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- El municipio que derrocó el icopor con caña de azúcar
El municipio que derrocó el icopor con caña de azúcar Erika Silvana Castellanos, Comunicación Social y Periodismo Fecha: El exalcalde de Iza, Diego López, aprobó el decreto que prohibió el uso del poliestireno expandido. Se presentó el proyecto de ley que busca expandir la medida a nivel nacional. Lea también: Ahogados en plástico Compartir Foto: La plaza de Iza vende más de 3.500 postres cada fin de semana; todos son servidos en los nuevos platos a base de caña de azúcar. Foto: Erika Castellanos Iza, a 12 Km de Sogamoso y 224 Km de Bogotá , un pueblito que conserva el aire colonial con sus andenes de piedra y sus casas que aún muestran balcones de madera, se ha hecho famoso por sus postres. Clara Torres fue una de las primeras en esta industria que surgió dado que el pueblo está ubicado en una región lechera. “Se empezó a trabajar con todos los derivados: el queso, la cuajada, la mantequilla y a raíz de eso nacieron los postres. Al comienzo éramos poquitas, luego más personas empezaron a sacar postres”. Todas las mañanas de los fines de semana, desde hace 25 años, Clara junto con las demás 22 mujeres que conforman la Asociación de Postres de Iza, se levantan antes de las 7 de la mañana para alistar todo y comenzar a preparar los postres. A las 10 a.m. la plaza de postres de Iza ya está abierta, repleta de postres de múltiples colores y sabores que incluyen mora, fresa, guanábana, oreo, tres leches, café, arándanos, agraz, cereza, chocolate y merengón, entre muchos otros. Los más aclamados por los visitantes son los postres de guanábana, tres leches y maracuyá. Esponjosos, dulces, cremosos, suaves: así son los postres de Iza. Quizá por eso conquistaron no solo a su población, sino también a turistas y personas de los alrededores. Las ventas aumentaron. Los platos, primero de plástico, pasaron a ser de icopor. Cada fin de semana se vendían alrededor de 3.000 y 4.000 postres. “Nosotras cada año le hemos aumentado 500 pesos al costo de los postres. Ahorita cuesta 4.500 y si es combinado 5.000”, cuenta Clara. La economía de Iza estaba mejorando, pero el medio ambiente estaba empeorando. El poliestireno expandido, conocido en Colombia como icopor debido al nombre de la primera empresa que empezó a producirlo, es un material derivado del petróleo al que se le inyecta aire. Es muy liviano, muy económico y muy contaminante; no es biodegradable, renovable ni reciclable. Tarda entre 500 y 800 años en descomponerse. Por su gran volumen y corta vida útil- suele usarse una sola vez- es uno de los materiales que más se acumula en los rellenos sanitarios. Y, de acuerdo con una Investigación de la Universidad de Caldas, termina contaminando los océanos e intoxicando animales acuáticos. Su uso descontrolado es lo que causa contaminación, y fue precisamente eso lo que sucedió en Iza. Debido al volumen del icopor, cada sábado y domingo se necesitaba de una volqueta para recoger los desechos que quedaban de las ventas. Se estaban produciendo demasiados residuos. Esto, sumado a las basuras de otros pueblos aledaños desembocó en el colapso del Relleno Sanitario de Sogamoso, a donde iban a parar todas las basuras. El colapso llamó la atención de todos estos pueblos y les dejó claro que debían hacer un cambio y debían hacerlo pronto. Una solución sostenible La idea de hacer un cambio respecto al uso del icopor se venía manifestando en la Asociación de Postres de Iza (Asoiza) desde hace casi seis años. “Siempre pensábamos en la problemática y decíamos que había que cambiar el empaque, pero realmente no hacíamos nada” , expresó Clara. Sin embargo, iniciando el mes de octubre del 2018, se empezaron a sentir las consecuencias económicas de que el Relleno Sanitario Terraza del Porvenir de Sogamoso dejara de recibir los residuos de Iza y 42 municipios más. Fue en ese momento en el que Asoiza tuvo la primera socialización de esta problemática con el Alcalde. El alcalde y las 22 personas