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  • ACRO

    ACRO Daniel Alexander Mejía, Jose David Barbosa Hernández, Juan Diego Rodríguez Martin, Juan Camilo Supelano Triana y María Camila Ávila Suárez - Comunicación Audiovisual y Multimedios En este videojuego, Andrés encuentra una langosta perdida que salió de un río en su universidad. Un experimento fallido resulta en la terrible mutación de cientos de crustáceos. El joven, entonces, debe luchar para combatirlos y proteger a sus compañeros de estudio. Ver también: Hari Compartir

  • De la poesía y otros demonios 

    De la poesía y otros demonios Axl Bernal, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Ni el arte se salva de la arbitrariedad. Eso encarna el caso de Jesús Espicasa, otro ‘infractor’ del Código de Policía que fue multado en la ciudad por "traficar poemas". Lea también: La lucha del ‘Príncipe’ de las marionetas por un arte casi olvidado Compartir Foto: Foto: opinioncaribe.com “Pocas cosas desmoralizan más que la injusticia hecha en nombre de la autoridad y la ley” . Esta frase de Concepción Arenal llegó a mi cabeza al enterarme de lo que le sucedió a Jesús Espicasa, un joven poeta a quien le impusieron un comparendo por invasión del espacio público en el parque de Usaquén, Bogotá. Multa tipo 4 del Código de Policía, la más alta (833.000 pesos); se la pusieron justificando, con tono de burla, que era un “traficante de poemas”. Jesús aprendió, junto con aquellos que nos enteramos de su caso, que en Colombia es un delito contra la seguridad y la convivencia rebuscarse el pan trabajando honradamente, o lo que es peor, haciendo arte; pero, eso sí, se acepta como algo normal, porque la ley lo ampara, que la ‘autoridad policial’ cometa injusticias arbitrariamente contra la ciudadanía. El problema no radica en la ley directamente, viene de aquellos quienes escudados en esta cometen injusticias sociales. El nuevo Código de Policía, sin duda, representa una herramienta para que los ciudadanos eviten incurrir en actividades que suponen un riesgo real para otras personas, además de significar, con la implementación de las multas, un ingreso monetario que desde el 2016, conforme dice la Ley 1801 en el artículo 180, tiene que ir dirigido a “proyectos pedagógicos y de prevención en materia de seguridad”. La deficiencia que este código tiene está en los vacíos jurídicos contenidos en su letra; vacíos que dejan elementos de juicio en manos de las ‘autoridades’. Son pues los policías mismos quienes al final escogen a quién le ponen un comparendo y a quién no, porque hasta allá no resuelve lo que está en el papel. Es entonces cuando ocurren casos como el de Jesús Espicasa: cuando comienza a cuestionarse la justicia. Hay que ser muy poco crítico, o muy poco ético, al pensar que es justo imponer una multa, argüida descaradamente por cualquier falta contemplada en el Código de Policía -para proteger ‘la convivencia y la seguridad’-, a un joven que ‘trafica poemas’ (nótese el cinismo), a una estudiante de artes plásticas que lleva un bisturí de papelería en su maleta, a dos Palenqueras que venden frutas, o, más irrisorio aún, a una persona que compra una empanada en la calle. Es difícil creer que en Colombia, un país con una tasa nacional de desempleo del 12.4% y una percepción de incremento de la inseguridad de un 78% en las principales ciudades del país, según la última encuesta Gallup; varias personas piensen que la solución necesaria a las problemáticas sociales, puntualmente las de convivencia, radica en cumplir la ley al pie de la letra y en enfocar esfuerzos para controlar e intervenir en situaciones tan nimias. Quienes piensan esto estarían entonces cayendo en lo que Gaitán denominó “la conquista técnica”, que en esencia no es más que la ley por sobre lo verdaderamente justo. No es así, necesitamos más sensibilidad, sentido común. Las cosas no están bien, y si el Gobierno no garantiza todo lo que la ley estipula, mucho menos puede afectar los recursos gracias a los cuales la gente busca por su cuenta lo que les corresponde por derecho. El artículo 218 de la Constitución habla de las funciones de la Policía Nacional, refiriéndose a esta institución como la encargada de garantizar el ejercicio de los derechos y las libertades públicas, y asegurar que los colombianos convivan en paz mediante el control social. Casi utópico, nada más alejado de lo que reflejan casos como el de Jesús. La realidad es diferente. Es la institución, en gran parte, la que va en detrimento de la convivencia y parece olvidar lo que realmente afecta la seguridad, por eso ha perdido legitimidad (como la Fiscalía, el Congreso y hasta el Gobierno). Un porcentaje significativo de policías actúa malintencionadamente, aprovechando las facultades que brinda la ley. La autoridad debe inspirar respeto, no miedo. Y ese respeto se imparte desde el ejemplo, ¿dónde queda, pues, la autoridad moral? Es necesario que el Gobierno brinde una solución permanente a esta problemática. En Australia, por ejemplo, aproximadamente en el año 2002 comenzó a regir una reforma a los programas de formación de los policías. Desde ese año les exigían una carrera profesional, les obligaban a asistir a cursos de formación sobre competencias cívicas y en capacitaciones de liderazgo y responsabilidad social. Algo parecido debería implementarse en nuestro país. Así los policías desde la formación, y posteriormente en el desempeño de su labor, aprenderían a ser más conscientes de cuán importante es articular justicia con autoridad. La situación tiene que cambiar, de lo contrario, será la injusticia misma la que siga reinando en las calles; ahora no por culpa de los malhechores exclusivamente, sino también por causa de una institución que ha perdido poco a poco su legitimidad debido al uso arbitrario de la autoridad y la falta de ética de unos de sus miembros a la hora de dirimir cuál es la mejor solución frente al actuar de los ciudadanos de a pie. Los mismos ciudadanos que buscan salida por donde pueden de aquello que en muchos casos ni siquiera el Estado les brinda. Esos que como Jesús Espicasa son buen ejemplo en medio de una sociedad para la cual la justicia es cada vez menos importante... tanto como la poesía misma.

