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Nadie deseó tanto ser colombiano Isabella Núñez, Comunicación Social y Periodismo Una familia que lo perdió todo en la Segunda Guerra Mundial luchó para vivir en Croacia durante la posguerra, pero no pudo. Viajó a un campo de refugiados esperando a que fueran trasladados nuevamente a su país y llegaron a Colombia. Esta es su historia. Ver también: Migrantes venezolanos: hambre e informalidad durante la cuarentena obligatoria Compartir
- ¿Cómo me veo?
¿Cómo me veo? Valentina Gutiérrez Pulido, Comunicación Social y Periodismo Fecha: ¿Cuándo se está listo para ser?, ¿para ser libre, amado, respetado?, ¿para ser valorado, aceptado? El momento en que decidimos aceptar nuestros cuerpos no está determinado por la edad. Lea también: Detalles que delatan Compartir Foto: Unsplash, Gemma Chua-Tran El programa Keeping Up With The Kardashians lleva 14 años al aire y el próximo 18 de marzo se lanzará la temporada 20 en donde se marcará el final de seis mujeres que han vivido una incesante búsqueda por la aceptación de la sociedad. Después de tanto tiempo, han conseguido ser admiradas por su belleza. No obstante, ninguna ha llegado a conquistar y gobernar su propio cuerpo. Kim Kardashian, por ejemplo, cumplió 40 años y aún sigue persiguiendo un cuerpo ajeno. La industria que ha creado este tipo de programas ha hecho de Instagram un espejo idílico donde es imposible mirarse y quedar satisfecho. En un espacio como Instagram, donde habitan todos los rostros y cuerpos, es común que hombres y mujeres se comparen, sin embargo, no es sano compararse con la ficción . Kendall Jenner publicó recientemente una foto donde modelaba un bikini rojo de la marca Skims de su hermana Kim, y en pocas horas la imagen ya tenía 11 millones de likes . Al principio, sus seguidores admiraban su silueta, pero pronto comenzaron a llegar comentarios de personas que, desde el anonimato, mostraban preocupación por las consecuencias que podría tener el mensaje de un ‘cuerpo perfecto’ y más cuando ella y al resto del clan Kardashian-Jenner han sido juzgadas por mostrar cuerpos irreales con millones de dólares invertidos. ¿Es natural pensar que está bien querer vernos en el cuerpo de alguien más? Cuando miro la cantidad de influencers que han ganado seguidores por su estado físico, siempre imagino que hay alguien, en otro lugar, que los mira como espejo. Estas personas buscan constantemente seguir y parecerse a las personas que supuestamente han conquistado su autoestima. Sin embrago, cuando vemos a las Kardashians solo vemos la punta del iceberg . Basta con ver la noticia más reciente sobre el divorcio de Kim, quien en su deidad ha mantenido un matrimonio por mucho tiempo que la consumía, y ahora, sin complacerse con su belleza, tampoco se siente feliz. ¿Es así cómo se quieren ver? La noticia de una diosa de Hollywood llegó hasta mi hogar cuando disfrutaba de una gran charla con mi mamá, de esas que solo puede tenerse entre madre e hija. Mientras hablábamos de nuestro día, escuchamos en la televisión que Angelina Jolie había dado recientemente una entrevista a la revista Vogue y entre sus declaraciones dijo que nunca se había sentido tan cómoda como ahora a sus 45 años, ni siquiera cuando era joven. Además, afirmó que para ella la vejez es una victoria ya que considera que aún no es feliz y piensa que logrará serlo dentro de unos años , a los 50, espera. Y entonces, me pregunté: ¿Por qué hay mujeres que logran aceptar su cuerpo y otras viven en la constante búsqueda de hacerlo?, ¿existe una edad establecida para lograr conseguir el amor propio? Sin tener respuestas acudí a la sabiduría de mi mamá: –¿Te sientes mejor con tu cuerpo ahora que cuando eras joven? –le pregunté. –Sí –dijo sin titubear– cuando era joven solía arreglarme para los demás y ahora, con esposo e hijas y con la madurez que las experiencias de vida me han regalado, me arreglo por y para mí. Es momento de recordar una escena de la película francesa Angel-A , dirigida por Luc Besson en 2005, donde una hermosa mujer europea le dice a un hombre con poca autoestima que mire el reflejo en su espejo y le diga qué ve. Una mujer hermosa- le responde él. ¿Y al lado de ella qué ves? - pregunta ella. No lo sé- afirma el hombre desconcertado. Con frecuencia somos incapaces de reconocernos a nosotros mismos y es más fácil ver la belleza de los demás, incluso cuando ni ellos la han visto . La escena continúa, y mientras desaparece la mujer, el hombre se mira fijamente al espejo y le cuesta decirse que se ama. A causa de esto, la voz de la mujer le dice: “Mira tu cuerpo arruinado por falta de amor y de confianza, ¿no ves que merece tu atención? Entonces no rechaces este cuerpo lastimado que te soportó por tanto tiempo y nunca se quejó”. Al ver a las Kardashians solo veo cuerpos lastimados y arruinados, lo más irónico es que quieren venderlos y hacerlos ver como ‘perfectos’. Lo que no sabe el consumidor es que al comprarlos deja su magia por replicar un acto ya desmontado. En ellas ahora muere un sol y vive entera la soledad del adiós a su reinado. No se trata de censurarlas y obligarlas a dejar de subir fotos de sus cuerpos o a que dejen de vender sus productos, se trata de llamar la atención de aquellas y aquellos que las ven como el único prototipo de belleza y pretenden imitarlas cuando saben que para eso necesitan millones de dólares. Entre más vemos nuestro reflejo, a través de la mirada de miles de personas, más insatisfechos nos encontramos con nuestros cuerpos. Para aceptarnos, debemos entender que el momento indicado no está determinado por las personas que nos ven ni por la edad que expone nuestra piel, sino por el momento en que cada persona decide verse como el sol irrepetible que es , cuando deciden mirarse ante su reflejo y decirse que se aman.
