, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana. Fecha: Esta es la historia de María Teresa, quien se ve obligada a cerrar su famosa academia de música al notar la afectación en su cuerpo por artritis reumatoidea. Lea también: Soñando con los pies en alto Compartir Foto: María Alejandra Almario A los 32 años, con dos hijos pequeños y todas esas expectativas, el mundo se me acabó completamente. No podía creer que a mí me estuviera sucediendo esto. Lógicamente empezaron los tratamientos, hasta 16 pastillas diarias. Esto lo comenta María Teresa Miranda de Moreno con una voz débil que refleja lo duro que fue para ella sufrir de artritis reumatoidea. “Esta enfermedad es incurable y destructiva. Mis defensas, no me protegen, sino que me atacan, especialmente a mis articulaciones”, informa mientras acaricia sus piernas de una forma lenta y cariñosa. Sus profundas inhalaciones muestran lo difícil que es compartir lo que cambió el rumbo de su vida, y de lo que más amaba hacer: enseñar música. A sus 84 años, aún le es duro recordar todo lo que perdió por cuenta de esta enfermedad. Es inevitable no ver sus manos. Reflejan el dolor por el que ha pasado y la fortaleza que tiene. Sus dedos son rígidos y están entumecidos. A pesar de eso, sus manos están hidratadas y sus uñas se ven fuertes y largas: siempre las trae pintadas de rojo. Ella me confirma que siempre se ha cuidado la piel, incluso la de las manos . No se cohíbe de su apariencia, no las oculta, por el contrario, sus manos hacen que uno viva su historia. Sus manos la describen a ella, demuestran su edad, su belleza, su fortaleza y su berraquera. Son blancas como su rostro, por lo que su esmalte y su labial rojo la hacen más atractiva, sin olvidar sus ojos verdes y su pelo corto, abundante y rubio. Es vanidosa. En 1978 tenía un esposo con el que llevaba 10 años de casada y dos hijos que tenían 3 y 9 años. También tenía una gemela más imponente y protectora. Con ella empezó la música. “Aprendimos a cantar haciendo un dúo a dos voces que se logró muy bien. Mi madre nos dio una buena educación musical”, explicó con un todo de orgullo al recordarlo. Mientras tanto, sus dedos índice, con dificultad, señalaban el cielo con sus manos entrelazadas. Por esto, ella también decidió introducir la música en su hogar. Así lo confirma su hija María Gabriela: “Nací en la música. En mi casa, con mi tía, mi hermano y con la gente que gusta de la música, todos los fines de semana siempre se cantaba; se oía música; se tocaba el tiple y la guitarra. Teníamos tertulias musicales”. Su hija también rememora cómo los dedos de su madre se movían rápidamente por las cuerdas, mientras su voz creaba un momento inolvidable, eso cuando tocaban rancheras o música colombiana . Al cantar canciones chilenas o de América Latina, recuerda sus aplausos constantes que ayudaban a todos a llevar el ritmo de la música y a la vez los motivaba a cantar o interpretar mejor el instrumento. Sin embargo, las más conmovedoras para María Teresa eran las baladas, que actualmente canta con su hija. Las gemelas Miranda decidieron dar un paso más grande. “Mi hermana me dijo: ‘hermanita, ¿por qué no enseñamos esto que sabemos? Abramos una academia para niños’, y efectivamente lo hicimos. “Mi hermana tuvo que viajar y yo me quedé sola con la academia”, relata María Teresa. Esta vez sus manos están juntas encima de sus piernas, se ven más tímidas. Mantener la academia era de gran trabajo. Su hija y, también alumna, la veía como una profesora exigente, paciente y competente. Sostener la academia significaba preparar instrumentos, templar y cambiarles las cuerdas. Todo le produjo cansancio crónico en sus articulaciones. Con poca memoria, ella confirma que ya había sido diagnosticada con artritis para ese entonces, pero su hija dice con seguridad que fue después de haber empezado su nuevo trabajo. Para María Teresa también era un pasatiempo, una forma de expresar y recibir amor. Lastimosamente, en varias oportunidades al levantarse de su cama empezó a sentir dolor en sus manos, especialmente en el cartílago de sus dedos; a veces, en los codos. Empero, ella y su esposo sospecharon que podrían ser producto del esfuerzo en el desarrollo de las tareas en la academia. No obstante, los dolores empeoraron hasta que un día ella no pudo levantarse de la cama. José Moreno, su esposo, afirma que decidió llevarla a dos clínicas para que le tomaran radiografías, ya que no estaba contento con los resultados y quería confirmarlo. Él fue médico, por lo que entendía muy bien todo lo que estaba sucediendo. Ella vivía de la música, vivía gracias a sus manos y a sus oídos. “Que moriría en unos 15 o 20 años, porque la artritis complicaba también mis órganos internos: mis pulmones, mi hígado, mis riñones”, narra María Teresa al recordar la limitación médica de ese entonces. Para ella, el mundo se derrumbó por el dictamen de ese doctor. Para todos en su familia, y en su academia, fue una noticia inesperada. “Para mí fue muy duro porque fue verla caer de alguna forma, triste, deprimida, reducida, impotente. Siendo yo tan niña no entendía bien qué pasaba, pero tengo claros recuerdos que me producían mucho dolor y miedo a perderla”, confiesa su hija con una voz y mirada decaída, quien segundos después es inundada por lágrimas forzadas a no salir. Cuando ya la enfermedad se apoderaba de ella, tuvo que tomar una decisión con su vida: cerrar la academia de música. “Todos esos niños que recibía, desde los 4 hasta los 15 años, lloraron al despedirse. Lloramos. La cerrada de mi academia fue verdaderamente traumática para mí... Y se acabó la música para mí”, asegura María Teresa con la mirada hacia abajo a punto de llorar. Sus manos no pierden el protagonismo al intentar cubrir su rostro, toman un pañuelo y luego choca sus manos contra sus piernas al recordar esta tragedia. Para narrarlo, tuvo que mantenerse en silencio por momentos mientras recuperaba fuerzas. “María Teresa me inculcó el efecto, el amor por la música y el canto. Fue la persona que me inspiró a siempre disfrutar de los acordes de una buena guitarra”, comenta Francisco Cubillos, actual profesor de la Universidad de La Sabana. Él aún recuerda a María Teresa y su academia; especialmente las sesiones navideñas a final de año donde demostraban lo aprendido frente a las familias de los alumnos. Él manifiesta que su maestra siempre fue una persona delicada, educada y amorosa. Francisco, mientras lo comenta, no duda de una sola palabra, mira con seguridad y concreta que siempre fue muy entregada a sus estudiantes. Para él es una maravilla poder reencontrarse con ella. Con una voz más segura y fuerte, María Teresa concreta: “Terminé mi carrera, me gradué y trabajé como profesora de colegio, todavía con esta enfermedad, muy dura, con muchos dolores e impedimentos”. Sus manos esta vez transmiten dulzura. Hace movimientos suaves y grandes que salen del marco de la cámara. Se complementan con su mirada. A sus 60 años, aproximadamente, María Teresa recupera su movilidad para tener un nuevo estilo de vida. Para expresarse, para enseñar, para hablar, ella necesita de sus manos. Ella sigue con su medicación desde hace 15 o 20 años, pero le da gran protagonismo a la Cortisona y el Metotrexato, cuya función es desinflamar. “Si me pueden ver, pues las manos son funcionales. Tengo muchas, muchas cirugías ortopédicas en las manos y en los pies para poder caminar. Y mis manos, estéticamente no son bonitas, pero funcionan. Yo me siento feliz, las amo. Le doy gracias a Dios”. No pudo volver a tocar un instrumento. Las secuelas que le dejó la enfermedad en sus manos se lo impiden completamente por la inmovilidad que tienen, pero aun así, es feliz. Su hija, ya con una familia, describe que con su madre se siente acompañada, respaldada y amada. María Teresa afirma que con ella se siente bendecida, protegida y feliz. Después de cerrar su academia creó un grupo de estudio de humanidades, pero esta vez conformado por adultos . Ella siempre recordará con amor “La Academia de las Miranda”, que según su hija, fue “una empresa unipersonal, en la que mi mamá era el motor, el corazón y el todo de la empresa”. Al final, María Teresa terminó viendo y acariciando sus manos. Se ve agradecida y más alegre a diferencia de cuando empezó a narrar la historia. Agradece y se limpia un poco las lágrimas. Es evidente que sus manos fueron las más afectadas, pero también son las que batallaron y las que actualmente le dan vida e independencia. Está orgullosa de su vivencia y seguirá cuidando de ella, y sus manos, toda su vida.