  • El drama de los actores en Colombia

    Hablamos de la economía cafetera del país y del papel que cumplen en ella los departamentos del Huila, Cauca y Nariño. Además, entérate de la afectación que tendrá el impuesto a la comida chatarra para los tenderos. El drama de los actores en Colombia Luisa Fernanda Ardila Díaz, Andrea Carolina Duque Londoño, Daniel Fernando Clavijo Bolivar, Yuliana Cepeda Puentes , Cristian Moreno Garzón, Valentina Rodriguez Pinzón, Camila Jurado Cuartas, Silvia Gabriela Salas, Silvia Catalina Pinzón Meza, Diana Paola Rodriguez, Andrés Felipe Mora Martínez, Karen Valentina Correa Gómez, Juan Esteban Neira Aguirre, Valentina Maya Urrego, Laura Camila Hinojosa Urbina . María Lucía Castañeda Ballen, María Fernanda Pacheco Hablamos de la economía cafetera del país y del papel que cumplen en ella los departamentos del Huila, Cauca y Nariño. Además, entérate de la afectación que tendrá el impuesto a la comida chatarra para los tenderos. Ver también: Empieza la caída de los estereotipos en Miss Universo Compartir

  • Hijo del Mediterráneo

    Hijo del Mediterráneo Camila Rincón, Comunicación Social y Periodismo Fecha: “Mediterráneo”, el octavo álbum y el más reconocido del cantautor Joan Manuel Serrat, está por cumplir cincuenta años. Lea también: Nathy Peluso, Comunicación Social y Periodismo Compartir Foto: Camila Rincón “Mediterráneo”, el octavo álbum y el más reconocido del cantautor Joan Manuel Serrat, está por cumplir cincuenta años. Esta joya del siglo XX nunca pasará de moda, tiene todos los elementos para estar catalogada dentro de los mejores 100 discos españoles del siglo XX. Por eso, para su próximo aniversario, vale la pena destacar los dos factores que hicieron de esta una gran obra: el repertorio y la orquestación; y reafirmar por qué merece esta valiosa distinción. El repertorio es uno de los componentes que hacen de este elepé una obra maestra. Los versos de Mediterráneo , canción que le da nombre al disco y que es considerada como la mejor canción de la historia de la música popular en España , están cargados de nostalgia y al escucharla nos hace sentir dueños de una segunda patria; Aquellas pequeñas cosas relata la magia de lo cotidiano; la admiración hacia esa dama segura de sí misma la conocemos en La mujer que yo quiero ; Pueblo Blanco narra el traslado de la población del campo a la ciudad; una vieja amistad cargada de una historia digna de contar le da vida a Tío Alberto ; el adiós a una pequeña nos regala Qué va a ser de ti ; la carta de amor a esa mujer fugaz nos presenta a Lucía ; Vagabundear es el himno para los que quieren volver a empezar; Barquito de papel destaca la melancolía de la niñez y, por último, Vencidos está basado en el poema de León Felipe. Fue la experiencia con la que contaba Serrat a sus 28 años, llena de exilios, censuras, triunfos, viajes, dolores y amores, la que provocó la creación de estas letras llenas de intimidad. La orquestación es otro ingrediente clave para hacer de este álbum un éxito rotundo; los encargados fueron Gian Piero Reverberi, Antoni Ros-Marbà, y Juan Carlos Calderón ; estos genios musicales lograron que cada instrumento hablara por sí solo. Hicieron posible que con solo escuchar el crescendo de los violines y las flautas podamos conocer la gracilidad de la mujer perfumadita de brea , o que el clavicordio encarnara la hidalguía de tío Alberto, que el coro interpretara la picardía de Serrat al decirnos que la mujer que quiere “no necesita bañarse cada noche en agua bendita” y que el ritmo de Vagabundear nos inspirara a buscar nuevos horizontes. Cada arreglo musical expresa la intención que se le quiso dar por medio de los versos delicadamente construidos, tal como lo hacía Violeta Parra, cuando su charango y sus versos en décimas evocaban la maravilla de los pasados diecisiete, despedían a Run Run (cuando se fue pal norte), lloraban la pena de don Arauco, y versos después, le dieron “gracias a la Vida”. Esa minuciosa elaboración en la que los instrumentos complementaban lo que las letras no podían decir, fue lo que caracterizó al célebre álbum de Serrat. El carácter introspectivo que prima a lo largo de la obra, los ritmos no convencionales, como el uso de 6/4, las rimas meticulosamente construidas, algunas marcadas por la dominación del verso dodecasílabo, llenas de metáforas de fácil comprensión; el delicado trabajo de darle intención a cada palabra, no solo desde la orquestación, sino también desde la interpretación emotiva, con vibratos penetrantes característicos de la voz de Serrat, son los ingredientes claves de esta obra ácrona. La llegada del medio siglo refuerza la calidad que hizo de este elepé una referencia internacional. Es claro que Mediterráneo está dentro del ámbito culto y comercial, cualidad que es muy difícil de conseguir y que caracteriza a muy pocos; y es esta compleja realidad la que deja en evidencia que Joan Manuel Serrat es uno de los mejores poetas y cantantes de los últimos tiempos.

