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- Armero: la tragedia después de la tragedia
Armero: la tragedia después de la tragedia María José Rojas González, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Claudia Mercedes Ramírez Villamizar, una madre que lleva más de 30 años buscando a su hijo, afirma que lo peor de la avalancha fue la famosa “feria de los niños”. Lea también: El anónimo de la masacre del Cañosiabo. Compartir Foto: Muebles clásicos, muchas plantas, poca luz y una amplia terraza hacen parte del rústico apartamento de Claudia Ramírez en el norte de Bogotá. Quien entra se siente transportado a un espacio alejado de la capital del país. Dos perros y dos gatos adoptados son los anfitriones del lugar. Claudia, de 55 años, se levanta todos los días con la esperanza de que quien toque la puerta de su residencia sea su hijo Andrés Felipe Cubides, quien, al igual que aproximadamente 600 niños, según la Fundación Armando Armero, sobrevivió a la oleada de barro del 13 de noviembre de 1985 en Armero, Tolima, pero nunca logró reunirse con su madre. Nacida en el hospital San Lorenzo en la “ciudad blanca”, Claudia afirma que fue “absolutamente feliz en Armero”. “Era un pueblo muy hermoso, muy tranquilo, lleno de vida y alegría. ¡Las fiestas eran espectaculares! Bailaba del 16 de diciembre al 12 de enero. La mejor era la del 27 que era de disfraces”, afirma la hija de Roberto Ramírez y Mercedes Villamizar, quienes fallecieron la noche en la que una espesa mezcla de agua y residuos volcánicos, provenientes del Nevado del Ruiz, sepultó a 25 mil personas, según el Estado. A pesar de que en un principio Claudia no tenía evidencia de que su hijo había sobrevivido, ella sentía que estaba vivo. Meses después de la tragedia, un amigo le dijo que había visto a Andrés por la televisión diciendo: “Me llamo Andrés Felipe y mi mamá se llama Claudia”. En ese momento, la vida de Ramírez empezó a tener sentido de nuevo. Claudia, trigueña, de aproximadamente 1 metro 65 centímetros de altura, de pelo castaño oscuro hasta los hombros y ojos pequeños, dice que la búsqueda frenética, a veces obsesiva, por su hijo (quien el 22 de febrero cumplió 38 años), ha sido toda una pesadilla. Afirma que cuando iba al ICBF a ver a los niños, los funcionarios le decían “pero, ¿cómo sabe que es su hijo? Usted no tiene cara de que sea mamá, no le voy a mostrar a los niños”. Ella, con la foto de Andrés en sus manos, lloraba y les rogaba, pero no le daban razón de él. En el 2010, Claudia estaba en su casa viendo un especial de Armero en la televisión cuando confirmó lo que le habían dicho años atrás: era Andrés Felipe, sano y salvo, tomando agua de un vaso en manos de un socorrista. Ramírez considera que hubo irresponsabilidad por parte del Estado y del ICBF en el manejo de la situación. Según ella, lo más difícil no fue la tragedia, sino la post tragedia. “El infierno de Dante no es nada a lo que pasó en Armero. Ahí se concentraron todas las pasiones más perversas. La gente llegaba a robar, a matar a los que estaban vivos para hundirlos en el lodo y sacarles los anillos, a vender a los niños que habían sobrevivido. Eso es como en los cuentos de hadas que uno ve que llega el humo negro que es el mal. Así fue”, cuenta Claudia mientras sus labios se arquean hacia abajo y una lágrima cae por su mejilla. En 1985, el ICBF creó el ‘Libro Rojo’ el cual, según lo afirmado por el periodista Gonzalo Guillén en su publicación en la Revista Semana ‘Sueño que voy a conocer a mi hijo’, “es un mamotreto secreto y desordenado… La cantidad de folios ha variado de 250 a 16. Allí consta que entregaron niños a quienes los reclamaron, sin acreditar identidades ni parentescos, otorgaron adopciones a extranjeros y nacionales antes de haber pasado medio año de la tragedia y en algunos vuelos presurosos de rescate sacaron del país bebés e infantes”. En respuesta a esto, la Fundación Armando Armero, liderada por el periodista Francisco González, elaboró el ‘Libro Blanco’, en el que 455 menores están siendo buscados por sus familias, entre esas, Claudia Ramírez. El periodista dice que los funcionarios “corruptos” del ICBF, los colombianos que rescataron a niños sobrevivientes y luego no los devolvieron y los integrantes de las redes de adopción son solo algunas de las causas que llevaron a la pérdida de los menores. “Hay muchísimos casos que demuestran que las madres tienen razón, que no están locas, como lo quiere hacer ver el Estado”, afirma el periodista. El libro ‘Armero, treinta años de ausencia’ de Carmen Cruz y Francisco Parra es uno de los pocos documentos en los que algún funcionario del Estado de 1985 acepta las irregularidades cometidas en la post tragedia. “… En la evacuación de las víctimas, se generó cierto desorden y confusión (…) Hubo varios helicópteros del Ejército y también de pilotos espontáneos que querían ayudar y todo ello pudo dar lugar a la pérdida especialmente de algunos niños” , asegura el Alcalde Militar Encargado de Armero, Rafael Ruiz. Cómo empezó y cómo terminó Claudia, también madre de María Mercedes y María Alejandra Méndez, de 21 y 18 años, respectivamente, quienes son fruto de su segundo matrimonio, expresa que fue muy consentida y amada por sus padres a pesar de que tuvo a su primer hijo, Andrés, a los 17 años. “Yo me casé muy enamorada con Ángel Cubides” –biólogo de Ibagué quien era 10 años mayor que ella y quien también murió en la avalancha- “Obviamente mis padres se opusieron… Mi mamá no me dejó casar en Armero, entonces me casé en Ibagué. Ella lloró, pobrecita, mi papá también, todo el mundo lloraba, parecía un entierro esa vaina. La única feliz era yo, aunque esa felicidad me duró poco porque mi matrimonio fue un desastre. Fui una gran decepción para mis padres en ese sentido porque los dos esperaban mucho de mí”, afirma la armerita. La mujer, graduada del Colegio Americano, aunque pasó la mayoría de sus años en el Colegio La Sagrada “Recocha”, como ella misma lo llama, decidió dejar a su hijo con sus padres mientras estudiaba en Bogotá. Ella, quien se considera una “animalista furibunda”, quería estudiar veterinaria. Carlos Castillo, vendedor de materiales dentales, reconoce la labor social y pasión de Claudia por los animales. “Yo le regalo los guacales de madera en los que vienen las unidades empacadas y ella hace las casitas para los perros”, afirma. Las dos gatas (una rescatada hace 17 años y la otra hace 5 años, en Armero) que Ramírez tiene en su casa lloran para que ella les abra la puerta de la terraza en la noche. A pesar de su inmenso amor por los animales, Claudia decidió estudiar odontología porque su padre tenía una clínica y muchos pacientes en Armero: su vida “estaba organizada”, como ella misma lo señala: viajaba todos los fines de semana a su tierra natal para visitar a su “tesoro y bendición”, Andrés Felipe. Salía los viernes de clínica a las 6 de la tarde a tomar el bus hacia Armero. A las 2 de la mañana llegaba a Honda, tenía que hacer transbordo. Roberto Ramírez, padre de Claudia, le había prometido que cuando cursara el cuarto semestre de su carrera le traería el niño a Bogotá. En ese periodo, justamente, fue la tragedia de Armero. “Había amenaza de inundación”, expresa Claudia mientras se le quiebra la voz al recordar a su pueblo antes de que fuera enterrado por más de más de 90 millones de metros cúbicos de barro. El deshielo del volcán barrió 40 kilómetros a la redonda, es decir, el equivalente de toda la superficie de la isla de San Andrés y un poco más, pues la isla tiene 32. Su padre, Presidente de la Cruz Roja en Armero en 1985, no tenía ninguna información sobre una posible avalancha, según Claudia. Ella lo acompañó a una reunión en septiembre de aquel año con un personaje de Ingeominas, el alcalde del pueblo, Ramón Rodríguez y el encargado de la Defensa Civil y nunca se habló de una alerta de avalancha. El fin de semana del 8 de noviembre de 1985, Claudia viajó a Armero. Como de costumbre, en el pueblo hubo fiesta con Lucho Bermúdez y Pacho Galán. El lunes 11 de ese mes, Andrés, preocupado por la situación del río le preguntó a su mamá que qué pasaría si el río perdiese su rumbo. Ella lo tranquilizó, aunque quedó dudando de la situación. Claudia, antes de subirse al carro para regresar a la capital, le pidió a su madre que le diera al niño. -Hija, es una locura, estás en exámenes finales. -Mami, es que estoy preocupada. -No te preocupes, no está lloviendo, no va a haber inundación. “Y se lo dejé…”, dice Claudia mientras las lágrimas empiezan a escurrir por su rostro. Ella no sabía que esa iba a ser la última vez que vería a sus padres y a su hijo. La noche en la que Armero desapareció, Claudia estaba con su primo en la casa ubicada en la 57 con 18 en Bogotá cuando recibieron una llamada a las 11 de la noche en la que les decían que algo grave había sucedido. Se fueron corriendo hacia la oficina de la Defensa Civil a buscar información, llamaron por el radio teléfono a la casa de Claudia en Armero y nadie contestó, después llamaron a la defensa civil y a la Alcaldía, pero el resultado fue el mismo. Ella, en compañía de 5 amigos armeritos, se comunicó con “La periquita” Cecilia de Perico, esposa de Guillermo Perico, quien vivía en Armero. “’No, chinos, no me contesta, tan raro’, nos dijo. Después ella llamó a JJ, otro amigo que vivía afuera de Armero. ‘Vi muchas luces, como relámpagos y ahora todo está negro’, nos afirmó. Nosotros pensamos que el pueblo se había inundado y se había ido la luz”, cuenta Claudia. A las 6 de la mañana del 14 de noviembre, después de escuchar al piloto del helicóptero diciendo “Armero no existe”, los jóvenes llegaron a Cambao. En el parque principal estaban JJ y su esposa que “parecían unas esfinges. Lloraban y lloraban, pero no hablaban”, afirma Claudia. En ese momento, llegó un camión azul con gente desnuda cubierta en barro. El pueblo que guardaba sus más grandes alegrías se había convertido en un mar de lodo. “De ahí en adelante no recuerdo mucho, sé que duré 10 o 15 días en Armero, pero no me pregunte qué comí, si me lavé los dientes o dónde dormí, porque no me acuerdo. Sé que estuve en ahí y vi cosas terribles. Eso lo tengo bloqueado de mi mente porque es muy doloroso. A veces tengo recuerdos… Mis primos me encontraron en Ambalema -un municipio a 6 horas de Armero a pie- sentada en un helipuerto, cuentan ellos. Yo no me acuerdo”, sostiene la madre de Andrés. Su siguiente recuerdo es en la ducha de la casa de su tío en Bogotá, con la ropa pegada a su piel, literalmente, por el barro. “Me acuerdo de sentir el agua caliente y cómo todo ese lodo me salía. Me arrancaba la ropa y la piel también”, dice Ramírez mientras se toca los brazos. El no saber el paradero de su hijo llevó a que Claudia sintiera el dolor más “absurdo”. “Me dolía la muerte de mis papás, pero me arrancaba el alma no saber qué había pasado con mi hijo. Me daban pastillas, yo quería botarme por la ventana, me quería morir”, cuenta ella, quien tenía 22 años cuando el niño desapareció. La armerita, que al principio peleó mucho con Dios, cree que ella es un milagro. “Sobrevivir fue el resultado de la bondad de la gente. Yo iba a rezar y era como una matemática, 2+2 es 4. Yo pedía y me daban. Nunca me sobró, pero nunca me faltó. Soy el resultado de la fe. Yo le pedí a Dios, siempre le he pedido, soy una pedigüeña total”, dice Claudia mientras se ríe a carcajadas, “y él siempre me ha dado”. La madre de Andrés Felipe, en compañía de su hermano menor, “Cucu” Roberto, ahora coronel retirado del Ejército Nacional, continúa la búsqueda del niño. “He ido a que me lean el cigarrillo, el fósforo, el chocolate”, expresa Claudia mientras se ríe, “he ido a donde todos los chamanes, brujos, todo, buscando, pero no lo he encontrado. He encontrado otros que no son mis hijos, pero bueno algo es algo, peor es nada”, afirma, vuelve a carcajear y continúa: “Para ellos soy su mamá… Ay, mis chinitos. Maycol vive en Pereira y David Felipe, en Bogotá”. La odontóloga, vinculada a la Fundación Armando Armero, la cual cuenta con un banco de ADN desde hace 5 años, con el que se han podido reencontrar 3 familias, dice que es una mujer fortalecida y bendecida. “No es que llore todos los días, no soy una mujer triste. Soy más feliz que triste, pero tengo un enorme vacío en mi vida: mi hijo. Hace muchos años lo puse en manos de Dios. Le dije: cuando quieras, si es que quieres” , cuenta mientras sonríe, “yo ya le dije a mis hijas que, si me muero, ellas lo tienen que seguir buscando”… Vuelve a reírse y concluye: “pobrecitas”.
