Resultados de búsqueda
Search this site
Se encontraron 1872 resultados sin ingresar un término de búsqueda
- La IA no es creativa
La IA no es creativa Laura Daniela Andrade Guardiola. Fecha: Es un sinsentido desprestigiar la capacidad humana, en especial si enriquecer sus horizontes depende de sí mismo y no de autosustituirse por un sistema que lo releva de su imaginación. Lea también: Falta mucho para que seamos reemplazables Compartir Foto: Creatividad (Foto por Andrea Piacquadio - Pexels) La inteligencia artificial está en auge hace algunos años. Es increíble pensar en el campo de acción tan basto que comprende una rama de la informática. De acuerdo con Euroinnova, la inteligencia artificial se ocupa del diseño y construcción de sistemas que realicen y automaticen tareas del ser humano con mayor precisión. Si bien al principio parece favorable encontrar una herramienta que suplante las labores de cada persona, o simplemente alcanzar un nuevo nivel donde nuestras responsabilidades se solucionan de forma más idónea por un tercero, el cuestionamiento de este sistema radica en el supuesto mejoramiento de la experiencia humana. El área de trabajo de la inteligencia artificial es tan amplia como el mismo desarrollo de las habilidades del hombre, pues cada vez que se estudian las capacidades de esta innovadora herramienta se identifican más acciones en las que reemplaza al intelecto. Este aspecto ha determinado un nuevo debate global y transversal: ¿hasta qué punto debemos permitir que las máquinas sustituyan el trabajo y el razonamiento humano? Tal vez uno de los espacios más discutidos por el uso de la inteligencia artificial es el arte, pues entra como factor decisivo la definición de este —la cual ya presenta suficiente polémica— y el papel de la creatividad en las obras. La interrogante que arroja este nuevo sistema es diferente a la propuesta de cualquier tecnología: ¿una máquina puede crear arte? Con el objetivo de deconstruir esta cuestión, es imprescindible tomar en cuenta diferentes posiciones de la definición del arte. Según la RAE, es la manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros. También se entiende por arte como la acción en la que el ser humano recrea, con una finalidad estética, un aspecto de la realidad o un sentimiento en formas bellas valiéndose de la materia, la imagen o el sonido, de acuerdo con el Diccionario de Oxford. Además, escuchando una postura más antigua, para Aristóteles el arte es una actividad humana, lo que lo distingue de la naturaleza, el cual reside en el proceso de producción y no en lo producido: los productos del arte pueden ser o no ser; los de la naturaleza surgen de la necesidad. Partiendo de estas tres proposiciones, el punto base del arte es un denominador común: creado por el ser humano. Este argumento choca sin remedio con las obras generadas por la IA. Es posible refutar que este sistema fue creado a su vez por humanos, y que suele obedecer a las instrucciones de un individuo. La inteligencia artificial busca reproducir el comportamiento inteligente humano con algoritmos, pero solo es un producto de un ente externo que sustituyó su proceso creativo inherente a su capacidad intelectual. No es como si una persona fotografiara con una cámara, dibujara con un programa de computador o editara su voz en una canción. Mediante estas aplicaciones, el elemento externo es un apoyo para la creatividad, una ayuda para convertir el intelecto personal en realidad. En cambio, la IA es la que toma la foto, la que dibuja por sí misma y la que canta. Al perder de vista ese puente de colaboración entre humano y tecnología, esta última es la que controla el proceso, puesto que, por definición, busca desplazar la mano humana del resultado. Existe el argumento a favor de la inteligencia artificial de que estos productos son únicos al no verse afectados por emociones, opiniones o limitaciones humanas, y permiten que los artistas expandan sus horizontes y creen obras que antes eran imposibles, de acuerdo con Armando Estévez, redactor de INED21 . No obstante, esta afirmación entraña un problema en sí misma, dado que las llamadas “limitaciones” humanas son las mismas capacidades; por ende, lo creado por el humano se da gracias a su habilidad y evolución. Esa es la definición de arte, por lo que resulta un sinsentido desprestigiar la capacidad humana, en especial si enriquecer sus horizontes depende de sí mismo y no de autosustituirse por un sistema que lo releva de su creatividad innata. Así, defender la IA por mostrar una obra antes imposible de lograr representa una postura contraria a la misma naturaleza humana: si algo no era posible de crear solo con la habilidad y el intelecto, entonces no puede ser arte. No es lógico demeritar las emociones que pueden dar lugar a una obra, debido a que estas son las que permiten que la obra exista porque la creatividad y la emoción son cualidades fundamentales del arte. La carencia de humanidad y subjetividad impiden que una obra sea no solo artística sino una forma de expresión única. Como resultado, la creación del arte con IA es simplemente un producto de la tecnología. De todas maneras, es justo reconocer las diversas aplicaciones de la inteligencia artificial en el arte, pues no todas se empeñan en construir desde cero una obra. Los usos de la IA se dividen en dos tipos : la IA débil se enfoca en realizar tareas específicas, como la identificación de objetos en imágenes o la traducción de idiomas, volviéndola más limitada que la del humano; y la IA fuerte desarrolla sistemas que puedan realizar cualquier tarea, incluyendo la comprensión de lenguaje y la resolución de problemas, volviéndola comparable con la capacidad humana. Esa distinción radical dentro de la inteligencia artificial defiende en una instancia mayor la posición de que la creación de la IA no es arte; por consiguiente, es posible inferir que áreas de su trabajo no tienen por qué generar competencia con el ingenio del hombre, sino un complemento de este. Entonces es innegable la oportunidad que se abre para la IA de apoyar el arte como una tarea particular del humano y no para automatizarlo y resolver fácilmente un problema complejo. El debate sobre la originalidad se amplía al conocer que muchas pinturas generadas por IA son creadas a partir de patrones y estilos prexistentes sin darles reconocimiento por su aporte en el producto final. Asimismo, si la obra por completo es creada por la IA, carece de cualquier proceso creativo porque la mente del humano no actúa en la realización. Por otro lado, una pieza musical construida solo por un software, automatizada para seguir unas ordenes preestablecidas, erradica el factor humano: letra, armonía, ritmo, melodía y voz. La música se alimenta de sí misma, pero este fenómeno es distinto cuando las decisiones creativas al construir una canción son tomadas por un sistema y no con la subjetividad del hombre. También, en la fotografía la cámara capta la luz emitida por los objetos para obtener una imagen, un proceso complejo que al ser imitado por un software desprende imágenes irreales, sin la necesidad de la intervención humana. La característica compartida es evidente: el producto puede ser atractivo estéticamente, pero al no existir puente entre el sujeto y la obra se anula la posibilidad de analizarse junto al inmenso compendio de ejemplares artísticos sí hechos por personas, factor que genera un conflicto con los derechos de autor. Un ejemplo de ello es el creador @ghostwriter, quien utilizó inteligencia artificial con las voces de Drake y The Weeknd para crear la canción Heart On My Sleeve , y obtuvo millones de reproducciones en plataformas de streaming . Este software de IA entrenado con voces reales atenta contra la música, debido a la infracción de copyright y la pérdida total de originalidad y creatividad. Como resultado, la empresa Universal Music Group, la cual publica la música de ambos artistas, solicitó su eliminación debido a las violaciones de derechos de autor, y pidió el bloqueo inmediato de los servicios de IA que extraen melodías y letras de sus canciones. Esta reacción señala la urgencia por contrarrestar los sistemas de IA que buscan automatizar el proceso creativo musical. Los sistemas de IA permiten dos funciones elementales: colaborar con las tareas personales y suplantar las labores del humano. En términos del arte, si bien el primer uso comprende una mejoría significativa en la apreciación de obras artísticas y el análisis de sus compuestos y finalidades, la mera existencia del segundo niega rotundamente la posibilidad de denominar arte los productos derivados de software de IA. Esta tecnología entorpece la eficiencia y libertad creativa al considerar irrelevante e innecesario el intelecto y el aporte humano, además de destruir la creatividad —cualidad esencial para el arte—. Puede que una obra artística no sea auténtica, pero esa discusión solo es posible cuando se parte de la subjetividad humana, por lo que resulta imposible e incoherente pensar que el resultado de la inteligencia artificial sea una copia, un producto inédito o una obra artística, pues solo es un resultado de una máquina sin ingenio.
