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  • El dilema de quitarse la prótesis

    El dilema de quitarse la prótesis Valentina Cabrera Cabrera Fecha: Asia, el grave síndrome que azota a las mujeres con implantes de seno. Lea también: El dilema entre los cánones de belleza y la salud Compartir Foto: Implantes de seno (stefamerpik - Freepik) El otro día me fui a tomar un café con una amiga muy cercana; ella tiene alrededor de 27 años y prótesis mamarias desde los 16. De repente, en medio de la conversación, me sorprendió con una noticia: hacía pocos días se había explanado sus prótesis mamarias, aquellas prótesis por las cuales millones de mujeres en el mundo se han sometido a una invasiva cirugía para aumentar el tamaño de su busto. Continuó explicándome que había tomado la decisión porque presentó deterioros en su salud, que, sin saberlo, hacían parte del esquema de síntomas de una enfermedad autoinmune que, luego de varias visitas al médico y múltiples exámenes médicos, pudo identificarse como un extraño síndrome llamado el síndrome de Asia. Luego de la explanación, los síntomas de mi amiga poco a poco fueron desapareciendo, y hoy en día ha vuelto a ser una mujer sana y con mucha vitalidad. Según expertos, el síndrome de Asia es provocado por la reacción autoinmune del cuerpo frente a un agente externo; en este caso, de las prótesis mamarias de silicona que se utilizan en la mamoplastia de aumento. Este síndrome produce inflamación del cuerpo, cansancio, depresión, entre otros síntomas que afectan gravemente la vida de la mujer que lo padece. Sin embargo, estos también son síntomas comunes de otras enfermedades, por lo que muchas veces las pacientes pueden demorarse mucho tiempo esperando a recibir un diagnóstico concreto. En 2019, alrededor de 6.336 mujeres en Colombia tomaron la decisión de retirarse las prótesis o “explantarse”, término utilizado para señalar este procedimiento. Si bien esta parece una cifra baja en comparación con las de mujeres que entran al quirófano cada año a implantarlas, el Síndrome de Asia es cada vez más mencionado por quienes toman esa decisión. Al igual que la mayoría de las mujeres que recurren a la mamoplastia de aumento, crecí en un entorno en que ellas debían tener los senos grandes y el cuerpo perfecto, y es allí donde comienza el problema, pues nos metemos en la cabeza la idea de que debemos cumplir aquellos estereotipos de la sociedad y, por el hecho de complacerla, podemos pasar por encima de nuestra salud. Un claro ejemplo de esto se encuentra en los años noventa cuando salió el boom de las mujeres voluptuosas. La mayoría se fueron directamente al quirófano para aumentar algunas tallas en su busto, y ello se convirtió en una cultura de la perfección que prevalece. En Colombia, se calcula que cerca de 346.140 mujeres se practican cirugías plásticas, de las cuales un 40% son de mamoplastia de aumento. Está claro que las prótesis mamarias están aprobadas por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos y que no tiene efectos contraproducentes en el cuerpo; sin embargo, lo que se viene comprobando en los últimos años es que la introducción de estas sustancias al organismo genera graves efectos adversos en el cuerpo humano. Por estas y otras razones, en estos tiempos muchas mujeres han tomado conciencia frente tal situación y desean retirarse las prótesis. No obstante, una de las principales barreras para llevarla a cabo es el precio, pues, al ser una cirugía de reconstrucción completa del seno para que el busto quede estético, el costo es elevado. El precio de esta oscila entre los 5 y 10 millones de pesos colombianos, mientras que para una “explantación” va de 20 millones en adelante. Y en este punto es inevitable pensar si la cirugía debería ser financiada por la EPS, ya que muchas mujeres no tienen los suficientes recursos, pero su salud lo exige: El motivo no es solo estético. En las redes sociales se trata con frecuencia este asunto con muchos testimonios de mujeres frente al Síndrome de Asia. Uno de los más conocidos fue el de la modelo Ana Sofía Henao, referente de la belleza de la mujer colombiana, quien hace poco decidió “explantarse” y reducir notablemente el tamaño de sus senos. Dijo que las prótesis la estaban enfermando, y ahora, a pesar de no tener sus prótesis, sigue siendo una de las mujeres más bellas del país, pues la belleza va más allá del tamaño de unos senos. Después de este procedimiento, por supuesto los senos cambiarán: serán más pequeños, estarán un poco más caídos y llevarán para siempre una cicatriz. Sin embargo, ahí cuando debemos amarnos más que nunca, priorizar la salud por encima de la vanidad y ser conscientes de que todas las mujeres somos bellas, sin importar el tamaño de nuestros senos, si somos altas o bajitas, gorditas o flaquitas. La esencia en este caso es preservar el amor propio y cuidar de nosotras mismas por encima de cualquier estereotipo.