  • “Vivimos en una eterna promesa de cambio”: Simón Uribe

    “Vivimos en una eterna promesa de cambio”: Simón Uribe Sara Carrascal Hernández, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana. Fecha: El profesor de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos en la Universidad del Rosario habla sobre su película ‘Suspensión’, y su relación en la esfera nacional e internacional. Lea también: Color de rosa Compartir Foto: Sebastián Bright. Director Simón Uribe Simón Uribe es egresado de la Universidad Nacional de Colombia en ciencias políticas. Obtuvo un MSc en geografía humana e historia del London School of Economics and Political Science y un doctorado en planeación regional. Dirigió la película documental Suspensión , la cual fue estrenada en el 2019 en el International Film Festival en Holanda. La película documental ha recibido varios premios, entregados por diversos festivales de cine alrededor del mundo. Entre ellos el premio del DocsBarcelona, el IDFA (International Documentary Film Festival Amsterdam ), el Festival Internacional de Cine Cartagena de Indias y el Leipzig Don Festival . El proyecto dirigido por Simón Uribe buscaba representar el contexto colombiano a través de un puente cuya construcción se detuvo. Sin embargo, el proyecto ha alcanzado la esfera internacional al reflejar una promesa de evolución y cambio que nunca llega, promesa que no es exclusiva de Colombia. ¿Cómo empezó el proyecto Suspensión ? Hice una investigación de doctorado en geografía en el pie de monte Andino-amazónico, que es esa zona de convergencia en la región amazónica con los Andes en el sur de Colombia, específicamente en el departamento del Putumayo. En esta parte del país, la principal política de colonización estatal fue abrir carreteras; había unos conflictos de tierra muy grandes en otras zonas del país y parte de la solución, entre comillas, fue abrir vías de comunicación hacia la selva. Esa es una historia que genera mucho conflicto. ¿Por qué se dio la idea de hacer una película documental de este puente? Estaba tratando de entender cómo a partir de una carretera podía contar una historia de cómo esa región se había desarrollado con el tiempo. Una de las cosas que me pasó durante esa investigación es que, pues, es un paisaje muy complejo de describir en palabras. Entonces, comencé a pensar en otras maneras de expresar toda esa complejidad y ahí surgió la idea de hacer un proyecto audiovisual. Entonces, ¿la película fue un complemento de la parte escrita? Esa pregunta que haces es importante porque nació de una frustración por no poder describir en palabras ese paisaje, pero poco a poco se fue volviendo algo independiente. La película inició con una financiación que era para hacer un trabajo basado en una investigación, pero después tuvimos una beca ya de cine. O sea, del Fondo de Desarrollo Cinematográfico que está hecha para financiar películas de ficción, películas documentales y pues ya adquirió una realidad propia con un equipo colectivo. Yo entro a dirigir, pero pues no trabajo solo en ese proyecto. ¿Por qué es importante para las personas conocer el puente? Cuando uno hace un documental, creo que uno tiene una preocupación o preguntas que quiere abordar. No necesariamente uno quiere responderlas, porque en parte a lo que apuestan este tipo de documentales es a generar otras preguntas o a generar reflexiones. De entrada, había un público para nosotros que era importante, que era un público regional. Pero, en el proceso de hacer la película, nos dimos cuenta de que lo que estábamos retratando allí era algo que iba más allá de esta región. Nosotros no arrancamos haciendo una película sobre una carretera que no se había hecho, sino de una carretera que se estaba haciendo y que se abandonó. Pero entonces, pasa algo importante y es que, lo que estás retratando, se vuelve una historia que es más universal porque se repite una y otra vez. Es muy común y la gente se siente muy identificada cuando ve la película sin ser de esta región del país. ¿Diría que el objetivo de la película era representar esas condiciones que se ven en el país, esas promesas que no se cumplen, que quedan sin terminar? Pues eso es parte interesante del documental porque la gente le da diferentes lecturas. Es un gran propósito no decirle a la gente “ah, es que las cosas son así o asá”. Para muchas personas esa es la lectura, pero no era algo que nos estuviéramos proponiendo de entrada. Es algo que la película refleja, tal vez. ¿Sí? Pero hay otras lecturas. Depende mucho del contexto en el que la gente vive. Entonces, cuando la película se estrenó, que fue en Holanda antes de la pandemia, a la gente le parecía absurdo todo. ¿Qué buscaban ustedes como equipo? Creo que, desde nuestro punto de vista, nosotros queríamos mostrar, y de ahí el título de la película, Suspensión . Los puentes existen suspendidos en el aire, pero también es la suspensión en el tiempo. Es la pregunta de qué significa habitar un mundo donde las cosas no pasan, donde vivimos en un presente en el que no evolucionamos. Es la sensación que deja la película, que es por qué seguimos en lo mismo como país. Basado en esta respuesta, ¿cree que el puente es una representación adecuada de las condiciones del país? Pienso que sí. Pienso que el puente como una metáfora del tiempo, como una metáfora de lo que somos como proyecto de país, sí. En el sentido de que vivimos en una eterna promesa de cambio que nunca se realiza. ¿Podría hablar un poco más de las representaciones que le dan al documental las personas extranjeras? Pues mira, por ejemplo, Ámsterdam, que es donde ocurre este festival de cine documental, es una ciudad plana totalmente. La pregunta que tenían ellos, por ejemplo, que salió más de una vez es por qué el gobierno no saca a la gente y la reubica. Pero también hay una lectura, pues porque en este festival hay gente de diferentes partes, que es darse cuenta de que esta promesa de progreso no es solamente del mundo subdesarrollado, sino que también pasa mucho allá. Es decir, también hay mucha promesa política de las carreteras, de los aeropuertos, que muchas veces son símbolos de estatus político que terminan sirviendo para nada. Puede que no pase tanto, pero aún pasa Entonces la película ha tenido un impacto social. Pues, no sé. La película ha estado en muchos festivales, quince o veinte fuera de Colombia, varios acá, pero eso no significa que tenga un impacto. Cuando la película salió en Colombia, la película tiene una semana en que suena en los medios de comunicación y cuando suena en los medios, nos llamaron de INVIAS. El director estaba muy preocupado. Ellos ni siquiera habían visto el documental porque no es el tipo de público que vaya a ver cine, pero estaban preocupados porque la película de pronto iba a sacar un escándalo de corrupción, que finalmente no era a lo que le apuntaba. Entonces, puede que tenga un impacto en la gente que la vea, que haga re-pensar ciertas cosas, que haga pensar que la corrupción es un tema más complejo, pero pues tanto como decir que esto cambia las cosas, pues de una manera muy limitada. Hablando más del puente en sí, Colombia es un país con una geografía muy compleja y que intentó unirse anteriormente por medio de las vías, pero no fue posible. ¿Cree que es necesario que el país tenga una vía conectora? Para desplazarnos de un lugar a otro estamos transitando unas cordilleras que tienen una topografía complicada, ¿no? Mucha de la inversión en la infraestructura en Colombia se ha hecho en unas zonas, tradicionalmente, más ricas frente a otras. En la región Andina, por ejemplo, y parte del Caribe es donde se concentran las vías de Colombia. Por otra parte, encuentras una región muy grande del país, que es la Orinoquía y la Amazonía colombiana que han sido muy desconectadas. Hay capitales departamentales a las cuales solo se llega en avión. Eso habla mucho de cómo somos como país. ¿A qué se refiere con que eso habla mucho de cómo somos? Somos muy centralistas; esos departamentos dependen mucho del centro porque la riqueza está distribuida de una manera desigual y estas regiones son más pobres en infraestructura, en servicios. Hay unas necesidades de conexión que también tienen que ver con la manera en la que se ha construido este proyecto de país porque no necesariamente construir carreteras es la solución para esa región. Pero el tema no es si se necesitan o no más carreteras, sino qué tipo de conexiones necesita la gente. No necesariamente construir más es mejor, pero sí preguntarse cuáles son las conexiones que necesitan las personas. ¿Cree que son posibles las soluciones que propone? Son posibles, pero son difíciles porque implican cambiar la manera en que somos como país; implica pensar en una descentralización en donde las regiones tengan mayor autonomía, pero también una mayor capacidad de pensar su desarrollo desde adentro. La descentralización en Colombia, que viene desde la constitución del 91, ha transferido algunos recursos a las entidades territoriales. Pero, de nuevo, no necesariamente tener transferencias implica que la descentralización sea real porque todavía dependemos mucho de ciertas cosas del interior. En la película, un ingeniero dice algo cuando está parado en el puente que es: “Algo está pasando mal y ese algo se está volviendo ancestral porque viene de generación en generación”. ¿Por qué fueron necesarios 10 años para crear el documental? Me hubiera gustado hacerlo en menos tiempo, pero creo que porque las películas acá se toman su tiempo ya que necesitas conseguir los recursos y no es fácil conseguirlos. Creo que sobre todo porque nosotros queríamos hacer un tipo de documental que es de un género de observación. El documental de observación se trata de observar, en un tiempo más o menos largo, para captar lo que pasa o lo que no pasa. Para nosotros fue necesario captar cuando construyeron el puente, cuando se abandonó, qué pasó cuando se abandonó, para dar la sensación de lo que hace muchas veces el cine de ficción que es jugar con el tiempo. Es lo que te permite generar una narrativa.