- Los retos que trae el aumento de la oferta de domicilios para la industria de alimentos
Los retos que trae el aumento de la oferta de domicilios para la industria de alimentos Sara García, estudiante de Comunicación Social y Periodismo Fecha: La pandemia ha generado cambios en el acceso a la alimentación de calidad. Expertos recomiendan fortalecer los procesos de salubridad en los productos antes de ser entregados. Lea también: La nueva realidad Compartir Foto: La industria de alimentos es uno de los espacios donde hay más innovación, permitiendo el equilibrio entre la conveniencia, el sabor y la salud. Foto por: Sara García, Comunicación Social y Periodismo La pandemia del covid-19 ha tenido un impacto alimentario severo en Colombia desde principios de 2020, generando barreras al acceso de alimentos deseables para el consumidor. A raíz de esto, expertos afirman que los procesos de ciencia de alimentos se deben adaptar a la nueva realidad que se está viviendo. Los procesos de ciencia de alimentos garantizan la calidad y seguridad de la comida a la hora de ser consumida, por lo cual su buen funcionamiento permite que las personas puedan estar satisfechas con lo que ingieren. Sin embargo, la pandemia del COVID-19 hizo que entre los consumidores se presentara cierta inconformidad a causa de la poca optimización de las cadenas de frío, la lenta distribución y la falta de inocuidad en algunos alimentos a la hora de pedir domicilios. Para Santiago Garzón Rojas, usuario de plataformas de domicilios, "la ineficiencia en los procesos ha hecho que las personas piensen mucho a la hora pedir domicilios, puesto que las comidas puede que lleguen frías, derramadas o en mal estado y, en algunas ocasiones, no llegan a tiempo" . No cabe duda de que los domicilios siempre han estado presentes; no obstante, la pandemia aumentó su uso exponencialmente, pero de una manera más compleja. "Desafortunadamente, la industria de alimentos no estaba preparada para esto. Se han venido dando varias falencias en cuanto al producto final que se le entrega al cliente. Este es el nuevo reto que se está intentando afrontar, buscando las mejores alternativas para que los domicilios puedan llegar de la misma manera como se sirve en un restaurante¨ , aseguró Annamaría Filomena, ingeniera de producción agroindustrial y magíster en Diseño y Gestión de Procesos. "Los protocolos de higiene y desinfección también juegan un papel importante en los servicios a domicilio”, argumentó María Paula Deaza, jefe del Departamento de Ciencia, Cultura y Artes de la Alimentación en la Universidad de La Sabana. “Si bien siempre se han tenido regulaciones para la manipulación de alimentos, estas se han venido fortaleciendo cada vez más para hacerle frente a los desafíos impuestos por el covid-19" , concluyó. Desde la ciencia de alimentos se debe asegurar que ningún microorganismo esté presente a la hora de la distribución del producto, ya que esto podría generar enfermedades, como la salmonela, en los consumidores. La pandemia ha traído consigo grandes cambios a la industria alimentaria, obligando a que las personas se acostumbren a la nueva dinámica de alimentación. Para ello es importante dar a conocer a los consumidores lo que deben tener en cuenta al momento de pedir alimentos. "Se debe procurar comprar en establecimientos de confianza, que garanticen la inocuidad de los alimentos, la cual puede ser consultada en las Secretarías de Salud y/o al Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos- INVIMA" , señaló el Ministerio de Salud. La adaptación, e incluso la innovación, de los procesos de ciencia de alimentos es el nuevo rumbo trazado para combatir el impacto que la pandemia ha causado en la alimentación. "Es por esto que se han comenzado diferentes investigaciones en carnes, vegetales y lácteos desde los laboratorios y plantas piloto del ICTA (Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos)—sostuvo Carlos Fuenmayor, coordinador de Laboratorio de Análisis Fisicoquímico de Alimentos del ICTA— para garantizar la calidad de alimentos y el buen desarrollo de nuevos productos para el consumo de la población colombiana".
- En Halloween, conoce esta forma de turismo aterrador en La Candelaria
¡Este fin de semana es para disfrutar la celebración de Halloween! Por eso, en este capítulo especial, te contamos qué planes puedes hacer en Bogotá y cómo ha sido la reactivación económica del sector de los disfraces en Colombia. En Halloween, conoce esta forma de turismo aterrador en La Candelaria Laura Ubaque, Luisa Moreno, Kelly Medina, Andrés Caamaño, Sebastián Bustos, Karol Peña, Paula Belalcázar, Danelys Vega, Gabriela Velásquez, Deisy Nivia, Nicolás Villamizar, Juliana Novoa, David Suárez, Mara Mulett, Tatiana Marta, Valeria Ramírez, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo. ¡Este fin de semana es para disfrutar la celebración de Halloween! Por eso, en este capítulo especial, te contamos qué planes puedes hacer en Bogotá y cómo ha sido la reactivación económica del sector de los disfraces en Colombia. Ver también: Los retos del país, en la visión de Santos Compartir
- “No hemos tenido tiempo para el arte porque sólo hay armas y guerra”: Lucio Feuillet
El cantautor nariñense utiliza la música para enaltecer la memoria, generar cuestionamientos y fomentar el encuentro constante con el territorio. “No hemos tenido tiempo para el arte porque sólo hay armas y guerra”: Lucio Feuillet Luisa María Vela Guerrero El cantautor nariñense utiliza la música para enaltecer la memoria, generar cuestionamientos y fomentar el encuentro constante con el territorio. Disponible en Pulzo Alejandra mar Desde el inicio de las manifestaciones en Colombia, el 28 de abril de 2021, el sector artístico ha manifestado su apoyo al Paro Nacional. Desde el área musical, varios cantantes, músicos y compositores han tomado roles protagónicos dentro de las manifestaciones, ya sea desde su participación como activistas o desde el arte. Lucio Feuillet es un cantautor colombiano que, a partir de su origen nariñense, plasma en sus canciones la cultura andina sureña y retrata temas diversos como la importancia de las tradiciones, de los rituales, de la memoria histórica, de la reflexión y de la conexión con el pueblo y el territorio. Ha estado muy presente en la coyuntura actual por medio de sus posturas políticas y su música. Sus canciones Sed y Nunca Callar se han convertido en himnos del Paro Nacional. Conversamos con el artista sobre la situación actual de Colombia, sobre su música y el rol social del arte en medio de las manifestaciones. Sus canciones Nunca Callar y Sed han sido muy populares entre los manifestantes dentro del contexto del Paro Nacional, ¿qué