que conforman Asoiza decidieron que debían tomar medidas tanto por el pueblo como por el planeta. Empezaron unas jornadas de reciclaje y se propusieron dejar de lado a su mayor contaminante: el icopor. Aquí se presentó el primer obstáculo, pues si no se usaba ni plástico ni icopor ¿en qué servirían los postres? Ni Clara Torres ni Carmen Rosa Santana, las dos postreras pioneras, sabían a quién contactar o cómo encontrar una solución que fuera biodegradable y no afectara la principal industria de Iza. Sin embargo, el entonces alcalde encontró la respuesta. Comenzaron las llamadas a distintas empresas en Bogotá, Tunja y Sogamoso. Diego López, exalcalde de Iza, hizo énfasis en que debían ser empaques amigables con el medio ambiente, pues si iban a hacer un cambio, iban a hacerlo bien. Entre todas las empresas, Itedris (Investigación Tecnología Educación y Desarrollo Integral y Sostenible) fue quien tuvo la propuesta más completa. Investigaron y encontraron que el papel de caña de azúcar ya era producido desde hacía tiempo por varias empresas vallecaucanas. Lo mejor de todo es que parecía papel normal y se dejaba trabajar por las máquinas de imprenta de igual manera. El papel a base de caña de azúcar tarda solo 180 días en degradarse, y una vez se descompone, pasa a ser parte de la tierra. Es decir: es biodegradable. Antes era un poco más difícil encontrarlo y usarlo porque su precio era algo elevado, costaba unos 60 pesos más que el papel normal y solo una empresa lo producía. Sin embargo, según Tibelio Galán, director de Itedris, eso ya no es un impedimento: “Al comienzo ese papel sí era muchísimo más caro que el otro, pero ahora ya vale lo mismo”. Iza dejó de usar poliestireno expandido de manera paulatina. Poco a poco se corrió la voz que este material no era bueno. La población estuvo de acuerdo con la iniciativa. Para Asoiza lo más difícil fue el cambio en el costo, pero no tardaron en adaptarse y ver que eran mucho más grandes las ventajas del cambio que los aspectos negativos. Para mediados de enero, ya casi nadie usaba icopor. “El alcalde fue el que dio el boom de que habíamos dejado de usar el icopor en una reunión con los alcaldes de la provincia”, manifestó Clara, presidenta de Asoiza. Sin embargo, la decisión se oficializó el 15 de febrero del 2019 a través del decreto N. 007. Ese fue el día en el que Iza dejó de usar por completo el icopor. Los primeros 20.000 platos y cajas biodegradables hechos exclusivamente para Asoiza llegaron casi un mes después. Clara fue testigo del cambio: “Antes en Iza había mucha contaminación visual, el icopor era regadito por ahí por el pueblo. Con este nuevo empaque la gente ya no lo deja por ahí, como que han tomado más conciencia” . Además, el transporte de los residuos ya no es un problema y ha aumentado el turismo, pues las personas sienten interés de conocer los recipientes que derrocaron al icopor. A Iza le siguió Nobsa, y casi un mes después, Guatapé en Antioquia también se unió al cambio que ya los países de la Unión Europea, Canadá, Costa Rica y más de 100 ciudades estadounidenses realizaron hace unos años. Cinco meses después en el Senado de la República se presentó el proyecto de ley #60, que busca prohibir el uso del icopor de un solo uso en todo el país. El senador del partido Verde y ponente del proyecto Antonio Sanguino Páez manifestó la importancia que varios municipios ya hayan implementado el cambio: “creo que nos están dando una lección porque están asumiendo decisiones que no hemos sido capaces de tomar en el orden nacional”. Iza, conocido como el Nido verde de Boyacá, dio el primer paso: hizo un cambio y demostró que hay alternativas para reducir la contaminación usando materiales biodegradables que ayuden a preservar el planeta. Colombia también debe y puede dar ese paso. De hecho, no se tiene registro de que algún país sudamericano haya prohibido el poliestireno expandido de un solo uso. Por ello, el senador Sanguino expresó: “nosotros seriamos el primer país en américa del sur en prohibir el icopor”.