  • Si hubiese conocido a don Guillermo

    Si hubiese conocido a don Guillermo Sara María Malaver Rodríguez  Fecha: Hace un mes el Estado asumió y reconoció la culpa de la muerte de uno de los periodistas más intrépidos de este país, a quien deberíamos recordar hoy más que nunca en tiempos de crisis para el oficio.  Lea también: La ironía del conflicto Compartir Foto: Envato Elements El 17 de diciembre de 1986 moría en la clínica de Cajanal, en Bogotá, Guillermo Cano Isaza, tal vez el periodista que más le puso la lupa a la mafia colombiana de los años 80. Don Guillermo engrandeció el periodismo, defendió la esencia de este oficio, luchó junto con su máquina de escribir para narrar las injusticias y se convirtió en la conciencia de este país, diciendo lo que todo el mundo sabía, pero nadie quería escuchar. Si hubiese conocido a don Guillermo, no bastaría con pedirle consejos para un periodismo que en los últimos años ha estado en crisis; en el que proliferan noticias falsas y por exponer los hechos sin una investigación minuciosa; en el que la veracidad y precisión están en juego y muchas veces la ética al narcotráfico, al poder, a la muerte. Era imposible creer que, en una época donde reinaban los muertos y la impunidad, alguien detrás de un escritorio desenmascarara lo que asechaba a este país, los tentáculos tenebrosos del narco que se adentraban en lo más profundo de nuestra democracia. Guillermo lo hizo: atacó sin vergüenza a un hombre, en ese entonces desconocido por la opinión pública, que fingía ser el más honorable senador. Pablo Escobar se encontró en su camino a un hombre sin censura, con pruebas, con palabra, con una ardua investigación que lo llevó a ser expuesto por Cano en primera plana de El Espectador . Si hubiese conocido a don Guillermo, sin duda le habría preguntado por la polarización y el sensacionalismo que asechan fuertemente a este oficio que algún día anhelamos ejercer los estudiantes. Guillermo se caracterizaba por su independencia, como lo recuerdan sus colegas. Algunos de los profesionales que estuvieron bajo su dirección han recordado que muy pocas veces pretendía imponerle su criterio al reportero, al comentarista o a la editorial. De seguro don Guillermo Cano daría la respuesta perfecta para estos tiempos de sesgos e ideologías extremas. Bien dijo Oscar Alarcón, periodista y allegado de Guillermo, que lo fundamental para su jefe era ofrecer la mayor cantidad de elementos posibles para que el lector pudiera formar su criterio. Esto es lo que tanto necesita este país, y no solo en el periodismo, en nuestra vida en general. Si hubiese conocido a don Guillermo, le habría preguntado en qué parte del alma de un comunicador social se encuentra la valentía y la osadía que él tuvo para asumir con un poco más de 25 años la dirección del diario más importante del país en los años 50. Como lo dijo alguna vez su buen amigo Gabriel García Márquez: “La experiencia más dura de su vida debió ser la de verse de la noche a la mañana, sin escalones intermedios, de estudiante primíparo a maestro mayor”. Claro que era maestro. Sus colegas así lo definen. Dejó un ejemplo de entereza. Y nosotros, como estudiantes y pronto profesionales, sin lugar a duda deberíamos aplicarlo. Un claro ejemplo fue el enfrentamiento entre El Espectador y el Grupo Grancolombiano, el principal grupo financiero del país en ese entonces. El diario se convirtió en su principal crítico y, con Cano a la cabeza, pusieron al descubierto una serie de irregularidades de este imperio económico. Efectos de esto fue la retirada de las pautas publicitarias con el periódico a lo que Guillermo Cano respondió en el editorial del 4 de abril de 1982: “No vendemos, no hipotecamos, no cedemos nuestra conciencia ni nuestra dignidad a cambio de un puñado de billetes. Eso no está dentro de nuestros presupuestos”. Si hubiese conocido a don Guillermo, no hubiese dudado en abrazarlo. En momentos de crisis, la humanidad del informador, cronista, columnista e incluso reportero se pierde y la empatía se vuelve ajena. Cuando se tiene la oportunidad de entrevistar a colegas, amigos e incluso familiares, suele escucharse del ser tan cálido y apasionado que era, no solo por él, sino por su amado equipo Santa Fe, del que vivía enamorado. Su sensibilidad, prudencia y sencillez para dar órdenes, como lo mencionó también Gabo. Su criterio y rectitud para dar la noticia lo convertían en un faro. Después de 38 años de silencio e impunidad, el gobierno colombiano por fin hizo frente al dolor de doña Ana María Busquets, esposa de don Guillermo, y de sus hijos. El Estado le falló a todos, desconoció su deber de investigar y sentenciar a los responsables, y después de tres décadas alguien se acordó de reconocer y asumir la culpa de su muerte. Guillermo Cano debería ser la guía y la batuta para todos los que elegimos ejercer este oficio. Gracias, don Guillermo.