lo motivó a componerlas? Creo que ese sentimiento que en esos momentos me atravesaba también era un sentimiento poderosamente colectivo, como pasa muchas veces con la creación artística, y que también retrata el sentimiento de nuestros tiempos, de nuestras comunidades, de nuestros entornos. Particularmente en estas dos canciones sí sentía que estaba retratando unos despertares bien interesantes que se vienen dando, por supuesto en toda Latinoamérica, y que particularmente detonaban en nuestras comunidades aquí en Colombia. Por ejemplo, Nunca Callar es una canción que arranca sólo con guitarra y voz, como un pensamiento muy chiquito, muy desde los adentros, pero que va creciendo y al final se convierte en una cosa gigante, de vientos y de muchas percusiones. Eso es lo que estamos viviendo en estos tiempos, que ya este colectivo se vuelve una fuerza imparable de despertares, de exigencias, de dignidad y es lo que tenemos que mantener y es lo que tenemos que valorar, más allá de que se logren cambios o no. ¿Hasta qué punto la música es un acto político? Creo que todo en sí es un acto político. Por supuesto, el arte tiene que estar de la mano de eso, porque finalmente el arte es una expresión muy profunda de nuestros sentires, de nuestros pensamientos, de lo que anhelamos y de lo que vemos. El arte puede estar en una obra majestuosa, que te conmueva, que te haga viajar, o también puede estar en un grafiti en la calle con una frase poderosa. Entonces, obviamente es muy importante y creo que es necesario que estos tiempos también se atraviesen desde el arte, porque también tiene ese poder de cuestionarte, conmoverte y de generar un gran documento histórico de lo que está pasando a través de la sensibilidad, a través de eso que a veces uno no entiende muy bien, pero que te puede hacer llorar, que te puede hacer desahogarte o que te puede abrir una ventana para un cambio importante de pensamiento y de accionar. ¿Qué piden los artistas en medio de las manifestaciones? Más allá de pedir lo que va para nosotros, tenemos un gran compromiso y es acompañar todos los procesos que están pidiendo tantas comunidades que están siendo vulneradas en un país en el que se violan los derechos humanos por minuto, por día, por semana, de manera terrible. Los artistas tenemos un montón de problemas y de dificultades en estos momentos, pero por supuesto que entendemos que hay hermanas y hermanos que la están pasando mucho más difícil, que tienen la violencia a diario en sus territorios. Hay que pensar en que no existe aquí en Colombia la salud, no existe la educación, que hay una generación que ya no ve oportunidades, no ve formas de andar, de estar bien, de tener una vida digna y que ya lo último que tiene es ir a protestar y manifestarse; que está en una actitud de lucha, de dar hasta la vida por esos cambios, así no les toquen. Hablando ya de nuestra situación artística, es un país en el que todas estas economías que están vendiendo simplemente hacen que se piense la cultura desde la industrialización. Hoy hay muchos artistas en los pueblos, en las ciudades y en las comunidades que simplemente tienen un don, que no es necesario mercantilizar para que sea importante, todo lo contrario, ya su quehacer artístico es valiosísimo, es muy poderoso y hay que buscar cómo fortalecer esos procesos. Entonces claro que tenemos muchos vacíos que tenemos que trabajar. Este es un país en el que no hemos tenido tiempo para el arte porque sólo hay armas y guerra, aunque, finalmente, el mismo arte sí ha tenido que encargarse un poco de narrar esa situación e incluso a veces también se ha callado muchísimo porque a mucha gente le incomoda que se hable de eso. Es difícil tratar de resumir todas las cosas que hay que buscar y que hay que cambiar, pero claro que hay que hacerlas y este despertar es apenas un arranque para comenzar a trabajar en pro de que las cosas puedan estar mucho mejor en un futuro. En 2020 sucedió el movimiento artístico y político “Un canto por Colombia”, ¿qué ha cambiado desde entonces? Ese proceso fue muy importante y con el tema de la pandemia muchas personas pensamos que se enfrió y que se acabó, aun cuando venía de manera muy exponencial generando una unión y celebrando todos estos despertares. Pero lo que estamos viendo hoy demuestra que realmente lo que se hizo fue una pequeña pausa y ahora está expandiéndose. Yo veo, por ejemplo, que hay muchas más personas conectadas con esos sentires de la gente. Hay cosas por las por las cuales exigir, por las cuales luchar y creo que todo lo que lo que venía pasando en las marchas del anterior año y lo de Un Canto por Colombia apoya mucho eso. ¿Qué ha cambiado para Lucio como músico desde esa experiencia? Todos esos procesos también calaron mucho en mi búsqueda personal, en mi oficio, en mis cuestionamientos, en cómo quiero yo pararme en una tarima, en qué quiero decir y en cómo quiero conectar. El estar siempre con un micrófono, con un altavoz o con una canción es una responsabilidad muy bonita y hay que estar muy atentos. Todo eso me ha hecho estar mucho más consciente de buscar, de indagar, de cuestionar y de analizar. Lo que verdaderamente yo creo y quiero del oficio artístico es que se preste para la comunidad, para tu barrio, para tu gente, para tu entorno, como un oficio en el que puedas retratar, en el que puedas hablar y en el que puedas cuestionar. Entonces, creo que este tipo de cosas te dan aliento, te dan fuerza y te motivan. Está bueno cuestionarse y algo que es muy lindo de esto es que también puedas escuchar qué detonan tus ideas, a veces son una ventana que se abre y hay un montón de aristas y de variables ahí y es muy importante tener los oídos muy abiertos para escuchar. Creo que el arte permite mucho eso: permite generar semillas para escucharnos más, para que se expanda el diálogo y para que la inspiración circule; eso es muy importante, porque finalmente nos hacemos fuertes y nos debemos a una comunidad, a lo colectivo que nos arropa, que nos abriga. ¿Cuándo decidió que su arte debía adquirir ese sentido social? Para mí fue supremamente revelador cuando hice un trabajo de investigación en la universidad y fui a entrevistar a maestros de Nariño de la tradición: músicos que tenían sus oficios en la semana, pero para quienes los domingos era sagrado el ritual del encuentro, del ensayo, del baile y de juntarse a compartir sus creaciones y repertorios. Cuando yo puedo sentir que alguien me está hablando desde su alma y lo está expresando en arte, ahí es donde yo veo un gran artista y eso fue lo que me pasó a mí cuando entrevisté a los maestros que hacen música para su comunidad y que narran sus costumbres, sus paisajes, que les cantan a sus comidas, acompañan