- El rostro de una cultura invisible
El rostro de una cultura invisible Danna Camila Muñetones Ortiz, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Las obras artísticas de Carlos Trilleras se extienden, como islotes, dentro de la urbe bogotana, expresando lucha, libertad y resistencia. Lea también: Entre artistas y aerosol: la reconstrucción de una población Compartir Foto: Carlos Trilleras trabaja en su obra titulada Resistencia Kuna. Crédito: Carlos Trilleras El francés David Ducoin tomaba en 2006 la fotografía de una indígena de la comunidad Kuna en Panamá. Ocho años después, el colombiano Carlos Trilleras pintaría el rostro de esta mujer en una pared del Callejón del Embudo, al lado de la plazoleta del Chorro de Quevedo, en el centro de Bogotá. El trabajo final de este artista se convertiría más tarde en uno de los murales más representativos de la Candelaria, no solo por sus colores, sino por la expresión de la anciana, su fuerza y, sobre todo, su mirada. Este mural sería el rostro visible de una cultura, para muchos, invisible. Empezamos el recorrido en el café galería Nuestra herencia , ubicado en la calle 11 con segunda, al final de una vía de tejados de barro cocido, numerosas ventanas, balcones de madera, gruesas paredes de adobe y bahareque, faroles negros y puertas anchas de madera. Una calle que recuerda, aunque sea brevemente, a la Bogotá de nuestros tatarabuelos. El establecimiento, desde la fachada hasta el segundo piso, no solo se caracteriza por el aroma a café, sino por los murales y cuadros de un artista tolimense que empezó a pintar desde que tenía aproximadamente 8 años. La tragedia de Armero, en 1985, no solo impactó a los más de 20.000 muertos que aún llora Colombia; también transformó a Carlos Trilleras quien tuvo que salir, junto con su hermano, del municipio del Líbano a Lérida, en el Tolima. Como no tenía un núcleo familiar estable, pues sus padres se habían separado y él se había quedado con su hermano mayor, empezó a pintar la publicidad de los locales de su barrio. Bar donde Pedro, Punto del sazón , escribía en sus ratos libres, mientras sus compañeros hacían la tarea. “A mí me engomaba harto eso, entonces yo les decía no, no me paguen y muchas veces no recibí dinero”. Sin embargo, era así como, en la escuela, compraba un vaso de colada con pan, su merienda favorita que costaba 20 pesos. Treinta años después, desde la mesa esquinera del café Nuestra herencia , viendo uno de los primeros cuadros que hizo en su juventud, Trilleras recuerda su propia herencia, que no tiene nada que ver con el arte. Su familia, en la cual ninguno es artista, se negó a apoyarlo. Por eso, cuando salió del colegio, algunos años después de que su profesora lo impulsara a marcar los cuadernos de sus compañeros y a pintar los letreros de las asignaturas en los salones para ganar dinero, se sintió solo. “Sentía para dónde iba, pero no sabía cómo”, dice Trilleras con su miraba fija en las líneas marrón de la mujer embera que decora el lienzo pintado por él años atrás. Salimos del café, cruzamos la calle y giramos a mano izquierda por la carrera segunda. Nos encontramos, solo a unos pasos, con el mural de El indio lleno de colores vibrantes: amarillo, rojo, verde, azul, morado y blanco; un mono en sus hombros, plumas en su cabeza, humo saliendo de sus labios y el universo a sus espaldas. “Esa imagen que usted ve ahí es mi papá. Todo el mundo lo ve y me pregunta, es que usted lo idolatra, es que su papá es un taita, es un indígena de la comunidad no se qué. No. La razón de eso es que mi papá siempre se quiso ver de esa forma, siempre tuvo eso en la cabeza. Él ya va para los 70 años y siempre quiso verse como una persona de plantas, de saberes y de conoceres, pero no en una cuestión formal”. Rafael Trilleras, su padre, siempre vio su arte como un problema, pues para él no había futuro en este oficio. Cuando pequeño le colaboraba a su hijo con lo que fuera, menos con lo que tuviera que ver con la parte artística. Cuando salió del colegio, recuerda Carlos, aunque rara vez se sentaban a dialogar, se reunieron para hablar de su futuro. Rafael le dijo que se fuera a Ibagué a estudiar y que él le ayudaba con todo, menos con lo que tuviera que ver con la pintura. Entre risas, el artista cuenta que le dijo: “bueno, papá, entonces muchísimas gracias, pero ese no es el caso”. Su mamá tampoco es la excepción, ni los otros hermanos que tiene. “Yo nunca reniego de eso, ni lo digo de una forma triste. Si esto se vuelve a repetir, yo quiero que no me apoyen nunca”. Mirando su obra, recostado en la pared al otro lado de la vía, cuenta que él hizo todo el estudio: tomó la fotografía, creó los penachos, el contraste y después se dispuso a pintar alrededor de un día entero, con vinilos y lacas, como suele hacer con la mayoría de sus murales. Entonces, trajo a su padre a La Candelaria para ver el resultado final. –¿Y cuál fue su reacción? –No, eso no fue ninguna reacción. Él no es casi efusivo. Pero es bueno el ejercicio de mostrarle y decirle: mire que no fue un arrebato, esa es mi vida, para eso estoy. O sea, él lo sabe, pero hay un silencio total con todo eso. Seguimos caminando aproximadamente dos cuadras por la carrera segunda hasta llegar a la plazoleta del Chorro de Quevedo. Allí, en medio de los artistas, vendedores y visitantes del lugar histórico, Trilleras camina despreocupado. Sabe a dónde va. Nos encontramos con una calle angosta, llena de casas juntas que hoy son, en su mayoría, comerciales. Allí, en el Callejón del Embudo, descendemos menos de media cuadra por el camino de piedras, hasta llegar al mural donde cientos de colombianos, ecuatorianos, norteamericanos y franceses se han tomado fotos. Nos quedamos mirando a la indígena que posa sus ojos en el cielo azul. Algunas personas, mientras tanto, se tropiezan con nosotros cuando pasan. Es una calle de movimiento constante, de dinamismo, de contrastes. La indígena parece no hacer estorbo, aunque nosotros sí; ella se mimetiza con el lugar. En la pintura, el muswe –pañuelo rojo estampado en amarillo–, resalta entre las molas o mulas –cuadros coloridos de tela– que se han convertido en la bandera del pueblo Kuna Yala. La representación de esta comunidad a través de las manos de Trilleras es el resultado del largo caminar del artista en la búsqueda de su propia voz; travesía que lo llevó a estudiar Diseño Gráfico en Ibagué y a abandonar la carrera cuando le faltaba muy poco para reclamar su diploma. Desde allí, e incluso desde antes, entendió que el único camino para ser un artista, uno verdadero, era explorar sus raíces y sus ancestros. Entró así a la Universidad Francisco José de Caldas a estudiar Artes plásticas y visuales. Se retiró al semestre, porque vio que lo formaban para vender, no para entenderse a sí mismo. En ese camino encontró a Ghiger con su “mente perversa y cuestión áspera”, a Leonardo Da Vinci con el sfumato , a Van Gogh con la yuxtaposición e incluso a Alejandro Obregón con el óleo, quienes lo ayudaron, como sus referentes, a explorar la historia del arte y, en últimas, a explorarse a sí mismo. Así como lo apasionaba la historia artística de Europa, descubrió que lo apasionaba aún más la historia de las comunidades indígenas: de sus luchas, vivencias, conocimientos y tradiciones. Por eso, cuando pintó Resistencia Kuna , en su mente estaba vivo el año 1925 y se imaginaba cómo los indígenas de esta comunidad se rebelaron ante las autoridades panameñas, en respuesta a la occidentalización forzada a la que fueron sometidos. La resistencia, pues, estaba en sus venas. –¿Le tiene cariño? le pregunto a Trilleras viendo su obra kuna. Él se ríe. – Me acuerdo siempre de todo lo que me ha dado, más bien. Todo lo que me ha formado, todo lo que me ha enseñado, todo lo que he vivido y viajado gracias a ella. Edward Ordoñez, su aliado comercial y amigo, recuerda el día en el que la pintó. “Él es sigiloso como un cocodrilo, cuando se mete, se mete”, dice rememorando no solo esa obra, sino las más de veinte que ha visto pintar. “Con esta imagen pasa algo muy vasto. Sumercé le toma una foto y ella cobra vida, usted le ve esa fuerza”, dice Trilleras. Un alemán que ve su obra dice que: “en los ojos, en su expresión, no hay muerte, sino vida.” Cuando oye comentarios de su obra, Trilleras escucha atentamente y sonríe; no hace ningún comentario. “Sabe escuchar, pero también hablar”, dice Rodrigo Aguirre, su amigo desde hace 22 años. Nos alejamos del mural bajando la cuesta lentamente. Hablando aún de la indígena, Trilleras recuerda que al Mercado de Pulgas San Alejo, en donde trabaja desde hace 9 años con su amigo Aguirre y en donde vende sus camisetas a treinta y cinco mil pesos, han llegado turistas que le confiesan que han venido a Bogotá solo a ver esta obra. Incluso un día Trilleras cuenta que la vio plasmada en un avión de Avianca o de American Airlines que invitaba a los espectadores a visitar Bogotá. “El artesano urbano”, como lo llama una visitante del centro histórico de la capital, reconoce, mientras esperamos para pasar la calle, que probablemente gracias a su constancia y pasión su papá ahora es más sensible con el arte y con su trabajo. Finalizamos el recorrido una cuadra más abajo donde un mono se posa en el hombro de un niño de la comunidad Nukak Makú. Mirando su pintura, Carlos Trilleras dice, más para sí mismo que para mí: “esto aún no ha comenzado”.