  • La carranga es una manera de vivir

    A la par de sus sueños, rescata el folklore que lo apasiona e inspira a otros jóvenes a incursionar en la música campesina La carranga es una manera de vivir Laura Nathaly Bermúdez Guevara, Lina María Higuera Sotomayor, Maria José Suesca Zamudio, Camila Fernanda Rincón Ángel A la par de sus sueños, rescata el folklore que lo apasiona e inspira a otros jóvenes a incursionar en la música campesina Contenido completo Autor: “El requinto de mi alma, compañero de mis penas, mi vida sin ti sería como la sangre sin venas”, expresa Víctor frente a las cientos de personas que lo aplauden en Tinjacá, Boyacá y que admirados ven al joven de 18 años desenvolverse con la destreza y virtuosismo que lo caracterizan. Talentoso como ningún otro. Víctor Manuel derrocha felicidad por donde quiera que vaya, sobre todo encima del escenario, su segundo hogar. El requinto es una extensión de él, otra parte de su cuerpo. Desliza sus dedos sobre los trastes con la fluidez del viento, al ritmo de la música campesina, por la cual se desvive. Una ruana amarilla lo caracteriza, la que lo ayuda expresar todo el júbilo que se desborda en su sonrisa y en la sencillez de su carácter. Su abuelo, Gabriel Rodríguez, y su padre, Diego Rodríguez, eran músicos, pero el alcoholismo los separó de la familia. A pesar de eso, Víctor empezó a sentir amor por la música desde los 11 años en una agrupación llamada “Los Sutapelaos”, haciendo honor a la historia de su tierra, Sutatausa; antes llamada “Sutapelada”, porque era un pueblo desierto, sin vegetación. El nombre les cayó como anillo al dedo, pues un grupo de niños que tocaban carranga era la sensación en aquella época, “pelados” que se divertían al ritmo de Jorge Velosa y descargaban energía por medio de guitarras y guacharacas y, por supuesto, del requinto.  El requinto posee doce cuerdas hechas de acero y su afinación coincide con las cuatro primeras cuerdas de la guitarra. Se usa en la ejecución de ritmos típicos colombianos como bambucos, guabinas, pasillos, torbellinos y música carranguera. Pero, para Víctor, recordar cómo llegó a su instrumento favorito le aviva una nostalgia que lo acompaña siempre. No todo es color de rosas para su memoria, pues su compañero de agrupación y mejor amigo, Julián Usaquén, quien le animó para empezar a tocar el requinto, falleció a los 15 años en un accidente de tránsito. Después de la tragedia, Víctor decidió especializarse en el requinto, en honor a su cómplice y compañero de aventuras musicales. “Es lindo pensar en él mientras que estoy tocando, a cualquier lado que vaya siempre lo recordaré”, dice cabizbajo y con la voz entrecortada. El ángel que lo acompaña lo ha visto triunfar como ganador del “Zue de Oro”, en Sogamoso, Boyacá; campeón nacional del “Ocobo de Oro”, en Ibagué, Tolima; campeón nacional del requinto en varios municipios del país; campeón nacional de la guabina y el tiple, en Vélez, Santander, por dos años consecutivos; ganador en el concurso nacional de duetos y música colombiana 2018, en Cajicá; y entre otros muchos más  reconocimientos que ha ido adquiriendo desde el año 2016, cuando decidió arriesgarse a concursar. Según Luis Carlos Vargas, maestro de música, la carranga últimamente está teniendo un gran auge desde que los jóvenes le apostaron a tocarla. Ya no es vista como música para adultos mayores, sino que niños y adolescentes están disfrutando de ella. A Víctor lo caracteriza el virtuosismo con el que toca su instrumento, requisito clave para triunfar en estos concursos. Lo podemos observar cuando toca “El pájaro campana” y hace un perfecto punteo, acompañándolo con un adorno que hace con su celular, sí, su celular, el cual usa deslizándolo por los trastes causando un sonido indescriptible pero mágico; o tocando el solo de requinto con el instrumento sobre su cuello y sus manos invertidas. “Si en el fútbol hay un diez, se podría decir que como requintista Víctor es el diez”, así lo califican sus compañeros de Ventarrón Carranguero.  Víctor siempre ha tenido el apoyo de su familia y también ha contado con la amistad y enseñanza de grandes maestros como Camilo Cifuentes, su mayor referente, quien ha sido ganador de todos los festivales de música andina colombiana, y campeón del festival Mono Núñez. También, Luis Carlos Vargas, creador del grupo “Sutapelaos”, ha sido uno de sus grandes mentores y amigos; quien lo ha acompañado a través de los años, pues su padre y él se conocen desde antes que nuestro protagonista naciera. “A Víctor no lo sacaba nadie del teatrino, que era donde ensayábamos, era muy curioso, y esa curiosidad lo tiene en este momento donde está”, dice su profesor Luis Carlos Vargas.  Para Víctor la carranga es una manera de vivir; tal como lo expresa su abuela Luz Marina: “él es adicto a la música”. Junto a sus amigos, creó una agrupación llamada “Ventarrón Carranguero”, quienes son un gran éxito, pues la jocosidad de sus trovas y, claramente, el talento que derrochan deja atónitos a los espectadores que se complacen al son de cada acorde; una de sus mayores labores es destacar el papel de la mujer en la música campesina, ya que el machismo ha estado presente en la historia mediante letras y trovas, pero los jóvenes están dispuestos a cambiarlo. “Y me puse a contar estrellas y en una yo me turbé porque me encontré un lucero que se me parecía a usted” Lo que más le gusta de su género musical es que le canta a todo: al amor, a la tristeza, a la nostalgia, a la tierra, y a un sinfín de pequeños placeres que trae la vida. Junto a Ventarrón Carranguero pone uno de sus grandes proyectos de vida. Después de haber compartido tarima con Mario, de la banda Doctor Krápula, recibir consejos de personas como Totó la Momposina y el maestro Jorge Velosa, y grabar dos sencillos que le cantan a la paz y a la naturaleza, estos muchachos están dispuestos a rescatar el folklore que les apasiona y a llevar la música campesina a cada rincón. La ingenuidad con la que me cuenta que, a pesar de sus logros en la vida musical, decidió estudiar derecho, no se compara con nada… -      ¿Y por qué decidió estudiar derecho en vez de música? – Le pregunto. -      Siempre fue mi idea estudiarla, pero lamentablemente el arte es un poco mal agradecido en este país, por eso todo el mundo tiene ese miedo. Siempre me llamaron la atención las ciencias sociales y me decidí a estudiar las leyes. A pesar de que no renuncia a estudiar música profesionalmente en un futuro, por el momento se siente dichoso y completo. Hace un año que salió de la casa donde se crio, pero no se le ha olvidado de dónde viene ni para dónde va. Él es Víctor Rodríguez, susmercedes.