  • Edificios en El Chicó, en riesgo de colapso

    En este capítulo, entérate por qué es importante el fenómeno del Frailejón Ernesto Pérez y qué tiene para ofrecer El Museo de Arte Moderno de Bogotá. Edificios en El Chicó, en riesgo de colapso Breiner Montano Álvarez, Brisna Alejandra Peña Williams, Camilo Andrés Guarín Vásquez, Enrique Muñoz Aguilar, Isabella Muriel Orozco, Jessica Katerinne García García, Juan Camilo Duarte Bautista, Juan Diego Ibañez Sánchez, María Angélica Roldán Salazar, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo En este capítulo, entérate por qué es importante el fenómeno del Frailejón Ernesto Pérez y qué tiene para ofrecer El Museo de Arte Moderno de Bogotá. Ver también: Volvimos a la presencialidad: ¿cómo va nuestra salud mental? Compartir

  • Lo que ocurre dentro de un shut de basura

    Incendios y explosiones por acumulación de gases. Una peligrosa problemática que se puede prevenir, pero que nunca se toma en cuenta. Lo que ocurre dentro de un shut de basura Nathalia Cardozo Castañeda Incendios y explosiones por acumulación de gases. Una peligrosa problemática que se puede prevenir, pero que nunca se toma en cuenta. Disponible en Infobae Nathalia Cardozo Castañeda Era un sábado normal, me asearon a las 12 del día y estaba listo para seguir trabajando. Luego de casi 12 horas continuas de labor me sentí mal, muy lleno, pero sobre todo estancado y pesado; comencé a percibir un ardor dentro de mí, como una bolita de fuego que subía cada vez más. De repente, una fuerte explosión me hizo retumbar. A partir de ese momento, reinó el caos… Torres de Santa Lucía, Usaquén, Bogotá, 2009 Era recién una ilusión comenzar a funcionar, pero poco a poco se acercaba el día en el que comenzaría mi labor. Mi vecino, el shut de la torre 1 ya estaba terminado y juntos esperábamos que los residentes llegaran a habitar nuestro edificio. Durante la construcción, desde mis ojos, todo marchaba perfecto, pues estábamos siendo manipulados por profesionales que se aseguraban del cumplimiento de todas las normas. O eso pensaba... Jeison Linares (bombero de la estación B1 en Chapinero, Bogotá): “Nosotros nos adaptamos a la Normativa Sismorresistente del 2010 en los títulos J y K, donde se pide que las estructuras tengan sistemas contra incendios, que tengan sistemas de alarma, que tengan unos espacios específicos para salidas de emergencias y una señalización”. Esta Norma de Sismo Resistencia (NSR) y la Norma Técnica Colombiana (NTC) son las que se usan para la construcción de nuestros espacios. La regulan los interventores que nos visitan cada día, ellos nos revisan, miran nuestro material, nuestra ubicación y corrigen en caso de que exista algún error. Cuando venían de visita siempre decían que todo iba bien, pero mi lugar en la construcción no me agradó mucho, pues me sentía aislado. Estaba junto a las escaleras de emergencia, por donde nunca iban a pasar residentes; si no era para llenar mi boca con basura y más basura, o, en caso extremo, para evacuar en caso de emergencia. Desde el 3 de Marzo de 1982 se estableció en la NTC que “Las cajas de ascensores, ductos de basuras y ductos de instalaciones deberán estar totalmente separados de las escaleras de incendio”. Norma que se pasó por alto. A medida que nos fueron construyendo, y terminando a mis vecinos de la torre 3, 4 y 5 se expidió una nueva normativa de la NSR, pero nunca nos modificaron o inhabilitaron. Al contrario, continuamos desempeñando nuestro trabajo de manera normal. De hecho, algunos de mis colegas de otros edificios en Bogotá fueron también aislados y ubicados al lado de las salidas de emergencia. Andrés Jiménez (contratista y subdirector de gestión de riesgo Bomberos Bogotá, líder en inspección): “Realmente en las inspecciones técnicas de seguridad humana y sistemas de protección contra incendios que hace el Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá, cuando se hace la verificación de estos ductos se evidencia que algunos no cumplen con las condiciones requeridas, para lo cual en los respectivos informes técnicos se informa y se realizan las recomendaciones pertinentes”. De acuerdo con la nueva normativa NSR 2010, “en ningún caso los ductos para descarga de basuras pueden estar ubicados al interior de una escalera que sea parte de un medio de evacuación”. Esta norma también se pasó por alto después de la construcción, la responsabilidad recae sobre la administración del conjunto, ellos deben estar actualizando los ítems que estipula la norma. Al ya estar construido se debe buscar la manera de hacer cumplir la nueva versión de la normativa, inhabilitando todo aquello que incumpla los requisitos. Me fui dando cuenta con los años que algunos colegas que vivían en Bogotá tenían los mismos problemas, y que estos desencadenaron unos peores como incendios o explosiones. Pero, como nunca tuve ninguna de estas situaciones mayores, parecían casi inexistentes, mi única preocupación era que si no podía confiar en quienes me construyeron o en quienes me administraban, ¿en quién podría hacerlo?... Torres de Santa Lucía, Usaquén, Bogotá, 16 de Julio de 2017, 12:00 am Yamile Carvajal (administradora del conjunto Torres de Santa Lucía): “Los ductos [...] quedaban totalmente organizados hasta el sábado al mediodía que se iba el personal”. Me sentía limpio, fresco y listo para enfrentarme a toda aquella basura que los residentes me daban a probar los días sábado. Productos orgánicos, de aseo y demás elementos que van llegando poco a poco a mi depósito. Pero, a medida que pasaban las horas alguien hizo algo que no me cayó bien: meter una caja más grande que mi ducto. El problema real no es que se llene el depósito de basura, pues el personal de aseo siempre está pendiente para despejar el área, sino que las personas meten cosas que no caben por mi pequeño ducto, de apenas 60 centímetros por 40 centímetros. Los residentes realmente no me cuidan, no les importo, no hay responsabilidad colectiva. Y esto no solo me pasa a mí, a mis colegas también les llenan el ducto de basura sin conciencia alguna. Alexandra Ramírez, (química): “Infortunadamente nosotros somos muy cómodos y pues obvio, yo prefiero botar la bolsa [por el shut de basura] a bajarla por el ascensor” Se estanca la basura desde el séptimo piso y se comienza a acumular hasta el noveno piso. De repente, una chispa genera un enorme incendio. ¿Cuál fue la fuente de la chispa?, ¿acaso fue un elemento metálico haciendo fricción con el material del shut?, o ¿fue una chispa provocada como un cigarrillo en el ducto?; se desconoce. … Luego de casi 12 horas continuas de labor, me sentí mal, muy lleno, pero