- Diana Collazos
Norte del Cauca, Colombia | Comunicadora indígena del Pueblo Nasa Diana Collazos Por Laura Angélica Lenis Llano, Alejandra Paulina Hernández Martínez, Maria Camila Poveda Trujillo y Juliana Martínez Cubillos. Norte del Cauca, Colombia | Comunicadora indígena del Pueblo Nasa Lea también: Edilma Prada Compartir Fotografía por Alejandra Hernández. Desde hace 10 años acompaña el proceso de comunicación comunitaria dentro de su territorio, involucrada en diferentes dinámicas organizativas. Hizo parte del Tejido de Comunicación de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN), acompañando en su ejercicio de comunicadora los espacios de Liberación de la Madre Tierra en el norte del Cauca. Estudió Comunicación Propia, en la Universidad Autónoma Indígena e Intercultural UAIIN, participó de la Beca Viva Voz de la organización Memoria, en alianza con la comisión de la Verdad y actualmente se encuentra acompañando el programa de comunicaciones del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC). Nos contó: Sobre cómo deben narrarse los grupos indígenas en Iberoamérica... • Uno de los principales pasos es narrar desde la espiritualidad y entendiendo el concepto espiritual que tenemos como comunidades indígenas. • Si se narra alguna historia, debe desaprenderse la academia e involucrarse en esas labores comunitarias para aprender haciendo. Siento que la comunicación en la academia tiene muchos resabios con los formatos y nos vuelve fríos a la hora de llegar a la comunidad y lograr una buena entrevista en su naturalidad. Sobre las voces indígenas y cómo han contado los procesos migratorios... • La radio ha sido el principal medio que hemos tenido para poder narrar y denunciar porque esta no es invasiva. La comunicación en el territorio se ha hecho fuerte a partir de esta. Hemos contado al mundo cómo nos están despojando de nuestros territorios y, a partir de ese escenario, nos hemos abierto a otros espacios y a otras estrategias de comunicar. Caminamos de la mano del vídeo y conocemos, por medio de lo audiovisual, otros procesos que también se asemejan a la lucha que llevamos las comunidades en el Cauca. • Nos aferramos a la idea de no salir de nuestras comunidades. Pese al conflicto armado y pese a muchas otras estrategias de despojo que la guerra ha implementado, nos hemos querido mantener allí para no desarraigarnos, porque nosotros estamos obligados con la tierra. Dejar la tierra es dejar el ser Nasa, de mi pueblo. Sobre la separación de narrativas respecto a las comunidades y grupos étnicos... • Somos pueblos diversos y al ser pueblos diversos tenemos nuestras propias formas de contar y sabemos qué queremos contar. No voy a comparar mi dolor y mi rabia con la del pueblo afro, con la del pueblo campesino o con cualquier otro pueblo indígena, esas son narrativas y hacen parte de la cosmovisión y del sentipensar de cada pueblo. • Debemos apostarle a un periodismo intercultural que respete la forma de contar y de narrar de cada pueblo, porque lo que para mí no es importante para ellos, tal vez, hace parte de sus vivencias. Fotografía por Alejandra Hernández. Sobre las violencias contra las comunidades... • En el territorio se ha masacrado gente por liberar o recuperarlo. Se ha masacrado gente que incluso el mismo Estado ha reconocido. Casos que no deben olvidarse son la del Naya o las de Nilo, que se dieron en territorio Nasa, y que fueron precisamente por el tema del territorio, por gente externa que deseaba tener un control de territorial sobre la tierra que habitamos. • Al sistema capitalista, estatal, gobiernista, le falta tierra y le sobra gente, y nosotros somos los que habitamos esa tierra que necesitan para desarrollar sus planes mercantiles de explotación que generan el despojo. Sobre los proyectos que visibilizan el proceso comunicativo de las comunidades... • Se empezó a hablar que nosotros tenemos nuestras propias formas de comunicar y entendemos el tema de las señas, los sueños, las asambleas, las mingas, y nos preguntamos: ¿Cómo recuperamos ese escenario de comunicar lo propio? y ¿cómo nos apropiamos de esos espacios de afuera? Se iniciaron procesos de formación que iban de la mano con lo espiritual, lo político y lo técnico, no solo en el departamento del Cauca, sino también de otros lugares de la Abya Yala, con procesos comunicativos, de escritura, manejo de redes sociales y página web. • No solo somos orales como se ha dicho y que todo lo mantenemos en la oralidad, sino que también tenemos que dejar una palabra viva y esa palabra viva la dejamos a través de escritos. En el 2017 se toma la idea del periódico, pero ya denominado revista que se llama Unidad Álvaro Ulcué. Es un homenaje al primer sacerdote indígena en Colombia del pueblo Nasa, que en su función religiosa empezó a motivar a los jóvenes y a las mujeres a organizarse. Empezó a hablar a las comunidades de que teníamos que desarrollar nuestros planes de vida y sobre todo que teníamos que liberar el territorio en ese ejercicio. Esta revista nos