  • Soñando con los pies en alto

    Soñando con los pies en alto Paula Andrea Castro Leiva, estudiante de Comunicación Social y Periodismo. Fecha: La que fue la Reina Nacional del Bambuco 2018, es dueña de su propia academia de baile y es coordinadora de danzas del municipio de Mosquera. Lea también: Estoicismo, fútbol e inteligencia Compartir Foto: Paula Andrea Castro Leiva Tania Alejandra Rodríguez Cachaya, más conocida como ‘Tato’, es una mujer que ha luchado por sus sueños en la danza y, aunque no llegó a imaginar todo lo que tendría en este momento, sigue compartiendo con los demás su pasión por el baile. Pasión que lleva en su sangre desde los 7 años, cuando empezó a bailar en el Centro Cultural Bacatá de Funza, y que ha ido más allá de su triunfo como Reina Nacional del Bambuco 2018, pues no acepta un ‘no’ como respuesta, ya que ella en la vida, como en la danza, si se cae, se levanta. Ella es una mujer única que, con ojos pequeños, mirada vivaz e intensa, con su nariz fina, con sus labios pequeños y sensuales, deja a más de uno con la boca abierta. Tato, a sus 25 años, ha logrado cada uno de sus proyectos, como ser dueña de Ballet Taroca y coordinadora de danzas en el municipio de Mosquera. Además, muestra una gran debilidad por las papas con paprika, pero, en especial, lo que más adora hacer en su tiempo libre es ir a conocer restaurantes con decoraciones y platos curiosos, como La Mesa de Papel, El Cielo y La Paloma. Eran las cuatro de la tarde del miércoles 11 de agosto. Mi entrevista había sido programada a las 7:30 p.m., u 8:00 p.m. Sin embargo, decidí llegar 4 horas antes, porque quería conocer, sentir y observar cada uno de sus movimientos a la hora de bailar ballet y necesitaba ver a la verdadera Tania. Por suerte, ese mismo día ella daba clase a sus 20 niñas de 3 a 5 años. Al ingresar, lo primero que vi fue la emoción de los padres al preparar a cada una de sus niñas para la presentación. Me vi rodeada de espejos y paredes rosadas. Al lado izquierdo, vi la recepción y, un poco más allá, se alcanzaba a ver el interior de la oficina de Tania. Al iniciar su clase, Tania se paró al frente y empezó a indicarle el movimiento a cada una de sus niñas. Tato inició haciendo un estiramiento para que su cuerpo lograra tener elasticidad poco a poco. Por otro lado, las niñas empezaron a verla y, aunque el movimiento no se veía igual al de Tania, ellas hacían su mayor esfuerzo y, mientras tanto, Tato pasó por cada una corrigiendo los movimientos. Mi vista se centró en Tania y en cada movimiento que ella hizo. Me sorprendió la elasticidad que tiene. Es como si no tuviera huesos y me impresiona que todo empieza desde los pies y va subiendo lentamente hasta los brazos. Cuando llega a los brazos y veo su rostro, solo pienso que ella está en su mejor momento como bailarina, y lo que hace más emocionante este acto es que está bailando con sus pequeños angelitos. —Tania me cambió la forma de ver todo. He aprendido de sus valores, de sus fortalezas y debilidades. Ella siempre me hace ver el lado positivo de todo, me motiva a no rendirme— dijo David Álvarez , estudiante de la academia Ballet Taroca. Después de ver todo su proceso, nos reunimos en su oficina. Esta estaba llena de estatuillas de vírgenes, cuadernos, libros, bailarinas y atrapa sueños por todo lado, lo que a primera vista puede verse como desorden. —Todo lo que hay aquí son detalles que me han dado. Yo no he comprado nada —aclaró Tania e hizo énfasis en aquellos que son para evitar la mala energía o la envidia, ya que ella es muy confiada y, por ello, la han lastimado muchas veces. —Tania descuida su salud por su compromiso —mencionó Felipe Herrera, mejor amigo de Tato. Ella empezó a hablar acerca de su paso por el reinado y el impacto que este tuvo en su vida. Tania inició aclarando que no quería ser parte de ese mundo del modelaje, en el cual tuvo que cambiar su dieta por completo, dejando a un lado el pollo y las papas con paprika. Su esfuerzo no solo se vio en las tres veces que se presentó al reinado (2015, 2016 y 2018), sino que