- Ciudad de las hierbas
Ciudad de las hierbas Jorman Romero, Isabela Uribe, Gabriela Rojas, Juan Esteban Hernández, Paula Espeleta. Cuando la ciudad se prepara para dormir, la plaza de las Hierbas, en el barrio Samper Mendoza, se prepara para un espectáculo que da cuenta de las raíces colombianas. Ver también: El banco verde de Bogotá Compartir
- Arcane, una jugada acertada de Netflix
Arcane, una jugada acertada de Netflix Juan Pablo Sarmiento, estudiante de Comunicación Social y Periodismo Fecha: Arcane es la gran apuesta de Riot Games y Netflix por convertir personajes de League of Legends en íconos de la cultura popular. Lea también: Tú, ¿otra vez? Compartir Foto: Pexels Título original: Arcane Año: 2021 Director: Ash Brannom Elenco: Hailee Steinfeld, Katie Leung, Kevin Alejandro, Jason Spisak, Ella Pumell, Toks Olagundoye, JB Blanc, Harry Lloyd, Shohreh Aghdashloo, Mick Wingert, Yuri Lowenthal, Josh Keaton, Mia Sinclair Jenness, Remi Hii Género: Ciencia ficción, acción, fantasía, aventura Duración: 40 minutos (por episodio) Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=xPKN7MxS8TU Puntuación : ☆☆☆☆☆ Excelente. Desde el universo del popular videojuego League of Legends , de la mano de Riot Games y Netflix, llegó Arcane , una serie ambientada con los personajes y mundo de la propiedad intelectual más lucrativa de la empresa americana . Con un fuerte inicio, esta obra ya se llevó el puesto como el mejor estreno de Netflix, destronando al famoso Juego del Calamar. Para esta serie, Netflix busca proponer un formato diferente a su típico modus operandi de liberar la temporada entera en un día para que los aficionados puedan maratonearla. En esta ocasión se liberaron tres episodios por fin de semana durante todo el mes de noviembre. El formato fue conocido como actos: el 6 de noviembre salió el primer acto; el 13, el segundo, y, finalmente, el 20 fue el cierre de temporada. La mente detrás de la dirección no es ni más ni menos que Ash Brannon, quien es conocido por haber estado en cabeza de clásicos de la animación como Toy Story 2 o Bichos . Mientras que en el músculo de actuación de doblaje se encuentran como protagonistas a Hailee Steinfeld, quien estelarizará la serie de Disney+ Hawkeye en diciembre, a Kevin Alejandro, quien tiene un papel muy importante en otro grande de Netflix como lo es Lucifer, y Ella Purnell, a quien pueden recordar por Miss Peregrine’s Home for Peculiar Children . Arcane busca sentar las bases del desarrollo en sus personajes y sus historias como el motor que mueve a su mundo. La historia se sitúa en el mundo de Valoran, un universo donde la magia, tecnología, astrología y otras creencias conviven con los seres vivos. En la serie se enfocan en las ciudades de Piltover y Zaun, que son una contraposición directa la una de la otra. Piltover es la cara más rica y con miras hacia la tecnología y el progreso, mientras que Zaun es el rostro de la pobreza, desigualdad y hogar de científicos locos. Los personajes que estaremos siguiendo son las jóvenes Vi y Jinx, dos hermanas huérfanas que buscan salir adelante desde la pobre Zaun; ellas nos enseñarán las vicisitudes de vivir en un contexto así y sus acciones son las que impulsan la historia principal. Alternamente, se verá la historia de Jayce, un joven inventor que está a punto de realizar un descubrimiento que permitirá el uso de la tecnología de la mano con la magia, el hextech. Finalmente, también veremos la perspectiva de Silco, un científico loco de Zaun que busca, por medio de la violencia, cerrar esta brecha social. Además de que su abanico de personajes secundarios no se queda corto, la serie presenta otros personajes del videojuego y creó otros específicamente para esta producción . Ninguno se siente como relleno, en absoluto, ni mucho menos entorpecen la trama. Arcane propone tramas realmente ambiciosas que generan expectativa y prometen cumplirla con creces. Es de aplaudir que la serie toma una cantidad gigante de conceptos que ya se han tocado infinidad de veces en el cine y el género de ciencia ficción, para darles un aire fresco. Elementos como el miedo a la tecnología y al progreso desmedido, la lucha de clases, ser huérfano, crecer en la calle, luchar por escalar en una pirámide socio-académica son solo algunas de las características que condimentan la serie. También es de recalcar que el guion evade irse a los lugares comunes de estas fantasías. Está escrito de forma que los antagonistas no son un problema por venir de Zaun o Piltover, lo son porque sus circunstancias personales los llevaron a actuar de determinada manera, se puede entender la motivación de todos y cada uno de ellos, haciéndolos infinitamente más entrañables. Es importante acotar que para disfrutar de esta historia no es necesario haber jugado League Of Legends o cualquier otro videojuego de Riot, que, aunque han expandido sus universos previamente por medio de novelas gráficas y cuentos, deciden apostar por la fórmula Marvel, de presentar a sus personajes de tal forma que sean accesibles para todos. En temas visuales, la cuidadosa ambientación y detalle en la animación generan una experiencia inmersiva que invita a explorar los detalles de cada una de las dos ciudades que en sí mismas componen un pequeño mundo en ellas . El estudio productor enseña un estilo de animación en 3D con elementos en 2D que permiten estos grandes detallados que vemos en toda la ambientación y expresiones de sus personajes. Recuerda mucho a las aclamadas Spiderman: Into The Spiderverse y Klaus. Arcane es definitivamente una obra que se le nota el cariño y tiempo de trabajo puesto en ella. Para completar el festín de colores y steampunk se le añade un apartado musical muy bien logrado. Con una canción compuesta por Imagine Dragons y JID, hecha específicamente para ser la acompañante del intro de la serie, Enemy Arcane sale con toda la carne puesta en el asador para ser el inicio de un universo protagonizado por las estrellas de este videojuego. La parte negativa que, en lo personal, siento que puede afectar algo la experiencia, es que la serie exige al espectador ver el arco entero en una sola sentada de sofá; de lo contrario, el ritmo puede ser algo extraño. Se nota bastante que el formato de episodios de Netflix pudo haber llevado a esto; no obstante, no es nada realmente grave y no entorpece la experiencia si se le da el tiempo que esta requiere. Arcane tiene la osadía de prometer bastante, no solo por todo el boom mediático que recibió su estreno permitiendo incluso su transmisión abierta en la plataforma de streaming Twitch, sino que la propuesta de un nuevo universo cinematográfico de la siguiente generación de íconos de la cultura pop es algo que dará mucho para comentar.