- Doppler - Rey Mostaza (Acústico)
Rey Mostaza, desde los estudios la Universidad de la Sabana, con el programa Backstage. Doppler - Rey Mostaza (Acústico) Rey Mostaza, desde los estudios la Universidad de la Sabana, con el programa Backstage. Compartir
- Una mina de oro
Una mina de oro Valentina Aguilera Páez, estudiante de Comunicación Social y Periodismo. Fecha: Cobos DC, el segundo mejor club de patinaje en línea de Bogotá, aporta su talento y su esencia para que Colombia sea una potencia en este deporte: un campeonato mundial, uno panamericano y múltiples nacionales lo ratifican. Lea también: Escuchar el himno nacional: lo bello de la victoria Compartir Foto: Valentina Aguilera Páez Entrenamiento del Club Cobos DC en la pista de patinaje del Parque Recreodeportivo El Salitre. Entre los patinadores se encuentra: Miguel Fonseca (uniforme amarillo), campeón mundial 2021; y Juan Pablo Cusba (lentes negros), campeón panamericano 2020. Si hay un deporte en el que Colombia no tiene competencia, sin duda alguna, es en el patinaje sobre ruedas. Desde que el país empezó a ganar en esta disciplina se ha consolidado como el número uno mundialmente. Con un total de 830 medallas —398 de oro, 253 de plata y 179 de bronce—, Colombia se mantiene en lo más alto del podio gracias a los resultados que ha obtenido en los mundiales disputados hasta el 2021 -año en el que la cita mundialista se llevó a cabo en Ibagué, capital del departamento del Tolima en Colombia-. El Club Cobos DC de Bogotá ha sido clave en la consolidación de Colombia como una potencia en el patinaje, pues ha aportado patinadores a la selección nacional. La formación de un deportista que representa al país en instancias internacionales inicia desde los semilleros o escuelas, pasa a los clubes distritales, y, posteriormente, a ciclo selectivo para selección distrital y nacional. Una de las razones por las cuales Colombia es una potencia mundial en patinaje es la ardua preparación de sus atletas, quienes han realizado un proceso de varios años de preparación física y psicológica para competir en el alto rendimiento. Si bien la responsabilidad, la tenacidad y el talento del competidor son cualidades muy relevantes en su formación deportiva, el compromiso de su club también lo es. Dicho compromiso se manifiesta en el Club Deportivo Cobos DC con su lema “Juntos por un mismo sueño”, pues día a día los entrenadores procuran sacar adelante a sus deportistas, así como darle mayor visibilidad y reconocimiento a la escuela. De esta manera, cada vez que un joven quiere entrar a Cobos, tanto sus padres como él tienen la plena convicción de que entran a un club donde lo prepararán para ser campeón, pero sin dejar de lado su parte humana. Es necesario destacar que Cobos es el segundo mejor club de patinaje de Bogotá, pues desde que recibió el reconocimiento deportivo en 2012 y desde que se afilió a la Liga de Patinaje de Bogotá ha formado a varios deportistas que han hecho parte de la Selección Bogotá y de la Selección Colombia. Algunos de los nombres que más suenan cuando se habla del Club son: Miguel Ricardo Fonseca, Juan Pablo Cusba, Mariana Herrera y Jorge Escobar. El reconocimiento de estos patinadores se debe a la grandiosa representación que le han otorgado a la capital y al país en general: Miguel es campeón mundial con tan solo 19 años; Juan Pablo es campeón panamericano con 18 años; Mariana ha sido parte de la Selección Bogotá en 2018 y 2021; y Jorge, en 2017, 2018 y 2021. En mayo de este año, los cuatro deportistas quedaron dentro del equipo de la Selección Bogotá. El Club maneja dos grupos diferentes, pero no independientes. Uno es la escuela de formación, donde se forjan las bases y se explican los fundamentos técnicos básicos del patinaje para quienes desean empezar a entrenar; y el otro es el club de rendimiento, donde entrenan aquellos que están iniciándose en la máxima categoría de competencia y que llevan un proceso de años atrás allí. La escuela cuenta con 100 personas y el club con 70, lo cual demuestra la confianza que la gente, en especial los padres de familia, tiene al inscribir a sus hijos en este semillero del patinaje. En ese punto es donde se cumple la misión del club: “Todo el mundo ya sabe qué es Cobos, muchas veces podemos perder porque en el deporte se gana y se pierde, pero saben que si perdemos, lo hacemos luchando hasta el final. Para los otros clubes no es fácil ganarnos y es gracias al proceso deportivo que hemos llevado durante años”, relató Jorge Organista, fundador y entrenador principal del club Cobos DC, acerca de la percepción que la gente tiene de la institución. Por esta razón, la ilusión de un niño cuando entra a Cobos se traduce en que podrá entrenar al lado de campeones de talla continental y mundial, y llegar al podio, así como ellos lo han hecho. Con un poco más de 20 años de trayectoria, el club compite en Bogotá con otros clubes como Élite Sport y Tequendama, que es bien reconocido en la ciudad debido a su amplia experiencia y a la construcción de su nombre por los patinadores que ha formado. Se podría decir que son quienes se han enfrentado ‘rueda a rueda’ por obtener los mejores resultados y cumplir el objetivo más apetecido por una de estas academias: que sus patinadores luzcan el uniforme tricolor y que lleven sobre sus hombros los sueños y anhelos de un país completo. Cobos no se queda atrás y los patinadores Miguel Fonseca y Juan Pablo Cusba tampoco, pues han tenido la oportunidad de portar la licra del combinado nacional en varias ocasiones. De hecho, en 2021, fueron dos de los nueve deportistas que envió Bogotá para conformar la Selección Colombiana de Patinaje sobre ruedas. Sin embargo, no todo es color de rosa —o mejor, de oro—. Sabiendo que Colombia es una potencia mundial en este deporte, y que indudablemente tiene un lugar asegurado dentro del podio, el apoyo que se esperaría ni siquiera se ve en los medios de comunicación. Porque apoyar va más allá de poner el siguiente titular: “Colombia es campeona mundial de patinaje”. Quienes realmente sienten el soporte de la gente son los patinadores. Por esto, Miguel