permite a nosotros el poder expresarnos y desde allí se quiere contar y dar voz a los que no han tenido voz, al territorio. • Tenemos ‘Autonomías Territoriales’, un proceso documental, que también se hace cada año, en el que se involucramos comunicadores de los distintos pueblos del departamento del Cauca y en el que vamos, contamos y narramos una historia de los territorios indígenas. Ya está en su cuarta temporada. Hay un capítulo que narra el ejercicio político que realiza la guardia indígena en la defensa territorial y hay un ejercicio político que narra cómo nos hemos formado como comunicadores y cómo la comunicación indígena está en riesgo, porque a nosotros nos asesinan en espacios de recuperación. Sobre la voz de la comunidad LGBTIQ+ en las comunidades... • En la revista se habla de la comunidad LGTBI, pues todavía es un tabú dentro de nuestros territorios. Del mismo modo, se le da voz a las personas con capacidades de diversas, que mucha gente llama gente especial, que sienten diferente. Es muy importante hablar de ello porque yo también desconocía el proceso que llevan los compañeros y compañeras diversas en las comunidades, y desconocía la lucha de ellos, porque precisamente los hemos rechazado y nos han vendido la idea incorrecta de tener que ser homofóbicos. Sobre los vínculos con los lugares de origen... • Al nacer nuestro ombligo es sembrado en la tierra para que no salgamos de ella, y si salimos, volvamos a ella. La comunicación parte desde allí. Nosotros no hacemos comunicación por capricho o no nos metimos acá por porque está de moda ser comunicador o porque nos da prestigio. No, nosotros nos metimos a este cuento de comunicar es precisamente porque a nuestros territorios han llegado medios y personas que quieren sacar provecho de nuestra historia. Debemos ser un apoyo a la comunidad y no apoyarnos en la comunidad. • Somos con el territorio, porque en el territorio está sembrado el ombligo. Como dicen los mayores en la casa: “Es donde camina el pensamiento y si mi pensamiento Nasa se planta en un lugar, ese territorio es el que debó también estar defendiendo. Porque no es solamente la vida de mi familia, sino es garantizar el buen vivir de todos, que los mayores y las mayoras vivan tranquilos”. Cuenteros de Iberoamérica
- Sebastián Donoso: El reflejo de un líder
Estefanía García Díaz, Ana María Navarro Sanchez, Luisa Fernanda González Ramírez, Alejandra Paulina Hernández Martínez, Valentina Hoyos Deaza, estudiante de Comunicación Social y Periodismo < Volver Sebastián Donoso: El reflejo de un líder Camera Estefanía García Díaz, Ana María Navarro Sanchez, Luisa Fernanda González Ramírez, Alejandra Paulina Hernández Martínez, Valentina Hoyos Deaza, estudiante de Comunicación Social y Periodismo Este joven líder de Chía se ha posicionado en la política desde muy joven. Pese a recibir amenazas contra su vida, está decidido a seguir a combatiendo la corrupción en el país. Ver también: nota de lee también
- Pantokrator, la iglesia metalera
Pantokrator, la iglesia metalera María Fernanda Gaitán, Catalina Gómez, Natalia Prada y Gabriel Tibaquirá. Comunicación Social y Periodismo La aparente paradoja de un grupo de "metaleros" que usa su música para alabar a Dios. Ver también: ¿Qué les venden a las personas en el Centro de Cienciología en Bogotá? Compartir
- Francia Márquez, la mujer que hace historia
Isabella Durán Rubiano < Volver Francia Márquez, la mujer que hace historia Camera Isabella Durán Rubiano La lideresa afrodescendiente Francia Márquez obtuvo más de 705.000 votos en las consultas interpartidistas del domingo 13 de marzo. Ver también: Ver también: Márquez recibió el Premio Goldman Environmental Prize en Estados Unidos, que es el equivalente al Nobel medio ambiental. Dos de sus principales banderas son la lucha por la igualdad de género y la garantía de derechos para todos. En Ruta 45, les contamos parte de su historia.
- El sobrecosto que deben asumir los productores se ha convertido en el mayor problema del campo colombiano
El sobrecosto que deben asumir los productores se ha convertido en el mayor problema del campo colombiano Sara Liliana Lepesqueur, Laura Vanesa Barrera, Ana María Cuervo y Laura Angélica Lenis Sara Liliana Lepesqueur, Laura Vanesa Barrera, Ana María Cuervo y Laura Angélica Lenis Entre diciembre de 2021 y enero de 2022, los insumos que utilizan los campesinos para cultivar han aumentado entre 43% y 60%. Haz clic para acceder al contenido Ver también: ¡Manos al campo! Compartir
- La historia del paraciclista Sergio Minas
La historia del paraciclista Sergio Minas Juanita Builes Gallo, Ana Sofía Botero Ruiz, Juan Diego Cortés Amaya, Santiago Caicedo Daza, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo El suboficial retirado del Ejército Nacional fue víctima de una mina antipersona. Para empezar una nueva vida, la bicicleta de mano y ciclismo paralímpico se convirtieron en sus mejores aliados. Ver también: Colombia, exportador de los mejores ciclistas del mundo Compartir
- ¡Hay cacho en la manga!