- Antonio Ortiz es un psicólogo literario
Antonio Ortiz es un psicólogo literario Erika Juliana Obando Castro. Fecha: El escritor colombiano se inspira a través de los problemas cotidianos de sus estudiantes y amigos. Sus libros ilustran la falta de comunicación entre padres e hijos. “MalEducada” y “La extraña en mí” exponen la soledad de los jóvenes. Lea también: Cortázar tuvo la culpa: Camilo Hoyos, el creador de “Paredro”, uno de los podcasts sobre literatura más reconocidos de Colombia Compartir Foto: Antonio Ortiz ha vendido más de 15.000 copias de su primer libro “La extraña en mí”. Cortesía de Antonio Ortiz Pulp Fiction, de Quentin Tarantino, es una película que puede llegar a transmitir miedo profundo por el nivel de violencia que expone. Sin embargo, hay personas que la encuentran como sinónimo de placer e inspiración. La certeza es que la tipografía de su portada, de amarillo cobre, atrae a cualquier cinéfilo místico, como lo es el escritor colombiano Antonio Ortiz, para quien resulta apropiado combinar sus jeans ajustados con una camisa que lleva el estampado con aquel nombre y un suéter azulado. Su casa está ubicada en un barrio al nororiente de la ciudad de Bogotá. La brisa acaricia los árboles, mientras que los últimos rayos de sol se alejan para dar paso a una larga fila de luceros. Por el camino, chiquillos que aún cursan la primaria corren tras un mismo objetivo, un balón de fútbol. Junto a ellos, máquinas de ejercicio y uno que otro sujeto resonando la campana de su carrito de helados. Dos cuadras más adelante, a pocos metros de la estación de Transmilenio, está su casa. Ortiz camina hacia una casa de ladrillos con un jardín lleno de orquídeas. Sujeta una llave con la letra “A” dibujada y abre una pesada puerta de madera. Al entrar, música clásica de fondo. Nos aproximamos a las escaleras para llegar al segundo piso. Caminamos por el pasillo y entramos en una habitación al costado derecho. Poca luz. Apenas se observa un sofá color índigo y cuadros con la frase “I love you” en las paredes. Pone su mirada fija en el techo y recuerda que su pasión por la escritura viene desde niño, porque, a pesar de las disputas con sus compañeros de clase, escribir le corría por las venas. Su padre, José Ortiz, fue quien le compartió la incesante pasión por las letras. Antonio as us 10 años ya era todo un romanticón, escribiendo poemas de amor a sus novias de la infancia como un primer recorrido por la literatura, que es su mantra hasta hoy. Su imaginación dio saltos extensos. En la secundaria, cada experiencia insólita era la inspiración para crear microrrelatos. Al finalizar el bachillerato, por su talento obtuvo una beca para estudiar en Estados Unidos. Eligió la carrera de literatura inglesa en la Universidad de Arkansas. Un momento específico marcó su vida. Fue cuando nació Estefanía, la hija mayor de Ortiz, su esposa estaba en la universidad, y él en su primer trabajo. La madre de Ortiz los obligó a que se casaran, porque no asimilaba la idea de que construyeran una familia sin estar comprometidos. Debido a este nuevo reto, su carrera de literato estuvo en riesgo. A pesar de ello, sus ideas brotaban hasta de los espacios menos esperados, como el bus o una banca del parque. Su libro más famoso empezó allí. El arte de enseñar “MalEducada”, la obra que lo llevó al éxito, la culminó en 2016. Registró más de 20.000 copias vendidas y llegó al número uno en ventas en cuatro países de Latinoamérica. Esto fue el impulso para crear otras cuatro novelas, todas con alusión a un controversial tema: problemáticas juveniles. Ortiz nunca estudió sociología ni mucho menos psicología, pues su brújula apunta a la literatura y, actualmente, a la docencia. Su inspiración llegó de una simple palabra: la escucha. No solo era oír, era comprender, era intimar las historias de sus estudiantes y amigos. Paula era una alumna de su clase. Familia rica, padres ocupados. Una chica que, por falta de amor, se topó con “un coctel mortal de amigos que acabaron con su inocencia”, relata Ortiz. Frunce el ceño al poner en duda a los padres del siglo XXI. “Los adolescentes no saben tomar responsabilidades. Los adultos cubren las huellas de sus hijos cuando hacen algo malo y quieren que sean perfectos frente a los demás”. Añade que el dinero es el mejor amigo de los padres que tienen un hijo en la cárcel; la transparencia quedó como segundo plano. El nombre de MalEducada no es por Paula, es por la generación perdida de jóvenes que existen tras el libertinaje. “Es el mejor papá del mundo, aunque muy imperfecto. Nunca fui una joven problemática, pero él siempre estuvo muy pendiente de mi hermana y de mí. Cuando estaba en el colegio veía que los papás de mis amigas eran serios y exigentes con ellas; no entendían su mal humor o tristeza constante”, reflexiona Tania, hija menor de Ortiz. La base de una buena relación entre los padres e hijos es la confianza, el hablar de esos temas que acobardan el carácter de un chico. “Le contamos nuestros miedos, lo que nos atormenta, y para él es completamente normal”, expresa. Sandra Zuluaga, esposa de Ortiz, recalca que “instruir a una persona, en ocasiones, no es tan sencillo, ya que no existen las palabras adecuadas. Antonio supo criar de forma pedagógica, con comunicación y ejemplo”. Él era muy cuidadoso cuando su hija mayor le pedía permiso para salir a las fiestas. El sermón estaba a la orden del día: Antes de tomar o fumar, piensa en cómo te sentirás luego; no lo hagas si te sientes presionada por tus amigos. Ortiz no quería ser “el Grinch” de la historia. Se le ponían los pelos de punta al escuchar que su niña regresaría en la madrugada del otro día. Sin embargo, la empatía fue el plato principal ante la llegada de esta vida juvenil. Tan importante como comer o dormir, así es para Ortiz la enseñanza. Él es profesor de estudiantes, también maestro de vida de Tania y Estefanía. El amor por la lectura es el legado más grande que Antonio ha dejado en su familia. Al comenzar a publicar sus primeros escritos, sentía angustia de que las niñas no encontraran solución ante las dificultades mentales de la edad. “Yo quería saber de qué manera las podría ayudar, que no sea con una saga de vampiros. Los libros me permitieron llegar mucho más alto. Maduré como ser humano, escritor, esposo y padre; esto se refleja en mis hijas”. Ellas son aficionadas de sus historias. “Cuando escribí MalEducada, Estefanía, mi hija mayor, tenía 14 años. Lágrimas fluyeron de sus ojos al terminar de leer el libro. Me dijo lo orgullosa que se sentía de mí: esas cosas pasan, a mis amigos les pasa, a mí también”, manifiesta. El tabú de la juventud Relajado y armonioso, así se define Ortiz a menudo. Crítico si se trata de temas como la violencia y el antifeminismo. “Hay que disciplinarnos, porque somos un país ultraconservador en el que la mujer obedece al hombre. Ese es el propósito de mi libro Un silencio prohibido”. Su voz es sólida cuando atestigua que el aumento de los conflictos intrafamiliares se da porque son más influyentes las cifras que un gobernante presenta de la violencia de género que los propios testimonios de mujeres maltratadas. “Colombia no está educada, porque hablar de este tema se ha convertido en pañitos de agua que han pasado por alto la educación de casa que se fortalece en el colegio”, concluye. Nunca le han censurado un libro, pero “en un país como el nuestro es complicado publicar sobre drogadicción, sexualidad, ansiedad y depresión”, explica el