las luchas, los momentos laborales y que también acompañan las fiestas y las ceremonias importantes de sus familias. Esa claridad me la dio el territorio cuando volví a buscar un poco y a encontrarme más con eso que de pronto ya tenía, pero no entendía muy bien. Hablando del territorio, su música está muy influenciada por los sonidos y por la cultura del sur ¿qué cree que Colombia puede aprender de Nariño? Muchísimas cosas. El carnaval, por ejemplo, es una gran escuela; el celebrar el encuentro dentro de un marco artístico, cultural, social; el celebrar el baile, el tomarse las calles para el abrazo o para una manifestación artística es una gran enseñanza que en otras regiones no entienden muy bien. Ahí hay un valle, hay una metáfora y ahí hay un símbolo muy poderoso que debemos entender y que podemos expandir. Hay que seguir narrando y hay que seguir invitando también, porque finalmente ese territorio, el sur, también hace parte de esta locura llamada Colombia. Que el arte y que nuestras formas de manifestación también sean una invitación al viaje, a venir a conocernos más y todo lo que estamos viviendo. La situación social está dada por eso, porque no nos conocemos y no hemos buscado en nuestro propio territorio. Por ejemplo, con la minga, hay un desconocimiento, un agente colonizador que nos enseñó que lo valioso era lo que estaba en Estados Unidos y en Europa y nunca vimos todo lo que nos puede enseñar una cultura ancestral de la que también venimos, que ha habitado, ha cuidado y ha sembrado en estos territorios por muchos más años. ¿Cómo seguir cantándole a la esperanza en medio de todas las tragedias que pasan en Colombia? Yo siempre soy muy esperanzador, trato de sacar una enseñanza así sean cosas muy difíciles, pero me gusta también esa idea de poder retratar la crudeza, la frialdad y creo que está bien e incluso hasta pueden ser canciones que en el fondo pueden generar más impacto que las que te llenan de esperanza y que quizás solo están barriendo encima de algo superficialmente. Esas cuestiones me las he hecho mucho y me gusta la idea de presentar esas dos opciones, o sea, no sólo irse por un lado siempre esperanzador de alegría, sino que este lado crudo y frío de la realidad es bien importante que se cuente. Es un lado que incomoda mucho más, que mucha gente no quiere escuchar. Es bien importante recibir ese regalo que te da la rabia, la mezquindad y las injusticias, porque hay ahí mucha inspiración; hay que recibir eso y detonarlo con una canción, con una obra, con un mensaje, con un texto, con acciones también, que te permitan retratar y conectarte. ¿Qué estrofa que haya escrito cree que representa más este momento que está viviendo Colombia? El coro de Nunca Callar: “Fuerza para resistir, libertad para elegir, vida para despertar, para darlo todo y nunca callar”, esos cuatro versos hablan de las resistencias, de la fuerza que se necesita para seguir, para que estos procesos perduren, sean fuertes y generen cambios, generaciones mucho más empáticas y solidarias. Está el despertar como un camino comunitario para no comernos el cuento que nos han vendido por tantos años, el de la guerra, por ejemplo, que para mucha gente está bien. Es un despertar que tenemos que hacer para que entendamos que el agua, la tierra, la educación, la salud y el bienestar tienen que ser parte de nuestro entorno. No es algo lejano, no es algo que uno ve como imposible, sino que es algo que tenemos que exigir y crear en comunidad, en solidaridad y también desde la diferencia, porque la diferencia nos hace más poderosos.
- 15/30: Aumento de abandono de mascotas
15/30: Aumento de abandono de mascotas Seminario de Video, Comunicación Social y Periodismo En este capítulo, conoce a Simón Vergara, el viajero que redescubrió el camino inca, y entérate de otras noticias. Ver también: 15/30: El triage ético con el que los médicos asignan atención prioritaria para pacientes covid-19 Compartir
- ¡Manos al campo!
Jorge Gaitán, es el creador del programa Sembrar paz. A través de este, pretenden capacitar a una parte de colombianos que conforman la población rural. ¡Manos al campo! Saria María Amador Gómez Jorge Gaitán, es el creador del programa Sembrar paz. A través de este, pretenden capacitar a una parte de colombianos que conforman la población rural. Disponible en Pulzo Saria María Amador Gómez El pueblo de La Florida está en silencio. El clima frío de las 6 de la mañana se cuela entre los huesos. En el único colegio que hay se ven las plantas marchitas y ni un intento de cultivo. Los jóvenes aprenden lenguaje, ciencias sociales y matemáticas; sobre lo que se siembra en la zona no les enseñan nada. Las frutas, que solían llenar los campos, fueron reemplazadas por follajes, los ramos verdes con los que llenan los arreglos florales. Yecid Hernández y Mayra González preparan en una pequeña tienda 4.500 tallos de brillantina, uno de los tipos de follaje. Les ayudan dos personas más. De este trabajo solo ganará 20 mil pesos cada uno. Llevan dos días haciéndolo y no han llegado ni a la mitad. Nadie les ha enseñado a sembrar frutas, de producción de cárnicos o de emprendimiento rural. Ellos aceptan lo poco que les pagan por este trabajo y venden artesanías para ayudar a mantener sus hogares. La Florida es uno de los 3 centros poblados pertenecientes a la jurisdicción del municipio de Anolaima, ubicado a 71 km y casi 2 horas de Bogotá. En él se ven casas de múltiples colores, tiendas y bares pequeños. En el centro está la iglesia, de color hueso y con unas escaleras grises y envejecidas en la entrada. A la izquierda, está la sede de la Universidad Agraria de Colombia (Uniagraria). Entrar es fácil. Una cadena pende suelta sobre una de las puertas enrejadas rojas, y un candado abierto está puesto en otra puerta al fondo de la casa. En el patio trasero, sentado en un muro blanco en medio de un jardín con rosas, anturios, durantas y otras muchas especies de flores, espera Jorge Gaitán, un espigado hombre de 1,86 metros, 70 años y 110 kilos. Su vocación es desde hace años ayudar a construir un futuro para el campo a través de la educación. ‘Sembrar paz’ es un programa que Jorge Gaitán, exrector de la Uniagraria y asesor de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), adaptó en 2002 del concepto de ‘training and visits’, del Banco Mundial. El método busca capacitar a profesores para que ellos transmitan la información a miles de jóvenes en edad escolar. Hasta ahora, 48 mil niños en 189 colegios de Cundinamarca, Casanare, Córdoba y San Andrés se han visto beneficiados. En Anolaima, el proyecto empezó con 4 colegios más. El hombre está por iniciar la primera de 64 clases de un curso para profesores de ese municipio. Su