también cuando debía ensayar el Sanjuanero. Tato practicaba este baile más de 20 veces por día. —El lunes se aprendió el Sanjuanero, el martes lo repasamos, el miércoles hicimos otro repaso, el jueves nos fuimos de compras y el viernes llegamos con la candidata —exclamó su maestro Juan David Barbosa, quien la ha acompañado en todo su proceso como bailarina. Sus intentos de presentarse al reinado fueron como bailar ballet, con esa pasión y amor por lo que hace. El movimiento empieza lentamente con sus pies, momento especial y más duro para una bailarina en el que debe poner todo su peso sobre la punta del dedo gordo. Este fue su primer intento en el que se presentó como señorita Funza, pero quedó de virreina. Después, apretó el abdomen y colocó lo más rígido posible su cuerpo, su centro debía estar intacto para mantener el equilibrio, aquí fue su segundo intento, en el cual ella ya había empezado, pero debía mantenerse fija para lograr lo que esperaba. Sin embargo, este tampoco fue el caso porque quedó de princesa en representación de Mosquera. Cuando nadie esperaba que se volviera a presentar en el 2018, Tania levantó sus brazos con mucha delicadeza y empezó a bailar con cada parte de su cuerpo al son de música clásica. La tercera fue la vencida, porque se convirtió, finalmente, en la Reina Nacional del Bambuco 2018. Se pensaría que el proceso después del reinado fue sencillo, pero así no es. “Fue duro (momento complejo o complicado frente a una situación) estar en gira y presentando la tesis de mi licenciatura en Educación Artística y Artes Escénicas al mismo tiempo” , mencionó Tania, mientras tocaba constantemente el libro “La receta del éxito” de Juan Manuel Barrientos. Tato tuvo su propia academia de baile Ballet Taroca y logró abrir One Royal Beauty, emprendimiento de maquillaje 100% natural . “Todo iba bien hasta el momento”, señala Tania, hasta que llegó la pandemia y todo lo que ella había construido fue cayendo poco a poco. Tato no tenía el dinero suficiente para pagar el arriendo, razón que la llevó a cerrar el establecimiento . Ella pagaba aproximadamente 3.500.000 pesos (colombianos) en el arriendo de la academia, pero en la pandemia logró un acuerdo de pagar solo la mitad de este valor porque no estaba dando clases. Sin embargo, sus ingresos de la Alcaldía como coordinadora de danzas del municipio de Mosquera no alcanzaban para cubrir dos arriendos (Ballet Taroca y One Royal Beauty) , por ello, decidió cerrar el establecimiento del emprendimiento de belleza y colocarlo en un espacio nuevo de la academia , en donde acomodó todas las herramientas necesarias como espejos, los estantes para colocar el maquillaje, sillas, etc. Tania recordó aquel día que estaba haciendo fila en el Banco de Bogotá, preocupada por la falta de dinero, cuando de pronto una señora le tocó la espalda. Ella era la mamá de una estudiante y le dio la mensualidad que le debía. Tato le llama a esto un milagro de Dios. Poco a poco, ella empezó a hablar sobre el cuaderno que usa para decretar sus sueños con el fin de que se cumplan. Señaló que cada meta u objetivo que ha escrito a detalle se ha cumplido, similar a cuando compró un automóvil al que bautizó McQueen. Dios, su familia, su academia y su grupo de 5 amigos lo son absolutamente todo para Tania, por ello, deja al amor de pareja en un segundo plano. Sus caídas la han hecho más fuerte y la han motivado a salir adelante con cada uno de sus sueños. Esto lo ha compartido y heredado a cada uno de sus estudiantes. Por otro lado, Tania espera crear toda una empresa con Ballet Taroca; seguirá creando nuevos proyectos y logrando marcar la diferencia en el municipio de Mosquera como coordinadora y, a su vez, no descarta la idea de postularse a la Alcaldía en un futuro. Tato, una mujer que cree fielmente en los estudios, empezará en la Universidad del Rosario una especialización en Gerencia y Gestión. —Lo que sea que venga a mediano, corto o largo plazo sé que lo voy a hacer con la mejor energía, positivismo, proyección y visión — manifestó Tania Alejandra Rodríguez.