y Juan Pablo afirmaron que hacía falta más apoyo por parte de los medios y del Estado —si esta fue su respuesta, imagínese cómo sería la respuesta de un niño que no tiene los recursos para financiar los gastos que implica entrenar patinaje porque sí que es costoso—. Si bien en las proyecciones para 2022 se destinarían 882 mil millones de pesos del Presupuesto General de la Nación para invertir en el deporte colombiano, los atletas que han llegado a instancias internacionales afirman que no ven una gran inversión en el patinaje. Esto se debe principalmente a que en Colombia se les apuesta a otros deportes como el fútbol y el ciclismo. ¿Por qué? Porque son deportes que mueven masas de personas, y así el patinaje también lo haga, desafortunadamente los 18 títulos consecutivos de campeonatos mundiales no han sido suficientes. Uno de los principales hechos que invisibiliza el éxito del patinaje en Colombia es que este no es un deporte olímpico. De hecho, Juan Pablo Cusba, campeón panamericano en 2020, afirma que “si el patinaje fuera olímpico en categoría mayores pondría a Colombia más arriba en el podio de las olimpiadas, lo cual daría mejores incentivos para respaldar este deporte”. Tanto él como Jorge Organista, quien además de ser fundador de Cobos es secretario de la Comisión Técnica de Carreras Categoría Menores de la Liga de Patinaje de Bogotá, están de acuerdo con que habría más inversión y más aporte económico si el patinaje fuera un deporte olímpico. En efecto, “Colombia sí arrasaría en el medallero si estuviera dentro de unas justas olímpicas porque la preparación que tiene la Federación Colombiana de Patinaje, las diferentes ligas del país y los clubes es muy estructurada. Como se preparan nuestros patinadores, no se preparan ningunos otros en el mundo”, aseguró Sebastián Gómez Salinas, periodista y press attaché del Comité Olímpico Colombiano y jefe de prensa de la Organización Deportiva Bolivariana. No obstante, si se supone que este fue el año en el que se destinó la mayor cantidad de dinero hacia el deporte en la historia del país con respecto a 2021, el presupuesto aumentó casi 150 mil millones de pesos —ese año fue de 737 mil millones — para consolidar al país como un referente continental en patinaje. Entonces, valdría la pena preguntar: ¿en dónde se está invirtiendo ese dinero? Según una entrevista realizada por el periódico El Tiempo al ministro del Deporte Guillermo Herrera Castaño, se nombran las disciplinas que recibirán una parte del presupuesto, y por ningún lado aparece el patinaje. Según explica Sebastián Gómez, el Comité Olímpico es quien asesora al Ministerio del Deporte para definir a cuáles disciplinas se les invertirá de acuerdo con las medallas que estas le puedan ofrecer al país dentro de las competencias oficiales del ciclo olímpico. Se habla del equipo ‘Colombia, Tierra de Atletas’, pero este solo hace referencia a las selecciones olímpicas y paralímpicas, así que el patinaje queda casi en el olvido, pues no basta solo con entregar una cantidad específica de dinero a la Federación Nacional de Patinaje, quien actúa como el ente regulador de las Ligas de Patinaje de cada ciudad. El Club Cobos ha demostrado su buena gestión por medio de sus positivos y excelentes resultados, razón por la cual la Federación y la Liga de Patinaje los ha tenido muy en cuenta cuando se trata de enviar programaciones y convocatorias. Dejando de lado los logros deportivos y el aporte en el medallero histórico del Club Cobos para Colombia, es necesario hablar del valor agregado que esta mina de oro otorga a sus patinadores. Desde sus inicios, en el semillero del club, se ha velado por la formación humana de los deportistas, de modo que cada uno de ellos encuentra una segunda familia en el club. El hecho de vivir el patinaje como un estilo de vida implica enfrentarse a dificultades mucho más allá de las económicas . Es un reto de superación y esfuerzo físico y mental que requiere de un acompañamiento profesional. Ese acompañamiento parte de la gestión de las entidades gubernamentales del deporte, pero si estas no realizan bien su labor terminan perjudicando a los deportistas, quienes ponen todo su empeño en hacer las cosas bien. Juan Pablo Cusba mostró su inconformidad respecto al apoyo que se les da a los deportistas desde la Federación: “A los que llegan a Selección Colombia sí se les respalda, pero a los que están en los clubes, no. A las escuelas deportivas, la Federación solamente les envía información actualizada, resoluciones y programación de eventos”. Debe ser una relación recíproca, donde la Federación, Coldeportes (ahora el Ministerio del Deporte) y la Liga trabajen de la mano para favorecer a los clubes en sus proyectos deportivos con la juventud. Vale aclarar que “todo el apoyo de Fedepatin está dirigido a los deportistas de Selección Colombia únicamente en el tiempo que son Selección Colombia, pero esto se debe a que la Federación también tiene como responsabilidad apoyar a otras selecciones que no son tan famosas como la de patinaje de carreras”, aseguró Julio Garnica, vicepresidente de la Liga de Patinaje de Bogotá y miembro de la comisión técnica de carreras de la Federación Colombiana de Patinaje. Por esta razón, según cuenta Julio, “desde la Liga de Bogotá se está contemplando implementar proyectos que otorguen un retorno económico hacia los deportistas de alto rendimiento”. De esta forma, el Club Deportivo Cobos DC se ratifica como una mina de oro, pues no solo se valoran las medallas, los trofeos y los reconocimientos que el club ha obtenido desde que se consolidó; sino también la calidad humana de sus deportistas. El trabajo mancomunado de instituciones como la Federación y el Ministerio del Deporte son esenciales en la construcción y en el aprovechamiento de la materia prima de Cobos: el talento, la calidez y la determinación. En definitiva, la misión de Cobos es apenas el comienzo de otra hazaña del patinaje colombiano, ya que podría ser el punto de partida para tener, una vez más, a Colombia dentro de unas justas olímpicas en esta disciplina en la cual somos potencia mundial.