objetivo final es enseñarles sobre producción agropecuaria, emprendimiento y creación de empresa a los educadores y, así mismo, a los 126 niños que serían beneficiados. En Colombia hay alrededor de 109 millones de hectáreas destinadas a la producción agrícola y pecuaria. En Anolaima, según el Dane, de los 12.911 habitantes, 9.508 viven en área rural y son pequeños productores. Las actividades agropecuarias son las principales fuentes de desarrollo económico del municipio. Llega el primer profesor, Julián Buitrago, quien dicta español en el único colegio de La Florida. Cuenta mientras desayuna que decidió asistir a la capacitación porque siempre le ha preocupado que en la institución donde trabaja nadie enseña de agricultura ni del campo. Jorge Gaitán se sienta. Mueve sus manos sobre sus piernas, de forma nerviosa. Le comenta al profesor Buitrago qué lo motivó a crear este programa con voz alta y denotando estar molesto. –Esto del campo nos toca a nosotros, ¿o van a venir los ecuatorianos a desarrollar el Valle del Cauca?–. El profesor asiente, asombrado por la crudeza con que habla el creador del programa. Según cifras del Dane, cerca de 12 millones de colombianos conforman la población rural del país, 30 % menos que antes de 1960. Esto debido a la masiva migración hacia los centros urbanos. En palabras de Jorge, la emigración desde este municipio es causada en gran medida porque los sistemas educativos son manejados por profesores de origen urbano, cuya perspectiva de desarrollo es diferente. Aquí vienen los profesores de ciudad y les dicen a los niños que se vayan, que en otro lado pueden ser gerentes de bancos o “Claudias Gurissati”, pero la gran mayoría terminan de ayudantes de bus o de prostitutas. Eso es lo que les ofrecen, denuncia Gaitán, agitando las manos y alzando aún más la voz, enfurecido. “¿Cuántos niños de La Florida sueñan con ser follajeros?, ¡ninguno!”, exclama. La migración también es fruto del desarraigo cultural, según Alejandro Cotrino, del Patronato de Artes y Ciencias. Este es reforzado por la falta de archivos de memoria histórica. Según el concejal Ernesto Acosta, en Anolaima es poca la información histórica recopilada, y no existe para los centros poblados circundantes ningún archivo de este tipo. Además, asegura que a excepción de un colegio, el Técnico Olga Santamaría, los Proyectos Educativos Institucionales (PEI) son puramente académicos y poco se relacionan con temáticas agrícolas de la producción local. A las 9 de la mañana Enrique González, capacitador de la Uniagraria, seguía esperando por los profesores que irían a hacer parte del programa. Jorge lucía enojado. En su cara ajada por la edad se veía su preocupación, pues la cita era a las 7. “Vamos a tener que aplazar el inicio del programa, con solo dos profesores no podemos empezar”, decía de pie frente a las 4 personas que estaban en el salón. Los dos profesores, el capacitador y su asistente escuchaban, preocupados. Hugo Garzón era el otro educador que había llegado. Hace 6 meses ganó un puesto para hacer parte del plantel del colegio Carlos Giraldo, de Anolaima. Vive en Funza, y se demora diariamente una hora y 15 minutos en llegar a su trabajo. Sin embargo, asegura que su motivación es formar a los niños. En su colegio, las instalaciones para educar en temas agropecuarios no se utilizan hace dos años. Para Jorge llevar ‘Sembrar Paz’ a Anolaima es un tema más allá de lo académico. Su esposa, Olga Anzola, creció con su padre en la misma casa en la que está hoy la sede de la Uniagraria. La obra se construyó únicamente con el dinero del exrector. Sin embargo, consiguió que la Universidad arrendara el lugar y la sede pudiera ser una realidad. A las 9:45 todavía no había llegado nadie más, pero Jorge decidió empezar con el programa, esperando dictar otra clase para los profesores faltantes. La clase del día trataba de producción de hamburguesas artesanales. La masa olía a comino, tenía un color claro y una textura grumosa y pegajosa. A través de la experiencia esperaban conseguir el interés de los estudiantes con alimentos bien conocidos. La Agraria y la Unidad Municipal de Asistencia Técnica (Umata), que cuenta con tan solo 120 millones de pesos en recursos anuales, son los únicos trabajando por el desarrollo de la producción agropecuaria en el municipio. El alcalde asegura que hay algunas ayudas en cultivos, entregando semillas a los productores de frutas del sector. Sin embargo, no quiso dar detalles del cubrimiento de estos programas. La directora actual de Desarrollo Social del municipio, Lucy Salamanca, afirma que los recursos que entrega la alcaldía a la Umata son los únicos destinados al desarrollo rural en el plan de gobierno, y que en este año el proyecto se enfocó en el Comité de Cafeteros de Anolaima, no en apoyos a sembradíos de frutales. En el pueblo, solo hay un ingeniero agrónomo y un técnico para ayudar a los campesinos con sus inquietudes o problemas. Según Miguel Antonio Piza, ingeniero agrónomo que trabaja en el municipio, antes los campos que rodeaban Anolaima se veían llenos de cultivos de frutales: granadillas, moras, aguacates y cítricos. Ahora, los sembradíos de flores y de follajes son más comunes. Las frutas que se cultivan se dan en mayor extensión, pero según él es difícil conseguir mano de obra, debido a la migración. Anolaima, según uno de sus concejales, solo conserva el nombre de capital frutera de Colombia por tradición. En cifras del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, ya no se cultiva ni siquiera suficiente fruta para cumplir con la demanda promedio del departamento: 430 mil toneladas al año. Aún así, desde la alcaldía todavía no se gestionan políticas públicas para el desarrollo, las técnicas de producción de fruta son las mismas de hace 20 años y los profesores ni siquiera asisten a las capacitaciones. “El follaje no nos lo podemos comer”, dice Miguel Piza saliendo de un pequeño negocio de almuerzos, ubicado a media cuadra de la plaza central de La Florida. En la sede de la Uniagraria empieza la segunda capacitación, esta vez para la producción de génovas y chorizos. El sacerdote Ángel Alfaro compra las hamburguesas artesanales que los estudiantes aprendieron a fabricar, por medio de sus profesores, durante el transcurso de la semana. Jorge Gaitán tiene una reunión con dos profesores de la Uniagraria, dos enviados especiales de la Alcaldía y tres educadores de Anolaima. En ella discutirá, junto a Alejandro Cotrino, la posibilidad de crear un programa de recuperación de memoria histórica en el Municipio. Mientras todo esto pasa, campesinos como Ricardo Vargas cuidan cada cosecha en espera de recibir un pago suficiente para mantener a sus familias.