¡Hay cacho en la manga! Silvia Avella Bernal, Comunicación Social y Periodismo Fecha: El coleo, una actividad autóctona de los Llanos Orientales, se ha convertido en un negocio que impulsa económicamente a los departamentos, gracias a su atractivo turístico. Lea también: "Detrás del tono crema de la leche fresca" Compartir Foto: Foto: Silvia Avella Bernal En medio de la majestuosa sabana de los Llanos Orientales se escuchan los gritos de cientos de personas. “¡Campana!”, dicen al unísono, cuando el coleador en una faena le da una vuelta al toro. De fondo se percibe la inconfundible música llanera, canciones del Cholo Valderrama, Walter Silva y Reynaldo Armas, las cuales hacen que se emocione aún más el público. Esto es la manga de coleo, el lugar donde los llaneros aprecian su deporte autóctono. A lo largo de 330 metros se observan dos hombres, el coleador y el encajonador, montando sus caballos de raza ‘Cuarto de Milla’. De repente, se abren las puertas del corral y sale estrepitosamente una res de aproximadamente 400 kilos. El público emocionado grita: “¡Hay cacho en la manga!”. Y en cuestión de segundos el coleador toma la cola del toro y, con empuje y fuerza, hala hasta lograr voltear la res. Acaba de volcar el equivalente a una moto ‘Harley’. Mientras tanto, en la gradería los espectadores aplauden, cantan, aprecian los caballos y comentan las faenas: “Pija pariente, qué jalonazo”. En la manga de Trinidad anuncian al siguiente coleador: Yonency Cuevas, más conocido como ‘Criollo’. Él y su caballo van directo a la arena de la manga y allí hacen una espectacular faena con dos campanas, una en primera zona que le suma 20 puntos, y otra, en segunda zona que le agrega 10. ‘Criollo’ es conocido así por haber nacido el 20 de julio, el día del grito de independencia, y ser la representación misma del hombre llanero. Nació en el municipio de Trinidad, ubicado a 2 horas de Yopal, Casanare. Él ha estado inmerso en el coleo desde los 9 años. “Desde que tengo uso de razón ando en un caballo”, cuenta Yonency con orgullo. Este hombre de tez blanca y sonrisa amable, quien no suelta su sombrero criollo, fue ganador del Mundial de Coleo en el 2014, junto a su caballo castaño Corazoncito, el cual falleció un año después de haber ganado la competencia. “Ha sido una de las cosas más tristes de mi vida, que se me haya muerto mi caballito”, expresa Criollo . Cuando obtuvo el mundial era el alcalde de su municipio Trinidad y consiguió el triunfo estando en uno de los clubes de coleadores más antiguos de Colombia, Club las Panteras, fundado en el 2000 por su abuelo Publio Amaya. Después de la faena de Yonency en la manga de Trinidad, el narrador anuncia a Ángel Zambrano, la leyenda del coleo. El público se emociona y cuando entra Ángel con su caballo los espectadores le tiran ponchos, sombreros y pañuelos. Él, como de costumbre, hace una magnífica faena. Al ser el ganador de cuatro mundiales de coleo y llevar más de 40 años en este deporte, Ángel, conoce perfectamente todo del mismo. Vivió el coleo desde sus inicios, cuando era una faena diaria en las fincas ganaderas del llano. En esas épocas, los ganaderos se levantaban a las tres de la mañana con el hermoso amanecer llanero - el sol apenas saliendo y los tonos del cielo entre naranja y amarillo - a recorrer el hato y a arriar su ganado. Ensillaban y montaban sus caballos. Llevaban consigo poncho, sombrero, rejo y pollero (una funda con carne y patacón) para su día de trabajo en medio de la sabana. Cuando se encontraban sedientos bebían agua de ríos o caños, la cual colaban con sus ponchos o sombreros. Transportaban el ganado de un lado a otro, con el fin de dejarlo en el corral. Sin embargo, cuando un toro intentaba salir del rebaño, el ganadero apresuraba su caballo, tomaba la cola del toro y le daba un jalonazo hasta derribarlo, así lo enseñaba a no abandonar su manada. Una vez la res era coleada no volvía a intentar escaparse. Por lo tanto, el coleo procede del trabajo llanero; en palabras de Ángel, “este deporte viene de la forma que trabaja uno en los hatos”. En las graderías de la manga de Trinidad la emoción es indudable, todos los espectadores visten con poncho, sombrero y alpargatas, vestimenta típica de la región. Cantan los coros de su música autóctona: “Soy coleador de mi pueblo y no lo niego, mi gran orgullo es tumbar a un toro bravo”. Los