- El banco verde de Bogotá
El banco verde de Bogotá Jorman Romero, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Cuando la ciudad se prepara para dormir, la plaza de las Hierbas calienta motores para afrontar un nuevo amanecer en el que olores y colores desfilan para mezclarse en un espectáculo cultural que deja en evidencia las raíces colombianas. Lea también: Las plazas de mercado con “ñapa” Compartir Foto: Realizado por: Isabela Uribe, Gabriela Rojas, Juan Esteban Hernández, Paula Espeleta y Jorman Romero A las 4 de la mañana de un lunes cualquiera la plaza Samper Mendoza, más conocida como la Plaza de las Hierbas, se puede confundir con cualquiera de las 44 plazas de mercado de Bogotá. 24 horas después, siendo las 4 de la mañana del martes, no es fácil entender que se trata de la misma plaza. La sensación de estar en una pequeña ciudad nocturna es inevitable. Una ciudad de olores frescos y colores verdosos. Una ciudad de tradiciones y creencias, de hierbabuena, manzanilla, ruda, eucalipto y limonaria; de sabores dulces y amargos. La plaza abre las puertas a las 5 de la mañana del lunes. Solo 3 vendedores que tienen su puesto dentro de la plaza y un habitante de calle esperan la apertura desde una hora antes. Los 9° centígrados de temperatura que abrazan la madrugada de la capital los tiene abrumados y revisan constantemente la llegada de la señora de los tintos. Mientras esperamos que las puertas de la plaza se abran, don Víctor, habitante de calle, hombre pequeño, delgado y con una bufanda hasta los ojos, me cuenta cómo se gana lo del diario revendiendo la ruda que compra en la plaza. En la mano tiene un palo de escoba y una botella con atomizador que tiene un líquido rosado con el que rocía a las prostitutas del barrio Santa Fe para atraer a los clientes, una de las casi mágicas virtudes de la ruda. “Hierba que no esté en la Samper Mendoza, no existe”, ese es el lema de estos comerciantes. Y es que en las madrugadas del martes y jueves se reúnen 400 vendedores a comerciar casi 300 variedades de hierbas. Puntualmente abren la plaza. Todavía no hay luz del sol y solo se enciende una parte de las luces. Hace frío y no llega ningún cliente. Los vendedores empiezan a abrir las puertas de sus negocios y algunos a sacar esas verdes hierbas a la plazoleta. Todos en silencio empiezan su jornada que, bien saben, terminará al otro día pasadas las 10 de la mañana. Es una plaza pequeña que se divide en 3 secciones: la plazoleta grande donde llegan las hierbas, una plazoleta pequeña al costado derecho en donde llegan las hojas de tamal, provenientes casi todas de la región del Tolima, y al costado izquierdo una plazoleta de comidas que funciona únicamente de día. Cada local debe pagar una mensualidad de alrededor de 150 mil pesos al Instituto para la Integración Social (Ipes). De día la plaza se comporta casi como las demás. Hay algunos puestos de pollo y pescado dentro, e incluso hay un puesto donde venden verduras y plátanos. Nada de eso se abre en la noche. Si no fuera por el penetrante aroma a acre y salvia que produce la artemisia, esta plaza seguiría sin ser nada espectacular. La plaza está ubicada en el barrio Samper Mendoza, un barrio de antaño en la Bogotá del siglo XX donde familias enteras vivían en casas inmensas y se reunían en la calle para ir, por un peso con cincuenta, al ya desaparecido Teatro América. De eso no queda nada. La industria y el comercio se apoderaron de las losas del barrio, así como la plaza se apoderó del mercado de las hierbas. Hace 28 años los comerciantes convirtieron esta plaza sin vida en el espectáculo que es hoy. Doña Carmen, mujer de 71 años y de carisma bromista, me cuenta mientras organiza un arrume de valeriana que antes de llegar a la plaza los vendedores dieron vueltas por Paloquemao y por la carrilera del tren que queda justo al lado de lo que hoy es la plaza. “En cualquier lado que nos ubicáramos la policía nos quitaba y nos dañaba las maticas”, afirma. Pasa el día y nada extraordinario ocurre hasta las 7 de la noche. Llega el primer camión cargado de cintronela y la jornada finalmente empieza. A las 8 de la noche ya se empiezan a alinear por las calles adyacentes camiones de todas partes del país: Cundinamarca, Boyacá, Tolima y los Llanos Orientales son algunos de los lugares de donde partieron estos camiones hace algunas horas. Los vendedores, mayoría campesinos -y quienes no, hijos de ellos-, comienzan a llegar para abrir los puestos e instalarse en la plazoleta junto a sus hierbas. Pasan los minutos y empiezan a dibujarse los caminos que forman las hierbas en el piso. La plaza empieza a cobrar sentido de la mano de colores verdes, amarillos, naranjas y púrpuras, de olores a manzanilla, menta, artemisia, albahaca y hierbabuena. Hay plantas que curan enfermedades, otras que traen prosperidad y, por supuesto, condimentos. En cuanto a las dos primeras, don Darío, hombre grueso y de baja estatura, me explica que cada planta tiene su uso y su correcto manejo. “Usted no puede mezclar una planta tibia con una fría y hacer un agua porque no le va a servir”. Mientras tanto otros vendedores como doña Carmen creen que cualquier planta sirve siempre y cuando se use con fe. “Usted se puede tomar una pasta si quiere y mientras la use con fe, le va a hacer algo. Eso depende mucho de las tradiciones de nosotros”, me dice convencida. A las 11 de la noche casi todo ha sido descargado y los vendedores esperan a los compradores que llegan poco a poco. Mientras tanto, y con una temperatura por debajo de los 12° centígrados, los vendedores se valen de todas las artimañas para evadir el frío: tinto, aromática, aguardiente y hasta whisky. Doña Lilia, mujer de unos 55 años, delgada y de voz dulce, me ve caminar por la plaza y me invita a tomar un tinto. Tiene el puesto 105. Maneja su cafetería desde hace 25 años y todos en la plaza la conocen. Cada noche prepara 3 o 4 ollas grandes de tinto, unas 60 arepas y otros productos que vende durante la jornada. Como la cafetería de doña Lilia hay un par más, pero también hay 2 personas que recorren la plaza con 14 termos y bolsas de pan que venden a 300 pesos. Los compradores que se acercan a esta hora, faltando 20 minutos para la media noche, son de otras ciudades. Esta plaza no solo surte a Bogotá, sino que también provee las hierbas que se compran en gran parte del país. Hay bastante gente, pero todos tienen claro que el verdadero “boleo” no ha comenzado. Se siente una calma profunda. Nadie corre. No se oyen gritos. Montañas de hierbas se levantan y se