escritor. “Descubriendo a Miranda” es uno de sus libros más cuestionados. “Para algunos padres y profesores no es más que la vida de una muchacha lesbiana que no enseña nada bueno. Ellos no comprenden, hay gente identificada con los personajes”, analiza. Ortiz examina la brecha multicultural que hay ante los cambios sociales. “Por eso tocar estos asuntos tan espinosos, hace más difícil el camino de ser escritor”. Se sorprende aún al percatarse de la cantidad de mensajes que recibe por Instagram de seguidores peruanos. En 2017 fue invitado a una feria del libro en Lima. Al llegar, el gerente de la editorial cubría su cara de desesperación, puesto que, a pesar de la convocatoria que hizo a los lectores, no sabía cuántas personas asistirían al conversatorio. “Entré al pabellón principal y había una fila larguísima. En ese momento me pregunté: ¿esa gente a quién estará esperando?”, recuerda Ortiz. Al adentrarse en el sitio, lo sentaron en lo que él define como trono con sus cinco textos frente a él y una multitud de ojos llenos de ilusión. Los lentes de las cámaras disparaban muy veloz, lo señalaban una decena de micrófonos y aplausos retumbaban por todo el salón. “Este ha sido uno de los momentos más emocionantes de mi vida; aún no lo supero”, declara. Le conmueve que los jóvenes peruanos se identifiquen con los sucesos colombianos; muchos de ellos temen “salir del closet” por su cultura tan conservadora. Según un estudio del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) de Perú hecho a 8.630 jóvenes de la comunidad LGBTI, 4.885 temen expresar su orientación sexual e identidad de género . El 72,5% de estos adolescentes tienen miedo a ser discriminados o agredidos por su preferencia sexual. El 51,5% siente temor de perder a su familia. El 44,7% teme perder su trabajo u oportunidades laborales. También visitó uno que otro colegio evangélico donde enaltecían su trabajo. “En ese momento me di cuenta de que hago algo importante por medio de los libros. La gente se reconoce y se concientiza sobre su relación familiar”, dice Ortiz. Un escritor sin reglas Su pasión por redactar ha arropado hasta las fibras más íntimas de su ser. “Es lo que lo hace feliz, define su manera de expresarse con canciones, poesías o creando historias”, asegura su esposa. Hoy en día, este entrañable amor lo transmite por redes sociales, con la publicación de videos sobre consejos a futuros novelistas. “Es muy chistoso porque uno hace contenido de valor, pero le va mejor a la gente que se desnuda”, susurra. Adora intercambiar mensajes con sus followers y encontrar diversos testimonios de vida. Escribe a cualquier hora y en indeterminados sitios. “Él me dice que su cabeza no para y constantemente tiene ideas. Es curioso, porque lleva a cabo todo lo que piensa, aunque a veces sea cool y otras veces no tanto”, dice Tania. Antonio Ortiz no solo se sumerge en la realidad. “Walpurgis: la primera piedra, me tomó cinco años para su creación, es una obra que desarrollé desde mis 15. Lo finalicé el año pasado”. Es un libro de fantasía con personajes poderosos. Cada uno tiene un don especial. Se desarrolla en un mundo de seres mágicos. “Uno no tiene que encajar en un solo nicho. Puede ser como Stephen King que ha escrito sobre terror, pero seguramente tendrá otros intereses temáticos”, expresa. Añade que, entre otros proyectos, le gustaría escribir sobre la vida de un profesor, “mi autobiografía”. De un cajón saca tres libretas desordenadas, algunas hojas caen y las pone frente a mi vista. “Yo no escribo para la gente, yo escribo para mí, mientras yo esté satisfecho con lo que he escrito está bien”, afirma . Acepta que tiene un sancocho de hojas. En una página anota los personajes, en otra el contexto de la historia, la siguiente contiene poemas o letras de canciones, y en algunas esquinas se visualizan mini recordatorios: “¡Aviso: terminar de describir a Simona!”. Sus ojos se iluminan mientras lee un fragmento de su última composición. “En el colegio, cerca de la cancha de fútbol hay una capilla. Bueno no se si definir el lugar como capilla, porque tiene más cara de observatorio astronómico. Le dicen el oratorio, un espacio donde se celebran ceremonias de diferentes religiones. Es un regalo de la familia Strauss, unos padres que perdieron su hija en esa cancha que queda exactamente detrás del oratorio. Hanna murió haciendo lo que más le gustaba: jugar al futbol. Se desplomó en ese mismo lugar reverdecido, defendiendo los colores del colegio muy a pesar de que mucha gente la humillaba y la pisoteaba. Al terminar, explica que su motivación vino de uno de sus estudiantes que había muerto de esta forma. “Yo escribo a mano y desarrollo la idea, me voy para allá y para acá. Es como jugar ajedrez. La imaginación surge como si un personaje te fuera contando y tú haces las descripciones. Estoy todo el tiempo inquieto”, sonríe. Tomar un papel y lápiz se ha vuelto su mayor hobby. Se sienta en una banca y mira a su alrededor. “La escritura se volvió mi necesidad. Saco a flote mis miedos, frustraciones y anhelos. Siempre tengo un mensaje para dar”.
- “La politización lleva a reconocer a algunas víctimas por encima de otras”
“La politización lleva a reconocer a algunas víctimas por encima de otras” Juliana Moreno, estudiante de Comunicación Social y Periodismo Fecha: Daniel Ricardo Vargas, investigador en Derechos humanos, explica cómo la memoria histórica se ha fortalecido gracias a iniciativas que dignifican y honran a las víctimas del conflicto en nuestro país. Lea también: El cáncer de la JEP Compartir Foto: Después del acuerdo de paz y del surgimiento de la Jurisdicción Especial para la paz ha sido arduo el trabajo que organizaciones como la Comisión Colombiana de Juristas han realizado con el fin de develar la verdad y representar a las víctimas jurídica y socialmente. El abogado y master en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario de la Universidad Paris II Panthéon-Assas, Daniel Ricardo Vargas, habla del panorama actual y futuro del postconflicto en Colombia. ¿Cuál es el objetivo de la Asociación Colombiana de juristas en el marco del conflicto colombiano? La Comisión Colombiana de Juristas es una organización defensora de Derechos Humanos que tiene presencia en el país hace 35 años. Nos hemos encargado de acompañar a las víctimas de violaciones a los derechos humanos y al Derecho Internacional Humanitario y hacer la exigencia de sus derechos en el ámbito nacional e internacional. La comisión acompaña a todas las víctimas independientemente del actor que causó el daño y hacemos una exigibilidad de garantía de derechos humanos ante las instancias judiciales nacionales o de otra índole. Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, la gran mayoría de víctimas fatales que dejó la guerra eran miembros de la población civil: 215.005 civiles frente a 46.813 combatientes. ¿De qué manera y bajo qué parámetros se realiza el sondeo de acreditación de víctimas? Evidentemente hay un subregistro, es decir, las victimas que han acudido ante la jurisdicción y han solicitado ser consideradas como tales, son muy pocas respecto a la cantidad de personas que fueron perjudicadas por las FARC. Cuando vamos a territorio nos damos cuenta de que muchas personas aún no pueden hacerse acreditar, primero por desconocimiento de la jurisdicción, otras por desconfianza en la institucionalidad y otras siguen teniendo miedo, porque están en ciertas zonas donde el conflicto no cesa. ¿Qué tipo de acompañamiento psicológico, jurídico y social reciben tanto victimas como victimarios a la hora de contar sus testimonios? Yo tengo un equipo de siete abogados, nosotros representamos más o menos 1.200 víctimas en el caso 01 ante la JEP. Las organizaciones que representan víctimas tienen la obligación de contar con un equipo psicosocial, pero en ese sentido nosotros hacemos un acompañamiento a las víctimas en términos procesales, las preparamos para las audiencias, trabajamos con ellas la presentación de observaciones, les comentamos las decisiones que van saliendo y transmitimos sus observaciones a la jurisdicción. Respecto a los comparecientes también tienen la obligación de contar con preparación no tanto psicológica sino psicosocial. Para el actual presidente Gustavo Petro, la JEP será una entidad fundamental para que en su gobierno se avance en la aplicación de la justicia transicional con enfoque restaurativo. ¿Qué papel cumple la JEP en la “paz total” que propone el mandatario? Personalmente, yo creo que la JEP no tendría ningún papel dentro de este marco normativo creado por Gustavo Petro porque el rol que se enmarca en la Jurisdicción Especial para la Paz es todo el marco normativo del acuerdo de paz; estas personas que harían parte de este proceso de paz total serian disidencias de las FARC, personas que no participaron en el proceso de paz o que habiendo participado lo dejaron de lado, estas son personas que normativamente no tienen entrada dentro de la JEP. Pero lo que tengo entendido es que Gustavo Petro sí quiere fortalecer en todos los ámbitos la jurisdicción, desde lo presupuestal y desde la colaboración y apoyo irrestricto a este mecanismo, que era algo que no pasaba en el antiguo gobierno. ¿Qué problemáticas existen actualmente en el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y no repetición creada por el acuerdo de paz? Es un esquema muy grande, lo que podemos decir frente a los tres órganos principales que son la Comisión de la Verdad, la Unidad de búsqueda para desaparecidos y la Jurisdicción especial para la paz es que funcionan pese algunos reparos. Sin embargo, hay otro tipo de entidades que no se han implementado. Si haces un balance de todos los puntos del acuerdo te vas a dar cuenta que hay un déficit enorme. Hay normas que no se han podido implementar y eso dificulta el funcionamiento de este sistema, aunque funciona, falta mucho por articular y el marco normativo tiene que ser ampliado. "Contar para sanar: relatos, cantos y memorias de quienes sufrieron el secuestro y la desaparición", es una de las muchas iniciativas que la Comisión Colombiana de Juristas ha creado. ¿Qué se busca fomentar con este tipo de eventos? La pandemia fue un reto para nosotros. Como era imposible tener contacto directo con las víctimas empezamos a pensar en espacios y actividades que nos permitieran estar más cerca de ellas. Comenzamos con actividades virtuales, pasando del papel a un mecanismo audiovisual en el cual la misma victima con su voz y rostro presentaba las observaciones ante la JEP. Esto nos permitió crear distintas iniciativas como una serie de podcast que reflejaban historias de estas personas y desmitificaban la idea del secuestro en Colombia. A la par hemos hecho ilustraciones, minidocumentales, talleres de escritura, entre otras, causando con esto un impacto positivo en las víctimas. “Contar para sanar” ha sido un espacio que busca que la gente se interese, que conozca esas historias de lucha y que las valoren, no para tenerles consideración sino para dignificarlas. Además, estos eventos permiten conocer localmente cómo se maneja el tema de la memoria, en Medellín es fuerte, pero en Cali no tanto, por lo que es interesante ver el comportamiento de las distintas regiones. Desde hace décadas, Colombia ha estado envuelta en una guerra que ha dejado a miles de muertos, heridos y familias en el olvido. El conflicto armado ha fragmentado, durante siglos, los derechos humanos y nuestra historia como nación. Por esta razón ¿cuál es la importancia de eventos como “Contar para sanar” para la memoria histórica del conflicto armado colombiano? Es de suma importancia. Especialmente en eventos como “Contar para sanar” las víctimas que nosotros quisimos reflejar son aquellas que fueron victimizadas por las FARC ¿Qué tienen estas víctimas en particular? Que sus historias son desconocidas para el país, muchos de los crímenes de estas personas se van a dar a conocer tan solo con la apertura de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), entonces, esto es algo muy importante para estas porque necesitan que se les escuche, se les dignifique, que se haga memoria de lo que ellos tuvieron que atravesar y que en ese sentido la sociedad ejerza un rechazo frente a ese tipo de conductas. Esto tiene una gran importancia porque al no saber que estas historias ocurrieron, no se pueden tomar medidas para evitar que vuelvan a ocurrir. Este tipo de campañas tienen la capacidad de transformar el dolor en esperanza, por eso quisiera saber ¿cuál es el proceso creativo detrás de cada historia? Es un equipo diverso, nosotros ponemos la idea y luego buscamos a la persona idónea para desarrollarla. En el caso de las ilustraciones, buscamos una ilustradora y empezamos con las victimas a mirar cómo se hacía. ¿Qué queríamos mostrar? las historias de lucha, los casos de desaparición, la realidad de las familias detrás de un secuestro y la ausencia de apoyo estatal. Esto hizo que las ilustraciones sirvieran como vehículo de denuncia. Y lo que es más importante, hemos contado siempre con el aval de las víctimas en todas nuestras iniciativas. Napoleón Bonaparte muy bien decía “el que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Teniendo en cuenta esto, ¿qué cree usted que nos hace falta a los colombianos para que el capítulo de la guerra quede atrás y no se repita nunca? Es complejo, para responder esto tenemos que movernos por zonas. Hay lugares muy politizados y esa politización llega al punto de reconocer a algunas víctimas por encima de otras, entonces hay parte de la sociedad colombiana que reconoce parte de la historia porque es afín a su concepción política y niega la otra y creo que ese es un error enorme. La historia es la historia y debe ser contada como se dio. Hay personas que deciden no saber, pero el no saber implica no reconocer aquellas víctimas que padecieron estos flagelos, no velar por la dignificación de estas ni por la exigibilidad de sus derechos. Se necesita mucha empatía. Colombia no va a poder avanzar si simplemente pretendemos pasar el capítulo o cerrar el libro y decir “vamos a empezar a reescribir”. Si no hay sanciones y si a estas personas simplemente se les da un borrón y cuenta nueva, son personas que están propensas al delito nuevamente. Teniendo en cuenta el nuevo panorama político del país ¿qué retos se aproximan para el cumplimiento de los acuerdos y la reparación a las víctimas? El reto principal en este aspecto es lograr una articulación entre el sistema nacional de atención y reparación integral para las víctimas, que nace de la Ley de víctimas, y el sistema integral para la verdad, justicia y reparación. Esto es una condición sine qua non para que se garantice la reparación y atención integral para las víctimas del acuerdo de paz. Si esto no se logra, vamos a tener unas víctimas reconocidas por un órgano judicial como es la JEP, pero que no pueden ser atendidas ni reparadas por parte de la institucionalidad.