niños y jóvenes disfrutan cada faena entre risas y aplausos. Hasta las más pequeñas generaciones de llaneros sienten un amor inexplicable por su región, como lo manifiesta ‘Criollo’: “En el campo casanareño, en la Orinoquía, Vichada y Arauca un niño sueña con ser coleador, no sueña con ser futbolista”. Gracias a este amor al Llano fue que Nohora Tovar, ex senadora del Centro Democrático, decidió presentar un proyecto de ley para reconocer la cultura, tradición e identidad llanera. Ella asegura: “Vamos a hacer un reconocimiento a nuestra cultura y ya estamos a un paso de que la Unesco nos declare patrimonio cultural del mundo”. La ley 1907 fue aprobada por el Congreso el 28 de junio de 2018. En esta, se hace reconocimiento nacional e internacional del paisaje llanero, la riqueza y diversidad de los Llanos Orientales, además de reconocerse como elementos integrantes del patrimonio nacional manifestaciones culturales llaneras, como el coleo. De repente en la manga de coleo de Trinidad entra una retroexcavadora, pues tiene que recoger un toro que acaba de fallecer. Sin embargo nadie lo celebra, ‘Criollo’ cuenta que es debido a que, a pesar de que sí hay maltrato, a ellos también les duele cuando un toro fallece. Pero, para los movimientos animalistas el coleo no es un deporte, es una forma de explotación animal y de violencia especista. Como asegura Carlos Crespo, representante de la Red Antitauromaquia, “se ve a los animales como un objeto para satisfacer los deseos humanos”. Además, está en completo desacuerdo con la ley 1907, pues, asegura, dicha ley fue “una estratagema completamente baja y antidemocrática”, debido a que no se consultó a la población si estaba de acuerdo o no con la misma. A pesar de esto, en la manga de Trinidad sigue el coleo, en esta competencia hay 160 coleadores, categoría élite, dando todo para posicionarse en el primer lugar y así obtener 100 millones de pesos, el premio más grande en la historia del coleo de Colombia. Entre ellos se encuentra Edwin Benavides, más conocido como ‘Manotas’, montando su hermoso caballo de raza ‘Cuarto de Milla’. ´Manotas’ vive de este deporte y asegura haber ganado entre 20 y 25 millones mensuales solo con las competencias del mismo. Eso, porque, actualmente, el coleo no es solo una actividad social y cultural, es además un negocio, ya que gracias a las competencias de este deporte los dirigentes políticos promueven turísticamente sus regiones, como lo hace ‘Criollo’ en Trinidad. “Indiscutiblemente cada vez que se hace un evento de esta magnitud se mueve turismo, en Trinidad hoy los hoteles están llenos”. Además, Nohora Tovar manifiesta que la idea principal de la ley 1907 es visibilizar la región y generar más turismo en ella por medio de las demostraciones culturales. El coleo se ha convertido en un deporte organizado con una federación (FEDECOLEO), seis ligas y 118 clubes. Asimismo, ha dejado de ser un asunto de interés exclusivo para hombres, pues ahora mujeres y niños lo practican y cuentan con escuelas especializadas para aprenderlo. Ángel Zambrano asegura que “hay muchos muchachos que le están cogiendo amor y eso es muy importante para que siga adelante”. Además, ‘Criollo’ manifiesta que “es cuestión de que el coleo se forme, que haya mucha inversión en los niños y la juventud”, con el fin de que este deporte continúe generación tras generación. En la manga de coleo de Trinidad cae el atardecer y se aprecia el cielo con una magnífica puesta de sol. Se da inicio a la premiación; 100 millones para el primero, 30 para el segundo, 10 para el tercero y 5 para el cuarto. La celebración continúa para los ganadores de esta victoria y para algunos coleadores que estuvieron a punto de ganar. Sin embargo, para los espectadores ya ha terminado un día de una gran competencia, así que se despiden y salen lentamente por las puertas de la manga.
- Estado colombiano vs. plataformas digitales
Estado colombiano vs. plataformas digitales A propósito de la solicitud de la Cámara de Representantes al Ministerio de Transporte de reglamentar el uso de las plataformas tecnológicas de transporte de pasajeros; 'La cabina de los atrevidos' hace una crítica a cómo históricamente se han puesto trabas a esta clase de plataformas de servicios digitales en el país. Ver también: App para campesinos Compartir
- El despertar de cientos de bicicletas.