transforman en camas para decenas de vendedores que deciden dormir y descansar un poco. Las personas se acuestan sobre las hierbas y con una cobija o un trapo en la cabeza duermen como si estuvieran en su propia cama. Algunos no necesitan acostarse y con solo inclinar la cabeza logran conciliar el sueño. Llega la media noche y nadie se da cuenta. A las afueras de la plaza ya se han acumulado más de 20 camiones por cuadra. Personas con lista en mano y con cotero a las espaldas –persona que hala las carretillas para transportar la mercancía- van comprando bultos de hierbas. El cotero se inclina, echa al hombro y descarga en una de las 40 carretas de la plaza por la que paga una pequeña mensualidad al Ipes. Así se van llenando los camiones para darles paso a otros que hasta ahora llegan. En ese ir y venir llega una familia en un Renault 9 rojo. Son una pareja de esposos y un hijo de 11 años. El pequeño carro lo llenan de hierbas desde el baúl hasta el asiento trasero y para completar la carga echan encima del carro 2 bultos más. Arrancan presurosamente porque a 2 horas de camino Fusagasugá los espera. Pasada la 1:30 de la madrugada, a 10° grados centígrados, los arrumes han disminuido un poco su tamaño. Ya no circulan tantas carretillas y la plaza ha entrado en un estado de reposo mayor. Se ve más gente durmiendo. Aprovecho para fijar mi atención en la parte más mística de la plaza: los puestos de medicinas esotéricas. Acá se consigue remedio para todo lo que alguien pueda necesitar: dinero, amor, prosperidad, salud y suerte. Don Miguel, hombre alto y quien ha trabajado con esos productos desde el inicio de la plaza, me aclara que aunque estas mismas propiedades se encuentran en las hierbas, estos locales venden los extractos condensados en esencias. “Acá principalmente vendemos jabones, esencias y riegos. Todos son lo mismo pero la presentación es diferente”. También se encuentran cosas más específicas como la uña de gato o la chanca piedra para combatir el acné y hasta los cálculos en la vesícula. En medio de esa calma momentánea que ofrece la plaza a las 2 de la mañana, una señora de ojos verdes, rostro descarnado, chaqueta de cuero y un mazo de naipes se pasea por los pasillos del fondo de la plaza ofreciendo leer las cartas. Cobra dos mil pesos y en cualquier lugar de la plaza se sienta para hacer su magia. Cuando termina pide propina y si encuentra confianza hasta pide que le gasten un cigarrillo. A medida que se acercan las 4 de la madrugada el mercado se reactiva y se llena de compradores locales. Mucha más gente se ve llegar a la plaza y la calma que habitaba se pierde. Los coteros corren más de prisa. Todos se han despertado. Los caminos formados por las hierbas se vuelven angostos y los coteros piden permiso constantemente. Los locales que no se habían abierto durante lo que va de la madrugada finalmente abren las puertas. Afuera ya casi no hay espacio para que los carros lleguen. Cuadras enteras están ocupadas de camiones y camionetas de carga. Entre ellas una Dodge del 67 con platón que en el parabrisas se identifica como Poncho. Por el lado de la plazoleta de la hoja de tamal el mercado es igualmente intenso. A medida de que los arrumes de hojas van bajando de los camiones, inmediatamente se van yendo de la plaza. A las 5:25, en medio del agite, el cielo empieza a dar sus primeros tonos morados. 10 minutos después los cerros se dibujan con fuerza en el paisaje y faltando 15 minutos para las 6 de la mañana ya está amaneciendo, sin embargo nadie se entera. Mientras descanso en un andén a las afueras de la plaza, en medio de 2 camiones se parquea un taxi. 5 mariachis bajan del carro. En fila y con instrumentos en mano caminan junto a las carretas hasta llegar al puesto de “la mona”, una señora de cabello claro y corto que vende hierbas aromáticas. Está cumpliendo 58 años. Su esposo, hijas y nietos se posan al lado de los mariachis y en medio de las personas que se acumulan cantan “las mañanitas” que se escuchan en toda la plaza. En la esquina del espectáculo está la cafetería de doña Lilia. Le pido un tinto para el frío mientras observo la función. Los mariachis van por la tercera canción cuando finalmente la luz del sol logra penetrar la plaza augurando el final de la jornada. -Doña Lilia, ¿cuánto le debo? -Nada, mijo. Lo que debe es volver, volver…
- Voces que traspasan fronteras
Voces que traspasan fronteras Valentina Gutiérrez Pulido, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Desde el inicio de la pandemia, miles de personas y organizaciones buscan hacer visibles sus causas, evitando el olvido efímero de los cibernautas. Lea también: ¿Cómo vamos en educación virtual? Compartir Foto: Todas las generaciones tienen acceso a las iniciativas gracias a los dispositivos tecnológicos. Foto: María Mercedes Rojas Niño, de Comunicación Social y Periodismo Un hombre de 43 años, John Fitzherald, dedicado a las artes plásticas, decidió protestar por las masacres que se habían presentado en el país. Se cosió la boca para que el Gobierno accediera a hablar con él, de lo contrario, él mismo, se dejaría morir. Se instaló en una pequeña carpa en la calle 19 con carrera 4, en Bogotá, el mismo lugar donde Dylan Cruz, un estudiante que protestaba, fue asesinado por un agente del ESMAD el 25 de noviembre de 2019. Para alentar su protesta, Fitzherald usó el hashtag #MeCosiLaBocaxLaPaz. Ante la situación, miles de personas comenzaron a publicar la iniciativa del artista a través de redes sociales, pero al día de hoy no se sabe qué pasó con el hombre, pues el movimiento fue tan efímero que perdió rápidamente su importancia ante la opinión pública. Según la página oficial del ministerio de tecnologías de la información y las telecomunicaciones, “el activismo digital es la práctica ciudadana que defiende causas e ideas comunes, encaminadas a buscar el bienestar de un grupo social por medio de los elementos que brinda Internet, tales como las redes sociales”, y son muchas las organizaciones que trabajan para que éste se convierta en una herramienta de poder ciudadano. Sin embargo, miles de movimientos surgen a diario en las redes sociales y muchos pierden vigencia en menos de un día. Frente a esto, Sebastián Villate, miembro fundador de @Activistaco, cree que el problema radica en no pasar de ‘la indignación a la acción’ y conectar mediante causas que son las banderas que representan los movimientos activistas. “Desde lo digital logramos hacer ese ‘click’ con las personas que quieren sentirse parte de estos movimientos y luego la idea es