- Baja la visibilidad de las revistas científicas colombianas en el mundo
Baja la visibilidad de las revistas científicas colombianas en el mundo Valeria Ovalle, estudiante de Comunicación Social y Periodismo Fecha: Aunque ha existido un aumento en el número de publicaciones, las cifras dadas por SCImago Journal Rank demuestran que las revistas indexadas en la base de datos internacional están teniendo bajo número de citas a nivel mundial y es notorio el desinterés por parte de sus lectores. Lea también: Futuro de las editoriales universitarias, incierto en un contexto cada vez más digital Compartir Foto: Valeria Ovalle Chicaeme | Los investigadores colombianos y las universidades trabajan día a día para aportar nuevos conocimientos a la ciencia. La visibilidad internacional de las revistas científicas colombianas todavía no es la más adecuada, pese a que Colombia, con un total de 123, es el segundo país en América Latina, después de Brasil, con el mayor número de revistas científicas indexadas en la base de datos internacional Scopus, según los resultados publicados por la plataforma SCImago Journal Rank. Las revistas científicas se dedican a divulgar y difundir el nuevo conocimiento generado por los grupos de investigación y académicos de las diferentes áreas del saber. Para verificar la calidad de los hallazgos y los resultados de las investigaciones, existen unas bases de datos de gran relevancia internacional, tales como Web of Science y Scopus, que evalúan, no solo los artículos publicados, sino también las revistas. Por medio de indicadores y criterios de medición, llegan a dividirlas en cuatro categorías: Q1, Q2, Q3 y Q4 , siendo el primer cuartil la “élite” de las publicaciones periódicas. Según cifras de SCImago, en Colombia, al cierre de 2021, de las 123 revistas indexadas en Scopus, siete se categorizan en Q1, representando solo el 6% del total de las publicaciones periódicas. En cuanto a la distribución por áreas de conocimiento, en este cuartil se destaca el área de Historia, con cuatro revistas llamadas Trashumante, Revista de Estudios Sociales, Colombia Internacional e Historia Crítica. Le sigue la especialidad de Ciencias Sociales, con dos, Antípoda e Historia Crítica y, por último, Artes Visuales y Lingüística-Lenguaje, solo participan con una, denominadas Kepes y Profile, respectivamente. En el mencionado ranking, cabe resaltar que el 57% del total de las revistas colombianas son publicadas por la Universidad de Los Andes. Sin embargo, a pesar de que la Universidad Nacional cuenta con una sola revista en Q1, Profile, que equivale a una participación del 14%, tiene el mayor puntaje en el promedio de citas ponderadas recibidas en documentos publicados en los tres años anteriores (SJR) y, además, SCImago Journal Rank la ha catalogado como la mejor publicación periódica en Colombia. Cuando una revista alcanza el primer cuartil, significa posicionarse en el 25% de las revistas científicas más prestigiosas en el mundo, lo que conlleva a que sea considerada un canal de comunicación de confianza para una comunidad amplia. Además, la clasificación Q1 demuestra que esas publicaciones periódicas son de interés científico y pertenecen a las más citadas , aunque las personas del común no las conozcan. El indicador SJR muestra el número de artículos de producción citados, calculado a través del algoritmo de PageRank Google, que mide la visibilidad de las revistas que hacen parte de Scopus y dependiendo de su grado de importancia, tiene más o menos reputación. Por lo tanto, las citas no indican cuál es la mejor revista científica en Scopus, sino que indican solo el reconocimiento. “No basta con tener muchas citas, sino que se deben tener citas en las revistas de mayor nivel de reputación en el mundo. Pero que existan ciertas revistas colombianas en Q1 es el argumento más evidente de que se está haciendo algo bien ”, expresó el director e investigador asociado de SCImago, Atilio Bustos. Sin embargo, aunque “existe una idea de siempre estar creciendo en la revista -dijo el editor en jefe de la publicación periódica Palabra Clave, Jerónimo Rivera-, ese crecimiento no es siempre posible y casi nunca es fácil, sobre todo cuando el ascenso en ese ranking no depende de nosotros”. Este difícil proceso, que han y siguen enfrentando las revistas colombianas, se ve reflejado en los datos privados de Scopus del 2021. En el área de Comunicación, la revista científica Comunicar de España (Q1) es la primera más citada a nivel mundial, en segunda posición, le sigue El Profesional de la Información, también de España, y en tercer puesto, Cyberpsychology, de la Universidad Masaryk en República Checa. En Colombia, Palabra Clave, de la Universidad de La Sabana, es la más citada con 110 citas en los últimos 5 años , mientras que la sumatoria de las seis primeras revistas de Scopus, incluyendo las mencionadas anteriormente, alcanzan las 1300 citas. La segunda publicación periódica colombiana de Comunicación es Signo y Pensamiento de la Pontificia Universidad Javeriana, la cual se ubica en el puesto 42 del conjunto más citado, recibiendo 33 citas. Sin embargo, en términos de artículos, las cosas son diferentes. Las revistas colombianas son las que más publican a nivel internacional. Esto demuestra que existe una problemática entre el consumo, las citas y la divulgación, porque con base a los datos de Scopus, las revistas científicas colombianas tienen pocas citas, no son de interés para el lector, pero sí se consideran útiles para publicar. Para mejorar este fenómeno, Juan Pablo Ossa, editor de la revista Colombia Internacional, de la Universidad de Los Andes (Q1), explica que “debe existir una separación entre la revista y la universidad, ya que la revista es un vehículo científico de una comunidad académica muy amplia. Esto ayuda a que lleguen más artículos y se pueda hacer una mejor selección. Cuando se hace una mejor selección, estos artículos van a ser más citados y van a tener más lectura y divulgación. Y ese número de citas hace que la revista tenga un mejor puntaje, esto quiere decir que está publicando artículos que tienen mayor impacto”. Con el fin de aumentar el interés de lectura y, por ende, el número de citas de las publicaciones científicas colombianas, “el marketing editorial se debe aplicar. Con ayuda de las redes sociales, como canal alternativo, se crean y se aplican estrategias para impulsar esa visibilidad que se está buscando de la revista, sus temáticas y autores. Tenemos que entender que la revista va más allá de lo académico y lo científico, es un producto más que necesita ser conocido para que sea leído y sus citas aumenten”, mencionó la jefe editorial de la Dirección de publicaciones, de la Universidad de La Sabana, Irina Florian Ortiz.
- Un Arhuaco en Bogotá