- La política, no desde los hombres, sino desde sus ideas: Fabio Valencia Cossio
La política, no desde los hombres, sino desde sus ideas: Fabio Valencia Cossio Juan Sebastián Navarrete, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Habló de su vida y de lo que para él significa ser conservador en Colombia. Lea también: Carlos Fernando Galán, por el centro Compartir Foto: Foto de: Flickr - Departamento de Estado de los Estados UnidosO Fabio Valencia Cossio, un hombre que, a pesar de albergar todo el poder que se puede tener en un partido político, como lo es el Centro Democrático en Colombia, a la hora de hablar no es más que otra persona del común. Humildad, solidaridad, inteligencia, carisma y honestidad son unos de los tantos adjetivos con los que se puede describir a este personaje. Un hombre que cordialmente abrió las puertas de su oficina, ubicada cerca al World Trade Center de la Calle 100 en la ciudad de Bogotá, habló de su vida y de lo que para él significa ser conservador en Colombia. Su lugar de trabajo va acorde con su forma de ser. A pesar de estar ubicado en uno de los mejores sectores de la capital, no está lleno de lujos y demuestra su sencillez y la seriedad de alguien tan influyente como lo es él para política colombiana. Su rostro y sus canas demuestran la experiencia que ha de tener un personaje que a lo largo de su vida ha tenido varios cargos públicos e importantes como presidente del Senado, ministro de Interior y Justicia, embajador, consejero presidencial y ministro delegatario en funciones presidenciales . A lo largo de su extensa carrera política, Fabio Valencia ha estado relacionado con algunos de los nombres más importantes dentro de la historia política del país. Personajes como Misael Pastrana, Belisario Betancur, Andrés Pastrana, Juan Gómez Martínez y Luis Alfredo Ramos. Pero, entre todos estos, cabe resaltar un nombre que marcó un antes y un después en la política colombiana. Álvaro Uribe Vélez , presidente de la República entre el 2002 y 2010, personaje con el que tuvo confrontaciones y debates, pero, ante todo, una gran amistad al final, la cual ha perdurado desde su reencuentro político en 2008, tanto así que en su propia obra, O cambiamos o nos cambian, es el mismo expresidente quien realiza el prólogo. En su mandato ocupó los cargos más altos que tuvo durante su carrera. - Fabio, es de conocerse la gran amistad que usted ha mantenido con el expresidente Álvaro Uribe, con quien se conoce desde la universidad. Teniendo en cuenta la gran influencia política y social que tiene el expresidente, ¿cómo ve el futuro político como líder del expresidente después de las acusaciones en su contra, que que tanto afectan su liderazgo? - Realmente yo creo que el presidente Uribe está en este momento haciendo un gran esfuerzo por el país, es una persona que ha ocupado la Presidencia por dos periodos, que ha tenido todas las dignidades del país, lo que debería es ya estar descansando. Sin embargo, él aceptó y es por solicitud que le hicimos muchos amigos de él y muchos ciudadanos en Colombia, encabezar una lista al Congreso y formar un partido. Como líder natural optó por asumir riesgos y oponerse a lo que está pasando en el país, que en este momento está en una crisis profunda porque el presidente Santos nos retrocedió diez años y estamos ante un inminente peligro de un cambio del sistema económico y político. - ¿Cómo ve usted este país sin Álvaro Uribe? - La política no se puede hacer sobre los hombres sino sobre sus ideas. Me parece que él ha dejado y está dejando un gran legado, no solamente ideológico, sino programático. Deja un partido muy sólido y en el momento en que él no esté, habrá logrado formar unos nuevos liderazgos y obviamente las ideas, su trabajo y su devenir como hombre histórico en el país, pues van a seguir siendo un referente para las nuevas generaciones. - Fabio, una anécdota con el expresidente Uribe. - Tengo muchas anécdotas con él, tanto en la universidad como después en la vida política en la que estuvimos en bandos diferentes: él, de un sector liberal progresista y yo, conservador progresista. Más o menos iniciamos el proceso político paralelos, nos juntamos en algunas decisiones políticas regionales en el momento y, por eso, son muchas anécdotas para contar. Desde corta edad, Valencia empezó a trabajar en política, tanto así que ya hacia sus 22 años estaba colaborando en la campaña presidencial del conservador Misael Pastrana Borrero. El conservatismo es la ideología que ha defendido desde la universidad y a lo largo de su carrera, y que además lo define como político, estando así en varios partidos hasta llegar incluso a crear el suyo, aquél que se llamó “Movimiento Progresista del Coraje". - Usted se confiesa conservador desde los 16 años. ¿Qué considera que es ser un conservador? - Bueno, yo he sido un conservador progresista. Inclusive, mi movimiento político se llamó Movimiento Progresista del Coraje, y yo nací en el conservatismo progresista de Jota Emilio Valderrama. Yo concibo el conservatismo como una ideología que defiende los valores de la familia, los valores de la vida, de la libertad y los valores esenciales de nuestra cultura y de nuestra nacionalidad. De manera que ser conservador no es ser estático sino estar frente a la defensa de los valores fundamentales de la nacionalidad, obviamente, renovándose y buscando siempre lo mejor para los ciudadanos. - Teniendo en cuenta que vivimos en un país tan polarizado, es necesario saber sobre la contraparte de lo que hablábamos. ¿Qué es para usted la izquierda hoy en día en nuestro país? - Pues mire, yo creo que la izquierda ha venido mutando, ha venido cambiando desde las épocas que me tocaron a mí en la universidad, de movimientos como el MOIR (Movimiento Obrero Independiente Revolucionario) o como la JUCO (Juventud Comunista Colombiana). Todos ellos realmente terminaron como guerrillas. La ideología ha mutado, pero se ha mantenido la esencia de lo que ha sido la izquierda internacional. La izquierda en Colombia es lo que estamos viendo en países como Venezuela, Nicaragua y Cuba y esa es, para mí, una izquierda fracasada. - En Colombia uno de los principales problemas es la corrupción que existe en las diferentes instituciones. En su libro 'O cambiamos o nos cambian', usted dijo: “no hay crisis en las instituciones sino en la gente que está en ellas”. ¿Acaso las instituciones no las hacen las personas? - Yo reafirmo eso. Lo malo no son las instituciones sino quienes las representan; lo malo no es el Congreso, sino que haya malos congresistas; lo malo no es la institución de la Presidencia, sino que haya un mal presidente; lo malo no es la justicia, sino que los magistrados sean inferiores al deber y a la responsabilidad de aplicar correctamente la justicia. Entonces, la institución es fuerte, la institución de la democracia. La democracia es buena, pero si los hombres que la practican la hacen mal, la hacen perversa, pues la institución no es la mala, sino el que la ejecuta. De manera que el problema no es de las instituciones, sino de quienes las representan y, por eso, yo creo en el sistema democrático, creo en la libertad, pero también creo que es importante hacer una serie de cambios fundamentales para combatir la corrupción, para hacer que quienes asuman las responsabilidades lo hagan pensando en el bien común y en las mejores condiciones para el desarrollo del país. De manera que sí, las instituciones son buenas, pero lamentablemente cuando los hombres no las interpretan bien, las hacen ver negativas, pero no es la institución, es el hombre que la ejecuta.
- Ivonne Quimbayo
Unisabana Ágora con Ivonne Quimbayo Comunicación Empresarial: ¿por qué hablamos de sentimientos cuando hablamos de covid-19? Charla con la Gerente en Consultoría Estratégica y Talento Organizacional de Accenture. Compartir Ver también: Habilidades estratégicas para los directivos del siglo XXI
- Universidad y deporte de alto rendimiento: dos caminos con beneficios y retos
Universidad y deporte de alto rendimiento: dos caminos con beneficios y retos Mariana Murcia Lemus Fecha: Dependiendo la proyección que tienen los estudiantes, deben elegir entre mantener un ritmo exigente en sus estudios o en su formación técnica como atletas. Los objetivos institucionales y académicos determinarían la formación deportiva de los estudiantes. Lea también: Una victoria llamada derrota Compartir Foto: Por Mariana Murcia Lemus | Estudiante de la Universidad de La Sabana, quien hace parte de la selección de taekwondo, entrena en el campus. En Bogotá y las regiones aledañas, la estrategia de formación en alto rendimiento ha buscado el recambio generacional de los deportistas por medio del acompañamiento a los jóvenes universitarios que identifican como posibles talentos. Un estudio de Diógenes Lagos Cortés, actual investigador en INALDE Business School, encontró que el 67,4% de las 22 universidades colombianas encuestadas habían implementado algún programa de apoyo al deportista de alto rendimiento desde el 2013. En la Ley 181 de enero 18 de 1995 del Congreso de Colombia se establece el deber que le corresponde a las instituciones educativas de “promover y planificar el deporte competitivo y de alto rendimiento, en coordinación con las federaciones deportivas y otras autoridades competentes. Además, formar técnica y profesionalmente al personal necesario para mejorar la calidad técnica del deporte”. En este punto, es necesario conocer la diferencia entre el deporte universitario, competitivo y de alto rendimiento, pues de ahí se desprende la diversidad de funcionamientos. Según el artículo 15 de la ley, el primero se refiere a las prácticas que complementan la formación de los estudiantes que tiene lugar en los programas académicos y de bienestar universitario de las instituciones educativas. En segundo lugar, el deporte competitivo es el conjunto de certámenes, eventos y torneos que buscan establecer un nivel técnico calificado y cuyo manejo corresponde a los organismos que conforman el deporte asociado. El de alto rendimiento “es la práctica deportiva de organización y nivel superiores que comprende procesos integrales orientados hacia el perfeccionamiento de las cualidades y condiciones físico-técnicas de deportistas, mediante el aprovechamiento de adelantos tecnológicos y científicos”. Directrices y alianzas Las instituciones de educación superior se enfocan en promover el deporte universitario desde los parámetros que les ha dado el Ministerio de Educación. Y es algo que también incide en otros actores. En el caso de Cajicá, Johan Coronado, representante de la Alcaldía de Cajicá desde el Instituto Municipal de Deporte y Recreación del municipio, explicó que esta entidad trabaja para cumplir con las metas que provienen de la entidad gubernamental. ¿La razón? Las alianzas que se establecen entre el gobierno municipal con las universidades de la región. Existe el Fondo del Fomento a la Educación Superior, en el cual los jóvenes acceden a créditos o pagos a cambio de obras sociales, en las cuales cumplen con actividades que promueven el deporte social comunitario. “Tenemos una alianza bidireccional con los jóvenes universitarios cajiqueños, independientemente de la universidad en la que estén”, afirmó Coronado. Sin embargo, el deporte de alto rendimiento no es muy nombrado porque para lograrlo se debe pasar por un largo proceso. Por ejemplo, la metodología de la Universidad de La Sabana da prioridad a garantizar la permanencia en la institución de los estudiantes, por lo que “los casos de éxito deportivo son muy esporádicos”, explicó Juan Pablo Correa, Jefe de Deportes de la Universidad. “Tenemos estudiantes que hacen deporte, no deportistas que estudian”, añadió. La Asociación Colombiana de Universidades (ASCUN) reconoce el valor del deporte competitivo y de alto rendimiento, aunque su línea va más hacia el aprovechamiento de tiempo libre. Por lo que para que el nivel aumente se requiere de estrategias en la atracción de talentos en términos de infraestructura y dotación deportiva, que es posible. Las soluciones Como ilustración, Mariana Reyes, representante de Colombia en las competencias de karts y estudiante de Administración de Empresas de la Universidad de La Sabana, expresó su satisfacción con el apoyo de la universidad en su carrera deportiva, puesto que en este rol debe invertir muchas horas en las competencias de mundiales y campeonatos nacionales. Para Reyes, “la Universidad está muy bien equipada para ayudar a un deportista de alto rendimiento” ya que no ha visto una influencia negativa en su proceso y es consciente de que debe equilibrar sus actividades deportivas y las responsabilidades académicas. En esta misma línea, Diego Torres, estudiante de Comunicación Audiovisual y Multimedios en la Universidad de La Sabana, quien practica taekwondo dentro de la selección institucional, confirmó que el manejo entre los estudios y la práctica deportiva es beneficioso. El deporte universitario, competitivo y de alto rendimiento tiene una organización y niveles distintos, razón por la cual no es obligación de las instituciones de educación superior definir el destino deportivo de sus estudiantes para que lleguen al deporte de alto rendimiento. Sin embargo, deben garantizar que los programas académicos y de bienestar universitario definidos por la ley 30 de 1992 sean regulados y efectivos. En caso de que tengan inscritos a deportistas de alto rendimiento, el Ministerio de Educación reglamenta que deben establecer mecanismos especiales que les permitan el ejercicio de su práctica deportiva. “Si lo miro a nivel de mis estudios, no diría que se mezclan, sino que se complementan. Entonces, antes de verlas como dos cosas por aparte, prefiero verlas como la suma de un propósito más grande a futuro”, concluyó Torres.