“Los que somos apasionados estamos viviendo este tema a diario, desde que uno se levanta hasta que se duerme, incluso en los sueños”, Alexander Gacharná. El despertar de cientos de bicicletas. Joselín María Cuartas Barrio “Los que somos apasionados estamos viviendo este tema a diario, desde que uno se levanta hasta que se duerme, incluso en los sueños”, Alexander Gacharná. Disponible en Pulzo Joselín María Cuartas Barrio Desde las 3:00 de la madrugada, las cuadrillas del Instituto Distrital de Recreación y Deporte preparaban los más de 120 kilómetros para recibir a miles de personas. 700 vallas anunciaban los cierres viales y entre 6 mil y 9 mil conos naranjas adornaban el asfalto. Ese fin de semana, los asistentes a la ciclovía recorrieron en patines, patinetas, caminando y, cómo no, en bicicleta, la Bacatá de los muiscas y los chibchas, nombre con el que habían bautizado a la capital colombiana. Este espacio se vive desde el domingo 15 de diciembre de 1974, cuando el colectivo ‘Procicla’ organizó un primer acercamiento a lo que hoy se conoce como ‘Ciclovía’. Alrededor de 5 mil capitalinos se tomaron las carreras 7° y 13° como una forma de manifestarse en contra de la falta de espacios recreativos y de deporte, pero también por el incremento de vehículos y su efecto contaminante. Tomaron sus ‘bicis’ dispuestos a hacer de las vías un escenario de protesta y, a punta de pedal, lo lograron. El hecho quedó registrado en el periódico El Tiempo, que titularía el suceso días después como “El Mitin a favor de la cicla”. Pero es hasta 1976 cuando, gracias al alcalde Luis Prieto Ocampo, se expidieron los decretos 566 y 567; estos ofrecieron distinciones entre las ciclorrutas (vías destinadas para transporte diario) y las ciclovías (un evento abierto los fines de semana y festivos). Aquel domingo la ciclovía no solo se recorría en bicicleta; también sonaba, olía, se sentía. Se escuchaba la cumbia en los tambores de inmigrantes venezolanos que se ubicaban en la popular Carrera Séptima pidiendo alguna colaboración. Estaban quienes preferían la salsa y lucir disfraces del inolvidable Chespirito. Otros se dedicaban a vender mangos en tiras, piñas y patillas en cuadros. Olía al centro de Bogotá; un olor que se paseaba entre lo embriagante del café recién preparado y lo desagradable de la combinación de perfumes, alientos y comidas. “La ciclovía brinda la posibilidad de un intercambio cultural”, manifiesta Bibiana Sarmiento, Coordinadora distrital del Programa Ciclovía. Para ella, en este espacio no existe distinción de estrato económico, raza o condición. Bernardo López, biciusuario, comparte esta opinión. Mientras pedaleaba con rumbo al Parque Nacional, se encontró con personas de todas las razas, religiones y filiaciones políticas; sin embargo, él vio más allá de eso. Vio a personas que descubrieron un escape de la rutina: la bicicleta, un objeto lleno de historias. Y ahí estaba. Una cicla Monark, modelo Mirim, del año 1978. Su color azul rey brillante permanecía casi intacto a pesar de los años, adornada con rayas blancas y naranjas, con dos ruedas y dos rodachines. Ahí, rodeada entre otras bicicletas clásicas más grandes, la Monark se robó las miradas de los asistentes a la exposición que tuvo lugar en la Biblioteca Pública Virgilio Barco. De repente, un hombre se detuvo frente a ella. “De pequeña tuviste una igualita a esta”, dijo aquel. Le hablaba a quien, al parecer, era su hija. Esas historias, esos recuerdos, vuelven a la vida gracias a Cachacos Club, un colectivo capitalino de bicicletas clásicas, antiguas y vintage dedicado a fomentar el uso de la bicicleta desde la memoria. “Pienso que es una gran labor la que estamos haciendo al rescatar toda esta historia”, afirma Alexander, quien aún se sorprende cuando Cachacos Club logra que alguien “saque sus bicis, las desempolve, y vuelva a usarlas”. Alexander respira la pasión por las bicicletas. En la sala de su casa se encuentra exhibida una Penny Farting de 1887, que trajo desde Francia hace tres meses. Hecha de metal y compuesta por una llanta de tamaño notablemente mayor que la otra, esta bicicleta es exótica para los ojos de cualquiera. Y es que aún, muy a pesar del viaje y de los años, conserva su pintura negra y una lámpara que enciende con pequeños destellos verdes en los bordes. Alexander agarró los mangos de la bicicleta, tomó impulso y logró sentarse en el sillín. Ver a Alexander montar la Penny Farting era todo un placer visual. El girar de los delgados tubos negros dentro de la rueda grande era hipnotizante. Alexander evitaba girar, pues le quedó de experiencia que contra la Penny Farting no le es posible ganar, la rueda más grande podía sacarlo por completo del sillín solo con un movimiento y tumbarlo de la bicicleta. “Nuestro club se inició solamente con una persona: yo”, cuenta Alexander Gacharná entre risas. Es un ingeniero de sistemas que decidió fundar y ser el presidente de un club cuyos miembros están unidos por la pasión a las ciclas. Desde Procicla, el primer colectivo que dio origen a la Ciclovía hasta Cachacos