Un Arhuaco en Bogotá Camila Lian Martínez, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Los retos de Diomedes Izquierdo, el indígena Arhuaco de 26 años que llegó a Bogotá, ciudad ruidosa, moderna y costosa, a estudiar arqueología. Lea también: Los hijos de Naxaen Compartir Foto: Eran las 8:10 de la mañana, bajo el sol candente, Diomedes caminaba con despreocupación por uno de los barrios más violentos de la capital. Vestía su traje típico, pantalón blanco, manta de lana de oveja, mochila terciada, y el tutusoma, estaba estrenando unos zapatos nuevos de gamuza que se había comprado hace unos días. Iba retrasado para su clase de Arqueología preventiva a las 8:00 a. m. en la sede central de la Universidad del Externado, se había despertado tarde y no había desayunado. Nuestro primer encuentro fue en la circunvalar en el barrio Egipto, estaba con Adrián, otro Arhuaco, su compañero desde el primer día que ingresó a la carrera. Mientras se alejaban para entrar a clase, Sara Acosta, una de sus amigas, bromeando, me dijo: “yo soy la esposa de Diomedes, según él, me compró con 14 cabras y no sé cuántas chagras”. A las 10 de la mañana tenía su siguiente clase, Principios de geoarqueología en el edificio R. Llegó tarde. La maestra Elizabeth Cortés les pidió a los alumnos los registros de la salida de campo para Yopal que tenían en dos días. Diomedes fue el primero en entregar este formulario, de hecho, llevó uno de sobra y lo ofreció a sus otros compañeros. Después de recibir los formularios, Elizabeth, quien es la encargada de esta salida, les dijo que fueran a una ferretería a comprar palustres porque en la facultad no había suficientes para cada uno de ellos. Diomedes se preocupó. El papá de Diomedes, que vive en la Sierra Nevada de Santa Marta, aún no le había consignado, sin embargo, tenía algunos ahorros para pagar el palustre y el pasaje para el viaje en bus a Yopal. En el camino a la ferretería, todos iban hablando de la salida de campo, del trabajo y sobre todo del trago que iban a ingerir. “Vas a ver para qué está hecho el hígado mío, para ingerir licores”, le dijo Diomedes a Daniela Sabogal, una de sus compañeras. A donde íbamos, Diomedes conocía a alguien. “¡Diomedes!”, le gritaban cuando lo veían pasar, él se acercaba, los saludaba y hablaba con ellos. “Diome habla con todo el mundo, siempre que salimos a caminar por el centro se encuentra a alguien”, dijo Sara. “Él no conoce, a él lo conocen”, agrega Daniela. En nuestro recorrido por a Candelaria le pregunté a Diomedes por la carrera que estaba estudiando, él explicó que lo llamaron un día y él estaba en la Sierra con su familia. Era la Universidad del Externado para ofrecerle una beca del 50% para estudiar arqueología. Fue cuestión de dos días para que Diomedes viajara a Bogotá a iniciar lo que hoy es su vida. “Yo quería estudiar otra vaina”, me dijo. Su sueño era estudiar ingeniería agrónoma, pues veía que esta podría brindarle bases para ayudar a su comunidad, además, le gustan las matemáticas. —¿Eres pilo? —le pregunté —No. - Respondió. Hizo una pausa—bueno, a veces. Cuando llegamos a la ferretería, preguntó por el palustre, nos llevaron atrás, donde estaba un profesor italiano de la facultad explicándole al ferretero cómo afilar el palustre. El profesor les dijo a los estudiantes bromeando: “El palustre es para matar las serpientes que nos encontremos, no para trabajar”. Todos, menos Diomedes, se rieron. Once mil pesos le prestaron para comprar el palustre. Mientras pagaban, Adrián vio en la entrada una báscula típica de los 70’s, le rogó a Sara que se pesara, insertó una moneda de 200 y Sara se subió. Diomedes fue el último en pesarse, se montó y la báscula marcó 65 kg. “Estoy llenito”, dijo riéndose. Cuando se bajó de la balanza me dijo: “Vamo’, pésate tú, debes pesar como unos 70 kg”. Metí la panza lo más que pude, actué como si fuera la persona más liviana, me subí a la temida báscula y marcó 12 kilos menos de los que Diomedes me había puesto. Salimos de la ferretería, “dígale (a la profesora) que me quedé arreglando los palustres”, le dijo a Sara mientras bajaba a la séptima para sacar plata. En el camino, Sara y Daniela me señalaron a una niña, tenía gafas, una trenza y estaba vestida con ropa deportiva. “Ella es una de las muchas pretendientes de Diomedes, acá muchas se le lanzan”, explicó Daniela. Esta niña no era la primera que ellas me presentaban. En nuestro recorrido por la universidad pude observar a más de 5 interesadas (muy interesadas) por Diomedes, quien con mucho cariño y respeto las acepta. En Bogotá, según el Ministerio de Educación Nacional, hay aproximadamente 2.500 indígenas cursando carreras profesionales en las diversas universidades. La Universidad Externado es una de estas y actualmente cuenta con 60 indígenas de 28 comunidades en todos sus programas, Diomedes es uno de ellos . Para Elizabeth, una maestra bogotana, los primeros estudiantes indígenas a los cuales tuvo la oportunidad de enseñarle fueron Adrián y Diomedes. “El a veces por tomar del pelo no pone cuidado a las indicaciones que se les está diciendo”, señala. Recuerda que un día pidió un trabajo individual en el que debían desarrollar un texto, Adrián y Diomedes lo entregaron a mano. Mientras estaba leyendo los trabajos se dio cuenta de que había leído dos veces el mismo contenido, Diomedes entregó exactamente el mismo trabajo que Adrián, la misma letra, las mismas palabras, diferente nombre. “Él (Adrián) le hizo todo el trabajo, siempre protege a Diomedes, lo cuida mucho”, dijo Elizabeth. Mientras me comentaba su experiencia enseñándole a indígenas, resaltó su gran admiración por estas personas. “Ellos (los indígenas) son un tipo de estudiante con una mentalidad libre, sin ninguna atadura, tienen corazones que siempre buscan el bien”. Ya era hora del almuerzo, salimos de la clase y entramos a un restaurante a una cuadra de la entrada principal de la universidad, este estaba repleto de estudiantes. Todos nos miraron cuando llegamos, Diomedes es una persona que no puede pasar desapercibida, por donde camina, siempre tiene a más de una persona viéndole. Cuando nos sentamos, vi cómo algunas personas murmuraron al verle. Es extraño para muchos ver a un indígena joven en la capital, estudiando y viviendo el día a día de un universitario. Le pregunté a Diomedes si le afectaba que lo vieran y hablaran a sus espaldas. Me dijo: “yo no vivo de lo que dicen de mí, lo que demuestran cuando hablan es que están vacíos por dentro”. Nos entregaron la carta del lugar, sándwich, crepes, pastas, lasañas y hamburguesas, eran los platos principales. —Diome, ¿quieres lasaña? — le preguntó Sara —¿Y eso qué es? — respondió —¿A qué te suena? — Cómo a un animalito, me suena a hormiguitas. Después de que Sara le explicara qué es una lasaña, Diomedes dijo que no le había gustado la carta, pues no estaba acostumbrado a probar cosas nuevas. Los Arhuacos creen firmemente que la comida no se puede despreciar porque esta les reclama después, el alimento que tienen diariamente en sus mesas es un regalo y están agradecidos por él. Salimos de este restaurante y fuimos al favorito de Diomedes, ubicado cerca de la Plaza Bolívar, en un segundo piso. Nos sentamos y el mesero nos ofreció dos platos: pollo a la plancha o bandeja paisa. Sara y yo pedimos pollo. Diomedes lo miró y le dijo, “lo de siempre, con sopa de arroz”. Lo de siempre era una bandeja paisa, sopa de arroz con leche y jugo de mora, todo esto a 9.000 pesos. Llegó la sopa de Diomedes, era blanca, tenía arroz y unos pedazos cafés que no descifré qué eran. —¿Eso qué es? — le pregunté — Es arroz con leche, es rica — dijo —¿Es arroz con leche? — le preguntó Sara muy sorprendida. Era arroz con leche en sopa, es decir, el postre típico colombiano servido en un plato sopero como entrada antes de una bandeja paisa. Mientras almorzamos, le pregunté por su nombre “Diomedes”. Me dijo que ese es el nombre que le había puesto un padre católico cuando lo bautizaron en la iglesia, este aparece en su cédula y registro de nacimiento. Pero su nombre real, dado por sus padres el día que nació, es Dwiarinmaku, que significa padre del día. Hoy Diomedes ha abandonado muchas tradiciones que tenía, antes podía caminar 12 a 16 horas en la Sierra, yendo de cultivo en cultivo, visitando a sus amigos, a sus familiares y, principalmente, ayudando a su papá en el trabajo. Actualmente Diomedes no camina más de 2 horas al día, almuerza siempre lo mismo, no cocina, no desayuna y puede gastarse 700.000 pesos en alcohol invitando a sus amigos en una fiesta. Pero a pesar de los cambios que ha tenido que implementar para acoplarse a Bogotá, su esencia permanece. Ya eran las 3 de la tarde y nos encontrábamos en la esquina del restaurante donde almorzamos, era la hora de despedirnos. Desde el cielo salió un rayo de sol que iluminó a Diomedes, su traje blanco se tornó enceguecedor. Es verdad, hay personas que brillan con luz propia, Diomedes Izquierdo es una de esas, pues por donde va resplandece.