- Un exiliado, la sombra de la guerra y un premio
Un exiliado, la sombra de la guerra y un premio Isabella Hurtado Almario, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Nicolás Quimbayo Vásquez es quien es por la historia de Colombia, Libia y Francia. Nicolás es memoria, sencillez y criterio. Lea también: El registro de un caminante Compartir Foto: ( Ligia Vásquez junto a su hijo, Nicolás Quimbayo) Bogotá, 1985. Los buses a toda velocidad pasan por la calle 68 mientras el barrio Modelo, con su arquitectura estilo inglés y jardines con rosales, visten las calles. Como es usual, la llovizna cae en las frías tardes capitalinas. La imagen del bullicio de la gente no distrae a Nicolás Quimbayo Vásquez, un niño de ocho años. Él quiere retener en su memoria el ruido de la ciudad y a su padre, Nicolás Quimbayo Carvajal, quien entra a un Cream Helado de la 32. El perteneciente al M-19 ingresa a otra misteriosa reunión. Los años 80 de Colombia se ven a través de los ojos de la confusión total, el presidente Belisario Betancur lucha por encontrar paz en medio del caos. La tragedia en Armero, con la historia de Omayra, que hace llorar a todo el país, conmueve los corazones de la gente. La división política en Bogotá está en furor, aunque la capital se caracteriza por el clima frío, el ambiente se siente caliente. Los carteles de Medellín y Cali pelean por la propiedad de las tierras para sembrar droga. La toma del Palacio de Justicia por parte del M-19, el nueve de noviembre, es la cereza del pastel para terminar el año. Ligia Vásquez, junto a su pareja, Nicolás Quimbayo Carvajal, pertenecen al Movimiento del 19 de abril, abreviado M-19, que fue fundado tras el fraude electoral de 1970. La vida de la mujer corre peligro. Las amenazas están al orden del día y el miedo se vuelve el protagonista en la existencia del pequeño Nicolás. En medio de los andenes del barrio modelo la adrenalina del pequeño sube. Con la respiración agitada, los ojos pendientes de cada detalle, el corazón saliéndose del pecho llega a la casa de su abuela materna. Los pitos de los carros son una alarma para él, la tensión constante que siente no lo deja del todo tranquilo. ¿Alguien lo sigue? No, solo es un perro que está detrás. Esa paranoia lleva a que los padres de Nicolás Quimbayo le pidan a él, con tan solo 11 años, que empaque sus maletas. Abrumado, confundido, dando los últimos abrazos a su familia, se despide. ¿Un niño puede ser exiliado de su país? Sí. La ideología de sus padres es una ofensa para los mandatarios colombianos. Pedir ayuda para salir del país materno no es una decisión fácil, pero ¿qué se puede hacer cuando la familia se encuentra en peligro? Buscar nuevos horizontes con mayor esperanza. La estadía de Nicolás en Francia empieza en 1988. Una aventura con un tour en la Torre Eiffel, probar los croissants y aprender francés como su nueva lengua. Solo tiene planeado hacerlo en dos años, la realidad es que en este margen de tiempo finaliza la etapa de la aceptación a la nueva cultura y a esa vida lejos de Colombia, lejos del peligro. Su padre tiene la confianza en la inteligencia de su hijo. Considera que no debe ser atrasado dos años como era requerido para todos los inmigrantes latinoamericanos. Entonces, es puesto a prueba y, con un resultado excelente, pasó al grado que le correspondía. Años después, la beca del estado parisino lo lleva a la mágica ciudad de Estrasburgo. Allí, decide estudiar filosofía por dos años, entra al sindicato de la universidad y siente un norte en la política, pero su visión cambia, definitivamente puede ayudar a la sociedad de otra manera. Además, él no se siente completo, la pasión por el mundo audiovisual vive con él. En su hogar colombiano, Nicolas aprende de fotografía análoga en un laboratorio que tenían sus padres, después en Francia, asiste a un taller de fotografía y, finalmente, decide estudiar montaje. “Uno cree que es casualidad, pero en realidad no. Hay un hilo conductor (...) es lógico que yo hubiera estudiado lo que estudié”, dice Nicolas cuando brevemente piensa en su vida. Un disparo suena tan ligero que apenas el oído puede detectarlo. Los ojos rascan por un momento y al final se vuelve a acostumbrar a la luz natural del ambiente. Las cámaras son armas poderosas para cualquiera que no quiera olvidar, Nicolás siente un deber con la memoria colectiva para combatir las injusticias. Durante cinco años, trabajó en una empresa de producción de documentales. Un contacto de Radio Francia lo presenta con la periodista Natalia Orozco, quien le propone cubrir la revolución Libia, para adentrarse en África y registrar esta realidad diferente. Nicolás era un buen compañero para ella, pues tiene conocimiento sobre la situación política de la región. Juntos, como equipo, empiezan el proyecto para cubrir el conflicto bélico en África. Ningún medio acepta la propuesta en un inicio, así que, deben grabar las introducciones de la noticias para medios colombianos y mexicanos: RCN, NTN 24, Televisa y Telemundo. A su vez, Nicolás pide vacaciones para ir con Natalia, en el primer semestre del 2011 al norte de África. ¿Hasta dónde llega la desesperación de un hombre por conservar su trabajo? En el año 2010 en Túnez, la policía arrebató un carro de frutas a un hombre, su único empleo. Con los ojos vidriosos, presión en el pecho e impotencia en su garganta decide envolver en llamas su cuerpo a modo de inconformismo y se convierte en la mecha que enciende una revolución. Los pueblos del medio oriente cansados de vivir bajo las dictaduras deciden tomar cartas sobre el asunto. Debido a esto, la desgarradora guerra civil empieza en Libia, sin piedad la anarquía se toma sus tierras, las reglas sociales alguna vez formadas ya no valen nada. Las bombas aturden a las personas cada cinco minutos, allí en medio de la situación, Nicolás graba a Natalia, mientras los latidos del corazón se le suben a la garganta en menos de lo que la mirada alcanza a captar el panorama. “No es el miedo, es lo que tú hagas, a pesar de tenerlo y hay que tratar de hacer algo bueno”, dice Nicolás. En medio del pueblo perdido a la luz del día en mitad de Libia, Nicolás siente un sudor en el cuello, las manos temblorosas y la garganta seca. Esa sensación en su cuerpo, lo lleva a una tarde fría de llovizna en la capital de Colombia, 23 años atrás, cuando la tensión era protagonista en su camino. El fotógrafo estaba sentado en una mesa terminando de comer, sube al cuarto del hotel por su preciada cámara cuando de repente suenan unas piedras, él está alerta, cuando se da cuenta rápidamente que, las piedras son de metal, las balas están rozándolo debajo de la cama. No recuerda bien cómo salió vivo. Después de días y días editando, grabando y sintiendo la guerra, es hora de volver. La vida sigue después de la guerra... Pasan unos meses del 2011 y Nicolás en medio de otro proyecto audiovisual en París recibe una llamada de Natalia, su compañera de viaje. ¿El Premio Simón Bolívar? Nicolás nunca se imaginó que iba a ser el ganador del Premio Simón Bolívar en el 2011 por ser camarógrafo de la periodista de guerra Natalia Orozco . Aunque fue una sorpresa para él, nunca fue su meta. Su padre siente muchísimo orgullo por el logro de su hijo, pero sin ninguna sorpresa él sabe que Nicolás es una persona muy crítica, una persona del mundo. Este galardón es más que merecido, con su voz emocionada habla sobre su hijo. Su tío paterno Pedro Quimbayo, está muy emocionado por acompañarlo a la gala de premiación, para él, la partida de su sobrino le dolió en el corazón y verlo de nuevo es una alegría inmensa. A un día de la gala, los familiares de Nicolás se dan cuenta que no tiene el código de vestimenta, le parece bien irse de ropa informal, pero sus emocionados parientes, deciden que la ocasión amerita comprarle un traje, algo que recuerda con gracia: “Mi familia estaba tan orgullosa que hasta los vecinos fueron parte del evento”. En medio de la ceremonia, su tío Pedro Quimbayo reconoce al ex presidente Belisario Betancur. El viejo amigo del abuelo de Nicolás los saluda calurosamente, y pregunta: ¿Nicolás Quimbayo es nieto de Álvaro Quimbayo, el concejal? Pedro le dice que sí, animado. En una larga mesa, encima del escenario, con 15 reconocidos personajes. Se encuentra Betancur, el presidente que en la década de los 80 estaba intentando mandar en medio de un país perdido, que luchaba contra los asesinatos de ministros, abogados y de ataques como los del grupo M-19. Mientras Nicolás da la mano a los reconocidos invitados en forma de agradecimiento, piensa: ¿qué le digo? Y, antes de que pueda imaginar un comentario ingenioso, Belisario suelta un simple: “Digno ejemplo de la familia”. El fotógrafo mira al horizonte e intenta atrapar las palabras en el aire, su mirada es nostálgica. La teoría del caos dice que el pequeño aleteo de una mariposa al otro lado del mundo puede crear un tornado, así como las grandes hazañas a veces, repercuten en una sola persona. Él es quién es por la historia de Colombia, Libia y Francia. Es por los ciclos de la vida que se vuelven patrones. Nicolás es memoria, sencillez y criterio.