- Los héroes del desperdicio
Los héroes del desperdicio María José Rojas González, Comunicación Social y Periodismo Fecha: Los recicladores recorren por más de 10 horas las calles bogotanas buscando, entre los desechos y la basura, su sustento diario. Lea también: Ser camionero no paga Compartir Foto: Cuando era niña y venía de misa con mis padres, recuerdo haber visto a un grupo de hombres escarbando dentro de las bolsas de basura afuera de la casa. Estaba un poco asustada e impresionada: “¿qué era lo que ellos buscaban con sus manos desnudas, sin guantes, dentro de los desechos?” No pregunté nada. Con el paso de los años, esa intriga aumentó. Entendí que eran recicladores de basura. O bueno, no debo decir “entendí” porque fue hasta hace poco, cuando decidí acompañar a un grupo de recicladores bogotanos en su recorrido nocturno, que realmente comprendí lo que ese oficio implica. Calle 127. 9:30 p. m. Era mitad de marzo, época de lluvia. Esperaba al frente de la Clínica Reina Sofía cuando en dos zorros, con cartones que llegaban hasta cuatro metros de altura, llegaron Wendy Sánchez, Liliana Calderón y Alejandro Arcos, quienes, al igual que 22.000 personas más, según cifras del Ministerio de Vivienda, son recicladores de oficio. Aquella noche, acompañada de un viento frío que penetraba nuestros sacos de algodón y de una suave llovizna que humedecía las calles de la ciudad, estaba apenas iniciando. “Bueno, hágale y subimos el zorro”, dijo Wendy, una joven de 21 años, aproximadamente 1 metro 55 centímetros de altura y piel morena. Entre Wendy, Alejandro y yo, empujamos la carretilla de Sánchez por el puente de la calle 127 para atravesar la Autopista Norte. Liliana (de 19 años, ojos almendrados color miel y pestañas largas) se quedó cuidando el otro zorro, ya que, según contaron ellos, de vez en cuando hay ladrones o indigentes que intentan robarlos. El joven, esposo de Liliana desde hace año y medio, de 26 años, sonriente y cuerpo chico (no tan chico como creía), se ubicó delante y, mientras halaba de las dos manijas de madera, nosotras corríamos detrás, empujando. Es similar a la acción de impulsar un carro varado. Wendy, madre de una niña de 3 años, se adelantó con su carretilla y empezó a bajar el puente. Nosotros repetimos la misma tarea, pero esta vez con el zorro de la pareja: Alejandro haló y Liliana y yo, empujamos. La lluvia empezó a caer más fuerte, entonces nos detuvimos. Cubrimos el zorro con un plástico para que los materiales no se mojaran, pues algunos de los compradores no los reciben si están húmedos. Ambos, sabiendo cómo era el clima en este mes, llevaban impermeables. Liliana me intentó compartir el de ella, pero era imposible, así que seguimos empujando hasta que nos logramos cubrir del agua. Me impresionó su energía a tales horas de la noche, pues llevaban trabajando, sin descanso alguno, por más de 6 horas. Aquel día, como de costumbre, Wendy salió de su casa, ubicada en la localidad de Kennedy, al sur de la capital, al medio día. Después de 55 minutos de recorrer la ciudad en SITP, la joven llegó a la bodega ‘Papeles el Norte’ en Ciudad Jardín (calle 129 con carrera 54), en donde recogió el zorro para ir en busca de materiales reciclables por la carrera 19 hasta la rotonda de la calle 100. Al igual que Sánchez, la pareja de casados, quienes se conocieron en Granada, Cundinamarca (tierra natal de los dos), inició su día de trabajo a las 2 de la tarde cuando llegó a la misma bodega, en donde estaba Wendy, a recoger su carretilla (fue en aquel lugar donde los tres jóvenes se hicieron amigos). Liliana y Alejandro, quienes viven en Soacha, un municipio al sur oeste de Bogotá, hicieron su recorrido en compañía de Wendy, deteniéndose en cada esquina donde encontraron bolsas de basura. “Uno abre la bolsa y saca botellas, bolsas de plástico, cartón, cobre… lo que sirve para que se recicle”, contó Liliana, quien ayuda a su esposo eventualmente en el trabajo, pues es madre de dos menores de 2 y 4 años. Bajo el puente (calle 127 con Autopsita Norte). 10:30 p. m. Cuando llegamos, había 10 recicladores más con sus zorros seleccionando el material recogido durante la tarde. Uno de ellos era Humberto Arango, un hombre de 47 años-reciclador desde hace 17-, con el ojo izquierdo de vidrio y cuerpo delgado. Afirmó que antes era maestro de obra, pero se aburrió porque, según él, la gente “era muy jodida y quería todo regalado”. Un amigo, que era reciclador, le dijo que se fuera para el norte de la ciudad a vender materiales y así fue; ahora trabaja tres días a la semana: lunes, miércoles y viernes. Los jóvenes empezaron a desocupar sus carretillas; botellas de jugo del Valle, papel periódico, cajas de cartón de televisores y cereales fueron solo algunos de los materiales que habían recolectado horas atrás . Abrieron varias bolsas plásticas negras, en cada una de esas iba un material: plástico, cartón, vidrio, entre otros. Los recicladores pueden tardar hasta 5 horas en clasificar los materiales, todo depende de lo que hayan recogido. “Lo duro es lo de la comida”, dijo Alejandro, quien trabaja de lunes a sábado, desde hace tres meses. Un tío (que lleva 27 años en el oficio) le dio la idea de este trabajo después de que lo despidieran como mesero en un restaurante de la ciudad. Al contrario de Alejandro y Liliana, Wendy desde siempre ha estado vinculada al reciclaje como profesión, pues viene de su familia; sus padres y abuelos fueron recicladores. “De hecho, me traían de pequeña para que los acompañara, pero pues yo estudiaba. Cuando terminé el colegio, hace 5 años, me puse juiciosa con este trabajo”, aseguró la joven, quien sonrió a pesar del frío que hacía en Bogotá. Según la Alcaldía Mayor de Bogotá, en la ciudad existen 9.104 recicladores carnetizados, es decir que el 59% restante son recicladores independientes, como aquellos con los que me encontraba debajo del puente. Según contaron, ellos mismos se distribuyen las zonas, no tienen cooperativa ni hacen parte de alguna asociación. Trabajan bajo la libre competencia, lo cual significa, de acuerdo con el artículo titulado ‘Recicladores bogotanos nos contaron por qué protestaron contra Peñalosa’ en el portal ¡Pacifista!, “que no cuentan con prestaciones, ni con posibilidad de jubilarse o alguna garantía laboral”. Intrigada, les pregunté por toda esa información que salía en las noticias acerca del apoyo a los recicladores en la ciudad. “Eso es mentira. En las noticias hay muchas mentiras”, afirmó Wendy un poco molesta. Ya habían pasado más de dos horas y ellos continuaban ordenando los materiales. A pesar de que la lluvia aumentaba y las calles de Bogotá se iban desocupando, no parecían tenerle miedo a nada. “Vea”, dijo Humberto mientras señalaba a dos policías que iban en una moto pasando frente a nosotros, “ellos son los que nos cuidan”. Las jóvenes contaron lo mismo. Según ellas, la mayoría de los policías no solo está pendiente, sino que también los apoya y, a veces, los acompaña durante el recorrido. Mientras conversaba con otro grupo de recicladores, noté que todos fueron haciendo silencio. Me di la vuelta y vi a un hombre, de aproximadamente 30 años, con la cara y manos un poco sucias y el pelo bastante enredado: era un habitante de calle. Él balbuceaba mientras chupaba algo de su dedo pulgar. Se acercó a cada zorro y miró por encima. Nadie decía nada. De repente, Humberto dijo: “¿Qué pasó, mano?” y se lo quedó mirando. Sentí miedo, todos estaban quietos como estatuas. Los ojos del hombre se dirigieron hacia el piso y se fue del lugar. En ese momento confirmé aquello que había escuchado sobre los recicladores: ellos se cuidan entre sí. Me dirigí hacia el hombre que había sido el héroe momentos atrás. Dijo que no había que tenerle miedo a nadie. Después, sacó un pedazo de cartón sucio (con algo que parecía ser comida) de su carretilla. Humberto expresó que ese era el problema que afectaba a los recicladores: los ciudadanos no sabemos diferenciar la basura de los materiales, todo lo metemos en una sola bolsa y, así, es casi imposible reciclar. En las bolsas negras (las que se llevan los camiones de basura) deben ir los residuos de alimentos, mientras que en las blancas, los papeles, vidrios, plásticos y demás materiales aprovechables. “Yo voy a abrir una bolsa blanca y encuentro papel blanco, pero de baño”, contó Humberto, quien empezó a trabajar a las 3 de la tarde buscando entre la basura del Centro Comercial Unicentro materiales reciclables. Este mismo inconformismo lo expresaron Wendy, Liliana y Alejandro. “Si quiere, mamita, venga con nosotros”, me propuso Humberto. Hacía referencia al ir a la bodega en Ciudad Jardín para ir a vender sus materiales. Ya era de madrugada, estaba cansada y agotada. Sin embargo, ellos lucían más despiertos que nunca… hacían chistes y se reían. Ciudad Jardín Norte. 3:00 a. m. Después de caminar 40 minutos a 5 grados centígrados, llegamos a la bodega en donde los recicladores venden sus materiales. Aproximadamente 35 personas había aquella noche. La paga es por peso. En un día bueno, pueden ganar entre 100,000 y 150,000 pesos, mientras que en un día malo entre 70,000 y 80,000 pesos. Alejandro afirmó que este es un trabajo rentable a pesar de que la ciudad es complicada. Los carros, según contó, son los que más se fastidian al verlos trabajar. “Nos gritan y nos insultan…es por eso de las clases sociales”, dijo el joven, quien le saca provecho a cualquier tiempo de sobra que tiene para acostarse encima del cartón o de cualquier material que encuentre y dormir un rato. De acuerdo con un artículo de El Tiempo, Bogotá genera, a diario, 6.300 toneladas de desechos. Sin embargo, solo el 15% de estos son reciclados (a pesar de que se pudiera aprovechar hasta el 70%). Personas como Wendy, Alejandro o Humberto son solo algunos de los recicladores que ayudan con esta causa y, además, viven de esto. El vender materiales reciclables es su única fuente de ingresos. Avenida Suba. 5:50 a. m. Después de vender sus materiales, nos dirigimos hacia un paradero de SITP en la calle 128. Mientras esperábamos al E17, me di cuenta de que estaban felices; había sido una buena jornada. Para ellos, el día estaba llegando a su fin. “Llego antes de que entre mi hija al jardín, la saludo y me acuesto un ratico a dormir”, expresó Alejandro mientras sonreía. Llegó el bus y les dije adiós. Adiós a aquellos que cargan con una mala reputación por buscar entre lo que para nosotros no es más que basura, su sustento diario. Adiós a aquellos que soportan las granizadas extremas y el calor infernal en Bogotá para darle algo de comer a sus familias. Adiós a aquellos superhéroes nocturnos que limpian nuestra ciudad sin que si quiera lo notemos…