  • Cabadías: moda, conflicto armado y superación

    Cabadías: moda, conflicto armado y superación Jorge Arroyo y Kelly Medina, Comunicación Social y Periodismo Fecha: En sus más de 30 años en la industria de la moda, Cléiner Cabadías plasma en sus diseños las historias y vivencias de pueblos afrocolombianos e indígenas. Lea también: Hablemos de moda Compartir Foto: Fabio Piva A la edad de 12 años, Cléiner Cabadías tuvo que salir desplazada por la violencia del corregimiento de Mesopotamia en Bojayá, municipio del Chocó. Abandonó aquel lugar en el que había pasado parte de su infancia junto con sus padres y sus siete hermanos, dejando atrás vivencias, amigos y familiares. Al llegar a Quibdó, la vida de todos en su hogar cambió. Su padre, don José de Las Mercedes, ya no era la cabeza de una de las tantas familias que se vieron afectadas tras la ola de violencia en el Pacífico de finales de los años 80. Ahora, era su madre, doña Teresa, quien con una máquina de coser pudo solventar la situación de su hogar. Aquella máquina era la que años más tarde ayudaría a reconstruir la vida de la familia Cabadías Rivas y a cultivar en Cléiner, quien ayudaba en el proceso de diseño y costura de su madre, un don que se convertiría en una vocación innata. A la par de ayudar a sacar a sus hermanos menores adelante, Cléiner adquirió los conocimientos de doña Teresa, los cuales la han llevado hoy a ser reconocida en la capital chocoana y a tener espacios en medios de comunicación como Caracol y El Espectador, además de participar en escenarios como el Bogotá Fashion Week y la Pasarela Somos Color, organizada por Henkel y la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas. Entre risas, Cabadías recuerda que muchos clientes, que en su mayoría eran señoras de la capital chocoana, se sorprendían de ver que quien les confeccionaba y diseñaba lo que se pondrían era una chica de unos 15 años. De manera despectiva, pero con un sentido jocoso, le pedían que no le fueran a dañar la tela. A esta misma edad nunca pensó que tal actividad de costura la catalogaba dentro de esta industria. “Es ahora cuando vengo a ver todo este proceso como moda ”. Nunca pensó en etiquetas cuando, a través de la creatividad, creaba piezas que no solo fueran ‘bonitas’, sino que reflejaran la comodidad en la persona que la compraba y la recomendaba con otras. Cléiner solo veía a este proceso que sacaba a su familia adelante como un simple ‘emprendimiento’, en el que solo pretendía, como lo sostiene ella misma, “hacer que cada cliente que saliera de su tienda saliera con una sonrisa y que se sintiera feliz y bonito cuando se pusiera el vestido”; esto es lo que busca con sus colecciones actuales. Resiliencia Al estar en el Bogotá Fashion Week del 2016, su sueño por llevar sus diseños inspirados en la magia de la población afrocolombiana e indígena a nivel internacional creció, ya que, según cuenta la diseñadora chocoana, “los clientes miraban esa diferencia en las prendas que llevamos; se animaban por un tema diferente, uno autóctono de nuestro pueblo”. Fue ese mismo empuje que le otorgó el privilegio de ser invitada al Milan Fashion Week 2018, sueño que, debido a recursos y al gran esfuerzo económico, no pudo cumplir, pero que anhela con poder realizar en los próximos años. Resalta que, gracias al descubrimiento de no solo su comunidad afro, sino de otras inherentes en el territorio chocoano, en una de sus más grandes colecciones pudo plasmar todas esas vivencias de los indígenas: el cómo viven, su forma de trabajar, de convivir entre ellos y entre la comunidad negra en Colombia. “Muchas veces cuando uno no conoce la cultura de un pueblo, de una etnia, dice muchas cosas” , lo cuenta al mencionar que su visión frente a la comunidad indígena era diferente hasta que fue hasta ella y evidenció los rasgos que los diferencian y los volvieron su inspiración: dice que, por ejemplo, “ellos se distinguen al reflejar y vestir de manera impecable y representativa prendas de sus comunidades” , eso es algo que ella desconocía y que pretendía marcar en la colección que plasmó la esencia de esta comunidad. Los pilares que siempre tiene presente en cada una de sus creaciones son la diversidad que se relaciona a la fauna y a la flora y la diversidad que distingue a la población afro , lo que la inspira a sacar productos que la gente quiera y necesite. Se describe a sí misma como una persona ‘rara’ y ‘diferente’, que proyecta un lema que, aparte de querer llevar una voz por las comunidades afrocolombianas e indígenas del Chocó a través de lo étnico y lo creativo, resalta como otro de sus propósitos, el diseñar con el menor impacto al medio ambiente, como lo dice la misma Cabadías: “aquí no se pierde nada” porque de todas las telas y