poder pasarlo a la calle, donde se genera el verdadero impacto”. Activismo en tiempos de pandemia En la pandemia los movimientos y peticiones cada vez se pasan más hacia las redes sociales, a internet y a las plataformas digitales. Según la coordinadora de comunicaciones de dirección de apropiación de TIC en Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, Isabel Salas, este comportamiento se debe a la necesidad de hacer uso del ejercicio de participación que promueve el activismo mediante plataformas digitales, y más aún cuando se siente estar aislado del mundo. Un ejemplo de estas plataformas digitales es Change.org, una organización que, desde hace 6 años, se dedica a hacer que las causas se visibilicen en Colombia. Esta página funciona como mediadora para difundir peticiones y actuar fuera de la virtualidad. Su herramienta principal es el sitio web Change.org, en el que cualquier ciudadano, en cualquier parte del mundo, puede iniciar una petición para hacer realidad un cambio que quiera ver. Al respecto, el director de Change.org en Colombia, Jonatan Rodríguez, pone como ejemplo un reciente movimiento que están apoyando, llamado #DefenderLaLibertad, que busca una reforma estructural de la Policía Nacional por los recientes acontecimientos con víctimas mortales como el caso de Javier Ordoñez. “Decidieron iniciar una petición para que se haga una reforma estructural en la policía por todos los hechos que ocurrieron hace poco. Nuestro rol es visibilizar su causa, más de 30.000 colombianos se han unido a la petición”, explica. Frente a esto, Angélica Zambrano, diseñadora gráfica y miembro activa de Brigada Digital, dice que el incremento del activismo digital en tiempos de pandemia se debe a que “pasamos del contacto directo al contacto en línea. Así que, quienes no eran muy fanáticos de las redes sociales, les ha tocado acoplarse a este tipo de medio”. No obstante, es importante aclarar que muchos movimientos se han visto afectados por la pandemia al no poder llevar las manifestaciones a las calles, pues quienes las promueven de manera responsable no se arriesgan a un contagio masivo por aglomeraciones. Espectador pasivo Según el libro Arden las Redes, de Juan Soto Ivars, la sociedad vive en un linchamiento continuo frente a las personas que quieren hacer uso de su libertad de expresión y luego de destruirlas, desde la comodidad del anonimato los cibernautas las dejan ir para buscar nuevas víctimas. Esto hace referencia a la rapidez con que una persona puede mostrar su apoyo o indignación frente a una idea por un segundo y olvidarlo al siguiente cuando ve la foto de su artista favorito. Muchas veces las personas no actúan por ignorancia y otras veces por falta de voluntad. Merly Silva, activista, señala que por mucho tiempo fue espectadora pasiva indignada de lo que pasaba, pero luego comenzó a ver que muchas causas necesitaban voz y decidió actuar: “@Merlysilva_activista en Instagram nace como una iniciativa de alzar la voz, pero desde la academia y el derecho”, agrega con emoción al saber que pasó de ‘la indignación a la acción’ como lo mencionaba antes Villate. Elisa Iglesia, en un artículo para AyudaenAcción, habló de la importancia del hashtag #MeToo para el activismo digital. “El movimiento #Metoo no solo ha promovido que muchas mujeres de ámbitos diversos se atrevieran a denunciar casos de violencia y acoso, sino que también ha situado la lucha contra el acoso sexual en el foco de la agenda política”. Esta iniciativa se aplicó en muchos países empoderando al movimiento y a las mujeres, hoy en día es recordada y aplicada. Hay iniciativas que toman más poder que otras gracias al impacto social que representan, si bien muchas propuestas son desapercibidas por los cibernautas, cada vez más personas se ponen la tarea de enfrentar la realidad fuera de las pantallas. Movilización más allá de las redes sociales Uno de los logros más significativos de Change.org fue lograr que el Tribunal Superior de Bogotá, aceptara que Uber se quedara en Colombia luego de recoger 605 mil firmas de colombianos. Plataformas como Change.org , Oiga.me o Avaaz.org se han beneficiado de estos resultados ya que cada vez más personas confían en su labor. Además, En Tic Confío, una iniciativa del Ministerio TIC para ayudar a las personas a desenvolverse e interactuar responsablemente con las tecnologías de información, señala que hay agentes que pueden promover una mayor eficacia. “Las iniciativas de activismo digital se dan de manera espontánea, pero también son promulgadas por el Estado para promover diferentes causas”. Este es el caso de Brigada Digital, idea que surge del Ministerio de Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones para hacer un uso responsable y solidario de las destrezas digitales, promoviendo la cooperación y colaboración en intereses de personas y comunidades del país. Personas que han hecho parte de la Brigada, confirman su labor. “Cuando empecé en la Brigada Digital, llegué como periodista. Al conocer las causas sociales el tema me enamoró y creé con una amiga Aulas de paz . En el primer año mandamos 300 kilos de útiles a niños en una zona vulnerable de Plato, Magdalena”, cuenta Angélica Zambrano. Edgar Villabona, bloguero del portal EL TIEMPO , se refiere a Brigada Digital como una especie de “bola de nieve que mueve contenidos relacionados con un tema, una causa social o una manifestación, y que hace una medición del país a través de redes sociales identificando problemas y proponiendo soluciones con el fin de ser más democráticos y solidarios entre los ciudadanos”. Para los activistas, una sociedad que no protesta es una sociedad sin voz. La realidad no se puede cambiar a menos de que se usen las herramientas indicadas. “El activismo digital está para quedarse, es una nueva herramienta en la que la gente se organiza, se moviliza, genera visibilidad, se enfrenta al escenario digital para que cada vez haya más personas que apoyen sus causas”, afirma Jonathan Rodríguez, director de Change.org. Hoy, el activismo digital da la oportunidad de formar un eco que traspase fronteras . Los logros de empresas dedicadas a visibilizar las causas se reflejan en el incremento de personas que firman o comienzan una petición. Por ejemplo, Change.org aumentó en un 200% en el número de personas firmantes respecto al 2019 y logró al menos 91 victorias en 2020. Esto demuestra que las personas pueden confiar en estas iniciativas y participar desde la comodidad de sus casas para obtener más unión, justicia y desarrollo en Colombia.