sobre todo estancado y pesado; comencé a percibir un ardor dentro de mí, como una bolita de fuego que subía cada vez más … Torres de Santa Lucía, Usaquén, Bogotá, 16 de Julio de 2017, 1:00 am Los celadores intentaron controlar este malestar que tenía, pero se tardaron bastante en llegar. Era muy difícil identificar la magnitud de lo que estaba pasando, pues soy tan estrecho y estoy tan aislado, que a duras penas saben quién soy. El edificio tampoco tenía detector de humo, así que ninguno de los 66 apartamentos de la torre, a excepción de la familia de Enna y Sara Díaz, se percataron del incendio. Sara Díaz, (antigua residente del conjunto Torres de Santa Lucía): “Mi hermana y yo veníamos del municipio de Cota, nosotras subimos a las 12:40, casi era la madrugada, subimos por el ascensor. No olía a nada, no había nada, mi hermana quería un vaso de agua, ella nunca tomaba agua y justo quería un vaso de agua de la cocina; fue a la cocina y ahí fue cuando se dio cuenta del incendio, ella fue corriendo porque ya nosotros nos estábamos metiendo al cuarto. Yo estaba acostada, chateando, mi hermana abrió el cuarto de mis papás y el mío, y nos dijo, ¡incendio, salgan, salgan!, yo desconecté el celular y salí descalza.” Me sentía muy mal. El fuego quemaba mis paredes y subía cada vez más por el ducto, no podía hacer nada, pues estaba totalmente tapado por basura; basura que produce un combustible que incrementa el fuego con velocidad. Intenté contenerme y no alarmar a los demás residentes, no quería que tuvieran una mala noche, pero se salió de mis manos, no podía hacer más que aguantar mis quemaduras. En el shut de basuras, debido a la descomposición de material orgánico hay acumulación de un gas llamado metano. Alexandra Ramírez, (química): “El metano es altamente inflamable, es de los gases más inflamables a nivel orgánico que conocemos, ese gas metano es el mismo gas que se utiliza en la cocina, en la estufa. Quizá botaron, por ejemplo, frascos de solventes orgánicos altamente inflamables como el thinner, como el varsol [que es mucho peor]. O sea, realmente es muy muy inflamable y aumenta la llama, ahí están todos los combustibles disponibles en el ducto”. Aunque intenté a toda costa retener mi llama, el humo subía y subía hasta que se pasó al ducto del frente, donde se encontraban los ascensores. El fuego que produje era tan fuerte que invadió la salida de emergencia, entonces cualquiera que se atreviera a evacuar, no lo podía hacer. Sara Díaz (antigua residente del conjunto Torres de Santa Lucía): “Nuestra primera opción fue abrir la puerta [ de las escaleras de emergencia], para salir pero vimos la llama, nos miramos y fue como, no. [...] No teníamos otra opción que no fuera el ascensor, como instinto de supervivencia”. El ascensor es el último recurso que se toma para evacuar, pero en este caso era el único posible. Aunque el uso del ascensor salvó la vida de aquella familia, pues lograron salir del edificio, generó lo que después dejaría sin hogar a casi 200 personas. Enna Díaz, (antigua residente del conjunto Torres de Santa Lucía): “Ya nosotros nos sentíamos a salvo, pero yo fui la de la idea de devolvernos y decir como, volvamos por los niños. Nuestra familia siempre es muy amorosa, muy de no ser egoísta, sino de ayudar a los demás”. Sara Díaz (antigua residente del conjunto Torres de Santa Lucía): “Nosotros no lo vimos riesgoso porque en el primer piso no había fuego, no había humo, no había absolutamente nada. Cuando entramos, quedaban dos apartamentos al fondo, yo me fui al apartamento de la izquierda y mi hermana se quedó en la mitad del ascensor. [...] Yo timbré y creo que me desmayé, explotaron los ascensores, yo no me acuerdo en qué momento me caí, solamente me acuerdo cuando mi mamá me cogió de la camiseta para levantarme”. En ese momento explotó el ducto de los ascensores. Yamile Carvajal (administradora del conjunto Torres de Santa Lucía): “El humo se metió por el foso del ascensor, es un lugar cerrado y al recibir oxígeno, cuando abrieron las puertas, [para evacuar], se produjo la explosión”. ...Aquella fuerte explosión me hizo retumbar. A partir de ese momento, reinó el caos. Los residentes metieron una manguera por mi ducto, y por fin se acabaron las llamas. Empezaron a evacuar por las escaleras de emergencia, pero ahora, además de humo, había escombros, el edificio estaba destruido; mi edificio estaba destruido. El cuerpo de bomberos acudió al lugar en poco tiempo. El panorama no era favorable. Ambos ascensores explotaron y generaron una onda que rompió todos los vidrios del edificio. Los primeros en llegar, para atenderme y para atender a todos los afectados, fue la estación de bomberos B13 (Caobos Salazar). Después de un tiempo, los pasillos por los que nunca pasó casi nadie por más de 7 años, se convirtieron en una zona de desfile, donde atravesaban funcionarios de Bomberos Bogotá, de Defensa Civil, del IDIGER, de la Cruz Roja, de la Policía Nacional, entre otros; 66 familias intentando evacuar a quienes por la onda explosiva habían quedado atrapados en sus apartamentos. El despliegue de entidades de emergencia fue muy grande. De las 17 estaciones de Bomberos Bogotá más de la mitad estaban atendiendo aquella explosión. Afortunadamente, el accidente que ocasioné, o que se ocasionó en mí, no dejó víctimas mortales, como sí ha sucedido con otros de mis colegas, por ejemplo, el edificio Colors en Envigado, donde por la misma razón, el incendio se extendió a todos los pisos, causando heridas a 31 personas, de las cuales una pareja de esposos presentaron quemaduras del 100 y 90 por ciento en su cuerpo, y luego fallecieron. Y aunque aquí, en Torres de Santa Lucía no se cobró ninguna vida, sí quedaron pérdidas materiales. Mi edificio quedó inhabitable. Mi hogar se destruyó… Las pérdidas rondaron los 2.500 millones de pesos con la interventoría y los estudios técnicos. Las familias tuvieron que dormir por varias noches en el salón comunal del conjunto, pues no tenían dónde más pasar las noches. Muchos objetos personales se declararon como pérdida total, pues el humo y la onda explosiva los destruyeron. No fue hasta un año y un mes después que recibí residentes de nuevo, pero claro, no es igual que antes. Este tipo de accidentes no se olvidan, pero tampoco se previenen. Desde el interventor que deja construir sin la norma, pasando por el administrador que no la actualiza, ni tiene las herramientas de detección en el edificio, siguiendo por la irresponsabilidad de los habitantes que botan la basura así se estanque… Ninguno de ellos contribuye con mi bienestar. ¡Y pensar que no soy el único que puede pasar por esto!