retazos que quedan, se clasifican según sus texturas para crear otras prendas. “Cuando uno está en este medio de la moda y de los emprendimientos y que está en el contacto con la gente, uno va analizando y comprendiendo qué es lo que quiere el cliente. Así mismo, nosotros, como creadores, vamos resolviendo todo lo que el cliente quiere y necesita”. Con este pilar se ajustó a la actual crisis que enfrenta Colombia y el mundo y que la obligaron no sólo a detener sus procesos de creación, sino a prescindir de parte de su equipo de trabajo conformado inicialmente por 10 personas, en el que hombres y mujeres, algunos cabeza de hogar, dejaron de trabajar debido a la poca solicitud y venta de prendas. Cléiner no vio esta primera fase de contingencia social para la industria de la moda como una desventaja, sino como la oportunidad y necesidad de llevar su marca a otro nivel; a reinventarse y digitalizarse a través de una página que se creó durante los meses más álgidos de la pandemia y que la llevan a tener hoy un alcance más allá del Chocó. Menciona que se hizo una colección de tapabocas que fueran acorde con el vestuario, porque era una obligación tanto de la marca, como social, en estos momentos de emergencia social, que nos permite acoplarnos a lo que estamos viviendo; al vestuario que usamos durante la pandemia que, a pesar de ser más sencillo por estar en casa, debe reflejar esa esencia de Cléiner: “estar radiante, cómodo y bonito”. Un legado La diseñadora chocoana agradece la oportunidad que le han brindado los medios de contar su historia y de crear en ella una esperanza por ser un mayor referente en temas de moda. Estos espacios mediáticos no solo la obligaron a acelerar los procesos de su marca, sino que le permitieron valorizar más su trabajo y de tener ventajas financieras a la hora de, por ejemplo, solicitar un crédito bancario: “Cuando nos dieron la oportunidad de salir 15 minutos en televisión, los que me compraban salían a ponerse la ropa que diseñaba y los bancos ya no me negaban un crédito, me dieron la credibilidad que necesitaba”. Con fervor, sostiene que “en unos años, me veo en escenarios que visibilicen más lo que hacemos”, en escenarios en los que hubiera una representación colombiana ; y más que colombiana, chocoana; “y más que chocoana, de ese terruño de allá de bojayá, ese que ya no existe por la violencia”. Toda esa riqueza cultural y ancestral que tienen los pueblos negros e indígenas, “porque eso es lo que nosotros plasmamos en nuestros diseños”. Su legado lo ha ido consolidando alrededor de los últimos cuatro años, aunque, de manera reflexiva afirma que “nunca pensé que lo que íbamos a lograr con todo ese reconocimiento se fuera a dar tan pronto, que fuéramos a ser tan visibles”, pero así mismo asegura que mucho más adelante se pueda seguir con lo que ha venido construyendo. “Si no lo consigo yo, lo conseguirán mis hermanas, mis hijos o mis sobrinos”. Por eso hoy se concibe como una gran revelación de la moda en el Pacífico, un pacífico olvidado, pero con exponentes en diferentes ámbitos que reflejan lo que realmente hay en la región, más que la violencia impregnada en su historia. Eso es lo que quiere ser y seguir siendo Cléiner, el ejemplo que le permita a otros inspirarse y enseñarles que nada es imposible, ya que siempre habrá apoyo de, al menos, una persona a la que le guste lo que estás haciendo. Apoyo a la moda del Pacífico Cabadías resalta que tanto en el Chocó como en otras partes del Pacífico hay unos emprendimientos que solo necesitan visibilización, “necesitan lo que me dieron a mí los medios que tienen esa magia”, resaltando que las personas, al ver este tipo de respaldo, empiezan a conocer las marcas que, al final, permiten apoyar lo nuestro. Resalta que la visibilidad es el factor fundamental para que los diseñadores como ella y las marcas de moda en el Pacífico sean conocidas en todo el país. La diseñadora del Chocó admira mucho a otras como Silvia Tcherassi y Judy Hazbún, con quienes no pierde la ilusión de colaborar en algún proyecto en conjunto, ya que se identifica con ellas. Concluye Cléiner, quien es el más claro ejemplo de que para alcanzar metas en una industria no tan conocida ni tan apoyada en la región pacífica colombiana se necesita de perseverancia, humildad, apoyo mutuo, el apoyo a lo nuestro y el apoyo a nuestra cultura, “porque eso es lo que nos hace diferentes”. Ahora, sigue trabajando por llevar el legado del Pacífico colombiano a Milán o a otros escenarios internacionales y, mientras rodea el taller de costura en el que trabajan unos cuantos colaboradores, sigue reflejando el legado que su madre, quien ya no la acompaña terrenalmente, le dejó al ser la voz del diseño de las comunidades del Pacífico colombiano.