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Crónica: Ser pilo paga 2 David Sogamozo, Comunicación Social y Periodismo Es la historia de Daniela González, una estudiante de Garagóa, Boyacá, del programa Ser Pilo Paga, y que se ha visto afectada por el retraso de los pagos del subsidio. Ver también: Crónica: Ser pilo paga Compartir
- La mujer detrás de la líder estudiantil
La mujer detrás de la líder estudiantil Sharon Dayan Cortés Martínez, Comunicación Social y Periodismo Fecha: La vida de Jennifer Pedraza, líder estudiantil de la Universidad Nacional, ha estado llena de situaciones y casualidades que la han llevado a reflexionar y apostarle a un cambio para Colombia. Lea también: Las motivaciones de la protesta social en Colombia Compartir Foto: Jennifer Pedraza, la líder estudiantil de la Universidad Nacional. “Yo odio con todo mi ser andar con escoltas, porque pierdes toda la privacidad posible, todos los pensamientos que tienes, todo lo que dices”, resalta mientras hace un gesto de negación con las manos. Esta joven líder se ha ganado varios enemigos por su manera de pensar y decir las cosas sin tapujos. Jennifer Pedraza se ha convertido en los últimos años en la cara de las movilizaciones estudiantiles, ha hecho parte de las juventudes del Polo y hasta hace poco fue miembro de la Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles (ACREES). Tiene un discurso tan elocuente que ha logrado que hasta el senador Ernesto Macías intente silenciarla, pero Jennifer no es de esas personas que se deja callar fácilmente. Para ella, la vida es ser leal a sus causas y ayudar al colectivo. Es una mujer muy ocupada, tanto así que cuando por fin concretamos nuestro encuentro estaba aprovechando el tiempo para comer. Ana María, una de sus amigas más cercanas, recalca que a veces Jennifer suele descuidar aspectos de su vida personal como el descanso para entregar su 100% a sus deberes. “Se dedica poco tiempo si considera que sus compromisos y responsabilidades así lo requieren y esto claramente afecta cosas de su vida como el sueño”. Sin embargo, para Pedraza la única manera en la que su vida funciona es cuando todo va a 200km/h. “Para mí nunca ha sido un lío organizar el tiempo, antes siento que si le bajo el ritmo a algo ya las cosas no funcionan bien, en mi vida todo tiene que ir rápido. Cualquiera pensaría que una persona con un liderazgo estudiantil, que asume diferentes compromisos por trabajar en un partido político, ser maestra de la Universidad Nacional, adicionalmente, estudiar una maestría en ciencias económicas, viviría muy estresada, pero no es así. “Uno ve a Jennifer todo el tiempo corriendo en la universidad. Sin embargo es muy buena, siempre le queda tiempo para hacer todo”, manifiesta Jenner, un estudiante de la universidad Nacional que trabaja con ella. Confrontando realidades Jennifer Pedraza no siempre tuvo tantas obligaciones ni cargos. Ella creció en Bucaramanga con su familia, donde llevaba una vida normal. Un día entraron a su casa y robaron un dinero del trabajo de su padre que había sido destinado para una construcción. Él lo repuso de su bolsillo y tuvieron que irse a vivir a un barrio de personas con menos recursos económicos. A pesar de esto Jennifer continuaba estudiando en el colegio New Cambridge. “Yo creo que eso fue lo que más me marcó en la vida, porque se notaba la diferencia de estudiar en el colegio más gomelo y en donde vivía era otro mundo. Le empecé a pedir a mi papá que me cambiara de colegio, pues nosotros no teníamos el porqué seguir pagando esa pensión. Yo en ese colegio me sentía mal”, señala Jennifer. Desde muy pequeña empezó a demostrar que tenía un alto grado de conciencia. Después de que sucedió el robo y tuvieron que cambiar de estilo de vida, ella tuvo que madurar más rápido. Se le marcó un antes y un después. “En once pasaron dos cosas importantes para mí: empezó la pelea por el páramo de Santurbán y en una marcha me devolví con una profe de sociales del colegio, ella fue la que me puso a leer sobre todos estos temas políticos y sociales del país. Me convencí y desconvencí de muchas cosas. Yo creía que el M-19 había sido lo máximo, pero la profe me abrió los ojos, fue muy duro para mí”, dice mientras se pone las manos en el pecho haciendo un gesto de negación, con una sonrisa de par en par en su cara. “Yo decía no, no. No es cierto lo que me dicen”. Jennifer quería estudiar en la Universidad Industrial de Santander (UIS), pues para ella y sus compañeros era “lo más top ”. Había estudiado un curso de inglés desde que tenía seis años en la UIS y estaba convencida de que estudiaría su pregrado ahí. Sin embargo, para su suerte, su mejor amigo, Marco, le nombró la Universidad Nacional de la cual ella “no tenía la menor idea”. Con 15 años aplicó y pasó a la Nacional a la carrera de Ciencia Política y se mudó a la ciudad de Bogotá con su amigo. Cuando llegó a la capital la vida parecía empeñada en poner a Jennifer en caminos que le seguían cambiando su forma de pensar. “Me doy cuenta de que Jennifer se fue a vivir sola a los 15 años. Se enfrentó a circunstancias duras a su corta vida, las cuales integró mucho a su forma de ser. Ella aprendió a vivir sola”, afirma Saray, su hermana. Una adolescente bumanguesa vino a parar en la fría capital, con calles de oscuras historias y realidades ignoradas. “Para mí fue muy impactante cuando pasé por la Caracas con 22; en Bucaramanga no hay un barrio así, tan expuesto. Lo que más me impresionó fue ver que la gente en el Transmilenio guardaba su celular y simplemente desde esa cuadra no miraban a la ventana”. Mientras dice esto, sus ojos cafés se abren de par en par y sus no tan pobladas cejas se van juntando porque frunce el ceño, detrás de sus semicirculares lentes; en su expresión se logra ver a la Jennifer de 15 años impresionada por la realidad de una zona de prostitución, drogas e indigencia. Construyendo el camino de líder Cuando empieza a contar sobre las personas que la acercaron a los ideales políticos de hoy en día, empieza a reírse acerca de ser “mamerta”. Tiene mucha gracia para expresarse, no solo por todos los movimientos de sus manos para darse a entender, sino también porque ¿qué persona con estos ideales políticos se ríe con tanta jovialidad de un término utilizado de manera tan despectiva? Así es Jennifer, cuando se habla con ella da la sensación de estar conversando con una amiga más. Esboza una gran sonrisa con sus dientes derechos y se ríe de varias preguntas “existenciales” que se le formulan. Tiene dos mechones de cabello negro que le acompañan su frente, y un pirceing septum en su nariz pequeña. Sus ojos tienen unas ligeras ojeras que acompañan lo que, probablemente, es el peso de varias responsabilidades. Con esa expresión empieza a narrar cómo fue su inicio en la vida política y como líder estudiantil. “Cuando iba en cuarto semestre se cayó un techo de la facultad a la que pertenecía y yo pensé: ¿qué más necesita uno para entender que hay que hacer algo? Eso fue un boom en mi cabeza para empezar a realizar activismo estudiantil”, aclaró Jennifer con gran fuerza en su voz. Después de cambiarse a la carrera de economía, empezó a realizar las labores propias de ser líder y en el 2018 se hizo conocida por muchos cuando el senador Ernesto Macías la silenció mientras ella explicaba las razones del paro estudiantil. Se convirtió en la cara de las manifestaciones y también en el blanco de amenazas de aquellas personas que no estaban de acuerdo con sus ideales de protesta. “A Jennifer le dicen vende paros, esposa de Timochenko, tibia y que por estar en un partido político su labor como líder estudiantil no es imparcial”, afirma Jenner mientras suspira. Lluvia de amenazas En mayo de 2019 llegó un CD a la facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional, en el cual amenazan a Jennifer con “meterle seis pepazos en la cabeza” por haber “vendido el paro y recibir dinero del gobierno”. Las personas cercanas a ella sintieron miedo por la vida de esa extrovertida y encantadora líder que tantas risas les había sacado. “Lo que más disfrutamos hacer con ella es sentarnos a hablar de cómo nos sentimos, reír. Ella es una persona que escucha mucho”, señala Ana María con agrado. Para sus conocidos, Jennifer tiene gran carisma, fuerza y una lealtad acérrima a sus ideales y las causas en las que cree. Esto sonaría a una virtud. Sin embargo, a veces puede convertirse en un gran defecto.