- Unisabana Medios | Audios
Lanas, ovillos y madejas Mariana Alvarado ¿Dejar un trabajo estable, con prima extralegal y un buen sueldo? ¿Hacerlo por seguir la necesidad de paz? Estas preguntas marcaron el destino de Johnny Robayo, quien acumula una larga carrera en el sector financiero, pero que desea tejer para él y su familia un nuevo rumbo. Ver también: Historia de amor Compartir
- Misael Reyes Páez, un restaurador sin manual de instrucciones
Misael Reyes Páez, un restaurador sin manual de instrucciones Laura Valentina Cuevas Santamaría, estudiante de Comunicación Social y Periodismo Fecha: Misael Reyes Páez, es hoy uno de los pocos restauradores de rocolas que quedan, un ejemplar único que resiste en medio de este mundo de obsolescencia programada. Lea también: ¿La fotografía análoga ha regresado o más bien nunca se fue? Compartir Foto: Hay quienes dicen que las melodías también son bienes producidos como mercancía, y si lo vemos así, Misael Reyes comercializa con la música. Tiene un local ubicado en Cajicá, que comparte con su esposa Blanca Aurora Galeano, y ahí, en las tardes, sale a comprar tinto con pan pera en la panadería de al lado. Ahí le oímos decir que “la música, si no hay quién la escuche, no significa nada” . De un mueble viejo pero bien conservado que tienen, se asoma, a todo volumen, un televisor pantalla plana donde ven el noticiero. Al fondo, huele a químicos y a cable quemado. Se escuchan las flotas que pasan al frente de la avenida. Y Juan Martín, de 11 años, cuenta que un día su abuelo le dio un chip con un alambre en espiral para ponerlo a prueba. En dos minutos aprendió, por primera vez, a soldar. En el barrio Las Cruces, en Bogotá, en el turno de las 8:00 a.m., Reyes trabajaba, con 17 años, como cartero en el Ministerio de Comunicaciones. Por su uniforme, sus amigos lo conocían como “el policía”. Ahora, con 81 años, Blanca le dice “el negro”. Blanca y el negro, como estos opuestos, se complementan. Ella cuenta que hay que repetirle todo varias veces para que escuche, porque los altos decibeles de ruido al arreglar rocolas le afectaron la audición. Aún así, don Misael, como también le dicen sus conocidos, prefiere escuchar, más que hablar. Recibe el sol en una silla de oficina de rodachines negra, afuera del local. Hace el crucigrama con sus gafas de aumento, mientras carga el celular que solo usa para recibir llamadas y jugar solitario. Tiene un aire a los personajes mexicanos de la época de oro: “a Cantinflas se parece mucho”, explica Blanca, “porque habla y se rasca la cabeza cuando no encuentra la palabra exacta que quiere usar”. Álvaro Rodríguez fue su primer maestro reparador de rocolas que Reyes conoció, un hombre que iba cargando maletines pesados llenos de destornilladores, lubricantes, cortafríos y llaves Brístol, y él lo observaba durante las reparaciones. Aprendió mirándolo. Y así comenzó su travesía en este oficio. Cali, Bucaramanga, Barranca, Medellín, La Guajira y Venezuela fueron de sus destinos favoritos. No pasaba más de un año en el mismo lugar. Era un “pataperro”, dice Blanca. Y en ese tiempo conoció a Jorge Rincón. “Si él puede atenderlo a uno y resolver problemas, lo hace” , dice Rincón sobre Reyes. “Tiene un carácter parejito, un restaurador impecable en sus trabajos en todo sentido de la palabra”. En su taller tiene cuadernos y notas con letra cursiva, y libros en inglés, aunque solo sabe español, como Wurlitzer Jukeboxes and other nice things, second edition . Wurlitzer, Seeburq, Ami, son de las marcas que reparó. Estas máquinas miden metro y medio; sin embargo, en los años treinta, como se lee en el libro Complete Identification Guide to the Wurlitzer Jukeboxes , había tocadiscos automáticos que no eran más grandes que las cajas registradoras, plantados junto a los mostradores, por la falta de espacio. Reyes estudió modelos y aprendió de tipos. Los monofónicos, que venían en acetato de diámetros distintos, tenían 45 o 78 revoluciones por minuto y contaban con selecciones que iban de las doce hasta las doscientas canciones. El segundo tipo, los estéreos, eran con CDs. Y hace menos de 20 años que llegaron los de computador, con pantalla. Negocio y rentabilidad de las rocolas Según el libro Made in Latin America: Studies in Popular Music, existen distintos tipos de música para la clase trabajadora y popular, y que se incluyen en todas las rocolas, pero entre ellas destacan las relacionadas con la embriaguez y el amor no correspondido. También se cuenta que durante la época de la ley seca, en los Estados Unidos de los años veinte, en las tabernas clandestinas, conocidas como speakeasy , instalaron por primera vez estas máquinas. Allí predominaban los clientes de raza negra, que las frecuentaban después del trabajo en los campos de yute del Sur, para escuchar, por un níquel, canciones de Billie Holliday y Louis Armstrong. En las emisoras de radio, todas ellas, eran propiedad de los blancos. Misael Reyes cuenta que aquí, cuando llegaba a las tabernas, le ofrecían cerveza. Pero él asegura que “el trago hace bestialidades”, y comenta que las rocolas, de hecho, disminuyeron las peleas entre los clientes: “Llegaban al lugar, elegían la canción y sí o sí respetaban el turno de acuerdo al orden que marcaba la rocola. Era práctico, le permitía al dueño del establecimiento ganar el 25% y a él, como restaurador, el 75%. Lograba ganancias de $400.000/$500.000 al mes”. Un legado para la posteridad Algunos de sus amigos –Baygón, Pelusa, Mellizo, Pote y Yerbabuena, como se llamaban entre ellos–, se han ido retirando del negocio, a excepción de José Renan Ballesteros, quien conoce a Misael desde hace 50 años y sigue en el negocio, igual que Reyes. Ballesteros cuenta que el trabajo de reparar rocolas ha disminuido desde hace diez años, porque ya casi no llegan rocolas. Pero el sector rockolero, como ellos lo llaman, ha cruzado esta y otras dificultades. Según la investigación La magia de la rockola: lenguajes e identidades de la música popular , este género musical se creía vinculado a la depresión. Pero los restauradores, paradójicamente, son personas alegres, vitales y hasta famosos, y su labor, más que reparar, ha sido conservar el valor sentimental y comercial detrás de cada una de estas máquinas. El deleite por su trabajo es lo que los une. Sienten verdadera pasión por devolver la pieza a su estado original, como dice Carlos Eduardo García, anticuario que trabaja en una tienda de antigüedades en Tabio. Es, de hecho, una profesión que se transmite de generación en generación. “Como los Rincón” , dice García: “A medida que van muriendo, sus descendientes se quedan con el negocio. Es una profesión hereditaria. Casi todas las familias lo continúan. Ven que el papá gana buena plata y entonces el hijo también quiere hacer su trabajo”. Junior, como le dice la familia al hijo de Misael Reyes, es un ejemplo. Lo acompañó todos estos años en el negocio arreglando y arrendando las rockolas a suizos, franceses y holandeses. Por cada rocola ganaban entre trescientos y ochocientos mil pesos colombianos. El considera que su padre ha preservado las rockolas para que futuras generaciones las conozcan: “Él le ha enseñado con infinita paciencia a muchas personas jóvenes cuando estaban empezando a trabajar y no sabían mayor cosa” . Y enseñar, además de reparar, es su forma de transmitir esa pasión que lo ha acompañado toda su vida. Misael Reyes se recuesta en su silla y cruza sus manos, como quien espera más preguntas, y cuenta que la última vez que arregló una rocola fue hace mes y medio en una casa en la 13 con calle 76, donde ahora usan el aparato como decoración. Hay nostalgia entre el gremio por la consolidación de la era digital también en lo musical, pero si se piensa dos veces, la música a la carta que consumimos hoy en plataformas como Spotify tiene su antecedente, precisamente, en las rockolas, donde también elegíamos las canciones y en qué orden escucharlas. El tiempo ha archivado dispositivos como el fonógrafo, los casetes, los walkmans y hasta los Ipods. Pero, a pesar de todo, en el mundo tendrían que acabarse las antigüedades para que no haya restauradores. Así sea por pura nostalgia del pasado, a las rockolas todavía les queda mucho por tocar.