  • 15/30: Las pérdidas económicas que resultaron del cierre de los cines en el último año

    15/30: Las pérdidas económicas que resultaron del cierre de los cines en el último año Seminario de Video, Comunicación Social y Periodismo En el sexto capítulo de la segunda temporada de 15/30, te contaremos los detalles de la reapertura de las salas de Cine Colombia en todo el país; haremos un homenaje a los libros, en el contexto del Día Mundial del Libro; te presentamos la historia de Fáber Burgos, el youtuber que explica la ciencia a sus seguidores. Además, entérate cómo la moda maximalista vuelve a ser tendencia con prendas típicas de los 90 y ponle la lupa a algunas de las noticias más importantes de la semana. Ver también: 15/30: Las razones por las que algunas mujeres evitan montar bicicleta Compartir

  • Los perros como apoyo a la salud mental

    En este capítulo, te contamos sobre el Festival Internacional de Payasos y sobre los pagos de servicios ambientales en Bogotá y Cundinamarca. Los perros como apoyo a la salud mental Luisa Fernanda Ardila Díaz, Andrea Carolina Duque Londoño, Daniel Fernando Clavijo Bolivar, Yuliana Cepeda Puentes , Cristian Moreno Garzón, Valentina Rodriguez Pinzón, Camila Jurado Cuartas, Silvia Gabriela Salas, Silvia Catalina Pinzón Meza, Diana Paola Rodriguez, Andrés Felipe Mora Martínez, Karen Valentina Correa Gómez, Juan Esteban Neira Aguirre, Valentina Maya Urrego, Laura Camila Hinojosa Urbina, María Lucía Castañeda Ballen, María Fernanda Pacheco, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo. En este capítulo, te contamos sobre el Festival Internacional de Payasos y sobre los pagos de servicios ambientales en Bogotá y Cundinamarca. Ver también: ¿hay garantías para todas las 'razas'? Compartir

  • Unisabana Medios | Audios

    Crónica: Historias de postconflicto Angela Pinzón y Laura Sofía Solórzano, Comunicación Social y Periodismo Historias de personas que vivieron directamente el conflicto armado en Colombia Ver también: "El perdón es el mejor camino” Compartir 1ra Parte Esta es la historia de Ana Hilda Rojas, víctima del conflicto armado, quien gracias a su coraje sacó adelante a su familia. 2da Parte La guerra acabó con todo lo que tenía Luz Mila Ladino, una víctima del conflicto armado en el departamento del Tolima.

  • Unisabana Medios | Audios

    José Silva y la vida bajo los tres palos Juan Diego Ibáñez , Comunicación Social y Periodismo El fútbol es ingrato en múltiples ocasiones con quienes lo practican, sobre todo cuando se trata de la portería, la posición más difícil de toda la cancha. Ver también: Colombia sí tiene goleador mundial Compartir