“Yo siento que para ella no es importante que la lucha afecte su vida mientras esta vaya bien”, dice Saray con un gesto de desacuerdo en su rostro. Cuando ella recibió esta amenaza, que no era la primera, lo que hizo fue tranquilizar a todos sus conocidos y no contarle a su familia. “Ella estaba muy tranquila, nos dijo que no nos preocupáramos y nos abrazamos”, recuerda Ana María. Los miembros de su equipo de trabajo empezaron a vivir pendientes “24/7 ” de Jennifer. “Nosotros empezamos a estar siempre pendientes de ella dentro de la universidad, mirando a todos lados a ver de dónde vendría el balazo”, dice Jenner con una expresión de paranoia en su rostro. La Unidad Nacional de Protección (UNP) le asignó un esquema de seguridad a Jennifer, aunque esto le causa disgusto por tener que estar acompañada en cada momento, ella manifiesta: “a pesar de que no me gusta, me han tocado escoltas muy amables, dos son sindicalizados de la UNP y siempre les decía ‘hoy vamos a marchar’”, explica mientras se ríe. Su humanidad A Jennifer se le ve en la televisión muy seria y fuerte y, aunque no deja de serlo, detrás de esa líder hay una mujer sensible y cariñosa. “Ahora que estoy viviendo con ella, me gusta mucho porque descubrimos cosas positivas de la otra que no conocíamos y ella de la nada dice frases hermosas”, recuerda Saray, mientras se le salen unas lágrimas de sus ojos al recordar cómo es su hermana. Aunque en el ámbito de asambleas estudiantiles Jennifer suele debatir con racionalidad y “poniéndose en los zapatos del otro para explicarle”, como dice Jenner, a veces en sus discusiones íntimas puede no ser así. “Cuando discute con gente de su círculo íntimo puede llegar a alzar la voz con un tono de superioridad que no me gusta y por eso trato de no discutir con ella”, afirma Saray. Esos defectos y cualidades solo hacen a Jennifer más humana, pues sus conocidos concuerdan con que es una mujer leal, tal vez el rasgo más característico que señalan acerca de ella. “Es muy leal, no solo con las personas, tambien en las causas en las que cree”, explica Ana María. Es inteligente, carismática, amigable, extrovertida y muy “tesa” , como la describe Jenner en términos más coloquiales. “Ella es la única persona que yo conozco que te discute acerca de cómo haces las cosas cotidianas de la vida con el método científico”, asegura Saray con un gesto de admiración en su rostro. “Yo siento que soy muy impulsiva y orgullosa, es algo en lo que debo trabajar”, sostiene Jennifer mientras mira un poco hacia el cielo, tal vez está tratando de encontrar la respuesta del porqué de sus actitudes. “Yo soy de las que si me peleo con un hombre no lo voy a buscar, es un poco infantil, lo sé”, reflexiona y hace silencio por unos segundos. No importa cuántos defectos pueda tener Jennifer, para sus seguidores y las personas que trabajan con ella lo importante son los logros que ha obtenido en los procesos de debate con el presidente Iván Duque y los representantes estudiantiles. Sin embargo, sus detractores aseguran que es una “vende paros” . Estas afirmaciones no la desaniman, pues ella asegura que “aunque yo tenía un plan de vida muy estructurado, si hoy me sale alguna propuesta para trabajar por el colectivo, aquí me quedo”, anuncia con una voz seria. Para ella la lucha no está en buscar un destino egoísta, sino en trabajar por las causas que afectan a las comunidades vulnerables del país, como aquellos jóvenes que no tienen los recursos económicos suficientes para costear una educación superior. Jennifer, con su fuerza y carisma, está dispuesta a dar “la pela” por todos ellos.
- Jesús Abad Colorado
Medellín, Colombia | Fotógrafo Jesús Abad Colorado Por Laura Angélica Lenis Llano, Alejandra Paulina Hernández Martínez, Maria Camila Poveda Trujillo y Juliana Martínez Cubillos. Medellín, Colombia | Fotógrafo Lea también: Maria Teresa Ronderos Compartir Fotografía por Juliana Martínez en entrevista con Unisabana Medios. Es comunicador social y periodista de la Universidad de Antioquia. Se ha desempeñado como fotógrafo documental y de esta forma ha registrado las diversas caras del conflicto armado en Colombia. Gran parte de su trayectoria está reflejada en el documental de Caracol Televisión titulado El Testigo. Ha sido ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en tres oportunidades, del Premio Nacional de Fotografía, a la creación en artes plásticas de la ciudad de Medellín, de los Premios internacionales de Caritas en Suiza y del Premio a la Libertad de Expresión del Comité para la Protección de los Periodistas de los Estados Unidos. Además, es autor y coautor de libros, entre ellos: Mirar de la vida profunda, Relatos e Imágenes: El desplazamiento forzado en Colombia y La prisión, realidades de las cárceles en Colombia. Nos contó: Sobre el cubrimiento noticioso... • Cuando yo arranqué en prensa de este país fue en Noticias Uno, en televisión. Aquí todos los días escribía y documentaba muchas cosas, hasta que me retiré en el año 2001, precisamente por una saturación de hechos de violencia continuos en el país. Ya como periodista fotógrafo continué documentando la historia de este país con mucho amor por la vida. En medio de esto uno se expone, pero nosotros podemos regresar a contar los relatos que las personas de ciertos territorios probablemente no. • A pesar de toda esa inmediatez y de las nuevas tecnologías, necesitamos gente con conciencia y corazón que entiendan que nuestro trabajo es clave para narrar lo que está sucediendo en los territorios. Este es un ejercicio que se hace a pie y de cara a la gente, mirando de frente y a los ojos. Fotografía por Juliana Martínez en entrevista con Unisabana Medios. Sobre la belleza que hay en Colombia en medio de tanta violencia... • No es que la gente en medio del dolor viva también feliz, no todo es blanco y no es negro. Están los matices de grises. Cuando uno está a un lado, puede ver el dolor, pero se ve también todo el amor. Estás viendo el dolor en medio de territorios que son hermosísimos, pluriétnicos y multiculturales, pero dentro de una sociedad profundamente clasista, racista y machista en el que no hemos entendido que defender la vida no es solamente el de este conjunto de personas que lo habitamos, sino también el de esa naturaleza que hace parte de nosotros. Sobre el cambio de consciencia en la juventud... • Esta nueva generación que está preparándose para salir a caminar el país debería tener un corazón y una conciencia muy preparada para salir y ver con otros ojos, porque cuando se escribe o se toman fotografías no es una acción de los dedos: es una acción del alma. • Las fotografías que yo trato de hacer son eso pulsaciones del alma, de eso que con el paso de los años he aprendido de mis maestros, de mis padres, porque nosotros al final somos una sumatoria de memorias. Cuenteros de Iberoamérica
- La verdad detrás del Tarot
La verdad detrás del Tarot Laura Zamora, Paula Zabaleta, Laura Ramirez, Sofía Alfonso, Melissa Lázaro Reportaje que explora y amplía el concepto del Tarot, mostrando los mitos alrededor del mismo y sus contraposturas. Conforme avanza el relato, se evidencian las bases filosóficas, existenciales e incluso jurídicas que lo respaldan. A su vez, se muestra que, a pesar de que el Estado reconoce la libertad de fe, promoviéndola mediante leyes y programas, en la cultura colombiana aún se dificulta entender que no existe una sola religión o culto "válido". Ver también: El guardian de los páramos Compartir
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