- Quien no está conmigo, está contra mí
Quien no está conmigo, está contra mí Angie Zuleny Méndez Sánchez, estudiante de Comunicación Corporativa Fecha: El feminismo está perdiendo legitimidad. Su discurso no alcanza a incluir y representar a diversos grupos de mujeres cuya lucha ha sido invisibilizada. Lea también: ¿A dónde vamos a parar con la intolerancia al sexo opuesto? Compartir Foto: El feminismo está en crisis y su lucha se convierte en una prisión para el grupo que, en teoría, dice querer liberar. En la contemporaneidad, las mujeres están perdiendo su agencia en manos de las feministas, quienes se niegan a conciliar sus diferencias y dividen al colectivo en partículas independientes que batallan entre sí para sobreponerse a otras y reivindicar, no a la mujer, sino a su autoproclamado movimiento como el dogma bajo el cual la sociedad debería regirse. Hay poca cohesión y la carencia de un discurso unificado que incluya a las pequeñas partes que conforman el todo del feminismo lo lleva a perder legitimidad y que diversos grupos de mujeres no encuentren en este movimiento la representación que necesitan. Si bien es cierto que el feminismo contemporáneo sufre de una crisis interna, antes de abordar este tema es necesario entender el concepto. El feminismo contemporáneo es una tendencia de pensamiento cuyo origen se remonta al final de los años sesenta en Estados Unidos y Europa y cuyo surgimiento se da por la necesidad de la redefinición del concepto de patriarcado, el análisis de los orígenes de la opresión de la mujer, el rol de la familia, la división sexual del trabajo, la sexualidad y la construcción de una identidad política y jurídica para el sujeto en cuestión. En su discurso, el feminismo contemporáneo apunta a ser un movimiento que aboga por la reivindicación de la mujer y sus libertades. Pero, hay un concepto que este colectivo suele pasar por alto: la agencia humana. Este se define como la capacidad que tienen las personas de actuar de forma autónoma y tomar decisiones libres pero que está condicionada por los contextos socioculturales y económicos de los individuos. La agencia se puede relacionar estrechamente con la lucha por la emancipación de la mujer, en especial si se tiene en cuenta que el sujeto de estudio feminista es una población históricamente vulnerable y cuya agencia ha sido limitada por el sistema patriarcal que se pretende destruir. Pero, contrario a todo pronóstico, el feminismo contemporáneo atenta contra la agencia de la mujer. Esta afirmación se respalda en la crisis interna que el movimiento no ha logrado solucionar. El proclamado colectivo se divide en dos grandes corrientes: el feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia, cuya disparidad radica en la epistemología, es decir que los principios bajo los cuales se rigen brindan diferentes perspectivas respecto al concepto de mujer, su rol en la sociedad y la lucha que se tiene que librar para lograr la reivindicación y liberación femenina. Estos dos feminismos han iniciado una pugna para hegemonizar el movimiento en vez de conciliar sus diferencias para lograr la unidad. Este fenómeno se puede interpretar como un intento de imponer un dogma que lastimosamente no representa a nadie más que a las mujeres que militan en el colectivo que resulte ganador. Es una guerra de egos. No hay buenos ni malos, ya que ambos promueven el discurso de liberación al tiempo que en la práctica se dedican a imponer sus ideales a las mujeres. En este punto quizás surja la duda respecto a por qué el deseo de hegemonizar el feminismo es una amenaza para la mujer y su agencia. Al hablar de feminismo se debe hablar de heterogeneidad. Es decir, una unidad de luchas, identidades, contextos, cosmovisiones y propuestas. Es necesario entender mujer como un concepto que abarca una innumerable cantidad de individualidades que no pueden ser reducidas a una definición metafísica o a un conjunto de características que responden a prejuicios sociales e imposiciones culturales. La heterogeneidad para las mujeres representa una oportunidad para ser reconocidas como sujetos cuya identidad, libertad y agencia se ven condicionadas por experiencias subjetivas y propias de sus realidades. Pero, de las dos grandes ramas del feminismo ya mencionadas ninguno es heterogéneo. Por un lado, el feminismo de la igualdad, construido sobre las bases de la ilustración y el sufragismo, propone continuar la lucha por la igualdad hasta abolir las etiquetas que separan a los hombres y las mujeres, pues, más allá de una asignación biológica, se entiende lo femenino y lo masculino como un constructo social que tiene sus raíces en la discriminación y cuyo objeto es perpetuar a la mujer como un sujeto inferior en la pirámide social. Por el otro, el feminismo de la diferencia considera que las mujeres son víctimas en un mundo creado por hombres para hombres y, bajo el eslogan de “ser mujer es hermoso”, propugnan una lucha que revalorice la feminidad, no que la elimine; este feminismo propone la abolición de las instituciones patriarcales que profesan la diferencia a modo de discriminación, para que los hombres y mujeres puedan existir no como iguales, sino diferentes en un mundo a la medida de ambos géneros. La homogeneidad quizás poco perceptible de estos movimientos radica en el privilegio, tal y como afirman feministas negras, latinas, musulmanas, trans, entre otras, quienes han vocalizado su descontento por el feminismo contemporáneo y las dinámicas presentes en este que perpetúan la discriminación, exclusión y opresión y limitan su agencia e identidad a la de una élite privilegiada de mujeres caucásicas, educadas y pudientes. Para esto, referencian el movimiento sufragista que llevó a la obtención del derecho al voto de la mujer, como el triunfo de un feminismo clasista que veía en la exclusión de la participación política el problema de la mujer del siglo XX, mientras las minorías ya mencionadas siquiera eran consideradas personas. Durante el sufragismo, el reconocimiento político que se buscaba para la mujer era solo para una élite que mientras quebrantaba el “techo de cristal”, opacaba los intentos de las mujeres menos favorecidas de ser reconocidas como parte de la sociedad. De ahí que en la actualidad se hable de afrofeminismo, transfeminismo, feminismo islámico, entre otros. Colectivos conformados por mujeres cuya lucha ha sido invisibilizada y que han encontrado en la creación de nuevas expresiones feministas el refugio para sus comunidades y un intento de representación propia. Es decir, el feminismo contemporáneo y sus expresiones más sobresalientes que intentan imponer su movimiento como dogma no representa a todas las mujeres; más bien, es visto como excluyente, clasista y no solo carece de conocimiento sobre las batallas de las mujeres menos privilegiadas, sino que muestra poco interés en conocer y reconocer la diversidad dentro de su agenda. Esta crisis de representatividad del feminismo también se puede abordar desde el punto de vista de las mujeres no feministas. Por un lado, las mujeres que se identifican como feministas, como ya se ha mencionado, buscan en las pequeñas unidades que conforman el movimiento la representación que necesitan, y cuando no la encuentran toman como propia la tarea de conformar nuevos colectivos para recuperar la voz que otros grupos intentan despojarles. Pero, por otro lado, las mujeres no feministas ven en este movimiento el enemigo que toma la palabra por todas y, en su intento de presentarse a sí como el salvador de las mujeres, sacrifica la autonomía y agencia de quienes no se sienten identificadas con los ideales que promueve. Esto se evidencia en la discriminación de mujeres feministas a las mujeres no feministas y la exclusión de las últimas de los espacios de sororidad que en teoría deberían estar abiertos para todas. En la práctica, el movimiento promulga el clásico “quien no está conmigo, está contra mí”. Le declara la guerra a la sociedad que ha sometido a la mujer al yugo patriarcal por milenios, al tiempo que se convierte en el enemigo del sujeto que promete liberar, pero en la práctica la encadena a una lucha carente de legitimidad. La agencia de la mujer en el feminismo contemporáneo no se protege, se vulnera. El feminismo no puede decir que aboga por la mujer al tiempo que los colectivos que lo conforman se disputan entre sí la supremacía y la verdadera lucha queda en manos de la mujer del común que en su día a día sigue siendo vulnerable pero que no encuentra ni en la sociedad ni en el feminismo un respaldo. El sujeto más importante en el feminismo se está quedando por fuera de este mientras sus militantes se empeñan en discutir entre sí por quién sabe qué es lo mejor para la mujer. Ejemplo de esto es el debate de casos concretos como la regularización o abolición de la prostitución. Por un lado, el feminismo de la regulación aboga por la agencia de la mujer que sin coerción decide ejercer la prostitución y por tanto pide el reconocimiento de esta actividad como un trabajo formal y la creación de leyes que lo regulen, más no que lo criminalicen y estigmaticen. Por el otro, el feminismo abolicionista en ninguna circunstancia reconoce la agencia de la mujer que se dedica a la prostitución pues considera que, en los casos en que la decisión de ejercer este oficio aparenta ser autónoma, la mujer se ve influenciada por el sistema patriarcal que la cosifica para el placer de los hombres e incluso su beneficio económico. Pero ¿qué necesitan en realidad las trabajadoras sexuales? ¿Se consideran a sí mismas víctimas? ¿Quieren ser salvadas? En realidad, este debate se da a costa de su agencia. Los colectivos feministas son quienes desde el privilegio de las mujeres que los conforman emprenden una lucha por los derechos de una minoría que victimizan y cuya agencia anulan para defender sus