- Entrenadores en el automovilismo, “de los mejores”, según Lucas Medina
Entrenadores en el automovilismo, “de los mejores”, según Lucas Medina Juan Andrés Serrano, estudiante de Comunicación Social y Periodismo Fecha: Previo al comienzo de la temporada competitiva en el Campionato Italiano Sport Prototipi, el prometedor piloto colombiano le contó Unisabana Medios su visión del presente y futuro del automovilismo colombiano. Lea también: La odisea de mantener el motor en marcha Compartir Foto: Cortesía: Conexión Capital Después de quedar subcampeón de la temporada pasada de la Formula 4 NACAM en México, el campeón más joven de las 6 horas de Bogotá, Lucas Medina, se estrena en el continente europeo en el Campionato Italiano Sport Prototipi, del cual empezará el próximo sábado 11 de junio. En esta entrevista, que ofreció el joven piloto colombiano de 18 años justo antes de que iniciara la temporada competitiva; habla sobre su visión sobre el presente y el futuro del automovilismo colombiano. ¿Hace cuánto empezó su preparación para la temporada competitiva? La pretemporada comenzó desde febrero con todo el tema de preparación física y psicológica. También me he apoyado mucho en los karts, en mi caso me ha ayudado a encontrar el estado físico perfecto, a preparar el cuello, los brazos y los reflejos. ¿Qué clase de apoyos económicos suelen recibir los pilotos colombianos para participar en competencias internacionales? Al principio no es fácil que a uno lo apoyen sin tener un historial base, que lo ayude a sustentar el porqué del apoyo. Pero para pilotos que ya llevan varios años corriendo, el gobierno les da un incentivo económico para competencias internacionales. Yo lo estoy recibiendo en el campeonato en el que estoy compitiendo actualmente (Campionato Italiano Sport Prototipi). ¿Que fue lo más difícil para poder ir a competir al Campionato Italiano Sport Prototipi en Italia? El tiempo y la parte económica. Siento que al tener la universidad encima y las competencias, por viaje y cambios de horario, ha sido muy difícil poder mantener todo en regla y cumplir con todo. En cuanto a la parte económica, es muy difícil vivir en Italia cuando el ingreso de mi familia es en pesos en su totalidad, pero gracias al apoyo de diferentes empresas colombianas y del gobierno, las cosas se han podido mantener con facilidad. ¿Quétan costoso puede llegar a ser el deporte del automovilismo? Puede ser de los deportes más caros que encontramos a nivel mundial. En Karts uno se puede gastar, en un nivel alto, competitivo, aproximadamente unos 250.000 USD al año. En el Kartismo uno dura entre 8 o 10 años como mínimo. Después, cuando se pasa al automovilismo Formula 4 o dependiendo de la categoría en la que quiera competir, uno se gasta desde 500.000 hasta 1 millón de dólares anuales; en Formula 3, pueden ser entre 1 y 1.5 millones de dólares; en Formula 2, entre 2 y 5 millones de dólares; y ya en Formula 1 es un presupuesto que seguramente ira acompañado de varios patrocinadores que apoyan la cifra de entrada a un equipo, que puede ser entre 10 y 15 millones de dólares. ¿Que cree usted que hace falta en Colombia para que el automovilismo se desarrolle y crezca a nivel exponencial? Yo creo que a Colombia le hace falta mucho el apoyo en cuanto a las carreras. Hay muy pocas empresas colombianas que están dispuestas a apoyar el potencial que tenemos los pilotos acá. A pesar de las pocas pistas y de los pocos sitios de entrenamiento los pilotos colombianos son muy buenos y prueba de ello son los resultados que hemos conseguido en las competencias internacionales. A lo largo del tiempo nos ha ido muy bien. Así que lo que yo creo que falta es eso, que se den cuenta de nuestro potencial, que nos apoyen y que nos impulsen a llegar más alto. ¿Cuál es el nivel de los sitios de entrenamiento en Colombia, y de los entrenadores y mecánicos, con respecto a otros países de la región? En cuanto a los entrenadores son lo mejor que tiene el automovilismo colombiano. Yo también soy un entrenador psicológico para ayudar a la gente a conseguir sus propios objetivos. Yo creo que los entrenadores y mecánicos estamos muy bien preparados. Los mecánicos colombianos viajan muchos USA o Europa y tienen mucha experiencia y conocimiento. Una muestra de esto son los excelentes staff que han podido tener pilotos colombianos de talla mundial como Juan Pablo Montoya y Tatiana Calderón. ¿Cuál es el nivel de los pilotos colombianos en comparación con los de los demás países de la región? Solo en el tema de las pistas ellos nos sacan una diferencia abismal, pero en cuanto a los otros temas, Colombia es muy fuerte y se ha destacado tanto que su nombre en el automovilismo está en un lugar muy alto. ¿Cómo podría contribuir el cubrimiento mediático para aumentar la audiencia de este deporte en el país? El TC2000 es un buen ejemplo. Lo último que han hecho con su impacto en redes ha sido excelente para su crecimiento. Yo creo que si se da un cubrimiento masivo de medios de comunicación eso ayudaría a que a la competencia entre mucho más dinero y eso se refleja en el pago para nosotros, lo cual sería increíble pues el nivel crece, tanto en el contexto nacional como en el internacional. ¿Cuáles son sus metas deportivas en este 2022? Obviamente mi primera meta es terminar el TC2000 en Colombia. Comenzar el otro fin de semana el Campionato Italiano Sport Prototipi y salir victorioso, sería muy importante para el país y para mi carrera. Tengo unas pruebas para poder disputar Formula 3 en mitad y final de año, sería muy importante tener buenos resultados. Estoy invitado para correr en la EuroSeries y sería genial poderla ganar. Para finalizar, cuénteme su opinión sobre las recientes conversaciones entre Jaime Pumarejo (alcalde de Barranquilla), Iván Duque (presidente de Colombia) y Stefano Domenicalli (presidente de la FIA) sobre la posibilidad de realizar un Gran Premio de la Fórmula 1 en Barranquilla. Yo lo veo viable siempre y cuando una empresa privada colombiana gestione todo el tema. Siempre que haya una empresa privada de por medio la posibilidad va a ser muy latente, y sería grandioso poder tener un GP de la Formula 1 en Colombia. Si esto se llega a concretar podría ser el catalizador que lleve a Colombia a ser uno de los países más importantes del mundo en este deporte.
.png)