Club, uno de los 21 colectivos urbanos de Bogotá, hay un sinnúmero de grupos de personas aficionadas a la bicicleta, cada una con distintos enfoques. En Sabana Centro se encuentra Clásicas del Zipa que, a través de las bicicletas clásicas, busca que las familias vuelvan a vivir esas épocas bonitas del pasado. En palabras de Fabián Rojas, su fundador, “todo el que va en bicicleta tiene una historia”. Historias como la que tiene el nombre de este colectivo, propuesto por Óscar Goyes como un reconocimiento a Efraín ‘El Zipa’ Forero, el primer ganador de la Vuelta a Colombia proveniente del municipio de Zipaquirá. Y más allá de las montañas que encierran el departamento de Cundinamarca, en la Costa Caribe, Raúl Medina fundó en marzo de 2010 Bielaquilla, un colectivo que inició en una reunión de amigos hace 8 años. “Salíamos los fines de semana hacia el sector de las playas de Salgar y Puerto Colombia y nos regresábamos. Un día nos sentamos en un quiosco en la playa y empezamos a tomarnos esto más en serio”. De 15 personas pasaron a 800 mil en un mes; creció como una bola de nieve que cae colina abajo. Aunque en Bogotá hay muchos colectivos, son pocos los que son reconocidos como clubes, Cachacos Club es uno de ellos. Registrado ante la Cámara de Comercio como ‘Corporación Cachacos Club’, este grupo busca fomentar el uso de la bicicleta para descontaminar la ciudad, preservar el medio ambiente, conservar las bicicletas y su historia, pero, sobre todo, pasarla bien. El amor de Alexander por las bicicletas viene desde cuando era apenas un niño y se interesó por la Chopper. En aquella época, en la que los vecinos se reunían en las tiendas y los amigos del ‘parche’ jugaban en las calles, quien tenía esa bicicleta era el más afortunado del mundo, puesto que era la bicicleta de moda, la más popular para los niños de su generación. Su padre le compró una de esas Choppers, estaba en mal estado, pero para él fue el mejor de los regalos. Años después, Alexander conseguiría 6 ejemplares más de estas y les daría vida nuevamente (las Choppers tenían la llanta delantera más pequeña que la trasera, e incorporaban resortes a manera de suspensión). Yensi Fonseca, su esposa, sonríe al verlo contar aquella historia, pues comparte su pasión y el amor por las bicicletas; además, juntos han rodado cientos de kilómetros. Tantos kilómetros como los que tiene la ciclovía, que son alrededor de 120, cuyas vías principales son la carrera 7ª, carrera 15, calle 116, Avenida Boyacá y Avenida Calle 26 y cruzan 17 de las 20 localidades de Bogotá. En estos predominaba el color naranja durante el mes de abril cuando la Embajada Holandesa tomó la ciclovía como sede del ‘Hola Holanda es bici’, un escenario en el que la cultura colombiana y holandesa se dieron cita. “Claro, la bicicleta se puede volver un ícono y se puede volver parte de la cultura, pero hay que mantenerlo y promocionarlo, que los políticos y la ciudad la consideren como algo propio”, pide Carolina Ramos, consultora de la Embajada Holandesa para Latinoamérica y África. Ella explica que Holanda se convirtió en uno de los países propicios para hablar de transporte integral gracias al Approach Bottom-Up; es decir, a partir de la capacidad de la comunidad para apropiarse como líderes de los procesos que se dan en el país, Carolina explica: “La verdad todo esto vino del pueblo, de la gente y Bogotá debería aprender de eso, nosotros estamos acostumbrados a que en Colombia todo nos lo tienen que dar desde arriba, que el Gobierno tiene que darlo”. Las ciclorrutas en Holanda funcionan con un programa que consta de tres partes: Orgware, Hardware y Software. El Orgware se encarga de reunir las empresas y entidades que contribuirán en la organización del espacio. El Hardware maneja la parte técnica; es decir, las condiciones de las vías (infraestructura) y el diseño e implementación de las ciclorrutas. Finalmente, el Software se enfoca en promover una cultura y educación de la bicicleta mediante el fomento de su uso y el respeto por el espacio de las ciclorrutas. Bogotá parece estar aprendiendo. La ciclovía se ha convertido en el espacio perfecto para compartir con la familia, divertirse, hacer deporte y descubrir que esta ciudad es más que una capital fría encerrada entre edificios. “Antes era un espacio que no tenía un objetivo específico, sino simplemente la policía cerraba las calles”, dice Bibiana Sarmiento. Ahora, “la ciclovía brinda un intercambio cultural, precisamente, donde tú sales sin distinción alguna de estrato económico, puedes ir de norte a sur, occidente a oriente; en fin, sin distinción alguna”. Con el fin de la jornada de ciclovía en Bogotá cayó la noche, el frío se apoderó de las calles. Los camiones del IDRD se llevaron las 700 vallas que anunciaban los cierres viales y los conos naranjas con una línea blanca fluorescente que adornaban el asfalto. Los miles de asistentes de aquel domingo dejaron nuevamente los 120 kilómetros de ciclovía a disposición de los carros, Transmilenio y el afán capitalino.
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