posturas y ganar la discusión frente a sus rivales en la pugna por establecerse como el mejor feminismo. El feminismo contemporáneo pierde legitimidad; sus acciones no concuerdan con la teoría que en un inicio lo respaldaba y la imagen decadente que proyecta al mundo perpetúa la discriminación hacia la mujer pues, así como las mujeres no feministas son vulneradas por el colectivo, quienes se identifican con este son marginadas y señaladas como consecuencia de los prejuicios y la mala percepción que se tiene del movimiento que las representa. Es decir, la mujer se enfrenta a un escenario en el que al intentar usar su agencia, bien sea para hacer parte del feminismo, crear su propio colectivo o para rechazarlo y abogar por sí misma en contra de una ideología que no comparte, es juzgada, recriminada y vulnerada. Ni el feminismo ni la sociedad le ofrecen un espacio seguro para el libre desarrollo de su agencia ya que mientras el último limita su accionar desde su concepción, el primero la encadena a una causa contradictoria, excluyente y misógina. La agencia de la mujer en el feminismo se ve relegada a los intereses de los colectivos que quieren alcanzar la hegemonía. De esta manera, la mujer es victimizada para satisfacer el afán del movimiento de ser visto como un salvador, aun cuando la mujer no quiere ser salvada, o por lo menos no como el feminismo cree. Pero no todo está perdido. Aparte de profundizar en la crisis del feminismo y las críticas que se le pueden hacer a su actuar, es imprescindible ofrecer soluciones para reivindicar el movimiento y legitimar su representatividad. En primer lugar, la democratización del feminismo permitiría presentarlo como un colectivo que, en los procesos internos, y mediante espacios igualitarios, brinda a las mujeres la oportunidad de decidir en primera persona. También, es una alternativa para lograr la consolidación de una agenda feminista que represente la pluralidad de las mujeres y sus intereses. En segundo lugar, la reestructuración de la sororidad mediante la creación de espacios que promuevan la integración de mujeres que se reconocen como iguales permitiría el reconocimiento de las diversas luchas y la conformación de lazos que unan a las mujeres en un feminismo no de la igualdad, no de la diferencia, sino de la pluralidad. La sororidad debe ser un acto común, sin ataduras ideológicas que tenga cabida para todas. Finalmente, la educación es un punto clave si se quiere emancipar a la mujer y dar vía libre a su agencia. Una mujer con acceso a la educación va a tener más oportunidades de desarrollarse como un individuo independiente en una sociedad hostil. La mujer educada empieza a ganar mayor visibilidad y el aumento de su participación en la esfera pública le brinda la capacidad de convertirse en un agente de cambio. También, accediendo a la educación, la mujer adquiere las herramientas necesarias para ser crítica frente a grupos que mediante la intimidación intenten limitar su accionar a su conveniencia.
- Historias cruzadas: la importancia del mundo digital en la vida del adulto mayor
Historias cruzadas: la importancia del mundo digital en la vida del adulto mayor Clara Sofía Támara Fecha: El uso de aparatos electrónicos y redes sociales son todo un retos para algunas generaciones, aunque hay ejemplos de quienes las ha usado a su favor. Lea también: Amílkar Hernández, un periodista veterano que se reinventa en Tik Tok Compartir Foto: Foto de MART PRODUCTION - Pexels Mercedes Rodríguez ha cumplido los cincuenta, los sesenta, los setenta… le gusta decir que tiene 75 años, aunque sus familiares afirman que su edad pasa de los ochenta. Ella sigue recordando la ruta que tomaba para dejar a su hija en la Universidad Externado de Colombia. Manejaba aquel querido Volkswagen blanco. Se recorría la ciudad de Bogotá, al derecho y al revés. Tiempo después, ya no manejaba por La Candelaria, solo le gustaba manejar cerca de su casa para ayudarle a su hija a pagar facturas, hacer el mercado o recoger a sus nietos del colegio. Para ella, conducir era un escape, una tranquilidad frente a una imposible escapatoria: la vejez. Cinco años han pasado y Rodríguez no ha vuelto a manejar. Ahora descansa en su casa en compañía de su familia. Bueno, aunque para ella no es un descanso: “Pues realmente no tengo tiempo libre entre semana porque a mis familiares les colaboro, aquí en la casa, con todo. Estoy pendiente del aseo, del orden, de la empleada, de todo eso”. Aunque la hija persiste en que su madre descanse y no haga actividades pesadas, Rodríguez se niega a quedarse quieta, le gusta estar en movimiento. Le gusta sentirse útil, proactiva. Aquello es fundamental para las personas de su edad, como menciona María Lucía Samudio, médica geriatra. “El deterioro cognitivo que ocurre con la vejez no se puede detener, pero en la medida que se sigue estando activo, se sigue aprendiendo, se puede disminuir”, explicó. En los tiempos que corren, adultos y niños son activos en el mundo digital. Utilizan las redes sociales para comunicarse con los demás, juegan videojuegos, trabajan, e incluso practican deporte por medio de los dispositivos. Sin embargo, para ellos es fácil. Para la gran mayoría de los adultos mayores, en cambio, es un complique. En un informe del DANE sobre el XV Congreso Internacional de Envejecimiento y Vejez publicado en 2021 se explica que más de la mitad de la población de 60 años en adelante no utiliza Internet porque no sabe cómo. Los dispositivos, sean el celular o el computador, no parecieran estar diseñados para ellos. En un estudio de la Universidad de Cartagena publicado en 2019 se afirma que muchas veces se ven excluidos, ya sea por la complejidad misma de los equipos, por la reducción de la motricidad y las limitaciones visuales propias de la edad, así como por un autoconcepto referido a “estar muy viejo para aprender”. Rodríguez, mientras desviaba la mirada del celular que estaba grabando y movía sus pies que colgaban de la silla, cuenta sobre su relación con la tecnología: - Pues ando muy mal (ríe). Manejo el celular, pero del resto realmente me descuidé en ese aspecto. - ¿Qué haces en tu celular? - No, lo muy básico. Llamo a mis hermanos o a veces necesito una noticia que se me escapó, que necesito buscarla. - ¿Se te dificulta esa búsqueda? - No, no. Sale el noticiero en el celular y ahí lo consigo y miro a ver qué. Y si no puedo, en la televisión simplemente, pongo las noticias. Me gusta saber qué ha pasado sobre... mmm ... No puede continuar con lo que decía. La vejez no viene sola y suele estar acompañada de la pérdida de memoria y dificultades para comunicarse. A pesar de ello, ella sigue respondiendo. Lleva un suéter azul que la protege del frío, “tan berraco que hace en esta casa” y unos jeans del mismo color. De su bolsillo saca su celular: un iPhone viejo con un fondo de pantalla en el que aparece ella junto a su familia. La foto la puso su nieto. Tiene unos cuantos contactos, sus familiares y amigos. Abre la aplicación de mensajes en la que nunca escribe, pero en la que lee todo lo que le mandan. Apaga el celular y concluye la entrevista diciendo: “Tal vez si pudiera ser la pantalla un poquito más grande porque en realidad son todos pequeños, pero del resto ahí tiene uno. Las noticias, la comunicación con los amigos, con la familia”. El mundo digital, la tecnología la ha ayudado a seguir en contacto con el mundo y sus seres queridos. Aquello la mantiene activa y actualizada, disminuyendo los problemas cognitivos. Sin embargo, para ella el proceso de adaptación es lento y frustrante. En el informe del DANE publicado en 2021 se afirma que el 63,7 % de los adultos mayores no hace uso de internet. Sin embargo, el porcentaje sobrante representa a todos esos adultos mayores que se adaptan a las nuevas tecnologías. Más cercano a lo moderno Mercedes Ramírez tiene 77 años. Vive hace más de tres décadas cerca del centro comercial Unicentro. Su apartamento tiene decoraciones de ciertas culturas; esculturas turcas, almohadas con diseños chinos, vasijas rusas y, al lado de su chimenea, más de diez elefantes indios. Ella ha recorrido el mundo, se adapta fácilmente a escenarios desconocidos, y uno de ellos es la llegada del mundo digital. En su tiempo libre a Ramírez le gusta jugar solitario en su computador, aunque normalmente sale con sus amigas. Le gusta mantenerse informada y por eso lee noticias todos los días, en sitios web como The Daily Mail, Miami Herald y medios colombianos. También, a su WhatsApp le llegan noticias, no del todo confiables, pero siempre algo está leyendo en Internet. Para ella es fácil buscar. “No tengo problema de nada. Veo las páginas perfectamente, leo en la primera página a ver los artículos que más me interesan, hago doble clic y ya me sale a la página, después me salgo y listo”, comentó. Ramírez vive sola y aquello es muy riesgoso para su salud, ya que el mayor problema del adulto mayor es la soledad que causa la depresión. En una investigación publicada en 2021 en la revista Gerekomos , enfocada en la Enfermería Geriátrica y Gerontológica, se afirma que “la depresión, junto con otros trastornos psiquiátricos son, claramente, los factores de riesgo más importantes para que se produzca el suicidio entre las personas mayores. En este sentido, la mayoría de los adultos mayores que se suicidan viven solos”. Rosana Glück, médica psiquiatra especialista en Adulto Mayor, comenta que “muchas veces los adultos mayores no tienen actividades específicas, entonces eso los afecta porque no hay un proyecto. Están sin una motivación, entonces al no tener actividades, al no tener motivaciones aparece muchas veces este tema de la soledad”. Sin embargo, este no es el caso de la señora Ramírez. El uso del internet hace que el sentimiento de soledad disminuya. Es evidente que el mundo digital no resuelve todos los problemas físicos y mentales de los adultos mayores, sin embargo, ayuda a que estén más activos y tengan una motivación más en sus vidas. Ramírez utiliza los buscadores para informarse sobre su cuerpo, su estado físico y recomendaciones para mejorar su salud. Busca en “señor Google” ciertos medicamentos que debe tomar, recetas para mejorar su dieta al tener que bajar de peso, ejercicios de estiramiento para cuando sale a