- Unisabana Medios | Audios
Injusticias inolvidables Laura Daniela Acosta, Comunicación Social y Periodismo. Esta es la historia de una familia que, desde 1959, pide justicia para sus seres queridos, quienes fueron asesinados en una vereda aledaña a Ibagué. Ver también: Casos que marcaron la historia jurídica de Colombia Compartir
- El jaguar de la Orfebrería
El jaguar de la Orfebrería Danna Muñetones, Laura Bedoya, Manuela Rojas, Yuri Montaño, Comunicación Social y Periodismo Jesús Molina Bautista es uno de los orfebres más reconocidos del país y con un gran recorrido en la industria. Él valora el material y la conexión con este al momento de labrarlo. Ver también: Artesal Compartir
- Fruko, el sabor de la salsa
Fruko, el sabor de la salsa Laura Vanegas, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Este hombre antioqueño al hablar sobre las aspiraciones y éxitos de sus agrupaciones, abre una puerta hacia la cienciología (sistema de creencias y prácticas religiosas), llegando a convertirse en la base de su crecimiento personal y espiritual. Lea también: La cara “Amable” de la Billo’s Caracas Boys Compartir Foto: María Camila Rozo Cortázar Sus amistades lo empezaron a llamar “Fruko” porque fue Lizandro Meza, miembro de la agrupación Los Corraleros de Majagual, quien observó en una valla de publicidad de neón, de la salsa de tomate Fruco, la figura de una muñeca con un gran parecido a Julio Ernesto Estrada, la llamaban “Frukita”. Por eso, cuando llegó el momento de crear su propia orquesta, Estrada decidió ponerle Fruko y sus Tesos. “Tesos viene de la palabra tesón que significa bien parados, valientes, revolucionados, sin temores y sólidos ”, asegura Fruko. Con tan solo 14 años, llegó como técnico de sonido a la productora Discos Fuentes y luego tuvo la oportunidad de tocar su primer instrumento (El timbal) con los Corraleros de Majagual, junto a Alfredo Gutiérrez, Lizandro Meza, Calixto Ochoa, entre otros. “Aprendí todos sus secretos como un niño en una aula de clase, hasta convertirme en un artista pionero con el éxito contundente”, dice Fruko. Al estar con “Los Corraleros de Majagual”, tuvo la oportunidad de alternar con artistas como; Bobby Cruz, Richie Ray, Héctor Lavoe y Willie Colón. En 1970, logró crear su propia agrupación, Fruko y sus Tesos, lanzando éxitos como "El Ausente", "El Caminante", "Tania" y uno de los discos más vendidos en todo el mundo, "El Preso". Es una canción que cuenta una plegaria dirigida a las personas que han perdido su libertad, una canción que conduce a pensamientos, a lugares aislados y llenos de depresión, en donde le pedimos al señor que nos libere para tener nuestra insistencia más grata para la supervivencia. Por eso es el éxito de la canción”, menciona Fruko. Al hablar con Jerónimo Hernández Matta, director y locutor de la emisora El Sol en la ciudad de Cali, cuenta desde su experiencia radial que las canciones más sonadas y más apetecidas por los oyentes son: "El Preso", "El Ausente", "A la Memoria del Muerto", "El Caminante" y "Tania". “Hay un sinnúmero de éxitos que han permitido que se pueda “echar” mano al repertorio de Fruko y sus Tesos, agrega. Así mismo, Matta menciona que lo que hace especial a esta agrupación es el sonido. “Tiene su sonido, su propia esencia, Fruko es como Michael Jackson en la música pop, guardando las proporciones, se preocupó por hacer un sonido propio, no copió de nadie”. Su primer disco lanzado, “Tesura”, no tuvo gran impacto, hasta que llegó el cantante Piper Pimienta, con quien se grabó el primer éxito “A la Memoria del Muerto”. Luego, llegaron grandes artistas como el Joe Arroyo y Wilson Manyoma intérprete de la canción "El Preso", que le dieron un éxito contundente a la agrupación, así mismo fueron haciendo otras orquestas hermanas como “Latin Brothers” y “La sonora Dinamita” (La reina de la cumbia). Hace más de 30 años las fiestas desmesuradas con alcohol y mujeres llegaron a su fin. Su salud, kilos de más y su mujer, Rosa Garzón, lo hicieron tomar esta decisión. “Todos me ofrecen, pero no me apetece tomar, soy feliz”, dice Fruko cada vez que lo invitan a una copa de aguardiente. Su vida estaba tomando un rumbo equivocado, por su fuerza titánica, como él la describe, pues sus grandes manos, que le han servido para romper cocos toda su vida, llegaron a romper algunos rostros, incluso de amigos del trabajo. Era un “peleón callejero”. De afros a bisoñés. Fruko siempre se caracterizó por tener abundancia de vello en todo su cuerpo: brazos, pecho, espalda y piernas, menos en su cabeza. Desde muy joven usó ostentosos afros y hoy en día optó por los bisoñés, para así disimular su calvicie. Lo hace por un tema de estética, pues no le gusta verse calvo. Este hombre antioqueño al hablar sobre las aspiraciones y éxitos de sus agrupaciones, abre una puerta hacia la cienciología (sistema de creencias y prácticas religiosas), llegando a convertirse en la base de su crecimiento personal y espiritual. “Saber cómo saber”, esta es la definición que Fruko da sobre esta y al mismo tiempo se autodenomina junto con su orquesta, terapeutas, ya que aprendieron a controlar la condición emocional de las personas y acogieron diferentes técnicas de la cienciología que se basan en el equilibrio de la mente. Después de hacer un análisis sobre el género de la salsa, Fruko manifestó que el gusto por ella se debe a que “los elementos de la percusión de la salsa están en el “Algebra de Baldor, unos movimientos en los cuadros rítmicos que hacen que haya unos cambios significativos en los tiempos. Entonces son puras matemáticas y hace que el cerebro se ilustre para dar respuestas matemáticas en la música y también en el ejercicio de la supervivencia, para los cambios que se efectúan en los ritmos de la música y en el día a día”, afirma. Al preguntarle a Vanessa Morales, profesora de música, acerca de qué hay de particular dentro los sonidos de Fruko y sus Tesos, dice que: “Esta orquesta funciona con ritmos africanos y latinoamericanos. Así mismo fue fuente de inspiración y escuela para muchos músicos populares y para muchas orquestas en Latinoamérica, especialmente en Colombia”. La musa llega cuando cae la noche, así lo describe Fruko “Empiezan a sonar en mi cabeza acordes y melodías que hoy tengo la facilidad de grabar en mi "grabadorcita" de periodista y enseguida me traslado a mi computador y prendo el equipo con el que hago mis canciones”, por ejemplo ahora está haciendo una canción en homenaje a Bogotá llamada “Ala, cómo estás”. De estos acordes es de los que nadie se olvida, son inconfundibles, así lo expresa Matta. “Fruko y sus Tesos es una de las mejores orquestas y agrupaciones tradicionales de salsa en Colombia, tiene una esencia que hace que se identifique nada más empezando los acordes de las canciones, no es necesario escucharlo dos veces para reconocerlo”, asegura. Otro componente esencial para Fruko es el amor, fuente de inspiración . Desde muy pequeño fue el “Tarzán” del barrio, pues se subía a los árboles en demostración de júbilo y amor hacia sus vecinas. Tiempo después fue conociendo el amor, teniendo su primer matrimonio a los 20 años, antes de empezar con Fruko y sus Tesos, y luego se casó con la Doctora Rosa Garzón que es ginecóloga y cirujana, con quien actualmente recorre el mundo. Hoy a sus 66 años es un hombre diferente, no fuma, no toma, ni consume sustancias, es un fiel creyente de la cienciología. Él y su esposa llevan una dieta balanceada “No consumimos carnes rojas, pues el ácido úrico afecta mis tendones y mis manos se estaban poniendo desobedientes” menciona Fruko. A lo largo de su vida, la única dificultad que ha tenido es haber afrontado la muerte de su madre, Alicia Rincón y su hermano, Luis Alberto, quien falleció de un paro cardiaco, con lo demás no ha tenido complicaciones, ya que nunca perteneció a otra clase social diferente a la de la música, ha corrido con suerte de haber incitado en más de 70 países para poder llevar un tipo de vida bueno, como él la define. Un plus que le ha ayudado durante su carrera es que gracias a las relaciones públicas, ha tenido grandes oportunidades, tocando a grandes personajes públicos como La Familia Real en Inglaterra y en muchos sitios lejanos como Australia, Japón y Tailandia. Por último dice con gran seguridad: “No ha sido difícil, si me tocara repetir todo, lo volvería a lograr”.
- ¿El salvador de Colombia?