  • Gastronomía colombiana, una deuda nacional

    Gastronomía colombiana, una deuda nacional Cristian David Moreno Garzón, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Los cocineros de todo el territorio nacional se han dado a la tarea de crear nuevas preparaciones con ingredientes autóctonos de Colombia, para rescatar la tradición gastronómica del país. Lea también: Probando ando Compartir Foto: Salvo Patria - Fideos de mambe con caldo de espinazo y tucupí, palmito, panceta de cerdo, mazorca y limón mandarin Desde el tucupí y diferentes ajíes frescos en la Amazonía, pesca del día traída del Pacífico, hasta infinitas variedades de maíz, frijoles, hortalizas y legumbres son los ingredientes que decidieron utilizar restaurantes como Mini-Mal y Salvo Patria en Bogotá. Ambos son impulsados por el firme deseo de fomentar el orgullo hacia nuestros ingredientes , creando platillos de gran calidad con productos locales e intentando plasmar en un plato la inconmensurable diversidad colombiana. TripAdvisor es un gran directorio web, la página suministra reseñas de hoteles y restaurantes, allí comensales califican restaurantes a los que asisten, así se organiza un ranking con los sitios más apetecidos por los usuarios, todos aspiran llegar a la cima. Sin embargo, sorprende que en dicha lista solamente cuatro restaurantes con ingredientes autóctonos y de cocina típica se hagan presentes en el top 15 . Esto, sin duda, habla de la falta de identidad y amor de algunos colombianos por los productos locales. Aun cuando el país podría ser fácilmente comparado con el Jardín del Edén, un lugar donde todo fruto prospera y hay inmensa cantidad de alimentos, el público nacional ignora esto por completo y no sienten lo “criollo” como suyo. Alejandro, salve usted La Patria Alejandro Gutiérrez, dueño y chef de Salvo Patria, creció rodeado de plantas aromáticas e ingredientes típicos, siempre abrazado por el calor de los fogones y el hogar. Estudió siete semestres de Biología, pero abandonó la carrera pues no se encontraba muy feliz con esta. Fue allí donde decidió incursionar en el mundo gastronómico, hizo pasantías en un restaurante en el centro de Bogotá y se enamoró de la cocina. En 2013, se unió al proyecto de Salvo Patria (para ese entonces era un café) y quiso llevarlo a un nivel más gourmet. En Bogotá, nunca ha tenido querido hacer otro tipo de gastronomía, eso lo notó el chef Alejandro, quien afirmó: “la gastronomía internacional solo se origina en ciudades con un gran flujo de migrantes”. Debido a la violencia, droga, corrupción y otros oscuros fantasmas que han avergonzado a la sociedad colombiana, el gusto por la comida extranjera impactó el menú de los restaurantes de la Capital, dejando atrás nuestras raíces, nuestros alimentos. “Los nórdicos trabajan con ingredientes nórdicos, los franceses con ingredientes franceses, pues los colombianos deberíamos estar haciendo lo mismo, es la lógica. Eso es lo que intentamos hacer en Salvo Patria”, dijo el chef Alejandro. Este restaurante se ubicó en una gran casa, con arquitectura de época, ha emanado magia y tradición, allí en aquella esquina de Chapinero se buscaba que las personas tuvieran experiencias únicas y conocieran más acerca de los ingredientes de su país y conocieran la inmensa diversidad de los suelos colombianos: —Busco que la gente pueda comer bien. Es decir, comer con buenos ingredientes, hechos con cariño y bien preparados, en un ambiente relajado… sin tanta huevonada. — Expresa Alejandro Gutiérrez, un cocinero patriota. Minimalismo, sencillo pero contundente Eduardo Martínez, junto a su socio Manuel Romero, crearon la ONG Fundación Equilibrio. Mientras estaban desarrollando esa labor, ambos se percataron de la vital importancia que tenían los ingredientes locales para la cultura de Colombia; sin embargo, Bogotá se veía invadida por restaurantes con comidas de otros hemisferios, pero ninguno “abrazaba” a aquellos productos regionales. Gracias a esto, nació Mini-Mal. Por medio de contactos que había hecho Eduardo y sus socios gracias a la ONG, comenzaron a traer productos regionales para venderlos en la capital; sin embargo, se percataron rápidamente de la ardua misión que era vender estos ingredientes, pues las personas no tenían conocimiento de cómo usarlos y en algunos casos, no sabían siquiera la existencia de algunos alimentos. Ante esta situación, Eduardo Martínez, Manuel Romero, Ángela Martínez y Germán Martínez se aventuraron a abrir un restaurante en donde querían mostrar todos aquellos ingredientes poco conocidos para muchos. Su carta de presentación decía “cocina sorprendentemente colombiana” y sin duda lograron sorprender a su clientela. Las frutas fueron el claro ejemplo de la biodiversidad de nuestros suelos, Mini-mal lo notó y aprovechó la situación, ahora aquella casa en el barrio Chapinero se inundó con aromas frutales que se utilizaron en salsas y preparaciones; pesca del día con “hogao” de chontaduro y leche de coco, albóndigas de cordero en salsa de borojó, eran apenas unos ejemplos de aquella “ingeniería criolla” llevada a la cocina. Según comentó Antonuela Ariza, sub jefe de cocina y jefe de eventos especiales en Mini-Mal, a los clientes les apasionaba saber la historia que hay tras cada plato, desde la pesca directa de comunidades del pacífico hasta exóticas variedades de maíz cultivados en los Montes de María. También querían saber de aquellos ingredientes los cuales fueron acariciados por las manos de compatriotas anónimos, esto generó que las personas se sintieran dueñas de su país. “No es que la biodiversidad esté por allá en la selva, la biodiversidad es mía y yo como colombiano tengo la labor de promoverla, protegerla y de disfrutarla”, dijo Antonuela. ¿El que no quiere a su patria no quiere a su madre? Ambos restaurantes luchan incansablemente por generar el orgullo que merecen nuestros ingredientes. Ante la gran variedad de materias primas que hay en territorio colombiano se debe reconocer y aprovechar estos elementos para poder crear algo nuevo, Perú entiende esto a la perfección y ahora se posesiona como una de las mejores y más diversas gastronomías en el mundo, Mini-Mal y Salvo Patria buscan emular lo que hizo este país para fomentar el orgullo y el uso creativo de nuestros alimentos nativos. Aunque en un principio a ambos restaurantes les resultaba difícil que los comensales probaran por primera vez la jaiba, el tucupí y otros ingredientes desconocidos por ellos, los chefs siguieron innovando y mostrándose bastante optimistas. Al degustar y hacer uso de los ingredientes locales, las personas sintieron más amor por lo que se produce y cultiva en Colombia, “la gente cree que el salmón es una maravilla y es realmente una porquería. (…) A mí no me hace sentido que uno esté trayendo un pescado de porquería desde Chile teniendo dos océanos para proveernos de nuestro propio pescado”, manifiesta el chef Alejandro Gutiérrez con un notable orgullo de nuestros productos locales. Mini-Mal y Salvo Patria, al igual que muchos otros restaurantes que se percataron de la gran variedad de alimentos que alberga el suelo colombiano, crearon nuevos y creativos platillos llenos de ajíes, sabores frutales, aroma a café y un sentimiento de patriotismo que se adentra hasta el corazón. Los restaurantes han sido unos de los más afectados por la pandemia, la cuarentena dejó a su paso una profunda herida financiera que aún no se ha podido cerrar. Las cifras para este gremio son preocupantes pues sus ingresos totales se han visto reducidos en un 44%, según cifras publicadas por el DANE en la Encuesta Mensual de Servicios del mes de agosto. A pesar de todo lo que ha pasado, restaurantes como Salvo Patria y Mini-Mal seguirán buscando inculcar el orgullo por lo nuestro . Merecerá la pena luchar por lo colombiano hasta que en el Pacífico dejen de retumbar cantos de boga, los currulaos y la marimba, que en la costa atlántica cesen los vallenatos y en la región andina deje de oler a café. Apreciar los ingredientes locales y, mínimamente, salvar la patria.