caminar y busca contactos médicos. Aquello no es necesariamente ideal, pero para Ramírez estas búsquedas la motivan y la mantienen activa, sobretodo lo que fue su tiempo en la pandemia. Pero eso sí, no quiere aprender nada más de lo que ya sabe sobre la tecnología, aunque aquello es común en su generación. La médica geriatra Samudio afirma que “con el paso del tiempo, las personas nos volvemos inseguras a los cambios y por lo tanto hay resistencia para aprender cosas nuevas. Además, a las personas mayores les cuesta trabajo utilizar las tecnologías lo cual aumenta la resistencia”. Ramírez comenta: “Hoy en día no quiero aprender nada (ríe). Ya pasó mi tiempo de aprender, yo ya no quiero aprender nada. Así cómo estoy, estoy bien. Hoy en día, si me dicen que me pagan una cantidad de miles de dólares por dos horas de trabajo al día usando el computador digo: ‘No, gracias, paso’. Ya todo lo que tenía que hacer de eso, lo hice en la vida”, dijo Ramírez. Al finalizar la entrevista, va a su cocina y en las vasijas rusas se sirve tinto. Prende el computador y muestra las páginas que frecuenta, su solitario y fotos de sus viajes. Cuando fue a Turquía, Inglaterra y su último viaje que fue a Sincelejo, de dónde ella es. Describe alegremente cada anécdota, pero mira el computador con nostalgia. El tiempo pasa, el cuerpo y la mente cambian. Cambian los teléfonos de antena, que se ven en una de las fotos, por los celulares hablantes. Es inevitable que el tiempo siempre carga en su espalda una bolsa llena de cambios. *** Margarita Peñuela tiene 64 años. Trabaja en casa de familia cuidando a niños y cocinando. Vive con uno de sus cuatro hijos y se mantiene comunicada con todos ellos a pesar de la distancia. Ella vive en Chía y sus otros tres hijos, con sus siete nietos, están en Bogotá. Peñuela creció en el campo, por lo que nunca le gustó la ciudad. Siempre hace tareas domésticas, como la jardinería y cocinar. Al principio es un poco tímida y no cuenta muchos detalles. Sin embargo, es una mujer cariñosa y trabajadora. Aunque no tiene un computador, su celular siempre lo carga en su bolsillo. Lo utiliza más que todo para entretenerse. Le gusta pasar su tiempo libre jugando al Parchís, juego que se lo enseñó el hijo que vive con ella. Llama a sus amigas y se conectan para jugar una partida. También tiene instalado el famoso Candy Crush en el que ya se encuentra en un nivel sumamente avanzado. Y no solo eso, ve telenovelas por YouTube como fragmentos de episodios de la Rosa de Guadalupe o videos de cocina. Le gusta mirar recetas fáciles para que coman los niños de su trabajo o cuando uno de sus nietos la visita. Otra red social que utiliza es Facebook, en la cual ve fotos de sus familiares y se informa, aunque las fuentes no sean del todo confiables. WhatsApp también la tiene instalada, pero es más para llamadas que mensajes. Todo aquello fue gracias a sus hijos que la ayudan a adaptarse al mundo digital. Como indica la médica geriatra Samudio, “para que los adultos mayores se adapten a las tecnologías convendría que los familiares entiendan que no es que no quieren aprender, sino que hay una brecha generacional y una dificultad para utilizarlas. Solo la paciencia, la dedicación, la comprensión y el amor podrá llevarlos a cambiar ese patrón”. La familia y aquellas personas que ayudan a los adultos mayores cada día tienen un papel esencial para que ellos no se sientan excluidos de la sociedad. De hecho, en Colombia es un derecho que estos adultos reciban un apoyo incondicional. El artículo 46 de la Constitución Política establece que: “El Estado, la sociedad y la familia concurrirán para la protección y la asistencia de las personas de la tercera edad y promoverán su integración a la vida activa y comunitaria”. Los adultos mayores deben tener una vida digna, justa e integrada a la sociedad moderna, a pesar de que no hayan nacido rodeados de tecnología y se les dificulte la adaptación, tanto por sus capacidades mentales como físicas. Para Peñuela, la tecnología es una herramienta para conectarse y entretenerse. Sin embargo, no todo es de color rosa. -¿Se te dificulta utilizar la tecnología? -Sí, por los ojos. Por la luz del celular. - ¿Te cansa? -Me cansa. La disminución de la agudeza visual o auditiva es común en la vejez. A esta generación se le dificulta el uso de los celulares por tener pantallas pequeñas y luz artificial. Además, Peñuela tiene problemas de movimiento. Tiene un constante temblor en las manos lo que limita escribir en computador, tabletas o celulares y utilizar ciertas aplicaciones. Como se afirma en el estudio de la Universidad de Cartagena, es notoria “se observa la exclusión del adulto mayor en la oferta de productos de tecnología, toda vez que sus diseños, programas y paquetes apuntan a las necesidades empresariales y al mercado de jóvenes y adultos”. Aquello demuestra que el derecho a la integración a la vida activa y comunitaria de los adultos mayores no está siendo del todo respetado. *** Marco Fidel tiene 77 años. Vive con Miriam, su esposa, que tanto adora. Están casados desde que se graduó de la universidad y tienen dos hijas que viven fuera del país. Al estar los dos solos, les gusta hacer todo juntos. Cocinan juntos, camian juntos, viajan juntos. Aunque eso sí, a Miriam le gusta la jardinería y la practica sola. A Fidel le encantan las matemáticas, fue profesor de la Universidad Nacional, y estudia solo. Desde que empezó la entrevista, no suelta el celular, lo tiene siempre en sus manos. Al lado de él hay una pequeña libreta en la cual anota todo lo que investiga. Muestra que había leído un artículo sobre la inteligencia artificial para estar preparado para la entrevista. Fidel es un hombre sabio y curioso que está en constante aprendizaje. Por eso tiene una buena memoria y no presenta ninguna dificultad al comunicarse. “Todos los aparatos, desde el teléfono hasta el computador, los utilizo, y tal vez lo que más utilizo es realmente el teléfono porque ese reemplazó a todos los otros elementos”, comenta. Aquello se evidenció desde el momento en que abrió las puertas de su casa y empezó a escucharse música brasileña que provenía de los parlantes colgados en la sala. Son controlados a través de su celular. Tiene un control en su vida, en la cual la tecnología lo mantiene despierto. Según la médica psiquiatra Glück “eso genera estimulación cognitiva. Lo estimula aprender algo, a poder estar más conectado con su familia, con sus cosas, a resolver problemas, a hacer búsquedas, a cantidad de cosas que puede mantenerlo más activo”. Además, utiliza computador y tableta para hacer inversiones, estar al día en todas sus finanzas y entretenerse con partidos de basquetbol o noticias deportivas. Normalmente, a su edad el ser dependiente predomina, pero él ha demostrado que tiene una libertad y una independencia enorme impulsadas por el conocimiento que consume. Según el estudio de la Universidad de Cartagena, con herramientas adecuadas, “el adulto mayor puede relacionarse, informar, comprar, vender, realizar trámites y llevar a cabo otras actividades a pesar de tener algún tipo de incapacidad que le impida el movimiento”. Las redes sociales que utiliza Fidel son WhatsApp, Facebook, YouTube e Instagram. En la última se creó una cuenta para tener más contacto con sus nietos, ver sus fotos y reducir los 4220 km que lo separan de su familia. Estas redes las maneja para mejorar su vida, ya que fortalece sus vínculos familiares, se entretiene y benefician su salud. -¿Cuáles son las actividades para cuidar su salud? -Había algo que nos gustaba mucho que era caminar y seguimos caminando. Cuatro o cinco kilómetros de caminata, y nos parece que es buenísimo. - ¿Practican algún otro deporte? - Hacemos una gimnasia que tenemos programada y, precisamente, es en YouTube que sirve para estirar los músculos del cuerpo y nos ha ido superbién con eso. Al día siguiente del encuentro, Fidel mandó por WhatsApp recomendaciones de videos para ver en YouTube sobre la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías. Contó que antes de dormir habló con su esposa sobre aquellos temas que despiertan su curiosidad. Pese a su edad, su salud mental y física son completamente sanas, y parte de ello se debe a su constante participación en el mundo digital. El comienzo del fin, para ellos y para ti “No te rindas que la vida es eso, Continuar el viaje, Perseguir tus sueños, Destrabar el tiempo, Correr los escombros, Y destapar el cielo”. (Mario Benedetti, No te rindas) La vida se acaba cuando la muerte la reemplaza. Los sesenta, los setenta y los ochenta años siguen siendo parte del camino. Es cierto que las enfermedades dan un paso más al otro lado de la puerta e impiden disfrutar los últimos momentos en su totalidad, no obstante, la actitud frente a las dificultades es la clave para una vida plena. El seguir viviendo no es solo respirar, comer y dormir. Vivir es reír, aprender, llorar y amar. Aquí aparece el rol del mundo digital, ya que sus herramientas ayudan a que los adultos mayores tengan una mejor calidad de vida, a que puedan seguir viviendo a pesar de las adversidades. Fidel y Ramírez, quienes aprovechan su tiempo conectándose con el mundo, se entretienen y se informan a través del internet, lo cual mantiene activa su rutina y reduce el riesgo de padecer ciertas enfermedades. La vejez es inevitable, y no es sorpresa que, a medida que pasa el tiempo el porcentaje de la población de adultos mayores aumente. Los datos más recientes de la Organización Mundial de la Salud muestran que entre 2015 y 2050, el porcentaje de los habitantes del planeta mayores de 60 años casi se duplicará, pasando del 12% al 22%. Las generaciones jóvenes también tendrán que pasar por la vejez y al igual que Rodríguez, Ramírez, Peñuela y Fidel deberán adaptarse a las transformaciones de la sociedad. Se espera que, para un futuro mejor, los adultos mayores, que serían la población actual juvenil, puedan adaptarse sin mayores dificultades y tampoco pasen por un aislamiento social por no entender el uso de estas futuras tecnologías. Aquello es una realidad que debe ser cambiada. Que la sociedad, incluyendo a los adultos mayores, no se rindan, que la vida es eso, continuar el viaje.
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