¿El salvador de Colombia? Santiago Velásquez Fecha: Tanto la izquierda como la derecha, que cada vez tiene más excusas para redirigir el debate para pintar a Gustavo Petro como un antidemócrata, deberían comprender que no votamos por un gobierno de cambio porque creamos que quien salga al balcón es un salvador, sino porque nos cansamos de vivir en un país desigual, en guerra e indiferente. Lea también: La corrupción: ¿un problema insuperable? Compartir Foto: Gustavo Petro, presidente de Colombia (Foto - Colprensa) Recuerdo cómo muchos de mis compañeros en abril de 2021, durante el gobierno de Iván Duque Márquez, cambiaban su foto de perfil en la plataforma de clases virtuales de la Universidad como una manera de protestar ante la indiferencia docente con la situación del país. Mensajes como “qué difícil estudiar mientras matan a mi pueblo” eran una constante. Al tiempo, en vez de atender a la cátedra de los profesores, revisaban las noticias: consternación, susto e impotencia ante la brutalidad policial. Los gritos de la mamá de Santiago Murillo en Ibagué diciendo “mátenme a mí también”, luego de que su hijo fue asesinado por la fuerza pública, atormentaban a quien se atreviera a revisar las redes sociales. Por primera vez, en los 19 años de mi vida en ese entonces, además del paro de noviembre de 2019, vi un estallido social en el país sin precedentes, en oposición a una reforma tributaria que afectaba profundamente a la clase media y baja. A ello se sumó un malestar general por la desigualdad, la precariedad de los sistemas de salud y educativo y, sobre todo, una molestia generalizada ante un gobierno que hacía oídos sordos a las exigencias de la sociedad civil. Ante tanta muerte, desesperanza y confusión a mi alrededor, me preguntaba si en algún momento habría solución, si el gobierno al menos atendería las necesidades de los miles de manifestantes que gritaban en todo el país o escribían en pancartas. El debate sobre la legitimidad de la protesta social era uno de los puntos de mayor discusión en los círculos de poder y en los hogares. Unos pregonaban que el vandalismo, el daño a los bienes de los colombianos y el derribamiento de estatuas de colonizadores y héroes de la patria le restaban fundamento a cualquier exigencia de los manifestantes; otros, por el contrario, refutaban que era necesario resignificar los símbolos patrios y que el daño a la propiedad privada era consecuencia de la brutalidad policial. El monumento a Los Héroes estaba irreconocible, la estatua de Sebastián de Belalcázar había sido derribada y las avenidas parecían un campo de guerra. Con el tiempo, las marchas se apaciguaron, el comité de paro y La Primera Línea abandonaron las calles, y la Confederación Internacional de Derechos Humanos redactó un informe en que recogía todas las calamidades que azotaron al país en el primer semestre de dicho año. No obstante, llegó un candidato a la Presidencia de la República que prometía reestructurar las narrativas de la protesta social en un país que durante toda su historia nunca había sido gobernado por la izquierda. Gustavo Petro se presentó a sí mismo como el gobierno del cambio, y en menos de un año de su mandato cumplió con uno de los tantos compromisos de su campaña: liberó a algunos de los jóvenes capturados de la Primera Línea durante el paro para reintegrarlos en la sociedad como gestores de paz. Parecía que este gobierno reforzaría el derecho a la protesta y respetaría a sus manifestantes, los escucharía y respondería oportunamente a su descontento. El 1 de mayo, Petro convocó a la protesta para apoyar las reformas del nuevo gobierno. Se esperaba que las personas salieran para “discutir en la calle los puntos de reforma”, al igual que el 14 de febrero recién salió a la luz el primer texto de la reforma a la salud. El señor presidente expresaba la necesidad de un diálogo con la sociedad civil desde el balcón de la Casa de Nariño, como final de la jornada de manifestación. En realidad, se plantó junto a la primera dama durante más de una hora a expresar su inconformidad con la distribución de la tierra, la ineficiencia de algunas instituciones del Estado y, como no, a recalcar que el congreso estaba en contra del pueblo colombiano; si el legislativo refuta sus reformas, entonces atenta contra la transformación social. La interacción con su público fue nula. Pasamos de un gobierno de oídos sordos a uno que le dice a la nación que salga a escucharlo. La protesta social es un derecho consagrado en el artículo 37 de la Constitución Política de Colombia, complementada en septiembre de 2020 con una sentencia de la Corte Suprema de Justicia, que calificó de sistemática la brutalidad policial. No obstante, la manifestación pretende expresar un descontento ante una práctica o las decisiones del poder, y el nuevo gobierno, a pesar de sus fuertes críticas al manejo del estallido social del gobierno anterior, insiste en decirle a la sociedad civil cómo y por qué sentir dicho descontento. El famoso “populismo” fue una palabra utilizada en reiteradas ocasiones por la derecha para difamar las propuestas de Petro. La preocupación por su discurso debería ser la instrumentalización de las masas. El nuevo presidente despotrica continuamente contra la Fundación para la Libertad de Prensa, FLIP, en redes sociales, y es poco tolerante con la crítica periodística; por lo regular responde: “Está en todo su derecho de defenderse [la FLIP] y defender el programa de gobierno por el que las mayorías votaron”. En efecto, pero ello no quiere decir que el voto sea reflejo de la adulación por su persona y por su programa; él no es dueño de la mitad de ciudadanos que votaron por él y no tiene el derecho de decirles por qué marchar, menos aún de rechazar a sus detractores e indicarles incluso la manera correcta de retractarse ante él. En otras ocasiones, Petro ha dicho que la prensa y la figura del político son la misma cosa, pues comparten los mismos rituales cuando hacen control político. Deberíamos preguntarnos, entonces, si su discurso de la protesta social apunta a escuchar las exigencias de un país empobrecido, o si tan solo es una excusa para legitimar las decisiones de su gobierno. La protesta social es un derecho, no una propaganda, no una excusa para salir al balcón y hablar bien de sí mismo. El gobierno del cambio dio un vuelco a la narrativa histórica de la derecha tan pronto como Petro ganó las elecciones, pero cada día le hace más fácil a la oposición reforzar los miedos de la ciudadanía a una figura dictatorial, que no respeta la institucionalidad. El encontronazo con el fiscal, por ejemplo, debió ser una oportunidad para que Francisco Barbosa rindiera cuentas sobre su mala gestión archivando casos o retardando investigaciones judiciales relacionadas a la violación de derechos humanos. Sin embargo, el debate se tornó en cuál de los dos tiene más autoridad que el otro, en la jerarquía y estructura de las instituciones del Estado. ¿Es Petro el jefe de jefes? Pues como lo vaticinó el exministro de Educación, Alejandro Gaviria, es el nuevo jefe de los trinos de Twitter justificando el despido y renuncia de ministros, criticando periodistas, respaldando sus reformas sin aceptar la crítica y difamando al congreso por debatir sus proyectos. Tanto la izquierda como la derecha, que cada vez tiene más excusas para redirigir el debate para pintar a Petro como un antidemócrata, deberían comprender que, aunque parezcamos manipulables y volubles, no votamos por un gobierno de cambio porque creamos que quien salga al balcón es un salvador, sino porque nos cansamos de vivir en un país desigual, en guerra e indiferente.
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