  • Candidatas sí hay

    Candidatas sí hay Juanita Builes Fecha: Las mujeres merecemos elegir políticas que nos representen y no cuestionen nuestros derechos y necesidades, sino que las defiendan e impulsen al género. Lea también: Necesitamos más rostros femeninos Compartir Foto: Cuando me enteré de que Caterine Ibargüen, mujer negra y medallista olímpica, encabezaría la lista al Senado del partido de la U, me sorprendí. Siempre he pensado que esa mujer es una verraca. Aun así, automáticamente cuestioné las razones de su protagonismo en el partido, pues vi algunas caras conocidas en la lista: José David Name, quien lleva 13 años en el Congreso, aparece en 15 procesos judiciales y tiene presuntos nexos con grupos armados ilegales, o Julio Alberto Elías Vidal, hermano de Bernardo Miguel El Ñoño  Elías, condenado por su participación en el caso de corrupción de la multinacional Odebrecht. Tiene pinta de estrategia política usar a esta mujer para ocultar detrás de ella los cuestionamientos del partido. Es triste que la figura de la medallista termine asociándose con perfiles como los de estos hombres. Las mujeres no luchamos por el voto para desperdiciarlo. En el marco de las próximas elecciones del 13 de marzo, las listas al Senado quedaron conformadas con un 40% de mujeres. El 2022 es un año de desafíos y decisiones cruciales, especialmente en materia de derechos humanos. Y no está de más recalcar que se espera que se tengan en cuenta los intereses de las mujeres en la resolución de estas cuestiones. Pero ¿basta con ser mujer candidata para obtener el voto feminista? El movimiento político Estamos Listas aspira a ser el primer partido político de mujeres en el país. Once mujeres de diferentes departamentos, cansadas de que los partidos tradicionales no les permitan a las mujeres una influencia real en espacios de decisión, formaron un movimiento democrático e incluyente. La lista fue decidida por democracia interna y tuvo 76.000 firmas que avalaron decisión. Está encabezada por Elizabeth Giraldo, historiadora y maestra de urbanismo. El resto de ellas comprenden mujeres lesbianas o afros para completar un movimiento autónomo, independiente, que se orienta hacia un gobierno en el que sea posible la justicia económica y ambiental, la transición democrática y un futuro en paz. Si la intención es considerar el resto de opciones, también están las listas del Nuevo Liberalismo y el Centro Democrático. Los perfiles de las mujeres que protagonizan estos partidos son completamente opuestos. Por un lado, en la lista cerrada del Nuevo Liberalismo vemos diferentes tipos de liderazgos: Mabel Lara, una reconocida figura de opinión y la lideresa Yolanda Perea, con perspectivas regionales y de víctimas. Mientras que en el Centro Democrático vemos perfiles como el de Paola Holguín y María Fernanda Cabal de las cuales me tomaré el atrevimiento de dejar que algunos de sus tweets hablen por ellas: “Sucede al Estado lo que a las damas, que de tanto ceder y ceder damas dejan de ser”, “Mujeres líderes. No “lideresas”; ese afán del marxismo cultural en poner “a” a las palabras para reivindicaciones estúpidas de género, no debería ser adaptado en los comunicados de gobiernos que no comulgamos con la ideología pobresista”, respectivamente. Y así se va armando el panorama de las posibilidades que tiene el voto femenino. Similar al caso de Caterine, es la situación de la lista cerrada del Pacto Histórico. Perfiles prometedores con interés por la ideología de género como los de Isabel Cristina Zuleta o María José Pizarro, pero asociadas a través de la coalición con personajes como Piedad Córdoba o Roy Barreras, quienes cargan con expedientes difíciles de dejar a un lado a la hora de votar. Ese es otro de los puntos importantes en el voto por Senado y Cámara, en especial con las listas cerradas, reconocer que se está votando por un grupo, sus dinámicas y diversidad de perspectivas, no solo por un individuo. Respecto a dinámicas grupales, quienes parecen estar en una constante vorágine son las de la Coalición de la Esperanza. A pesar de las controversias y algunos desaciertos en sus consideraciones, como Ingrid Betancourt y su “las mujeres se hacen violar y perseguir”, vemos en la lista al Senado a candidatas como Angélica Lozano, quien en 2018 llegó al Senado con la mayor votación femenina en el país, y Lina María Arango, quien tiene trayectoria en la lucha contra la violencia, género y transparencia. En contraste con el Partido Liberal, que tiene a Sara Castellanos, quien defiende la familia tradicional, y a Laura Fortrich, heredera de votos de investigados por corrupción. La participación de las mujeres en la política es importante y es claro que se debe tener en cuenta el factor de interseccionalidad y diversidad de contextos que puedan aportar esas mujeres. Pero ser mujer no es suficiente para recibir el voto femenino, pues andamos en búsqueda de un país que se interese por las cuestiones de género. Las mujeres merecemos elegir políticas que nos representen y no cuestionen nuestros derechos y necesidades, sino que las defiendan e impulsen al género. Mantengo la esperanza de que marquemos el tarjetón teniéndolo en cuenta.

Escucha aquí los podcast de Conexión Sabana 360 

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