  • El cáncer de la JEP

    El cáncer de la JEP Jesús Steven Bernal Castro, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Parece que la implementación de la paz en Colombia siempre va a estar rodeada de obstáculos que emergen de la corrupción, la negligencia y la ignorancia. Lea también: De compras en la tienda 'La Corrupción' Compartir Foto: Foto: aa.com.tr En el limbo, en una serie de contradicciones, y por qué no, en un mar de dudas, en eso está nuestra Justicia Especial para la Paz, en medio de encuentros interminables de nuestros congresistas que, al parecer, solo asisten a las plenarias para jugar a tirarse la ‘papa caliente’ y tratar de definir quién es el bueno y quién es el malo. En menos de un año el presidente Duque ha intentado acorralar a la JEP acompañado de su bancada que asegura que este sistema solo hace que queden impunes los crímenes realizados durante la época de conflicto en Colombia. No obstante, el modelo de justicia existente ha demostrado ser un fracaso, las cárceles en nuestro país son lugares hacinados, oscuros y perversos que se convierten en el epicentro donde se maneja la delincuencia de la ciudad. De manera que cada pequeño suceso en el que esté el nombre de la Justicia Transicional se convierte en un escándalo en el que algunos personajes aprovechan para tratar de tejerle una trampa y acabar con ella. De hecho, los actos de funcionarios inescrupulosos que delinquen dentro de la Justicia Especial para la Paz también hacen que se ponga en duda su labor y de paso denigran su imagen. Un claro ejemplo es el hecho bochornoso que quedó evidenciado en un video que muestra a Carlos Bermeo, un fiscal de apoyo, recibiendo un fajo de dólares para que, presuntamente, incidiera en retrasar el proceso de extradición del ex-guerrillero ‘Jesús Santrich’ a Estados Unidos. De hecho, no es nada raro en Colombia ver cómo a un administrador público, ya sea un congresista, un alcalde o en este caso un fiscal, se le iluminan los ojos al recibir dinero ilícito como niño recibiendo un regalo en pleno 24 de diciembre. Y es que a algunos personajes les quedó la mala costumbre de cometer actos que dañan el nombre de nuestras instituciones. No se puede pensar que tener la responsabilidad de reparar los sucesos dejados por la guerra es algo que se pueda tomar a la ligera. El constante rechazo de un 50,23 % de opositores que apoyaron el ‘No’ en el plebiscito y las influencias políticas que atacan constantemente a la JEP ocasionan que la labor de esta no sea sencilla. Y, como si fuera poco, la idea de que la institución trate de custodiar y poner tras las rejas a delincuentes con muchas influencias en el país no es algo que se pueda hacer de la noche a la mañana y mucho menos si hay plata de por medio. La historia colombiana nos ha demostrado que tratar de extraditar a alguien relacionado con el narcotráfico es una labor bastante ardua. Desde la lucha del gobierno de Belisario Betancourt con los capos de la droga, la extradición de Carlos Ledher, efectuada por Virgilio Barco, y lo sucedido con Pastrana y la silla vacía han sido reflejo de que en Colombia se ha vivido una difícil contienda para desatar la paz y atrapar a los rufianes que provocan caos y violencia. Decir que la JEP como institución es corrupta es como decir que la agencia postal 4-72 es incompetente por el extravío de la carta enviada a E.E.U.U por el Ministerio de Justicia; aun sabiendo que la agencia tiene una tasa de cumplimiento de entrega del 95%. Además, la renuncia de la directora de asuntos jurídicos, Martha Zamora, y la detención del exfiscal, Carlos Bermeo, a lo que se suma la reciente dimisión del Fiscal General Néstor Humberto Martínez, solo es indicio de que el problema no es de la institución, sino de algunos administradores públicos que no desempeñan su labor correctamente. No se puede olvidar que el mecanismo de Justicia Transicional nació con el objetivo de hacer cumplir los derechos de las víctimas que estuvieron implicadas en el marco del conflicto armado. Puede que el gobierno actual únicamente piense en objetar y buscar que al Tribunal de Paz se le encuentren más “motivos” para sacarlo del camino. Pero, hasta el día de hoy, más de 11 mil personas se han sometido a esta jurisdicción. Individuos que decidieron perdonar crímenes de lesa humanidad con el fin de acabar con la guerra y todos sus fantasmas. Y es allí cuando los mitos de algunos partidos políticos que aseguran que la JEP es una institución que solo favorece a las Farc desaparece. Civiles y militares, como es el caso del general (r) Jaime Uscátegui que después de pasar 16 años en la cárcel por la masacre de Mapiripán, gracias a los acuerdos de paz firmados, espera a someterse a la Jurisdicción Especial para que esta revise su sentencia y tome cartas en el asunto. La JEP es una institución cuya esencia es la transparencia, el hecho que una persona utilice su cargo para sacar provecho y obtener un beneficio personal, o que un político se valga de minuciosos detalles como objeto de acusación para enjuiciar a la JEP, solo es sinónimo de que en Colombia aún existen personas que no pasan la página, sino que optan por arrancarla.

  • Jeffry Romero: Guerrero al pedal

    Jeffry Romero: Guerrero al pedal Ana María Gómez Ruano, Paula Camila Pichimata Ramírez, Paula Camacho De Urbina, Esteban Muñoz Sosa, Paula Daniela Ortegón Gutierrez, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo. Después de un grave accidente, la carrera deportiva del ganador de etapa en la Vuelta a Colombia y campeón de la Vuelta a Guatemala llegó a su fin. Hoy recuerda lo mejor que le dejó la bicicleta. Ver también: La historia del paraciclista Sergio Minas Compartir

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